jueves, 7 de junio de 2012

Ellos y nosotros

Las atrocidades de los demás

Noam Chomsky

The 4th Media

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En su perspicaz estudio Ideal Illusions: How the U.S. Government Co-Opted Human Rights [Ilusiones ideales: cómo el gobierno estadounidense cooptó los derechos humanos] el experto en asuntos internacionales James Peck observa: “En la historia de los derechos humanos las peores atrocidades siempre la comete otro, nunca nosotros”, sea quien sea este “nosotros”.
Casi cada momento de la historia nos deja innumerables ejemplos de ello. Vamos a fijarnos en los de los últimos meses.
El 10 de mayo se inauguraron los Juegos Olímpicos de Verano en la cuna griega de estos antiguos juegos. Unos días antes había pasado prácticamente desapercibida la carta que dirigió el gobierno de Vietnam al Comité Olímpico Internacional (COI) expresando la “profunda preocupación del gobierno y del pueblo de Vietnam por la decisión del COI de aceptar a la compañía Dow Chemical como patrocinadora global del Movimiento Olímpico”.
Dow Chemical es la empresa que suministró los productos químicos que Washington utilizó desde 1961 para destruir las cosechas y los bosques de Vietnam del Sur empapando el país con Agente Naranja.
Estos venenos contienen dioxina, uno de los cancerígenos más letales que se conocen y que ha afectado a millones de vietnamitas y a muchos soldados estadounidenses. Es muy probable que hasta el día de hoy los abortos y los niños nacidos con malformaciones sean efecto de estos crímenes, aunque dada la negativa de Washington a investigarlo, solo contemos con los estudios de los científicos vietnamitas y de analistas independientes.
A este llamamiento vietnamita en contra de Dow Chemical se han unido el gobierno de India, la Asociación Olímpica India y los supervivientes de la espantosa fuga de gas en Bhopal en el año 1984, uno de los peores desastres industriales de la historia que mató a miles de personas y enfermó a más de medio millón.
Union Carbide, la empresa responsable del desastre, fue adquirida por Dow Chemical, para la cual este desastre es un motivo de preocupación no pequeño. En febrero Wikileaks reveló que Dow Chemical había contratado a la agencia privada de investigación estadounidense Stratfor para controlar a los activistas que están tratando de conseguir indemnizaciones para las víctimas y de que quienes fueron responsables de la catástrofe comparezcan ante la justicia.
Otro crimen muy importante y que ha tenido unos gravísimos efectos persistentes es el ataque de los Marines estadounidenses a la ciudad iraquí de Faluya en noviembre de 2004.
[Antes del ataque a la ciudad] Se permitió salir de ella a las mujeres y niños, si podían hacerlo. Después de varias semanas de bombardeos empezó el ataque con un crimen de guerra cuidadosamente planificado: la invasión del Hospital General de Faluya, en el que se ordenó a los pacientes y al personal tumbarse en el suelo con las manos atadas. Las ataduras se aflojaron en seguida, se había asegurado el complejo.
La justificación oficial fue que el hospital estaba informando de las víctimas civiles y, por lo tanto, se consideraba un arma de propaganda.
La prensa informó de que la mayor parte de la ciudad había quedado reducida a “ruinas humeantes” mientras los Marines buscaban a los insurgentes en sus “madrigueras”. Los invasores prohibieron la entrada a la Cruz Roja. Al no haber una investigación oficial, se desconoce las dimensiones de este crimen.
Si lo que ocurrió en Faluya recuerda a los acontecimientos que tuvieron lugar en el enclave bosnio de Srebrenica, que vuelve a estar de actualidad debido al juicio por genocidio del comandante militar serbio bosnio Ratko Mladic, hay una buena razón para ello. Sería instructivo hacer una comparación honesta, pero no hay peligro de que se haga: una es una atrocidad y la otra no lo es por definición.
Como en Vietnam, algunos investigadores independientes informan de que el ataque a Faluya esta teniendo unos efectos persistentes.
Algunos investigadores médicos han descubierto un incremento dramático de la mortalidad infantil, del cáncer y de la leucemia, incremento que es incluso mayor que los de Hiroshima y Nagasaki. Los niveles de uranio en muestras de aire y del suelo son mucho mayores que en casos comparables.
Uno de los raros investigadores procedente de los países invasores es el Dr. Kypros Nicolaides, director del centro de investigación de medicina en el Hospital del Kingng’s College de Londres. “Estoy seguro de que los estadounidenses utilizaron unas armas que son las causantes de estas deformidades”, afirma Nicolaides.
El profesor de derecho estadounidense y Relator de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Originarios James Anaya informó el mes pasado de los persistentes efectos de una “no atrocidad” mucho mayor.
Anaya se atrevió a hollar un territorio prohibido al investigar las vergonzosas condiciones en las que vive la población originaria estadounidense que queda en Estados Unidos: “pobreza, malas condiciones, falta de resultados en la educación formal (y) enfermedades sociales a unos niveles que exceden con mucho los de otros segmentos sociales de la población estadounidense”, informó Anaya. Ningún miembro del Congreso quiso reunirse con él y la cobertura mediática [dada al informe] fue mínima.
En las noticias han aparecido mucho los disidentes después del dramático rescate del activista chino de derechos humanos ciego Chen Guangcheng.
“La conmoción internacional”, escribió Samuel Moyn en The New York Times el mes pasado, “provocó el recuerdo de anteriores disidentes como Andrei D. Sakharov y Aleksandr I. Solzhenitsyn, los héroes del bloque oriental de otros tiempos que fueron los primeros en convertir ‘los derechos humanos internacionales’ en un grito que unía a los activistas de todo el mundo y en una cuestión fundamental en las agendas de los gobiernos occidentales”.
Moyn es autor de The Last Utopia: Human Rights in History [La última utopía: los derechos humanos en la historia], publicado en 2010. En The New York Times Book Review Belinda Cooper puso en tela de juicio el que Moyn situara el origen de la prominencia contemporánea de estos ideales “en los frustrados pasos dados por (el presidente estadounidense Jimmy) Carter para inyectar los derechos humanos en la política exterior y en los Acuerdos de Helsinki de 1975 con al Unión Soviética”, al centrarse en los abusos de la esfera soviética. En su opinión la tesis de Moyn no es convincente ya que “es mucho más fácil de construir una historia alternativa de su propia cosecha”.
Es cierto: la alternativa obvia es la que ofrece James Peck, al que los medios dominantes apenas tienen en cuenta a pesar de que los hechos relevantes son sorprendentemente claros y conocidos, al menos para los académicos.
Así, en Cambridge History of the Cold War John Coatsworth recuerda que desde 1960 al “hundimiento de la Unión Soviética en 1990 la cantidad de presos políticos, de víctimas de la tortura y de ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina superó con mucho a la de los de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del este”. Pero como eran “no atrocidades”, estos crímenes, que en gran parte son atribuibles a la intervención estadounidense, no inspiraron una cruzada de derechos humanos.
Inspirándose también en el rescate de Chen, el columnista de The New York Times Bill Keller escribe que “los disidentes son heroicos”, pero pueden ser “molestos para los diplomáticos estadounidenses que tienen importantes negocios que hacer con países que no comparte nuestros valores”. Keller critica a Washington por no estar a veces a la altura de nuestros valores emprendiendo una acción rápida cuando otros cometen crímenes.
No faltan disidentes heroicos dentro de los dominios de influencia y de poder estadounidense, pero son tan invisibles como la víctimas latinoamericanas. Mirando casi al azar por el mundo encontramos a Abdulhadi al-Khawaja, cofundador del Centro Bahrain para los Derechos Humanos, preso de conciencia para Amnistía Internacional que se enfrenta en estos momentos a morir en la cárcel a consecuencia de una larga huelga de hambre.
Y el padre Mun Jeong-hyeon, el anciano sacerdote coreano que resultó gravemente herido cuando participaba en una multitudinaria manifestación de protesta contra la construcción de una base naval estadounidense en la isla Jeju, llamada Isla de la Paz, ahora ocupada por las fuerzas de seguridad por primera vez desde las masacres de 1948 del gobierno de Corea del Sur impuesto por Estados Unidos.
Y el profesor universitario turco Ismail Besikci, que se vuelve a enfrentar a un juicio por defender los derechos de los kurdos. Ya ha pasado gran parte de su vida en la cárcel debido a la misma acusación, incluso en la década de 1990, cuando el gobierno Clinton suministraba a Turquía enormes cantidades de ayudad militar, en un momento en que el ejército turco perpetraba algunas de las peores atrocidades de la época.
Pero estos casos junto con otros que son demasiado numerosos para mencionarlos son no existentes según los principios oficiales.



Fuente: http://www.4thmedia.org/2012/06/04/somebody-elses-atrocities-ideal-illusions-how-the-u-s-government-co-opted-human-rights/





lunes, 4 de junio de 2012

Alemania o Grecia: ¿quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?



Marshall Auerback, New Economic Perspectives



Dada la vieja aversión del electorado alemán al "libertinaje fiscal" y a una economía de moneda débil (que, se dice, conduciría inexorablemente a una hiperinflación estilo Weimar), uno se pregunta cual fue el motivo real por el que Alemania se adhirió a una Unión Monetaria Europea tan "grande y amplia", que incluyó a países como Grecia, Portugal, España y Italia. Para entenderlo, es útil observar el país a través del prisma de las tres Alemanias, del que ya hemos hablado en otros artículos:



Las tres Alemanias



La Alemania 1 es la Alemania del Bundesbank: la parte del país que conserva hasta el día de hoy fobias enormes ante la posible reaparición de una inflación al estilo de Weimar y sigue creyendo de manera casi teológica en una moneda fuerte, con la correspondiente hostilidad a la inflación. Es la Alemania de las "finanzas" como Dios manda y de la "disciplina monetaria". En muchos sentidos, este sector de alemanes son fanáticos economistas de la escuela austríaca. En el fondo de su corazón, a muchos les encantaría probablemente volver al patrón oro como sistema internacional.



La Alemania 2 es el sector internacionalista del país, liderada en su día por Helmut Kohl. Kohl y sus sucesores son probablemente los más destacados exponentes de la idea de que Europa puede librarse del "problema alemán" de una vez por todas, si Alemania se compromete firmemente con los "Estados Unidos de Europa" y sigue construyendo instituciones que vayan empujando en este sentido a la UE. Es discutible si esta visión ha sobrevivido con cierto peso más allá del período de gobierno de Helmut Kohl.



Es fácil percibir la tensión inherente entre estas dos Alemanias. La Alemania del Bundesbank nunca permitiría que ambiguas aspiraciones internacionalistas diluyeran los objetivos de una moneda fuerte, baja inflación y disciplina fiscal. Lo que resulta casi obvio dada la mirada de recelo que dedica al Tratado de Maastricht y las amenazas implícitas en esos ideales.



