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miércoles, 2 de mayo de 2012

COLONIALISMO Y DESCOLONIZACIÓN: NUEVAS VERSIONES

COLONIALISMO Y DESCOLONIZACIÓN: NUEVAS VERSIONES


Irene León

Diversas perspectivas y estilos matizan los distintos procesos de cambio emprendidos en Latinoamérica, pero todos coinciden en levantarse sobre fundamentos de autodeterminación y soberanía. Más aún, varios de ellos sustentan sus proyecciones en enfoques políticos de la descolonización, perspectiva que se hace también ostensible como plataforma de partida para las nuevas iniciativas de la integración regional y su institucionalidad.
Dos países latinoamericanos, el Estado Plurinacional de Bolivia y Ecuador, han colocado la descolonización y la desneoliberalización como elementos imprescindibles para apuntalar su transición hacia el horizonte del Vivir Bien / Buen Vivir, una alternativa civilizatoria que implica, a la vez, el desmantelamiento del capitalismo y del patriarcado.
Otros países señalan la urgencia de descolonizar al momento de definir sus relaciones con terceros y, no en pocos casos, esta propuesta se levanta cuando de protegerse se trata, ya sea de los embates del imperialismo, del neocolonialismo -en particular de la codicia de las corporaciones transnacionales-, o del mismo colonialismo a la antigua que, en pleno Siglo XXI, afecta a alrededor de 20 "territorios no independientes"[1] del Caribe.
En los espacios clave de la integración regional, tales como la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinaomericanos y Caribeños[2] -CELAC-, ya casi nadie omitió mencionar a la descolonización como una necesidad histórica y hasta de plantearla como una urgencia, evidenciándola como "el" asunto histórico inconcluso, cuando tocó consensuar un epílogo para las celebraciones del bicentenario de la independencia, coincidente por esas fechas.
En las definiciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -ALBA-, la perspectiva descolonizadora se transparenta en la misma visión "alternativa" fundacional, que teniendo en la mira la construcción de un futuro compartido, desde lo identificado como "propio", postula la solidaridad y las complementariedades -ya no al mercado- como ejes conductores para la integración de los pueblos. Aquí el discurso expresa autodeterminación, tanto frente a los sojuzgamientos resultantes de las dinámicas capitalistas, como a las imposiciones del poder imperialista y neocolonial.
En la UNASUR, esta perspectiva se manifiesta principalmente en propuestas relacionadas con las soberanías, y se hace patente en el desarrollo de "enfoques propios" sea para el diseño de la Nueva Arquitectura Financiera, o para la definición del Consejo de Defensa Suramericano, entre otros. Pero así como avanza la propuesta descolonizadora, también se reposicionan los poderes neo coloniales e imperialistas, la mayoría de las veces inextricablemente coaligados y exhibiendo recicladas interpretaciones de sus viejos métodos: la fuerza, la ideología, la amenaza, la estrategia sinuosa.
Un ejemplo es la reciente variante política de vetustos argumentos para justificar imposiciones, que ahora se presenta con titulares de "libertad". "Liberar a los pueblos" y /o "llevar democracia", son el aserto explícito con el que se impone la barbarización de cualquier forma de gestión política distinta de la liberal. En ese mismo orden de ideas, se sataniza cualquier intento de organización económica distinta del "libre" mercado, sea ésta socialista, comunitaria o simplemente soberana. La "libertad de expresión" es el argumento que encumbran las élites ante propuestas de democratización de la comunicación, que implican la potencial universalización del acceso efectivo a dicha expresión. La manipulación del concepto libertad permite reposicionar viejos mecanismos de dominación, a través de conocidos instrumentos de presión que van desde la reprimenda verbal a los "llamados" de organismos internacionales, e incluso hasta la presión militar.
Así, aún resonaban los tambores de las celebraciones del bicentenario de la independencia, cuando comenzaron a aparecer los rezagos de su inconclusión. Lo más flagrante es sin duda el despliegue de ejercicios militares británicos, comandados por el más alto nivel del poder monárquico, el Príncipe Guillermo, en las Islas Malvinas, territorio argentino ocupado por ese reino desde hace casi dos siglos. En este caso, la inversión de papeles entre agresor y víctima ha ido tan lejos que David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, el Estado que más colonias mantiene en el siglo XXI, llegó a acusar al gobierno argentino de colonialista. Pero más allá de las anécdotas, esta "dinamización" de la militarización posiciona a la base militar británica en las Malvinas como la fuerza más importante de la OTAN en el Atlántico Sur. Por su parte, manifestando espíritu de cuerpo ante este avance de posiciones de beneficio común, el Presidente estadounidense, Barack Obama, se rehusó a endosar una condena a esta ocupación, impulsada por todos los países de América Latina, en el marco de la fallida VI Cumbre de las Américas, celebrada en Colombia, en abril del 2012.
Por otro lado, se han levantado también las presiones comerciales como un arma de coacción poderosa, que se aplica permanentemente y en distintos niveles; el más conocido ejemplo en esta materia es el bloqueo impuesto, desde hace medio siglo, a Cuba por los Estados Unidos -donde mantiene, además, bajo ocupación forzosa, la base militar de Guantánamo-. Otras formas, menos imponentes pero también incisivas, son las presiones sobre preferencias arancelarias, que se negocian de forma bilateral según el "comportamiento" político de los países, o las "certificaciones" de distinta índole que emiten algunas instancias de los poderes dominantes: comerciales, de derechos humanos, de corrupción, etc.
En otra escala pero en la misma materia, figuran las presiones que resultan de las instituciones internacionales, tales como la Organización Mundial de Comercio, las Instituciones Financieras Internacionales, y otras instituciones neocoloniales como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones -CIADI-, cuyas políticas de arbitraje externo colocan a Estados y empresas en igualdad de condiciones; por eso Bolivia, Ecuador y Venezuela se han retirado de esa instancia, en rechazo a la renuncia a la soberanía de los países que representa tal enfoque.
Pero si la versión del neocolonialismo en el siglo XXI tiene una marca identitaria, esa es la imbricación inalterable entre sus intereses, los de los capitales anónimos y los de las corporaciones transnacionales. El ejemplo de su aplicación práctica más reciente es la amenaza lanzada por el gobierno del reino español, de considerar a Argentina como "un paria de la comunidad internacional", luego de que ese país expropiara el 51% del capital social de la empresa petrolera REPSOL-YPF, en respuesta a una suerte de boicot sostenido de la reinversión en el país. Argentina "se ha dado un tiro en el pié", afirmó el canciller español, José Manuel García, a la vez que anunció represalias diplomáticas, comerciales, industriales y energéticas. Similares opiniones emitieron las Instituciones Financieras Internacionales, mientras en América Latina las felicitaciones para el gobierno argentino, que se multiplican, contienen invariablemente menciones a la dignidad, a la soberanía, a la descolonización.
Así configurados, los poderes imperialistas y neocoloniales están afanados en "reconquistar" el mundo, y en eso la palabra "acaparar" es la que más refleja la situación. La apropiación de tierras urbanas y rurales, de las fuentes hídricas, de minerales, y aún más, de todos los principios de vida, es una de las principales características del contexto actual. Las agendas de control geopolítico, con pretensiones incluso inter galácticas, están delineadas por las ambiciones transnacionales de esos acaparamientos territoriales y de recursos, mismos que son abundantes en América Latina.
Por eso, y por cuestiones de dignidad, el planteo descolonizador en la región es indisociable de las emergentes iniciativas de cambio y de integración, pues además de involucrar al conjunto, tiene que ver con el modo como se configuran los mecanismos de dominación en el siglo XXI y, por ende, también con el diseño de las estrategias para desmontarlos.

La descolonización en proceso

Hacer de la descolonización una cuestión política y regional, interrelacionada con las propuestas de cambio -Socialismo del siglo XXI, Sumak Kawsay, Vivir Bien y otras-, es sin duda el primer escaño ineludible para su consecución, en una región donde, como señalamos anteriormente, conviven distintas situaciones y relaciones de poder colonial y neo colonial, complejizadas según las reglas de juego del capitalismo global.
Se han dado pasos en ese sentido. Así, el Estado Plurinacional de Bolivia ha dado un salto de gigante, al colocar la descolonización como pieza política clave para el despunte de su proceso de cambio, como también al plantear, de manera subsecuente, la necesidad de unas políticas de Estado e instrumentar una institucionalidad para impulsarla. Con esos macro ingredientes, es de
prever que si bien el camino por recorrer para su realización será extenso, las reglas del juego están trazadas, por primera vez en la historia.
Igual sucede en Ecuador donde, desde una perspectiva distinta, los caminos hacia la descolonización se esbozan, en esta primera fase, en la arena de la autodeterminación económica, inherente a la soberanía y al proceso de desneoliberalización. En este caso, el cese del neocolonialismo es incluso el leitmotiv, de amplio consenso, para explicar y sostener cambios o procesos complejos, tales como la auditoría de la deuda externa (realizada en 2008) y sus subsiguientes negociaciones con el sector financiero internacional amparadas en la noción de "deuda ilegítima".
En ambos casos, la descolonización está en la mira y en ambos se postula que la despatriarcalización constituye un elemento consustancial para emprender la transición hacia la construcción del Buen Vivir / Vivir Bien. Hablamos entonces de transformaciones estructurales de fondo, donde la perspectiva de refundación del "Estado" desde lo plurinacional, abre la posibilidad cierta de vindicar tanto a los pueblos indígenas como, en clave plural, a los afrodescendientes y otros sectores.
En el ámbito regional, Petrocaribe, iniciativa de solidaridad y soberanía energética, puesta en marcha por el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela en 2005, marca un hito en el impulso de prácticas de descolonización, pues se hace con los países calificados como los más periféricos de la región[3] -donde los abusos de las transnacionales navieras y otras son innumerables-, justamente los países que están en esa zona de frontera donde las relaciones coloniales aún marcan pauta. Allí, también se condensan múltiples consecuencias del tráfico transatlántico, que involucró a varios millones de personas desplazadas forzosamente desde África -se estima que entre el siglo XVII y el XIX se realizaron unos 35.000 viajes traficantes-, y por eso mismo, en ese contexto, una propuesta de transformación, que contempla la participación de esos pueblos, delinea una propuesta de descolonizaciónreal y de porvenir.
Los pueblos latinoamericanos siguen en resistencia, pues aún inmersos en uno de los procesos de cambio más sustantivos del mundo, confrontan unos poderes capitalistas y neocoloniales dispuestos a todo para mantener el control a escala global. No obstante, también es cierto que hay muchas condiciones dadas -incluso por la crisis estructural del propio capitalismo- que hacen viable que este camino de descolonización planteada, de soberanías, de superación del capitalismo, sea una gran posibilidad.
Estamos, pues, ante un escenario de complejidades acentuadas, junto a las que afloran propuestas en un proceso de construcción por demás dinámico. Toman forma debates de fondo, que alimentan y desafían los alcances de un pensamiento propio que despunta. En fin, hay esperanzas, como la de que pronto Puerto Rico y los demás pueblos en situación colonial compartan, desde la autodeterminación, los sueños de un nuevo porvenir para la región.

Notas:

[1] Puerto Rico, Guadalupe, Martinica, Barbados, San Bartolomé, Saint Martin, Aruba, Bonaire, Curazao, Saba, San Eustaquio, Sint Maarten, Islas Caimán, Islas Turcos y Caicos, Islas Vírgenes, Islas Vírgenes Británicas, Anguila, Montserrat. Incluso en países como Jamaica, que logró su independencia en 1962, sigue siendo Jefa de Estado la Reina británica.
[2] Caracas, diciembre 2 y 3 de 2011
[3] Está conformado por Venezuela, Cuba, República Dominicana, Antigua y Barbuda, las Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y las Granadinas (Honduras fue suspendida tras el golpe de Estado en junio 2009)

- Irene León es socióloga ecuatoriana, Directora de FEDAEPS y vicepresidenta del Consejo Directivo de ALAI.



URL de este artículo: http://www.alainet.org/active/54259&lang=es

lunes, 5 de diciembre de 2011

La CELAC, por el camino de las rebeliones indígenas y las luchas independentistas



Hugo Moldiz Mercado

Rebelión

Un vigoroso resurgimiento del latinoamericanismo -que recupera las rebeliones indígenas, las luchas por la independencia y el heroico ejemplo del triunfo y la resistencia cubana, además de que da cuenta de renovados liderazgos en Bolivia, Venezuela, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Brasil- da paso a la fundación de la CELAC y a los sueños de alcanzar la plena emancipación. El nacimiento de la CELAC ha sido un parto histórico, su proyección –en medio del imperialismo más grande que haya padecido la humanidad- será una hazaña histórica.

