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martes, 6 de diciembre de 2011

El 0,01% no son "creadores de trabajo"


Paul Krugman

Tribuna Hispana USA

Traducción de A. Mondragón

“Somos el 99 por ciento” es un gran lema. Define correctamente el tema de la clase media contra la élite (lo opuesto a la clase media contra los pobres). Y también va más allá de la noción común pero incorrecta del establishment de que la ampliación de la desigualdad se debe principalmente a que los mejor educados lo están haciendo mejor que los menos educados; los grandes ganadores en esta nueva edad dorada han sido un puñado de gente muy rica, no los graduados de la universidad en general.

Sin embargo, el lema del 99 por ciento no es del todo correcto. Una enorme fracción de las ganancias del 1 por ciento superior han ido realmente a un grupo incluso más pequeño, el 0,1 por ciento superior, el un milésimo más rico de la población.

Y mientras los demócratas, generalmente, quieren que esta super-élite haga por lo menos una cierta contribución a la reducción del déficit a largo plazo, los republicanos desean cortar los impuestos de la super-élite, así como reducir radicalmente la Seguridad Social, el Medicare y el Medicaid, en nombre de disciplina fiscal. Antes de comentar estos conflictos de la política, aquí están algunos números.

El reciente informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso sobre la desigualdad no miró dentro del 1 por ciento superior, pero sí un informe anterior, que solo lo analiza hasta 2005. Según ese informe, entre 1979 y 2005 el ingreso ajustado a la inflación, después del pago de impuestos, aumentó en un 21 por ciento para la clase media estadounidense. El número equivalente para el 0,1 por ciento más rico aumentó en un 400 por ciento. En su mayor parte, estos aumentos enormes reflejaron una subida drastica de los ingresos de la super-élite antes de los impuestos. Pero también hubo grandes reducciones de impuestos que favorecieron a los ricos. Particularmente, los impuestos sobre las ganancias de capital son mucho más bajos de lo que eran en 1979, y el milésimo más rico de los estadounidenses percibe la mitad de todos los ingresos por las ganancias sobre el capital.

Dada esta historia, ¿por qué los republicanos abogan por las reducciones de impuestos para los muy ricos cuando ellos mismos advierten sobre el déficit y exigen drásticos cortes en programas como el seguro social?

Bien, aparte de gritos de la “¡guerra de la clases!” siempre que se plantean tales preguntas, la respuesta generalmente es que la super-élite es la "creadora del trabajo", es decir, que hace una contribución especial a la economía. Pero lo qué usted necesita saber es que esto no es así. De hecho, no lo es aún cuando los EE.UU. lo ha idealizado, la perfecta economía de mercado de las fantasías conservadoras.

Después de todo, en una economía de mercado idealizada cada trabajador debería pagar exactamente lo que contribuye a la economía a través de su trabajo, ni más ni menos. Y esto debería ser igual para los trabajadores que ganan 30.000 dólares anuales y para los jecutivos que ganan 30 millones de dólares al año. No habría razón para considerar que las contribuciones de la gente que gana 30 millones deban merecer un tratamiento especial.

Pero usted dice, ¡los ricos pagan impuestos! De hecho lo hacen. Y podrían —y deberían, desde el punto de vista del 99,9 por ciento— estar pagando sustancialmente más impuestos, no ofreciéndoles más recortes de impuesto, a pesar de la alegada crisis del presupuesto, debido a las cosas maravillosas que supuestamente hacen.

No son “creadores de trabajo”. No obstante, ¿algunos de los super ricos no ganan su riqueza produciendo innovaciones que de lejos valen más para el mundo que los ingresos que reciben? Seguro que sí, pero si usted echa una mirada a quienes realmente componen el 0,1 por ciento, es difícil evitar la conclusión de que, generalmente, los miembros de la super-élite están sobrepagados, no mal pagados, por lo que hacen.

¿Quienes están en el 0,1 ciento? Muy pocos son innovadores del tipo de Steve Job; la mayor parte de ellos son halcones corporativos y agentes financieros sin escrúpulos. Un análisis reciente encontró que el 43 por ciento de la super-élite son ejecutivos en las compañías no financieras, el 18 por ciento está en las finanzas y otro 12 por ciento son abogados o están en el negocio de las propiedades inmobiliarias. Y éstos no son, para decirlo suavemente, profesionales cuyos ingresos tengan una clara relación entre lo que ganan y su contribución económica. El pago a los ejecutivos, que se ha elevado súbitamente en la última generación, es famoso porque es fijado por las juntas directivas nominadas por la misma gente cuyos pagos ellos determinan; un C.E.O. de mal desempeño aún consigue cheques prodigiosos y los ejecutivos que incluso fallan y son despedidos reciben a menudo millones mientras salen por la puerta ancha.
Mientras tanto, la crisis económica demostró que mucho del aparente valor creado por las finanzas modernas fue un espejismo. Como el director para la estabilidad financiera del Banco de Inglaterra dijo recientemente, se ve que los altos retornos antes de la crisis simplemente reflejaba el incremento de tomar riesgos, riesgo que fue tomado por sobre todo no por los inescrupulosos agentes financieros sino por inocentes inversionistas o por los contribuyentes, que terminaron sosteniendo el bolso (de las deudas) cuando todo fue mal. Y como observó mordazmente, “si producir riesgos fuera una actividad que añadiera valor (a la economía), los jugadores de la ruleta rusa contribuirían desproporcionadamente al bienestar global”. Entonces, ¿el 99,9 por ciento debe odiar al 0,1 por ciento? No, en absoluto. Pero debe ignorar toda la propaganda de “creadores de trabajo” y exigir que la super-élite pague sustancialmente más impuestos.

Texto original: www.nytimes.com/2011/11/25/opinion/we-are-the-99-9.html?_r=1

Fuente: http://tribunahispanausa.com/portal/?p=24739

jueves, 1 de diciembre de 2011

TODOS SOMOS “OCUPAS”



Arundhati Roy

El martes por la mañana [15 de noviembre], la policía desalojó el Parque Zuccotti, pero hoy la gente ha regresado. La policía debería entender que esta protesta no se centra en una batalla en torno al terreno. No luchamos por el derecho a ocupar un parque aquí y allá. Luchamos por la justicia. Justicia no sólo para el pueblo de los Estados Unidos sino para todos.
Lo que habéis conseguido desde el 17 de septiembre, fecha de inicio del movimiento “Ocupa…” es introducir una nueva imaginación, un nuevo lenguaje político en el corazón del Imperio. Habéis reintroducido el derecho a soñar en un sistema que intentaba convertirnos a todos en muertos vivientes hipnotizados para equiparar el consumismo insensato con la felicidad y la plenitud.
Como escritora, dejadme que os lo diga, se trata de un logro inmenso. No me basto para daros las gracias.
Hablamos de justicia. Hoy, mientras hablamos, el Ejército de los EE. UU., libra una guerra de ocupación en Irak y Afganistán. Aviones norteamericanos no tripulados matan civiles en Pakistán y más allá de sus fronteras. Decenas de miles de soldados y escuadrones de la muerte norteamericanos se desplazan hacia África. Por si no fuera suficiente gastar miles de millones para administrar la ocupación de Irak y Afganistán, se eleva la voz para hablar de una guerra contra Irán.
Desde la Gran Depresión, la fabricación de armas y la exportación de la guerra han sido formas claves de estimular la economía para los EE. UU. Sólo últimamente, con el presidente Obama, los EE. UU. han concluido un acuerdo de venta de armas a Arabia Saudita por valor de 60.000 millones de dólares. Esperan vender miles de revientabúnkeres a los Emiratos. Han vendido aeronaves militares por valor de 5.000 millones de dólares a la india, mi país, que tiene más pobres que todos los países pobres de África juntos. Todos estos conflictos, desde el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki a Vietnam, Corea, América Latina, han costado millones de vidas, y todos se han librado para garantizar el "American way of life", el “modo de vida americano”.
Hoy sabemos que el "modo de vida americano" – el modelo al que se supone ha de aspirar el resto del mundo – ha ocasionado que cuatrocientas personas posean la misma riqueza que la mitad de la población de los EE. UU. Ha significado que miles de personas se quedaran sin casa y sin trabajo mientras el gobierno norteamericano rescataba bancos y empresas: sólo American International Group (AIG) recibió 182.000 millones de dólares.
El gobierno de la India rinde culto a la política económica norteamericana. Como resultado de los veinte años de economía de libre mercado, en la actualidad las cien personas más ricas de la India poseen activos por valor de un cuarto del PIB del país mientras más del 80% de la población del país vive con menos de cincuenta céntimos de dólar al día; 25.000 campesinos, atrapados en una mortífera espiral, se han suicidado. A esto le llamamos progreso, y hoy nos creemos una superpotencia. Como vosotros, estamos bien cualificados, disponemos de armas nucleares y de una obscena desigualdad.
Las buenas noticias se resumen en que la gente ha dicho basta y ya no va aguantar más. El movimiento “Ocupa...” se ha sumado a otros millares de movimientos de resistencia en todo el mundo en los que las gentes más pobres se alzan y paran en seco a las grandes empresas. Pocos de nosotros soñábamos con veros a vosotros, el pueblo de los EE. UU., a nuestro lado, tratando de hacer esto mismo en el corazón del Imperio. No sé cómo comunicaros la inmensidad de lo que esto significa.
Ellos (el 1%) dicen que no tenemos propuestas…no saben, tal vez, que sólo nuestra ira bastaría para destruirlos. Pero hay algunas cosas – unos cuantos pensamientos "pre-revolucionarios" que se me han ocurrido – para que reflexionemos conjuntamente:
Queremos ponerle un tope [“cap”] a este sistema que fabrica desigualdad. Queremos ponerle un tapón [“lid”] a la acumulación sin restricciones de riquezas y propiedades por parte de individuos y grandes empresas. Como “topistas” ["cap-ists"] y “taponistas” ["lid-ists"][1], exigimos:

• El fin de la propiedad transversal en el sector empresarial. Por ejemplo, los fabricantes de armas no pueden ser propietarios de emisoras de televisión, las grandes empresas mineras no pueden gestionar diarios de prensa, las organizaciones empresariales no pueden subvencionar universidades, las empresas farmacéuticas no pueden controlar fondos de salud pública.
• Los recursos naturales y la infraestructura esencial – suministro de agua, electricidad, sanidad y educación – no se puede privatizar.
• Todos deben gozar del derecho a una vivienda, a la educación y la salud.
• Los hijos de los ricos no pueden heredar la fortuna de sus padres.

Esta lucha ha vuelto a despertar nuestra imaginación. En algún hito del camino, el capitalismo redujo la idea de justicia para que diera a entender sólo "derechos humanos", y se volvió blasfema la idea de soñar con la igualdad. No luchamos por pequeñas ajustes a la hora de reformar un sistema al que hay que substituir.

Como “tapista” y “taponista”, saludo vuestra lucha.

Salaam y Zindabad [Salud] .

Texto de la alocución dirigida por la autora a la Universidad Popular de la Plaza Washington de Nueva York reunida en la Justin Memorial Church el 16 de noviembre de 2011.

Nota del t.: [1] Como es evidente, Roy juega con la similitud fonética entre las sílabas de“capitalists” y las palabras “cap” y “lid” que significan ambas “tope”, “tapa” o “tapón”.

*Arundhati Roy (1961), notable novelista y guionista india, conocida por obras como El dios de las pequeñas cosas , por el que obtuvo el premio Booker en 1997, es también una valerosa y afamada activista perseguida en su país por sus protestas contra las pruebas nucleares, los macroproyectos hidráulicos y su denuncia de la situación del campesinado.

Extraido de ATTAC

lunes, 21 de noviembre de 2011

La represión

Lección de Derechos Humanos: Gas pimienta contra estudiantes, ancianas, embarazadas y sacerdotes



En Portland

Un oficial de policía roció salvajemente gas pimienta a un joven en Portland. La foto fue tomada desde la esquina sureste de la plaza Pioneer Courthouse, mirando hacia la intersección de la Sexta Avenida y Yamhill, después de un día de marcha por el centro de Portland, Oregon. La gente se había reunido en el lado este del puente de acero desde la mañana en apoyo al Movimiento Occupy Portland, el 17 de noviembre. Varias personas fueron detenidas.

En la Universidad de California

Un video difundido este sábado por la red muestra a un grupo de estudiantes de la Universidad de California que se convirtieron en las más recientes víctimas de la brutalidad policial desplegada en contra del movimiento Occupy Wall Street. El video muestra a los estudiantes sentados en el suelo y manifestándose de forma pacífica cuando un policía los roció con gas pimienta.

“Los estudiantes estaban protestando pacíficamente en el patio”, escribió el estudiante que tomó el video y lo envió por correo electrónico a The Huffington Post. El joven pidió que no se usara su nombre por temor a represalias de las autoridades del campus. “Los alumnos tenían derecho a estar en el plantel, que se reunían pacíficamente y la campus estaba abierto en ese momento. ”



En Seattle
El fotógrafo de Seattle Joshua Trujillo capturó la que puede convertirse en la imagen que mejor define una semana de disturbios, una anciana con la cara cubierta de gas pimienta.

Una mujer embarazada y un sacerdote también se vieron afectados con gas pimienta durante una marcha en la noche del martes, reporta el diario The Atlantic Wire.

El hecho ocurrió durante el desalojo de la rama de Seattle del movimiento Occupy, que ha estado acampando cerca del Seattle Central Community College, donde se celebró la marcha en apoyo de la acampada de Nueva York, que también fue desalojada.

El lunes, Occupy Oakland fue el escenario de otro intento de la policía para sacar a los campistas de un parque de la ciudad. Hubo informes de que ambos Occupy San Francisco y Occupy Cal (en el campus de Berkeley de la Universidad de California) se allanaron en la mañana del miércoles.

La semana de represión policial llega en medio de informes de que el gobierno federal está coordinando varias de las estrategias legales que pueden cerrar las protestas.

De hecho, la mujer de la foto no es cualquier mujer de edad avanzada, como es bien sabido por los residentes de Seattle. Dorli Rainey es una ex maestra de escuela que ha estado activa en la política local desde 1960. En 2009 se postuló para la alcaldía, pero finalmente se retiró diciendo: “Soy vieja y debo aprender a ser vieja, quedarme en casa, ver la televisión y estarme quieta.” Suponemos que no aprendió.

Rainey envió un correo electrónico a The Stranger, el periódico alternativo de Seattle, para decir que ella se detuvo ante el burullo para ver qué estaba pasando, cuando su grupo fue sorprendido por la policía y sus miembros casi pisoteados en medio del caos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Occupy Wall Street y el nuevo mundo feliz

Amy Goodman
Democracy Now!

Traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español

Apenas pasada la 1 de la madrugada del martes recibimos la noticia de que la policía de la ciudad de Nueva York estaba haciendo una redada en el campamento de Occupy Wall Street. Fuimos rápidamente con el equipo de noticias de Democracy Now! hasta Zuccotti Park, ahora bautizado Plaza de la Libertad. Cientos de policías antidisturbios ya habían rodeado el área. Mientras la policía destrozaba las carpas, trabajadores de limpieza de la ciudad lanzaban las pertenencias de los manifestantes a los camiones de basura. Más allá de las barricadas, en el centro del parque, entre 200 y 300 personas se tomaban de los brazos formando una cadena humana y se negaban a ceder el espacio que habían ocupado durante casi dos meses. Fueron esposados y arrestados uno a uno.
Los pocos miembros de la prensa que logramos atravesar las barreras policiales fuimos enviados al área asignada a los periodistas, al otro lado de la calle frente al Zuccotti Park. Cuando nuestras cámaras comenzaron a grabar, estacionaron dos autobuses delante para impedirnos ver lo que sucedía del otro lado. Mis compañeros y yo logramos pasar entre los autobuses e ingresar al parque tras atravesar una montaña de carpas desarmadas, toldos y sobres de dormir. La policía casi logra impedir que los medios vean la destrucción.
Entre una pila de cosas amontonadas vimos una biblioteca destrozada. Ya dentro del parque encontré un libro en el suelo. Tenía inscripta la sigla “OWSL” de Occupy Wall Street Library, también conocida como la Biblioteca del Pueblo, una de las principales instituciones que había surgido de la dinámica democrática del movimiento. Según los últimos datos de los que se tenía registro, la biblioteca contaba con un total de 5.000 libros recibidos a través de donaciones. El que encontré entre los escombros de la democracia que estaba siendo arrojada a la basura fue “Nueva visita a un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
A medida que avanzaba la noche aumentaba la ironía de haber hallado el libro de Huxley. Lo escribió en 1958, casi 30 años después de su famosa novela distópica “Un mundo feliz”. La obra original describía una sociedad del futuro donde la gente estaba estratificada entre pudientes y desposeídos. A los habitantes del “mundo feliz” se les proporcionaba placer, distracción, publicidad y drogas intoxicantes para volverlos complacientes: un mundo de perfecto consumismo donde las clases bajas hacían todo el trabajo para la élite.
“Nueva visita a un mundo feliz” fue el ensayo de Huxley en respuesta a la velocidad en que observó que la sociedad moderna se dirigía hacia ese futuro desolador. Haberme topado con ese libro no podía ser más pertinente: el campamento, que había sido motivado en gran medida por la oposición a la supremacía del comercio y la globalización, estaba siendo destruido.
Huxley escribió en su libro: “La Gran Empresa, hecha posible por el avance de la tecnología y la consiguiente ruina de la Pequeña Empresa, suele ser gobernada por el Estado, es decir, por un reducido grupo de jefes de partido y los soldados, policías y funcionarios públicos que cumplen sus órdenes. Una democracia capitalista, como la de los Estados Unidos, suele ser gobernada por lo que el profesor C. Wright Mills ha llamado la Élite del Poder”. Y continúa: “Esta Élite del Poder procura directamente ocupación en sus fábricas, oficinas y comercios a varios millones de los trabajadores del país, domina a muchos millones más prestándoles dinero para la compra de lo que ella produce y, como dueña de los medios de comunicación en masa, influye en el pensar, el sentir y el obrar de virtualmente todo el mundo”.
Uno de los trabajadores voluntarios de la Biblioteca del Pueblo, Stephen Boyer, estaba allí cuando allanaron el parque. Tras evitar ser arrestado y brindar primeros auxilios a sus compañeros, escribió: “Destruyeron todo lo que trajimos al parque. Nuestra hermosa biblioteca fue destruida. Nuestra colección de 5.000 libros desapareció. Nuestra carpa, que fue una donación, también fue destruida al igual que todo el esfuerzo que hicimos para levantarla”.
Poco después, la oficina del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, publicó una foto de una mesa con algunos libros y afirmó que los libros fueron bien conservados. Mientras tanto, la Biblioteca del Pueblo escribía el siguiente mensaje en tweeter: “Estamos contentos de ver que algunos libros están en buen estado. Ahora bien, ¿dónde están el resto de los libros y nuestra carpa y nuestras cajas?”. La carpa había sido donada a la biblioteca por la ganadora del Premio Nacional del Libro y leyenda del rock Patti Smith.
Muchos otros sitios de protesta del movimiento Occupy en otras ciudades fueron allanados recientemente. La alcaldesa de Oakland, Jean Quan, confesó a la BBC que había participado en una conferencia telefónica junto a los alcaldes de otras 18 ciudades para hablar de la situación. Otro informe de prensa observó que el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional habían asesorado a las autoridades de las ciudades.
Un juez del estado de Nueva York falló el martes a favor del desalojo y dictaminó que los manifestantes no pueden regresar al Parque Zuccotti ni con sus sobres de dormir ni con sus carpas. Tras el fallo, un abogado constitucionalista me envió un mensaje de texto que decía: “Solo recuerda: el movimiento está en las calles. Los tribunales siempre son el último recurso”. O como canta Patti Smith: “El pueblo tiene el poder”.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/11/17/occupy_wall_street_y_el_nuevo_mundo_feliz