Lo que nos lleva a la tercera variable clave en la política alemana: la Alemania 3, la Alemania industrial, la Alemania de Siemens, Daimler, Volkswagen, de las grandes empresas siderúrgicas y químicas, de los fabricantes de bienes de capital. Es evidente que estas empresas se han beneficiado enormemente con la orientación económica de instituciones como el Bundesbank, así como del amplio consenso entono a la economía social de mercado de Erhard. Pero también reconocen las ventajas que se derivan de un mercado europeo completamente abierto e integrado (destino de la mayor parte de sus ventas). La unión monetaria, incluso con la participación de manirrotos fiscales como Italia y España, también minimiza la amenaza de una devaluación competitiva de la moneda, dado el carácter paneuropeo del euro (en contraposición al espacio mucho menor de unión monetaria en cuyos estrechos limites se desplegaba el internacionalismo del Bundesbank). La Alemania industrial había percibido certeramente que una zona euro amplia, que incorporase a devaluadores crónicos de moneda como Italia, afianzaría permanentemente su ventaja competitiva. Y con el apoyo de este sector clave de la sociedad alemana, el Canciller Kohl fue capaz de embarcarse en la enorme transformación institucional implícita en el Tratado de Maastricht.



¿Hizo la "Alemania # 3" una mala apuesta?



Hace unos meses parecía que las encuestas de opinión en Alemania mostraban una tendencia positiva de la demanda interna que dejaba atrás el peligro de una recesión. Fue corroborado por un vigoroso crecimiento del empleo en Alemania, que se sitúa en su punto más bajo en veinte años.



Es verdad que desde entonces se han conocido algunos datos más débiles sobre la producción industrial y las ventas minoristas. Lo que junto al gran descenso en el PMI (Purchasing Managers Index) manufacturero ha reavivado los temores de recesión.



Pero este paquete de datos preocupantes sobre la economía alemana parece desplazado a segundo plano por una nueva oleada de datos positivos con revisiones al alza. Los datos sobre pedidos de fábrica y ventas reales son mucho mejores ahora. Hace unas semanas se publicaron los datos de producción industrial de marzo en Alemania. Mostraban un importante crecimiento de la producción industrial del 2,8% en marzo; además, hubo una revisión al alza de un punto en relación con los meses anteriores.



Considerando el conjunto de los datos económicos alemanes –ventas minoristas reales, pedidos de fábrica, producción industrial, empleo total y el PMI en el sector servicios (que sigue estando muy por encima de 50)—, no es sorprendente que los datos preliminares del crecimiento del PIB del primer trimestre en Alemania lleguen a un 2%. Sí, es verdad que la periferia continua siendo un desastre; pero Alemania sigue creciendo. También es cierto que la desaceleración en Europa podría llegar el núcleo y que la preocupante pérdida de momentum económico en China acaben por mellar en el futuro la tendencia positiva al crecimiento económico de Alemania. Pero por ahora, no existe ninguna restricción fiscal importante que se pueda mencionar (a diferencia, por ejemplo, de España o Grecia), las tasas de interés internas son extraordinariamente bajas y el empleo ha crecido rápidamente. En definitiva, es probable que, tras absorber un choque de origen comercial y de expectativas que emanaba de la periferia europea, se haya reanudado el crecimiento, empujado por la demanda interna.



La cuestión no es celebrar el modelo económico alemán per se, sino simplemente resaltar que, a pesar de todo, el crujir de dientes y las quejas sobre "el coste" que tiene para Berlín "rescatar" continuamente a la "periferia despilfarradora", la realidad es que a Alemania le ha ido excepcionalmente bien con la zona euro y continúa yéndole bien.



El ilusorio "éxito" de la contrarreforma alemana del estado social



"Alemania # 3" hizo por lo tanto la apuesta correcta: al bloquear a los devaluadores crónicos en la Unión Monetaria –haciendo imposible que puedan recurrir a la formula tradicional de devaluar la moneda para recuperar la competitividad de sus exportaciones—, Berlín ha impuesto en la práctica su arraigado modelo mercantilista alemán y consolidado su predominio como la superpotencia comercial de Europa. Las ventajas son evidentes, habida cuenta de los datos contrastados de flujos entre Alemania y los PIIGS.



Por supuesto, uno puede escuchar ya a los apologistas de Alemania proclamando que este éxito es el resultado de tomar "decisiones difíciles" en los primeros años de este siglo, en particular, las llamadas "reformas Hartz". Los alemanes siempre han estado obsesionados con la competitividad de sus exportaciones. Antes del euro, devaluaban el marco alemán para poder aumentar las exportaciones de sus productos a sus vecinos. Pero cuando los alemanes perdieron el control de la tasa de cambio al integrarse en la Unión Económica y Monetaria (UEM), se les acabó el truco. Tuvieron que manipular otras variables del "coste" para vender sus productos baratos. Desde 2002, se concentraron en la congelación de salarios y en los recortes a la red de seguridad social para los trabajadores a través del llamado paquete Hartz de "reformas del estado de bienestar", bautizado así en honor de Peter Hartz, un importante ejecutivo del fabricante automovilístico alemán Volkswagen.



A diferencia del estadounidense Henry Ford, que creaba puestos de trabajo bien pagados porque sabía que una clase media satisfecha era esencial para tener un mercado para sus coches, Peter Hartz tiene una concepción muy distinta de la relación entre los salarios y la economía. En su opinión, la forma de mantener un país "competitivo" es exprimir a sus trabajadores, que es precisamente lo que hicieron sus "reformas". Y tuvo consecuencias desastrosas para el resto de la eurozona -(ver aquí) [Como un inciso, el otro pequeño inconveniente de las tan cacareadas "reformas" Hartz es que carecen de cualquier tipo de legitimidad democrática. Posteriormente se descubrió que Peter Hartz sólo había conseguido la aquiescencia de los trabajadores alemanes vía el pago ilegal de corruptelas a sus poderosos comités de empresa, ver aquí, por lo que fue condenado a una pena de dos años de inhabilitación.]



Las propuestas de Hartz han tenido enormes consecuencias en la redefinición de las políticas de "reforma" del mercado laboral, que durante varias décadas se había caracterizado por su estabilidad. Bill Mitchell y Ricardo Welters han subrayado que, si bien las reformas aparentemente tuvieron éxito a principios de 2003, con una gran cantidad de creación de empleos, hubo un inconveniente: "una vez tocado suelo a mediados de 2003, en el fondo del ciclo, el empleo creció mucho menos rápidamente que en anteriores reactivaciones. Y gran parte del aumento lo fue como "mini empleos" –empleos a tiempo parcial con salarios inferiores a los 400 euros al mes, independientemente de las horas trabajadas". Como Mitchell y Welters señalan, las "reformas" supusieron una disminución real del número de empleos regulares. Los trabajadores quedaron atrapados en los denominados trabajos "mini/midi": una nueva forma de empleo a tiempo parcial con salarios bajos. Sus defensores celebraron su "flexibilidad" y "eficiencia", mientras que sus detractores, como Mitchell, denunciaban que eran empleos a tiempo parcial, más inseguros, con salarios reducidos y pobres condiciones de trabajo.



Es más, Alemania se benefició de la llamada "ventaja del precursor" (FMA), aplicando las reformas en el contexto de una economía crecientemente globalizada. Exigir contención salarial en medio de una recesión mundial hace prácticamente inviable dicha "reforma", para no hablar de los problemas derivados de la "falacia de composición", cuando todos los demás países pretenden recortar sus salarios para ganar una competitividad exportadora crecientemente esquiva.



La irrupción de una izquierda radical inteligente en Grecia: Syriza, una nueva carta esencial



Y todo ello en un contexto cada vez más amenazante, habida cuenta de las renovadas perturbaciones que azotan la euro zona. La inoportuna erupción democrática en Grecia ha puesto sobre la mesa un nuevo comodín: Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical, se ha convertido en una carta esencial. Su nuevo líder Alexis Tsipras, hasta el momento un desconocido parlamentario de izquierda, ha dirigido la Coalición hasta ser el segundo partido más votado en las recientes elecciones legislativas del 6 de mayo con la promesa de repudiar los acuerdos del rescate que los anteriores dirigentes de Grecia firmaron en febrero.



Este horrible brote de auténtica democracia nace, nada más ni nada menos, que en la misma cuna de la democracia. No hay ni que decir que los eurócratas, en el más puro estilo bruselense, están poniendo el grito en el cielo. Una vez más agitan histéricos el "Grecia tiene que salir", a pesar de que la mayor parte de los economistas no se cansan de advertir con todas sus fuerzas que Grecia necesita el Euro y que la alternativa es caer al abismo. Lo que esperan con todas sus fuerzas es que las próximas elecciones les proporcionen un nuevo Quisling griego, que ponga felizmente por obra el feroz y destructivo paquete de "reformas" de ajuste de la Troika, que no ofrecen ninguna esperanza de recuperación a Atenas o al resto de la zona euro. Por el contrario, Syriza representa una amenaza real para la orientación actual de la política fiscal.



Alexis Tsipras, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores



Alexis Tsipras es un gran tipo. A lo menos, es un excelente jugador de póker. Todavía no ha capitulado a esta orquestada presión masiva y dejó claro desde el principio, en la edición alemana del Wall Street Journal, que el pueblo griego tiene otras opciones, aunque no les gusten a los alemanes: Tsipras es, en definitiva, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores.



Regla número 1 en las negociaciones: demostrar a la contraparte que, en su caso, tienes opciones creíbles si rompes las negociaciones. Entre otras cosas, Tsipras se ha limitado a señalar que el Estado griego está bastante cerca de un superávit primario. Todo lo que se necesita son unas pequeñas reducciones en salarios y pensiones y el sector público griego se podría financiar en un futuro previsible. Si saliera del euro, el problema de Atenas se convertiría de repente en el problema de la zona euro.



Sí, Grecia sólo constituye un mero 2% del PIB de Europa. Y sí, las autoridades de la zona del euro dicen que están haciendo "preparativos" en el caso de un "Grexit". Pero también Lehman era un pequeño banco de inversión y casi provoca el derrumbe del sistema bancario mundial cuando se permitió que quebrara. Y conviene recordar que la quiebra de Lehman ocurrió varios meses después del rescate de Bear Stearns. En teoría, las autoridades tuvieron tiempo de sobra para hacer "preparativos" cara a esa eventualidad, como ahora ante la posible salida de Grecia de la zona del euro.



¿Sería más eficaz hoy el cortafuegos a la hora de "cauterizar" la herida griega y prevenir el contagio de Portugal, España, Italia y del propio núcleo? Es evidente que Tsipras lo tiene claro, y bien podría ser el próximo Primer Ministro de Grecia. Haría falta toda la capacidad de fuego del BCE, con una intensidad que, hasta ahora, ha sido reacio de utilizar.



Entretanto, el resultado electoral griego ha provocado una creciente y masiva retirada de depósitos y activos bancarios en la zona euro. Desde hace semanas se produce una constante fuga de depósitos de los bancos en los PIIGS hacia otros en Alemania y Europa del Norte (y quizás hacia algunos bancos fuera de Europa). Las cifras sobre el Objetivo 2 de financiación de estas huidas de depósitos de los países de origen aparentemente han crecido en los primeros cuatro meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Un reciente comunicado de las autoridades griegas sugiere que la huida de depósitos de los bancos griegos se ha acelerado, tal vez enormemente, después de las elecciones griegas. Aunque se ha desmentido, no hay que creer nunca en desmentidos oficiales.



El diario madrileño El Mundo informó a finales de la semana pasada que los depositantes habían retirado mil millones de euros del banco español Bankia tras su nacionalización parcial por el Gobierno el 9 de mayo. Lo más probable es que estas retiradas de depósitos tengan tanto o más que ver con la retirada en general de depósitos de los bancos españoles que con el miedo a la seguridad de los mismos en un banco intervenido por el Gobierno. En otras palabras, puede ser una señal de que el temor a una salida del euro se ha extendido de manera significativa también a España. Por supuesto, las autoridades lo niegan, pero ¿quién cree a las autoridades en estas circunstancias?



