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martes, 31 de julio de 2012

Guerra de mentiras


Por Robert Fisk *

¿Se habrá visto en Medio Oriente una guerra en la que impere semejante hipocresía? ¿Una guerra de tal cobardía, moralidad malvada, con tan falsa retórica y vergüenza pública? No hablo de las víctimas físicas de la tragedia en Siria. Me refiero a las mentiras y mendacidad de nuestros gobernantes y nuestra opinión pública –tanto en Oriente como en Occidente– en ambos casos dignas de risotadas: no son sino una horrible pantomima más propia de una sátira de Swift que de Tolstoi o Shakespeare.
Mientras Qatar y Arabia Saudita arman y financian a los rebeldes sirios para derrocar la dictadura alawita-baazista-chiíta de Bashar Al Assad, Washington no pronuncia ni una crítica contra estas naciones. El presidente Barack Obama y su secretaria de Estado Hillary Clinton dicen que quieren democracia para Siria, pero Qatar es una autocracia y Arabia Saudita está entre los más perniciosos califatos dictatoriales del mundo árabe. Los gobernantes de ambos estados heredan el poder de sus familias, igual que lo hizo Bashar, y Arabia Saudita es aliada de los opositores salafistas waabitas de Siria de la misma forma en que fue un ferviente defensor del talibán medieval durante las épocas oscurantistas de Afganistán.
Ciertamente, 15 de los 19 secuestradores y asesinos en masa del 11 de septiembre de 2001 eran sauditas, razón por la cual, desde luego, bombardeamos Afganistán. Los sauditas reprimen a su minoría chiíta de la misma forma en que hoy desean destruir a la minoría alawita-chiíta de Siria. ¿Y así creemos que Arabia Saudita quiere democracia para Siria?
Después tenemos al Hezbolá chiíta, milicia-partido en Líbano, mano derecha chiíta de Irán y simpatizante del régimen de Al Assad. Durante 30 años Hezbolá ha defendido a los chiítas oprimidos del sur de Líbano contra las agresiones de Israel. Se han presentado como defensores de los derechos de los palestinos en Cisjordania y Gaza, pero ahora que enfrentan el lento colapso de su inescrupuloso aliado en Siria les robaron la lengua. Ni ellos ni su principesco líder, Sayed Hassan Nasrallah, han dicho palabra sobre las violaciones y asesinatos masivos de sirios a manos de los soldados de Bashar y la milicia shabiha.
Tenemos también a los héroes de Estados Unidos: la Clinton; el secretario de Defensa, Leon Panetta, y el mismo Obama. Clinton lanzó una enérgica advertencia a Assad. Panetta, el mismo que mintió repetidamente a las últimas fuerzas estadounidenses en Irak con el viejo cuento sobre el nexo entre Saddam y el 11-S, anuncia que las cosas se precipitan y están fuera de control en Siria. Esta ha sido la situación durante al menos seis meses. ¿Recién se está dando cuenta? Obama dijo la semana pasada que, dado el arsenal de armas nucleares que tiene el régimen, seguiremos dejándole claro a Assad que el mundo lo está observando.
Ahora bien, ¿no fue un periodicucho llamado El Aguila Siberiana el que, temeroso de lo que Rusia pudiera hacer en China, declaró que estaba observando al zar de Rusia? Ahora llegó el turno de Obama de enfatizar la ínfima influencia que él tiene en los conflictos del mundo. Bashar Al Assad debe estar temblando de terror dentro de sus botas.
¿En realidad querrá la administración estadounidense abrir los archivos de las atrocidades de Al Assad para verlos a plena luz? Hace pocos años el gobierno de Bush enviaba musulmanes a Damasco para que los torturadores de Bashar Al Assad les arrancaran las uñas con el fin de obtener información, y los mantenía presos por pedido de Washington en el mismo agujero infernal que los rebeldes hicieron volar en pedazos la semana pasada. Las embajadas occidentales, con mucho rigor, enviaban a estos torturadores preguntas para hacer en los interrogatorios a las víctimas. Assad, ustedes saben, era nuestro bebé.
Está además esa nación vecina que nos debe tanta gratitud: Irak. La semana pasada se perpetraron en un día 29 ataques con bomba en 19 ciudades, con un saldo de 111 civiles muertos y 235 heridos. El mismo día, el baño de sangre sirio se consumó con más o menos el mismo número de bajas inocentes. Pero Irak ya está muy abajo, en la plana en que se da prioridad a Siria; bajo el doblez, como decimos los periodistas, porque, desde luego, le dimos su libertad a Irak. Una democracia jeffersoniana, etcétera, etcétera. ¿No es cierto? Así que esta matanza ocurrida al este de Siria no tuvo mucho impacto, ¿verdad? Nada de lo que hicimos en 2003 tiene que ver con el actual sufrimiento en Irak, ¿correcto?
En el siguiente rubro nos incluyo a nosotros, los amados progresistas que velozmente atiborramos las calles de Londres para protestar por las matanzas israelíes de palestinos, con mucha razón, por supuesto. Cuando nuestros líderes políticos se complacen en condenar a los árabes por sus salvajadas, pero son demasiado tímidos para decir una palabra de tibia crítica cuando el ejército israelí comete crímenes contra la humanidad, o bien observa cómo sus aliados hacen lo mismo en Líbano, la gente común debe recordar al mundo que no son tan cobardes como sus políticos. Pero cuando el conteo de muertes en Siria alcance 15 mil o 19 mil, tal vez 14 veces el número de fatalidades resultantes del feroz ataque de Israel contra Gaza en 2008 y 2009, con la salvedad de los sirios expatriados, apenas un solo manifestante sale a la calle a condenar estos crímenes contra la humanidad.
Todo este tiempo nos olvidamos de la gran verdad: que todo esto es un intento por aplastar a la dictadura siria, no por nuestro amor a los sirios ni por nuestro odio para nuestro otrora amigo Al Assad, ni por nuestra indignación contra Rusia, cuyo lugar en el templo dedicado a los hipócritas está claro cuando vemos cómo reacciona frente a todos los pequeños Stalingrados que hay por toda Siria.
No, todo esto tiene que ver con Irán y nuestro deseo de destruir a la república islámica y sus infernales planes nucleares –si es que existen–, lo cual no tiene nada que ver con los derechos humanos o con el derecho a la vida o la muerte de los bebés sirios. ¡Quelle horreur!



* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

jueves, 14 de junio de 2012

Hay alternativas

Noam Chomsky
Página 12


En 1978, el presidente del sindicato más poderoso de Estados Unidos, Douglas Fraser, de la federación de los trabajadores de la industria del automóvil United Auto Workers (UAW), condenó a los “dirigentes de la comunidad empresarial” por haber “escogido seguir en tal país la vía de la guerra de clases (class war) unilateral, una guerra de clases en contra de la clase trabajadora, de los desempleados, de los pobres, de las minorías, de los jóvenes y de los ancianos, e incluso de los sectores de las clases medias de nuestra sociedad”.
Fraser también los condenó por haber “roto y descartado el frágil pacto no escrito entre el mundo empresarial y el mundo del trabajo, que había existido previamente durante el período de crecimiento y progreso” en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, conocido como la “edad dorada” del capitalismo de Estado.
El reconocimiento de la realidad por parte de Fraser fue acertado aunque tardío. Lo cierto es que los dirigentes empresariales y sus asociados en otros sectores de las elites dominantes estaban constantemente dedicados a una siempre presente guerra de clases, que se convirtió en unilateral, sólo en una dirección, cuando sus víctimas abandonaron tal lucha.
Mientras Fraser se lamentaba, el conflicto de clases se iba recrudeciendo y, desde entonces, ha ido alcanzando unos enormes niveles de crueldad y salvajismo en Estados Unidos que, al ser el país más rico y poderoso del mundo y con mayor poder hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en una ilustración significativa de una tendencia global.
Durante los últimos treinta años, el crecimiento económico ha continuado –aunque no al nivel de la “edad dorada”–, pero para la gran mayoría de la población la renta disponible ha permanecido estancada mientras que la riqueza se ha ido concentrando, a un nivel abrumador, en una facción del uno por ciento de la población, la mayoría de los ejecutivos de las grandes corporaciones, de empresas financieras y de alto riesgo, y sus asociados.
Este fenómeno se ha ido repitiendo de una manera u otra a nivel mundial. China, por ejemplo, tiene una de las desigualdades más acentuadas del mundo. Se habla mucho, hoy en día, de que por el hecho de que “Estados Unidos esté en declive” hay un cambio en las relaciones de poder a nivel global. Esto es parcialmente cierto, aunque no significa que otros poderes no puedan asumir el rol y la supremacía que ahora tiene Estados Unidos.
El mundo se está convirtiendo así en un lugar más diverso en algunos aspectos, pero más uniforme en otros. Pero en todos ellos existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de poder y riqueza. La literatura económica del mundo empresarial y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento –que en una gran parte es destructivo y está muy desperdiciado– beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida en ocasiones como el “precariado” global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, en la que se incluyen mil millones de personas que casi no alcanzan a sobrevivir.
Estos desarrollos no se deben a leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales, sino al resultado de decisiones específicas dentro de estructuras institucionales que los favorecen. Esto continuará, a no ser que estas decisiones y planes se reviertan mediante acción y movilizaciones populares con compromisos dedicados a programas que abarquen desde remedios factibles a corto plazo hasta otras propuestas a más largo plazo que cuestionen la autoridad ilegítima y las instituciones opresivas entre las que reside el poder.
Es importante, por lo tanto, acentuar que hay alternativas. Las movilizaciones del 15M (los “indignados” españoles) son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso más opresivo que la realidad existente hoy en día.

Noam Chomsky es escritor, lingüista y filósofo estadounidense. De CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias).



Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-196366-2012-06-14.html

jueves, 7 de junio de 2012

El asesino en jefe


Tom Engelhardt

Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Podéis estar seguros de una cosa: no importa quién resulte elegido en noviembre, no solo elegirán a un presidente de EE.UU.; también estarán eligiendo un asesino en jefe. Puede que los últimos dos presidentes no hayan sido emperadores o reyes pero ellos -y la vasta estructura de seguridad nacional que se sigue incrementando e institucionalizando alrededor del presidente- son ciertamente una de las pesadillas de las que nos advirtieron los padres fundadores de este país. Son uno de los motivos por los cuales esos fundadores pusieron importantes poderes respecto a la guerra en manos del Congreso. Sabían que sería un organismo lento, recalcitrante, deliberativo.

Gracias a un largo artículo del New York Times de Jo Becker y Scott Shane, “Secret ‘Kill List’ Proves a Test of Obama’s Principles and Will,” (Lista secreta de asesinatos, prueba de los principios y la voluntad de Obama) sabemos ahora que el presidente ha pasado una cantidad sorprendente de tiempo supervisando la “nominación” de presuntos terroristas para asesinarlos mediante el programa de drones [aviones sin tripulación a control remoto] que heredó del presidente George W. Bush y que ha expandido exponencialmente. Además, ese artículo se basó en gran parte en entrevistas con “tres docenas de sus actuales y antiguos consejeros”. En otras palabras, fue esencialmente un artículo inspirado por el gobierno –el columnista Robert Scheer lo denomina “plantado”- sobre un programa “secreto” del cual el presidente y sus allegados están bastante orgullosos y del que quieren alardear en un año electoral.

El lenguaje del artículo sobre nuestro presidente guerrero es generalmente favorable, incluso en algunos sitios apasionado. Se concentra en los dilemas de un hombre que, como sabemos ahora, ha aprobado y supervisado el crecimiento de un programa de asesinatos notablemente poderoso en Yemen, Somalia y Pakistán basado en una “lista de asesinatos”. Además lo ha hecho regularmente, objetivo tras objetivo, nombre tras nombre, (El Times no mencionó el reciente ataque de un drone estadounidense en las Filipinas que mató a 15 personas.). Según Becker y Shane, el presidente Obama también ha estado involucrado en el uso de un método fraudulento de recuento de asesinatos de drones que minimiza las muertes de civiles.

Hablando históricamente, todo esto es bastante extraño. El Times califica el papel de Obama en la maquinaria de asesinatos mediante drones de “sin precedentes en la historia presidencial”. Y así es.

No significa, sin embargo, que otros presidentes de EE.UU. nunca hayan tenido nada que ver o no hayan estado involucrados de alguna manera en programas de asesinatos. No se puede decir que el Estado como asesino sea desconocido en nuestra historia. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que el presidente John F. Kennedy no conociera las tramas de asesinatos, inspirados o respaldados por la CIA, contra Fidel Castro en Cuba, Patrice Lumumba en el Congo y el autócrata sudvietnamita (y ostensible aliado) Ngo Dinh Diem? (Lumumba y Diem fueron exitosamente asesinados.) De la misma manera, durante la presidencia de Lyndon Johnson, la CIA realizó una campaña masiva de asesinatos en Vietnam, la Operación Phoenix. Resultó ser un programa sorprendentemente disoluto de asesinatos de decenas de miles de vietnamitas, de verdaderos enemigos y de otros que simplemente fueron incluidos en el proceso.