Nuestra América hace historia, pero no como tragedia ni comedia, sino como esperanza y horizonte emancipador. Retomando el camino de las resistencias indígenas a la invasión europea y las luchas independentistas de los siglos XVIII y XIX, los jefes de Estado y de gobiernos de 33 países acaban de protagonizar un hecho histórico: la fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Este acontecimiento, el más importante de los últimos 200 años, según ha afirmado el presidente de Cuba, Raúl Castro, abre la posibilidad de seguir avanzando, desde una perspectiva latinoamericanista y en medio de una coyuntura mundial extremadamente compleja, hacia la emancipación plena de todas las formas de enajenación de las que son objeto los seres humanos y la naturaleza.

Lo que ha ocurrido en Caracas estos 2 y 3 de diciembre ho habría sido posible, sin embargo, sin la confluencia de varios factores objetivos y subjetivos, cuya forma de articulación política es el resultado del reconocimiento de pensar-vivir-sentir Nuestra América a partir del origen común que lo acompaña, de los problemas comunes que lo sacuden, de las amenazas comunes que lo acechan y de la pluralidad inter-gubernativa que expresa cada uno de los países de esta parte del continente.

Un primer factor es el resurgimiento de un vigoroso latinoamericanismo que, hostigado y presionado por el imperialismo español –primero- y estadounidense –después-, recoge el aporte de las grandes rebeliones indígenas de los siglos XVI y XVIII que se desarrollaron en todo el Abya Yala, que es el nombre originario de nuestro continente que unía al Águila del Norte y el Cóndor del Sur.

Pero también es la recuperación de la gran revolución negra de principios del siglo XIX en Haití y que, junto a las ideas de la ilustración, influyó en las grandes gestas independentistas entre 1809 y 1826, cuando Nuestra América conquistó, aún sea solo en el ámbito de lo político, una independencia formal que luego sería asfixiada por el imperialismo estadounidense, cuya intervención temprana bloqueó la aspiración de Cuba y Puerto Rico para constituirse como repúblicas. La primera se independizó del dominio de todo tipo de imperialismo en 1959 con la conducción de Fidel Castro, quien nunca dejó de levantar el alto su convocatoria al latinoamericanismo, y la segunda continúa sometida a Estados Unidos como estado “asociado”.

Un segundo factor, es el irrenunciable sueño de muchos líderes políticos y jefes militares del siglo XIX, pero también del siglo XX, de construir un escenario de encuentro de los gobiernos y los pueblos latinoamericanos, independientemente de su signo ideológico, interesados en lograr una posición de soberanía frente a los Estados Unidos, cuya actitud imperial fue anticipada por personajes como Simón Bolívar y José Martí.

Los sueños de unidad latinoamericana enfrentaron en el siglo XIX las reacciones de Estados Unidos, Francia e Inglaterra y no prosperaron por la actitud cómplice de las élites gobernantes que temían más al caminar de los pueblos que a la dominación imperial. Así fracasó el Congreso Anfictiónico organizado por Bolívar en 1826 en Panamá; en 1830 fue derrotada la idea de la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada y Ecuador); la Confederación Perú-Boliviana de 1839 no prosperó, entre 1839-1848; Francisco Morazán no pudo impedir la disolución de las Provincias Unidas en cinco países (Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica); y otros intentos similares sencillamente fueron ahogados a tiempo por el imperio con la complicidad de las elites locales.

Pero el fuerte dominio imperial no terminó con las aspiraciones latinoamericanistas, motivadas en el siglo XX por el nefasto papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) –considerado un Ministerio de Colonias de los Estados Unidos-, cuya actuación legitimaba –como lo hace hasta ahora- las intervenciones militares abiertas y los golpes de Estado que eran planificados en el Departamento de Estado y ejecutados por el Departamento de Defensa de EE.UU.

Y precisamente, en 1983, se activó el Grupo Contadora con el objetivo de buscar una salida política al conflicto armado que azotaba Centroamérica y particularmente para evitar un mayor desangramiento del que era víctima el pueblo nicaragüense por parte de las bandas contrarrevolucionarias que financiadas por Estados Unidos no cejaban en su intento de derrotar a la revolución sandinista que se alzó victoriosa en 1979. El nacimiento de este grupo (conformado por Colombia, México, Panamá y Venezuela) y luego del Grupo de Apoyo a Contadora (Argentina, Brasil, Perú y Uruguay) daría lugar en 1990 al Grupo de Río, como mecanismo de Consulta y Concertación Política de los gobiernos de América Latina y el Caribe.

Del carácter defensivo de estas iniciativas en el siglo XX, un inesperado cambio de correlación de fuerzas en el continente y una apuesta por retomar el camino de la integración y la unidad latinoamericana se tradujo en diciembre de 2004 en la constitución de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) entre Cuba y Venezuela y cuatro años después en la conformación de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) en la que Brasil ha desempeñado un papel central. El ALBA cuenta con 8 países miembros y varios observadores, y la UNASUR juega un rol valioso en Sudamérica.

Como parte de esta ofensiva, en medio de una crisis del capitalismo central y la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos en América Latina, en diciembre de 2008 una triple cumbre celebrada en Brasil (Unasur, MERCOSUR y la I Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) aprobó organizar en febrero de 2010 una Cumbre de Unidad en México, donde finalmente se sentaron las bases de la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que se llevó a cabo estos 2 y 3 de diciembre en Caracas.

Un tercer factor es la crisis de hegemonía de los Estados Unidos y el agotamiento del Sistema Interamericano de la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde su fundación en 1948, bajo el influjo de la “Doctrina Monroe” (América para los americanos), la OEA nunca ha dejado de ser el instrumento por el cual Estados Unidos ha pretendido “camuflar” sus poderosos intereses en la región. En la década de los 60 lo quiso hacer a través de la Alianza para el Progreso y tras la expulsión de Cuba por razones ideológicas, en los 80 con el consenso de Washington y en los 90 con el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC).

El mecanismo creado para dar oxígeno a la deteriorada hegemonía de los Estados Unidos en la región ha sido “La Cumbre de las Américas”. Impulsada por Clinton en 1994 en Miami, esta primera cita, a la que Cuba no fue convocada, aprobó e instaló la agenda de Estados Unidos: guerra internacional contra el narcotráfico, defensa de la democracia representativa y el acuerdo de libre comercio. Las dos posteriores cumbres ordinarias en Chile (1998) y Canadá (2001), además de la extraordinaria de México (2004), ratificaron esa línea. Si bien los planes estadounidenses no fructificaron por el certificado de defunción que una nueva configuración política latinoamericana dio al ALCA en Mar del Plata, Argentina, en 2005, la presión y las maniobras de la Casa Blanca se han vuelto a expresar, sin lograr resultados, en la V cumbre de Trinidad y Tobago en 2009.

Si bien quedan en el recuerdo el silencio cómplice de la OEA ante las invasiones militares estadounidenses de Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989) y Haití (1994), hay dos últimos hechos que confirman el agotamiento de la OEA y el Sistema Interamericano: la violación de territorio ecuatoriano por las fuerzas armadas de Colombia con el objetivo, logrado, de asesinar el jefe rebelde de las FARC en marzo de 2008 y el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en junio de 2009 en Honduras.

Un cuarto factor es la crisis del capitalismo. Al cumplirse cerca de cinco siglos de hegemonía del capital, es posible apreciar un alto grado de descomposición de un sistema que en la palabra y la voz de varios intelectuales se presentaba, en la última década del siglo XX, al derrumbarse el llamado socialismo real, como el único sobreviviente en las arenas calientes del campo universal.

La realidad se ha encargado de negar los gritos de algarabía de la burguesía imperial. La aparición de una burbuja financiera ha provocado desde hace más de dos años una de las crisis más profundas de los Estados Unidos y que, lo han asegurado muchos, es apenas una expresión de una crisis estructural del sistema capitalista mundial que no termina de resolverse.

La crisis del capitalismo podría sintetizarse en el agotamiento de la forma de producir, en el agotamiento de la forma de distribuir y en el agotamiento de la forma de vivir. Estamos, por tanto, ante una crisis multidimensional provocada por capitalismo: financiera, productiva, energética, alimentaria y climática que no encuentra una respuesta de salida dentro del sistema.

Ninguna de las iniciativas adoptadas por los países del G-20 en los últimos años da con la punta del ovillo. No hay respuesta. El Consenso de Washington, que en la década de 1990 era el catecismo con el cual las clases dominantes construían imaginarios colectivos en las clases subalternas, ha dado paso, ni veinte años después, al llamado Consenso de Londres, en marzo de 2009, cuando los países mas industrializados del planeta se reunieron para conjurar las causas y los efectos de una crisis mundial que amenaza con arrastrar al capital, si hay sujeto social que se le enfrente, a una fase terminal de su existencia. Pero ni Londres, ni Seúl (2010) ni Cannes (2011) han atacado las raíces de la crisis y el énfasis únicamente en lo financiero no hace más que agravar la tendencia.

Un quinto factor es el predominio de gobiernos populares, progresistas y revolucionarios en América Latina y el Caribe. Salvo Panamá, Colombia, Costa Rica, México, Chile y Guatemala (por el reciente triunfo de la ultraderecha), el resto de los países está conducido por presidentes y primeros ministros que son el resultado de una crítica radical al neoliberalismo y al orden social injusto dictaminado por el capital.

No cabe la menor duda de que en ese grupo de jefes de Estado y de los pueblos que los acompañan existen dos corrientes: los que apuestan a construir una sociedad que supere el capitalismo y otros que apuestan por un capitalismo latinoamericano que cuestione la hegemonía del capitalismo central en general y de los Estados Unidos en particular. El punto de encuentro entre una y otra posición es una actitud de soberanía frente al imperio más poderoso que ha conocido la humanidad.

La creatividad y la ofensiva política de los gobiernos progresistas y de izquierda ha sido fundamental para avanzar en la dirección del resurgimiento del latinoamericanismo. El ALBA primero y UNASUR después, bajo las siempre lúcidas reflexiones de Fidel Castro, quien siempre recomienda no perder de vista al enemigo principal, se constituyeron en verdaderos motores de la unidad y la integración, traducida ahora en el nacimiento de la CELAC.

Es evidente que la falta de respuestas a la crisis por parte del capitalismo central y la fuerza de los gobiernos progresistas y de izquierda han logrado “atraer” a los gobiernos de derecha a la CELAC, aunque es evidente que habrá que estar atentos a la evolución de sus posiciones.

Los desafíos de la CELAC

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños tiene al frente un cúmulo de desafíos que, dependiendo cómo los vaya enfrentando y resolviendo, podrá determinar la naturaleza de su vida y contribuir a la profundización de la tercera ola emancipatoria de Nuestra América.

El primer desafío es convertirse en los hechos, tal como se ha propuesto desde su fundación, en un foro político regional en el que prevalezca en términos reales y no formales el principio de la igualdad política. Ya ninguno de los Estados, incluso los más dóciles, quieren que los siga mirando desde arriba el sumo pontífice del Norte.

La igualdad desde la política implica abandonar la visión reducida e instrumentalizada de un modelo de democracia representativa que en pleno siglo XXI ya no es la única manera de organizar la vida de los pueblos y las sociedades. El desarrollo de otras formas de democracia en varios países de América Latina y el Caribe enseña que la democracia no puede ni debe reducirse a un mero procedimiento por el cual los pueblos eligen a sus gobiernos y representantes. Los pueblos, en su condición de sujetos colectivos y plurales, quieren votar, elegir, participar y decidir. Es decir, quieren otra forma de articular los Estados y las sociedades.

Este principio de igualdad política implica, además, convertir a este potencial organismo regional, en contraposición al fundado en 1948 en Bogotá, en un espacio común en el que confluya una diversidad de actores, cada uno portador de su historia particular y proyecto de país específico. Es el respeto efectivo y no retórico a la autodeterminación de los pueblos, por lo tanto es la aceptación de las diversas formas de gobierno.