La propia existencia de la unión monetaria facilita el pánico bancario



Paradójicamente, la misma existencia de la unión monetaria facilita estas huidas de los bancos. Si es usted depositante en un banco español en Barcelona, nada le impide retirar su dinero y recolocarlo en la sucursal de un banco alemán en la misma calle. No hay controles fronterizos ni controles de capital que valgan. ¡ Ni riesgo de tipos de cambio! Quienes tienen cuentas corrientes en todos los países de la periferia temen ante todo acabar volviendo a las antiguas monedas que valdrían mucho menos que el euro. Sus depósitos acaban en bancos alemanes y europeos de núcleo duro, que luego reciclan los fondos a través del BCE y los bancos centrales nacionales para acabar volviendo a los bancos de los PIIGS de donde han huido.



Al parecer esta huida de depósitos y su retorno a los bancos en la periferia en peligro se aceleró en los primeros meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Pero podría haberse acelerado aún más después. En efecto, el sistema de bancos centrales europeos está involucrado en un creciente y masivo ejercicio de rescate que no reconocen públicamente. ¿Cuál ha sido la respuesta alemana hasta ahora? "Vaya, este tío nos esta chantajeando. ¿Qué hacemos?" Porque Alemania como nación acreedora sufrirá grandes pérdidas si el sistema bancario en su conjunto empieza a sufrir la presión, para no decir nada del fin de su tan cacareado wirtschaftwunder (milagro económico) si toda la eurozona implosiona. Grecia, por el contrario, ha experimentado ya cinco años de austeridad económica permanente. El país ha quedado reducido prácticamente a una economía de trueque. ¿Qué tiene que perder en esta coyuntura si se niega a plegarse ante la troika?



Porqué Alemania tiene las de perder



Es verdad que los alemanes podrían hartarse y decir: "¡basta ya!" y salir de la zona euro (lo que muy probablemente destruiría la unión monetaria). El resultado previsible de una salida de Alemania sería una enorme revalorización del nuevo marco alemán. Como consecuencia, todo el mundo devaluaría en relación al nuevo marco, desplazando la responsabilidad de la reflación fiscal a quién hasta ahora ha sido el oponente más explicito del activismo fiscal. Alemania probablemente tendría que rescatar a sus bancos (especialmente los Landesbanken). Lo que podría ser políticamente más apetecible que rescatar a los bancos griegos (al menos desde la perspectiva de la población alemana), pero no dejaría de tener un importante coste económico a corto plazo para Berlín. Y en el ínterin, el probable trauma monetario bloquearía el mecanismo exportador, dado que los mecanismos integradores implícitos en la zona euro desaparecerían en el caso de que Alemania vuelva a un nuevo marco.



Por una elemental ecuación contable, una caída del superávit externo de Alemania significaría un gran aumento de su déficit presupuestario (a menos que el sector privado comenzase a crecer rápidamente, lo que es dudoso en el escenario descrito anteriormente), por lo que Alemania sufriría déficits presupuestarios mucho mayores. Si intenta reducir los efectos de un colapso en su superávit por cuenta corriente, se convertiría en un estado "despilfarrador" más. ¡Que cambio de suerte!



¿Quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?

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Tomado de Sin Permiso Ver también: Alemania comienza a aumentar los salarios para marcar diferencia con la periferia europea

- ¿Quien debe salir primero de la eurozona, Grecia o Alemania?

jueves, 31 de mayo de 2012

El fin del Capitalismo ya ha comenzado

La informatización y la robotización han permitido producir cada vez más mercancías con cada vez menos trabajo. El coste del trabajo por unidad de producto no ha dejado de disminuir y el precio de los productos tiende a bajar. Sin embargo, cuanto más disminuye la cantidad de trabajo para una producción particular, más tiene que aumentar el valor producido por trabajador -su productividad- para que la masa de beneficio no disminuya. Obtenemos por tanto esta paradoja aparente: cuanto más aumenta la productividad, más tiene que aumentar ésta para evitar que el volumen de beneficio disminuya. La carrera hacia la productividad tiende a acelerarse, los recursos humanos a reducirse, la presión sobre el personal a endurecerse, el nivel y la masa salarial a disminuir. El sistema evoluciona hacia un límite interno donde la producción y la inversión en la producción dejan de ser lo suficiente rentables.

