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jueves, 21 de julio de 2011

EL ESQUIVO ÁNGEL DE LA HISTORIA EN IRAK

EL ESQUIVO ÁNGEL DE LA HISTORIA EN IRAK


Feliciano García Aguirre



Una irracionalidad circunstancial es casi siempre el producto de una irracionalidad estructural de mayor magnitud.
Perry Anderson (1)

¿Es posible evitar las guerras o triunfar sin luchar? Analizar los aspectos concretos del origen de los conflictos bélicos, los intereses involucrados y su posterior evolución puede ofrecernos sugerentes formas de entender el mundo en que vivimos, remarcando que poco lograríamos penetrar en tales decursos sin incorporar penetrantes miradas históricas.

¿Qué papel ha desempeñado la guerra en el contexto de las diferentes formas de sociedad, desde las primeras ciudades-Estado hasta el momento actual?. Gopal Balakrishnan (2) articula ésta pregunta estrechamente ligada al papel de los estados liberales en la consecución de las guerras, como forma normalizada de solución a los conflictos. La relevancia de éstas cuestiones a nuestro juicio convoca a los amantes de la paz, deseosos de encontrar soluciones políticas a los conflictos armados que tanta ruina y maltrato traen consigo.

Ante la inmediatez que nos impone la orientación dominante de los medios de comunicación, el ángel de la historia (3) con frecuencia se niega a seguir mirando hacia atrás. ¿Cuantos fueron los periodos de paz en Occidente durante todo el siglo XX y lo que va del presente? ¿Tenemos conciencia de ello? Los horrores no son pocos, las lecciones parecen estar preñadas de amnesia colectiva, de una amnesia que a la menor provocación se evade frenéticamente para abandonar las pesadillas.

Muchos de los sonados “triunfos” bélicos han sido poco más que quimeras, ilusiones que el paso del tiempo llama a arrepentimientos incontables. Las ponderaciones al respecto pueden ser negativas o positivas, coincidentes con las posturas que adoptemos, sean éstas a favor de la guerra o de la paz. Si mirásemos las experiencias humanas en su larga duración sin cuestionarlas, a lo mejor estaríamos tentados a aceptar opiniones definitivistas, como las que frecuentemente circulan entre académicos, políticos y analistas.

Desde tiempos inmemoriales tanto primitivos como civilizados, no han cesado de matarse los unos a los otros. Empujados por el hambre o el odio, por la sangre u orgullo, por fe o por superstición, por deseo de aventuras o por la excesiva estupidez, por vanidad o por honor, por pobreza o por riqueza, por cualquier causa (…) han gastado sus mejores fuerzas en luchar, en arruinar y en destruirse los unos a los otros. Asaltantes o asaltados sólo ven en la paz el intervalo entre dos guerras. (4)

Al lado de este tipo de posturas se hallan los empeños de quienes piensan y están convencidos de que es posible vivir en paz. En cambio quienes hacen las guerras y las mantienen como negocio piensan de muy otra manera, usan sin reparo mercenarios en forma de compañías privadas de seguridad compuestas por exmilitares, además de tropas regulares sin inmutarse. En la librada por Estados Unidos (EU) en Irak esa combinación es usual, un informe revelaría a propósito de las incursiones norteamericanas que: Las compañías militares privadas cuentan con 25 mil efectivos en Irak, constituyen la segunda fuerza de ocupación, después de Estados Unidos y superior al Ejército británico… un informe de la Oficina de la Contraloría de Estados Unidos (Government Accountability Office) reportó que desde 2003 se han otorgado contratos por un valor de más de 766 millones de dólares a las compañías privadas de seguridad. (5)

Las compañías militares privadas se han puesto por encima de los tratados de la Convención de Ginebra y han crecido a la sombra de los Estados en guerra o poderes que hoy llamamos fácticos. Su estrategia indirecta es tan antigua como la de los condotieros, capitanes de las tropas mercenarias en el siglo XV, cuyo origen es la condotta, el contrato entre el capitán de los mercenarios y el gobierno de las ciudades-Estado italianas que los empleaba.

El principal mandamiento de los condotieros fue: todo arte militar se basa en el engaño. Por esa razón, cuando se está en condiciones de atacar se debe simular lo contrario; cuando nos movilicemos con las tropas, debemos parecer inactivos; cuando nos aproximemos, el enemigo debe pensar que nos encontramos lejos; cuando estemos lejos, debe pensar que nos hallamos muy cerca, ofrecer señuelos para atraer al enemigo, simular desorden para aniquilarlo. Rastrear éstas estratagemas sin duda podría conducirnos hasta los tiempos de Sun Tzu y su magnífica obra El arte de la guerra. Obra que por cierto hora ha pasado a ser utilizada por diversas escuelas de negocios en Occidente para el diseño de estrategias empresariales. (6)

Los relatos históricos sobre batallas y confrontaciones bélicas muestran casi siempre los delicados tejidos sociales implicados en las conflagraciones humanas. Pueden incluso dejarnos con el desagradable sabor de las historias repetidas que alimentan el conformismo del nada nuevo bajo el sol. No obstante también, anima los nunca más! El no volvamos a repetirlo! La humanidad no puede permitirlo! Los optimistas tampoco faltan, esos empeñosos comprometidos con lograr la paz en donde quiera que exista un conflicto, quienes son tan fuertes que pueden parecernos obcecados. Comparar de manera sucinta los esfuerzos para lograr la paz con los de mantener la guerra en Irak es un compromiso ético vivo que intentamos desbrozar aquí.

Finlandia

El tres de septiembre del 2007 en los medios impresos de Occidente se publicó una escueta nota sobre la pasada reunión de Finlandia denominada: Seminario de Irak: las fuerzas de EUA, impedimento para la paz. El encuentro fue un empeño de los amantes de la paz por detener el conflicto que tiene sumido al pueblo de Iraq, en la más tenebrosas de la ignominias de que sólo el ser humano es capaz. La importancia de difundir las condiciones en las cuales se llevó a cabo dicha convocatoria y sus resultados, radica en destacar sus aportaciones a la construcción del proceso de paz para el Oriente próximo, pero sobre todo por su carácter de lección histórica proactiva y coherente.

Se sabe popularmente que la invasión de Iraq comandada por EU está asociada a la posesión de los pozos e instalaciones petroleras. Dicha asociación fue casi automática, pero lo que se asoció más lentamente y con alguna dificultad fue la importancia geoestratégica de las acciones conjuntas en todo el Oriente Medio. El pretexto de la posesión de armas de destrucción masiva, la asociación con el terrorismo internacional, el derrocamiento de Saddam Hussein y la velocidad de los juicios sumarios que condujeron al patíbulo a los medrados líderes iraquíes, tanto como los ataques a un pueblo empobrecido por el bloqueo a que fuera sometido con antelación, dejaban en una especie de fuera de lugar los acontecimientos, sobre todo si consideramos que para el momento de la invasión EU ni por asomo mostraba signos de escasez en el abastecimiento de petróleo. La especulación no había llevado los precios de la materia prima a los niveles ahora alcanzados, ni los niveles de endeudamiento de ese país continuaban saldándose con préstamos de los bancos centrales de diversos países.

Los acontecimientos sin embargo continuaron precipitándose en la región. Las agresiones a Siria, las reiteradas amenazas a Irán y el papel de Turquía en el conjunto, dejaban a Israel en posición inmejorable para servir de avanzada a la estrategia norteamericana. Avanzado el conflicto con sus respectivo aumento de muertes en todos los bandos y una vez logrado la colocación de Nouri al-Maliki como Primer Ministro, aunado al retiro de las tropas de algunos países participantes de la coalición, las expectativas de apropiación de los consorcios internacionales iniciaron su curso. EU se colocaba en el centro de la tormenta dirigiendo sus destinos, amontonando ruinas por doquier, proclamando sardónicamente que “la libertad y el progreso” habían tocado las puertas del Islam otra vez.

Las hipótesis empezaron a surgir con una gama insospechada, entre las cuales destacaba por supuesto la impulsada por EU y sus cooperantes. Las más extrañas apuntaban desde luego -en medio del clamor de paz mundial previo al ataque- en dirección de Siria e Irán, cosa que quisiéramos disprobar. No obstante, la salidas prácticas a la ocupación generalmente fueron acalladas por la potente voz norteamericana en todos los medios de comunicación.

Los esporádicos y amenazantes comunicados de Osama Bin Laden parecían a los ojos de los observadores como una pantomima, una cortina de humo, lanzada como distractor de los duros acontecimientos que estaban dejando cientos de miles de muertos y heridos, otros tantos de refugiados sin los menores atisbos de algún acuerdo de paz. El gobierno norteamericano manifestó sistemáticamente sus empeños por permanecer en Iraq, construyendo bases militares, muros de diverso calado, generando diásporas y entrenando cuerpos policíacos como parapeto de la seguridad que debían de prodigar los iraquíes. Ese fue el contexto en el cual surgió la iniciativa del Seminario de Irak en Finlandia.

El Seminario fue organizado por iniciativa de la Administración de la Crisis del ex presidente finlandés Martti Ahtisaari y por la Institución John W. McCormack de la Universidad de Massachusetts, que fue representada en las pláticas por el irlandés Pedraig O’Malley. Entre las personalidades destacadas estuvo el teniente coronel Mika Kerttunen, de la Universidad de la Defensa Nacional finlandesa. Se supo que entre los participantes estuvieron el ministro shiita de Reconciliación Nacional, Akram al-Hakim, dos de los representantes del líder shiita radical Muqtada al-Sadr, representantes del partido shiita gobernante Dawa y el político suni Salih-al-Motlag. Durante dos días los participantes del seminario estudiaron los procesos de África del Sur y el norte de Irlanda, en su búsqueda de lecciones aplicables a la situación de Irak.

La nota periodística que dio cuenta del suceso fue escueta. Sólo mencionó que se habían alcanzado algunos puntos de acuerdo. Se habló de ocho puntos y doce acuerdos, cuando en realidad se trató de doce recomendaciones para iniciar las negociaciones y nueve acuerdos políticos. Mismas que detallamos a continuación como si se tratase de un documento histórico:

Las Recomendaciones son las siguientes: 1. Resolver todos los asuntos políticos a través de la no-violencia; 2. Prohibir el uso de armas a todos los grupos armados durante los procesos de negociaciones; 3. Formar una comisión independiente aprobada por todas las partes, cuya tarea sea supervisar el proceso de desarme de los grupos no gubernamentales, de manera confiable; 4. Todos los partidos acordarán aceptar los resultados de las negociaciones, y los no participantes pueden ser sometidos por la fuerza, así como los que rechacen todos o alguno de los acuerdos: 5. Terminar con las interferencias internacionales y regionales en los asuntos internos de Irak: 6. Proteger los derechos humanos; 7. Asegurar la independencia y eficacia de los sistemas legales y de justicia, especialmente del Tribunal Constitucional; 8. Asegurar la completa participación de todos los partidos o bloques iraquíes en el proceso político y convenir acuerdos de gobernabilidad; 9. Dar los pasos necesarios para finalizar la violencia, matanzas, desplazamientos forzados y cualquier otro daño adicional a la infraestructura; 10. Establecer un cuerpo consultivo independiente para explorar formas de acuerdo con las herencias y legados del pasado para mantener unida a la nación; 11. Todos los partidos y bloques iraquíes deben contribuir a la construcción de Irak. Contribuir eficientemente a apoyar todos los esfuerzos que puedan hacer que el proceso político de la unificación iraquí sea exitoso y contribuya a preservar su soberanía; 12. Todos los grupos participantes deben acatar las recomendaciones.