martes, 15 de noviembre de 2011

EEUU: DEMOCRACIA SÓLO DE NOMBRE


"Nuestros políticos son poco más que lavadores de dinero en el tráfico de poder y político; poco menos de seis grados de separación del espíritu y tácticas de Tony Soprano", afirma el gran periodista veterano Bill Moyers. Agrega que “no hay misterio en el porqué el Parque Zuccotti (Plaza Libertad) está lleno de gente. Los reporteros siguen rascándose la cabeza y preguntando ‘¿por qué están aquí?’ Pero está claro que están ocupando Wall Street porque Wall Street ha ocupado el país”.
Moyers, en un discurso sobre el tema, comenta que muchos se preguntan por qué los manifestantes no canalizan su energía al ámbito partidista electoral y señala que la "democracia" no está funcionando en este país, con líderes de ambos partidos a la defensa de los más ricos, o como el presidente Barack Obama, que acepta sus donaciones mientras sólo en retórica denuncia a Wall Street y la cúpula económica.
"Llevamos a cabo elecciones sabiendo que es poco probable que producirán las políticas que la mayoría de estadunidenses favorece. Nos expresamos, escribimos, abogamos, pero aquellos en el poder se mantienen sordos y ciegos a nuestras aspiraciones más profundas. Solicitamos, instamos y hasta oramos; aun así el mundo, que es nuestra tierra común, que debería ser entregado en buenas condiciones a las próximas generaciones, continúa siendo saqueado", declara Moyers.

Los hechos lo comprueban

Más de 14 millones están desempleados, otros 10 millones no encuentran empleo pleno, uno de cada 6 estadunidenses está en la pobreza, más de 6 millones han perdido sus viviendas por la crisis hipotecaria y más, mientras que el 1 por ciento más rico multiplica sus ingresos y controla cada vez más la riqueza nacional (ya controla el 40 por ciento), sobre todo los vinculados al sector financiero.
Los bancos más grandes son aún más enormes hoy día que cuando Obama asumió la presidencia y están recuperando los niveles de utilidades que gozaban antes de la recesión de 2008, mientras las casas financieras de Wall Street han logrado generar más utilidades en los primeros dos años y medio de Obama de las que ganaron durante los ocho años de la presidencia de George W. Bush, reportó el Washington Post este fin de semana.
La industria financiera –Wall Street– logró esto después de ser rescatada del colapso con miles de millones en fondos públicos y políticas del gobierno que permitieron que recuperara su posición prominente en la economía. Pero en lugar de utilizar toda esta asistencia pública para regenerar el crecimiento económico, las empresas financieras regresaron al mismo juego del casino que provocó la peor crisis desde la gran depresión. El gobierno no fue tan generoso en su apoyo de los millones de trabajadores que están pagando los costos de la crisis.
Con todo esto no se necesita mucho más para explicar por qué el movimiento Ocupa sigue creciendo.
Todo un elenco de figuras –tanto liberales como conservadores– intentan una y otra vez reducir o descartar la relevancia del movimiento. El columnista conservador David Brooks (ninguna relación con este reportero) del New York Times intenta desde su trono de observación, empapado de arrogancia intelectual, reducir el movimiento a algo sin brújula, poco serio, y hasta poco "radical". Otros lo comparan con otros movimientos en India y otros lugares, para señalar que aunque son válidas sus motivaciones, no saben ser serios en promover cambios. Otros más indican que mientras no entiendan que tienen que trabajar dentro de los esquemas político-electorales de este país no podrán hacer mucho. Y otros insisten en que sin formular demandas concretas no lograrán ser más que una expresión de protesta.
"Tengo una recomendación para una respuesta: nosotros demandamos que ustedes dejen de demandar una lista de demandas", comentó Robert Jensen, profesor de periodismo en la Universidad de Texas en un artículo en Al Jazeera. Argumentó que “la demanda de demandas es un intento para acomodar las concentraciones Ocupa a la política convencional, reducir la energía de estas concentraciones a una forma que los que están en el poder puedan reconocer, para que así puedan desarrollar estrategias para desviar, cooptar, comprar o –si esas tácticas fracasan– aplastar todo desafío al business as usual”.
Moyers señala que no es la primera vez que el país enfrenta esto. En otro momento, una oradora popular, Mary Elizabeth Lease, afirmó que “Wall Street es dueño del país… Nuestras leyes son resultado de un sistema que viste de traje a pillos y de andrajos a la honestidad. Los partidos políticos nos mienten y los oradores políticos nos engañan... El dinero gobierna”. Eso fue en 1890.
Hoy día, lo que está en juego es nada menos si Estados Unidos aún puede llamarse una democracia. Para el economista premio Nobel Paul Krugman, lo que se está creando es una "oligarquía estilo estadunidense". En su columna en el New York Times afirma: “tenemos una sociedad en la cual el dinero está cada vez más concentrado en manos de poca gente… esa concentración de ingreso y riqueza amenaza con hacernos una democracia sólo de nombre”. Es así porque "la concentración extrema de ingreso es incompatible con la democracia real".
Y mientras se determina cuál será el destino de la democracia en este país, mientras millones escuchan a sus políticos prometer una y otra vez que generarán empleo y nuevas oportunidades, ¿a que se dedicó el Congreso? Aprobó una resolución reafirmando que "En Dios confiamos" es el lema oficial de Estados Unidos. El voto fue 396 contra 9 en la Cámara de Representantes.

Por lo menos en los plantones de Ocupa Wall Street sí se toma en serio la democracia.

EE.UU. NOTICIAS VARIAS

· Nuevos datos censales indican que una cifra sin precedentes de 49.1 millones de personas (el 16% de los estadounidenses) vive en la pobreza. El lunes, el gobierno divulgó los nuevos números, que se basan en una fórmula revisada para calcular la pobreza. Los nuevos datos indican que hay tres millones de personas más viviendo en la pobreza que según la cifra oficial divulgada en septiembre. Según los datos más recientes, el 16% de los estadounidenses de 65 años o más está viviendo en la pobreza, una cifra mucho más alta que lo que indicaban estudios anteriores. El Washington Post informa que el factor con mayor incidencia en el aumento de la pobreza para los adultos mayores, según la nueva fórmula, son los gastos médicos por cuenta propia. Los nuevos datos también reflejan que el 28% de los latinos y más del 25% de los afroestadounidenses vive en la pobreza. Sin los bonos de alimentación, otros cinco millones de personas también serían pobres.