En eras anteriores, sin embargo, los presidentes se mantenían por sobre los asesinatos o practicaban una especie de negación plausible respecto a esos actos. Es seguro que nos encontramos en una nueva etapa en la historia de la presidencia imperial cuando un presidente (o su equipo electoral) junta a sus asistentes, consejeros y asociados promueve una historia que se propone transmitir el orgullo colectivo del grupo por la nueva posición de asesino en jefe.

¿Congregación religiosa o brigada mafiosa?

Estamos ante una nota al pie, lo crean o no, en nuestra era estadounidense. ¿Quién recuerda que en los primeros años de su presidencia George W. Bush llevaba lo que Bob Woodward del Washington Post llamó “su propia cuenta personal de la guerra” contra el terror? Consistía en fotografías con breves biografías y descripciones de la personalidad de los que estaban considerados los terroristas más peligrosos del mundo, cada uno de ellos listo para que Bush lo tachara una vez que lo capturasen o lo asesinasen. Esa cuenta, agrega Woodward, estaba siempre disponible en un cajón del escritorio del Despacho Oval.

Ahora, una contabilidad privada presidencial ciertamente parece de poca monta. La distancia que hemos recorrido en una década se puede medir por la descripción del Times del equivalente actual de esa “cuenta personal” (y sin un cajón de escritorio donde guardarla):

“Es el más extraño de los rituales burocráticos: Más o menos cada semana, se reúnen más de 100 miembros del creciente aparato de seguridad nacional del gobierno, en una vídeoconferencia segura, para estudiar las biografías de presuntos terroristas y recomendar al presidente quiénes deben ser los próximos eliminados. Ese proceso secreto de ‘nominaciones’ es un invento del gobierno de Obama, un nefasto círculo de discusión que estudia las diapositivas de PowerPoint con los nombres, alias y biografías de presuntos miembros de la filial de al Qaida en Yemen o sus aliados en la milicia Shabab en Somalia. Las nominaciones van a la Casa Blanca, donde por su propia insistencia y guiado por el ‘zar’ del contraterrorismo John O. Brennan, Obama debe aprobar cada nombre”.

En otras palabras, gracias a tales reuniones –en lo que los conocedores llaman “martes del terror”— los asesinatos se han institucionalizado, normalizado y burocratizado alrededor de la figura del presidente. Sin la ayuda, o cualquier supervisión del pueblo estadounidense o sus representantes elegidos, solo él es ahora responsable de los asesinatos regulares perpetrados a miles de kilómetros, incluidos los de civiles y niños. En otras palabras, si no es un rey, sí es por lo menos el rey de los asesinatos estadounidenses. En ese aspecto, su poder es total y carente de todo control. Puede prescribir la muerte de cualquier “nominado” eligiendo cualquiera de las “tarjetas de beisbol (biografías en PowerPoint) en esa lista de asesinatos y luego ordenar que los drones lo liquiden (a él y a cualquier vecino suyo).

Él y solo él puede decidir que el asesinato de individuos conocidos no es suficiente y que en vez de eso los drones de la CIA pueden atacar “tipos de conducta” sospechosos en tierra en Yemen o Pakistán, Puede detener cualquier ataque, cualquier asesinato, pero no hay nadie, ningún mecanismo que lo pueda detener a él. Una máquina global de asesinato estadounidense (de modo bastante literal, considerando la creciente fuerza de los drones) se encuentra ahora a entera disposición de un solo individuo que no tiene que rendir cuentas a nadie. Es la pesadilla de la que nos querían proteger los padres fundadores.

Al hacerlo, como ha señalado Glenn Greenwald de Salon, el presidente ha destruido la Quinta Enmienda, que garantiza a los estadounidenses que no serán “privados de vida, libertad, o propiedad sin el debido proceso”. La Oficina de Asesoría Legal del Departamento de Justicia elaboró un memorando secreto en el que afirma que, aunque la garantía de debido proceso de la Quinta Enmienda se aplica al asesinato mediante drones de un ciudadano estadounidense en un país con el cual no estamos en guerra, “debe aprobarse mediante deliberaciones internas del poder ejecutivo”. (Eso, escribe Greenwald, es “la interpretación gubernamental más extremista de la Declaración de Derechos que he oído en mi vida"). En otras palabras, el exprofesor de derecho constitucional ha sido liberado de la ley del país en casos en los que “nomine”, como lo ha hecho, a ciudadanos estadounidenses para la muerte robótica.

Existe, sin embargo, otro aspecto respecto a la institucionalización de esas “listas de asesinatos” y es el asesinato como prerrogativa presidencial, que no se ha mencionado. Si creemos el artículo del Times, que refleja en gran parte cómo pretende verse a sí mismo y a sus acciones el gobierno de Obama, el programa de drones también se encuentra en proceso de santificación y sacralización.

Se obtiene un sentido del asunto por el lenguaje del propio artículo. (“Un proceso paralelo de la CIA, más enclaustrado, se concentra en gran parte en Pakistán…”) Presenta al presidente como como un hombre particularmente moral, que estudia las obras de la “guerra justa” de personajes religiosos como Tomás de Aquino y San Agustín y toma cada muerte como una carga moral. Su principal consejero de contraterrorismo Brennan, un hombre que mientras estaba en la CIA estuvo implicado hasta el cuello en la controversia sobre la tortura, aparece de un modo bastante literal, como un sacerdote de la muerte, no una vez, sino dos veces en el artículo. Es descrito por los reporteros del Times como “un sacerdote cuya bendición se ha convertido en indispensable para Obama”. Luego citan al principal abogado del Departamento de Estado, Harold H. Koh: “Es como si tuvieras un sacerdote con valores morales extremadamente fuertes que de repente se encargase de dirigir una guerra”.

Según el Times, la organización de la muerte robótica se ha convertido en la idea fija del gobierno, una especie de culto a la muerte en Despacho Oval, y los que están involucrados son otros tantos devotos religiosos. Es decir, que podríamos estar al borde de una nueva religión, dirigida por el Estado y basada en la seguridad nacional, de asesinatos sobre la base de que estamos en un mundo “peligroso” y que la “seguridad” de los estadounidenses es nuestro valor supremo. En otras palabras, el presidente, sus apóstoles y los acólitos de su campaña oran todos, al parecer, en la Iglesia de "San Drone".

Por cierto, pensado de otra manera, la escena del “martes del terror” podría no provenir de un monasterio o de un sínodo eclesiástico, sino directamente de un consejo de la mafia de una novela de Mario Puzo, con el presidente como Padrino, decidiendo los “golpes” en un mundo de reyertas.

¡Adónde hemos llegado solo en dos presidencias! El asesinato como modo de vida se ha institucionalizado en el Despacho Oval, se ha normalizado totalmente y ahora nos lo presentan a todos como una solución razonable a los problemas globales de EE.UU. y un asunto en el que se basa una campaña presidencial.



Cuesta abajo hacia el planeta Blowback

Después de 5.719 palabras propias de Washington (la mayoría procedentes del Despacho Oval), el artículo del Times finalmente llega a esta única frase respecto al exterior: “Se puede afirmar que tanto Pakistán como Yemen son menos estables y más hostiles a EE.UU. que cuando Obama llegó a la presidencia”.

¡Se puede decir, sin duda! Para los pocos que llegaron a ese punto fue un breve recordatorio de lo estrecha y limitadora que es la experiencia de rendir culto a San Drone. Todas esas interminables reuniones, todas esas horas presidenciales se podrían haber dedicado a recolectar todavía más dinero para la campaña 2012, y los dos países que han soportado la mayor parte de los ataques de los drones son más hostiles, más peligrosos y están en peores condiciones que en 2009. (Y hay que tener en cuenta que uno de ellos es una potencia nuclear). Desde entonces las noticias solo han subrayado el poder con el que los drones han radicalizado a poblaciones enteras, sin importar a cuantos "sujetos malos" (y niños) han borrado de la faz de la tierra.

Y aunque el Times no lo menciona, no son solo malas noticias para Yemen o Pakistán. A la democracia estadounidense, que ya está al borde del abismo, también le va peor.

Lo que debería sorprender a los estadounidenses –pero al parecer pocas veces se observa– es la forma en que, en las sombras, el rigor militar estéril se ha convertido en el pensamiento profundo de Washington ante el altar de San Drone y sus equivalentes (incluidas las fuerzas de operaciones especiales secretas del presidente que van en aumento en las fuerzas armadas). Sí, el mundo sigue siendo un lugar peligroso, aunque mucho menos que en la epoca de la Guerra Fría cuando dos superpotencias estaban a un paso de una guerra nuclear. Pero –aunque sea cada vez más herético decirlo– los peligros que enfrentan los estadounidenses, incluidos peligros relativamente modestos del terrorismo, no constituyen lo peor de nuestro planeta.

La elección de un asesino en jefe, no importa por quién votéis, es peor. La pretensión de que la Iglesia de San Drone ofrezca algún de tipo de soluciones razonables o incluso prácticas en este planeta nuestro, es peor todavía. E incluso peor, una vez que comienza un proceso semejante, es que tenderá a ir continuamente cuesta abajo. Como nos informó la semana pasada el Times, no solo tenemos a un asesino en jefe en el Despacho Oval, sino a un ciber-guerrero perfectamente dispuesto a desplegar un nuevo tipo de armamento, el “gusano” informático más sofisticado que se ha desarrollado, contra otro país con el que no estamos en guerra.

Esto representa un sobrecogedor tipo de imprudencia, especialmente por parte del líder de un país que, tal vez más que cualquier otro, depende de sistemas computarizados, exponiendo a EE.UU. a tipos potencialmente debilitantes de futuras represalias. Una vez más, como en el caso de los drones, la Casa Blanca está estableciendo las reglas globales para todo país (y grupo) que pueda obtener un armamento semejante y salga a la carretera a 200 kilómetros por hora sin que haya un policía a la vista.

James Madison, Thomas Jefferson, George Washington y todos los demás conocían la guerra y no fueron acólitos de los equivalentes de San Drone en el Siglo XVIII, ni de presidentes a los que se podría permitir que convirtieran el mundo en una zona de la muerte. Sabían, por lo menos tanto como cualquiera en nuestro Estado de seguridad nacional actual, que el mundo es siempre un lugar peligroso y que eso no es una excusa para entregar los poderes de la guerra a un solo individuo. No pensaban que un Estado de guerra permanente, un Estado de muerte permanente, o un presidente con la libertad para lanzar a los estadounidenses a estados semejantes era un camino razonable para su nueva república. Para ellos, era de lejos la manera más peligrosa de existir en nuestro mundo.

Los padres fundadores seguramente habrían preferido la democracia republicana a la seguridad. Nunca habrían creído que un hombre rodeado de consejeros y abogados, abandonado a su propio criterio, podría protegerlos de lo verdaderamente importante. Trataron de prevenir esa posibilidad. Ahora tenemos un gobierno y una presidencia que está dedicado a ello, no importa quién sea elegido en noviembre.

Tom Engelhardt, cofundador de American Empire Project y autor de The United States of Fear y The End of Victory Culture es el director de Tom Dispatch.com del Nation Institute. Su último libro, en colaboración con Nick Turse, es Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050.