A continuación los Acuerdos Políticos: 1. Ser razonables en los debates, alejados de disputas sectarias o étnicas; 2. Finiquitar los desplazamientos forzosos de iraquíes y ocuparse de dichos desplazados, su seguridad y regreso a salvo, con garantías para su seguridad a cargo de las fuerzas nacionales, en cooperación con las fuerzas políticas y líderes tribales; 3. Lograr someter a las milicias mediante los siguientes procedimientos: a). Armar equipos y entrenar a las fuerzas de seguridad (policía y ejército) para asegurar que sean capaces de asumir sus responsabilidades eficientemente; b). Apoyar el desarrollo económico a lo largo de todo el país, para contener a los jóvenes desempleados y encauzar los esfuerzos de los jóvenes para la reconstrucción que mejore la calidad de vida de todos los ciudadanos; y c). Aquellos que trabajen fuera de la ley y usen recursos militares inapropiadamente serán llevados a la justicia, sin ningún distingo. 4. La visión común de todas las entidades políticas iraquíes enfatiza la importancia de acabar con la presencia de tropas extranjeras en Irak, a través de la consecución de la soberanía nacional y la reconstrucción del ejército nacional y los aparatos de seguridad acordes a una visión nacional, todo ello alcanzable en un lapso razonable; 5. Resaltar la consecución del diálogo constructivo entre diferentes grupos políticos, buscando alcanzar metas nacionales; 6. Convencer a los grupos políticos que han formado parte del proceso político para iniciar y activar un diálogo constructivo para alcanzar acuerdos y entendimientos comunes; 7. Pactar con grupos armados no considerados como terroristas, animándolos a usar medios pacíficos para dirimir el conflicto y dar a sus miembros trabajos y oportunidades con autonomía sin administración del Estado; 8. Buscar corregir los desacuerdos o falta de entendimiento que han acompañado el proceso político y animar a todos los partidos políticos iraquíes a participar en la reconstrucción de Irak en todos los aspectos; 9. El cese de la violación de los derechos humanos a los ciudadanos iraquíes y sus propiedades por los continuos bombardeos y acciones militares de las fuerzas extranjeras. El gobierno de Irak debe asumir la responsabilidad de proteger a los civiles inocentes. (7)

Nos parece relevante el impulso de una iniciativa política y académica como ésta, en un país declarado pacifista y buscando aprender de experiencias históricas tan notorias como la irlandesa. Ante la masacre vivida y éxodo de los pueblos de Irak, lo extremadamente urgente es parar la guerra y detener la escalada de una violencia inimaginable para quienes estamos alejados de los escenarios. Sobre todo si asumimos producto del análisis sociohistórico que dichos escenarios pueden repetirse en cualquier lugar del mundo por cualquier pretexto prefabricado, la que torna a las urgencias extremas. Impedir la pérdida de vidas e iniciar la reconstrucción de Irak en un clima de paz, va de la mano con la salida inmediata de las fuerzas militares extranjeras de ocupación.

El Seminario de Irak: las fuerzas de EU, impedimento para la paz se abre al mar de las contingencias, a pesar de lo cual es relevante que algunas de las partes han encontrado un espacio de discusión -de los que sin duda habrán de proliferar antes de alcanzar la paz- que les permitió un diálogo provechoso para dar curso a la reconstrucción nacional.

Consideramos que éste tipo de iniciativas pueden rendir mucho mejores frutos que las hojas de ruta norteamericanas. Las posibilidades de diálogo y construcción de puentes al entendimiento debieran ser alentadas por organismos internacionales, sean o no los surgidos de la Segunda Guerra Mundial. Existen todavía instituciones respetables que podrían ocuparse de la promoción del diálogo y reconciliación. Ahora mismo en diversas áreas en dónde la conflagración es un tormento para sus pueblos se ensayan posibilidades de diálogo y acuerdos, lo mismo en África que en América.

En este contexto histórico, en donde se decide también el futuro gobierno de los Estados Unidos, Irak vuelve a estar en el centro de la escena. Los empeños de paz tienen que ver con el conjunto de fuerzas involucradas y no sólo las de la coalición guiada por los estadounidenses. Están ciertamente sunitas, chiitas y kurdos, para quienes la unidad nacional es indispensable para la construcción de la paz. He ahí la importancia del Seminario antes aludido.

Los tropiezos habrán de aparecer sin duda nuevamente. Si nos dejásemos influenciar por la mirada de Immanuel Wallerstein podríamos corroborar los aciertos del Seminario de Finlandia.

Hay ahí tres grupos étnicos principales –los chiítas, los árabes sunitas y los kurdos. Cada uno está localizado primordialmente en una zona geográfica específica. La excepción principal es Bagdad, la ciudad capital, que cuenta con una mezcla de población chiíta-sunita aun cuando cada una se concentra en partes específicas de la ciudad.

Además, como parece que todos sabemos ahora, cada una de estas tres zonas tiene divisiones internas. Hay múltiples partidos chiítas, y cada uno parece contar con una milicia a su disposición, y tiene antagonismos que duran desde hace mucho tiempo. Los dos principales son el grupo encabezado por Sadr y el conocido como SCIRI, conducido por Abdul-Aziz Hakim. Las áreas sunitas presentan un panorama menos claro. Están los sheiks y los ex baathistas, conectados con varios políticos en la legislatura iraquí. Y hay también un grupo pequeño, pero importante, de jihadistas, que en gran medida no son iraquíes, vinculado con Al Qaeda. Y en la zona kurda existen dos partidos que compiten, más las minorías cristianas y turkmenitas (o turcomanas). (8)

La composición como bien asevera el propio Wallerstein no es singular, composiciones sociales de clase y étnicas similares e incluso mucho más intrincadas es posible apreciarlas en diferentes lugares del mundo. España, Kosovo, los propios Estados Unidos, Bolivia, Ecuador, India, México, etc., ¿Cuáles son las peculiaridades históricas del Irak actual? Las pautas a seguir tendiendo en consideración son la solución dada a la guerra de los Balcanes después de la intervención estadounidense, lo que podría sugerir otro Kosovo. La escisión de Irak no es seguramente deseable política ni geopolíticamente para las fuerzas en pugna, lograr la paz es sin duda un acuerdo en el que los chiíes darán algunas de las pautas principales.

De hecho, hay únicamente dos grupos que son seriamente hostiles a un nacionalismo iraquí renovado y revivificado –los kurdos y las fuerzas chiítas encabezadas por Hakim. Los últimos sueñan con ser autónomos, de hecho independientes, en el sur de Irak, donde dominarían y dentro del cual hay ricos recursos petroleros. Quieren cortar todas las ligas con las regiones sunitas. Y quieren debilitar seriamente el campo de Sadr, el cual, aunque fuerte en esa región, en Bagdad no tiene rival. El bando de Hakim piensa que si Bagdad quedara escindido de la región, eventualmente destruiría al bando de Sadr.

Los kurdos, por supuesto, sueñan con un Estado kurdo independiente, pero son gente eminentemente pragmática. Saben que un Estado kurdo encerrado tendría muchas dificultades para sobrevivir. Probablemente Turquía los invadiría, o también podría hacerlo Irán. Estados Unidos haría probablemente muy poco, y se sentiría muy avergonzado por todo ello. E Israel sería irrelevante. Así que es claro que los kurdos están listos para un arreglo en aras de una autonomía de facto en un Irak unificado. Seguramente siguen peleando con los otros por ver quién controla Kirkuk. Dudo que obtengan Kirkuk, y sospecho que lo más que harán será gruñir en voz alta. (9)

Regresar al pasado de un sistema de gobierno sunita es con seguridad imposible. Acomodarse a las nuevas situaciones seguramente será lo más conveniente para tener acceso a los recursos de un Estado restaurado. Un Estado que sin duda tratará de buscar su lugar en el concierto regional, en donde Irán, Turquía, Siria e Israel también habrán de hacer sus propias apuestas respecto a la conveniencia de un Irak unido o sumido en la diáspora. La tensa situación violentada por Estados Unidos y la coalición es demasiada presión para un país en llamas, sin embargo Wallerstein es optimista:

Entonces, al final, el grupo clave son los chiítas. Moqtada Sadr ha sido bastante claro desde el principio de que quiere un Irak unificado. Una de sus razones es que es la única manera en que su pueblo en Bagdad pueda sobrevivir y florecer. Otra es que cree en Irak. Seguramente él y sus seguidores sufrieron muy fuerte bajo los baathistas. Pero está abierto a negociar con los reformados y muy debilitados baathistas. Y ha demostrado esto con mucha claridad en los últimos dos años. Él le dio su apoyo moral al pueblo de Fallujah cuando estuvo bajo el asalto de las tropas estadunidenses hace dos años. Y esta gente ha sido recíproca en los recientes combates en Bagdad, cuando sus tropas estuvieron bajo asalto de las mismas fuerzas estadunidenses. (10)

Hablamos de procedimientos y de las distintas zonas hacia donde dirigir las miradas. El profesor Perry Anderson en un análisis de la coyuntura actual sostiene que la guerra de Irak es considerada en la UE no sólo gratuita, sino enormemente peligrosa para Occidente, con consecuencias que los europeos podrían padecer tanto o más que los estadounidenses.(11) Poner énfasis en la situación del llamado Oriente próximo es acentuar la importancia que para el sistema norteamericano tienen los enormes recursos petroleros y gaseros de la región, como apuntábamos antes, pero si consideramos la extensa red de sus estados clientes, la situación geopolítica es la que adquiere mucho mayor relevancia desde el inicio de la guerra en 2003:

Los Estados clientes controlan toda la península arábiga, rica en petróleo, e incluso la compra directa de los campos iraquíes –que desde luego era uno de los supuestos de la invasión- tan sólo hubiera supuesto, en el mejor de los casos, un ligero aumento de su posición estratégica. En 2002, en lo que respecta a su papel en la OPEP, el régimen del Ba´ath no representaba una espina más dolorosa para Washington que Irán o Venezuela, antes bien lo era mucho menos. (12)

Conseguir la paz en Irak no es un asunto de fuerza tan sólo. Lo que nos han dejado ver diversos analistas es que la reconstrucción nacional deben realizarla los propios iraquíes, pues de no ser así difícilmente podrá lograrse un equilibrio que no represente una amenaza para los europeos, más que para los norteamericanos; éstos últimos además ahora deben ocuparse en sortear una crisis financiera que ha dejado sentir sus efectos en varios de los sectores de su economía.

Oriente Próximo es una parte del mundo en el que el sistema político estadounidense, tal como está constituido en la actualidad, no puede actuar con arreglo a un cálculo racional del interés nacional, porque está habitado por otro interés sobrevenido. Toda su posición en el mundo árabe -y por extensión musulmán- está comprometida por su sólido y ostentoso apoyo a Israel. Considerado universalmente en la región como un Estado depredador que nunca podría haber gozado de cuarenta años de impunidad sin los enormes suministros de armas y dinero estadounidense, así como protección incondicional estadounidense en la ONU. (13)

Israel esta metido en los diversos lugares cruciales. Su decidida presencia e influencia en el estabilishment norteamericano determinaron el curso de las acciones en Irak, lo que le torna pieza importante en los grados de irracionalidad alcanzada por la guerra.(14) Y así como las irracionalidades tienen sus límites y sus propios costos, las lecciones de la historia son aquí un referente igualmente crucial.