Las cifras prueban que se ha alcanzado este límite. La acumulación productiva de capital productivo no ha dejado de experimentar una regresión. En los Estados-Unidos, las 500 empresas del índice Standard & Poor’s disponen de 631 millones de millones de reservas líquidas; la mitad de los beneficios de las empresas americanas proviene de operaciones en los mercados financieros. En Francia, la inversión productiva de las empresas del CAC 40 ni siquiera aumenta cuando sus beneficios se multiplican.
Puesto que la producción ya no es capaz de valorizar todos los capitales acumulados, una parte creciente de ellos se queda bajo la forma de capital financiero. Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros.
La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones: la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc… Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras: los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.
La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada (la depresión japonesa dura ya quince años).
Siempre podremos culpar a la especulación, a los paraísos fiscales, a la opacidad y a la falta de control de la industria financiera (en particular los “hedge funds”), pero la amenaza de depresión, incluso de colapso que pesa sobre la economía mundial, no se debe a la falta de control: se debe a la incapacidad del capitalismo de reproducirse. Sólo se perpetua y funciona sobre bases ficticias cada vez más precarias. Pretender la redistribución, a través del impuesto, de las plus-valías ficticias de las burbujas, precipitaría exactamente lo que intenta evitar la industria financiera: la desvalorización de masas gigantescas de activos financieros y la quiebra del sistema bancario. La “reestructuración ecológica” sólo puede agravar la crisis del sistema. Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años. Si prolongamos la tendencia actual, se multiplicará el PIB mundial por un factor 3 o 4 hasta el 2050. Sin embargo, según el informe del Consejo sobre el Clima de la ONU, las emisiones de CO2 tendrán que disminuir de un 85% hasta esta fecha para limitar el calentamiento climático a 2ºC máximo. Más allá de 2ºC, las consecuencias serán irreversibles y no controlables.
Por tanto el decrecimiento es un imperativo de superviviencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales. Sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. Por tanto la salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar.
Ya conocemos la forma bárbara. Prevalece en varias regiones de África, dominadas por jefes de guerra, por el saqueo de las ruinas de la modernidad, las masacres y tráfico de seres humanos, en un panorama de hambrunas. Los tres Mad Max eran novelas de anticipación. En cambio, no se suele plantear una forma civilizada de salida del capitalismo. La evocación de la catástrofe climática que nos amenaza conduce generalmente a considerar un necesario “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de este cambio, las condiciones que lo hacen posible, los obstáculos que hay que saltar parecen desafiar la imaginación. Proyectar otra economía, otras relaciones sociales, otros métodos y medios de producción y otros modos de vida se tacha de “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del asalariado y del dinero fuera infranqueable. En realidad una multidud de indicios convergentes sugieren que ya se ha iniciado esta superación y que las probabilidades de una salida civilizada del capitalismo dependen ante todo de nuestra capacidad de distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian su factibilidad.
El capitalismo debe su expansión y su dominación al poder que ha adquirido en un siglo, tanto en la producción como en el consumo. Al privar primero a los obreros de sus medios de trabajo y de sus productos, se ha garantizado progresivamente el monopolio de los medios de producción y ha conseguido subsumir el trabajo. Con la especialización, la división y la mecanización del trabajo en grandes instalaciones, los trabajadores se convirtieron en los apéndices de las megamáquinas del capital. Se tornó así imposible para los productores apropiarse de los medios de producción. Gracias a la eliminación del poder de aquéllos sobre la naturaleza y el destino de los productos, se ha asegurado al capital el cuasi-monopolio de la oferta, es decir el poder de anteponer en todos los ámbitos las producciones y los consumos más rentables, así como el poder de crear los gustos y deseos de los consumidores y la manera con la que iban a satisfacer sus necesidades. Este poder es el que la revolución informacional empieza a agrietar.
En un primer momento, el objetivo de la informatización fue la reducción de los costes de producción. Para evitar que esta reducción de costes conllevara la correspondiente baja de los precios de las mercancías, había que, en la medida de lo posible, sustraerlas a las leyes del mercado. Esta sustracción consistía en conferir a las mercancías cualidades incomparables gracias a las que parecen no tener equivalente y dejan de ser por tanto simples mercancías.
El valor comercial (el precio) de los productos tenía, por lo tanto, que depender más de sus cualidades inmateriales no medibles que de su utilidad (valor de uso) sustancial. Estas cualidades inmateriales -el estilo, la novedad, el prestigio de la marca, la rareza o “exclusividad”- tenía que conferir a los productos un estatuto comparable al de las obras de arte.
Éstas últimas tienen un valor intrínseco: no existe ningún patrón que permita establecer entre ellas una relación de equivalencia o “precio justo”. No son por tanto verdaderas mercancías. Su precio depende de la rareza, de la reputación del creador, del deseo del comprador eventual. Las cualidades inmateriales incomparables proporcionan a la empresa productiva el equivalente de un monopolio y la posibilidad de asegurarse una renta de novedad, rareza, exclusividad.
Esta renta esconde, compensa y a menudo sobrecompensa la disminución del valor en su aceptación económica que la reducción de los costes de producción genera para los productos en tanto que mercancías por esencia intercambiables entre sí según la relación de equivalencia. De un punto de vista económico, la innovación no crea valor: es el medio para crear una rareza fuente de renta y conseguir un sobreprecio en detrimento de los productos competidores. La parte de la renta en el precio de una mercancía puede ser diez, veinte o cincuenta veces más grande que su coste de producción, y no sólo se aplica a los artículos de lujo; también se aplica a los artículos del día a día como zapatillas de deporte, camisetas, móviles, discos, pantalones vaqueros, etc…
Sin embargo, la renta no tiene la misma naturaleza que el beneficio: no corresponde a la creación de un aumento de valor, de una plus-valía. Redistribuye la masa total del valor a favor de las empresas rentistas y en detrimento de los otros; no aumenta esta masa [1].
Cuando el incremento de la renta se convierte en la meta determinante de la política de las empresas -más importante que el beneficio que, por su parte, choca con el límite interno que hemos indicado antes- la competencia entre empresas descansa ante todo sobre su capacidad y rapidez de innovación. De ella depende ante todo la amplitud de su renta. Por tanto intentan superarse con el lanzamiento de nuevos productos o modelos o estilos, con la originalidad del diseño, con la inventiva de sus campañas de marketing, con la “personalización” de sus productos. La aceleración de la obsolescencia, que va de la mano con la menor durabilidad de los productos y de la menor facilidad para repararlos, se convierte en el medio decisivo para aumentar el volumen de ventas. Obliga a las empresas a inventar continuamente necesidades y deseos nuevos, a atribuir a las mercancías un valor simbólico, social, erótico, a difundir una “cultura del consumo” que apuesta por la individualización, singularización, rivalidad, envidia, es decir, lo que he llamado en otro escrito la “socialización antisocial”.
En este sistema todo se opone a la autonomía de los individuos; a su capacidad de reflexionar juntos sobre sus objetivos y necesidades comunes; de concertarse sobre la mejor manera de eliminar el despilfarro, de ahorrar recursos, de elaborar juntos, como productores y consumidores, una norma común de lo suficiente -lo que Jacques Delors llamaba una “abundancia frugal”. Sin duda alguna, la ruptura con la tendencia del “producir más, consumir más” y la redefinición autónoma de un modelo de vida que aspira a hacer más y mejor con menos, supone la ruptura con una civilización donde no se produce nada de lo que se consume y no se consume nada de lo que se produce; donde los productores y consumidores están separados y donde cada uno se opone a sí mismo ya que es siempre lo uno y lo otro a la vez; donde todas las necesidades y todos los deseos se centran en la necesidad de ganar dinero y el deseo de ganar más; donde la posibilidad de autoproducción para el autoconsumo parece fuera de alcance y ridículamente arcaico - sin razón.
Sin embargo, la “dictadura de las necesidades” pierde fuerza. La influencia que las empresas ejercen sobre los consumidores se vuelve más débil a pesar del aumento exponencial de los gastos para el marketing y la publicidad. La tendencia a la autoproducción gana de nuevo terreno gracias al peso creciente que tienen los contenidos inmateriales en la naturaleza de las mercancías. El monopolio de la oferta escapa poco a poco al capital. No era difícil privatizar y monopolizar contenidos inmateriales mientras los conocimientos, ideas, conceptos utilizados en la producción y concepción de las mercancías se definían en función de máquinas y de artículos en los que se incorporaban para un uso concreto. Máquinas y artículos se podían patentar y la posición de monopolio quedaba protegida. La propiedad privada de los conocimientos y de los conceptos se hacía posible, ya que eran inseparables de los objetos que les materializaban. Eran un componente del capital fijo. Pero todo cambia en el momento en que los contenidos inmateriales no son inseparables de los productos que los contienen, ni siquiera de las personas que los poseen; cuando acceden a una existencia independiente de todo uso particular y se convierten en susceptibles de ser reproducidos en cantidades ilimitadas por un coste ínfimo, tras su traducción en programas. Entonces se pueden convertir en un bien abundante que, por su disponibilidad ilimitada, pierde cualquier valor de cambio y cae en el dominio público como bien común gratuito - salvo si se consigue impedirlo al prohibir el acceso y el uso ilimitados para los cuales está hecho. El problema que enfrenta “la economía del conocimiento” proviene del hecho de que la dimensión inmaterial de la que depende la rentabilidad de las mercancías no es, en la edad de la informática, de la misma naturaleza que éstas últimas: no es propiedad privada ni de las empresas ni de sus colaboradores; no tiene un carácter privatizable y no puede por consiguiente convertirse en una verdadera mercancía. Sólo se puede disfrazar de propiedad privada y mercancía al reservar su uso exclusivo a través de artimañas jurídicas o técnicas (códigos de acceso secretos). No obstante este disfraz no cambia nada a la realidad de bien común del bien así disfrazado: sigue siendo una no-mercancía no vendible cuyo acceso y uso libres están prohibidos porque permanecen siempre posibles, porque le amenaza las “copias ilícitas”, las “imitaciones”, los usos prohibidos. Incluso el autodenomidado propietario no los puede vender, es decir transferir la propiedad privada a otro, como lo haría con una verdadera mercancía; sólo puede vender un derecho de acceso o de uso “bajo licencia”. Así la economía del conocimiento se basa en una riqueza cuya vocación es la de ser un bien común, y los patentes y copyrights que debieran privatizarlo no cambian nada: la era de la gratuidad se expande de manera irrefrenable. La informática y el Internet atacan las bases del reino de la mercancía. Todo lo que se traduce en lenguaje numérico y reproducible, comunicable sin gastos tiende irresistiblemente a convertirse en un bien común, incluso en un bien común universal cuando es accesible a todos y utilizable por todos. Cualquiera puede reproducir con su ordenador contenidos inmateriales como el diseño, planes de construcción o de montaje, fórmulas y ecuaciones químicas; inventar sus propios estilos y formas; imprimir textos, grabar discos, reproducir tablas.
Más de 200 millones de referencias están actualmente accesibles bajo licencia “creative commons”. En Brasil, donde la industria del disco comercializa 15 nuevos discos al año, los jóvenes de las favelas graban 80 discos por semana y los difunden en la calle. Las tres cuartas partes de los ordenadores fabricados en 2004 se construyeron en favelas con los componentes de materiales desechados. El gobierno apoya a las cooperativas y agrupaciones informales de autoproducción para el auto-abastecimiento.
Claudio Prado, que dirige el departamento de cultura numérica en el ministerio de Cultura de Brasil, hace poco: “El empleo es una especie en vía de extinción. Tenemos la intención de saltarnos esta fase sin interés del siglo XX para pasar directamente del siglo XIX al siglo XXI”. Por ejemplo se ha apoyado oficialmente la autoproducción de ordenadores: se trata de favorecer la “apropiación de las tecnologías por los usuarios con un objetivo de transformación social”. La próxima etapa será lógicamente la autoproducción de medios de producción. Volveré sobre este tema.
Lo importante por el momento es que la principal fuerza productiva y la principal fuente de rentas caen progresivamente en el dominio público y tienden hacia la gratuidad; que la propiedad privada de los medios de producción y por tanto el monopolio de la oferta son cada vez menos posibles; que por consiguiente la influencia del capital sobre el consumo se relaja y éste puede tender a emanciparse de la oferta mercantil. Se trata aquí de una ruptura que ataca la base del capitalismo. La lucha emprendida entre los “programas propietarios” y los “programas libres” (libre, “free”, es también el equivalente en inglés de “gratuito”) ha sido el inicio del conflicto central de esta época.
Se extiende y se prolonga en la lucha contra la mercantilización de las riquezas primas -la tierra, las semillas, el genoma, los bienes culturales, los saberes y las competencias comunes que constituyen la cultura cotidiana y que son las condiciones previas a la existencia de una sociedad. Del resultado de esta lucha dependerá que la salida del capitalismo tenga lugar de forma civilizada o bárbara.
Salir del capitalismo implica necesariamente nuestra emancipación de la influencia que ejerce el capital sobre el consumo y de su monopolio sobre los medios de producción. Significa restablecer la unidad del sujeto de la producción y del sujeto del consumo y retomar la autonomía en la definición de nuestras necesidades y de su modo de satisfacción. El obstáculo insalvable que el capitalismo había colocado en este camino era el carácter mismo de los medios de producción que había creado: constituían una megamáquina donde todos eran sirvientes y que nos dictaba qué fines perseguir y qué vida llevar. Este periodo llega a su fin. Los medios de autoproducción high-tech convierten la megamáquina industrial en virtualmente obsoleta.
Claudio Prado alega “la apropiación de las tecnologías” porque todos pueden apropiarse la clave común de todas: la informática. Porque, como lo pedía Iván Illich, “cada uno puede utilizarla sin dificultad tan a menudo o tan poco como lo desea sin que el uso que hace de ella usurpe la libertad de otros de hacer lo mismo”; y porque este uso (se trata de la definición de Illich de las herramientas conviviales) “estimula la realización personal” y amplía la autonomía de todos. La definición que Pekka Himanen da de la Etica Hacker es bastante parecida: un modo de vida que antepone “la felicidad de la amistad, del amor, de la libre cooperación y de la creatividad personal”.
Las herramientas high-tech existentes o en curso de desarrollo, generalmente comparables a periféricos de ordenadores, apuntan hacia un futuro donde prácticamente todo lo necesario y deseable podrá ser producido en talleres cooperativos o comunales; donde las actividades de producción se podrán combinar con el aprendizaje y la enseñanza, con la experimentación y la investigación, con la creación de nuevos gustos, perfumes y materiales, con la invención de nuevas formas y técnicas agrícolas, de construcción, de medicinas, etc… Los talleres comunales de autoproducción estarán interconectados a escala global y podrán intercambiar o poner en común sus experiencias, invenciones, ideas, descubrimientos. El trabajo será productor de cultura, la autoproducción un modo de plenitud.
Dos circunstancias abogan en favor de este tipo de desarrollo. La primera es que existe bastante más know-how, talento y creatividad de lo que la economía capitalista es capaz de utilizar. Este excedente de recursos humanos sólo puede ser productivo en una economía donde la creación de riqueza no se someta a criterios de rentabilidad. La segunda es que “el empleo es una especie en vía de extinción”.
No digo que estas transformaciones radicales vayan a tener lugar. Sólo digo que por primera vez podemos querer que se realicen. Los medios existen, así como la gente que los ponen en práctica metódicamente. Es probable que sean los sur-americanos o sur-africanos los primeros que decidan recrear en los suburbios desheredados de las ciudades europeas los talleres de autoproducción de su favela o de su township de origen.

André Gorz, el 17/09/2007.

Traducción y revisión de Florent Marcellesi y Lara Pérez Dueñas.

Notas:

[1] El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían. El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.).

[2] Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máximo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente: una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo.

[3] Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el valor creado en otras partes y se lo apropia