Copyright 2012 Tom Engelhardt

© 2012 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175551/tomgram%3A_engelhardt%2C_assassin-in-chief/#more

Ellos y nosotros

Las atrocidades de los demás

Noam Chomsky

The 4th Media

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En su perspicaz estudio Ideal Illusions: How the U.S. Government Co-Opted Human Rights [Ilusiones ideales: cómo el gobierno estadounidense cooptó los derechos humanos] el experto en asuntos internacionales James Peck observa: “En la historia de los derechos humanos las peores atrocidades siempre la comete otro, nunca nosotros”, sea quien sea este “nosotros”.
Casi cada momento de la historia nos deja innumerables ejemplos de ello. Vamos a fijarnos en los de los últimos meses.
El 10 de mayo se inauguraron los Juegos Olímpicos de Verano en la cuna griega de estos antiguos juegos. Unos días antes había pasado prácticamente desapercibida la carta que dirigió el gobierno de Vietnam al Comité Olímpico Internacional (COI) expresando la “profunda preocupación del gobierno y del pueblo de Vietnam por la decisión del COI de aceptar a la compañía Dow Chemical como patrocinadora global del Movimiento Olímpico”.
Dow Chemical es la empresa que suministró los productos químicos que Washington utilizó desde 1961 para destruir las cosechas y los bosques de Vietnam del Sur empapando el país con Agente Naranja.
Estos venenos contienen dioxina, uno de los cancerígenos más letales que se conocen y que ha afectado a millones de vietnamitas y a muchos soldados estadounidenses. Es muy probable que hasta el día de hoy los abortos y los niños nacidos con malformaciones sean efecto de estos crímenes, aunque dada la negativa de Washington a investigarlo, solo contemos con los estudios de los científicos vietnamitas y de analistas independientes.
A este llamamiento vietnamita en contra de Dow Chemical se han unido el gobierno de India, la Asociación Olímpica India y los supervivientes de la espantosa fuga de gas en Bhopal en el año 1984, uno de los peores desastres industriales de la historia que mató a miles de personas y enfermó a más de medio millón.
Union Carbide, la empresa responsable del desastre, fue adquirida por Dow Chemical, para la cual este desastre es un motivo de preocupación no pequeño. En febrero Wikileaks reveló que Dow Chemical había contratado a la agencia privada de investigación estadounidense Stratfor para controlar a los activistas que están tratando de conseguir indemnizaciones para las víctimas y de que quienes fueron responsables de la catástrofe comparezcan ante la justicia.
Otro crimen muy importante y que ha tenido unos gravísimos efectos persistentes es el ataque de los Marines estadounidenses a la ciudad iraquí de Faluya en noviembre de 2004.
[Antes del ataque a la ciudad] Se permitió salir de ella a las mujeres y niños, si podían hacerlo. Después de varias semanas de bombardeos empezó el ataque con un crimen de guerra cuidadosamente planificado: la invasión del Hospital General de Faluya, en el que se ordenó a los pacientes y al personal tumbarse en el suelo con las manos atadas. Las ataduras se aflojaron en seguida, se había asegurado el complejo.
La justificación oficial fue que el hospital estaba informando de las víctimas civiles y, por lo tanto, se consideraba un arma de propaganda.
La prensa informó de que la mayor parte de la ciudad había quedado reducida a “ruinas humeantes” mientras los Marines buscaban a los insurgentes en sus “madrigueras”. Los invasores prohibieron la entrada a la Cruz Roja. Al no haber una investigación oficial, se desconoce las dimensiones de este crimen.
Si lo que ocurrió en Faluya recuerda a los acontecimientos que tuvieron lugar en el enclave bosnio de Srebrenica, que vuelve a estar de actualidad debido al juicio por genocidio del comandante militar serbio bosnio Ratko Mladic, hay una buena razón para ello. Sería instructivo hacer una comparación honesta, pero no hay peligro de que se haga: una es una atrocidad y la otra no lo es por definición.
Como en Vietnam, algunos investigadores independientes informan de que el ataque a Faluya esta teniendo unos efectos persistentes.
Algunos investigadores médicos han descubierto un incremento dramático de la mortalidad infantil, del cáncer y de la leucemia, incremento que es incluso mayor que los de Hiroshima y Nagasaki. Los niveles de uranio en muestras de aire y del suelo son mucho mayores que en casos comparables.
Uno de los raros investigadores procedente de los países invasores es el Dr. Kypros Nicolaides, director del centro de investigación de medicina en el Hospital del Kingng’s College de Londres. “Estoy seguro de que los estadounidenses utilizaron unas armas que son las causantes de estas deformidades”, afirma Nicolaides.
El profesor de derecho estadounidense y Relator de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Originarios James Anaya informó el mes pasado de los persistentes efectos de una “no atrocidad” mucho mayor.
Anaya se atrevió a hollar un territorio prohibido al investigar las vergonzosas condiciones en las que vive la población originaria estadounidense que queda en Estados Unidos: “pobreza, malas condiciones, falta de resultados en la educación formal (y) enfermedades sociales a unos niveles que exceden con mucho los de otros segmentos sociales de la población estadounidense”, informó Anaya. Ningún miembro del Congreso quiso reunirse con él y la cobertura mediática [dada al informe] fue mínima.
En las noticias han aparecido mucho los disidentes después del dramático rescate del activista chino de derechos humanos ciego Chen Guangcheng.
“La conmoción internacional”, escribió Samuel Moyn en The New York Times el mes pasado, “provocó el recuerdo de anteriores disidentes como Andrei D. Sakharov y Aleksandr I. Solzhenitsyn, los héroes del bloque oriental de otros tiempos que fueron los primeros en convertir ‘los derechos humanos internacionales’ en un grito que unía a los activistas de todo el mundo y en una cuestión fundamental en las agendas de los gobiernos occidentales”.
Moyn es autor de The Last Utopia: Human Rights in History [La última utopía: los derechos humanos en la historia], publicado en 2010. En The New York Times Book Review Belinda Cooper puso en tela de juicio el que Moyn situara el origen de la prominencia contemporánea de estos ideales “en los frustrados pasos dados por (el presidente estadounidense Jimmy) Carter para inyectar los derechos humanos en la política exterior y en los Acuerdos de Helsinki de 1975 con al Unión Soviética”, al centrarse en los abusos de la esfera soviética. En su opinión la tesis de Moyn no es convincente ya que “es mucho más fácil de construir una historia alternativa de su propia cosecha”.
Es cierto: la alternativa obvia es la que ofrece James Peck, al que los medios dominantes apenas tienen en cuenta a pesar de que los hechos relevantes son sorprendentemente claros y conocidos, al menos para los académicos.
Así, en Cambridge History of the Cold War John Coatsworth recuerda que desde 1960 al “hundimiento de la Unión Soviética en 1990 la cantidad de presos políticos, de víctimas de la tortura y de ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina superó con mucho a la de los de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del este”. Pero como eran “no atrocidades”, estos crímenes, que en gran parte son atribuibles a la intervención estadounidense, no inspiraron una cruzada de derechos humanos.
Inspirándose también en el rescate de Chen, el columnista de The New York Times Bill Keller escribe que “los disidentes son heroicos”, pero pueden ser “molestos para los diplomáticos estadounidenses que tienen importantes negocios que hacer con países que no comparte nuestros valores”. Keller critica a Washington por no estar a veces a la altura de nuestros valores emprendiendo una acción rápida cuando otros cometen crímenes.
No faltan disidentes heroicos dentro de los dominios de influencia y de poder estadounidense, pero son tan invisibles como la víctimas latinoamericanas. Mirando casi al azar por el mundo encontramos a Abdulhadi al-Khawaja, cofundador del Centro Bahrain para los Derechos Humanos, preso de conciencia para Amnistía Internacional que se enfrenta en estos momentos a morir en la cárcel a consecuencia de una larga huelga de hambre.
Y el padre Mun Jeong-hyeon, el anciano sacerdote coreano que resultó gravemente herido cuando participaba en una multitudinaria manifestación de protesta contra la construcción de una base naval estadounidense en la isla Jeju, llamada Isla de la Paz, ahora ocupada por las fuerzas de seguridad por primera vez desde las masacres de 1948 del gobierno de Corea del Sur impuesto por Estados Unidos.
Y el profesor universitario turco Ismail Besikci, que se vuelve a enfrentar a un juicio por defender los derechos de los kurdos. Ya ha pasado gran parte de su vida en la cárcel debido a la misma acusación, incluso en la década de 1990, cuando el gobierno Clinton suministraba a Turquía enormes cantidades de ayudad militar, en un momento en que el ejército turco perpetraba algunas de las peores atrocidades de la época.
Pero estos casos junto con otros que son demasiado numerosos para mencionarlos son no existentes según los principios oficiales.



Fuente: http://www.4thmedia.org/2012/06/04/somebody-elses-atrocities-ideal-illusions-how-the-u-s-government-co-opted-human-rights/





miércoles, 16 de mayo de 2012

Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense


Noam Chomsky
TomDispatch


El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.
La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.
Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.
Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.

La clase trabajadora

En los años 30’ del siglo pasado los trabajadores desempleados podían pensar que recuperarían sus puestos de trabajo. Actualmente, con un nivel de paro similar al existente durante la Depresión, es improbable, si la tendencia persiste, que un trabajador manufacturero vaya a recuperar el suyo. El cambio tuvo lugar hacia 1970 y obedece a muchas razones. Un factor clave, bien analizado por el historiador económico Robert Brenner, fue la caída del beneficio en el sector manufacturero. Pero también hubo otros. La reversión, por ejemplo, de varios siglos de industrialización y desarrollo. Por supuesto, la producción de manufacturas continuó del otro lado del océano, pero en perjuicio, y no en beneficio, de las personas trabajadoras. Junto a estos cambios, se produjo un desplazamiento significativo de la economía del ámbito productivo –de cosas que la gente necesitara o pudiera usar- al de la manipulación financiera. Fue entonces, en efecto, cuando la financiarización de la economía comenzó a extenderse.

Los bancos
Antes de 1970, los bancos eran bancos. Hacían lo que se espera que un banco haga en una economía capitalista: tomar fondos no utilizados de una cuenta bancaria, por ejemplo, y darles una finalidad potencialmente útil como ayudar a una familia a que se compre una casa o a que envíe a su hijo a la escuela. Esto cambió de forma dramática en los setenta. Hasta entonces, y desde la Gran Depresión, no había habido crisis financieras. Los años cincuenta y sesenta fueron un periodo de gran crecimiento, el más alto en la historia de los Estados Unidos y posiblemente en la historia económica. Y fue igualitario. Al quintil más bajo de la sociedad le fue tan bien como al más alto. Mucha gente accedió a formas de vida más razonables –de “clase media”, como se llamó aquí, de “clase trabajadora”, en otros países–. Los sesenta, por su parte, aceleraron el proceso. Tras una década un tanto sombría, el activismo de aquellos años civilizó el país de forma muchas veces duradera. Con la llegada de los setenta, se produjeron una serie de cambios abruptos y profundos: desindustrialización, deslocalización de la producción y un mayor protagonismo de las instituciones financieras, que crecieron enormemente. Yo diría que entre los años cincuenta y sesenta se produjo un fuerte desarrollo de lo que décadas después se conocería como economía de alta tecnología: computadores, Internet y revolución de las tecnologías de la información, que se desarrollaron sustancialmente en el sector estatal. Estos cambios generaron un círculo vicioso. Condujeron a una creciente concentración de riqueza en manos del sector financiero, pero no beneficiaron a la economía (más bien la perjudicaron, al igual que a la sociedad).

Política y dinero

La concentración de riqueza trajo consigo una mayor concentración de poder político. Y la concentración de poder político dio lugar a una legislación que intensificaría y aceleraría el ciclo. Esta legislación, bipartidista en lo esencial, comportó la introducción de nuevas políticas fiscales, así como de medidas desreguladoras del gobierno de las empresas. Junto a este proceso, se produjo un aumento importante del coste de las elecciones, lo que hundió aún más a los partidos políticos en los bolsillos del sector empresarial.
Los partidos, en realidad, comenzaron a degradarse por diferentes vías. Si una persona aspiraba a un puesto en el Congreso, como la presidencia de una comisión, lo normal era que lo obtuviera a partir de su experiencia y capacidad personal. En solo un par de años, tuvieron que comenzar a contribuir a los fondos del partido para lograrlo, un tema bien estudiado por gente como Tom Ferguson. Esto, como decía, aumentó la dependencia de los partidos del sector empresarial (y sobre todo, del sector financiero).
Este ciclo acabó con una tremenda concentración de riqueza, básicamente en manos del primer uno por ciento de la población. Mientras tanto, se abrió un período de estancamiento e incluso de decadencia para la mayoría de la gente. Algunos salieron adelante, pero a través de medios artificiales como la extensión de la jornada de trabajo, el recurso al crédito y al sobreendeudamiento o la apuesta por inversiones especulativas como las que condujeron a la reciente burbuja inmobiliaria. Muy pronto, la jornada laboral acabó por ser más larga en Estados Unidos que en países industrializados como Japón o que otros en Europa. Lo que se produjo, en definitiva, fue un período de estancamiento y de declive para la mayoría unido a una aguda concentración de riqueza. El sistema político comenzó así a disolverse.
Siempre ha existido una brecha entre la política institucional y la voluntad popular. Ahora, sin embargo, ha crecido de manera astronómica. Constatarlo no es difícil. Basta ver lo que está ocurriendo con el gran tema que ocupa a Washington: el déficit. El gran público, con razón, piensa que el déficit no es la cuestión principal. Y en verdad no lo es. La cuestión importante es la falta de empleo. Hay una comisión sobre el déficit pero no una sobre el desempleo. Por lo que respecta al déficit, el gran público tiene su posición. Las encuestas lo atestiguan. De forma clara, la gente apoya una mayor presión fiscal sobre los ricos, la reversión de la tendencia regresiva de estos años y la preservación de ciertas prestaciones sociales. Las conclusiones de la comisión sobre el déficit seguramente dirán lo contrario. El movimiento de ocupación podría proporcionar una base material para tratar de neutralizar este puñal que apunta al corazón del país.