El reconocimiento del principio de igualdad política –independientemente del tamaño del Estado–, conduce a una reconceptualización de la soberanía, la integración y la democracia, así como a clausurar el principio del alineamiento con el que se ha actuado desde la OEA y que ha conducido a decisiones aberrantes como las de excluir a Cuba en la asamblea de Punta del Este, en 1962, y a mantener un silencio cómplice ante el criminal bloqueo del que es víctima la mayor de las antillas y ante las invasiones militares estadounidenses de varios países de América Latina y el Caribe.

Y eso conduce a otro principio, ahora inexistente en la OEA: el principio de la cultura de la paz y la declaración de que América Latina y el Caribe no serán bases militares de ninguna potencia mundial. Es decir, lo que está en crisis es la idea de «lo políticamente aceptable» en el uso de la fuerza. Con ese argumento se ha mantenido un silencio cómplice ante las invasiones militares y los golpes de Estado organizados, ejecutados y alentados por los Estados Unidos.

Como la política es la economía concentrada, es evidente que la CELAC debe dar pasos importantes para fortalecer las iniciativas de integración que hay en América Latina y el Caribe. Para eso debe materializar el principio de la igualdad económica interestatal, que no es otra cosa que alentar todas aquellas iniciativas conducentes a poner a fin al carácter primario-exportador de nuestras economías, por mucho valor agregado que se haga a la explotación de los recursos naturales. Se trata de construir una economía latinoamericana basada en la complementariedad y la reciprocidad.

Y, finalmente, hablando de la incorporación de nuevos principios, está el principio de respeto a todas las formas de vida. Esto impone el desafío de encontrar espacios de acuerdo para que las formas de reproducción de la vida no sean incompatibles con la naturaleza, lo cual implica una redefinición de las formas de producir y distribuir la riqueza. América Latina y el Caribe son susceptibles de sufrir los más terribles desastres naturales producto de huracanes, ciclones, sismos, terremotos, sequías e inundaciones. Ningún organismo regional puede ignorar esa realidad y no tomar medidas.

Pero sería ingenuo pensar que los Estados Unidos Estados Unidos van a quedarse quietos y resignarse ante la fundación de este Foro Político que cuestiona su hegemonía. Está claro que se esforzará por matar al nuevo organismo. Una manera de hacerlo será por la vía de fortalecer en sus gobiernos aliados la idea de no anteponer la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe a la OEA. La otra, de tantas opciones en manos, derrocar a los gobiernos contestones del continente.

La fundación de la CELAC es un acontecimiento histórico que da cuenta de la posibilidad que se tiene para avanzar hacia la emancipación, pero también nos advierte de que se deberá enfrentar a problemas y amenazas muy grandes. El imperio no está derrotado. El nacimiento de la CELAC ha sido un parto histórico, su proyección –en medio del imperialismo más grande que haya padecido la humanidad- será una hazaña histórica.

Hugo Moldiz Mercado es abogado, periodista y magíster en relaciones internacionales. Escritor e investigador y coordinador de la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad, capítulo boliviano.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 15 de noviembre de 2011

La movilización de tres días comenzará el 20 de noviembre en Fort Benning, Georgia



Preparan multitudinaria protesta para demandar el cierre de la Escuela de las Américas

Clarín de Chile

Miles de activistas por la justicia social provenientes de toda América ocuparán las rejas principales del Fuerte Benning, en Georgia, para pedir el fin de la militarización de EE.UU., así como la clausura del Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, anteriormente la Escuela de las Américas (School of the Americas, SOA).

El domingo 20 de noviembre, la cerca de la base militar, con sus cadenas y alambrado de púas, se llenará de imágenes de los mártires, cruces, estrellas y flores, convirtiéndose en un homenaje a las víctimas de la violencia de la SOA y un recordatorio de la intervención militar de EE.UU.

Activistas de los derechos humanos llevarán su protesta hasta el interior de la base militar, arriesgándose a ser arrestados y cumplir penas de hasta seis meses de encierro en una prisión federal. La movilización también incluirá sesiones plenarias, talleres, conciertos, reuniones para planear estrategias y otras actividades.

“La SOA es el brazo militar para proteger la codicia del 1% de la población, a expensas del 99%, a lo largo de las Américas,” declaró el padre Roy Bourgeois, fundador de la organización SOA Watch. “El surgimiento del activismo a favor de la justicia social en los EE.UU. está llamado a lograr el cierre de esta reprochable institución”.

SOA/WHINSEC es una escuela de entrenamiento militar para soldados latinoamericanos, financiada en EE.UU. con el dinero de los contribuyentes, y ubicada en el Fuerte Benning, en Georgia.

La escuela ocupó los titulares de la prensa en 1996, cuando el Pentágono desbloqueó los manuales utilizados por la Escuela para entrenar a los soldados, manuales que reivindicaban la tortura, la extorsión y las ejecuciones extrajudiciales. A pesar de estas espeluznantes revelaciones, y de los cientos de casos documentados de violaciones de los derechos humanos asociados a los egresados de la SOA, nunca se ha llevado a cabo una investigación independiente sobre la forma como funciona la institución.

En octubre 2011, la revista Time publicó el artículo “¿Ha llegado la hora de cerrar la cortina sobre la ‘Academia de golpes militares’ de las Américas? (Ver traducción)

En agosto 2011, 69 Miembros de la Cámara de Representantes entregaron una carta al Presidente Obama, solicitándole clausurar, por medio de un Decreto Ejecutivo, el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (Western Hemispheric Institute for Security Cooperation WHINSEC), antes llamado la Escuela de las Américas (School of Americas (SOA).

Los 69 Representantes incluían al Representante John Lewis, de Georgia, al Representante Ron Paul, de Texas, y al Representante James McGovern, de Massachusetts.

Para leer la carta por favor visita: http://salsa.democracyinaction.org/dia/track.jsp?v=2&c=swnlE1onlVqHFPe36%2BbrZlGs4MlztJgP

Fuente: http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=3038:preparan-multitudinaria-protesta-para-demandar-el-cierre-de-la-escuela-de-las-americas&catid=4:internacional&Itemid=5

"América Latina se consolida en la izquierda"



Vladimir de Gmeline

Marianne2
Traducido para Rebelión por Caty R.

Bernard Cassen, presidente honorario de ATTAC y secretario General de Mémoire des luttes, analiza las medidas progresistas tomadas por los gobiernos de América Latina que se posicionan entre la izquierda y el centro izquierda. Víctima de campañas de desinformación y difamación por parte de los grandes medios, el continente más estable del mundo según Cassen, donde «la integración pasa menos por la economía que por la política», insiste, debería ser un ejemplo para Europa.

¿Sudamérica está saliendo del liberalismo?

Esas son palabras mayores. A pesar de que el socialismo del siglo XXI se reivindica como objetivo, hay más bien una convergencia hacia un modelo de tipo socialdemócrata (el de la Europa de los años de la posguerra) que no cuestiona de forma global e inmediata el capitalismo y la economía de mercado. Lo que prima es la voluntad de eliminar la pobreza y reducir las desigualdades, aunque todavía está muy lejos de implantarse totalmente, de redistribuir las riquezas, de recuperar los recursos naturales, todo ello acompañado de un distanciamiento del libre comercio. América Latina se ubica entre la izquierda y el centro izquierda.
Desde principios de los años 2000, el objetivo prioritario de las luchas de todos los movimientos sociales latinoamericanos ha sido detener el proyecto de Zona de Libre Comercio de las Américas (ALCA), desde Alaska a la Tierra del Fuego, impulsado por Washington. Ese proyecto, efectivamente, habría permitido a Estados Unidos institucionalizar unas relaciones totalmente asimétricas y volver a colonizar el resto del hemisferio. En realidad el libre comercio es un instrumento al servicio de los fuertes en detrimento de los débiles. Finalmente el proyecto se enterró en 2005 bajo la presión conjunta de Hugo Chávez, Lula y Kirchner.
Enseguida nacieron nuevas estructuras de integración, esencialmente políticas, en las que no se invitó a participar a Estados Unidos: en 2008, la Unión de las Naciones Sudamericanas (UNASUR), dotada además de un Consejo de Defensa. Es una première desde el Tratado de Río de 1947, denominado «Tratado Americano de Asistencia Recíproca» (TIAR) que era, ni más ni menos, que un instrumento permanente de intervención de Washington. Desde el punto de vista geopolítico, se trata de reforzar el movimiento hacia una multipolaridad del mundo.
En cuanto a la Comunidad de los Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) que agrupará a todos los países de ambas zonas (incluida Cuba), se lanzará oficialmente el próximo mes de diciembre en Caracas.
Por otra parte, en diciembre de 2004, Cuba y Venezuela lanzaron una construcción interestatal radicalmente nueva: La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), a la que enseguida se incorporaron Bolivia, Nicaragua, Ecuador y tres pequeños Estados anglófonos (Dominica, Antigua y Barbuda, y San Vicente y las Granadinas. Honduras, que también era miembro, fue retirada por los golpistas que derrocaron al presidente Manuel Zelaya en junio de 2009.

¿Cuál es la originalidad del ALBA?

No es una zona de libre comercio, sino un espacio político y económico organizado, basado en la solidaridad y la complementariedad y que tiene en cuenta las asimetrías.
Su finalidad es sobre todo social: la lucha contra la pobreza, el desempleo, la exclusión, para el acceso gratuito y universal a la educación y la salud, para la preservación del medio ambiente. Favoreciendo el comercio interno de la zona, a veces bajo la forma de trueque, y reduciendo al máximo la utilización del dólar como moneda de cambio. De ahí la creación de una moneda común virtual de los países del ALBA (como fue en Europa el ECU antes del euro): el SUCRE.

¿Existe una unidad ideológica en América Latina? ¿No hay dos polos, por un lado los países del ALBA y justo al otro lado Brasil?

Por ignorancia o para intentar aislar a los gobiernos más comprometidos en la transformación social y el rechazo de la injerencia de Washington (en primer lugar Venezuela), los grandes medios de comunicación pretenden que existen «dos izquierdas» opuestas en América Latina: por un lado una izquierda radical, la de Chávez, Correa y Morales, y por otra parte una izquierda «razonable» representada por el Brasil de Lula -después Dilma Roussef-, Uruguay, el Perú de Ollanta Humala y la Argentina de Cristina Fernández, viuda de Néstor Kirchner, reelegida triunfalmente a la presidencia el 23 de octubre (si se puede calificar de esta forma el peronismo).
En realidad se comprueba una continuidad entre las izquierdas de esos países, cada uno con sus características específicas. Encajan unos en otros. Sus dirigentes se reúnen o hablan permanentemente y están impulsados por una voluntad común: la de construir la Gran Patria Latinoamericana que pensó Simón Bolívar, trabajar por la justicia social y desembarazarse de la tutela del gran vecino del Norte.
Naturalmente existen conflictos históricos, como entre Bolivia y Chile, pero a nadie se le ocurre resolverlos por las armas. De manera más prosaica se presentan las disputas económicas que se resuelven según van llegando: entre Brasil y Argentina sobre las importaciones; entre Argentina y Uruguay sobre la construcción de una fábrica de celulosa que presentaba riesgos de contaminación del río Uruguay, etc.
En el plano político se puede hablar de una auténtica convergencia. En Colombia, el nuevo presidente Juan Manuel Santos ha llevado la contraria a su predecesor Álvaro Uribe y se ha reconciliado con Venezuela. Santos se comporta como un miembro de la gran familia latinoamericana y ya no como un repetidor regional de Estados Unidos. El otro Estado pro estadounidense, Perú, también pasó al centro izquierda con la elección de Ollanta Humala. Solo hay un gobierno abiertamente de derecha, el de Chile, dirigido por el hombre de negocios Sebastián Piñera, quien anunció que quería gestionar el país como una empresa ¡Un fracaso lamentable!

¿Este éxito no es muy dependiente de un fuerte proteccionismo y de recursos energéticos y materias primas importantes?