¿Europa es conciente de ello o es acaso cómplice de la irracionalidad estructural del imperio norteamericano surgido de la Segunda Guerra Mundial? La crisis financiera que ahora padece Estados Unidos busca sus acreedores, justo como una prueba más de su irracional forma de operar. Quién paga sus aventuras bélicas en el mundo y qué es lo que esperan obtener a cambio, son preguntas que tienen su expresión máxima en el Oriente próximo y dificultan la salida pacífica al conflicto causado por la Operación Libertad.

En curso

Para los medios oficiales norteamericanos las acciones militares en Irak han sido exitosas, pero las valoraciones complacientes revelan un panorama poco optimista.

Los medios de comunicación estadounidenses han hecho una valoración similar al citar diferentes estadísticas como prueba del éxito. Las 38 víctimas mortales estadounidenses de octubre y las 37 muertes de noviembre son las cifras mensuales más bajas desde la invasión de marzo de 2003. La cifra mensual pertinente a los ataques llevados a cabo por la resistencia contra las fuerzas estadounidenses e iraquíes ha disminuido de 5.000 a principios de año a 2.000.

Se han calmado las luchas sectarias chiíes-sunníes y las matanzas que se encarnizaron tras la destrucción de la mezquita chií de Al-Askariya de Samarra en febrero de 2006, con unos 560 civiles muertos documentados por las agencias de noticias en noviembre frente a la cifra de entre 1.500 y 3.000 al mes en los años 2006 y 2007. En el frente económico, la producción de petróleo y de electricidad ha aumentado moderadamente. (15)

La arrogancia de las potencias cercanas a los dictados de Washington como Israel, bombardean unilateralmente zonas de países que consideran enemigos e incluso invaden el espacio aéreo de sus vecinos sin recato. La siguiente nota es un ejemplo de las tensa situación que viven los países árabes:

El Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohammed ElBaradei, denunció a Israel por aplicar “la ley con sus propias manos” al haber atacado instalaciones militares sirias el 6 de septiembre pasado con el argumento no confirmado de que Damasco almacenaba ahí, secretamente, un reactor nuclear. “Bombardear primero y preguntar después no es solución para ningún problema”, dijo ElBaradei en una entrevista difundida por la televisora CNN, en la que señaló que ni Israel ni Estados Unidos han presentado pruebas acerca de que el objetivo era utilizado con fines atómicos, mientras que Siria le hizo ver que se trataba de un conjunto de edificios militares sin relación “con lo nuclear”. (16)

Sin duda historias como estas se han repetido extensamente en todo el mundo. Algunas de ellas vinculan más frecuentemente a unos pueblos y sus gobiernos que a otros, por sus grados de vinculación y responsabilidad ante los hechos. Todo el siglo XX fue sin duda el siglo americano de violencias sin par, agresiones en diferentes regiones del mundo y síndromes resultantes que publicitan a todo el mundo como si se tratase de actos heroicos, como el caso del inacabado triunfalismo de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial o el síndrome de Vietnam.

Algunos de sus intelectuales más consecuentes –sabedores de perversos efectos ocasionados por las beligerantes acciones de sus gobernantes-, lo han dicho con claridad esperanzados en la reacción del pueblo norteamericano y en sensibilizar a sus gobernantes. Un pueblo que ha dado muestras de sensibilidad al sufrimiento de los agredidos en diversos momentos de su historia reciente y que ha sido referente en otros momentos de auténtica libertad y democracia, deseamos que nos sorprenda con una reacción positiva en aras de la paz en todos los frentes. ¿Qué sucedería si el pueblo norteamericano abandonase la violencia y abrazase la paz como parte de su cultura?

La reacción del pueblo norteamericano se ha dejado sentir en importantes frentes. Varios generales retirados estadounidenses han criticando abiertamente las guerras de Afganistán e Irak, como lo han hecho intelectuales importantes, asociaciones de profesionales y científicos, al lado de la sociedad civil. No obstante, lejos de dicho país, el poeta sudamericano Juan Gelman en un artículo recientemente publicado, titulado Viento de fronda, aludía lo que sí -en el contexto de las históricas muestras de protestas cívicas norteamericanas- aparecía como una novedad por demás interesante:

El 30 de agosto pasado, seis cabezas nucleares W80-1, armadas en sendos misiles de crucero avanzados AGM-129, partieron a bordo de un bombardero B-52 de la base Minot de North Dakota a la base Barksdale en Louisiana y “se perdieron” durante 36 horas (The Times, 21-10-07) ... Ningún arma nuclear puede ser trasladada de un lugar a otro sin autorización de los altos mandos y la orden y los permisos del caso fueron debidamente otorgados. Se ignora qué nivel de la alta jerarquía castrense aprobó la operación y cuál era su objetivo declarado. El subjefe de Operaciones del Estado Mayor, general Richard Newton III, habló de errores de procedimiento y de “una erosión del cumplimiento de las normas atinentes al manejo de las armas” (The Sheveport Times, 27-8-07). (17)

La agresividad norteamericana y su posesión de armas nucleares es fuente de preocupación en todo el mundo. El eminente historiador Howard Zinn, en elocuentes palabras revela el absurdo comportamiento característico de los gobiernos norteamericanos.

Expandirse hacia otros territorios, ocuparlos y reducir brutalmente a todos aquellos que resistan a la ocupación ha sido un elemento constante en la historia estadounidense, desde los primeros asentamientos hasta hoy día. Y esto ha sido acompañado habitualmente por una forma particular de excepcionalismo estadounidense: la idea de que la expansión estadounidense ha sido ordenada por Dios. Poco antes de la guerra con México, a mediados del siglo XIX, justo después de que Estados Unidos se anexionara Texas, el editor y escritor John O´Sullivan acuñó la famosa frase del “Destino Manifiesto”. Dijo que nuestro Destino Manifiesto es expandirnos por el continente que nos ha brindado la Providencia, para el libre desarrollo de nuestros millones, cada año multiplicados. A principios del siglo XX, cuando Estados Unidos invadió Filipinas, el presidente Mc Kinley dijo que tomó la decisión una noche cuando se puso de rodillas para rezar, y Dios le dijo que invadiera el país. Invocar a Dios ha sido un tópico recurrente de los presidentes estadounidenses a lo largo de toda la historia del país, aunque George W. Bush se ha convertido en un auténtico especialista. (18)

¿Es imposible cambiar? La situación, casus belli, es mucho más compleja que lo descrito por Zinn. Tener en mente al libre cambio y al proteccionismo, junto a los cinco pilares del complejo militar industrial, e incluso el control financiero mediante los organismos mundiales como el FMI o el BM, la defensa de sus intereses, el papel del Consejo de Seguridad de la ONU, el tema de la seguridad nacional, los tratados como la OTAN, etc. Cada uno se éstos sendos asuntos vistos por separado, no contribuye a explicar los índices de violencia contenidos y difundidos por el supersistema.

Otros gobernantes norteamericanos usaron pretextos similares en el siglo XX, lo cual revela las enormes contradicciones de los motivos de las guerras y las dificultades reales que entraña construir la paz duradera con acuerdos o sin ellos.

Una orden Divina –afirma Zinn- es una idea muy peligrosa, sobre todo combinada con una gran potencia militar (Estados Unidos tiene diez mil armas nucleares, bases militares en cientos de países y buques de guerra en todos los mares). Si se cuenta con la aprobación de Dios, no hay necesidad de ajuste de criterios humanos de moralidad. Cualquiera que invoque el respaldo de Dios se avergonzaría de recordar que tropas de asalto nazis llevaban escrito en los cinturones Gott mit uns (Dios está con nosotros). (19)

Observando las prácticas de los gobernantes norteamericanos es posible comprender la importancia que para ellos tienen las acciones bélicas. Su especialidad son y han sido los cambios de régimen y el excepcionalismo bajo el cual operan internacionalmente. La trascendencia que suponen los cambios de régimen ha sido desarrollada ampliamente por Noam Chomsky (20) en diversos análisis así como por Zbigniew Brzezinski (1998) entre otros.

El excepcionalismo en cambio pocas veces es destacado como forma de operar normalizada de la política externa norteamericana. Incluso ahora, el actual régimen la emplea internamente afectando los derechos civiles de sus ciudadanos bajo el pretexto de su persecución del terrorismo internacional y la seguridad nacional. El excepcionalismo consiste en que el gobierno norteamericano se considera exento de criterios legales e incluso morales que rigen a los demás países del mundo. La abrumadora condena mundial al bloqueo estadounidense a Cuba es un ejemplo que bien ilustra este asunto. Pese a ello, el resultado de la votación en la ONU es considerada como no vinculante, no obligatoria, para quién ha establecido unilateralmente un ignominioso bloqueo a un pequeño país que decidió la libre determinación, a quien ha causado daños cuantiosos y en el que mantiene unilateralmente una base militar en Guantánamo. El otro de los ejemplos es el Protocolo de Kyoto, que no sólo no acepta sino que rechaza y por si fuese poco se niega a endurecer la convención sobre armas biológicas.(21) ¿Puede un imperio, una nación, un gobierno de un país con esas características liderar los destinos de la humanidad?

El excepcionalismo norteamericano ha contaminado a gobiernos colaboracionistas. Israel toma decisiones similares en una zona geográfica extensa. Al imperialismo norteamericano le pesan actualmente no sólo la sobre-extensión y la obcecación de sus estrategias, sino además las resistencias internas y el desánimo de sus políticos de continuar por la senda trazada por el belicismo de la actual administración en la Casa Blanca. Ejemplo de las resistencias internas que está enfrentado la administración Bush, fueron los cuestionamientos efectuados por los congresistas a la Secretaria de Estado Condoleezza Rice durante una de sus comparecencias. La importancia de dichos cuestionamientos aumenta cuando son realizados por sus propios partidarios republicanos. Siguiendo las pistas de Barry Grey (2007), podemos apreciar la gravedad de la situación. El Senador Check Hagel, republicano por el estado de Nebraska y veterano de la Guerra de Vietnam, planteó el asunto de manera rotunda cuando le dijo a Rice:

Tomando como base lo que el presidente dijo anoche, usted no puede sentarse ahí y decirle al pueblo de nuestro país que nosotros no vamos a entrar en liza con los sirios y los iraníes si cruzamos las fronteras. Varios de nosotros recordamos el 1970...y cuando nuestro gobierno le mintió al pueblo estadounidense y dijo que no habíamos cruzado la frontera con Camboya, el hecho fue que sí habíamos cruzado...Me incumbe expresar que, según mi parecer, el discurso que este presidente pronunció anoche es el error de política exterior más peligroso para este país desde Vietnam... (22)

Los acontecimientos relacionados con el desacuerdo de las decisiones del gobierno seguirán dilatándose sin duda en la medida en que se acerque el día de su sustitución. No obstante, eso es corta garantía, pues fresca está en la memoria la intervención militar en la zona del Kosovo decidida por la administración de Bill Clinton, un gobernante salido de las filas demócratas.