miércoles, 30 de mayo de 2012

Logro de Unasur en atención a enfermedades desatendidas



Por Gustavo Capdevila


GINEBRA, 28 may (IPS) - Gracias al impulso de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Asamblea Mundial de la Salud abrió un proceso para favorecer la investigación y producción de medicamentos contra enfermedades olvidadas que afectan especialmente a los pobres del mundo.
La Asamblea, el cuerpo supremo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), resolvió en su sesión anual, entre otros asuntos, promover el debate sobre mecanismos multilaterales para asegurar el acceso de esas poblaciones a los fármacos fundamentales.
La organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF) ha denunciado que en el caso de las enfermedades desatendidas, las que predominan en los países pobres, tanto los medicamentos como los diagnósticos y las vacunas necesarias para tratar a los pacientes no se encuentran disponibles, no resultan apropiadas o tienen precios inalcanzables.
Ese fenómeno es consecuencia del sistema de investigación y desarrollo existente, que se basa en intereses de mercado, no en las necesidades sanitarias y depende del esquema de patentes para recuperar los costos invertidos, para lo cual impone precios altísimos, sostiene MSF.
La iniciativa aprobada por la Asamblea al finalizar sus sesiones realizadas la semana pasada en Ginebra fue propiciada por delegaciones de la Unasur, conformada por los 12 países de América del Sur, que debieron vencer la férrea oposición hasta último momento de Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Suiza y otros países del Norte.
La controversia giró en torno a un informe presentado a comienzos de este año a la OMS por el Grupo Consultivo de Expertos en Investigación y Desarrollo: Financiación y Coordinación, integrado principalmente por personalidades independientes de las esferas de la medicina, farmacología y derecho de propiedad intelectual.
Dos puntos del informe desataron la disputa. Uno es el que recomienda la negociación de un acuerdo vinculante sobre actividades de investigación y desarrollo de medicamentos que responda a las necesidades de los países del Sur.
La segunda recomendación más cuestionada del informe de los expertos por parte de los países industrializados es la que se pronuncia por la desvinculación de los costos de investigación y desarrollo respecto de los precios de los medicamentos. De esa manera no sería necesario establecer valores altos para recuperar los costos.
Los expertos sugieren fórmulas para financiar esos costos, que incluyen contribuciones obligatorias para los países conforme al principio de una justa distribución de esa carga.
Las delegaciones ante la Asamblea Mundial de la Salud de las naciones industrializadas, que son sede de los principales laboratorios farmacéuticos transnacionales, propusieron que el informe de los expertos sea sometido a un análisis profundo y que las conclusiones se presentaran en la próxima sesión del año que viene.
A su vez, la representación de Kenia exhortó a la Asamblea a encomendar a la directora general de la OMS, Margaret Chan, que convoque de inmediato una negociación que redacte y negocie un convenio de la organización sobre financiación y coordinación de la investigación y el desarrollo.
La iniciativa de la Unasur pedía a la directora que convocara a un proceso abierto a todos los estados miembros de la OMS para detallar y profundizar los mecanismos propuestos por el grupo de expertos. También mencionaba la posibilidad de una convención vinculante.
Luego de ásperas y prolongadas discusiones, se resolvió un texto final que recoge la idea de la Unasur de convocar a un proceso abierto e informar de sus resultados a la próxima Asamblea.
La resolución adoptada por la Asamblea abre un proceso gubernamental para considerar las recomendaciones del informe de los expertos, indicó el jurista argentino Carlos Correa, asesor del Centro Sur, una institución intergubernamental con sede en Ginebra.
Correa señaló a IPS que una de las recomendaciones del informe que se discutirá en el nuevo proceso, la principal, es la de entablar una negociación de una convención obligatoria en materia de investigación y desarrollo.
Eso es auspicioso porque significa que, si bien los miembros de la OMS mantienen diferencias respecto de la naturaleza que podría tener ese instrumento, esta decisión abre la posibilidad de que haya un estudio pormenorizado de las conclusiones del grupo, dijo Correa, miembro a su vez del grupo de expertos.
En síntesis, si bien no se logró una decisión que inicie más rápido este proceso negociador, sí se ha establecido un mecanismo intergubernamental y formal que puede conducir a que esa posibilidad se materialice, agregó.
En consecuencia, los países en desarrollo ven la decisión como un logro, indicó.
Correa sostuvo, además, que el modelo de innovación intrafarmacéutica está en profunda crisis. "Nuestra perspectiva es que debe generarse un modelo alternativo basado en la generación de bienes públicos, de productos medicinales y otros que atiendan a las necesidades de salud pública reales y no a las conveniencias del mercado.
Las propuestas del grupo de expertos, retomadas por las naciones del Sur, brindan una base para trabajar en esa dirección, sostuvo el académico.
La directora de políticas de MSF, Michelle Childs, se manifestó decepcionada por el hecho de que "no haya habido una decisión inmediata" de avanzar hacia una convención sobre investigación y desarrollo.
Sin embargo, los países miembros de la OMS convinieron en establecer un proceso formal para considerar las recomendaciones de los expertos y volverán a discutir el tema en enero 2013, dijo.
La también experta Judit Rius Sanjuan, representante de MSF en América, resaltó que el liderazgo y la unidad de los países latinoamericanos han sido clave en la Asamblea" de la OMS.
La Unasur presentó una visión unida en defensa de la innovación y del acceso a los medicamentos, así como de una solución sostenible en la forma de una convención global vinculante, comentó a IPS.
Correa confirmó que el bloque sudamericano tuvo un papel protagónico en la Asamblea y fue, al final, su enfoque el que prevaleció en la Asamblea.


La Unasur, integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela, cuenta con un grupo dedicado a los temas de salud, que en este período es coordinado por Asunción. (FIN/2012)

Un horror que pronto olvidaremos

Por Robert Fisk *


Bashar al Assad saldrá indemne de ésta. Como salió de Deraa. Y de Homs. Saldrá indemne de Houla. Lo mismo pasará con la oposición armada al régimen y con Al Qaida y cualquier otro grupo que se sume a la tragedia de Siria. Sí, tal vez éste sea el momento crítico, el punto de quiebre del horror, cuando el colapso baazista se vuelva inevitable, más que probable.

Y sí, puede ser que el querido William Hague, ministro británico del Exterior, esté absolutamente horrorizado. La ONU también. Todos lo estamos. Pero un centenar de Houlas tapizan Medio Oriente, con sus niños muertos apilados entre las estadísticas, con cuchillos, cuerdas y rifles entre las armas homicidas.

¿Y qué si los soldados de Assad dejaron que la milicia alauita les hiciera el trabajo sucio? ¿Acaso el FLN argelino no usó a las unidades de la Guardia de la Patria para asesinar a sus opositores en la década de 1990? ¿Khadafi no empleó el año pasado a sus leales milicianos y Mubarak a sus drogados ex policías, los baltagi, para arrasar a los opositores al régimen? ¿Acaso Israel no se valió de sus aliados falangistas libaneses para intimidar y dar muerte a sus opositores en Líbano? ¿No fue todo eso también gobernar asesinando? Y, pensándolo bien, ¿no fueron las fuerzas especiales de Rifaat, el tío de Bashar al Assad, las que masacraron a los insurgentes de Hama en 1982? (No digan esto en voz muy alta, porque Rifaat se la vive ahora entre París y Londres.) Entonces, ¿quién cree que Bashar no puede salir indemne de Houla?

El paralelismo con Argelia es estremecedor. Los líderes corruptos del ELN querían una democracia, hasta organizaron elecciones. Pero una vez que quedó claro que la oposición islamita –el infortunado Frente Islámico de Salvación– vencería, el gobierno declaró la guerra a los terroristas que intentaban destruir a Argelia. Sitiaron aldeas, bombardearon ciudades –todo en nombre del combate al terror– hasta que la oposición dio en masacrar civiles en torno de Blida, miles de ellos: bebés con la garganta rebanada, mujeres violadas. Y luego resultó que el ejército argelino también participó en las matanzas. Donde dice Houla lean Bentalha, lugar que todos hemos olvidado, como olvidaremos Houla también.

Y nosotros los occidentales bufamos y resoplamos y llamamos a los dos bandos en Argelia a mostrar contención, pero queríamos estabilidad en la antigua colonia francesa –no olvidemos que Siria es un antiguo territorio bajo mandato francés–, y estábamos muy preocupados de que insurgentes estilo Al Qaida se adueñaran de Argelia, así que al final Estados Unidos apoyó a los militares argelinos del mismo modo que los rusos apoyan hoy a los militares sirios. Y el FLN salió indemne luego de 200 mil muertos, comparados con los apenas 100 mil que ha producido hasta ahora la guerra en Siria.

Y vale la pena recordar que, enfrentados a la insurrección de la década de 1990, los argelinos buscaron con desesperación países a los cuales acudir en busca de consejo. Escogieron Siria, entonces bajo el imperio de Hafez Assad, y enviaron una delegación militar a Damasco para aprender cómo el régimen destruyó Hama en 1982. Ahora los estadounidenses –que hace seis meses presentaban a Bashar como un muerto en vida– prefieren un final tipo Yemen a la guerra en Siria, como si la crisis yemenita no fuera lo bastante sangrienta de por sí. Pero reemplazar a Assad con un asesino de la misma especie (la solución de Sanaa) no es algo que los sirios estén dispuestos a aceptar.

Sí, es una guerra civil. Y sí, Houla podría ser el punto de quiebre. Y ahora la ONU es testigo. Pero el partido Baaz tiene raíces más profundas que la sangre –pregunten a cualquier libanés– y nosotros en Occidente pronto nos olvidaremos de Houla, cuando otra imagen de muerte en YouTube aparezca en nuestras pantallas desde la campiña siria. O desde Yemen. O desde la próxima revolución.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

lunes, 28 de mayo de 2012

Mayo, Revolución y después

La ruptura del orden colonial


La Revolución derivó en un mejoramiento de las condiciones de vida populares y la desigualdad social fue significativamente menor de la que sobrevendría más tarde con el desarrollo pleno del modelo agroexportador de fin de siglo.
Producción: Tomás Lukin
debate@pagina12.com.ar

La revolución popular
Por Gabriel Di Meglio *

La Revolución que empezó en 1810 modificó distintos aspectos de la realidad rioplatense e introdujo novedades. Una de ellas fue la politización masiva de buena parte de las clases populares, es decir de quienes ocupaban lo más bajo de la pirámide social: el grueso de los trabajadores (campesinos, peones, artesanos, arrieros, lavanderas, vendedores ambulantes y un largo etcétera), los que no eran considerados blancos, los pobres (incluyendo a muchos blancos) y quienes no tenían respetabilidad social. Estas variables, claro, se combinaban.
Con la ruptura de un orden que había funcionado por siglos, la movilización militar para la guerra –los plebeyos constituían la mayoría de las tropas– y las disputas internas a la dirigencia revolucionaria –en la que los grupos que se enfrentaban empezaron a buscar apoyos socialmente hacia abajo– abrieron el camino para la intervención popular en los asuntos públicos, que en algunos espacios se volvió constante.
La presión popular convirtió el enfrentamiento entre revolucionarios y contrarrevolucionarios en una lucha entre americanos y españoles. La identificación de los españoles como enemigo permitió expresar tensiones sociales y raciales que se volcaron en el odio a ese grupo concreto. Así, la fidelidad al bando americano dio paso a un simbólico ascenso social, dado que igualaba a quienes la profesaban con los que antes estaban sobre ellos, y esto incluyó también a muchos africanos.
El peso de la participación popular fue muy variado. En la ciudad de Buenos Aires fue destacada porque, al ser la capital, la intervención plebeya en un movimiento contra un gobierno afectaba al conjunto de los territorios revolucionarios. En lugares donde había importantes tensiones sociales previas, como en la Banda Oriental y Entre Ríos o en Salta y Jujuy, la revolución generó una gran movilización que desafió al orden social. Los pobladores rurales lucharon por la libertad y por mejorar sus condiciones de vida, asegurar el respeto de derechos consuetudinarios de acceso a los recursos y conseguir una sociedad más justa. Aplicaron una práctica redistributiva apropiándose de bienes de grandes propietarios –sobre todo ganado– en nombre de la causa y pugnaron por ser favorecidos en el reparto de las explotaciones de los partidarios de los realistas. Hubo también una carga racial, ejemplificada en el grito de “mueran los cariblancos” que lanzaban varios seguidores de Güemes, y una tendencia igualitarista, muy marcada entre los partidarios de Artigas con su lema “nadie es más que nadie”.
Muchos guaraníes de las que habían sido las misiones jesuitas lucharon para reunificar la antigua provincia jesuítica, pero esta vez sin los sacerdotes y sin españoles, portugueses, paraguayos o porteños: dirigirían ellos mismos sus asuntos. Conducido por Andresito Guacurarí, el fallido proyecto mostró también una abierta hostilidad hacia los blancos.
Para los esclavos fueron años de esperanza y presionaron para conseguir la libertad. Los líderes revolucionarios eran conscientes de la incoherencia entre ese derecho y el de propiedad, al que privilegiaron. Por eso en 1812 prohibieron el tráfico de esclavos y en 1813 sancionaron la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran desde entonces, condenando a la esclavitud a morir de a poco, sin afectar los intereses de los amos. Sin embargo, la guerra redobló la necesidad de soldados y muchos esclavos fueron alistados con la promesa de libertad al final del conflicto. La participación de esos libertos en los ejércitos fue fundamental.
Muchas expectativas populares en la Revolución no se cumplieron. Sin embargo, la impronta popular dejó huellas. El sistema de castas por el cual los no considerados blancos eran jurídicamente inferiores –por ejemplo, los blancos y los negros, pardos, mestizos e indígenas recibían distintos castigos por un delito similar– llegó a su fin. La desigualdad social y racial siguió existiendo, pero ya no era legal.
La movilización popular fue desmantelada en algunas provincias pero no en otras. A raíz de ella –en particular en Buenos Aires y el Litoral– se hicieron fuertes las negociaciones de las condiciones de trabajo, las resistencias cuando el Estado buscó asegurar los derechos de propiedad favoreciendo a los poderosos y las tendencias igualitaristas. De hecho, en términos relativos, las décadas que siguieron a 1830 vieron un mejoramiento de las condiciones de vida populares y la desigualdad social fue significativamente menor de la que sobrevendría más tarde con el desarrollo pleno del modelo agroexportador de fin de siglo. El federalismo se nutrió de muchas de las aspiraciones populares y se volvería la fidelidad política mayoritaria entre el “bajo pueblo”.
La enorme mayoría de los líderes políticos exitosos del período anterior a 1870 basaron sus carreras en su ascendencia popular. La política se hizo impensable sin alguna presencia, subordinada pero persistente, de los de abajo.
* Historiador (UBA-Conicet).