El proteccionismo no es tan fuerte, ¡en cualquier caso no más que el de Estados Unidos! Pero efectivamente, ¡ya no hay lugar para los tratados de libre comercio! También hay que reconocer que la política de ayuda a los más desfavorecidos en Argentina está financiada por el boom de las exportaciones agrícolas, especialmente de soja, y ésta no es sostenible si dichas exportaciones no se mantienen a un nivel muy alto. En cuanto al maná petrolero de Venezuela, obviamente el país lo vive, pero al contrario de sus predecesores Chávez hace buen uso para el financiamiento de programas sociales de gran envergadura. También ha beneficiado a los países de América Central y el Caribe por medio del proyecto Petrocaribe. ¿Cuántos dirigentes dirían, como él: «el azar ha hecho que el petróleo esté aquí, pero pertenece a Sudamérica»?
Pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones. En América Latina, y en primer lugar en Brasil, la riqueza siempre está escandalosamente mal repartida. Y sin embargo Lula dejó el poder con el 80% de aprobación. ¿Qué pasó? En su balance evocó a los 30 millones de personas que salieron de la pobreza y la emergencia de las clases medias. Pero si lo aprobaron las clases populares y medias, también lo hicieron los sectores más ricos los cuales, bajo sus dos mandatos, ¡se hicieron todavía más ricos! El fuerte crecimiento hizo engordar el pastel, pero no modificó la repartición por sectores.

¿Cómo han evolucionado las relaciones entre Estados Unidos y América Latina?

Antes de abordar su primer mandato George Bush, que chapurrea el español, declaró su interés por el subcontinente, lo que no era un buen presagio. Las circunstancias hicieron que se movilizase hacia otro lado desde el 11 de septiembre. Para desgracia de otros.
Sin embargo hay que poner en su «activo» el apoyo al golpe de Estado fallido del 11 de abril de 2002 en Venezuela, igual que en el «activo» de Obama el apoyo de hecho al golpe de Estado de junio de 2009 en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya. La política de Estados Unidos en América Latina continúa prácticamente idéntica de un presidente a otro. Pero se encuentra frente a un continente cada vez más unido para resistir. Así lo demuestran, como vimos más arriba, el fracaso del ALCA, la creación del ALBA, de UNASUR y de la CELAC.
En la actualidad la prioridad de las prioridades de Washington es desestabilizar Venezuela en la perspectiva de la elección presidencial de octubre de 2012, en la que Chávez volverá a ser candidato. Los servicios estadounidenses, financiando a los opositores del gobierno bolivariano, organizan contra él campañas de prensa, a veces grotescas, pero que encuentran ecos complacientes en los grandes medios de comunicación, más particularmente en España y en Francia.
En los próximos meses habrá que esperar una intensificación de la desinformación contra Chávez. A este efecto los Agentes de la CIA implantados en las embajadas estadounidenses están maniobrando un poco por todas partes en Europa. Uno de sus objetivos es crear un «cordón sanitario» alrededor del gobierno venezolano para aislarle no solo de la derecha, sino también de las fuerzas de la izquierda europea. También se dirigen de esta manera los movimientos de solidaridad con Venezuela y América Latina.

¿América Latina podría servir de ejemplo a Europa?

¡Por supuesto! Lo que sorprende de América Latina es que la integración pasa menos por la economía que por la política. Es la voluntad política la que prima, el ejemplo del ALBA es significativo al respecto. En la actualidad Latinoamérica es el continente más estable del mundo, ¡deberíamos interesarnos! Pero lo que resulta asombroso es el poco interés que tiene la mayoría de la izquierda europea, en parte debido al martilleo mediático hostil. A este respecto, las actuaciones de la CIA y del Departamento de Estado han dado sus frutos. El terreno es tanto más fácil de ocupar por la propaganda estadounidense debido a que son muy pocos los dirigentes de izquierda que poseen un mínimo de cultura «latina» y que hablan español o portugués.
Los que tienen un buen conocimiento de América Latina y que realmente han sacado enseñanzas son Alain Lipietz (aunque ya no tiene responsabilidades nacionales en los Verdes EE) y sobre todo Jean-Luc Mélenchon. El candidato presidencial del Frente de Izquierda ha hecho varios viajes de estudios, habla bien el español y el título de su libro Qu’ils s’en allient tous! (¡Que se vayan todos!) es un guiño al movimiento social argentino de principios de los años 2000, antes de la llegada de Néstor Kirchner al poder. En menor grado añadiría a Olivier Besancenot, que se refiere a menudo al Che Guevara y ha hecho visitas a Cuba y Venezuela.

¿Y entre los socialistas, Arnaud Monteboirg?

¡Buena pregunta! Noto que en su entorno próximo Christiane Taubira, cargo elegido de la Guayana, está muy sensibilizado con los asuntos latinoamericanos. Montebourg, por su parte, ha citado la modalidad del referéndum revocatorio previsto en la Constitución venezolana como un ejemplo a seguir por una VI República.
Dentro de la izquierda del Partido Socialista, Benoît Hamon y el alcalde del distrito 14 de París, Pascal Cherki, también están muy atentos a lo que pasa en América Latina. En cambio nunca he oído a Françoise Hollande o a Martine Aubry expresarse al respecto.

¿Por qué esa falta de interés?

Creo que América Latina produce mala conciencia a los dirigentes socialdemócratas: en esa región del mundo existen procesos de transformación social que ellos no han tenido la valentía de poner en marcha en Francia. En el mejor de los casos no quieren ver lo que pasa ahí abajo, miran a otro lado. En el peor se apuntan a las campañas de desinformación y descrédito de los grandes medios.
En la actualidad América Latina es la única región del mundo donde, ciertamente a veces de forma desordenada, los gobiernos ponen en marcha medidas realmente progresistas, creando las condiciones de la participación popular, rompiendo con los dogmas neoliberales, poniendo el proyecto político al mando e instaurando, en el caso del ALBA, formas de relaciones internacionales basadas en la solidaridad y no en la competencia.
Esas experiencias, lógicamente, merecen un estudio y un apoyo por parte de todos los movimientos de izquierda europeos. No es –o todavía- el caso. Probablemente porque constituyen un vivo reproche a todos aquellos que pretenden cambiar la sociedad únicamente con palabras.


Fuente: http://www.marianne2.fr/Bernard-Cassen-l-Amerique-latine-se-consolide-a-gauche_a211970.html

viernes, 11 de noviembre de 2011

Argentina, Latino-América y lo que se viene.

Textos para el debate:

cash


Domingo, 6 de noviembre de 2011

EL SALDO, PARA EL GOBIERNO, DEL CONFLICTO CON UN SECTOR DEL CAMPO

“Salto cualitativo”

En su último libro, Sistema político y modelo de acumulación, Eduardo Basualdo desarrolló los rasgos del pasaje de la valorización financiera, agotada en 2001, hacia un nuevo patrón de acumulación de capital, aún en disputa.

Por Natalia Aruguete

La Resolución 125 fue una “divisoria de aguas” para el desarrollo político del kirchnerismo, porque definió un salto cualitativo en términos políticos, asegura Eduardo Basualdo, investigador y coordinador del Area de Economía de la Flacso. Cash lo entrevistó a pocos días de la publicación de su último libro, Sistema político y modelo de acumulación (editorial Cara o Ceca). Basualdo desarrolló con elocuencia los rasgos que signaron el pasaje de la valorización financiera, agotada en 2001, hacia un nuevo patrón de acumulación de capital, aún en disputa. Desde ese análisis, destacó dos aspectos: la evolución del sector hegemónico desde mediados de los ’90 hasta la actualidad y la definición de la identidad del gobierno kirchnerista a partir del “inédito” conflicto con el agro pampeano.

¿Cómo analiza la evolución del sector económico hegemónico durante los ocho años de gestión kirchnerista?

–Se pueden definir dos etapas, relacionadas con el desarrollo político y el grado de avance del kirchnerismo. En ese sentido, el conflicto alrededor de la Resolución 125, sobre las retenciones móviles, es una divisoria de aguas. No sólo porque fue el conflicto más serio y más enclavado en las contradicciones históricas de la sociedad argentina, sino porque, por eso mismo, definió un salto cualitativo en términos políticos en el kirchnerismo.

¿Por qué?
–Desde el punto de vista de la hegemonía, hasta ese momento era un gobierno que se movía entre dos tipos de hegemonía. Una es el transformismo, que venía de la valorización financiera, que no se basaba en las concesiones a los sectores subalternos, sino en la cooptación de sus dirigentes. La otra es la hegemonía clásica, ya que a partir de esa crisis del 2001/2002 los sectores dominantes tuvieron que responder efectivamente a ciertas reivindicaciones populares.

¿Por qué se ven obligados a hacer concesiones?

–Porque entra en crisis el sistema de representaciones políticas y mi impresión es que todavía no salimos de eso. Por lo tanto, había que recrear condiciones de gobernabilidad y hegemonía por parte de los sectores dominantes. La ambivalencia del gobierno de Néstor Kirchner es que estuvo compuesto por medidas y reivindicaciones populares y, al mismo tiempo, por concesiones que aseguraron una reproducción ampliada de capital a los sectores dominantes. Esa ambivalencia se interrumpió con el conflicto de la Resolución 125, provocado a partir de un nuevo paradigma dominante en la sociedad argentina, asentado en la producción agropecuaria pampeana: el paradigma sojero, que se puso en marcha a mediados de los años ’90. Por ello, el sector agropecuario pampeano es el único que no sufrió la crisis de 1998 a 2001.

¿Qué transformaciones acompañaron a ese paradigma sojero?

–Una vez concluido el ciclo de privatizaciones, en 1995 comenzó otra reforma estructural, que fue la extranjerización de la economía. Los grupos locales vendieron no sólo su participación en los consorcios que controlaban los servicios públicos, sino muchas de sus empresas industriales. Los casos de Bagley y Terrabusi son emblemáticos, también lo es el del Grupo Perez Companc, que se reconvirtió. Estas transferencias rompieron la tradición argentina de vender empresas en malas condiciones financieras. Como esas compañías estaban en buenas condiciones, las transferencias que se hicieron dieron lugar a una exacerbación de la fuga de capitales durante esos años.

¿Qué consecuencias trajo este proceso en este sector de la economía que tuvo tanto poder durante la etapa anterior al kirchnerismo?

–Ese proceso de venta hizo que los grupos económicos perdieran predominio, tanto en la facturación de las doscientas empresas más grandes de la Argentina como en el comercio exterior. Esta fracción del capital, que vendió activos en servicios e industria, se recostó en la producción de bie-nes con ventajas comparativas naturales vinculadas con la producción agropecuaria. La mayoría de ellos fueron siempre grandes terratenientes de la provincia de Buenos Aires y, dentro de la cúpula, son los más importantes de la pampa húmeda, en términos de superficie. La patria sojera tiene como núcleo a estos capitales y fueron centrales en el conflicto de la Resolución 125 para imponer un nuevo patrón de acumulación de capital.

¿Quiénes participan de esa disputa?

–Estamos frente a un fenómeno de fragmentación y rupturas que comienza durante el gobierno de Néstor Kirchner y se profundiza durante el de Cristina, relacionado con nuevos alineamientos sociales, que forma parte de la definición de un bloque social dominante y un bloque alternativo. En esta definición, muchos de los que integran los sectores populares no los van a integrar más y habrá nuevas incorporaciones.

¿Cómo analiza el rumbo que tomó el Gobierno en estos dos últimos años, a partir de la Resolución 125?