De la condena a la exaltación de la guerra sólo hay un paso. Mientras dura la euforia de la victoria los daños humanos y ambientales son minimizados. Los miles de lisiados, ciegos, muertos y enloquecidos no son más que guarismos que engrosan las estadísticas. Pasado el paroxismo el futuro se decide en la reconstrucción de los daños (sobre todo los materiales) que son los que alimentan al sistema, pero los daños humanos irreversibles desaparecen de la escena iluminada por los reflectores. Difícilmente pueden identificarse los beneficios para la humanidad en cualquier conflicto bélico del tamaño que sea. En el continente americano Colombia es ahora el caso más sonado, al que se le aplican las tradicionales soluciones de los grupos de expertos norteamericanos.

Pero tornando la vista al continente europeo, se advierte que la más seria obcecación del actual gobierno estadounidense se evidencia en su empeñoso afán de atacar a Irán, manifestando además los cabeceos de un sistema imperial enfrentando a Rusia y China, e incapaz de sortear sus contradicciones y aventuras neocoloniales. Su presencia en el Golfo Pérsico agrega a su pesada carrocería muchas dificultades en los diferentes escenarios en los que opera. Tales dificultades pudieran constituir un respiro a las formas de sometimiento extensamente empleadas por las agencias gubernamentales norteamericanas en diversas regiones del mundo, pero infortunadamente eso no es así.

La pesadilla no ha terminado, diversos especialistas alertan sobre los peligros que entrañaría una guerra mundial de los cinco minutos. En este instante en el cual la amenaza de otra guerra mundial se cierne sobre nuestras cabezas, las palabras de Einstein adquieren renovada relevancia: El punto de vista central de toda acción política debe ser ¿qué podemos hacer para lograr la coexistencia pacífica, y aún más, la cooperación leal entre las naciones? (23)

Colofón

Dos formas de operar y tratar de resolver un conflicto bélico han sido sucintamente expuestas aquí. Al parecer nos queda saber cuales son las soluciones que la historia depara al pueblo de Irak y a toda una extensa zona geográfica señalada como estratégica entre el conjunto de intereses geopolíticos del gigante de las armas y la economía.

Justo cuando se debate internamente la elección presidencial y el pueblo norteamericano habrá de decidir si un republicano o demócrata habrán de conducir los destinos de ese país. Los consorcios volverán a la carga en busca de seguridades para no sucumbir al sortear la crisis financiera que atraviesan, valorando siempre hacia donde lanzar los costos de la misma. Aquí las preguntas vuelven sobre el mapamundi: ¿Será América Latina, Europa del Este, África o Asia, los que habremos de pagar los daños? De momento el coloso americano ha vuelto su pesada mirada hacia América Latina, una vez más alentando cooperantes o atacando a quienes considera sus adversarios. En cualquiera de los casos ni un solo país latinoamericano o caribeño puede dejar de considerar la presencia de los intereses norteamericanos para construir su desarrollo. El mal ejemplo para todos continúa dándonoslo la ignominiosa presencia estadounidense en el Oriente Medio.

Lejos de “estabilizar” a Iraq, el ejército estadounidense ahora se enfrenta a una situación extremadamente inestable con tropas estacionadas en bases de vanguardia al descubierto que mantienen a los barrios étnicamente limpios y a los distritos separados. Aunque la mayoría de las diferentes milicias se odian unas a otras, siguen oponiéndose implacablemente a la ocupación estadounidense. En las tácticas estadounidenses no hay nada nuevo o novedoso, ya que suponen una vuelta a la política colonial clásica del “divide y vencerás”. (24)

La otra solución, que reclama diálogo y conciliación, necesita otros caminos. A propósito de los mismos hemos comentado la importancia y posibilidades que revisten los diálogos de Finlandia. Insistir en la salida de las fuerzas de ocupación como requisito para poder alcanzar la paz no es un eufemismo. En la pasada crisis colombo-ecuatoriana ocasionada por la invasión de Colombia a Ecuador el pasado mes de febrero del 2008 pudo encontrar cauces rápidos de solución gracias a la ausencia de los Estados Unidos.

Lograr en Irak un equilibrio de fuerzas capaces de construir consensos y promover el desarrollo a su imagen y semejanza, es ahora más urgente que nunca pese a que las bajas han disminuido según los reportes oficiales. Las estadísticas que ufanamente exhibe el gobierno norteamericano como parte de su “correcta” hoja de ruta, son resultado de la construcción de muros en los barrios urbanos iraquíes garantes de la separación étnica realizada por las fuerzas de ocupación.

En los enclaves sunníes aislados por un muro, el ejército estadounidense ha ido más lejos y de hecho ha reclutado a resistentes y milicias sunníes dentro de grupos de ciudadanos locales. A sus integrantes se les paga 300 dólares al mes por no atacar a los soldados estadounidenses, mientras que se le permite a sus dirigentes gobernar como modernos vasallos feudales. El pago por parte del ejército estadounidense a las milicias se extiende por todo el denominado Triángulo Sunní en el centro de Iraq. (25)

La diáspora, apartheid o reclusión de particulares grupos sociales nunca han sido soluciones duraderas en la historia de los pueblos de Occidente, como lo demuestra la experiencia histórica de por lo menos un siglo atrás. Otros de los testigos de tales desaciertos son los conocidos casos de los pueblos hebreo y alemán, que aún padecen sus perversos efectos. Gopal Balakrishnan lanza en la obra ya citada una reflexión por demás importante, que llegados a este punto reproducimos a propósito de la invasión a Irak y las posibles de vías de solución a la masacre: Las nubes de tormenta sobre la vieja cuna de la civilización muestran un problema estratégico más amplio al que los Estados occidentales han tenido que enfrentarse desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que es improbable que subsista si se adopta una política de disuasión más prudente. ¿Por qué los estados liberales, victoriosos tanto sobre el fascismo como sobre el comunismo, han fracasado con tanta frecuencia a la hora de salir airosos de conflictos desiguales en le periferia subdesarrollada del sistema mundial?



Referencias mínimas

Anderson, Perry, “Apuntes sobre la coyuntura”, New Left Review, 48, Ene./Feb., 2008

Balakrishnan, Gopal, “El papel de la violencia en la historia”, New Left Review, 47, Nov./Dic., 2007

Brzezinski, Zbigniew, El gran tablero mundial, Paidós, Barcelona, 1998

Cogan, James,
¿Qué ha logrado la escalada militar estadounidense en Iraq?, www.wsws.org/, 13.12.2007

Chomsky, Noam, Piratas y emperadores. Terrorismo internacional en el mundo de hoy, Ediciones B, Barcelona, 2002

El Baradei, Mohammed, “Israel aplica la ley con sus propias manos al bombardear Siria”, Periódico La Jornada, 29.10.07

Grey, Barry, “Expansión de la guerra en Irak pone en relieve la crisis política en Washington”, Washington, D.C.,
 www.wsws.org/index.shtml, 17.1. 2007

Pérez Gay, José María, “Los nuevos mercenarios/I”, Periódico La Jornada, 19.9.2007

Saxe-Fernández, John, Globalización, poder y educación pública, 22/10/2003.

Silberner, Edmund, La guerra en el pensamiento económico, Aguilar, Madrid, 1946

Wallerstein, Immanuel, “¿Cómo terminará la guerra en Irak?”, Periódico La Jornada, 14.6. 2008

Zinn, Howard, Sobre la guerra. La paz como imperativo moral, Debate, México, 2007

1. Anderson, 2007
2. El papel de la violencia en la historia, NLR,47/nov-dic., (2007:21)
3. Expresión acuñada por Walter Benjamín para referir el sentido de la historia. La metáfora nos dice que mientras el ángel de la historia voltea horrorizado su mirada al pasado, no puede detenerse para despertar a los muertos y parar la catástrofe. El huracán que empuja irresistiblemente al ángel de la historia hacia delante, hacia el futuro, hacia el progreso, deja montones de ruinas que crecen hasta el cielo.
4. Silberner, 1946 : 299
5. Pérez Gay, 2007
6. “Una revisión detallada de la lista de las 100 principales corporaciones multinacionales, esas que controlan de manera monopólica u oligopólica el 75.5% del mercado mundial, y por lo que respecta a las que operan desde Estados Unidos, absolutamente todas ellas, incluyendo el total de las dedicadas a la industria de la información como IBM y otras como General Motors, Exxon, etc, son contratistas del Departamento de Defensa en cifras de miles de millones de dólares -mucho de ello en realidad es un continuo subsidio y además suscriben contratos de Investigación y Desarrollo y Tecnología del Departamento de Defensa.” John Saxe-Fernández, “Globalización, poder y educación pública”, 22/10/2003.
7. La información fue tomada del Helsingin Sanomat, traducida por Mayabel Ranero y revisada por Roberto Elier.
8. Wallerstein, 2008
9. Idem
10. Idem.
11. Los estados clientes conforman una región basta por demás “Todos los regímenes clientes siguen siendo tan fieles como siempre: por un lado, el largo abanico de Estados que se extiende de Marruecos a Egipto; por otro, toda la península arábiga; con Pakistán como el gran ancla del sistema estadounidense en Oriente. Mientras esos pilares continúen intactos, un Iraq caótico y dividido –vigilado desde la red de enormes bases militares en el país ahora en construcción, por no hablar del CENTCOM (Comando central de Estados Unidos) en Qatar y Kuwait- podría ser abandonado a su propia consunción, siempre que el petróleo continúe saliendo de sus pozos.” Anderson, 2007: 12, 17
12. Anderson, 2007:12-13
13. El lobby israelí ha logrado controlar al propio senado de los Estados Unidos y “… se apoya en la poderosa comunidad judía estadounidense en los sistemas político y mediático estadounidenses. Este lobby no sólo tergiversa los procesos normales de toma de decisión en todo lo que atañe a Oriente Próximo. Hasta hace poco … ni siquiera podía ser mencionado en un debate político en los medios establecidos: un tabú que … inyectó una nueva dosis masiva de irracionalidad en la información de la política estadounidense en la región.”Anderson, 2007:14-15
14. “… en Oriente Próximo toda estimación normal de medios y fines está ya tan corrompida por la discrepancia entre determinantes reales y ostensibles de la política exterior estadounidense que una aventura indiscriminada siempre estuvo sobre la mesa. En la medida en que Washington permanezca pegado a Tel Aviv, el ejercicio del poder estadounidense no puede ajustarse en modo alguno a las reglas ordinarias de un ejercicio racional.” Anderson, 2007:16
15. Cogan, 2007
16. Mohammed El Baradei, 2007
17. “La “desaparición” fue causada por la resistencia de oficiales aviadores que, con el auxilio de los servicios secretos, investigaron y descubrieron que los misiles estaban destinados al Medio Oriente, es decir, a ser arrojados sobre Irán. “La misión fracasó gracias a la oposición interna de la fuerza aérea y de los servicios de Inteligencia”, señaló el periodista Wayne Madsen (www.waynemadsonreport.com, 24-9-07), a quien no le faltan conexiones con agentes de la CIA. Lo que medios como el Washington Post calificaron de “falla” del sistema de mandos fue –agrega Madson– una rebelión “contra un ataque estadounidense a Irán, para el cual se había previsto el uso de armas nucleares y de armas clásicas”. Esto explicaría que el B-52 no levantara vuelo hacia el Este. Se trata de imputaciones no verificadas todavía, pero es indudable que un viento de fronda recorre filas de las fuerzas armadas estadounidenses. Es de esperar que sople bien fuerte.” www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-93893-2007-11-01.html
18. Zinn, 2007:208-209. En este momento tiene sentido recordar algunas de las características de este historiador norteamericano. Es catedrático emérito de ciencia política en la Universidad de Boston, articulista, conferencista, destacado activista en defensa de los derechos civiles e igualdad en Estados Unidos. Obrero en su juventud, soldado en diferentes guerras, sindicalista, doctorado en historia por Columbia University, es ampliamente conocido por su obra: La otra historia de Estados Unidos publicada en 1997.
19. Zinn 2007: 209
20. “Hay otros estados terroristas, pero suelen ser jugadores a pequeña escala. Libia, por ejemplo, puede contratar a un terrorista para que le haga algún trabajo, pero Estados Unidos ocupa el primer puesto en esa actividad. Cuando recurre al terrorismo no contrata asesinos particulares, sino a Estados terroristas, por ejemplo a Bélgica para que proporcione armas, a Arabia Saudí para que las financie, a Israel para que organiza y adiestre asesinos, etc. Se crea así una enorme red de terroristas, algo completamente nuevo por su escala, aunque no tanto por su carácter específico.” Chomsky, 2002:54
21. Zinn, 2007: 215
22. “…Rice presentó testimonio ante los comités sobre asuntos exteriores de ambas cámaras del Congreso; es decir, el Senado y la Cámara de Representantes. El jueves, el Ministro de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor, Peter Pace, también dieron fe ante el Comité sobre las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes. El viernes se presentaron ante el mismo comité pero del Senado. Rice se mostró bastante polémica cuando apareció ante el Comité sobre Relaciones Exteriores del Senado. Enfatizó las inquietudes de los legisladores Republicanos y Demócratas que la decisión de Bush en mandar a más de 21,000 soldados estadounidenses a Irak -lo cual se anunció por medio de un discurso por televisión el miércoles- es un preludio a la intensificación de provocaciones contra Siria e Irán que resultarían en acciones militares contra uno o ambos países.” Barry Grey, “Expansión de la guerra en Irak pone en relieve la crisis política en Washington”, Washington, D.C.,
17 Enero 2007. www.wsws.org/index.shtml
23. http://news.bbc.co.uk
24. Cogan, loc.cit.
25. Idem