Plutonomía y precariado

Para el grueso de la población –el 99%, según el movimiento Ocupemos– estos tiempos han sido especialmente duros, y la situación podría ir a peor. Podríamos asistir, de hecho, a un período de declive irreversible. Para el 1% -e incluso menos, el 0,1%- todo va bien. Son más ricos que nunca, más poderosos que nunca y controlan el sistema político, de espaldas a la mayoría. Si nada se lo impide, ¿por qué no continuar así?
Tomemos el caso de Citigroup. Durante décadas, ha sido uno de los bancos de inversión más corruptos. Sin embargo, ha sido rescatado una y otra vez con dinero de los contribuyentes. Primero con Reagan y ahora nuevamente. No incidiré aquí en el tema de la corrupción, pero es bastante alucinante. En 2005, Citigroup sacó unos folletos para inversores bajo el título: “Plutonomía: comprar lujo, explicar los desequilibrios globales”. Los folletos animaban a los inversores a colocar dinero en un “índice de plutonomía”. “El mundo –anunciaban- se está dividiendo en dos bloques: la plutonomía y el resto”.
La noción de plutonomía apela a los ricos, a los que compran bienes de lujo y todo lo que esto conlleva. Los folletos sugerían que la inclusión en el “índice de plutonomía” contribuiría a mejorar los rendimientos de los mercados financieros. El resto bien podía fastidiarse. No importaba. En realidad, no eran necesarios. Estaban allí para sostener a un Estado poderoso, que rescataría a los ricos en caso de que se metieran en problemas. Ahora, estos sectores suelen denominarse “precariado” –gente que vive una existencia precaria en la periferia de la sociedad–. Solo que cada vez es menos periférica. Se está volviendo una parte sustancial de la sociedad norteamericana y del mundo. Y los ricos no lo ven tan mal.
Por ejemplo, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a ir al Congreso, durante la gestión de Clinton, a explicar las maravillas del gran modelo económico que tenía el honor de supervisar. Fue poco antes del estallido del crack en el que tuvo una responsabilidad clarísima. Todavía se le llamaba “San Alan” y los economistas profesionales no dudaban en describirlo como uno de los más grandes. Dijo que gran parte del éxito económico tenía que ver con la “creciente inseguridad laboral”. Si los trabajadores carecen de seguridad, si forman parte del precariado, si viven vidas precarias, renunciarán a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios o mejores prestaciones. Resultarán superfluos y será fácil librarse de ellos. Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Y era elogiado y enormemente admirado por ello.
La cosa, pues, está así: el mundo se está dividiendo en plutonomía y precariado –el 1 y el 99 por ciento, en la imagen propagada por el movimiento Ocupemos. No se trata de números exactos, pero la imagen es correcta. Ahora, es la plutonomía quien tiene la iniciativa y podría seguir siendo así. Si ocurre, la regresión histórica que comenzó en los años setenta del siglo pasado podría resultar irreversible. Todo indica que vamos en esa dirección. El movimiento Ocupemos es la primera y más grande reacción popular a esta ofensiva. Podría neutralizarla. Pero para ello es menester asumir que la lucha será larga y difícil. No se obtendrán victorias de la noche a la mañana. Hace falta crear estructuras nuevas, sostenibles, que ayuden a atravesar estos tiempos difíciles y a obtener triunfos mayores. Hay un sinnúmero de cosas, de hecho, que podrían hacerse.

Hacia un movimiento de ocupación de los trabajadores

Ya lo mencioné antes. En los años treinta del siglo pasado, las huelgas con ocupación de los lugares de trabajo eran unas de las acciones más efectivas del movimiento obrero. La razón era sencilla: se trataba del paso previo a la toma de las fábricas. En los años setenta, cuando el nuevo clima de contrarreforma comenzaba a instalarse, todavía pasaban cosas importantes. En 1977, por ejemplo, la empresa US Steel decidió cerrar una de sus sucursales en Youngstown, Ohio. En lugar de marcharse, simplemente, los trabajadores y la comunidad se propusieron unirse y comprarla a los propietarios para luego convertirla en una empresa autogestionada. No ganaron. Pero de haber conseguido el suficiente apoyo popular, probablemente lo habrían hecho. Gar Alperovitz y Staufhton Lynd, los abogados de los trabajadores, han analizado con detalle esta cuestión. Se trató, en suma, de una victoria parcial. Perdieron, pero generaron otras iniciativas. Esto explica que hoy, a lo largo de Ohio y de muchos otros sitios, hayan surgido cientos, quizás miles de empresas de propiedad comunitaria, no siempre pequeñas, que podrían convertirse en autogestionadas. Y esta sí es una buena base para una revolución real.
Algo similar pasó en la periferia de Boston hace aproximadamente un año. Una multinacional decidió cerrar una instalación rentable que producía manufacturas con alta tecnología. Evidentemente, para ellos no era lo suficientemente rentable. Los trabajadores y los sindicatos ofrecieron comprarla y gestionarla por sí mismos. La multinacional se negó, probablemente por consciencia de clase. Creo que no les hace ninguna gracia que este tipo de cosas pueda ocurrir. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, algo similar al actual movimiento de ocupación de las calles, posiblemente habrían tenido éxito.
Y no es el único proceso de este tipo que está teniendo lugar. De hecho, se han producido algunos con una entidad mayor. No hace mucho, el presidente Barack Obama tomó el control estatal de la industria automotriz, la propiedad de la cual estaba básicamente en manos de una miríada de accionistas. Tenía varias posibilidades. Pero escogió esta: reflotarla con el objetivo de devolverla a sus dueños, o a un tipo similar de propiedad que mantuviera su estatus tradicional. Otra posibilidad era entregarla a los trabajadores, estableciendo las bases de un sistema industrial autogestionado que produjera cosas necesarias para la gente. Son muchas, de hecho, las cosas que necesitamos. Todos saben o deberían saber que los Estados Unidos tienen un enorme atraso en materia de transporte de alta velocidad. Es una cuestión seria, que no sólo afecta la manera en que la gente vive, sino también la economía. Tengo una historia personal al respecto. Hace unos meses, tuve que dar un par de charlas en Francia. Había que tomar un tren desde Avignon, al sur, hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París. La distancia es la misma que hay entre Washington DC y Boston. Tardé dos horas. No sé si han tomado el tren que va de Washington a Boston. Opera a la misma velocidad que hace sesenta años, cuando mi mujer y yo nos subimos por primera vez. Es un escándalo.
Nada impide hacer en los Estados Unidos lo que se hace en Europa. Existe la capacidad y una fuerza de trabajo cualificada. Haría falta algo más de apoyo popular, pero el impacto en la economía sería notable. El asunto, sin embargo, es aún más surrealista. Al tiempo que desechaba esta opción, la administración Obama envió a su secretario de transportes a España para conseguir contratos en materia de trenes de alta velocidad. Esto se podría haber hecho en el cinturón industrial del norte de los Estados Unidos, pero ha sido desmantelado. No son, pues, razones económicas las que impiden desarrollar un sistema ferroviario robusto. Son razones de clase, que reflejan la debilidad de la movilización popular.

Cambio climático y armas nucleares

Hasta aquí me he limitado a las cuestiones domésticas, pero hay dos desarrollos peligrosos en el ámbito internacional, una suerte de sombra que planea sobre todo lo el análisis. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay amenazas reales a la supervivencia digna de las especies.
Una de ellas nos ha estado rondando desde 1945. Es una especie de milagro que la hayamos sorteado. Es la amenaza de la guerra nuclear, de las armas nucleares. Aunque no se habla mucho de ello, esta amenaza no ha dejado de crecer con el gobierno actual y sus aliados. Y hay que hacer algo antes de que estemos en problemas serios.
La otra amenaza, por supuesto, es la catástrofe ambiental. Prácticamente todos los países en el mundo están tratando de hacer algo al respecto, aunque sea de manera vacilante. Los Estados Unidos también, pero para acelerar la amenaza. Son el único país de los grandes que no ha hecho nada constructivo para proteger el medio ambiente, que ni siquiera se ha subido al tren. Es más, en cierta medida, lo están empujando hacia atrás. Todo esto está ligado a la existencia de un gigantesco sistema de propaganda que el mundo de los negocios despliega con orgullo y desfachatez con el objetivo de convencer a la gente de que el cambio climático es una patraña de los progres “¿Por qué hacer caso a estos científicos?”.
Estamos viviendo una auténtica regresión a tiempos muy oscuros. Y no lo digo en broma. De hecho, si se piensa que esto está pasando en el país más poderoso y rico de la historia, la catástrofe parece inevitable. En una generación o dos, cualquier otra cosa de la que hablemos carecerá de importancia. Hay que hacer algo, pues, y hacerlo pronto, con dedicación y de manera sostenible. No será sencillo. Habrá, por descontado, obstáculos, dificultades, fracasos. Es más: si el espíritu surgido el año pasado, aquí y en otros rincones del mundo, no crece y consigue convertirse en una fuerza de peso en el mundo social y político, las posibilidades de un futuro digno no serán muy grandes.

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175539/tomgram%3A_noam_chomsky%2C_a_rebellious_world_or_a_new_dark_age/#more




Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello

miércoles, 2 de mayo de 2012

OBAMA Y SU POLÍTICA EXTERIOR EN AMÉRICA LATINA

Amy Goodman

La campaña de reelección del Presidente Barack Obama lanzó su primera publicidad en idioma español esta semana, justo después de regresar de la Cumbre de las Américas. Obama estuvo tres días en Colombia, más tiempo que ningún presidente en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, el viaje estuvo marcado por un escándalo de prostitución que involucra a las Fuerzas Armadas y al Servicio Secreto de Estados Unidos. El General Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, declaró: “Decepcionamos al jefe, porque de lo único que se habla sobre Colombia es de este incidente”. Dempsey tiene razón. El incidente también funcionó como metáfora del modo en que el gobierno estadounidense trata a América Latina.
Once miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos y cinco miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense estarían implicados en el escándalo. Los oficiales supuestamente tuvieron encuentros con prostitutas en uno o en varios bares de Cartagena y se llevaron a alrededor de 20 mujeres al hotel. Algunas probablemente eran menores de edad. Todo esto debe ser investigado a fondo, pero también deberían analizarse las posiciones políticas que Obama promovió en Cartagena.
En primer lugar, su posición con respecto a la guerra contra las drogas. Sobre este tema el Presidente Obama declaró en la cumbre: “Es totalmente legítimo tener una conversación sobre si las leyes vigentes causan más daño que beneficio en determinados lugares. Mi posición personal y la de mi gobierno es que la legalización no es la respuesta”. Ethan Nadelmann, fundador y director ejecutivo de la Alianza por una Política de Drogas, con sede en Nueva York, me dijo que a pesar de la declaración predecible de Obama, esta cumbre demostró “la transformación del diálogo regional y mundial con respecto a las políticas sobre drogas....Es la primera vez en la historia que un presidente dice que estamos dispuestos a considerar la posibilidad de que las políticas de Estados Unidos con respecto a las drogas están causando más daño que beneficio en algunas partes del mundo”. Ethan Nadelman explica que esto es el resultado del creciente consenso existente en todo el espectro político latinoamericano, desde ex presidentes importantes como Vicente Fox, de México, que está a favor de la legalización de las drogas, hasta los actuales jefes de Estado, como el actual presidente mexicano, Felipe Calderón, que dijo que el principal problema es la voraz demanda de drogas en Estados Unidos.
Nadelman agregó: “También se da la situación un tanto inusual de Evo Morales, el presidente boliviano de izquierda y ex líder del sindicato de cocaleros, que alleccionó a Estados Unidos con una frase que podría ser una cita de Milton Friedman: '¿Cómo pretenden que reduzcamos la oferta si hay demanda?'. Entonces estamos ante el comienzo de un cambio. No creo que se pueda dar marcha atrás”.
Luego está el tema del comercio. Obama y el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, también anunciaron que el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia entraría en vigor el 15 de mayo. Los líderes sindicales tanto de Colombia como de Estados Unidos cuestionan el acuerdo debido a que Colombia es el peor país del mundo para realizar actividades sindicales. El asesinato de sindicalistas en ese país es moneda corriente: al menos 34 sindicalistas murieron en el último año y medio. Durante su primera campaña presidencial, Obama prometió oponerse al TLC con Colombia “porque la violencia contra los sindicatos en Colombia estaría en contradicción con las protecciones laborales que insistimos que se incluyan en este tipo de acuerdos”. Ese año, 54 sindicalistas colombianos fueron asesinados. El presidente de la central sindical estadounidense conocida como AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio “es muy decepcionante y preocupante”. Por su parte, los republicanos elogiaron a regañadientes a Obama por promover el TLC.
Con respecto a Cuba, Obama asumió la impopular postura de defender el bloqueo estadounidense. Incluso en Estados Unidos, las encuestas indican que una gran mayoría de la población y de las empresas apoyan que se ponga fin al bloqueo. Estados Unidos también logró, una vez más, impedir que Cuba asistiera a la cumbre, lo que incitó al presidente de Ecuador, Rafael Correa, a boicotear la reunión.
En respuesta a la intransigencia absoluta de Estados Unidos, los demás países del hemisferio occidental se están organizando. Greg Grandin, catedrático de Historia Latinoamericana de la Universidad de Nueva York, me dijo: “Los propios latinoamericanos están creado organismos que excluyen a Estados Unidos, que profundizan la integración política y económica entre ellos. Parece ser un lugar donde se reúnen para criticar las políticas de Washington con bastante eficacia”.
El Profesor Grandin comparó las políticas de Obama con respecto a América Latina con las de sus predecesores: “Los dos principales pilares de la política exterior estadounidense (profundizar el neoliberalismo y aumentar la militarización con respecto a las drogas) continúan en pie, se retroalimentan y han generado una gran crisis en el corredor que va desde Colombia, pasa por América Central y llega hasta México. Esta política ha sido un desastre total y no ha habido cambios”.
Se necesitará más que un escándalo de prostitución para encubrirla.
- Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 350 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