El mito moderno

Por Javier Trímboli *

Revolución: “El mito moderno por excelencia, el de la redención de la humanidad por su propio esfuerzo, el de la conquista de un paraíso situado ahora en el curso de su propia historia humana, como meta final y alcanzable de un proceso que sólo a través de su conquista alcanza justificación”. Quien ensaya esta definición es Tulio Halperin Donghi. Los pocos que la leyeron en 1961 quizá sospecharon algo despectivo en estas palabras, pues el nuevo ciclo revolucionario, recién iniciado en América latina, se entendía a sí mismo mucho más cerca de las leyes de la historia que del mito. Sin embargo, se trataba de recordarles a quienes preferían –-y aún hoy prefieren– imaginar que mayo de 1810 estuvo libre de esos tonos, que efectivamente había sido una revolución. Incluso Saavedra, advertía el historiador, actuó tomado por esa creencia.
Ahora bien, en el mundo prosaico lejos estuvo de ser unánime el entusiasmo que la Revolución produjo. Tomemos el caso de dos jóvenes que poco después se montarían sobre la movilización por ella generada, protagonistas destacados del capítulo que le sigue de cerca, si no se confunde con ella, el de las guerras civiles. Ni Facundo Quiroga ni Rosas fueron ganados plenamente por el mito revolucionario. Aunque no sea cierta la versión que lo señala como desertor del ejército, el acontecimiento que lo vincula con Quiroga con la Revolución –su papel relevante en la represión al motín realista que estalla en la prisión de San Luis, donde él mismo estaba recluido– además de tardío, sobresale por otros ribetes. Rosas, por su parte, se preocupó por aclarar que la Revolución no le había sido antipática, pero no llegó a alterar su rutina de estancia, engordando el peculio familiar. Belgrano y José María Paz detectan la indiferencia de muchos criollos e indígenas con los que toparon hacia 1812 en el norte del antiguo virreinato. Pero no se sorprenden del todo, ellos tampoco habían sido sus militantes resueltos antes de que estallara la crisis que derivó en el Cabildo abierto. Por no hablar de Moreno, que nada que oliera a revolución dejaba adivinar en su Representación de los hacendados, escrita en 1809. A Paz sí le llama la atención que los gauchos que en Tucumán salvaron al Ejército del Norte de una derrota desastrosa, además de profesarles un “odio rencoroso” a los realistas, estaban demasiado interesados en despojar a sus cadáveres de cualquier objeto de valor. Cadáveres de realistas que también eran americanos. Belgrano se entrega a la revolución, pero también la nombra guerra civil. La inquietud, incluso cierta zozobra por el sentido de lo que está protagonizando, lo asalta de manera no muy distinta a como le sucede a Rodolfo Walsh en 1964, cuando escribe el epílogo a la segunda edición de Operación Masacre.
En 1819, en proclama al Ejército de los Andes, San Martín hacía una afirmación que durante más de un siglo quedaría olvidada: “Seamos libres, de lo demás no importa nada”. Lo “demás” era la organización política de estas tierras que, se veía, volvería a fracasar, y quizá también las pretensiones demasiado exigentes que encerraba ese mito. Es que la Revolución, como se decía, estaba devorando a sus hijos, cosa que el Santo de la Espada entendió mejor que muchos otros. O, para evitar a Cronos, los obstáculos que la Revolución enfrentaba –los viejos intereses, las pretensiones de las clases acomodadas de Buenos Aires, pero también la enorme dificultad para fundar una vida pública– les arruinaron la vida a muchos. A Moreno y también a Saavedra, sólo por empezar.
¿Qué queda hoy de la Revolución? En primera instancia, estas vidas accidentadas que nos recuerdan que nada entre los hombres, incluso entre los que hacen revoluciones, es llano ni monocorde, nada está hecho a la medida de los que gustan identificarse con los buenos, que siempre han sido buenos en la historia. A su vez, y para el disgusto de algunos otros, vale recalcar que seguimos filiados tanto al primero como al segundo ciclo revolucionario. Así y todo, de tomar el cielo por asalto para volverlo cierto en la tierra, poco sobrevive. Involucrados en lo prosaico del mundo, difícil no reconocer el enorme valor de la política de reparación que se viene llevando adelante desde 2003, pero es evidente que el socialismo ha quedado muy lejos. Lejos también el idealismo y la tentación de lo sublime, podemos ser justos como pocas veces con el pasado y sus rugosidades, que son nuestras. Quizá sea inevitable vestir alguno de los trajes que nos ofrece la historia, para inflar de sentido el papel que nos toca actuar en el presente. De todos modos, llevar los de la Revolución y, más aún, los de la guerra, no parece por lo menos responsable. Si responsable suena mal, digamos que tampoco parece inteligente. Porque es equívoco pero, sobre todo, porque es aceptar la invitación que nos hacen quienes no esperan sino el momento del castigo.

* Asesor historiográfico de Canal 7.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-195037-2012-05-28.html

domingo, 27 de mayo de 2012

La posibilidad de una ruptura con el neoliberalismo en Grecia

Jesús Sánchez Rodríguez
Rebelión


Existen una especie de pautas generales para muchos de los procesos revolucionarios o radicales que se han dado en la historia reciente. Con diferentes matices aparecen en muchos de ellos. Veamos algunas de las experiencias históricas, de manera no exhaustiva por supuesto, y comparemos con la realidad europea actual, intentando extraer alguna enseñanza sobre los posibles desarrollos inmediatos.
Primera pauta. Los pueblos empiezan a movilizarse de diferentes maneras contra situaciones de miseria, injusticia u opresión insoportables. Para ello deben darse ciertas condiciones, porque otras muchas veces ante situaciones similares los pueblos permanecen en la pasividad. Estas condiciones pueden ser la presencia de un pensamiento crítico y un programa de acción y la existencia de organizaciones que agiten el descontento, u otro tipo de circunstancias.
Las miserias y el sufrimiento producidos por la primera guerra mundial y la presencia de organizaciones de izquierda revolucionaria ocasionaron intensas movilizaciones de masas en el período final de la guerra y, finalmente, el triunfo de la revolución en la Rusia zarista. El espectáculo de la debilidad mostrada por las potencias coloniales europeas durante la segunda guerra mundial, y un fuerte sentimiento de autodeterminación, llevaron al gran proceso descolonizador en la segunda post-guerra con algunos grandes éxitos que permanecieron en el tiempo, como en China, Vietnam, Argelia, etc. Las agresiones del neoliberalismo y la presencia de importantes movimientos sociales llevaron al ascenso de gobiernos populares y progresistas en América Latina a principios del siglo XXI. En otros muchos ejemplos históricos los intentos revolucionarios fueron derrotados por las fuerzas reaccionarias o imperialistas y no son tomados aquí en cuenta, a los efectos del análisis de este artículo.
Segunda pauta. Después del triunfo, las fuerzas políticas que representaban a esos movimientos de masas se encontraron, generalmente, gobernando países en situaciones muy difíciles porque, por definición, si la situación no hubiese llegado a esos extremos conflictivos no se hubiesen producido las revoluciones. Esas situaciones de graves dificultades podían proceder de que el período precedente hubiese estado marcado por una guerra exterior (Rusia), una guerra contra un invasor (Yugoslavia) e incluso con el añadido de guerra civil (China), o por una situación de profundo subdesarrollo junto a una guerra de independencia (países descolonizados en África o Asia), o una guerra de guerrillas (Cuba). En este sentido las rebeliones recientes en América Latina se apartan ciertamente de esta pauta, porque aunque se trata de países poco desarrollados, y el neoliberalismo les había sobreexplotado a favor de los países desarrollados y de su propia oligarquía, no habían sufrido una destrucción y, además, gozaban de importantes riquezas naturales (petróleo, gas, minerales) en las que poder apoyarse para ofrecer unas mejoras rápidas a sus poblaciones.
Estas dificultades aumentaron inmediatamente después del triunfo revolucionario porque dichos países fueron agredidos por las potencias imperialistas de diferentes maneras, promocionando guerras civiles, creando grupos armados (Rusia, Nicaragua), utilizando el bloqueo económico (Cuba), utilizando las FFAA del mismo país para acabar con la revolución en marcha (Chile) o utilizando a la burguesía colaboradora de esos países para revertir el proceso descolonizador (África).
Una variante de esta segunda pauta, de la que forman parte muchas revoluciones, consiste en que, a pesar de dichas dificultades, pudieron contar con algún tipo de ayuda exterior proveniente de revoluciones ya consolidadas en otras partes. La gran excepción, evidentemente, fue Rusia por ser la primera. Pero también el Chile de Allende podría incluirse entre las excepciones.
Tercera pauta. La gran mayoría de esas revoluciones desaparecieron. Algunas debido a la intervención directa o indirecta del imperialismo, como en Chile, Nicaragua o algunos países descolonizados. Un segundo grupo colapsó por la descomposición interna de la revolución como en la Unión Soviética y el este europeo. Finalmente están los países donde se mantuvieron los partidos comunistas en el poder pero con una práctica que no tiene nada que ver con sus ideales originales (Corea del Norte), o que se dirigen rápidamente al capitalismo (China, Vietnam).
De esta tercera pauta se han salvado, por ahora, Cuba y los países donde triunfaron las rebeliones anti-neoliberales en América Latina.
Ahora intentemos aplicar estas pautas a la situación europea actual. La primera pauta lleva produciéndose en Europa desde el desencadenamiento de la actual crisis económica. Las movilizaciones han sido desiguales y su principal expresión ha tenido lugar en Grecia debido a la intensidad de la agresión sufrida por el pueblo griego. Pero, incluso en este caso, aún se encuentra en esta fase.
Ahora pasamos a hacer un ejercicio hipotético en base a la situación actual. La segunda fase se podría abrir si en junio, como apuntan la mayoría de los pronósticos, triunfase en las elecciones y formase gobierno la izquierda transformadora y mantuviese su programa actual. Llegados a ese punto existen tres posibles desenlaces al pulso entre ese posible gobierno griego de izquierdas y las exigencias neoliberales de Bruselas. Un acuerdo que permitiese la permanencia de Grecia en el euro a la vez que la mayor parte del programa de la izquierda griega; se trata de una situación nada realista dada la correlación de fuerzas en Europa. Un acuerdo para mantener a Grecia en el euro, pero implicando la renuncia a gran parte del programa de la izquierda griega y alguna concesión de Bruselas; en ese caso no habría ruptura con el neoliberalismo en Europa; se trata de una situación poco probable, pero no descartable, condicionada por las tensiones que pueda producir el pulso en el seno de la propia izquierda. Una postura de firmeza de la izquierda griega y la salida de este país del euro, y seguramente de la UE.
En este último caso, Grecia sería un ejemplo más de la segunda pauta. El gobierno de izquierdas se encontraría con un país en condiciones muy difíciles, como son las que atraviesa en estos momentos, y con una segura actitud de agresiva hostilidad por parte de algunos países europeos (con la Alemania de Merkel a la cabeza) y de toda las organizaciones internacionales de la burguesía mundial. Grecia no se encontraría con la ayuda de recursos naturales en los que apoyarse, como en el caso de Venezuela, Bolivia o Ecuador, para cambiar rápidamente la situación de su población. Pero seguramente podría contar con la ayuda de los países mencionados, más Cuba, Nicaragua y muchos otros más (y por supuesto los movimientos sociales y la izquierda internacional) que simpatizarían con su actitud de dignidad y enfrentamiento a esa Santa Alianza (Bruselas, el BCE y el FMI) que la mantiene en una situación de protectorado.
De abrirse esta fase, el proceso griego tendría grandes similitudes con el actual proceso latinoamericano, en cuanto que la manera en que se abre la posibilidad de un gobierno que represente el programa de las clases populares es a través de una previa movilización de masas intensa. Pero se asemejaría también al Chile de la UP en cuanto que serían fuerzas políticas de izquierda de corte clásico las que gestionarían el proceso en lugar de líderes carismáticos (Chávez, Evo, Correa) apoyados por fuerzas políticas débiles. En cualquier caso, ambos ejemplos históricos tienen muchas enseñanzas que ofrecer para que Grecia fuese también una excepción a la tercera pauta indicada.