–El principal efecto de la 125, tanto en la política presidencial como en la identidad del gobierno y en la relación con los sectores populares, es que eliminó la dualidad en términos de hegemonía. Se definió mucho más como una hegemonía clásica mediante el disciplinamiento del capital. Se trata de una hegemonía clásica dentro de un capitalismo en Argentina y, en ese sentido, de la definición de un tipo de Estado con un fuerte sesgo en términos de políticas hacia la promoción y potenciación de los sectores populares con efectos diversos. Lo que hizo el kirchnerismo en materia de jubilaciones es un hecho muy notable y poco rescatado, incluso por el Gobierno. Lo de la Asignación Universal por Hijo –más reconocido– es sumamente importante. En ese marco, la lucha ideológica y cultural adquiere otros contenidos. Pero hay un déficit original en el kirchnerismo, que es cuando en 2005 Néstor Kirchner pasó a ser presidente del Partido Justicialista. El peronismo (PJ), desde mi punto de vista, difícilmente tenga la capacidad de generar un proyecto popular y nacional, en Argentina, perdurable, porque expresa más el partido del orden que la construcción de un proyecto popular
 
Extraido del Suplemento económico CASH, del díario Página/12, Domingo 06.11.2011
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Los atolladeros de la economía latinoamericana

Claudio Katz

Rebelión

Al concluir el año 2011 reaparecen los nubarrones sobre la economía latinoamericana. El brusco agravamiento de la crisis global augura un freno del crecimiento que aumenta el nerviosismo. Durante el último quinquenio el producto bruto regional mantuvo un ritmo ascendente del 5% anual, a pesar de la desaceleración registrada en el 2009. La recuperación posterior se prolongó durante el 2011, que finalizaría con un incremento de 4,4% del PBI. Hay previsiones de otro aumento del 4,1% para el 2012, pero nadie sabe cuánto durarán los escudos protectores frente a la nueva turbulencia internacional.
Los neoliberales advierten contra la recaída y proponen recortar el gasto público para reforzar las defensas. Aunque la deuda pública y privada es muy inferior al promedio de los países desarrollados, promueven la contracción para asegurar las acreencias de los banqueros. Sus convocatorias a la austeridad expresan esta prioridad de los financistas.
Por el contrario, los heterodoxos alientan la continuidad de políticas contra-cíclicas. Los economistas de CEPAL presentan esta intervención como un acto de transgresión del neoliberalismo, olvidando que en numerosos países (México, Colombia o Chile), estas medidas complementan la continuidad del libre comercio y las privatizaciones. Son iniciativas más dependientes de los ingresos fiscales que de las ideologías gubernamentales [2].
Este intervencionismo no ha sido el único atenuante de la crisis. También la apreciación de las materias primas exportadas, el ingreso de capitales sin oportunidades de inversión en los países centrales y la desincronización del ciclo regional han limitado el impacto del temblor [3].
Esta combinación de circunstancias se corrobora en la gran heterogeneidad de situaciones nacionales y en la escasa conexión de la reactivación con estrategias peculiares. Se han registrado altas tasas de crecimiento en países con políticas económicas heterodoxas (Argentina) y ortodoxas (Perú) y también resultados inversos en países del primer grupo (Venezuela) y del segundo (México). El efecto atenuado del tsunami global se ha verificado, además, especialmente en el sur del continente. Centroamérica y el Caribe sufren el duro contagio de la recesión estadounidense.

Dilemas estratégicos

Frente a un probable escenario de recesión internacional se multiplican los cónclaves regionales. La frecuencia de estos encuentros contrasta, por ejemplo, con la pérdida de gravitación de las Cumbres Iberoamericanas. UNASUR está logrado una centralidad inédita y comienza a operar como un MERCOSUR ampliado, incorporando a los países que suscribieron Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos. El regionalismo sudamericano (Brasil y Argentina) tiende a converger con el área pro estadounidense del Pacífico (Chile, Colombia, Perú). Esta coexistencia refuerza el predominio de proclamas, en desmedro de iniciativas concretas de integración.
Se discute, en primer lugar, la formación de un fondo de estabilización (FLAT) -a partir de ciertos mecanismos ya existentes (como el FLAR)- para auxiliar a las economías afectadas por corridas cambiarias. La fuga de divisas podría agravarse si los bancos y empresas extranjeras envían más dólares a sus casas centrales, para contrarrestar las situaciones de insolvencia. El FLAT está concebido como un instrumento de protección frente distintos escenarios de vaciamiento financiero [4].
Pero el monto de recursos comprometido en este resguardo (20.000 millones de dólares), sólo alcanzaría para socorros de emergencia en las economías pequeñas. Este tipo de reacciones defensivas ya se ensayaron en el pasado y no implicaron actos de solidaridad con las víctimas de la especulación. Al contrario, consolidaron una extranjerización del sistema bancario latinoamericano, que se reafirmaría si prospera la propuesta de asociar el FLAT con nuevos préstamos del BID.
En otros encuentros se debaten ideas para avanzar hacia la formación de alguna moneda común. La experiencia del Sucre -que utilizan Venezuela, Ecuador y Bolivia como unidad de cuenta para el intercambio comercial- es la referencia de estos proyectos. Ese signo permite reducir los costos de las transacciones, pero convive con el dólar sin funcionar como moneda real. Aunque pretende incentivar un desacoplamiento de las divisas fuertes, no reemplaza el control de cambios, ni preserva a los países de los tormentosos flujos de capital [5].
El Sucre es una iniciativa más avanzada que los mecanismos de intercambio con billetes locales (Brasil-Argentina) o los convenios de pagos recíprocos (ALADI). Pero se encuentra muy lejos de sentar las bases de una moneda regional, basada en modelos de complementación solidaria opuestos a la centralización neoliberal que moldeó la gestación del euro.
El Banco del Sur es otro termómetro de la parsimonia que domina en los proyectos de integración. Ya han transcurrido varios años desde su constitución formal y aún faltan tres confirmaciones parlamentarias de los siete suscriptores del proyecto. Nadie define el destino de los créditos y el capital comprometido para la entidad es muy reducido, en comparación a un gigante de la zona como es el BNDES de Brasil [6] .
Pero el tema más relevante ocupa poco espacio en la reflexión regional. ¿Qué hacer con las enormes reservas que acumula América Latina? Como resultado del superávit comercial y la afluencia de divisas, los Bancos Centrales ya atesoran 574.000 millones de dólares. Se ha creado un excedente que contrasta con la enfermedad de vaciamientos sufridos por la zona en los momentos de crisis. ¿Los nuevos recursos respaldarán inversiones productivas coordinadas? ¿O se dilapidarán en acciones que perpetúan la dependencia?
La actual indefinición conduciría a la desaparición de los fondos por la misma ruta que ingresaron. La Unión Europea, el gobierno estadounidense y el FMI intentan canalizar las reservas hacia un socorro del sistema financiero mundial. Presentan este auxilio como un “aporte de América Latina” a los economías avanzadas, olvidando la deuda histórica que arrastra el Primer Mundo con la región. Proponen acompañar la compra de títulos europeos que realizarían China y otros BRICS, para apuntalar los bancos quebrados. La adquisición de estos papeles acrecentaría las cuantiosas inversiones que ya tiene Latinoamérica en esa modalidad de colocaciones.
La participación de Brasil en la cartera del FMI constituyó un primer guiño hacia este nuevo compromiso. En la última reunión del G-20 (Cannes) se reforzó este curso mediante explícitas exigencias de intermediación del cuestionado organismo, en cualquier auxilio financiero a Europa. Este idilio del gobierno brasileño con el FMI no es un dato menor, si se tiene en cuenta que el país es el quinto poseedor internacional de Bonos del Tesoro estadounidenses [7].
El dinero que se use para rescatar a los financistas europeos será sustraído del FLAT, la moneda común, el Banco del Sur y la integración productiva. Sería el nuevo precio que pagarían Argentina, México y Brasil para continuar participando en el G-20, con iniciativas que reafirman la asociación de las clases dominantes locales con el establishment global. Esta orientación se ubica en las antípodas de dos medidas insoslayables para avanzar hacia una integración regional progresista: la nacionalización de los bancos y la estricta regulación de los flujos de capital.
Estas acciones son indispensables en la coyuntura actual, para definir respuestas conjuntas ante contradictorios procesos de revalorización y desvalorización monetaria. La región ha padecido en los últimos años los efectos adversos del ingreso de dólares (que sobrevaluan la moneda local) y también del egreso de divisas (que provocan las conocidas tensiones cambiarias).
Seguramente Brasil definiría el rumbo a seguir, desde el momento que maneja entre el 50 y el 60 % de las reservas totales. Ya actúa como subpotencia, adaptando el MERCOSUR a un juego multilateral, basado en coordinaciones estratégicas con Estados Unidos. Esta política deja poco espacio para la formación de un fondo financiero latinoamericano [8].
El terremoto sufrido por el euro reforzaría, además, la aversión de los gobiernos brasileños a repetir en la región, el papel jugado por Alemania en el Viejo Continente. Si la gran potencia germana quedó hundida en el atolladero de la Unidad Europea, Brasil tiene menos posibilidades de liderar una integración capitalista de Sudamérica.

Las consecuencias del extractivismo

El término “extractivismo exportador” -que muchos analistas utilizan para describir este modelo- ofrece un acertado retrato del esquema actual. Destaca las nefastas consecuencias de la minería contaminante y la agricultura de exportación, en desmedro del abastecimiento interno [9].
Este curso extractivo potencia la vulnerabilidad de América Latina. sin generar necesariamente procesos de “reprimarización” o “desindustrialización”. Pero impone senderos frontalmente opuestos al desarrollo manufacturero que ha seguido el Sudeste Asiático. La atadura a las exportaciones básicas suscita, además, permanentes interrogantes sobre la continuidad del ciclo alcista de las materias primas que comenzó en el 2003 y perdura hasta la actualidad.
Algunas explicaciones atribuyen esta valorización a los movimientos especulativos y a la falta de supervisión de los mercados agrícolas de futuro. La desregulación de esta plaza facilitó el ingreso de los bancos de inversión al negocio y la consiguiente presencia de un mortífero arsenal de derivados. El uso de instrumentos financieros en el sector aumentó de 500.000 millones (2000) a 13 billones de dólares (2008) [10].
Otras caracterizaciones destacan cómo el incremento del precio del petróleo potenció la expansión de los agro-combustibles y señalan que el 12% de la producción mundial de maíz ya se destina a la fabricación de etanol. Una tercera explicación estima que la demanda china ha establecido un nuevo piso de cotizaciones para todas las materias primas.
Esta diversidad de interpretaciones alude, en los hechos, a distintos procesos temporales. Mientras que las maniobras financieras determinan los incrementos coyunturales de precios, los agro-combustibles y las compras asiáticas inciden sobre el mediano y el largo plazo.
El boom de las commodities ha reabierto también viejas controversias teóricas sobre el deterioro de los términos de intercambio y la influencia de las exportaciones primarias en el subdesarrollo latinoamericano. Pero cualesquiera que sean las respuestas a estos interrogantes son evidentes los efectos sociales nocivos del extractivismo. Sólo el desarrollo manufacturero permitiría crear los puestos de trabajo necesarios para erradicar el atraso de la región. Este salto se encuentra impedido por la dominación que ejercen las empresas transnacionales de la economía latinoamericana.
Ese predominio determina incluso muchas posturas de política exterior. Cuándo Brasil y Argentina rechazan en el G-20 la regulación de los precios de los alimentos, siguen el mandato de las grandes compañías. La hambruna de los empobrecidos no se analiza con criterios de solidaridad, sino como una oportunidad de negocio. El extractivismo perpetúa el sometimiento del ciclo latinoamericano a la tiranía de la reproducción dependiente. Esta subordinación tiene mayor impacto actual en la esfera comercial o productiva, que en el área tradicional del endeudamiento. Pero la experiencia indica que la atadura a las exportaciones básicas termina recreando el agobio financiero.