miércoles, 11 de abril de 2012

Si nos os rendís ahora os bombardearemos más adelante



Pepe Escobar
Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El expresidente de EE.UU. George W. Bush emitió un ultimátum a Sadam Hussein antes de bombardear e invadir Irak.

Nueve años después, el presidente de EE.UU. Barack Obama ha emitido un ultimátum a los dirigentes de Teherán Teherán antes de… establecer condiciones óptimas para un ejercicio de “todas las opciones sobre la mesa”.
Obama ofrece a Teherán la “negociación” de su programa nuclear, antes de las muy retardadas conversaciones entre los "Seis de Irán" (P5+1, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -EE.UU., Reino Unido, China, Rusia y Francia, más Alemania) e Irán programada para el sábado en Estambul.
Para comenzar, no es una oferta; es una lista de exigencias, incluso antes de que tenga lugar ninguna negociación. Y esas concesiones “a medio plazo” están embaladas –según la propia retórica del presidente– como una “última oportunidad”.
En los tiempos modernos, esto se solía considerar un ultimátum. En la era post-todo se considera la "diplomacia internacional".
Obama quiere que Teherán cierre y de hecho destruya la planta de enriquecimiento Fordow, construida bajo una montaña en las afueras de la ciudad sagrada de Qom; quiere que Teherán renuncie definitivamente y “entregue” todas sus reservas de uranio enriquecido al 20%; que detenga todo tipo de enriquecimiento, incluso hasta un inofensivo 5% (lo que significa que Irán renuncie a todo su programa nuclear civil, al cual tiene derecho según el Tratado de No Proliferación Nuclear); que permita el pleno acceso de los inspectores del organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a todas las instalaciones nucleares iraníes (ya lo tienen); y que permita que los inspectores hablen con todos los máximos científicos nucleares iraníes (no es exactamente posible; bastantes han sido asesinados por el Mossad israelí).
Por lo tanto, bienvenidos a la escuela de diplomacia de “date la vuelta y muérete” tal como ha sido perfeccionada por el gobierno de Obama, con una contribución vital del lobby de Israel en Washington. Es nuestro lado de la carretera. Y la carretera es al infierno, al sonido de “Bombardead, bombardead Irán”.

Otra guerra para el 1%

No es sorprendente que los proverbiales “funcionarios israelíes” estén deleitados de que Irán –a través de su Ministerio de Exteriores– haya rechazado esas exigencias como “irracionales”; para Tel Aviv, la respuesta iraní es “buena”.
“Buena” quiere decir que la lista de exigencias significa el inevitable fracaso de las conversaciones, que es el núcleo de la estrategia israelí. Después Obama podrá utilizar (lo utilizará) el fracaso como la excusa perfecta para aplicar sanciones aún más duras y quién sabe qué más.
Durante meses todo el aparato oficial israelí ha estado lavando los cerebros de la opinión pública israelí, estadounidense y europea a favor de la guerra contra Irán por todos los medios necesarios, manipulando todo desde una absurda “amenaza existencial” a la llegada de un “segundo Holocausto”.
Ahora toda la controversia con respecto a Fordow está vinculada al sesgo israelí de otro concepto tenebroso conocido como “esfera de inmunidad”. Tel Aviv insiste en que Fordow permitirá que Irán proteja los elementos más delicados de su programa nuclear, literalmente dentro de una montaña inmune a las más poderosas bombas revienta-búnkeres GBU-28 (que Obama, a propósito, aceptó vender a Israel).
Es una tontería absoluta. Tel Aviv inventó esa cortina de humo de la “esfera de inmunidad” después de que la actividad nuclear civil ya tenía lugar en Fordow, bajo supervisión del OIEA.
Sin embargo la cola vuelve a menear al perro. Washington vuelve a actuar bajo control remoto de Tel Aviv.
Los sondeos han mostrado que una mayoría de los israelíes –¿una demostración fabulosa de altruismo?– solo quiere una guerra contra Irán si el Gran Hermano EE.UU. la encabeza (y enfrenta las peores consecuencias). Y no importa que la nebulosa de la inteligencia israelí esté dividida.
El contexto es clave. Los 500 israelíes más ricos representan un valor de aproximadamente 75.000 millones de dólares. Eso en un país con un Producto Interno Bruto de solo 205.000 millones de dólares.
Las 20 familias israelíes más ricas controlan casi la mitad del mercado bursátil. En conjunto su riqueza es un 25% superior al presupuesto de Israel de 2011. ¿Y adivináis quiénes son? Los máximos partidarios de la coalición en el poder de Likud-Ysrael Beitenu, con el primer ministro Benjamin "Bibi" Netanyahu al timón. (Ysrael Beitenu está dirigido por el ministro de Exteriores Avigdor Lieberman).
Por lo tanto es la crema del 1% israelí la que quiere la guerra contra Irán, así como bastantes cucharadas de la crema del 1% de EE.UU.
La cuestión en todo este teatro de sombras de la “negociación” nuclear es vender a la opinión pública estadounidense –y mundial– la noción de que Irán vuelve a andarse con rodeos; tiene mucho que ocultar; y simplemente no se puede confiar en que participe en alguna negociación “seria”.
Los medios corporativos de EE.UU. ya han invalidado las negociaciones con los usuales misiles retóricos, lo que deleita a los belicistas de poltrona del Congreso de EE.UU. y a vastos sectores del complejo militar-industrial. Los que apoyan “Bombardead Irán” harán todo lo posible por sumar la “última oportunidad” de Obama a los ensordecedores tambores de la guerra.



Pepe Escobar es el autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge . Su nuevo libro, recién aparecido, es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto: pepeasia@yahoo.com .


Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/ND11Ak02.html

viernes, 23 de marzo de 2012

“Debemos poner a la gente a reírse de las corporaciones”




Pasaron varios años desde la explosión que significó Dead Kennedys, pero Biafra no ha perdido el filo. Y, según cuenta, aprendió algunas cosas sobre el arte de no dejarse atraer “por cadenas como CNN, que te torna cada vez más estúpido si la ves”.
Por Ana Asseo de Choch

Su disco más reciente, The Audacity of Hype, lo encuentra girando con su actual banda, The Guantanamo School of Medicine. Desde sus letras, todo en Jello Biafra es rebelión y cuestionamiento. “No puedo creer que la mayoría de la gente con la que hablé en Buenos Aires no conoce la Patagonia”, se lamenta. “¿Cómo es posible que no haya trenes recorriendo todo el país?” Parece estar más informado sobre la Argentina que más de un habitante local. “Aún no pudimos hacer lo mismo que ustedes, metiendo presa a gente como Videla. Y el problema es que muchos de nuestros políticos, como Ron Paul, se esconden detrás de leyes para legalizar las drogas o sacar las tropas de Afganistán, y los jóvenes los encuentran tan cool. Y en verdad, son tan racistas como el National Front europeo, y tienen a Obama y los suyos muertos de miedo.” Se define como un viejo anarquista que hoy comulga con gran parte de las ideas socialistas. Esta noche a las 21, en Niceto (Niceto Vega 5510), los porteños tendrán la posibilidad no sólo de ver a Jello Biafra and the GSM explotando en vivo, sino también de pensar si quieren empezar a formar parte de este glorioso estado de insurrección.
–¿Imaginan los estadounidenses a Sudamérica como una selva atestada de enfermedades mortales?
–Odio decirlo, pero puede que tenga razón, porque las noticias están tan censuradas en mi país que incluso cadenas como la CNN, que la gente aún cree que es una buena cadena de noticias, en realidad te torna cada vez más estúpido si la ves. Yo ahora la llamo “Corporate Cartoon McNews” (“Dibujo Animado Corporativo MacNoticias”). Algo que viene sucediendo durante los últimos treinta años, como mínimo, es que todo tipo de cadenas fue adquirida por grandes corporaciones, que entonces obtienen el control editorial sobre los contenidos, en pos de dirigirlos hacia su propio rédito económico. Pero también, cuando estas corporaciones de medios arrancaron, su actitud fue “No vamos a gastar plata en un departamento de noticias de calidad que haga profundas investigaciones. Sólo queremos hacer dinero”. Entonces, una de las cosas que hicieron fue cerrar todos los departamentos de noticias extranjeras, por lo que hay cada vez menos y menos reportes llegando de otros países... excepto si hay un terremoto, una guerra o algo así. Así que la mayor parte de los norteamericanos no tiene mucha idea acerca de nada de ningún otro país. Y, a su vez, el sistema educativo se tornó tan malo, porque justamente es ese mismo tipo de gente ocupándose de los presupuestos educativos, que muchos no ubican Argentina ni Sudamérica en el mapa; ni hablemos de que ubiquen sus estados. Y no bromeo.
–¿Es votar hoy, en Estados Unidos, casi una forma de insurrección?
–Me gustan muchos tipos de protesta. Creo en una insurrección en las calles, no violenta. En insurrección en los padrones. Y, también, en insurrección en cómo gastamos la plata. Yo no como en McDonald’s desde hace 30 años. Trato de darle la menor cantidad posible de dinero a los predadores corporativos globales, a las grandes cadenas de supermercados; cosas así. Nadie puede hacerlo en un 100%, excepto que se quiera ir a vivir a la selva y no hablar con nadie nunca más. Pero creo que es importante prestar atención, incluso si lo único que tenés son dibujitos animados que se mueven por la plata, es muy importante controlar quién es el intendente, quién el gobernador, quién lleva adelante la escuela, la universidad; quién va a decidir si usará el presupuesto en hacer una cancha de golf para los ricos en vez de techo para los pobres. Y qué es más importante: construir un estadio de fútbol o construir sistemas de trenes.
–Tomar conciencia...
–Tenés que parar y pensar: “A ver, la plata se junta con los impuestos. ¿Quién está a cargo de invertir esa plata?” Mucho dinero se queda en los gobiernos, que son tan corruptos que no la reinvierten en la gente. Incluso tenemos el referéndum, que permite votar por leyes específicas, por sí o por no, en determinado estado o ciudad. Pero tan poca gente presta atención a las competencias locales y a esos referendos, que cuando gente como yo participa tenemos muchas más posibilidades de meter buena gente y buenas leyes. Si no nos presentamos, no podemos lograr buenas leyes como marihuana medicinal, casamiento gay y demás. En cambio, triunfan leyes anti-inmigración, leyes del tipo “pasar el resto de tu vida en la cárcel por robarte una caja de cerveza”, leyes antidrogas terribles, etcétera. Es fundamental prestar atención a estas cosas. Yo dejé de votar por años, porque estaba harto del mismo juego de “elegí qué corrupto republicano querés”. Pero gente como Frank Zappa me metió de nuevo en eso, diciendo “No; prestá atención a las elecciones locales. Podemos hacer una diferencia, y no vamos a lograr nunca más estar arriba si no empezamos desde abajo”.
–¿Cómo se enfrenta el control de información e identidad?
–Creo que parte de la forma de rebelarse es, como individuo, enseñar alfabetismo de medios (media literacy) a cada uno que conozcas. La gente no debería graduarse de la escuela sin tener antes una clase de alfabetismo de medios, que hoy no tienen. Los padres necesitan enseñarles a los hijos, los chicos a sus padres, y todos necesitan enseñarles a sus amigos. Si lo único que sale de la TV es bosta, y lo mismo sale en Internet y en los diarios, planteáselo a otra gente. Ponelos a reír de todo eso junto a vos. Y una vez que esa revolución explote, la gente nunca va a volver a creer en los medios corporativos. En mi familia, si algo como la maldita guerra de Vietnam aparecía en la tele –ese tipo de imágenes que hoy ya no se muestran–, nos dejaban verlo. No decían “Pobrecitos, saquemos eso”. Se nos planteaba a mí y a mi hermana el tema de la guerra y su significado, desde que éramos muy chiquitos.
–Le despertaron la conciencia.
–Yo ya tenía opiniones formadas sobre racismo, guerra, brutalidad policíaca, corrupción, ambientalismo; de todo. Y además, mi padre se volvía loco de bronca o se mataba de risa cuando aparecían las propagandas. Y después, siempre me decía cosas como “Mirá, hijo; ¿ves esa mujer saltando, que trata de venderte un jabón para la ropa? En realidad no está excitada por el jabón. Es sólo una actriz; la contrató una corporación para venderte ese jabón y probablemente ni debe ser buen jabón”. Así que enseguida apliqué el detector de bosta frente a la escuela, frente a las noticias; incluso frente a mis padres, que no se esperaban que también los cuestionara a ellos, pero ahora nos llevamos bien. Pero me hizo una mejor persona. Y estoy muy agradecido por eso. A eso me refiero con “alfabetismo de medios”: cada cual debería ayudar al resto a desarrollar cada vez mejores detectores de bosta.
–Viene a la Argentina con una nueva banda, ¿qué tal suena?
–Con los dos guitarristas (Ralph Spight y Kimo Ball) es muy bueno ver cómo no hay competencia. Ralph (el de pelo corto), que es el que por lo general tiene la guitarra de blues, o la Les Paul, fue quien sugirió traer a Kimo, el otro guitarrista, desde el principio. Sabía que yo quería dos guitarras, y él quería a Kimo a toda costa. Así que Kimo dice que él y Ralph tienen una relación telepática, porque son tan amigos y tocaron tantas veces juntos. Andrew Weiss sigue en el bajo y tenemos un nuevo baterista: Paul Della Pelle, que viene de la escena del hardcore punk y perteneció a míticas bandas. Seguramente esta noche toquemos algunas canciones de los Dead Kennedys, pero como ya estuvimos en Buenos Aires, calculo que tocaremos más canciones de la GSM.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-24689-2012-03-23.html