martes, 22 de mayo de 2012

Nouriel Roubini: Grecia debe abandonar el euro

Nouriel Roubini, Project Syndicate


Ya está cerca el desenlace de la tragedia griega del euro: es muy probable que este año o el que viene, Grecia declare la cesación de pagos de su deuda y abandone la eurozona.



Posponer la salida para después de la elección de junio, con un gobierno nuevo comprometido con alguna variante de las mismas políticas que ya fracasaron (austeridad recesiva y reformas estructurales), no restaurará el crecimiento y la competitividad. Grecia está atascada en un círculo vicioso de insolvencia, pérdida de competitividad, déficits externos y una depresión cada vez peor. La única forma de cortar este círculo es iniciar un default con abandono del euro, en forma ordenada y con coordinación y financiación del Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (la “troika”), de modo de minimizar los daños colaterales para Grecia y el resto de la eurozona.



El último paquete financiero otorgado a Grecia con supervisión de la troika redujo el endeudamiento del país mucho menos de lo que se necesitaba. Pero, incluso con una reducción de la deuda pública considerablemente mayor, Grecia no puede volver a crecer si no recupera rápidamente la competitividad. Y si no vuelve a crecer, la carga de la deuda seguirá siendo insostenible. Pero todas las alternativas para recuperar la competitividad demandan una depreciación real de la moneda.



La primera alternativa, una devaluación abrupta del euro, difícilmente se producirá; esto se debe a la fortaleza de Alemania y a que el BCE no sigue una política agresiva de flexibilización monetaria. Igualmente difícil es una reducción rápida del costo laboral unitario por medio de reformas estructurales que aumenten el crecimiento de la productividad por encima de los salarios. A Alemania le llevó diez años recuperar la competitividad de esta manera, y Grecia no puede seguir deprimida una década. Asimismo, una deflación veloz de precios y salarios, lo que se conoce como “devaluación interna”, llevaría a cinco años de agravamiento de la depresión.



Si ninguna de estas tres alternativas es viable, el único camino que queda es la salida de la eurozona. El regreso a la moneda nacional y una devaluación abrupta restaurarían rápidamente la competitividad y el crecimiento.



Por supuesto, el proceso sería traumático, y no solamente para Grecia. El problema más importante sería la pérdida de capital para las instituciones financieras principales de la eurozona. El pasivo externo en euros del gobierno, los bancos y las empresas de Grecia se dispararía de un día para el otro. Pero estos problemas se pueden superar: Argentina lo hizo en 2001, cuando “pesificó” sus deudas en dólares, y Estados Unidos hizo algo similar en 1933, cuando depreció el dólar un 69% y abandonó el patrón oro. Aplicar una “dracmatización” similar a las deudas en euros es necesario e inevitable.



Las pérdidas que sufrirán los bancos de la eurozona no serán inmanejables, siempre que se los apoye con una recapitalización adecuada y decidida. Pero para evitar un derrumbe del sistema bancario griego después de la salida, tal vez haya que adoptar algunas medidas transitorias que prevengan una corrida descontrolada de los depositantes; por ejemplo feriados bancarios y control de capitales. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o el Mecanismo Europeo de Estabilidad (FEEF/MEE) deberán ser los encargados de realizar la necesaria recapitalización de los bancos griegos por medio de inyecciones directas de capital. En la práctica, los contribuyentes europeos estarían tomando el control del sistema bancario griego, pero sería una compensación parcial por las pérdidas impuestas a los acreedores por la dracmatización.



Además, Grecia tendrá que volver a reestructurar y reducir su deuda pública. Respecto de las obligaciones de Grecia con la troika, no hace falta reducir el valor nominal, pero sí extender su vencimiento una década más y reducir el interés. En cuanto a los acreedores privados, se necesitarán también más recortes, empezando con una moratoria del pago de intereses.



Hay quienes dicen que si Grecia abandona la eurozona, la caída de su PIB real será mucho mayor que la que se produciría en lo peor de una deflación. Pero es un argumento viciado: aun con deflación, el poder adquisitivo real se reduciría y el valor real de las deudas aumentaría (deflación de deuda) conforme se produjera la depreciación real. Además, y esto es más importante, la opción de abandonar la eurozona restauraría el crecimiento de inmediato a través de la depreciación nominal y real, con lo que se evitaría una década de depresión. Y las pérdidas comerciales que sufra la eurozona por la depreciación del dracma serán limitadas, ya que Grecia solamente representa el 2% del PIB de la eurozona.



La reintroducción del dracma conlleva el riesgo de una depreciación cambiaria superior a la necesaria para recuperar la competitividad, lo cual tendría efecto inflacionario y aumentaría las pérdidas derivadas de la dracmatización de la deuda externa. Para minimizar ese riesgo, las reservas de la troika que ahora se dedican al rescate de Grecia se deberían usar para evitar dicha sobredevaluación (el control de capitales también puede ayudar).



Los que afirman que la partida de los griegos provocaría un contagio y arrastraría a otros países a la crisis también se niegan a ver la realidad. Si hablamos de sostenibilidad de la deuda y pérdida de competitividad, otros países periféricos ya tienen problemas similares a los de los griegos. Por ejemplo, es posible que en algún momento Portugal deba reestructurar su deuda y abandonar el euro. Y otras economías con problemas de liquidez pero potencialmente solventes, como Italia y España, necesitarán ayuda de Europa independientemente de si Grecia abandona la eurozona o no; de hecho, sin una provisión de liquidez, es probable que el temor a una corrida contra las deudas públicas de Italia y España se convierta en una profecía autocumplida.



El importante aumento de recursos oficiales con que cuentan ahora el FMI y el MEE (junto con la liquidez del BCE) se podría usar entonces para proteger a estos países y a los bancos de otros lugares de la periferia de la eurozona en problemas. Sin importar lo que haga Grecia, hay que recapitalizar ahora y rápidamente los bancos de la eurozona, para lo cual se necesita un nuevo programa de inyección directa de capital que abarque a toda la UE.



La experiencia de Islandia y de muchos mercados emergentes a lo largo de los últimos 20 años muestra que la depreciación nominal y la reestructuración y reducción ordenadas de la deuda externa permite volver a una senda de sostenibilidad de la deuda, competitividad y crecimiento. Como en estos casos, los daños colaterales que sufriría Grecia como consecuencia del abandono del euro serían importantes, pero contenibles.



Igual que en un matrimonio condenado al fracaso, es mejor tener reglas que, llegado el inevitable divorcio, reduzcan el costo de la separación para ambas partes. No nos llamemos a engaño: un abandono ordenado del euro por parte de Grecia producirá un daño económico importante. Pero mucho peor sería sentarnos a mirar el derrumbe lento y caótico de la economía y la sociedad griegas.

Algo está podrido en Filipinas: Trabajo esclavo y capitalismo global

Tráfico de mano de obra, el moderno comercio de esclavos


Walden Bello, Viento Sur



El mayor flujo de mercancías y capitales ha sido una de las características del proceso contemporáneo de la globalización. No obstante, a diferencia de la fase más incipiente de la globalización en el siglo XIX, el mayor flujo de mercancías y capitales no ha sido acompañado por una mayor libertad de movimiento de la mano de obra a nivel global. Los centro dinámicos de la economía global han impuesto, al fin y al cabo, incluso mayores restricciones a la migración que se origina en los países más pobres. A pesar de esto la demanda de mano de obra barata en las partes más ricas del mundo sigue creciendo, incluso auque más y más personas en los países desarrollados tantean la posibilidad de escapar las condiciones de estancamiento económico y pobreza a menudo resultantes de las mismas dinámicas de un sistema de capitalismo global que ha creado prosperidad en el mundo desarrollado.
El número de migrantes a nivel mundial ha crecido de 36 millones en 1991 a 191 millones en 2005, según Guy Arnold, autor de Migración: cambiando el mundo, uno de los más exhaustivos estudios sobre este fenómeno. Los números agregados no alcanzan, sin embargo, a transmitir el papel crucial que la mano de obra migrante juega en las economías prósperas. Por ejemplo, las boyantes economías del Golfo Pérsico y de la península arábiga están relativamente poco pobladas en lo que se refiere a población autóctona, pero acogen a un número sustancial de trabajadores migrantes extranjeros, muchos de los cuales vienen de Sudáfrica y del Sudeste Asiático. De hecho, estos trabajadores constituyen una importante proporción de las poblaciones de los Estados del Golfo Pérsico – que va del 25% en Arabia Saudí al 66% en Kuwait, y asciende hasta el 90% en los Emiratos Árabes Unidos y en Qatar.
Esta brecha entre la creciente demanda y la restringida oferta ha creado una situación explosiva, este vacío ha sido ocupado por un sistema global de tráfico de seres humanos que puede ser comparado de muchas maneras con el comercio de esclavos del siglo XVI.

Las dinámicas del actual sistema de comercio de trabajo forzado se evidencian claramente en el caso de Filipinas. El país es uno de los principales exportadores de mano de obra en el mundo. Cerca del 10% de su población total y un 22% de su población en edad laboral son ahora trabajadores migrantes en otros países. Con remesas que suman un total de 20 billones de dólares al año, Filipinas se sitúa en cuarto puesto como receptor de remesas, después de China, India y México.