· En Chicago, más de mil jubilados unieron sus fuerzas al movimiento “Occupy Chicago” el lunes en protesta contra recortes en materia de seguridad social y salud pública. Luego de una multitudinaria marcha, 50 personas fueron arrestadas por detener el tránsito en la calle.

· Aquí en Nueva York, cientos de manifestantes marcharon desde el norte de Manhattan hasta el campamento de “Occupy Wall Street”. El senador por el Estado de Nueva York Adriano Espaillat participó de la marcha. Espaillat expresó: “El miembro del consejo y yo comenzamos esto porque nuestras comunidades han estado en permanente recesión por décadas. Ahora tenemos tasas de desempleo de dos cifras. Hacen falta viviendas y cobertura médica accesibles. Hemos tenido muchas necesidades durante muchos años, incluso en tiempos de abundancia, cuando la economía iba mejorando, éramos postergados, por lo que al mensaje que transmite la gente de ‘Occupy Wall Street’ lo conocemos muy, muy bien. Desde hace décadas conocemos ese mensaje y queremos expresar solidaridad. Queremos cambiar la cara de este movimiento para asegurar que también formamos parte de él. Para asegurarles que aprobamos los impuestos millonarios que traerán mayores recursos al gobierno estatal, para no tener que hacer recortes”.

Fuente: ATTAC

Vinieron para quedarse: La Justicia de Nueva York permitió la continuidad del acampe de los "indignados"



A horas de que la policía detuviera a unos 70 miembros del movimiento "Occupy Wall Street" y levantara el campamento que mantenían en la Plaza Zuccotti, un juez de Manhattan dictó una orden que permite a los manifestantes a regresar al lugar con sus pertenencias. No obstante, el alcalde Michael Bloomberg dijo desconocer la medida y anunció mantendrá cerrada esa plaza céntrica. "Lamentablemente, el parque se convirtió en un lugar en el que la gente no iba a protestar sino a violar la ley y, en ciertos casos, a hacer mal a los otros", argumentó.
"La decisión final de actuar fue mía y sólo mía", dijo Bloomberg para justificar el desalojo que se sumó a los ocurridos entre ayer y el domingo en los campamentos de Portland, en Oregon, y Oakland, en California. La diferencia fue que el de Nueva York fue solicitado por el propietario del parque, la Brookfield Office Properties.
A la una de la madrugada, la policía entregó a los acampados un aviso escrito firmado por el dueño del lugar, en el que se informaba que la zona debía sin limpiada. Los agentes avisaron por altavoces que el campamento debía quedar despejado y que quienes no se fuesen serían arrestados.
En un volante distribuido a los manifestantes antes del desalojo, la empresa y la alcaldía expresaron haber decidido que "la ocupación continua de Zuccotti Park representa un creciente riesgo para la salud y la seguridad de los que acampan, de los primeros responsables de la ciudad y de la comunidad circundante". No obstante, la nota aclara que los manifestantes podrán volver a la plaza pero sin sacos de dormir ni tiendas de campaña.
Un grupo de "indignados" se resistió a dejar el campamento, al grito de "no nos rendimos", "barricadas", y los agentes, con uniforme antimotines, cascos y escudos desalojaron las tiendas de campaña.
Desde hace dos meses, los "indignados" vivían en carpas, contaban con una cocina común, enfermería, biblioteca y centro de prensa. "Occupy Wall Street", que había surgido para protestar contra la avaricia corporativa, la desigualdad económica y las consecuencias de la crisis financiera, había generado movimientos similares en muchas otras ciudades de Estados Unidos.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-181273-2011-11-15.html

martes, 8 de noviembre de 2011

¡Ya basta!


Arturo Balderas
La Jornada

Cuando parecía que las protestas contra la avaricia de los barones de Wall Street entraban en un impasse, la imprudente decisión de las autoridades de la ciudad de Oakland, California, de desalojar con lujo de fuerza a quienes acampaban en una céntrica plaza de esa ciudad, dio nuevos bríos al movimiento. El martes 25 de octubre fueron barridas las 165 tiendas de campaña en las que se alojaban cientos de personas de las más diversas actividades, etnias, estratos sociales y edades. La agresión policiaca produjo una reacción unánime de apoyo a los agraviados, entre quienes había varios veteranos de la guerra de Irak que sobrevivieron a las adversidades de esa lucha, pero no a las granadas de la policía de su propio país. Uno de ellos fue herido de gravedad y permanece hospitalizado.
El llamado para realizar un paro general en apoyo al movimiento y como protesta por la agresión policiaca congregó a más de 10 mil personas, que el pasado miércoles caminaron del centro de la ciudad al puerto de Oakland. Durante las siguientes 24 horas las actividades de uno de los tres puertos más importantes de EU se paralizaron, al igual que las de buena parte de la ciudad. La subrepticia ausencia de los estibadores en su centro de trabajo fue una de las claves del paro, pero como lo declarara uno de los trabajadores, no podemos solidarizarnos con el paro como sindicato, pero nada nos impide hacerlo como individuos. Vale agregar que desde 1946 no se realizaba un paro general en esa ciudad. La respuesta en otras sedes del movimiento no se hizo esperar: lo mismo en Los Ángeles, Chicago o Nueva York hubo marchas y mítines de protesta. Incluso en esta última ciudad varias docenas de veteranos de la guerra de Irak marcharon en solidaridad con su compañero herido en la refriega de Oakland.
La pregunta es, ¿ahora qué sigue? No hay respuesta unánime a un movimiento cuyos motivos son tan diversos: educación inalcanzable para miles de jóvenes, mala calidad en los servicios de salud, deterioro del medio ambiente, corrupción oficial, corrupción en el sistema financiero, enriquecimiento desmedido de unos pocos, pobreza, desigualdad, desempleo... Es evidente que no será fácil encontrar un remedio a los agravios que sufre 99% de la sociedad, pero al margen del rumbo que tome este movimiento y de la diversidad de sus demandas está claro que hay una en común: es necesario acabar con un sistema que produce riqueza para unos pocos, pobreza para los más y por añadidura está destruyendo el planeta.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/11/07/opinion/011o1pol

viernes, 28 de octubre de 2011

Ocupa Wall Street tras la utopía igualitaria



Análisis de Ben Case

El órgano central de la ocupación es la asamblea general, que sesiona una vez al día y está abierta al debate / Crédito:Sam Lewis/IPS
El órgano central de la ocupación es la asamblea general, que sesiona una vez al día y está abierta al debate


Crédito: Sam Lewis/IPS


NUEVA YORK, 25 oct (IPS) - El movimiento estadounidense Occupy Wall Street resistió presiones políticas, clima inclemente, violencia policial y más de mil arrestos, y sigue creciendo en el distrito financiero neoyorquino donde nació un mes y medio atrás.
También se propagó a 100 ciudades de este país y de muchos otros, vinculándose con movimientos populares de Europa y del mundo árabe, y con organizaciones comunitarias de larga data.
Occupy Wall Street (Ocupa Wall Street) tiene un espacio en todos los noticieros del mundo, y abundan los análisis sobre su posible impacto político. Pero su organización, estructura y funcionamiento internos son tan o más interesantes.
El interés se concentra en lo que ocurre en el parque Zuccotti, antes llamado Liberty Plaza, en el corazón del distrito financiero, pese a que tiene muchos elementos en común con otras ocupaciones. Pero cada movilización es autónoma y se asienta sobre cuestiones específicas de cada lugar.

Un día en la vida de la asamblea general

Hay tres papeles previstos en la asamblea general. El primero es facilitar: guiar la discusión y mantenerla en el tema elegido y en un tono respetuoso; el segundo es llevar la lista de oradores y dar la palabra, priorizando a quienes no han hablado; y el tercero lo cumplen todos los demás.
En la asamblea general, "todos los demás" tienen un papel: posibles oradores, votantes y "micrófonos humanos".
Usar un megáfono electrónico requiere permiso de las autoridades. Y las enormes asambleas generales se celebran en espacios abiertos con intensos sonidos urbanos de fondo.
El micrófono humano de Ocupa Wall Street es la respuesta al problema: una vez que alguien tiene la palabra, da su mensaje en segmentos de entre tres y 10 palabras, luego espera mientras quienes escucharon lo trasladan a los que se encuentran más lejos, corriendo la voz.
Así todo el mundo escucha al orador, y quienes hablan deben hacerlo con lentitud y claridad.
Las decisiones en las asambleas de Ocupa Wall Street se toman por "consenso modificado": en lugar de 50 por ciento más uno de votos, se requiere apoyo abrumador para dar algo por aprobado.
Cuando se presenta una moción, el facilitador toma la temperatura mirando el lenguaje de señas de la multitud. Si todos, o casi todos hacen con la mano la seña de "me gusta", la moción se aprueba. Si los "me gusta" parecen tantos como los "no me gusta", se inicia la discusión.
Después del debate, se vota. Mediante señas con la mano se vota a favor, se expresa abstención o se bloquea. Se insta a los asambleístas a que usen el bloqueo solamente si están abiertamente en contra de una propuesta, tanto que podrían abandonar la ocupación si es aprobada.
Una cierta cantidad de bloqueos –entre dos y cinco personas según la dimensión de la asamblea– o una abrumadora cantidad de abstenciones congelan una propuesta.
Lo primero que aprobó la asamblea general de Ocupa Wall Street fue un código de conducta para la ocupación, asegurando el respeto debido a cada participante y a sus pertenencias.
El movimiento es abierto, en sentido literal y figurado, y voluntario. La gente se acerca y se suma, ya sea porque cree en su mensaje, que el sistema económico de Estados Unidos está viciado y necesita un cambio radical, o porque es una víctima de él. En cualquier caso, el sentimiento de comunidad es palpable.
"Su estructura es realmente abierta, cualquiera puede unirse", dijo Uruj Sheik, quien integra el movimiento desde sus inicios. "Basta con acercarse y asumir un papel. Se puede participar en un comité o lanzar una idea y organizar a la gente entorno a ella", explicó.