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Qué intenciones tiene Irán?




Noam Chomsky
La Jornada


El número de enero-febrero de la revista Foreign Affairs ofrece un artículo de Matthew Kroenig titulado "Tiempo de atacar a Irán; por qué un ataque es la opción menos mala", junto con comentarios sobre otras formas de contener la amenaza iraní.
Los medios resonaron con advertencias sobre un posible ataque israelí contra Irán mientras Estados Unidos vacilaba, manteniendo abierta la opción de la agresión, con lo que sistemáticamente se viola la carta de Naciones Unidas, fundamento del derecho internacional.
Conforme aumentan las tensiones, los escalofriantes ecos de los preparativos para las guerras de Afganistán e Irak están en el aire. La febril retórica de la campaña de las elecciones primarias en Estados Unidos refuerza el resonar de los tambores de guerra.
Se le suelen atribuir a la "comunidad internacional" –nombre clave de los aliados de Estados Unidos– las preocupaciones por la "inminente amenaza" de Irán. Los pueblos del mundo, sin embargo, tienden a ver las cosas de otra manera.
Los países no alineados, movimiento de 120 naciones, han apoyado vigorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio, opinión que compartían la mayoría de los estadunidenses (encuestados por WorldPublicOpinion.org) antes de la inmensa ofensiva propagandística lanzada hace dos años.
China y Rusia se oponen a la política de Estados Unidos en Irán, como también India, que anunció que no acataría las sanciones estadunidenses y aumentaría el volumen de su comercio con Irán. Turquía ha seguido una línea similar.
Los europeos consideran a Israel como la mayor amenaza a la paz mundial. En el mundo árabe, Irán no es del agrado de nadie pero sólo una minoría muy pequeña lo considera una amenaza. Más bien, se calcula que Israel y Estados Unidos son las amenazas preminentes. La mayoría piensa que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. En Egipto, en vísperas de la primavera árabe, 90 por ciento tenía esta opinión, de acuerdo con encuestas de la Institución Brookings y Zogby International.
Los comentaristas occidentales han hablado mucho de que los dictadores árabes supuestamente apoyan la posición estadunidense sobre Irán, mientras pasan por alto el hecho de que la gran mayoría de la población está en contra, postura tan reveladora que no necesita comentarios.
En Estados Unidos, algunos observadores también han expresado desde hace tiempo sus preocupaciones por el arsenal nuclear de Israel. El general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos, declaró que las armas nucleares de Israel eran "peligrosas en extremo".
En una publicación del ejército de Estados Unidos, el teniente coronel Warner Farr advirtió que “un objetivo de las armas nucleares israelíes, que no suele decirse pero que es obvio, es ‘utilizarlas’ en Estados Unidos”, presuntamente para asegurar un apoyo continuo de Washington a las políticas israelíes.
Una preocupación primordial en estos momentos es que Israel trate de provocar alguna acción de Irán, que a su vez incitara un ataque de Estados Unidos.
Uno de los principales analistas estratégicos de Israel, Zeev Maoz, en "Defensa de Tierra Santa", un análisis exhaustivo de la política de seguridad y exterior de Israel, llega a la conclusión de que "el saldo de la política nuclear de Israel es decididamente negativo", dañino para la seguridad del Estado. Él más bien insta a Israel a buscar un tratado regional de proscripción de armas de destrucción masiva y crear una zona libre de ellas, como lo pedía ya en 1974 una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas.
En tanto, las sanciones de Occidente contra irán ya están teniendo los efectos acostumbrados, causando escasez de alimentos básicos, no para el clero gobernante sino para la población. No es de extrañar que la valerosa oposición iraní también condene las sanciones.
Las sanciones contra Irán podrían tener el mismo efecto que sus predecesoras contra Irak, que fueron condenadas por "genocidas" por los respetables diplomáticos de Naciones Unidas que las administraban y que finalmente renunciaron como una forma de protesta.
En Irak, las sanciones devastaron a la población y reforzaron a Saddam Hussein, con lo que probablemente le evitaron la suerte corrida por la galería de otros tiranos apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña, dictadores que prosperaron prácticamente hasta el día en que varias revueltas internas los derrocaron.
Existe una discusión poco creíble sobre lo que constituye exactamente la amenaza iraní, aunque tenemos una respuesta autorizada, proporcionada por las fuerzas armadas y los servicios secretos de Estados Unidos. Sus presentaciones ante el Congreso han dejado en claro que Irán no representa ninguna amenaza militar.
Irán tiene una capacidad muy limitada de desplegar sus fuerzas y su doctrina estratégica es defensiva, destinada a disuadir una invasión el tiempo necesario para que la diplomacia haga sentir sus efectos. Si Irán está desarrollando armas nucleares (lo cual todavía no está determinado), eso sería parte de su estrategia de disuasión.
El concepto que tienen los analistas israelíes y estadunidenses serios es expresado claramente por Bruce Riedel, veterano con 30 años de antigüedad en la CIA, quien en enero declaró que "si yo fuera un asesor de seguridad nacional iraní, querría tener armas nucleares" como factor de disuasión.
Otra acusación que Occidente presenta contra Irán es que la república islámica está tratando de ampliar su influencia en los países vecinos, atacados y ocupados por Estados Unidos y Gran Bretaña, y que apoya la resistencia a la agresión israelí en Líbano y a la ocupación ilegal de territorios palestinos, que cuentan con el apoyo de Estados Unidos. Al igual que su estrategia de disuasión de posibles actos de violencia por parte de países occidentales, se dice que las acciones de Irán son amenazas intolerables para el "orden global".
La opinión mundial concuerda con Maoz. Es abrumador el apoyo a la idea de establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente. Esa zona abarcaría Irán, Israel y, de preferencia, a esas otras dos potencias nucleares que se han negado a ingresar en el tratado de no proliferación nuclear, Pakistán e India, países que, al igual que Israel, desarrollaron sus respectivos programas con ayuda estadunidense.
El apoyo a esta política en la conferencia de revisión del tratado de no proliferación nuclear, en mayo de 2010, fue tan fuerte que Washington se vio obligado a aceptarla formalmente, pero con condiciones: la zona no entraría en efecto antes de lograr un arreglo de paz entre Israel y sus vecinos árabes; el programa de armas nucleares de Israel estaría exento de las inspecciones internacionales; y ningún país (entiéndase Estados Unidos) podría ser obligado a proporcionar información sobre "las instalaciones y las actividades nucleares israelíes, ni información relativa a transferencias anteriores de tecnología nuclear a Israel".
En la conferencia de 2010 se convocó a una sesión para mayo de 2012, para avanzar en el establecimiento de la zona libre de armas de destrucción masiva en Medio Oriente.
Sin embargo, con toda la alharaca en torno de Irán, hay muy poca atención a esa opción, que sería la forma más constructiva de manejar las amenazas nucleares en la región: para la "comunidad internacional", la amenaza de que Irán alcance la capacidad nuclear; para la mayor parte del mundo, la amenaza planteada por el único Estado de la región que tiene armas nucleares y un largo historial de agresiones y la superpotencia que lo patrocina.
No se puede encontrar ninguna mención al hecho de que Estados Unidos y Gran Bretaña tienen una responsabilidad única de dedicar sus esfuerzos a esa meta. Al tratar de darle una tenue cobertura legal a su invasión de Irak, esos países invocaron la resolución 687 de Naciones Unidas (1991), diciendo que Irak la estaba violando por construir armas de destrucción masiva.
Podemos pasar por alto esa declaración, pero no el hecho de que la resolución explícitamente compromete a los países signatarios a establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente.

Noam Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Massachusetts. El libro más reciente de Noam Chomsky es Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance, recopilación de sus artículos para The New York Times Syndicate.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/03/03/opinion/026a1mun