Exportación de mano de obra y ajuste estructural

El papel de Filipinas como exportador de mano de obra no puede ser disociado de las dinámicas del capitalismo neoliberal. El programa de exportación de mano de obra comenzó a mitad de la década de los ños 70 como un programa temporal bajo la dictadura de Marcos, con un número relativamente pequeño de trabajadores involucrados – cerca de 50.000. La ampliación de este programa hasta abarcar los 9 millones de trabajadores es consecuencia de la devastación de la economía y la pérdida de puestos de trabajo resultante de las políticas de ajuste estructural impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que empezaron en 1980, así como de la liberalización del comercio bajo el auspicio de la Organización Mundial del Comercio, y de la priorización del pago de la deuda en las políticas económicas nacionales desde 1986 por los gobiernos posteriores a Marcos.
El ajuste estructural tomó forma de desindustrialización y de pérdida de muchos de los trabajos manufactureros; la liberalización del comercio empujó a muchos campesinos a dejar la agricultura, a un buen número de ellos directamente a buscar empleo fuera de sus fronteras; la priorización del pago de la deuda malversó los recursos que el gobierno podría haber destinado a gastos claves para actuar como motor del crecimiento económico visto que entre el 20% y el 40% del presupuesto anual se dedicó al pago del servicio de la deuda. En lo relativo al papel que jugó el ajuste estructural y la liberalización del comercio en la creación de presiones para las migraciones de mano de obra, la experiencia de Filipinas se puede comparar a la de México, otro país clave en la exportación de mano de obra.
Para los gobiernos de ambos países, la exportación masiva de mano de obra nunca cumplió otra función que la de válvula de escape para liberar las presiones sociales que por el contrario hubiesen sido canalizadas a través de movimientos radicales por el cambio político y social a nivel interno. Aquellas personas que emigran se encuentran a menudo entre las más intrépidas, las más hábiles y más perspicaces de las clases medias y bajas, el tipo de personas que conformarían excelentes cuadros políticos y miembros de movimientos progresistas por el cambio. Junto a la crisis de socialización de infantes producida por la ausencia de las madres, este otro es uno de los más perjudiciales legados de la migración masiva de mano de obra en Filipinas: lo que ha permitido a nuestras élites seguir ignorando las tan necesitadas reformas estructurales.

Trabajo cautivo: el caso de Oriente Medio

La exportación de mano de obra es un negocio muy lucrativo, que ha engendrado un sinfín de instituciones parasitarias que ahora tienen un particular interés en mantener y expandir este negocio. Las redes transnacionales de exportación de mano de obra incluyen reclutadores de mano de obra, agencias gubernamentales y funcionarios, traficantes de mano de obra, y un inmenso servicio corporativo como por ejemplo la multinacional estadounidense Aramark, proveedora de este tipo de servicios. El trafico de mano de obra se está expandiendo hasta convertirse en igual de rentable que el tráfico sexual y el tráfico de drogas. La propagación del trabajo asalariado libre ha sido a menudo asociado con la expansión del capitalismo. Pero lo que está ocurriendo en la práctica es la expansión e institucionalización de un sistema de trabajo cautivo bajo el capitalismo neoliberal contemporáneo, un proceso no alejado de la expansión del trabajo esclavo y del trabajo forzado en las fases iniciales de la expansión global del capitalismo en el siglo XVI recogidas en obras de sociólogos como Immanuel Wallerstein.
Este sistema expansivo que crea, mantiene y expande el trabajo cautivo es ilustrado de mejor modo en el caso de Oriente Medio. Tal y como asegura Atiya Ahmad, “con el florecimiento a partir de la década de los años 70 de las economías de los estados del Golfo sostenidas por los petrodólares, se consolidó un vasto conjunto de políticas gubernamentales, de instituciones sociales y políticas, y de discursos públicos desarrollados para gestionar y controlar a la población extranjera residente en la región. Apoyándose en la kefala o sistema de auspicio y garantía, este ensamblaje disciplina y ajusta a los residentes extranjeros a su carácter de 'trabajadores migrantes temporales”. Esta construcción de la identidad migrante, promovida desde las élites, favorece la internalización del papel de los migrantes como subordinados sociales y la mutilación de su condición de agentes políticos. Aunque se asume que estos migrantes se quedarán en el país, hasta hoy en día no han participado políticamente en las sociedades que los acogen, incluso en aquellas sociedades que están siendo sacudidas por vientos de cambio político.
En 2009, el 64% de un total de más de un millón de trabajadores filipinos que emigraron tuvieron como destino Oriente Medio. La mayoría de estas personas fueron mujeres y la principal ocupación laboral fue el servicio doméstico o como trabajo de criada.
El sistema de tráfico de mano de obra en los Estados de la península arábiga que bordean con el Golfo Pérsico funcionan de la siguiente manera. La persona reclutadora en el Estado del Golfo se comunica con su contacto en Filipinas. El contacto filipino se desplaza a provincias remotas para reclutar a jóvenes mujeres prometiendo a estas un salario de 400 dólares por mes, equivalente al salario mínimo fijado por el gobierno filipino. Cuando la mujer emprende su viaje, la agencia reclutadora le ofrece otro contrato en el aeropuerto antes de su partida, uno que generalmente suele estar escrito en árabe, y que indica que cobrará únicamente la mitad o menos del salario inicialmente acordado. A su llegada en destino, se le ofrece por parte del reclutador local un permiso de residencia temporal o iqama, pero este es retirado inmediatamente, al igual que su pasaporte, por su reclutador o empleador.
La trabajadora migrante es entregada a una familia donde trabaja bajo condiciones esclavas entre 18 y 20 horas al día. Es aislada de otras trabajadoras domésticas filipinas, haciendo que su comunicación con el mundo exterior dependa totalmente del arbitrio de su empleador. No tiene opción a abandonar a su empleador puesto que su certificado de residenca temporal, así como su pasaporte, se encuentran en manos de este. Si de todas maneras opta por huir y se dirige a su reclutador local, suele ser “vendida” de nuevo a otra familia, con un salario en ocasiones incluso inferior al que tenía previamente.
Con la imposibilidad de dejar el país puesto que no está en posesión de sus documentos, la huída implica en la mayor parte de los casos que la trabajadora es vendida de una familia a otra por su reclutador. Si tiene suerte puede dar con la embajada filipina, que cuenta con un refugio para personas huídas, aunque esto generalmente implica un proceso que llevará meses, sino años, donde la embajada busca obtener los permisos necesarios para permitir el regreso a casa de la trabajadora.

Como la regulación es subvertida

En su esfuerzo por poner freno a este mercado libre de esclavitud virtual, o para evitar que trabajadores se desplacen a países donde su seguridad física puede estar en peligro, como en Afganistán o Irak, el gobierno filipino requiere de permisos gubernamentales para permitir la salida de trabajadores, y en ocasiones impone prohibiciones a ciertos países. Sin embargo, los reclutadores laborales, que se encuentran en muchas ocasiones en connivencia no únicamente con los empledores de Oriente Medio sino también con el Departamente de Defensa de los EEUU y con contratistas privados estadounidenses, han encontrado fórmulas para sortear estas regulaciones.
Las redes clandestinas se han desarrollado para trasladar clandestinamente a trabajadores desde el sudeste filipino a los diferentes destinos de Oriente Medio. Un buen número de trabajadoras domésticas entrevistadas en Damasco unas semanas atrás aseguraron haber salido del país a escondidas desde Zamboanga, ciudad al sur de Filipinas, por medio de un pequeño bote que las trasladó al estado malayo de Sabah. Desde ahí tomaron un barco de mayores dimensones hacia Singapur, donde desembarcaron y fueron transportadas por tierra a un lugar cerca de Kuala Lumpur. En Kula Lumpur fueron forzadas a trabajar para su subsistencia durante seis semanas. Fue únicamente tras dos meses que fueron transportadas en avión desde Kuala Lumpur hasta Dubai, y de ahi a Damasco.
Con tales redes transnacionales de tráfico ilegal de personas operando, la embajada de Filipinas estimó que el 90% de las 9.000 trabajadoras domésticas en Siria se encontraban en este país en situación irregular, esto es, no contaban con permisos de salida válidos expedidos por el Gobierno de Filipinas. Entre otras problemáticas, esto ha hecho que fuese muy difícil localizarlas y contactarlas desde que Manila dio en Enero pasado ordenes a su embajada para evacuar a todas las personas trabajadoras de Siria.
La situación es similar en Afganistán e Irak. Por razones similares, no contamos con datos precisos sobre el número total de trabajadores y trabajadoras filipinas que han sido reclutadas ilegalmente por el Pentágono y los contratistas militares estadounidenses para ofrecer servicios en las bases estadounidenses, aunque con la cifra total de 10.000 nos estemos con seguridad quedando cortos. En el caso de Afganistán, la connivencia entre traficantes ilegales de mano de obra, el gobierno de los EEUU, y contratistas privados estadounidenses suponen un inmenso reto par el debil Estado filipino.

Abusos sexuales: la siempre presente amenaza

La predominancia de mujeres entre las personas trabajadoras que se ven inmersas en estas redes de tráfico hacia Oriente Medio ha creado un tipo de situación donde abundan los abusos sexuales. En este sistema, el tráfico de mano de obra y el tráfico sexual están crecientemente entrelazados. Se adjunta aquí un pasaje del informe del Comité Nacional sobre Trabajadores Emigrantes de Filipinas tras la visita de algunos de sus miembros a Arabia Saudí en Enero de 2011: "La violación es un espectro siempre presente que acecha a las trabajadoras domésticas filipinas en Arabia Saudí. … la violación y el abuso sexual son más habituales que lo que las insuficientemente desarrolladas estadísticas de la Embajada reflejan, probablemente acercándose a un 15% a 20% de casos denunciados por trabajadoras en situación angustiosa. Si uno coge estos indicadores como reflejo aproximadamente representativo de los casos de abusos contra trabajadoras domésticas a lo largo del Reino, uno no puede sino llegar a la conclusión que la violacion y el abuso sexual son habituales".
Uno podría ir más allá y afirmar que hay un elemento considerable de tráfico sexual en el tráfico de mujeres filipinas hacia Oriente Medio considerando que en muchos de los hogares se asume que ofrecer sexo al amo de la casa es parte de las tareas de la trabajadora doméstica. El resultado es una situación insufrible, no únicamente porque el rechazo conlleva a menudo palizas, sino también porque esto genera enfrentamientos con la esposa del amo. De hecho, en muchos casos, las trabajadoras domésticas son “prestadas” a parientes no únicamente para limpiar sus casas sino también para ser utilizadas como objetos sexuales por los hombres de la familia.
Se dice que la esclavitud es cosa del pasado. Sin embargo, las dinámicas del capitalismo global han reproducido un sistema global de trabajo forzado que es mantenido por prácticas tanto legales como ilegales de tráfico de mano de obra. Las mujeres trabajadoras domésticas se encuentran en lo más bajo de la jerarquía social migrante en lugares como Oriente Medio. Sus condiciones de trabajo, que a menudo incluyen violaciones y abusos sexuales, constituyen una condición prácticamente igual que la de la esclavitud. Tal y como en los casos de la esclavitud tradicional en los siglos XVIII y XIX, la abolición de este sistema de trabajo cautivo y forzado debe de ser una prioridad en la agenda política del siglo XXI.