Desigualdad y explotación

Pero lo más relevante es la baja calidad de los nuevos empleos, reclutados en su gran mayoría en el sector informal. La precarización se mantiene como una norma, tanto de la recesión como de la prosperidad. Este deterioro complementa la degradación que imponen la disminución de las remesas, el éxodo rural y la marginalidad urbana. Millones de individuos están condenados a formas de supervivencia infrahumana, que logran visibilidad mediática sólo en los momentos de gran cataclismo (incendio de una cárcel superpoblada, alud en una favela, inundaciones en zonas desprotegidas).
La manifestación más dramática de este infierno en la región centroamericana es la expansión del narcotráfico. Esta actividad es un refugio de supervivencia para los campesinos endeudados y para los jóvenes desempleados incorporados a la delincuencia organizada . El macabro curso de la guerra emprendida por el gobierno de México ya cobró la vida de 50.000 personas. Con un estado de excepción permanente se legaliza la brutalidad criminal que ejercitan las mafias y sus adversarios cómplices del Estado [11].
La magnitud de las fortunas en juego es proporcional a la sangría de un negocio que manejan los clanes de la lumpen-burguesía. Este término se utilizó erróneamente en el pasado para retratar en forma indiscriminada a las clases dominantes latinoamericanas. Pero en realidad tipifica sólo a un sector muy específico, que ha transnacionalizado, diversificando y blanqueando las ganancias obtenidas en los circuitos paralelos de la acumulación. La burguesía lumpen está muy entrelazada con sus pares del sector formal, pero no integra el club estable de los grandes dominadores de la región. Es sabido que el desgarramiento social padecido en América Latina recrea la pobreza y la desigualdad. Sin embargo algunos analistas celebran la escasa reducción del nivel de inequidad registrado durante el reciente ciclo de crecimiento. Olvidan que América Latina continúa encabezando todos los récords internacionales de polarización social. La región incluye a cuatro de los países que lideran este vergonzoso indicador (Colombia, Bolivia, Honduras, Brasil). El coeficientes de Gini que mide la desigualdad ilustra un promedio zonal (51,6) muy superior a media mundial (39,5). En este terreno la principal novedad radica en la generalización de las políticas asistenciales, que tienden a atenuar los explosivos efectos de la fractura social. Todas las administraciones implementan estos planes como imperativos de gobernabilidad. El costo de estas acciones se asemeja en todos los países y es muy reducido en proporción al producto bruto. En Argentina rige la asignación universal (0,40% del PIB), en Brasil la Bolsa Familia (0,47%), en México el programa Oportunidades (0,51%), en Bolivia el Bono Juancito Pinto (0,33%), en Venezuela las Misiones (0,45%), en Ecuador el Bono de Desarrollo Humano (1,17%), en Chile el Plan Solidario (0,11%), en Colombia la Iniciativa Familias (0,39%) y en Perú el Proyecto Juntos (0,14%) [12]. Este tipo de asistencias protege a los desamparados, pero no genera ninguna redistribución del ingreso. En la medida en que coexiste con la precarización laboral tiende más bien a convalidar la segmentación del mercado de trabajo. Esta fractura acentúa las viejas modalidades de superexplotación que caracterizan al capitalismo latinoamericano. Las empresas foráneas se lucran en las maquilas con la baratura de la fuerza laboral y los capitalistas locales exprimen a los asalariados, para compensar su escasa relevancia en el mercado global.
Algunos economistas ponderan el rumbo actual destacando la caída de la desocupación que acompaña al crecimiento. Pero las cifras sólo indican reducidos cambios acordes al vaivén del ciclo. En la desaceleración del 2009 la tasa de desempleo llegó al 8,1%, luego bajó al 7,3% (2010), este año rondaría el 7% y si se confirman los augurios de freno volvería a subir. La gran dependencia regional del vaivén internacional de los precios de las materias primas acrecienta las críticas hacia el modelo exportador. Este esquema incentiva la multiplicación de emprendimientos exclusivamente destinados a comercializar productos básicos. Mientras crece la influencia del a gro-negocio, las inversiones extranjeras consolidan la especialización petro-minera. Todas las potencias buscan asegurarse el aprovisionamiento de insumos latinoamericanos, afianzando la inserción de la zona como granja o socavón de la economía mundial.
Las tendencias económicas comunes de América Latina se procesan en distintos contextos políticos de gobiernos derechistas, centroizquierdistas y reformistas. Estas administraciones actúan, a su vez, en variados marcos de conquistas o repliegues populares. Las semejanzas estructurales entre Colombia y Venezuela quedan replanteadas a la hora de observar quién gobierna y lo mismo vale para México y Argentina o para Guatemala y Bolivia. El devenir de la economía regional depende de los desenlaces políticos en cada país. Durante el bienio 2010-2011 los gobiernos derechistas enfrentaron múltiples problemas. El imperialismo estadounidense perdió a su agente directo en Perú y observa con gran inquietud la impotencia de su socio mexicano para lidiar con el narcotráfico. La violencia facilitó el regreso del militarismo conservador en Guatemala y las matanzas de los paramilitares continúan en Colombia. Pero en todos los casos crece el hastío de la población. Los golpistas hondureños debieron replegarse buscando un compromiso con el presidente depuesto y el reaccionario gobierno de Chile afronta desventuras económicas, fracasos de gestión y gran resistencia social. Es evidente, además, que las pesadillas afrontadas por el Pentágono en el Medio Oriente reducen la capacidad de intervención de la IV flota y de los marines desplegados en Colombia. Por esta razón, las campañas de intimidación se procesan a través de los grandes medios de comunicación, que definen en cada momento a quién hostilizar y a quién bendecir. En América Latina comienza a verificarse cierto viraje en el pensamiento dominante, puesto que el neoliberalismo ha quedado desprestigiado por el resultado de sus gestiones. Prometió un gran despegue con privatizaciones y desregulaciones y terminó reforzando los viejos desequilibrios de la reproducción dependiente. Luego estimuló el endeudamiento para paliar estos trastornos y precipitó tormentosos estallidos financieros. Aunque numerosos gobiernos preservan esta misma estrategia con algún ajuste cosmético, otras administraciones comienzan a sustituir el credo neoliberal por planteos neo-desarrollistas. Esta propuesta gana adeptos con discursos de intervención del Estado, cuestionamientos de la pérdida de competitividad cambiaria (“enfermedad holandesa”) y convocatorias a imitar el camino asiático de industrialización [13]. Pero este renacer desarrollista no es preponderante aún en el país más industrializado. Brasil mantiene su primacía manufacturera en la región, pero con pérdidas de posiciones frente al agro-negocio. Las políticas oficiales de subsidios fabriles no compensan la apreciación de la moneda y el sistemático incremento de la tasa de interés. El país no cuenta con recursos, tecnología o mercados suficientes para compatibilizar el modelo alemán, que combina la severidad financiera con la competitividad productiva. Por esta razón se intensifican las tensiones entre la ortodoxia monetarista y los planteos industrialistas [14].

Neoliberalismo y neo-desarrollismo
Argentina ha puesto en marcha un intento neo-desarrollista más sostenido. Este ensayo constituye una reacción frente al descomunal desplome sufrido durante el cenit neoliberal. El gobierno ha buscado recomponer la gravitación de la burguesía industrial, en desmedro de los bancos y en conflicto con el agro-negocio. Pero este último sector ha capitalizado su actividad y se niega a compartir las enormes rentas que acapara. Además, la burguesía industrial perdió peso por la extranjerización y sostiene sus ganancias con subsidios y remarcaciones de precios. Estas presiones neutralizan el proyecto re-industrializador [15].
La industria mexicana presenta otro panorama al quedar amoldada (a través de las maquilas) a las líneas de fabricación estadounidenses. Los replanteos desarrollistas implican en este caso confrontar con una estrategia de libre comercio con la primera potencia, que ha desarticulado el viejo entramado industrial centrado en el mercado interno [16].
El resurgimiento neo-desarrollista se encuentra obstruido en América Latina por el predominio del extractivismo, la extranjerización de la economía y el desplazamiento de las viejas burguesías nacionales por nuevos grupos exportadores. Estas limitaciones son habitualmente omitidas por quiénes observan esa estrategia como la más conveniente, o la única factible en la actualidad. El neo-desarrollismo incluye también un ala más progresista, que reconoce la ausencia de clases capitalistas dispuestas a asumir la conducta clásica del industrialismo (inversión, riesgo, competencia). Proponen compensar esta orfandad del sujeto burgués con políticas sustitutivas de inversión y gerenciamiento público. Esas medidas no se conciben en una dirección post-capitalista, sino como acciones tendientes a remodelar el orden social vigente. Por eso implican no sólo acciones de regulación estatal, sino también fuertes subsidios a los grupos empresarios que se desea promover como protagonistas de la vida económica. ¿Pero qué beneficios aportarían estas subvenciones a la mayoría de la población? ¿Por qué razón los trabajadores y ciudadanos deberían solventar el fortalecimiento de un régimen social que no les pertenece? Es importante indagar estas contradicciones para clarificar el significado contemporáneo del nuevo desarrollismo. Algunos autores críticos no observan mayores diferencias con neoliberalismo. Consideran que el cambio de retórica encubre la continuidad de ofensivas del capital sobre el trabajo o la introducción de regulaciones para auxiliar a los bancos. Pero conviene evaluar esos parentescos en función de los intereses en juego. Si el libre comercio es la ideología de los agro-exportadores y la ortodoxia monetaria opera como credo de los banqueros, la defensa de los subsidios forma parte del guión industrialista. El neo-desarrollismo adapta esta última tradición a las necesidades actuales de los grupos fabriles más concentrados, transnacionalizados y exportadores ( compañías “Multilatinas”) [17].
Estas empresas tienden a expandirse hacia las economías vecinas para contrarrestar la estrechez de los mercados internos de origen. Compensan esta limitación con inversiones de alta rentabilidad en el exterior. La forma en que Petrobras bloqueó la nacionalización de los combustibles en Bolivia es un ejemplo de esta conducta [18]. Las víctimas de esta política suelen utilizar el término “subimperialismo” para caracterizar este comportamiento. También aplican este concepto para retratar acciones del ejército brasileño en Haití, que repiten estrategias de militarización ya ensayadas en las favelas. La denominación no sólo tiene un legítimo propósito de denuncia. También induce a revitalizar un concepto, que debería estudiarse mediante comparaciones con el uso inicial que tuvo en los años 60. Es muy importante precisar el sentido de cada noción para caracterizar de forma adecuada el alcance regional de la turbulencia económica actual. El término crisis, por ejemplo, se autiliza con tantas acepciones que a veces resulta imposible discernir si alude a una coyuntura, a una etapa o a un devenir del capitalismo. Tampoco se sabe si evalúa una situación global, regional o nacional. En esta utilización tan polisémica tampoco se suele aclarar, si se está analizando un ciclo económico. En este caso, el término crisis debería referirse a situaciones de recesión, contrapuestas al crecimiento. Si cuando cae el PBI y el empleo hay crisis y cuando aumentan ambas variables también hay crisis, resulta imposible entender de qué se está hablando. La clarificación de los debates es una deuda pendiente en el pensamiento crítico latinoamericano, cuya resolución permitirá definir con mayor exactitud la etapa actual.
¿Cuál será el efecto de la crisis global sobre las luchas sociales de América Latina? Las resistencias alcanzaron un pico de intensidad durante las rebeliones de 2000-2005, que tumbaron a varios gobiernos reaccionarios. Estos levantamientos indujeron a las clases dominantes a actuar con mayor cautela frente al ajuste, tanto en los epicentros como en los vecindarios de las sublevaciones. Las movilizaciones posteriores han sido más acotadas (defensa del salario, el empleo o los recursos naturales), con la excepción de la resistencia casi insurreccional que se registró contra el golpe en Honduras [21]. La economía venezolana ha sido más afectada por la crisis que el promedio sudamericano. Los desbalances tradicionales (dependencia de la factura petrolera, bajísima producción local, alto nivel de importaciones, consumo suntuario) condujeron a nuevas devaluaciones para atemperar el déficit fiscal, en un marco de alta inflación. Las medidas progresistas ( nacionalización del oro) continúan coexistiendo con el favoritismo hacia la “boliburguesía” y el respiro logrado con ciertas acciones reformistas no resuelve los problemas de una economía periférica muy saboteada por las clases dominantes. Aunque la derecha se entusiasmó con la enfermedad de Chávez, la popularidad del presidente persiste y no será fácil impedirle otra renovación de su mandato. El estancamiento del proceso bolivariano obedece más a sus propias contradicciones que al acoso de la reacción [19].

El escenario político

La derecha se mantiene muy activa, pero sin recuperar la iniciativa que tuvo durante el cenit del neoliberalismo. Los principales ganadores de la coyuntura son presidentes de centroizquierda como Dilma Rouseff y Cristina Fernández Krichner, que obtuvieron arrolladores triunfos en los comicios. En ambos casos el oficialismo revalidó títulos, incorporando sectores medios y altos a su base electoral. Mientras que en Brasil la victoria se consumó en un clima de pasividad conservadora y despolitización, en Argentina han prevalecido las tensiones con la derecha, la participación de los movimientos sociales y la renovada politización de la juventud. Uruguay sigue el modelo brasileño de buena letra hacia los capitalistas y desatención de las demandas sociales y también el nuevo mandatario de Perú busca recrear el sendero social-liberal inaugurado por Lula. El limitado impacto que hasta ahora tuvo la crisis global en Sudamérica ha contribuido a este afianzamiento del centro-izquierdismo. Pero lo más llamativo es la creciente atracción que ejerce esa referencia sobre los gobiernos más radicales de Venezuela, Bolivia (y en cierta medida Ecuador). Estas administraciones surgieron confrontando con el imperialismo, impulsando movilizaciones populares y promoviendo reformas democráticas y sociales. Ahora enfrentan encrucijadas que determinarán su futuro.