Economía sin efectivo

Todo es gratis en la ocupación. Esto puede parecer obvio y sin importancia, pero la crítica esencial de los activistas al sistema capitalista es el peso del dinero, necesario para toda transacción que hace la vida posible y disfrutable, desde el alimento y la asistencia médica, hasta un espacio para vivir o descansar, comunicarse, educarse o divertirse.
El movimiento no maneja dinero, salvo el de las donaciones. Las personas pueden quedarse, comer, beber, relajarse, escuchar música, leer, hablar de política, dormir o recibir primeros auxilios sin preocuparse por el dólar. Para los manifestantes, la igualdad no implica que todo el mundo tenga la misma cantidad de dinero, sino que nadie lo necesite.
Lily White, técnica en atención sanitaria de emergencia, fundó el comité médico. "Puse la tienda de campaña al segundo día de movilización cuando éramos pocos y solo teníamos una bolsa de plástico con suministros variados", dijo a IPS.
"Ahora tenemos personal médico y de enfermería y dos tiendas de campaña con suministros de calidad para atender como en una clínica o en una sala de emergencia, donde los pacientes reciben atención rápida y gratuita", relató.
"La mayoría de las consultas son por bastonazos de la policía o secuelas del gas pimienta, pero también atendemos otras afecciones o heridas. Ahora que está frío, tratamos de evitar la hipotermia", añadió.
La estructura y el proceso de decisión también se asientan en cimientos igualitarios. Todo el mundo opina, nadie queda afuera.

Construyendo una democracia cooperativa

El órgano principal del movimiento es la asamblea general, que se reúne una vez al día. Es una reunión abierta, de discusión y el principal espacio de decisión.
Pero la mayoría de las acciones se ejecutan en los comités. Cualquiera puede formar uno o unirse a uno existente. Los horarios y lugares de los encuentros se publican todas las mañanas.
"Al principio puede parecer abrumador porque hay mucha gente por todas partes, pero enseguida uno se da cuenta de que hay un sistema funcionando", indicó Shlomo Roth, originario de la ciudad canadiense de Toronto. "Desconcierta el ambiente participativo porque uno nació en un mundo que nos acostumbra a recibir órdenes, ¡esto es liberador!", añadió.
"Viajaba con mi familia y casi nos chocamos con la ocupación, nos pareció bien y preguntamos qué había que hacer", relató Roth a IPS. "Me preguntaron por mi especialidad y me ofrecieron varias tareas. Es muy abierto y cualquiera puede participar", añadió.
Hay, entre otros, un comité de alimentación, dedicado al acopio, compra y distribución de comida; de salubridad, a cargo de la limpieza y la higiene; médico, que recoge suministros, recluta profesionales, brinda atención física y psicológica y entrenamiento; y de asistencia, que organiza y distribuye ropa, sábanas, frazadas y otros elementos donados.
Además existe el comité de seguridad que se ocupa de que haya un ambiente seguro para todos; y el de facilitación, que reúne y entrena a la gente para que actúen como facilitadores en la asamblea general.
El comité médico y el de alimentación tienen una relevancia particular porque no solo hacen posible que la gente viva en el campamento, sino que ofrecen servicios que hoy la sociedad estadounidense no da, poniendo así de relieve una forma social alternativa.
"Esta es una atención médica que nuestro país podría ofrecer a la población, y la montamos en la calle en menos de un mes", explicó White.
También hay comités externos para organizar acciones, crear y relacionarse con los medios de comunicación, mejorar la presencia en Internet, coordinar con la comunidad y los sindicatos, etcétera. Luego hay grupos informales de arte, música, meditación, teatro callejero, yoga y todo tipo de actividad atractiva que contribuya a una forma de vida holística.
Cinco semanas después de su surgimiento, Occupy Wall Street es una comunidad regida por instituciones y acciones fundadas en principios solidarios e igualitarios. Como movimiento de protesta, la táctica de ocupación es exitosa por su presencia constante y por oficiar de centro de organización de actividades.
Pero, tan importante como eso, el espacio ocupado ofrece a sus participantes la ocasión de montar el microcosmos social en el que quisieran vivir. A medida que el movimiento crece, es claro que esta nueva sociedad deja huella en quienes resienten los fracasos de la sociedad estadounidense.
Así lo dice Sheik: "Estamos desmantelando el capitalismo y construyendo algo mejor aquí mismo".(FIN/2011)

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/marketing/servicio-mundial-noticias.asp

miércoles, 19 de octubre de 2011

En Los Angeles también protestan los maestros

LOS ÁNGELES - Maestros de Los Ángeles llevaron a cabo ayer su plan de instalarse en las aceras frente a las oficinas centrales del distrito escolar angelino.

Enarbolando consignas similares a las que ostenta el movimiento OccupyLA, un grupo nutrido de maestros marchó desde el Ayuntamiento (cuyo parquecito ha sido transformado en un campamento permanente de grupos contestatarios desde hace tres semanas) hasta el 333 sur de la calle Beaudry y levantaron tiendas de campaña en la acera decididos a pasar allí la noche, y "por todo el tiempo que sea necesario", dijeron, hasta que se les escuche.
La "toma" del LAUSD ocurrió en el preciso momento en que representantes de "No nos retengan", una alianza de organizaciones que piden que el sistema escolar acelere el paso de sus planes de reforma, presentaban una carta a la junta escolar conteniendo un paquete de demandas.
Al filo de las cinco de la tarde, los miembros de OccupyLAUSD se concentraron frente a la entrada del edificio y una serie de oradores se refirieron a los recortes de maestros, bibliotecarios, vigilantes y otros empleados, secuela de los recortes a los fondos para educación ocurridos en los dos últimos años.
"Los maestros somos el 99%, los estudiantes son el 99%" coreaban a viva voz los maestros y algunos estudiantes que llegaron para apoyarlos, haciendo eco al tema de los ocupantes de Wall Street, para quienes una pequeña minoría del país –los más pudientes- controla la mayor parte de la riqueza del país, en tanto que el 99% apenas recoge las migas.
"Así como el uno por ciento más adinerado del país se ha apoderado de todo lo que es de utilidad para la población, lo mismo está está ocurriendo con nuestras escuelas. Estamos viendo la completa privatización de la educación pública", dijo David García, un maestro que fue recortado de la plantilla durante los recortes recientes.
OccupyLAUSD se opone a la creación de escuelas charter, al considerar que está conduce a la privatización del sistema. De la misma manera, están en contra del creciente papel que juegan algunos individuos y fundaciones privadas en las escuelas del distrito escolar.
Un día antes de la marcha, la coalición No nos retengan publicó campos pagados en los principales periódicos de la ciudad, deplorando que, a pesar de algunas reformas introducidas en el LAUSD, apenas el 56% de los estudiantes terminan la secundaria a tiempo. En la carta que presentaron ayer a la junta escolar, han pedido que las negociaciones entre el LAUSD y el Sindicato de Maestros de Los Angeles (UTLA) aprueben en un mes la renegociación del nuevo contrato colectivo.
También piden que se introduzcan en el acuerdo mecanismos para acelerar la marcha de las que consideran reformas imprescindibles para mejorar academicamente el distrito.
La "ocupación" del LAUSD ocurrió pacíficamente, pero al cierre de esta nota no hay elementos para valorar cómo responderán las autoridades a la ocupación de las aceras frente a las oficinas del sistema escolar.