La ley HR347: 10 Años de Cárcel por Protestar


Luis Aguilar
Rebelión

Si hay una cosa que los Amos del Universo tienen muy claro es que —en el proceso de transición del actual Sistema Mundo Capitalista u otro Sistema Mundo aún desconocido, pero al parecer será más tenebroso que el de hoy— antes de que brote la ira de los siervos, hay que matar las semillas de la rebelión. Utilizando con un doble sentido el concepto de la "seguridad nacional" —la seguridad de que a la población civil se le está despojando de sus derechos para que no interrumpa con las decisiones de los de arriba— los dueños del poder están construyendo un cerco de leyes (sic) para controlar firmemente a las grandes masas de siervos.
—Papá, papá, ¿has oído que nos están quitando nuestros derechos civiles? — Eso no se come hijo, mientras haya trabajo, dinero, comida, carro y donde vivir, no hay de qué preocuparse.
A la ya conocida Acta de Autorización de la Defensa Nacional, firmada por Obama el 31 de diciembre pasado y que permite la detención indefinida sin juicio, hasta otros proyectos de ley que están en el Congreso y que proponen aplicar la mencionada Acta a los ciudadanos estadounidenses o retirarles su ciudadanía si son sospechosos de "terrorismo", pasando por la "autoridad" que tiene el presidente de ordenar la eliminación de un ciudadano estadounidense "sospechoso" de ser terrorista, ahora se suma una nueva ley que acabará con las protestas ciudadanas en las calles. La nueva legislación es la HR347, el Federal Restricted Buildings and Grounds Improvement Act of 2011, también conocida como “El proyecto de ley del traspaso”, que fue firmada como ley por el Presidente Obama el pasado 8 de marzo (1). Esta ley criminaliza eficazmente las protestas y, qué duda cabe, afectará directamente a los grupos y movimientos de protesta como Ocupemos Wall Street. Esta legislación establece que cualquier persona que con conocimiento “entre o permanezca en cualquier edificio o terreno (de acceso) restringido sin la autoridad legal para hacerlo”, con el “intento de impedir o interrumpir las acciones del gobierno o labores oficiales, y se involucra en una conducta desordenada o interfiere dentro, o cerca a, cualquier edificio o terreno (de acceso) restringido” o “impide o interrumpe la conducta ordenada de las actividades del gobierno o de las labores oficiales”, serán castigados con una multa o “o el encarcelamiento por no más de 10 años, o ambos”. (Entrecomillado agregado)
—Hey Arturito, agarra tu mochila y vamos para la marcha de protesta en Wall Street. —¡Estás loco! Yo no quiero terminar como canario.
Y ya existen muchos problemas con esta ley, pues no intenta definir claramente lo que es “impedir o interrumpir la conducta ordenada de las actividades del gobierno o las funciones oficiales”, ni especifica que son las “actividades del gobierno” o qué es una “función oficial”. Esta imprecisión permitirá que el gobierno y las fuerzas policiales sofoquen con eficacia las protestas y la libertad de expresión, criminalizando así acciones tales como las próximas protestas de Ocupa Chicago anti-NATO/G-8. Además, dicha ley hará imposible que los estadounidenses ejerciten sus derechos de la primera enmienda cuando en las “las actividades del gobierno” están ocurriendo “asuntos oficiales”. Así, esta ley permitiría que los agentes encargados de hacer cumplir la ley federal (como el Servicio Secreto o la policía local, por ejemplo) “presenten cargos contra las personas involucradas en protestas políticas en cualquier parte del país", lo que será el principio del camino para que "los violadores de esta ley enfrenten penas criminales que incluyen el encarcelamiento hasta por 10 años”. Entonces, sin una definición clara de que tipo de actos pueden ser castigados bajo esta ley, la misma está para el abuso oficial, como la policía de la Ciudad de Nueva York lo ha hecho en las protestas de Ocupemos Wall Street, bajo la noción de que tomar las fotos y grabar vídeos es una forma de "conducta desordenada". Hasta la libertad de prensa caerá bajo la tiranía de esta ley. Finalmente, tampoco es de sorprenderse que los legisladores en el Congreso de los Estados Unidos —súbditos leales al verdadero poder— que, irónicamente, son electos con el voto de las masas, son los que aprobaron esta ley. En la Casa de Representantes solo tres congresistas votaron contra la medida: Paul Broun, Justin Amash y Ron Paul, irónicamente tres Republicanos.
— Tío ¿por qué está colocando una copia de los Derechos Civiles en un cofre? — Porque ya son una reliquia del pasado, sobrino.
Notas: (1) http://www.sott.net/articles/show/242766-Obama-Signs-Anti-Protest-Trespass-Bill-H-R-347

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 18 de febrero de 2012

¿Adónde irán los Indignados y los "ocupas"?


Leonardo Boff
Alainet


En una de las mesas más importantes de debates en el Foro Social Temático de Porto Alegre, en la tuve la oportunidad de participar, pude escuchar los testimonios vivos de los Indignados de España, de Londres, de Egipto y de Estados Unidos. Lo que me dejó muy impresionado fue la seriedad de los discursos, lejos del tono anárquico de los años 60 del siglo pasado con sus muchas «parole». El tema central era «democracia ya». Se reivindicaba otra democracia, bien diferente de esta a la que estamos acostumbrados, que es más farsa que realidad. Quieren otra democracia que se construya a partir de la calle, de las plazas, el lugar del poder originario. Una democracia desde abajo, articulada orgánicamente con el pueblo, transparente en sus procedimientos y no corroída nunca más por la corrupción. Esta democracia, de entrada, se caracteriza por vincular justicia social con justicia ecológica.
Curiosamente, los indignados, los ocupas y los de la primavera árabe no se remiten al clásico discurso de las izquierdas, ni siquiera a los sueños de las distintas ediciones del Foro Social Mundial. Nos encontramos en otro tiempo y ha surgido una nueva sensibilidad. Se postula otro modo de ser ciudadano, incluyendo poderosamente a las mujeres antes invisibilizadas, ciudadanos con derechos, con participación, con relaciones horizontales y transversales facilitadas por las redes sociales, por el móvil, por el twitter y por los facebooks. Nos encontramos ante una verdadera revolución. Antes las relaciones se organizaban de forma vertical, de arriba abajo. Ahora lo hacen de forma horizontal, hacia los lados, en la inmediatez de la comunicación a la velocidad de la luz. Este modo representa el tiempo nuevo que estamos viviendo, el de la información, del descubrimiento del valor de la subjetividad, no aquella de la modernidad, encapsulada en sí misma, sino la de la subjetividad relacional, la de la emergencia de una conciencia de especie que se descubre dentro de una misma y única Casa Común, que amenaza ruina a causa del excesivo pillaje practicado por nuestro sistema de producción y de consumo.
Esta sensibilidad no tolera ya más los métodos del sistema para superar la crisis económica y derivadas, saneando los bancos con el dinero de los ciudadanos, imponiendo una severa austeridad fiscal, el desmantelamiento de la seguridad social, el abaratamiento del empleo, el recorte de las inversiones, suponiendo ilusamente que de esta forma se reconquista la confianza de los mercados y se reanima la economía. Tal concepción se ha vuelto dogma y en muchas partes se oye la estúpida muletilla "TINA: there is no alternative”, no hay alternativa. Los sacrílegos sumos sacerdotes de la trinidad nada santa formada por el FMI, la Unión Europea y el Banco Central europeo han dado un golpe financiero en Grecia e Italia, y han impuesto allí a sus acólitos como gestores de la crisis, sin pasar por el rito democrático. Todo es visto y decidido desde la óptica exclusiva de lo económico, rebajando lo social y aumentando el sufrimiento colectivo innecesario, la desesperación de las familias y la indignación de los jóvenes porque no consiguen trabajo. Todo esto puede desembocar en una crisis de consecuencias dramáticas.
Paul Krugmann, premio Nobel de economía, pasó unos días en Islandia para estudiar la forma como ese pequeño país ártico salió de su crisis avasalladora. Siguieron el camino correcto que otros también deberían haber seguido: dejaron quebrar a los bancos, pusieron en prisión a los banqueros y especuladores que practicaron desfalcos, reescribieron la constitución, garantizaron la seguridad social para evitar el colapso generalizado y consiguieron crear empleo. Consecuencia: el país salió del atolladero y es uno de los países nórdicos que más crece. El camino islandés ha sido silenciado por los medios de comunicación de masas mundiales por temor a que sirva de ejemplo a los demás países. Y así el carruaje, con medidas equivocadas pero coherentes, corre veloz hacia el precipicio.
Contra este curso previsible se oponen los Indignados. Quieren otro mundo más amigo de la vida y respetuoso de la naturaleza. Tal vez Islandia les servirá de inspiración. ¿Hacia dónde irán? Quién sabe. Seguramente no en la dirección de los modelos del pasado, ya agotados. Irán en dirección de aquello que decía Paulo Freire de lo «inédito viable» que nacerá de ese nuevo imaginario y que se expresa, sin violencia, dentro de un espíritu democrático-participativo. En cualquier caso, el mundo ya nunca será como antes, y mucho menos como a los capitalistas les gustaría que fuese.


Leonardo Boff es Teólogo y Filósofo

Fuente: http://alainet.org/active/52851

miércoles, 8 de febrero de 2012

El gran ayatolá de la amenaza nuclear

El gran ayatolá de la amenaza nuclear


William Blum

Znet

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Oh Señor todopoderoso, gerifalte de las amenazas. Gran ayatolá de la amenaza nuclear.

Como todos sabemos de sobra, EE.UU. e Israel odian la idea de que Irán posea armas nucleares. Ser “la única potencia nuclear en Medio Oriente” es una gran carta en manos de Israel. Pero –en el mundo real, no el de la propaganda–, ¿teme realmente USrael un ataque de un Irán con armas nucleares? En caso que lo hayáis olvidado…

En 2007, en una discusión privada, la ex ministra de exteriores israelí Tzipi Livni dijo que a su juicio “las armas nucleares iraníes no plantean una amenaza existencial para Israel”. “También criticó el uso exagerado que el primer ministro [israelí] Ehud Olmert hacía del asuntro de la bomba iraní, y afirmó que intenta unir al público a su alrededor abusando de sus temores más básicos” [1].

2009: “Un alto funcionario israelí en Washington” afirmó que “es poco probable que Irán utilice sus misiles en un ataque [contra Israel] ante la seguridad de represalias” [2].

En 2010, el Sunday Times de Londres (10 de enero) informó de que el brigadier general Uzi Eilan, héroe de la guerra, pilar del establishment de la defensa israelí y ex director general de la Comisión de Energía Atómica de Israel, “cree que probablemente Irán necesitará siete años para hacer armas nucleares”.

A principios del mes oasado el secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, dijo a una audiencia en la televisión: “¿Está [Irán] tratando de desarrollar un arma nuclear? No, pero sabemos que trata de desarrollar una capacidad nuclear” [3].

Una semana después pudimos leer en el New York Times (15 de enero) que “tres destacados expertos israelíes de seguridad -el jefe del Mossad, Tamir Pardo, un ex jefe del Mossad, Efraim Halevy, y un ex jefe del estado mayor militar, Dan Halutz– declararon recientemente que un Irán nuclear no planteará una amenaza existencial para Israel”.

Unos días depués el ministro de Defensa israelí Ehud Barak, tuvo el siguiente diálogo en una entrevista en la Radio del Ejército Israelí (18 de enero):

Pregunta: ¿Considera Israel que Irán todavía no ha decidido convertir su potencial nuclear en armas de destrucción masiva?

Barak: Hay quien pregunta si Irán está decidido a salir ahora mismo del régimen de control [inspección]… en un intento de obtener armas nucleares o una instalación operable lo más pronto posible. Aparentemente no es así.

Finalmente tenemos al director de Inteligencia Nacional de EE.UU., James Clapper, en un informe al Congreso: “No sabemos, sin embargo, si Irán terminará por decidir a favor de la construcción de armas nucleares… Hay “ciertas cosas que [los iraníes] no han hecho” y serían necesarias para construir una ojiva [4].

Admisiones semejantes –y hay otras– nunca llegan a los titulares de los medios de masas estadounidenses; por cierto, se informa solo ligeramente; y a veces se distorsiona. En Public Broadcasting System (PBS News Hour, 9 de enero), la red no comercial muy apreciada por los ‘liberales’ estadounidenses, se informó de la cita de Panetta como sigue: “Pero sabemos que trata de desarrollar una capacidad nuclear, y es lo que nos preocupa”. Omitieron de modo flagrante las palabras precedentes: “¿Está tratando de desarrollar un arma nuclear? No…” [5]

Uno de los destacados historiadores militares de Israel, Martin van Creveld, fue entrevistado por la revista Playboy en junio de 2007

Playboy: ¿Puede vivir el mundo con un Irán nuclear?

Van Creveld: EE.UU. ha vivido con una Unión Soviética nuclear y una China nuclear, ¿por qué entonces no puede hacerlo con un Irán nuclear? He investigado como se opuso EE.UU. en el pasado a la proliferación y cada vez que un país estaba a punto de proliferar, EE.UU expresó su oposición en términos de que dicho páís era muy peligroso y no merecía tener armas nucleares. Los estadounidenses creen que son los únicos que merecen tener armas nucleares, porque son buenos y democráticos y les gustan la madre, la tarta de manzanas y la bandera. Pero los estadounidenses son los únicos que las han usado… No estamos en ningún peligro de que nos lancen una bomba nuclear iraní. Sin embargo, no lo podemos decir demasiado abiertamente, porque tenemos una historia de aprovechar cualquier amenaza para conseguir armas… gracias a la amenaza iraní, estamos obteniendo armas de EE.UU. y Alemania”.

Y durante todos estos años, regularmente, los funcionarios israelíes y estadounidenses nos han estado asegurando que Irán es la Amenaza Nuclear Número Uno del Mundo, que no podemos bajar la guardia frente a ellos, que no debe haber límites en las severas sancione que imponemos al pueblo iraní y a su gobierno. Los repetidos asesinatos e intentos de asesinato de científicos nucleares iraníes, el sabotaje de equipamiento nuclear iraní con virus informáticos, la venta de componentes y materias primas defectuosas, accidentes de aviación que no se explican, explosiones en instalaciones iraníes… ¿Quién puede ser responsable si no USrael? ¿Cómo lo sabemos? Se llama “puro sentido común”. ¿O pensáis que fue Costa Rica? ¿O tal vez Sudáfrica? ¿O tal vez Tailandia?

El secretario de Defensa Panetta comentó recientemente sobre uno de los asesinatos de un científico iraní. Lo dijo sucintamente: “No es lo que hace EE.UU.” [6].