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
García Aguirre, F. (2008) El esquivo ángel de la historia en Irak, en TEPYS, Textos de Economía, Paz y Seguridad, Vol 1, Nº 3, http://www.eumed.net/rev/tepys/03/fga.htm

lunes, 27 de septiembre de 2010

"Futuro Desconocido- Maquiavelo del siglo XXI" de GOPAL BALAKRISHNAN

Durante cien años después de 1848, las derrotas de la izquierda llegaban por regla general bajo dos formas, estrechamente entrelazadas. Los golpes represivos –1849, 1871, 1919, 1926 y 1939, alternados con periodos inesperados de prosperidad, podían contener, durante un tiempo, las aspiraciones de quienes exigían más de lo que los dueños de la sociedad y sus aliados estaban dispuestos a conceder. En Occidente, las grandes rebeliones de finales de la década de los sesenta rompieron con esta pauta. La riqueza inaudita de las primeras décadas de posguerra había conformado un medio generacional resistente a la anterior ética del trabajo y del ocio de laclase media y receptivo a las insurrecciones de los oprimidos. La fuerte alza subsiguiente en la militancia obrera en el centro y los reveses que sufrió el imperialismo estadounidense en la periferia hicieron que, por unos momentos, algunos tuvieran la impresión de que situaciones prerrevolucionarias lejanas se estaban cerniendo sobre las tierras natales del capitalismo. Bajo formas locales atenuadas, distintos legados de estos momentos coincidentes han sobrevivido a las rondas aplastantes de reestructuración capitalista que siguieron al deterioro económico mundial de mediados de la década de los setenta. Pese a esta impresionante hazaña de adaptación, semejantes focos de oposición han tenido dificultades para asimilar el formidable y persistente poder de un influjo conservador/neoliberal que se encuentra ahora en su tercera década. Quizá de manera paralela a la legendaria incomprensión por parte de la izquierda de entreguerras de los avances del fascismo, los oponentes de esta revolución pasiva han sido incapaces de explicar sus grandes éxitos, en la medida en que ésta, hasta el momento, parece poseer la habilidad históricamente única de inventarse los criterios de acuerdo con los cuales es juzgada. ¿Qué explica la facilidad de sus victorias, con frecuencia ganadas con dosis moderadas de coerción –«democráticamente»– y, sin embargo, en un contexto de prosperidad en declive para la amplia mayoría? El debilitamiento de la resistencia colectiva bajo estas condiciones parece marcar el advenimiento de un orden de cosas en el que la propia praxis se ha convertido en un enigma. Los tiempos del conflicto abierto entre defensores de diferentes órdenes sociales son, por supuesto, excepcionales en la historia. Los observadores más agudos de la política decimonónica –Tocqueville, Heine, Donoso, Marx, Burkhardt y Nietzsche entre otros– subrayaron la novedad de una sociedad inmersa en una crisis de legitimación crónica y representada públicamente. En 1929, Carl Schmitt captó la culminación de esta experiencia histórica en un epigrama: «Nosotros, en Europa central, vivimos sous l’oeil des Russes» [«bajo la mirada de los rusos»]1. Aunque los contraataques organizados desempeñaron un papel importante en la neutralización final de esta amenaza a Occidente, durante las últimas décadas del siglo XX estas ofensivas específicamente políticas se vieron rebasadas y subsumidas por una transformación estructural más amplia que ha evitado las formas clásicas tanto de hegemonía como de resistencia. Resulta difícil medir las posibilidades de la intervención intelectual efectiva en una situación histórica tan opaca. El núcleo del intercambio entre Stefan Collini y Francis Mulhern en estas páginas ha girado en torno a la medida en la cual el discurso crítico debe anclarse en compromisos políticos profundos a fin de orientar sus objetivos, campo de acción e intensidades polémicas. El tema principal de la argumentación de Mulhern es que la sociedad sólo se puede poner en cuestión en un modo político, a través de afirmaciones y negaciones soberanas de sus premisas fundamentales. No hace falta respaldar la idea de Collini de la política como una conversación potencialmente abierta e inagotable para reconocer que ambas concepciones parecen presuponer la existencia de una esfera pública en gran medida suplantada, donde la sociedad manifestaba en otro tiempo su sensibilidad hacia los aguijones y reservas de la crítica. Podría ser que este cierre contemporáneo de lo político sea un efecto meramente coyuntural y, por lo tanto, reversible, de un cuarto de siglo de victorias arrolladoras por parte del capital. O, por el contrario, es posible que nos encontremos en medio de una transformación más honda que ha sacudido el fenómeno mismo de agencia, relegando los partidismos clásicos a la categoría de preferencias ideológicas más o menos excéntricas. Quizá en un sentido más inquietante de lo que Collini pretendía, esta evolución confirma su postura. En la sala de espera del presente, ¿a qué textos deberíamos recurrir para definir una postura crítica adecuada a nuestra situación? Experimentos mentales con constituciones previamente inconcebibles fueron el sello de la filosofía política clásica; puede resultar de utilidad volver a examinar este género, cuyas cimas proyectaron una sombra sobre toda institución de la sociedad humana en los largos intervalos previos a que su verdadera negación pareciera posible. De La República a Émile, este arte del extrañamiento tenía el efecto de volver concebibles las transformaciones más drásticas, aunque sólo fuera en la teoría. Por lo general, sin embargo, hasta las formas más antinómicas de esta tradición han tenido poca relación determinada con la práctica política. Los escritos de Maquiavelo constituyen un caso excepcional dentro de esta historia, porque en lugar de un discurso crítico esencialmente idealista sobre la ausencia de legitimidad, ofrecen un método novedoso para explorar la pura potencialidad de la praxis: al pensar detenidamente sobre el comienzo, el alcance total y los límites del poder constituyente para construir nuevos órdenes. En un manuscrito publicado póstumamente, Louis Althusser intentó expresar la importancia filosófica de los pensamientos fragmentarios de Maquiavelo sobre los orígenes traumáticos de los nuevos Estados2. El propósito no era ofrecer una nueva interpretación de Maquiavelo, sino más bien, de acuerdo con el razonamiento de Althusser, reconocer la imposibilidad de una solución definitiva como estatuto creativo de un nuevo modo de pensamiento político. Las elipsis y antinomias de estos textos eran los puntos nodales de una ontología alegre que permitía a los lectores imaginar y pensar el comienzo de la acción a través de una nueva forma literaria: la parábola de la innovación. Me gustaría proponer que puede desarrollarse una tesis más concreta desde este punto de partida especulativo, una tesis que consta de dos partes: la innovación de Maquiavelo estribó, en primer lugar, en plantear el problema inconfundiblemente moderno de la realidad de los proyectos más radicales de transformación; y, en segundo lugar, en proporcionar al lector atento un método para reflexionar y generar actitudes prácticas efectivas con respecto a la continuación, renovación o abandono de tales proyectos. Esta tesis se puede poner a prueba examinándolos episodios decisivos en la recepción del pensamiento de Maquiavelo a lo largo de los siglos y planteando para nuestros propios tiempos la pregunta que anteriores comentaristas consideraron como el problema definitorio de la situación histórica moderna: ¿qué es posible cambiar en la condición humana a través de la praxis política? Un problema inicial es si la teoría o filosofía política clásicas pueden conservar algún tipo de relevancia hoy, dentro del laberinto de la sociedad mediática. La acusación de que estas obras pertenecen a un género de anticuario no se puede descartar sin más. Un motivo de peso ofrecido para estudiar estos textos canónicos es que brindan una oportunidad para reflexionar sobre órdenes políticos alternativos, basados en concepciones distintas de la naturaleza humana. Si esto fuera cierto, entonces, los libros de este tipo deberían quizá considerarse como recuerdos para nuestra situación pos-política. Aunque no haya muchos intelectuales a los que les guste admitir la irreversibilidad de este veredicto, la mayor parte del discurso público acepta con mayor o menor entusiasmo la ausencia de alternativas a la democracia liberal y al capitalismo de libre mercado en el que el que el principal problema por resolver son los parámetros de tolerancia cultural. Existen, por supuesto, algunos elementos volátiles en esta fórmula: el amplio ascenso del fundamentalismo religioso en Estados Unidos; las violentas reacciones antiinmigrantes en Europa. En otros lugares, diversas combinaciones de religión y etnicidad ofrecen desafíos, pero no presentan alternativas convincentes a la norma gobernante. Éste es el escenario de la denominada crisis de «lo político» –un término cuya abstracción misma parece indicar una ansiedad ligada a la obsolescencia de las concepciones de la política centradas en el Estado y de un conjunto relacionado de virtudes cívicas–. El estudio de la teoría política clásica se justifica ahora con frecuencia desde el punto de vista de un pronóstico igualmente indeterminado de «retorno de lo político». Éste adopta la forma de una serie de variantes conservadoras, liberales y radicales de la tradición múltiple de «republicanismo cívico», cuya idea básica es que las virtudes de ciudadanía activa son necesarias para contrarrestar las consecuencias atomísticas de una modernidad impulsada por el libre juego de intereses e identidades en la sociedad civil. Hasta aquellos que se muestran de algún modo críticos con este lenguaje demócrata dominante –admiradores de Leo Strauss o, si no, de Antonio Negri– reconocen a Maquiavelo como antepasado espiritual de esa Carta Magna del Imperio republicano, la Constitución estadounidense. Reinterpretar al florentino debería tener, por lo tanto, importantes consecuencias en la valoración de la adecuación contemporánea de todo este campo de discurso cívico. La proposición que afirma que la política misma está decayendo podría inducir a confusión, puesto que es evidente que no se ha producido ninguna disminución de la política per se. A lo que se alude es a un eclipse de la «alta política», de las carreras armamentísticas entre naciones y clases en las que está en juego la estructura de la sociedad. La retórica del agotamiento y clausura de la política data de las restauraciones del siglo XIX. Alexis de Tocqueville: ¿No volveremos nunca a ver [nota bene] una brisa fresca de verdaderas pasiones políticas... de pasiones violentas, duras, aunque en ocasiones crueles y, sin embargo, grandiosas, desinteresadas, fructíferas, esas pasiones que constituyen el alma de los únicos partidos que entiendo y a los que daría de buena gana mi tiempo, mi fortuna y mi vida? (3) Pero cabría preguntar: ¿es siquiera concebible en las sociedades más avanzadas una repolitización radical así, o, en realidad, deseable? Tras las efusiones de nostalgia de ciudadanías más activistas, existe una honda incomodidad con la idea misma de abandonar la seguridad del statu quo, esto es, nuestra forma de vida profundamente apolítica. La afirmación de que la praxis revolucionaria conduce a la catástrofe