Definiciones en el eje radical

Tanto la entrega de varios militantes de la insurgencia al gobierno colombiano como el apoyo a dictadores árabes (especialmente de Siria) suscitan malestar. Si la profundización del proceso bolivariano continúa posponiéndose, este proyecto quedará congelado y comenzará a equipararse con los restantes gobiernos de centroizquierda. La misma disyuntiva afronta Bolivia. La estatización de los hidrocarburos quedó reducida y persisten los privilegios de las compañías extranjeras. La reforma agraria sigue pospuesta y las mejoras populares no están a tono con la derrota del neoliberalismo. La masiva resistencia al incremento de precios del combustible (“Gasolinerazo”) fue la primera advertencia de este estancamiento. Un segundo choque con pueblos de la selva -que se oponían a la construcción de una carretera- tuvo un corolario represivo brutal. Las medidas descolonizadoras que acompañaron al establecimiento del estado plurinacional son incompatibles con el perfil autoritario que está adoptando el oficialismo. Bolivia no puede prescindir de sus reservas minerales para erradicar el atraso, pero la utilización de estos recursos requiere respetar el medio ambiente, evitar el monocultivo, desarrollar el cooperativismo y compatibilizar en consultas democráticas la multitud de intereses populares en conflicto. El logro de estos objetivos exige, a su vez, abandonar la estrategia de gestar un “capitalismo andino amazónico” [20].
Las mismas contradicciones presentan mayor dimensión en Ecuador. El gobierno ha demostrado firmeza frente a las agresiones estadounidenses, pero continúa confrontando con el movimiento indígena, desconoce las propuestas de preservación de los recursos naturales y pospone la implementación de transformaciones socioeconómicas significativas. El techo de logros que están encontrando los gobiernos radicales repercute directamente sobre el ALBA. Este organismo ha quedado desdibujado frente a UNASUR y sus iniciativas han perdido el impacto inicial que tuvo la creación de TELESUR, la formación de PETROCARIBE, la solidaridad con Cuba, los emprendimientos de salud y alfabetización o el apoyo antiimperialista a Honduras y Haití. El mismo apaciguamiento afecta al p oyecto del socialismo del siglo XXI, que tiende a diluirse en ausencia de estrategias de radicalización anticapitalista. El futuro del ALBA quedará también signado por el resultado de las reformas económicas que han comenzado en Cuba. En una isla con muy pocos recursos no hay pobreza o criminalidad, sino una gran cobertura de las necesidades básicas en un marco de significativa escasez. En lugar de analfabetismo, deserción escolar y mortalidad infantil hay dificultades para continuar el sostenimiento de la educación y la salud gratuitas. Cuba padece la asfixia comercial del bloqueo y las graves adversidades coyunturales que han generado la caída del precio del níquel, los menores ingresos del turismo y los huracanes. Una economía con alta calificación de la mano de obra carece de industria o agricultura productivas y luego del colapso de la URSS debió sobrevivir mediante el turismo, las remesas, el doble mercado y los convenios con empresas extranjeras. Junto a la errónea subsistencia del modelo de estatización integral apareció un importante flujo de divisas, que no se transforma en inversión. Los proyectos para incentivar la actividad mercantil apuntan a contrarrestar esta asfixia, recomponiendo la productividad y reduciendo la dependencia de los alimentos importados. El gran desafío será implementar esta política sin permitir el retorno al capitalismo. Cuba ya salió airosa en el pasado de gestas que parecían irrealizables (período especial, bloqueo, invasiones) y puede alcanzar las nuevas metas con participación popular, democratización y limitaciones a la desigualdad social. El futuro del ALBA y los proyectos de renovación del socialismo dependen en gran medida de ese proceso.

El empalme con los indignados

Las batallas de los últimos años han estado a tono con el alcance acotado que tuvo el descalabro mundial sobre la región. Esta reacción se acrecentaría si aumenta ese impacto, pero esta vez podría incorporar un novedoso empalme con la oleada de protesta que comienza a notarse en todos los continentes. Las reacciones puramente defensivas que rodearon en el 2008 al debut de la crisis han quedado modificadas por la primavera que conmovió al mundo árabe. Las batallas que se libran en Grecia, la irrupción de los indignados españoles, el descontento social en Inglaterra, las huelgas en Italia y los plebiscitos de Islandia ilustran este cambio de clima. La nueva generación ha convertido las redes sociales en un instrumento de organización que cruza las fronteras e incentiva a los ocupantes de Wall Street. La jornada mundial del 15 de octubre pasado reunió a millones de manifestantes en 950 ciudades de 80 países. Esta nueva tónica no tardará en contagiar a la región latinoamericana. La extraordinaria movilización de los estudiantes chilenos podría constituir la primera expresión de esta nueva oleada. Los universitarios y secundarios trasandinos no sólo confrontaron con un gobierno derechista que oscila entre la represión y el vaciamiento de las negociaciones. También conquistaron la simpatía popular, con formas de acción que retoman el viejo formato de la alianza obrera-estudiantil de los 70. “Nuestros hijos no pasarán de curso pero pasarán a la historia”, destacaban las pancartas de las marchas que plantearon una demanda explosiva para el neoliberalismo . La exigencia de gratuidad de la educación desenmascara el escandaloso endeudamiento que padecen los estudiantes y ataca un cimiento de la desigualdad social. Las resistencias en curso cuestionan no sólo a los banqueros y al neoliberalismo, sino al propio sistema capitalista. Se ha puesto a la orden del día definir quién pagará los terribles costos de la crisis y frente a esta disyuntiva vuelve a enhebrarse el tejido de solidaridades de América Latina con los pueblos del Primer Mundo.

Notas

[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz
[2] Ver: CEPAL-OIT, Coyuntura laboral en América Latina y el Caribe, junio de 2011. Número 5, www.oit.org.pe/ .
[3] Hemos establecido una comparación con otras conmociones en: Katz Claudio, “ The singularities of Latin America”, The crisis and the left, Socialist Register, vol 48, 2012, Toronto.
[4] Varias evaluaciones de esta iniciativa en: Páez Pedro, “Detrás del desorden económico mundial,” Página 12, 3-10- 2011. Kulfas Matías, “Que integración regional conviene”, Página 12, 20-6-2011. Robba, Alejandro, “ El desafío de la integración financiera regional” , Página 12, 7-8-2011.
[5] Ver: Tovar Eudomar, Consejo Monetario del ALBA, “No podemos evitar el impacto”, Página 12, 3-10-2011.
[6] Brasil, Venezuela y Argentina aportarían cada uno 2.000 millones de dólares al nuevo Banco, Ecuador y Uruguay sumarían 400 millones y Bolivia y Paraguay contribuirían con 100 millones.
[7] A diciembre del 2010 Brasil sólo era superado en esas acreencias por China, Japón, Gran Bretaña y los países árabes exportadores de petróleo. Ver Moniz Bandeira Luiz Alberto, “A crise afecta a todos os países inclusive Brasil”, ALAI, 29-8-2011.
[8] Ver: Berterretche Juan, “¿Acuerdo económico defensivo?”, 19-8-2011, www.kaosenlared
[9] Esta la caracterización: “Articulación de movimientos sociales hacia el ALBA”,16-8-11, Buenos Aires.
[10] Munevar Daniel, Alzas en los precios de alimentos. Una mirada desde América Latina, CADTM, junio 2011. www.cadtm.org/
[11] Ver: Petras James, “Latin America: Road to 21 st century capitalist development”, 25 de octubre de 2010. www.ccun.org
[12] Ver: Goncalvez Reinaldo, Reducao da desigualdade da renda no governo Lula. Analisis comparativo, 20-6-11, www.ie.ufrj.br
[13] Este programa se ha expuesto en el encuentro: “Crecimiento con estabilidad financiera y el nuevo desarrollismo” www.tenthesesonnewdevelopmentalism.org . También: Gaitán Flavio, Boschi Renato, “América Latina recupera el pensamiento desarrollista”, Clarín, 21-12-10
[14] El país se afianza como exportador de materias primas y su participación en el producto industrial mundial ha decaído de 2,9% (1980) a 1,9% (en la década pasada). La tasa de inversión industrial es baja (20%) y el porcentaje de exportaciones manufactureras decayó frente a las materias primas que concentran el 80% de las ventas externas. Pochman Marcio, “O Brasil e a nova desindustrializacao”, 9-6-2011 centrodeestudossindicais.wordpress.com/ El principal promotor del viraje neo-desarrollista es Bresser Pereira, Luiz Carlos, “Globalizacao e competicao”, Folha de Sao Paulo, 2-22-09.
[15] Los neo-desarrollistas se agrupan en torno al denominado “Plan Fénix” www.econ.uba.ar. Su teórico más renombrado es Ferrer Aldo, “El nuevo desarrollismo” Miradas al Sur, 6-11- 2010. Hemos expuesto una caracterización reciente en: Katz Claudio, “A 10 años del 2001: los economistas debate”, Revista Kamchatka Nº 7, Año 4, octubre 2011, FCE-UBA, Buenos Aires.
[16] Ver: Vidal Gregorio, Guillen Arturo, “La necesidad de construir el desarrollo en América Latina”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización. CLACSO, 2007, Buenos Aires.
[17] Dos Interpretaciones críticas del neo-desarrollismo en: Azcurra Fernando Hugo, Las diez tesis sobre el Nuevos Desarrollismo elaboradas por economistas heterodoxos www.pctargentina.org/ febrero 2011. SEPLA, “Declaración de Guararema”, Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, Guararema, junio 2011.
[18] Mediante presiones directas de Lula se desnaturalizaron los contratos, se congeló el aumento de la tributación y quedaron anuladas las auditorias. Petrobras volvió a cotizar en Bolsa anotando como propias las reservas del Altiplano y neutralizó los proyectos de transferir la industrialización del gas de Sao Paulo a Bolivia. Andrés Solíz Rada, “Entrevista” Pueblos . Revista de información y debate www.revistapueblos.org/ 27-10-2011.
[19] Aharonian Aram, “Venezuela: dos meses para atravesar un campo minado, ALAI, 6-10-2011.
[20] Ver: Almeyra Guillermo, “Bolivia: el desarrollismo contra el desarrollo”, 2/10/2011, La Jornada. Zibechi Raúl, “La obstinada potencia de la descolonización”, ALAI, 29-9-2011. Manifiesto de la Coordinadora Plurinacional de la Reconducción, 13-7-2011.
[21] Un balance general de las resistencias en: Seoane José, Taddei, Emilio, Algranati Clara, “Tras una década de luchas”, Herramienta, n 46, 2011, Buenos Aires.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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Vi el último programa "Argentina para Armar", de TN.