© 2011 Univision Communications Inc.

sábado, 15 de octubre de 2011

Los movimientos sociales latinoamericanos y la ocupación de todo



Benjamin Dangl

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Grandes edificios dominan Wall Street y hacen que las veredas parezcan valles en una cadena montañosa urbana. El incienso, el toque de tambores y los cantos de Ocupad Wall Street resuenan en el distrito financiero de la ciudad de Nueva York, donde miles de activistas han convergido para protestar contra la injusticia económica y para luchar por un mundo mejor.
Mientras el desempleo y la pobreza en EE.UU. llegan a niveles récord, la protesta se amplía, y cientos de ocupaciones paralelas brotan por todo el país. Una disparidad semejante en el poder económico y político llevó a la gente a las calles en la Primavera Árabe y en Wisconsin, Grecia, España y Londres. Ocupad Wall Street forma parte de esta revuelta global. Este nuevo movimiento en EE.UU. también tiene mucho en común con levantamientos en otra parte del mundo: Latinoamérica.
Al escribir desde Liberty Plaza conecto tácticas y filosofías que rodean el movimiento Ocupad Wall Street con movimientos similares en Latinoamérica, desde las asambleas populares y la ocupación de fábricas durante la crisis económica de Argentina en 2001-2002, a las luchas en la base por tierra en Brasil.

Latinoamérica: crisis económica y reacciones de la base

Casi de un día al otro a finales de 2001, Argentina pasó de tener una de las economías más fuertes de Suramérica a una de las más débiles. Durante ese crash económico, el sistema financiero se derrumbó como un castillo de naipes y los bancos cerraron sus puertas. Ante semejante dificultad económica inmediata y el desempleo, numerosos argentinos se unieron para crear una nueva sociedad de los escombros de la vieja. La pobreza, la falta de viviendas y el desempleo se contrarrestaron con sistemas de trueque, ocupaciones de fábricas, ollas comunes, y una moneda alternativa. Las asambleas de barrio proveyeron solidaridad, apoyo y sitios vitales para la discusión en comunidades en todo el país. Las continuas protestas depusieron a dos presidentes en dos semanas, y los movimientos que emergieron de ese período transformaron el tejido social y político de Argentina.
Esas actividades se reflejan en las que tienen lugar ahora mismo en Ocupad Wall Street y otras acciones en todo EE.UU. Eventos semejantes en Argentina y EE.UU. están marcados por el descontento con el sistema político y económico ante la crisis, e involucran a gente que trabaja unida por soluciones a nivel de base. A mucha gente en Argentina y EE.UU. la desesperación la impulsó a tomar las cosas en sus propias manos.
“No teníamos otra alternativa”, me explicó Manuel Rojas hablando de la ocupación de la fábrica de cerámica en la que trabajaba fuera de la ciudad de Mendoza, Argentina, durante el crash del país. “Si no hubiéramos tomado la fábrica nos habríamos encontrado todos en la calle. La necesidad de trabajar nos impulsó a la acción.” Fue una de cientos de empresas que fueron tomadas por los trabajadores que enfrentaron el desempleo durante la crisis argentina. Después de ocupar esas fábricas y empresas, muchos trabajadores las dirigieron como cooperativas. Lo hicieron con la consigna: “Ocupa, resiste, produce”, una frase tomada del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de Brasil (MST), que ha colocado a cientos de miles de familias en decenas de millones de hectáreas de tierra mediante la acción directa.
En 2008 en Chicago, cuando cientos de trabajadores fueron despedidos de la fábrica Republic Windows and Doors, utilizaron tácticas similares de acción directa a las utilizadas por sus homólogos argentinos; ocuparon la fábrica para exigir el pago de desahucio y vacaciones que les debían, y tuvieron éxito. Mark Meinster, representante internacional de Trabajadores Eléctricos Unidos, el sindicato de los trabajadores de Republic, me dijo que las estrategias aplicadas por los trabajadores fueron específicamente extraídas de Argentina. Al decidir las tácticas sindicales, “nos basamos en las ocupaciones de fábricas en Argentina en la medida en que muestran que durante una crisis económica, los movimientos de los trabajadores tienen a su disposición una gama más amplia de opciones tácticas”, dijo Meinster.
Muchos grupos y movimientos basados en EE.UU. han aprendido de activistas del Sur. Aparte de la ocupación en 2008 de la fábrica Republic Windows and Doors en Chicago, movimientos por acceso al agua en Detroit y Atlanta reflejaron estrategias y luchas en Cochabamba, Bolivia, donde en el año 2000, las protestas populares rechazaron el plan de privatización del agua de la compañía multinacional Bechtel y devolvieron el agua a manos públicas. El movimiento Take Back the Land [Recupera la Tierra] en Florida, que organizó a gente sin vivienda para que ocuparan un terreno vacío y conecta a familias sin vivienda con casas embargadas, refleja las tácticas y filosofía del movimiento de los sin tierra en Brasil. La elaboración participativa de presupuestos en Brasil, que da a los ciudadanos una participación directa en la manera como son distribuidos los presupuestos de las ciudades, se está implementando ahora en todo EE.UU.
Es solo un puñado de movimientos e iniciativas de base que proveen modelos útiles (tanto en sus victorias como en sus fracasos) para descentralizar el poder político y económico y colocar la toma de decisiones en manos de la gente. Frente a bancos corruptos, la codicia corporativa y políticos ineptos, los que ocupan Wall Street y otros espacios en todo EE.UU. tienen mucho en común con movimientos similares en Latinoamérica. Aparte de compartir los mismos enemigos en los bancos globales, instituciones financieras internacionales y corporaciones multinacionales, esos movimientos trabajan para convertir la revolución en parte de la vida diaria. Y es uno de los aspectos más impactantes de lo que está sucediendo ahora mismo con el movimiento Ocupad Wall Street.

Ocupando Wall Street

La organización y las actividades que llenan Liberty Plaza en Nueva York forman parte de una comunidad trabajadora en la que cada cual se preocupa del otro y se toman decisiones de modo colectivo. Durante una visita reciente, un área de cocina en el centro del parque estaba repleta de gente que preparaba comida para la cena y donaba suministros de cocina. Otros espacios estaban reservados para apoyo médico, terapia de masaje, producción de letreros y meditación. Un área era para la organización de reciclaje y basura; la gente caminaba regularmente por el parque barriendo desechos y recogiendo basura.
Una gran Biblioteca Popular albergaba cientos de libros a lo largo del borde del parque. Como en el caso de la cocina, la producción de letreros y los suministros médicos, el movimiento había recibido materiales donados y apoyo para mantener el éxito de esas operaciones. Ocupad Wall Street también tiene su propio periódico, Occupy Wall Street Journal, copias del cual se distribuían en inglés y español por todo el parque. Un centro mediático en el que se encontraban varias personas con ordenadores y cámaras aseguraba una cobertura continua de la ocupación.
Dentro de esta comunidad había áreas con lonas y frazadas donde la gente descansaba y dormía, realizaba reuniones o simplemente sostenía letreros hechos en casa. Cantos, tamboreos, coros, el toque de guitarras y acordeones también tenían lugar en numerosos sitios diferentes.
Cientos de reuniones y asambleas, con entre cientos y miles de participantes, planteaban temas que iban desde cómo organizar el espacio en el parque y la administración de suministros donados, a discusiones sobre planes de marchas y demandas. La policía ilegalizó el uso de megáfonos, por lo tanto la gente en el parque simplemente ha estado repitiendo lo que otros decían en la multitud, creando un eco para que todos puedan oír lo que se está diciendo.
En la Estación Confort, donde estaban apilados montones bien organizados de vestimentas, frazadas, almohadas y abrigos, hablé con Antonio Comfort, de Nueva Jersey, quien estaba trabajando en la estación en ese momento. Antonio, con su gorro al revés, habló conmigo mientras ayudaba a otra gente, dijo que las donaciones de ropas y materiales para dormir habían llegado en abundancia. Mientras yo estaba en la estación alguien pidió artículos para dormir para un anciano, y Antonio desapareció hacia las pilas de la Estación Confort y volvió con un montón de frazadas y una almohada.
“Estoy aquí para poder tener una vida mejor, y para que mis hijos puedan tener una vida mejor cuando crezcan”, dijo hablando de sus motivos para participar en la ocupación. Antonio explicó que todo en la estación ha estado funcionando perfectamente. “Todos trabajan juntos, y está muy bien organizado. Estaremos aquí todo el tiempo necesario.”
Adeline Benker, estudiante de 17 años de Marlboro College en Vermont, quien estaba sujetando un letrero que decía “¿Tienes deudas? Eres el 99%”, me dijo que para ella –como para otros muchos jóvenes estudiantes que participan en la ocupación en Nueva York y otros sitios– todo tiene que ver con las deudas. “Deberé 100.000 dólares después de graduarme de la universidad, y no creo que deba pagar durante el resto de mi vida para obtener una educación de cuatro años”. Benker dijo que era su primera manifestación, y su primera vez en la ciudad de Nueva York. Cuando hablé con ella había estado en la ocupación durante varios días, y dijo que volvería a la semana siguiente.
Más allá en la acera estaba la activista Tirsa Costinianos con un letrero que decía: “Somos el 99%”. Costinianos dijo: “Quiero que los grandes bancos y las corporaciones devuelvan el dinero de los impuestos del rescate”. Costinianos ha estado en la ocupación en Wall Street cada fin de semana desde que comenzó el 17 de septiembre. “Me encanta esto y estoy contenta de que lo estemos haciendo. Todo el 99% de la gente debería unirse a nosotros, entonces terminaríamos con los robos y la corrupción que tiene lugar aquí en Wall Street.”
Ibraheem Awadallah, otro manifestante con un letrero que decía “Wall Street ocupa nuestro gobierno: Ocupemos Wall Street”, me dijo: “El problema es este sistema en el cual las corporaciones tienen la mayor influencia en la política de nuestro país”.
Este tipo de encuentros y actividades ocurrían constantemente en el continuo ajetreo del parque, y subrayan el hecho de que esta ocupación, que ahora está casi en su tercera semana, es una comunidad y un ejemplo de democracia participativa y es una protesta que se extiende rápidamente.
Como dijo el difunto historiador Howard Zinn, es importante “que nos organicemos de tal manera que los medios correspondan a los fines, y que nos organicemos de manera que creemos el tipo de relación humana que debería existir en una sociedad futura”. Es lo que se está desarrollando dentro de este movimiento, desde las asambleas sin dirigentes, basadas en el consenso, a la organización comunitaria de los diversos servicios de alimentación, medios y atención médica organizados en la ocupación.
De la misma manera, movimientos en toda Latinoamérica, desde los sindicatos campesinos en el campo paraguayo a consejos vecinales en El Alto, Bolivia, reflejan el tipo de sociedad que quisieran ver en sus acciones y formación de movimientos de todos los días.
Como dijo Adeline Benker, la estudiante de 17 años en la ocupación en Wall Street, haciéndose eco de las luchas de Argentina a los Andes y más allá: “Tenemos que crear un cambio fuera de este sistema porque el sistema ha fracasado”.
El nuevo libro de Benjamin Dangl Dancing with Dynamite: Social Movements and States in Latin America (AK Press) trata de movimientos sociales contemporáneos en Latinoamérica y sus relaciones con los nuevos gobiernos izquierdistas de la región. Es editor de TowardFreedom.com, una perspectiva progresista de los eventos mundiales, y de UpsideDownWorld.org, un sitio en la web sobre activismo y política en Latinoamérica. Para contactos: BenDangl@gmail.com