¿Alguien conoce la dirección de correo electrónico de Leon Panetta? Quisiera enviarle mi lista de complots de asesinatos de EE.UU. Más de 50 dirigentes extranjeros fueron objeto durante los años, muchos con éxito [7].

No hace mucho, USrael consideraba a Iraq e Irán las amenazas más importantes a la hegemonía israelí en Medio Oriente. Por lo tanto nació el mito de las Armas de Destrucción Masiva de Iraq, y EE.UU. procedió a devastar Iraq. Solo quedó Irán, y por lo tanto nació el mito de la Amenaza Nuclear Iraní. Cuando se comenzó a comprender que en realidad Irán no era tal amenaza nuclear, o que costaba demasiado convencer al resto del mundo de esa “amenaza”, USrael decidió que, por lo menos, quería un cambio de régimen. El paso siguiente fue bloquear el cordón umbilical de Irán, sus ventas de petróleo utilizando el Estrecho de Ormuz. Ergo, los recientes refuerzos navales de EE.UU. y de la UE cerca del Golfo Pérsico, son un acto de guerra para provocar a Irán para que dispare el primer tiro. Si Irán trata de contrarrestar ese bloqueo sería la señal para otro caso demencial de EE.UU., el cuarto en una década, con los pueblos devastados de Libia y Afganistán, junto a Iraq, que gozan actualmente del singular obsequio estadounidense de libertad y democracia.

El 11 de enero, el Washington Post informó: “Aparte de influenciar directamente a los dirigentes iraníes, [un funcionario de la inteligencia de EE.UU.] dice que otra opción en este caso es que [las sanciones] crearán odio y descontento al nivel de la calle para que los dirigentes iraníes se den cuenta de que tienen que cambiar su modo de ser”.

¡Qué extremadamente encantadores, esas tácticas y objetivos del líder de “El Mundo Libre”! (¿Siguen utilizando esa expresión?)El pensamiento neoconservador (y a Barack Obama se le puede considerar un frecuente compañero de ruta de los neoconservadores) es aún más encantador que eso. Escuchad a Danielle Pletka, vicepresidente de estudios de política exterior y de defensa del think-tank neoconservador más destacado de EE.UU., American Enterprise Institute:

El mayor problema para EE.UU. no es que Irán obtenga un arma nuclear y la pruebe, es que Irán obtenga un arma nuclear y no la use. Porque desde el segundo en que la tengan y no hagan nada malo, todos los opositores volverán y dirán: ‘Veis, os dijimos que Irán es una potencia responsable. Os dijimos que Irán no buscaba armas nucleares a fin de utilizarlas de inmediato’ … Y terminarán por definir que Irán con armas nucleares no es un problema [8].

¿Cómo hemos de interpretar eso y todas las demás citas mencionadas? Pienso que tiene que ver con mi opinión original: Ser “la única potencia nuclear en Medio Oriente” es la gran carta en manos de Israel. ¿Está dispuesto USrael a ir a la guerra para conservar esa carta?

Por favor, dígamelo de nuevo… ¿De qué trata la guerra de Afganistán?

Cuando la guerra de EE.UU. en Iraq ha llegado supuestamente a una buena conclusión (o medio decente… o mejor que nada… o vámonos lo antes posible mientras todavía quedemos alguno entero y haya algunos iraquíes a los que no hayamos matado), los mejores y los más brillantes en nuestro gobierno y los medios vuelven sus pensamientos a qué hacer respecto a Afganistán. Parece que nadie logra recordar, si alguna vez lo supo, que Afganistán no tenía que ver realmente con el 11-S o con la lucha antiterrorista (excepto los numerosos motivos que EE.UU. ha creado mediante su invasión y ocupación) sino con los oleoductos.

El presidente Obama declaró en agosto de 2009: “Pero nunca debemos olvidar que esta no es una guerra por elección. Es una guerra de necesidad. Los que atacaron EE.UU. el 11-S están complotando para volver a hacerlo. Si no se controla, la insurgencia talibana será un refugio aún más grande desde el cual al Qaida conspirará para matar más estadounidenses” [9].

No importa que de las decenas de miles de personas que EE.UU. y su frente de la OTAN han matado en Afganistán ni a una sola se la haya podido relacionar con los sucesos del 11 de septiembre de 2001.

No importa que la “conspiración para atacar EE.UU.” en 2001 se preparase en Alemania y España y en EE.UU., más que en Afganistán. ¿Por qué no ha bombardeado EE.UU. esos países?

Por cierto, ¿qué se necesitaba realmente para conspirar a fin de comprar pasajes de avión y tomar lecciones de vuelo en EE.UU.? ¿Una habitación con algunas sillas? ¿Qué significa un refugio aún mayor? ¿Una habitación más grande con más sillas? ¿Tal vez una pizarra? Los terroristas que quieran atacar EE.UU. pueden reunirse en cualquier sitio y Afganistán es probablemente uno de los peores sitios para ellos, en vista de la ocupación estadounidense.

La única “necesidad” que atrajo a EE.UU. a Afganistán fue el deseo de establecer una presencia militar en ese país vecino de la región del Mar Caspio de Asia Central –que según las informaciones contiene las mayores reservas probadas de petróleo y gas natural del mundo– y de construir oleoductos y gasoductos desde esa región pasando por Afganistán.

Afganistán está bien situado para los conductos energéticos a fin de servir gran parte del sur de Asia, conductos que pueden evitar países que todavía no son clientes de Washington, Irán y Rusia. Si los talibanes no atacan esos conductos. Richard Boucher, Secretario Adjunto de Estado para Asuntos de Asia del Sur y Central, dijo en 2007: “Uno de nuestros objetivos es estabilizar Afganistán, a fin de que se pueda convertir en un conducto y un centro entre Asia del Sur y Central para que la energía pueda fluir hacia el sur” [10].

Desde los años ochenta se ha planificado todo tipo de conductos para el área que se han ido retrasando o cancelando por uno u otro problema militar, financiero o político. Por ejemplo, el denominado gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India) cuenta con fuerte apoyo en Washington, ansioso de bloquear un gasoducto competidor que llevaría gas a Pakistán e India desde Irán.

TAPI se remonta a fines de los años noventa, cuando el gobierno talibán mantuvo conversaciones con la compañía petrolera basada en California Unocal Corporation. Las negociaciones se llevaron a cabo con el pleno conocimiento del gobierno de Clinton, y no fueron afectadas por la extrema represión de la sociedad de los talibanes. Los funcionarios talibanes incluso viajaron a EE.UU. para mantener negociaciones [11]. Testificando ante el Subcomité de la Cámara sobre Asia y el Pacífico el 12 de febrero de 1998, el representante de Unocal mencionó la importancia del proyecto del gasoducto y las crecientes dificultades de la negociación con los talibanes:

Las reservas totales de petróleo de la región pueden llegar a más de 60.000 millones de barriles de petróleo. Algunos cálculos los ascienden a 200.000 millones de barriles… Desde el principio hemos dejado claro que la construcción del oleoducto que hemos propuesto pasando por Afganistán no podría comenzar hasta que haya un gobierno reconocido que tenga la confianza de gobiernos, dirigentes, y de nuestra compañía.

Cuando esas conversaciones se atascaron en julio de 2001 el gobierno de Bush amenazó a los talibanes con represalias militares si el gobierno no satisfacía las demandas estadounidenses. Las conversaciones finalmente se rompieron definitivamente el mes siguiente, un mes antes del 11-S.

EE.UU. se ha mostrado ciertamente serio respecto a las áreas de petróleo y gas del Mar Caspio y del Golfo Pérsico. Mediante una guerra u otra comenzando con la Guerra del Golfo de 1990-1991, EE.UU. ha logrado establecer bases militares en Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Catar, Omán, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajstán.

La guerra contra los talibanes no se puede "ganar" a menos que matemos a todos en Afganistán. EE.UU. puede tratar de volver a negociar alguna forma de seguridad del oleoducto con los talibanes, luego irse, y cantar “victoria”. Seguramente Barack Obama puede pronunciar un elocuente discurso de victoria desde su teleapuntador. Podría incluso incluir las palabras “libertad” y “democracia”, pero ciertamente no “oleoducto”.

Quiéreme, quiéreme, quiéreme, quiéreme, soy ‘liberal’ (Gracias, Phil Ochs. Te echamos de menos.)

Angela Davis, estrella de los años sesenta, como la mayoría de los miembros del Partido Comunista, no era/es más radical que el ‘liberal’ estadounidense promedio. Recientemente se dirigió a Ocupa Wall Street: “Cuando dije que necesitamos un tercer partido, un partido radical, estaba proyectando hacia el futuro. No podemos permitir que un republicano llegue a presidente... ¿No recordamos cómo fue cuando Bush era presidente?” [12].

Sí, Angela, recordamos esos días. ¿Cómo olvidarlos ya que Bush, según todos los estándares importantes, sigue en la Casa Blanca? ¿Librando su guerra perpetua, la vigilancia implacable de la ciudadanía, lamiendo el culo a las corporaciones, la brutalidad policial? … ¿Qué ha cambiado? Excepto para peor. ¿Dónde quedó nuestro seguro nacional de salud financiado por los impuestos y organizado por el gobierno? ¿Dónde está nuestra educación universitaria asequible? Todavía la más retrógrada en el mundo “desarrollado”. ¿Dónde está nuestra marihuana legalizada, quiero decir verdaderamente legalizada? Si piensas que eso ha cambiado, debes estar drogada. ¿Dónde quedó nuestro aborto voluntario? ¿Qué piensa de eso nuestro Barack? ¿Están rescatando del olvido a los sindicatos indispensables? ¡Ah! ¿El ultra-importante salario mínimo? Ajustado a la inflación, igual que el de mediados de los años cincuenta.

¿Ha cesado la amenaza estadounidense al medio ambiente y ha cesado el movimiento ecológico mundial? Ve a decírselo a un activista-internacionalista dedicado. ¿Ha terminado el embargo de 50 años contra Cuba? No ha terminado, y todavía no puedo ir allá legalmente. ¿La Guerra contra el Terror del estado policial en el interior? Apenas pasa un mes sin que el FBI atrape a algunos jóvenes “terroristas”. ¿Y hay más bánksteres y estafadores de la sociedad de Wall Street encarcelados (excepto algunos inofensivos traficantes con información confidencial)? Nómbrame a uno. ¿Las necesarias regulaciones realmente duras del área financiera? Sigue esperando. ¿Y están arrestando a los ejecutivos de la Compañía Derramadora de Petróleo BP? ¿O a criminales de guerra, asesinos masivos, y torturadores con nombres como… Oh, no sé… veamos, tal vez como Cheney o Bush o Rumsfeld o Wolfowitz o alguien con un nombre raro como Condoleezza? Todos andan completamente libres, todos vitoreados.

“Una importante decadencia de EE.UU. progresista ocurrió durante los años de Clinton mientras numerosos ‘liberales’ y sus organizaciones aceptaron la presencia de un presidente demócrata como sustituto adecuado para las cosas en las que solían creer los ‘liberales’. El ‘liberalismo’ y un espíritu socialdemócrata dolorosamente cultivado durante los 60 años anteriores se marchitaron durante el gobierno de Clinton”, Sam Smith [13].

“Un cambio de presidentees como un cambio en las campañas publicitarias de una gaseosa; el producto en sí no cambia de gusto, pero ahora tiene una nueva ‘imagen’, Richard K. Moore.



Notas

1. Haaretz.com (Israel), 25 de octubre de 2007; edición impresa 26 de octubre (?)
2. Washington Post, March 5, 2009?
3. "Face the Nation", CBS, January 8, 2012;
4. The Guardian (London), January 31, 2012"
5. "PBS's Dishonest Iran Edit", FAIR (Fairness and Accuracy in Reporting), January 10, 2012
6. Reuters, January 12, 2012
7. http://killinghope.org/bblum6/assass.htm
8. Video de Pletka haciendo estas observaciones.
9. Discurso pronunciado por el presidente en la Convención de Veteranos de Guerras en el Exterior, 17 de agosto de 2009.
10. Discurso en la Paul H. Nitze School for Advanced International Studies, Washington, DC, 20 de diciembre de 2007
11. Vea, por ejemplo, el artículo del 17 de diciembre de 1997 en el periódico británico The Telegraph, "Oil barons court Taliban in Texas".
12. Washington Post, January 15, 2012
13. Sam Smith fue mucho tiempo editor y periodista en Washington, DC, ahora vive en Maine.

William Blum es autor de Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Rogue State: a guide to the World’s Only Super Power y West-Bloc Dissident: a Cold War Political Memoir. Para contactos: BBlum6@aol.com

Fuente: Killinhope.org

Fuente: http://www.zcommunications.org/the-grand-ayatollah-of-nuclear-menace-by-william-blum