Nicolás Tereschuck

Estuvieron por un lado, Alejandro Grimson (UNSAM) y Sebastián Etchemdy (UTDT), que estuvieron muy pero muy bien y con mucha altura para responder las imbecilidades que dijo Marcos Novaro. Estuvo Jorge Fernández Díaz, con su habitual tono de cierto dialoguismo con los intelectuales kirchneristas, a quienes ve como más "duros" de lo que son en realidad. Se preocupa demasiado ese hombre.
Lamentablemente, en estos debates se va mucha saliva de los nuestros en explicar que "el kirchnerismo no es un fascismo", algo tan obvio que da pena el planteo, la verdad. Grimson y Etchemendy lo hicieron muy bien.
Creo, de todos modos que el punto de mayor interés del programa fueron las intervenciones de Miguel Bein. Nótese la complejidad del discurso de Bein, que nunca tuvo animosidad contra el kirchnerismo y es el economista que más la pega en los pronósticos de variables económicas que se realizan todos los años. Pueden ver en el video cómo asiente cuando Sebastián Etchemendy destaca que Kirchner se metió con gente con la que no se metían los presidentes, como los acreedores externos, los medios de comunicación, etc. Reproduzco sus intervenciones textuales:
Lo que pasó es sencillo. Mientras en un país sobran dólares uno acepta una tasa de interés en pesos que puede ser igual a la mitad de la tasa de inflación porque total, uno mide culturalmente en dólares y el dólar se va a quedar quieto. Entonces 11 por ciento en pesos estaba muy bien. Pero se terminaron los dólares macroeconómicos, se terminó el excedente, no es que no hay.
Hoy estamos ya en equilibrio externo. En equilibrio externo el dólar se va a empezar a deslizar probablemente en línea con la inflación y por lo tanto la tasa de interés que era 11, hoy está en 20, 22. Esto es lo que pasó y a la Argentina y "a la argentina", al estilo argentino se hace todo en dos meses. Para subir la tasa de interés 10 puntos en cualquier país se hace en 46 años. En Argentina se hace en 46 días.
La tasa de interés va a ser mucho más alta que la que era, es inevitable. Nadie va a aceptar una vez que dejan de sobrar dólares y dejan de sobrar dólares porque si el dólares se queda en estos niveles y la tasa de inflación hoy está en descenso, de 23 a una zona de 19 o 18.
Este año los salarios subieron 28 y el dólar 8. Yo el año que viene le aseguro que eso no va a pasar.
Hay gente que se asusta.(...) Yo tengo algunos clientes que están entre las 10 empresas más grandes de la Argentina y el lunes aplicaban el aplicativo de la AFIP para ver cuántos dólares podían comprar y les salía "cero". Eso se empezó a corregir un poco pero se armó un clima de cierta inquietud. Las medidas tienen un fundamento y están bien presentadas. Tiene criterio. Ninguna persona que tiene tanto o gana tanto puede comprar siete veces más dólares que lo que tiene. Pero se hicieron de tal manera sin ensayo. Y la gente dijo ¿cómo si tengo dinero en el banco no puedo comprar, qué pasa acá? Hoy la mayor inquietud es esa, no el fundamento o la filosofía de la acción
Tenía mucho que ver y en ese sentido me parece que está bien, con frenar el uso de fondos ilegales o no declarados para acceder a las reservas del Banco Central.
¿En qué pensaba el Gobierno cuando usó 65 mil millones de pesos de subsidio a los que no lo necesitan, son seis asignaciones universales por hijo? Argentina aprovechó bien sus oportunidades. Arrancó en el híper desempleo y en la híper pobreza y llegó casi al pleno empleo en ocho años, es un tren bala, al 8 por ciento de crecimiento. Ese ciclo se terminó. El modelo no está agotado. El modelo llegó. Llegó adonde tenía que llegar, que era llegar al pleno empleo de los factores productivos, el camino del desarrollo es una cosa totalmente distinto. Argentina no va a crecer al 8, ni siquiera al 7 en los próximos cuatro años. Porque su tasa de invesión no le permite crecer arriba del 4 y medio, 5 y crecer al 5 es maravilloso después de tener un país normalizado. Sería importante saber si a partir de ese diagnóstico, cómo reacciona el gobierno, para qué lado va a ir. ¿Va a ir para que los argentinos estén viendo la oportunidad para llevarse los dólares de los bancos o si en los próximos 20 años los argentinos van a empezar a traer parte de los 150 mil millones de dólares que tienen en el exterior?
Hubo dos agendas. Hubo una agenda y otra de contraataque. Yo no estoy en contra del apriete sobre los fondos ilegales que iban sobre el dólar. En todo caso puedo criticar las formas. Este gobierno tiene una gran capacidad para entrar en los bazares a bordo de elefantes independientemente que era necesario entrar al bazar.
(...)
Acá lo que va a pasar es otra cosa me parece. Cuando a vos la economía te da plafón. Cuando te sobran los dólares que te sobraban y podés aumentar salarios en dólares al 18 por ciento por año vos no querés compartir el escenario con nadie. Entonces no hay consenso posible. La Asignación Universal por Hijo (AUH), había un consenso previo y el gobierno no la quiso compartir dijo "es nuestra" y no se sacó una foto con nadie. Cuando haya que empezar a tomar decisiones distintas porque la economía cambió, porque el excendente de dólares se terminó va a aparecer el consenso porque va a haber que compartir algunas decisiones no tan favorables. La Argentina va a otra agenda, a una agenda de administración de lo conseguido y de buscar que no tengamos otra recaída que nos lleve de vuelta al principio. La economía le va a poner a la política una agenda completamente distinta donde al gobierno le va a interesar ir a buscar ciertos consensos para tomar ciertas decisiones que no van a ser fáciles.
(...)
Lamento pincharles algún globo, pero me parece que la política entra a la defensiva porque la economía entra a la defensiva. El que no lo quiera ver, que no lo vea. No se puede seguir discutiendo al aire libre una vez que empezó a llover. En todo caso, buscá paraguas. Va a ser todo bastante distinto. Hay un debate interno adentro del gobierno, no menor, si vamos por el dinero de los argentinos en los próximos 20 años para que venga acá y esto termine de ser un país donde se pueda además de consumir, discutir, pelearse, además invertir y quedarse o si vamos a dar la pelea un año más al 8 y a ver a quién se la sacamos.
Hasta hace 15 días la tasa de interés era la mitad de la tasa de inflación y hoy la tasa está 10 puntos más alta.
Les aviso que los debates sobre la estructuración del poder, las instituciones y los consensos van a tener un contexto económico bastante distinto.
Esto es muy distinto que 2009, sobraba dólar macroeconómico. Hoy te enfrentás a una Argentina que llegó a su potencial de corto plazo.

Extraido del Blog http://www.vidabinaria.blogspot.com/
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El despertar


Por Claudio Scaletta

Luego de cierta inactividad en los meses previos a las elecciones, la actual administración se sacudió la modorra y avanzó en dos frentes con medidas que adelantan direcciones y ejes de gestión. Estos frentes son el cambiario y el fiscal. Comprender ambos frentes demanda aclaraciones. En lo económico el modelo kirchnerista nunca fue explícito, sino tácito. Nunca existió, por ejemplo, algo parecido a un plan de desarrollo. Aunque con lineamientos muy marcados “el modelo” fue, antes que nada, resultado del pragmatismo. La materia original fueron las necesidades acuciantes de la salida de una de las peores crisis de la historia económica argentina. Los lineamientos fueron el crecimiento conducido por la demanda y la recuperación del empleo y el salario. El resto fue construcción y, en origen, supuso tipo de cambio competitivo, segmentado vía retenciones, y desendeudamiento.
Pero en el presente algunas variables muestran signos de agotamiento. Por ejemplo: la puja distributiva generó aumentos del índice general de precios. Pero la inflación no sería un problema si no fuese por su interacción con el tipo de cambio. La inflación también se registró en dólares. La primera consecuencia fue la más conocida para los casos de revaluación: la pérdida de competitividad. Tras el superdólar de la inmediata posconvertibilidad, era esperable una reducción de márgenes, pero la reducción no puede ser infinita. A medida que el dólar se hace más barato aparecen algunos problemas. El principal es la “restricción externa”. Primero el superávit de divisas se reduce, luego desaparece y finalmente reaparece el déficit. Si esto último ocurre pueden suceder dos cosas: se evaporan las reservas internacionales o se recurre al endeudamiento externo. Pero conviene no exagerar, por ahora la economía está sólo en el primer escalón de la restricción: la reducción del superávit externo. Esta reducción responde a por lo menos tres razones. La primera es que el abaratamiento del dólar alienta las importaciones. La segunda es que reduce la competitividad de las exportaciones, y la tercera es que fomenta la salida de capitales. Esta tiene varias formas. La primera son los ahorristas pasándose a dólares en busca de reserva de valor, la segunda es la fuga propiamente dicha y la tercera es que las filiales locales de las multinacionales giran al exterior más utilidades porque sus ganancias en dólares son mayores. Estos elementos sirven para comprender las alianzas sociales que se generan a favor de este statu quo.
El sector financiero, las multinacionales y el capital importador se encuentran cómodos con la revaluación, mientras que los sectores productores de bienes, en relación directa con la cantidad de mano de obra empleada, no.
Luego está la dimensión fiscal. Una de las tantas complicaciones con que se encontraron los hacedores de política durante la salida de la convertibilidad fue que el grueso de las tarifas de los servicios estaban dolarizadas, no sólo por el régimen económico del 1 a 1, sino contractualmente tras las privatizaciones. Ello motivó dos cosas: en muchos casos la ruptura de aquellos contratos, lo que dio lugar a juicios en el Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial (no debe olvidarse que en los ‘90 se renunció hasta a la soberanía jurídica), y en segundo lugar a la necesidad de subsidios para mantener el funcionamiento de muchos de estos servicios. Adicionalmente, los subsidios, que tuvieron no pocas desprolijidades (como suele suceder con este tipo de instrumentos en el marco de un aparato de Estado en reconstrucción), cumplieron una doble función para los consumidores. La primera fue una transferencia extrasalarial para las familias, y la segunda una reducción de costos para las empresas. Las transferencias fueron gasto público con una orientación social y estructural muy clara. Dicho de otra manera: el sistema funcionaba como un relojito; por un lado se diferenciaban tipos de cambio en una estructura productiva desequilibrada vía retenciones, y por otro, con el ingreso de las retenciones se financiaban transferencias a los consumidores que beneficiaban a la oferta de bienes vía menores costos empresarios e incentivaban la demanda al generar ingresos extrasalariales.
Pero la realidad económica es dinámica. Por un lado la puja distributiva con revaluación cambiaria redundó en un aumento de la nominalidad de la economía, con deterioro del frente externo, por otro, el aumento de nominalidad con congelamiento tarifario supuso como contrapartida el aumento constante de los subsidios, con deterioro del frente fiscal. No son desastres apocalípticos, sólo frentes que deben ser atendidos. Las medidas conocidas tras el triunfo en las elecciones apuntan a esas cuestiones.
En el frente cambiario, sin embargo, las medidas parecen trabajar más sobre los efectos que sobre las causas. La primera medida fue terminar con el privilegio de mineras y petroleras para dejar parte o la totalidad de sus divisas de exportación en el exterior. La segunda, conocida esta semana, fue desalentar la dolarización a través de un monitoreo más estricto sobre la compra de divisas. La llamada fuga de capitales, que en los primeros nueve meses del año sumó 16.000 millones de dólares, se constituyó también con el pasaje a dólares de los “ahorristas”. En los primeros tres trimestres quienes compraron divisas fueron, según informó este diario, 3 millones de personas físicas y jurídicas, de las que sólo 6000 (el 0,2 por ciento) adquirieron más de 250 mil dólares cada uno por un total de 5600 millones (37 por ciento de “la fuga”). Los números indican una gran dispersión de los compradores, lo que supone que muchos “actores no especializados” pasaron sus pesos a divisas. Esto fue lo que se quiso comenzar a desalentar. Lo más probable es que se consigan dos cosas, que algunos pocos descarten pasarse a dólares y que el pasaje a divisas del dinero del circuito no registrado, se encarezca. No es otra cosa que la conocida historia de la ley seca. En las economías mercantiles, y por ahora no se conocen otras, las restricciones sobre la oferta generan mercados negros. Marginalmente puede esperarse un poco de blanqueo. Son medidas necesarias, que debían tomarse, pero que apenas representan un primer paso. Y por supuesto, no son medidas que atacan el problema de fondo, que es el nivel del tipo de cambio.
En materia de subsidios, la bola creció muy rápidamente. De acuerdo con un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), en el Presupuesto 2012 tales subsidios suman 75.273 millones de pesos. De este total, unos 42.000 millones, el 55 por ciento del total, son los subsidios al sector energético: entre ellos a la generación eléctrica a través de Cammesa, alrededor de 21.800 millones destinados a mantener la estabilidad tarifaria, y otros 11.600 millones a Enarsa para la importación de combustibles. En segundo lugar en importancia se encuentran los subsidios al transporte, que representan unos 19.000 millones. Dejando de lado los subsidios para Aerolíneas Argentinas y Austral, unos 2500 millones, el resto se destinan al poco federal sostenimiento del transporte urbano e interurbano de colectivos y trenes en el área urbana de Buenos Aires. Las empresas públicas, en tanto, recibirán unos 10.000 millones, la mitad irán para AySA, otro de los gastos heredados, junto con Aerolíneas, de la necesidad de hacerse cargo del ruinoso resultado de muchas privatizaciones.
Las iniciativas anunciadas esta semana apuntan a la reducción de apenas 600 millones de estos subsidios, pero se supone que serán sólo un punto de partida y vale notar que afectan a sectores privilegiados que registraron superganancias en los últimos años, como las empresas extractivas, la actividad financiera y bancaria, casinos y telefonía celular, entre otros. La medida va en el camino correcto en tanto quedó demostrado que el carácter universal de los subsidios a las tarifas energéticas, agua y transporte provocaba no pocas injusticias, empezando por los 600 millones que se borrarán a partir de esta semana. Sin embargo, del detalle surge que la eliminación de otra parte de estos subsidios podría tener efectos estructurales, es decir, multiplicar mayores costos sobre el conjunto de la economía y retirar ingresos extrasalariales de la demanda efectiva. De aquí la necesidad de crear un cuerpo especial que estudie globalmente los efectos de cada poda que se decida en adelante
 
Columna de Opinión aparecida en CASH, Suplemento económico del Diario Página/12. Domingo 06.11.2011