totalitaria disfruta de la aprobación casi universal de la opinión intelectual. La adhesión al statu quo, reconocida públicamente o no, se encuentra en una cima histórica. II ¿Han puesto fin a este escenario neutralizado característico del periodo posterior a la Guerra Fría las ofensivas nacionales e internacionales protagonizadas por Washington durante los últimos años, cuyas repercusiones todavía son incalculables? Pese a toda la acritud de la última estación política, los principales centros de control de opinión responsable se adhieren todavía a las prescripciones neoliberales de los últimos veinticinco años. No debería subestimarse nunca la flexibilidad del sistema, aunque, paradójicamente, la ausencia de una oposición a gran escala no haya impedido que los principales elementos fijos de la situación política mundial empiecen a disolverse: el controvertido paso de los «derechos humanos» al «antiterrorismo» como discurso ideológico dominante de la política exterior; la intensificación inesperada de las tensiones entre Estados Unidos y el núcleo de Europa; la credibilidad militar del Estado estadounidense puesta a prueba por primera vez en treinta años, mientras la guerra partisana se propaga por el Tigris, causando verdaderos estragos; las tensiones crecientes en torno a los acuerdos contra la proliferación nuclear; y, quizá de manera más significativa, la inminente turbulencia económica como resultado de los insostenibles déficits estadounidenses que mantienen a flote toda la economía mundial. El actual entorno financiero y presupuestario, sugiere un historiador conservador de los mercados de bonos internacionales, contiene todos los ingredientes de una tormenta perfecta (4). En la era del neoliberalismo, las grandes potencias han desmantelado gran parte de su capacidad reguladora y han desencadenado la sociedad del riesgo, como si las cosechas de la turbulencia de los mercados pudieran recogerse por siempre. El reflujo de esta gran transformación está poniendo en cuestión algunas de las principales tendencias que parecían absolutamente bloqueadas tras el fin de la Guerra Fría. El relato optimista de la globalización –la ideología dominante de la pasada década– está en retirada. La descripción de Polanyi de cómo la era decimonónica de capitalismo mundial de mercado preparó el terreno para los duros aterrizajes del periodo de entreguerras ofrece un instructivo precedente. El único motivo por el cual una crisis de semejantes proporciones parece todavía improbable es que no existen en la actualidad fuerzas de cierta importancia que pudieran ver sus intereses favorecidos aprovechando este desorden. III Éste es el contexto de un retorno a Maquiavelo, una figura que se hace plenamente vigente dentro de una situación histórica cuyos contornos y posibilidades no es posible entender dentro de las condiciones existentes en el pensamiento político, como resultado de la realidad –incluso irrealidad– cada vez más problemática de la praxis. Su propio momento de formación llegó con el hundimiento abrupto del mundo de las ciudades- Estado italianas a finales del siglo XV, a raíz de las invasiones por parte de ejércitos enemigos y de cambios internos de régimen. En medio de este torrente, Maquiavelo anuncia una ruptura en el tiempo; o, más bien, el surgimiento de una nueva temporalidad políticamente constituida de las épocas. El advenimiento de la discontinuidad llega con un gesto fundador de disyunción radical con respecto al pasado reciente –«estos siglos corruptos nuestros»–(5), que se demarca frente a un periodo clásico, y un presente que se abre a un horizonte espectacularmente ampliado (6). Cabe decir que el Prólogo que abre los Discursos sobre la primera década de Tito Livio cuenta con dos apartados introductorios. El primero empieza con una comparación de los peligros de encontrar nuevos métodos y sistemas a aquellos a los que se enfrenta un explorador que busca «aguas y tierras desconocidas»; y con una declaración de intenciones: «He decidido tomar un camino que hasta ahora nadie ha pisado» (7). El segundo comienza con un rechazo terminante de la pasión renacentista por las antigüedades como una pobre imitación de los antiguos, cuya grandeza no residía en la talla de estatuas, sino más bien en el arte soberano de hacer la historia. Ese comienzo de Jano bifronte subraya los problemas de perspectiva de las categorías narrativas con las que intentamos comprender la estructura de situaciones históricas concretas. En el Prólogo al segundo libro de los Discursos, aunque Maquiavelo admite que es imposible conocer la historia wie es eigentlich gewesen (8) a partir de los relatos tendenciosos y dispares de los vencedores y de los supervivientes, se afirma, sin embargo, que existe un método de interrogación del razonamiento de estos relatos, de análisis de cómo las condiciones han cambiado de «provincia a provincia» (9). No faltan teorías sociales que pretendan explicar crisis y transformaciones históricas a gran escala, ni que aborden de manera más directa la dinámica del sistema-mundo contemporáneo. ¿Qué se puede aprender hoy en día de la lectura de los textos de Maquiavelo que no era posible encontrar en las obras de Marx, por ejemplo? Este último, se dice con frecuencia, no daba cuenta de manera adecuada de categorías, formas y praxis específicamente políticas. La dimensión antes ausente de ciudadanía, nacionalidad, partido, etc., introducida para complementar –o, si no, desbancar– a Marx, resulta invariablemente ideológica, en el sentido althusseriano de un lenguaje de orientación subjetiva. La lectura de Maquiavelo nos proporciona en este contexto la posibilidad de interrogar desde una perspectiva filosófica las ideologías de la agencia que conforman estas concepciones políticas –orientadas al actor– de la historia. Los escritos de Maquiavelo constituyen una investigación sostenida de los límites de la empresa política sin el cierre de ningún esencialismo antropológico. Es cierto que, con frecuencia, parece interesado en la fundación de nuevos órdenes políticos –religiones, Estados, pueblos–, como un modo de enmarcar el anterior problema de la plasticidad de la «naturaleza humana». Pero las reflexiones dispares que ofrece sobre esta última no constituyen la base ni de una prudencia conservadora ni de un deseo utópico, sino que, más bien, intervienen para desestabilizar constantemente ambos extremos. La «maldad» a la que Maquiavelo se refiere es política, no moral, y menos aún teológica: no parte «de la naturaleza malvada de los hombres, como se suele decir»10. Además, esta maldad resulta que no es toda ella mala, desde el punto de vista político: Los hombres están deseosos de cosas nuevas, hasta tal punto que en la mayoría de los casos los que están en una buena posición desean la novedad tanto como los que están en una posición mala. Porque, tal y como se dijo con anterioridad, y es cierto, los hombres se aburren con el bien y se afligen en el mal (11). La radicalización del problema de la fundación de un Estado revela la posibilidad de un nuevo arte de fundar pueblos, reclutar ejércitos y ganar batallas. Esto saca a la luz, a su vez, las virtudes radicales, inhumanas, de aquellos que se proponen reinventar a los seres humanos (12). El movimiento del pensamiento de Maquiavelo resulta inesperado. Primero, nos dice: «No sé si esto ha sucedido alguna vez o si es posible». Luego, que constituiría una «empresa muy cruel o totalmente imposible». A continuación, cómo se podría hacer: Construir en las ciudades nuevos gobiernos con nombres nuevos, autoridades nuevas, hombres nuevos; hacer pobres a los ricos y ricos a los pobres [...] erigir nuevas ciudades, derribar aquellas construidas, cambiar a los habitantes de un sitio a otro y, en definitiva, no dejar nada intacto (13). Tal y como lo expresara Rousseau, uno de los lectores más astutos de Maquiavelo: «Aquel que se atreva a emprender la creación de un pueblo, debería sentir que está, por así decirlo, en condiciones de cambiar la naturaleza humana» (14). En una obra dedicada al estudio de las repúblicas, la legitimación provisional de semejantes métodos amplía explosivamente el campo de lo pensable más allá de los límites establecidos por las convenciones imperantes en el discurso cívico. ¿Podría nacer hoy en día una figura de agencia radical absoluta como ésta? La respuesta debe tener en cuenta la inmensa variabilidad en la potencia y los conocimientos de los hombres en diferentes épocas y lugares: «La debilidad de los hombres del presente, provocada por su educación poco sólida y su escaso conocimiento de las cosas, les hace juzgar los juicios de los antiguos en parte inhumanos, en parte imposibles» (15). Los pensamientos de Maquiavelo sobre este tema distan mucho de ser concluyentes; parece contradecirse sin fin cada vez que se refiere justamente a esta cuestión de cuán transformables son los seres humanos, cuán abiertos están al cambio. Antes de empezar siquiera su relato de las vidas de los creadores y aspirantes a creadores de nuevos Estados, advierte a quienes pretenden tomar las armas contra sus amos, creyendo que así les podría ir mejor, que «se llaman a engaño, porque más tarde verán por experiencia que les ha ido peor»16. Se podría ofrecer una larga lista de observaciones y máximas de El Príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio que se niegan mutuamente, dejando al lector en busca de una solución. La más desconcertante de estas contradicciones se refiere a la legitimidad epistemológica del razonamiento estratégico desde el punto de vista de precedentes y contraejemplos históricos. Mientras Maquiavelo parece despreciar a aquellos que juzgan que la «imitación no sólo es difícil, sino imposible –como si los cielos, el sol, los elementos y los hombres hubieran cambiado en su movimiento, orden y poder con respecto a lo que eran en la antigüedad»– más adelante pasa a escribir: «Dado que rara vez se producen causas parecidas, rara vez se dará también el caso de que valgan remedios parecidos» (17). ¿Cuál es el significado de estas aparentes aporías? Tal y como observó Althusser, «la cuestión central a la que todo está ligado escapa una y otra vez a la percepción» (18). Se puede sostener que, en la filosofía política clásica, tales señales de duda transmiten una enseñanza sobre la sabiduría de la moderación. No es esto lo que sucede en Maquiavelo. Las historias que él cuenta empujan al lector a reflexionar sobre cómo discernir, cómo orientarse prácticamente hacia líneas potenciales de acción en situaciones ejemplares. Aquí las aporías suscitan preguntas que no paralizan, o moderan, sino que llevan al lector a reconocer las ventajas –con frecuencia demostradas vagamente– de una línea impetuosa. Maquiavelo admite que este tipo de sabiduría estratégica constituye un tipo de conocimiento muy precario; sin embargo, alienta persistentemente las posturas más excesivas. el binarismo estratégico fundamental que establece entre «temporizar» y «atacar», la línea de razonamiento siempre se inclina hacia este último (19). Existe quizá una justificación teórica de esta retórica de ir al extremo, en la medida en que tales líneas de la acción parecen proporcionar el mejor nutriente para su modo de pensamiento. Los escenarios que Maquiavelo describe en sus parábolas antiguas y contemporáneas están construidos para poner a prueba el valor de distintas perspectivas y posturas hacia el mundo: la