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/10/13/from-argentina-to-wall-street/

viernes, 14 de octubre de 2011

Indignados y detenidos en Wall Street

Indignados y detenidos en Wall Street


Luego de que la alcaldía de Nueva York postergara la limpieza de Zuccotti Park, con la que se habían comprometiodo a colaborar los activistas del movimiento Occupy Wall Street, catorce manifestantes fueron arrestados mientras marchaban cerca de Broadway, en el sur de Manhattan. Entre los detenidos figuran algunos indignados que obstruían el tráfico, parados o sentados en la calle.

El anuncio de la postergación de las tareas de limpieza previstas en Zuccotti Park, un parque privado abierto al público, ubicado cerca de Wall Street y de Ground Zero, fue recibido con júbilo por los manifestantes, que ya habían empezado a colaborar con el aseo de la plaza, propiedad de la empresa de bienes raíces Brookfield Properties, al amparo de una pancarta que decía "Todos sabemos dónde está la verdadera porquería".

El mismo alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, había acudido personalmente al parque para hablar con los manifestantes y anunciarles que debían trasladarse momentáneamente a otro lugar mientras se limpiaba el predio, cuyos propietarios habían considerado el estado del lugar como insalubre. Para los activistas, sin embargo, ese traslado era equivalente a un desalojo, y sospecharon que una vez realizada la limpieza se les impediría regresar con sus carpas y sacos de dormir adonde llevan acampados desde el 17 de diciembre.

Mientras otras varias docenas indignados fueron arrestados también en Denver, Colorado, y en San Diego, California, los activistas del movimiento "Occupy Miami", inspirados en el de Wall Street, ya anunciaron que mañana se manifestarán en solidaridad con los neoyorquinos, uniéndose a la jornada global de protesta prevista en numerosas ciudades de Estados Unidos así como del resto del mundo para protestar contra las grandes corporaciones, los efectos de la crisis económica y la desigualdad social.

jueves, 13 de octubre de 2011

El arte presente en "Ocupá Wall Street"



Las “verdades” detrás de nuestra información y Occupy Wall Street


Enric French Monge

Amauta

Nuestras noticias, nuestra información, y hasta nuestro entretenimiento, todo pasa por un proceso de creación que determina qué vamos a absorber en nuestras vidas diarias. Tal vez no siempre creamos lo que veamos, escuchamos y leemos, pero la persistencia en la divulgación de esta información hace que sólo estemos expuestos a ciertos tipos de mensajes y valores. Nuestra realidad la experimentamos a través de esta información, porque es eso lo que conocemos del mundo exterior fuera de nuestras propias experiencias (que si las vemos diferentes a lo que nos exponen, las consideramos anomalías sociales), y por eso mismo, estamos limitados a imaginar el mundo, y a nosotros mismos, en base a esta visión de él.
Pero estas “verdades” que tenemos que digirir todos los días (y regurgitarlas) son moldeadas por el sistema capitalista dominante en el que existimos, y reflejan esta estructura ya que el proceso de creación de esta información es el mismo proceso de producción de cualquier mercancia, con la misma estructuras de trabajo, y las mismas jerarquías sociales y políticas que existen en todas las esferas de nuestra vida. Los medios de comunicación, entonces, sólo son otra extensión de los mismos procesos predominantes que podemos observar en otras formas de transacción económica, con sus influencias políticas y sociales y demás. Siempre hay excepciones, como en todo, y en cierta forma, la tecnología esta abriendo la capacidad para que existan otras posibilidades.
Sin embargo, por el momento, los medios reafirman este sistema, y viceversa, desarrollando un ciclo que continuara hasta que una alternativa lo rompa. Este proceso, según Edward S. Herman y Noam Chomsky en su libro Los Guardianes de la Libertad (en inglés, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media), ocurre en varios niveles, o filtros:

-Los medios como propiedad y su rentabilidad como tales: hasta hace poco, tener un medio de comunicación costaba mucho dinero no sólo por el equipo de producción, pero también por la necesidad de generar mucha ganancia sólo para poder susbsistir. Y como los dueños son los que invierten en estos medios, ellos también pueden decidir hasta cierto punto el tono del mensaje predominante que se va a distribuir (como lo hemos visto con muchas de las propiedades de Rupert Murdoch). Además, los medios con más recursos pueden extender sus mensajes más extensivamente. Los dueños, como buenos capitalistas, van a querer que sus propiedades sean rentables (los gobiernos también lo determinan por medio de licencias y otros procesos burocráticos). Por lo cual, la información que venda más (sin ya importarnos mucho la veracidad de ella) tendrá más probabilidad de producirse (capitalismo puro en acción). Cuando consideramos que muchos de estos medios son conglomeraciones transnacionales (con operaciones en multiples industrias que también refuerzan su mensaje) en muy pocas manos, entonces básicamente sólo estamos escuchando a más o menos tres corporaciones gritar bien fuerte (en verdad son más, pero como sus mensajes con tan parecidos, dejémoslo en tres). Muy díficil competir con tan grandes gritones.

-Publicidad: la mayoría de medios de comunicación se basan en la publicidad para poder recaudar fondos para continuar su producción. Por lo cual, la información que sale de estos medios son controlados de manera indirecta por estas corporaciones que meten publicidad, ya que van a querer mantener una relación simbiótica y segura, o sea, sin intentar de ofenderlos ni criticarlos mucho y hasta tal vez ofrecer noticias favorables para garantizar más dinero. Todo esto es en teoría, sin incluir otros factores, como intentar de mantener una apariencia de objetividad que minimizaría esta situación de algún modo, pero la tentación a veces puede ser más grande que la ética periodística, y más cuando se debe ser rentable. Y cómo la publicidad lo que quieren hacer es vender sus productos, van a prefirir medios de comunicación que tengan una audiencia con dinero (y entre más consumista, mejor), lo cual en sí determina cuáles tipos de medios pueden existir y cuáles no: si el medio puede formular un mensaje que sea aceptable para aquellos con valores consumistas van a tener más chance de ser atractivos para obtener dinero publicitario. Pero ésta también puede ser una herramienta de presión popular, como cuando muchas empresas quitaron publicidad del show de Glenn Beck ya que mucha de la audiencia se alejó del show por su mensajes controversiales racistas.