Haltung [actitud] personalizada, por utilizar una categoría brechtiana, como modo de transmitir una extraña enseñanza filosófica. Se trata, sin duda, de un tipo raro de ciencia política: pretende impartir no sólo un conocimiento integral de la estructura de las situaciones políticas más explosivamente controvertidas –revoluciones en el orden de las cosas humanas–, sino también esas virtudes y disposiciones subjetivas que podrían alterar los vectores de cambio. Maquiavelo enseña una forma radicalizada de razón práctica, orientada a objetivos con diferentes horizontes temporales: de la política más inmediata de supervivencia y engrandecimiento individual a proyectos que sólo pueden realizarse después de la propia muerte. La naturaleza extrañamente inconcluyente de los juicios históricos y consejos prácticos de Maquiavelo vuelve sus enseñanzas difíciles de resumir. No hay sustituto para una lectura de sus obras con los ojos bien abiertos. Tal y como hemos visto, la perspectiva política fundamental de este pensador puede parecer dividida: pese a evocar inmensas posibilidades de innovación política, también se le conoce con justicia como un frío reventador de ilusiones utópicas. Rechazando «a tantos que han imaginado repúblicas y principados que nunca nadie ha visto o de cuya existencia en la realidad nadie ha sabido», escribe que lo que le interesa es dirigirse directamente a «la verdad eficaz de la cosa» y no a nuestras fantasías imaginarias y facilitadoras (20). Pero, aunque esta verdad efectiva instaura un umbral de plausibilidad histórica, nunca funciona en sus textos como un límite absoluto del pensamiento, que lo fije a lo meramente existente. Se parece más a un tamiz, que somete las propuestas más radicales a un riguroso criterio de inmanencia. Las celebérrimas formulaciones antiutópicas de Engels o Lenin transmiten un sentido aproximado de la intención de Maquiavelo a este respecto. Tal y como sugiere este paralelismo con una tradición revolucionaria posterior, la prohibición de imaginar una nueva república se levanta a condición de no rehuir pensar cuidadosamente las duras medidas que acompañan sus orígenes. Esto, de acuerdo con Maquiavelo, es muy difícil: «Puesto que la grandeza de la cosa aterroriza en parte a los hombres, haciéndoles fracasar en sus primeros comienzos» (21). IV La historia del retorno a Maquiavelo para interrogar la estructura del presente se remonta al siglo XVII. Los comentarios sobre esta figura de Bacon, Harrington o Spinoza –así como de Bayle, Montesquieu, Voltaire o Rousseau– constituyen momentos en la historia intelectual del surgimiento de una conciencia político-filosófica de la modernidad. Para cada uno de estos pensadores, Maquiavelo abrió la puerta a una exploración desinhibida de los problemas centrales de esta nueva condición: el futuro de la Cristiandad, la posibilidad de un gobierno republicano, los límites de la Ilustración popular, la decadencia y renacimiento de las civilizaciones, el status problemático de los límites morales y legales al uso del poder político... Hegel y Fichte forman un episodio intermedio entre este momento maquiaveliano de la edad moderna y el que se daría ya a finales del siglo XX. El idealismo alemán en la época napoleónica recurrió a Maquiavelo con nuevas preocupaciones, galvanizado por la inminente liquidación del Estado alemán. Una formulación de Carl Schmitt capta el espíritu de este momento y establece un punto focal crucial para la recepción que Maquiavelo tendría en el siglo XX. Para Schmitt, la actualidad de este pensador se reivindica en situaciones de «defensiva ideológica», cuando se hace imperativo pensar cuidadosamente una experiencia de derrota histórica (22). El siglo XIX asistió a un largo declive de este género específico de interpretación y comentario de Maquiavelo. Fuera de Italia, se le relegó en general al status de pieza pintoresca del periodo renacentista o de predecesor distante de la Realpolitik. Gramsci ofreció una curiosa explicación de este hiato: la elevación decimonónica de la «sociedad» a categoría principal del orden de las cosas humanas había eclipsado la anterior centralidad de las categorías políticas; con esta ruptura epistémica, Maquiavelo, el gran maestro del arte de la política, se había vuelto supuestamente obsoleto a raíz de la nueva interpretación de las leyes y la dinámica del desarrollo social. Con el advenimiento de la Edad de los Extremos en el siglo XX, se produjo un retorno, cuando personajes de todo el espectro político empezaron a dirigir su atención a los nuevos órdenes que surgieron de la crisis del constitucionalismo liberal-conservador y del sistema interestatal basado en él. En el periodo de entreguerras, la lectura de los textos de Maquiavelo sobre los orígenes y la suerte del mundo político europeo constituyó una corriente destacada en la institución de la ciencia política como disciplina académica, dentro de un contexto redefinido por el surgimiento más o menos simultáneo de los Estados bolchevique y fascista. ¿En qué sentido destaca Maquiavelo, en comparación con Hobbes y Spinoza, como teórico de la modernidad? Estos tres pensadores volvieron a estar presentes en la discusión intelectual durante este periodo, pero, en un sentido decisivo, Maquiavelo era único: tanto Hobbes como Spinoza fueron coetáneos de una guerra civil-religiosa que atravesó toda Europa y el objetivo central de sus tratados político-teológicos era la neutralización o despolitización. La carrera de Maquiavelo precedió inmediatamente esta época de pensamiento europeo y sus reflexiones sobre la política y la naturaleza no estaban sometidas a esta directiva primordial de pacificación. Los encuentros de principios del siglo XX con Maquiavelo fueron motivo de reflexión sobre un horizonte más allá del liberalismo. Formando un arco que se extiende de un lado a otro del mapa político, Carl Schmitt, Wyndham Lewis, Leo Strauss, Benedetto Croce, Raymond Aron y Antonio Gramsci identificaron el siglo, cada uno a su manera, como maquiaveliano. Otros, situados bien antes bien después de este periodo, pertenecen a esta misma historia de despertar teórico: Maurice Joly a finales del siglo XIX e Isaiah Berlin y Louis Althusser a finales del siglo XX. V Aunque la calidad erudita de las discusiones anglófonas más recientes sobre Maquiavelo y su legado con frecuencia exceden la de estas lecturas anteriores menos exegéticas, cabe sostener que ha habido una reducción en la comprensión de facetas cruciales de su pensamiento: aquellas que no se pueden encajonar tan fácilmente en el molde del republicanismo cívico o de una concepción de la ciencia política neutral en sus valores. Desenterrar estos antecedentes podría proporcionar provechosos puntos de penetración en la lectura de Maquiavelo en la actualidad. Dentro de la constelación del siglo XX, dos estudios destacan por las instructivas reflexiones que contienen sobre las catastróficas deficiencias ideológicas de su época. En su Meditación sobre Maquiavelo, publicada en los momentos más críticos de la Guerra Fría, Leo Strauss proponía que la lectura más importante de este autor debía arrancar con el supuesto aparentemente ingenuo de que era un maestro de gangsterismo revolucionario (23). Quizá con una pizca de ironía, agregaba que ésta era una forma de ver las cosas que iba en contra de todo lo que representaba Estados Unidos y que de ello se deducía que se podía considerar a Maquiavelo el antecesor intelectual directo del comunismo. Para Strauss, el florentino era el fundador filosófico de una modernidad cuyo destino era la reducción de la naturaleza humana a materia prima de una tecnopolítica. La máxima de Maquiavelo –«hazlo todo nuevo»–24 guiaba una exoneración espiritual que culminaría en las tiranías del siglo XX. Strauss sugería que Occidente tenía que reaprender de la fuente italiana el arte radical de poner en movimiento y dar marcha atrás a las grandes oleadas históricas. La tarea inmediata consistía en un proyecto a largo plazo de restauración de los límites de la empresa humana, en los que sabiamente insistieron los clásicos de la filosofía política antigua, así como las tradiciones bíblicas, por lo demás antitéticas: los dos modos contra los que Maquiavelo se había levantado en rebelión. Para ello, era necesario construir refugios en los que los modos antiguos de pensamiento pudieran regenerarse, para resistir el ataque de movilizaciones populares masivas de todas las franjas ideológicas. La esperanza residía en que una nueva generación de dirigentes pudiera inspirarse y, así, sostener el fuerte contra las consecuencias nihilistas de la modernidad. Durante las primeras décadas del periodo de entreguerras, el futuro de una revolución conservadora de este corte parecía poco prometedor, pero se podía cobrar ánimos aprendiendo del enemigo: «Todos los profetas desarmados, dice, han fracasado. Pero ¿qué es él sino un profeta desarmado? ¿Cómo puede albergar esperanzas razonables sobre el éxito de su enorme empresa [...] si los profetas desarmados fracasan necesariamente?» (25). «El Príncipe moderno» de Gramsci ofrece una valoración de la importancia contemporánea de Maquiavelo tangencial a esta primera26. Antiguo dirigente de un partido revolucionario, preso político con Mussolini, el sardo era un profeta desarmado por excelencia. Pero Maquiavelo, para Gramsci, lejos de ser el teórico de una marcha victoriosa de la modernidad, era el estratega de la reactivación «desde cero» de causas radicales derrotadas. El problema crucial que había que descifrar era la revolución europea que no había logrado materializarse. No se trataba de ninguna proyección arbitraria: el declive de las repúblicas urbanas al que se enfrentaba Maquiavelo constituía, en efecto, un precedente plausible del propio esfuerzo de Gramsci de pensar con detenimiento la derrota catastrófica de las clases obreras europeas en la época del fascismo y del fordismo. A su juicio, Maquiavelo brindaba el modelo intelectual para llevar a cabo un riguroso cálculo estratégico en medio de semejante devastación, como preparación para una reconstitución muy a largo plazo de la praxis colectiva a través del rearme intelectual y material. A esto es a lo que llamaba hegemonía. La pregunta que guiaba sus reflexiones sobre Maquiavelo era, por consiguiente, «¿Cuándo es posible decir que existen las condiciones para despertar y desarrollar una voluntad colectiva nacional-popular?» (27). A Gramsci, al igual que a Strauss, le impresionaba la dualidad del pensamiento de Maquiavelo entre la atención a la necesidad de una fuerza revolucionaria tiránica y una concepción alternativa de la agencia como proyecto de guerra espiritual, que se despliega a lo largo de las generaciones. El cristianismo fue la primera religión con una profecía desarmada, el primer movimiento de la guerra de posiciones. La última concepción de la política se manifestaba en una forma de escritura dirigida simultáneamente a los elementos dispares e irreconciliables de la generación presente y a una posteridad lejana y más afín. Para una figura a la que se atribuye la afirmación de que la gloria de la victoria era la única pasión que animaba una vida de política, Maquiavelo parece haberse preocupado excesivamente de cómo todo un modo de autoridad «podía ser llevado al caos poco a poco, de generación en generación». Maquiavelo expresó el imperativo ético que sostiene proyectos a largo plazo de instauración, transvaloración, revolución: Es deber del hombre bueno enseñar a otros el bien que no se podía hacer por la malignidad de los tiempos o de la fortuna, de modo que cuando haya muchos que sean capaces de él, alguno, más amado por la providencia, pueda hacerlo (28). La apelación a generaciones futuras, menos corruptas, resulta extraña para las sensibilidades contemporáneas. Por consiguiente, con frecuencia se pasa por alto la importancia política de este modo de discurso en algunas de las grandes obras del pensamiento de la edad moderna (29). Estas líneas hablan a una virtud que ha sufrido una pérdida drástica de actualidad, a saber, la fidelidad a una causa, aun cuando se han perdido las grandes ilusiones que la sostenían. Enseñar el Gran Método de la innovación política fue el único imperativo ético que este pensador, célebre por su falta de moral, parece haberse tomado en serio. VI ¿Qué sugiere la diversidad de interpretaciones de Maquiavelo y la oposición entre ellas dentro de esta coyuntura? Sin duda, el status siempre problemático, cuando no la relatividad, hasta de las perspectivas políticas más convincentes sobre la propia época. Pero también el punto hasta el cual tales compromisos partidarios son inseparables de la voluntad de descubrir la verdad eficaz de la situación histórica en la que nos encontramos. Hay una formulación de Gramsci que señala con precisión la naturaleza indefinida del tipo de teoría política que necesitamos para orientarnos históricamente en las actuales circunstancias: «es necesario», escribió, «desarrollar una teoría y una técnica de la política que [...] pueda resultar de utilidad en ambos frentes de la batalla» (30). La lectura de Maquiavelo puede educarnos en el modo de explorar los fundamentos de las propias lealtades sin abandonar la esperanza ni sucumbir a las ilusiones. Como es bien sabido, sus propios compromisos estaban poco claros: pese a la vehemencia esporádica de su lenguaje, rara vez reveló alguna lealtad exclusiva, ya fuera a los príncipes o a las repúblicas, a las clases dominantes o a las multitudes, o siquiera a épocas pasadas frente a tiempos presentes. Con todo, habría que distinguir la ecuanimidad de Maquiavelo –«pesimismo de la razón»– del espíritu de renuncia que prevalece en épocas de restauración. Después de denunciar los errores de las falsas esperanzas en un capítulo de los Discursos (31), da un giro en otro capítulo y ofrece el siguiente consejo sobre por qué deberíamos permanecer del lado de las causas derrotadas, incluso cuando podríamos beneficiarnos con facilidad de unirnos al lado vencedor: Los hombres pueden secundar la fortuna pero no oponerse a ella [...] pueden tejer su estructura, pero no romperla. De hecho, nunca deberían darse por vencidos, ya que, en la medida en que no conocen su fin y que éste transcurre por vías oblicuas y desconocidas, deben tener siempre esperanza y nunca rendirse, independientemente de la fortuna y los sudores en los que se vean32. VII Existe una larga historia de comentarios sobre Maquiavelo como teórico del presente en tanto que coyuntura de transición, una historia que es preciso comprender a fin de sacar a la luz las líneas de una valoración contemporánea productiva de su obra. La lectura de Maquiavelo hoy abre la posibilidad de empezar a desarrollar una orientación estratégica radical para algunos de los problemas centrales del siglo que entra: el futuro del mercado mundial, el del sistema interestatal e incluso, en la época biotecnológica que llega, el de la propia naturaleza humana. Carecemos de una concepción de la política que se adecue siquiera remotamente a la escala de los peligros y posibilidades que tenemos ante nosotros. La actual incapacidad y falta de voluntad para considerar –senza alcuno rispetto [«sin ningún respeto»]– una trascendencia de la forma dominante de Estado y sociedad constituye una situación potencialmente muy peligrosa. Cabe sostener que tienen que cambiar muchas cosas para mantener siquiera los fundamentos de este sistema a lo largo de otra era de crisis y transición. El problema que plantea Maquiavelo es que descubrir la verdad eficaz de nuestra situación histórica exige un compromiso radical. No es posible estimar las posibilidades de transformación de las condiciones humanas sin interrogar al sujeto al que se le atribuye el papel de portador del proyecto. Para Gramsci, este elemento subjetivo de la teoría revolucionaria es «una cima inaccesible para la facción enemiga» (33). En relación con el cálculo político operativo de tiempos históricamente estáticos, existe un impulso irreductible en esa «arbitrariedad» subjetiva en juego en la adopción de posturas antagonistas que presuponen la posibilidad de transformaciones apenas concebibles. En sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Maquiavelo saca a la luz el papel desempeñado por esta negatividad irrefrenable en el surgimiento de nuevas realidades históricas: Los apetitos humanos son insaciables, ya que, en la medida en que, por naturaleza, tienen la capacidad y el deseo de querer todas las cosas y, por fortuna, la capacidad de conseguir pocas, de ello se desprende constantemente un descontento en las mentes humanas y una repugnancia por las cosas que poseen. Esto les hace maldecir los tiempos presentes, alabar el pasado y desear el futuro, aún cuando no exista ninguna causa razonable que les mueva a ello (34). La negatividad de esta actitud plantea problemas que resultan extremadamente difíciles de resolver desde una perspectiva empírica y que, por lo tanto, tal vez deberían considerarse filosóficos. ¿Existen posiciones políticas privilegiadas para la observación de la propia situación histórica?¿Ha violentado siempre la naturaleza polémica del juicio político las ironías de la historia? o, a la inversa, ¿cuándo depende la comprensión de una situación histórica precisamente de ese marco polémico que se establece entre amigo y enemigo? ¿Qué concepción viable de las alternativas históricas dirige la denuncia de las condiciones existentes? ¿Cuándo se capta la verdad eficaz en la lucha política contracorriente y cuándo llega flotando río abajo alejada de la inmediatez de la práctica? Éstas son preguntas estrictamente filosóficas que Maquiavelo plantea acerca de la política y que ahora toca transformar en posiciones prácticas. «¿Tenemos que tener suerte?», escribe Brecht en su poema, «A un indeciso»: Eso preguntas. No esperes más respuesta que la tuya propia. 1 Carl SCHMITT, «Das Zeitalter der Neutralisierungen und Entpolitisierungen» (1929), Positionen und Begriffe im Kampf mit Weimer-Genf-Versailles, 1923-1939, Berlín, 1988, p.120. 2 Louis ALTHUSSER, Machiavelli and Us, Londres, 2000, p. 7 [ed. orig.: Écrits philosophiques et politiques, vol. 2, París, Stock/Imec, 1997, pp. 39-167; ed. cast.: Maquiavelo y nosotros, Madrid, Akal, 2004] 3 Alexis de TOCQUEVILLE, carta a Corcelle, 19 de octubre de 1839, en Oeuvres complètes XV, París, 1951, p. 139. 4 Nial FERGUSON, «Going Critical: American Power and the Consequences of Fiscal Overstretch », National Interest (otoño de 2003). 5 Nicolás MAQUIAVELO, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Madrid, Alianza, 2000, Libro II, cap. 19. 6 Para una brillante discusión del problema de la «ruptura» que da comienzo a la modernidad, véase Fredric JAMESON, A Singular Modernity: Essay on the Ontology of the Present, Londres, 2002. 7 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, Prólogo. 8 De la frase del alemán Leopold von Ranke, considerado fundador de la historiografía moderna: «alles erzehlen wie es eigentlich gewesen war»; literalmente, «contar todo tal y como realmente sucedió». [N. de la T.] 9 N. Maquiavelo, «Prólogo», Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro II. Una formulación de Fredric Jameson viene a esclarecer los problemas político-epistemológicos a los que se enfrentaba Maquiavelo: «Los escritores tienden a organizar los acontecimientos que representan de acuerdo con sus propios esquemas más profundos de lo que la Acción y el Acontecimiento parecen ser; o [...] proyectan sus propias fantasías de interacción en la pantalla de lo Real». Fredric JAMESON, Brecht and Method, Londres, 1998, p. 27. 10 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro III, cap. 29. 11 Ibid., Libro III, cap. 21. 12 Maquiavelo era un humanista poco común, si es que realmente lo era, puesto que no tenía inconveniente en calificar la cima de la virtud de «inhumana». ¿Cuál es el verdadero significado de esta aterradora palabra de elogio en el léxico de Maquiavelo? En líneas generales, se transmite la misma enseñanza en un duro verso de Tao Te Ching: «Exterminad la benevolencia, desechad la rectitud: el pueblo estará cien veces mejor». 13 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, cap. 17; cap. 18; cap. 26. 14 Jean-Jacques ROUSSEAU, El contrato social, Madrid, Itsmo, 2004. 15 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro III. 16 Nicolás MAQUIAVELO, El príncipe, Madrid, Itsmo, 2001, cap. 3. Aquellos que, como Negri,ven el pensamiento de Maquiavelo infundido por un entusiasmo exultante, pasan por alto la dialéctica de acuerdo con la cual tales momentos surgen de una inteligencia más sardónica. Véase Antonio NEGRI, Il potere constituente, Carnago, Sugarco Edizioni, 1992 [ed. cast.: El poder constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1994]. 17 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, Prólogo. 18 L. Althusser, Machiavelli and Us, cit., p. 15. 19 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, cap. 33. 20 N. Maquiavelo, El príncipe, cit., cap. 15. 21 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, cap. 55. 22 Carl SCHMITT, The Concept of the Political, Chicago, 1996, p. 66 [ed. cast.: El concepto de lo politico, Madrid, Alianza, 1998]. 23 Leo STRAUSS, Thoughts on Machiavelli, Glencoe, IL, 1959, p. 13. 24 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro I, cap. 26. 25 L. Strauss, Thoughts on Machiavelli, cit., p. 84. 26 Antonio GRAMSCI, «The Modern Prince», Selections from the Prison Notebooks, Nueva York, 1972. 27 Ibid., p. 130. 28 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro III, cap. 8; Libro II, Prólogo. 29 En su huida del huracán fascista, Brecht ofrecía las siguientes directrices para un arte de la escritura en tiempos oscuros: «Preparar una obra para que resista la prueba del tiempo, a primera vista un objetivo “natural”, se convierte en algo más serio cuando el escritor tiene motivos para albergar la suposición pesimista de que sus ideas sólo encontrarán aceptación a largo plazo. Por cierto, las medidas que se empleen a este propósito no deben empañar el efecto que la obra tenga en la actualidad. Los necesarios toques épicos aplicados a cosas que resultan de por sí “obvias” en el momento de la escritura pierden su valor como efectos marginales pasada esa época. La autarquía conceptual de las obras contiene un elemento de crítica: el escritor está analizando la transitoriedad de los conceptos y observaciones de su propia época» [24 de abril de 1941], Bertolt Brecht Journals (1994), Londres, p. 145. 30 A. Gramsci, «The Modern Prince», cit., p. 136. 31 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro II, cap. 27. 32 Ibid., Libro II, cap. 29. 33 Antonio Gramsci, «Problems of Marxism», Prison Notebooks, cit., p. 462. 34 N. Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cit., Libro II, Prólogo.