-Fuentes: por la misma razón de rentabilidad, competencia y los límites de tiempo y recursos en la producción de la información, las fuentes que se hagan más accesibles, son las que se usarán más a menudo por estas cuestiones prácticas. O sea, aquellas empresas que tengan una buena maquinaria de relaciones públicas van a tener más facilidad de hacer llegar su mensaje. Al igual, el gobierno, por su poder intrínsico, puede manipular a que se transmitan sus mensajes haciéndolos aparentar relevantes. En ambos casos, su prestigio se confunde como credibilidad, y como es caro hacer investigaciones serias sobre estas afirmaciones, es mejor nada más hacerles caso y rezar que no nos hayan engañado de nuevo.

-Evitar reacciones negativas: los medios no quieren controversias que les pueden ser caras, ya sea por demandas en corte, o por perder audiencia por medio de críticas y quejas. Aquellos con mucho poder político o económico tienen más recursos para producir estas reacciones contra medios que no les fueron simpáticos. Por eso mismo, estas entidades con ese poder son los que limitan a que los medios no se salgan de la línea editorial deseada.

-Anticomunismo como un mecanismo de control: tal vez, el fantasma comunista no genere tanto miedo como cuando Herman y Chomsky escribieron el libro, pero con la guerra contra el terrorismo aún se mantiene vivo el miedo de ser anti-estadounidense (un-American). Y los valores estadounidenses se asocian con los del capitalismo, con obedecer fielmente las políticas del gobierno, en fin, con los mismos valores que crearía un ambiente óptimo para aquellos con poder para hacerse escuchar. En Fox News, por ejemplo, se acusa a Obama de ser socialista o musulmán, por más que no sea ninguna de las dos, no tanto porque se lo creen, pero como una forma de establecer los límites de la discusión, y por ende, de lo aceptable en nuestra sociedad. O sea, Obama es demasiado izquierda y extraño para ser aceptado en nuestro país. El propósito es meterle miedo a la gente para que se atengan a las consecuencias de salirse de las normas sociales y políticas.

(Para más información, leer esta entrevista que Amauta realizó con Chomsky)

La formación social y cultural de las personas y sus comunidades se determinan de cierta forma por el lugar en dónde están, pero aún de este modo, no pueden escapar la gran influencia de la ideología perpetrada por aquellos que son dueños de los grandes medios de comunicación. Sean los dueños élites económicas dentro o fuera del país, por esta razón, la hegemonía ideológica puede ir más allá de nada más las normas políticas y económicas, para también imponer convenciones culturales de una nación a otra (imperialismo cultural). Según William Uricchio, en Estados Unidos, a diferencia de Europa, existe la posibilidad de expresiones culturales un poco fuera de las normas aceptadas mientrás lleguen a tener potencial comercial. Por lo cual, si diferentes creaciones de cultura popular que aún sean despreciables por las clases altas que supuestamente son los que determinan lo que es “verdadera” cultura (hasta cierto punto, el caso de Europa y Latinoamérica) son algo aceptables si tienen el suficiente apoyo popular para que las personas las compren. Por eso, la industria cinematográfica en Estados Unidos logro convencer al gobierno que las películas producidas en Hollywood promovían el libre comercio en el exterior, y así abría mercados para empresas estadounidenses, y al mismo tiempo, empujaba valores estadounidenses como el consumismo.
Lo mismo menciona Nicholas Garnham en su artículo, Contribución a la economía política de la comunicación masiva: el valor comercial de alguna creación cultural o informativa es el principal factor determinando su distribución en los medios de comunicación, y no tanto el mensaje mismo de esta creación. Claro, algo tiene valor comercial si se adapta bien a la ideología dominante, porque sino, la misma estructura capitalista censura cualquier mensaje radical que se oponga a sus intereses, por los dueños de los medios mismos o por las empresas que sacan su publicidad.
Por ejemplo, estos diferentes procesos de cómo los medios producen su información se pueden observar con las recientes protestas contra Wall Street (como símbolo bancario y corporativo mundial) en Nueva York. Primero que todo, las protestas inicialmente no tenían mucha visibilidad en medios de comunicación masivos (con algunas excepciones). No se puede concluir definitivamente las razones por este silencio mediático. No era el tamaño, ya que los medios más de una vez cubrían manifestaciones del movimiento del Tea Party con números muchos menores. Tal vez había alguna noticia más importante en ese momento o el periodista que fue a buscar la protesta era malo con direcciones y se perdió en el camino.
O quizás, y muy probablemente, el mensaje “radical” de las protestas, que intentan de enfocarse en cómo la avaricia de muchos bancos y empresas fueron culpables en la crisis económica que toca a la mayoría del pueblo estadounidense es ofensivo para los dueños de medios (aunque seguro no mencionaron nada específico, quizás alguno de los dueños es amigo del presidente de Goldman Sachs o algo por el estilo), o quizá Bank of America era el que estaba pagando la mayoría de publicidad para un canal o periódico.
Luego, pero hasta que hubo tal represión policial que no se podía ignorar (además de que los conflictos y violencia venden periódicos) o cuando varias celebridades le dieron el visto bueno a la protesta, se comenzó a darle más cobertura al tema, pero con un tono burlón. O sea, ahora que ya no podían evitar la noticia, se tenía que rebajar su importancia de alguna u otra forma. Y cuando buscaban fuentes confiables de información, le daban prioridad al departamento de policía de Nueva York para dar su explicación por las razones por las cuales reprimieron la protesta, y presentan esa información para que parezca objetiva, pero que es casi como si uno escuchara al portavoz del departamento de policía hablar. Lo bueno es que las herramientas tecnológicas han permitido que los mismos protestantes se expresen y muestren lo que esta occurriendo en realidad. Ya que hasta muchos medios que se consideran progresivos políticamente también han estado criticando al movimiento tal vez porque pone en cuestión la poca autoridad que les queda y están presentando una propuesta más atractiva y poderosa, luego de los movimientos que acontecieron en el Medio Oriente y España. Porque al fin y al cabo, estos movimientos están intentando de retomar nuestra democracia, y a muchos sectores de poder, incluyendo a los medios, los pone nervioso que estas propuestas, ideas y realidades estén libres para que otros las puedan recrear en sus propios espacios. Como no se conforman a los valores consumistas, los ridiculizan y los hacen ver demasiados radicales (comunistas?) en sus visiones sociales (las de justicia frente a los bancos que nos robaron). La razón principal por este silencio y esta distorsión en los medios de comunicación es que estos movimientos son peligrosos porque pueden romper con los esquemas de poder dominantes, políticos y económicos, del gobierno, de las corporaciones y bancos, y por ende, de los medios tradicionales, ya que nos demuestran que una democracia participativa, y no subordinada a una minoría, es posible. Y si eso es posible, ¿qué más nos podríamos imaginar?

Fuente: http://revista-amauta.org/2011/10/las-verdades-detras-de-nuestra-informacion-y-occupy-wall-street/  

lunes, 10 de octubre de 2011

LA MISIÓN ES INVOLUCRARNOS

Michael Moore
Nueva York tiene ocho millones de habitantes; un millón vive en la pobreza. Es una vergüenza. (NR: También es una vergüenza los millones de millones que hay en el mundo)
Y, sin embargo, el sistema no se detiene aquí. No importa cuánta vergüenza podamos sentir; la maquinaria va hacia adelante, para hacer más dinero. Nuevas maneras de trampear con las jubilaciones; de robar aún más. Pero algo está sucediendo en Liberty Plaza.
Estuve en Liberty Plaza para realizar un par de notas. Y volveré.
¿Sabías? Están haciendo un gran trabajo ahí. Y están recibiendo aún más apoyo.
La otra noche, el sindicato de empleados de transportes –los conductores de ómnibus, los conductores de la metropolitana– votaron con entusiasmo para sostener la protesta.
Hace tres días, 700 pilotos de línea –sobre todo de United y Continental– marcharon por Wall Street. No sé si hubo alguna forma de ver esto en televisión.
Sé cómo estuvo la cobertura aquí; se mostró a unos pocos hippies que tocaban sus tambores –las cosas típicas que buscan los diarios–. Por favor: ¡que Dios bendiga a los hippies que tocan sus tambores! Pero es la razón por la que "ellos” quieren que se vea sólo esto.
Y ahora yo les digo lo que vi en aquella plaza. Vi jóvenes, vi ancianos, vi gente de todo tipo y de todos los colores y todas la religiones. Vi también a la gente que vota por Ron Paul (el candidato presidencial ultraconservador que quiere abolir el Banco Central). Quiero decir, era un grupo de gente de todo tipo. Estaban los enfermeros en esa plaza. Estaban los maestros en esa plaza. Gente de todo tipo.
Hoy martes habrá una nueva manifestación: también los conductores de ómnibus y de la metropolitana marcharán por Wall Street. Yo escuché decir que la UAW (el sindicato de los obreros del automóvil) está pensando en algo parecido. Piensen, su peor pesadilla se convierte en realidad.
¡Los hippies y los obreros del automóvil que marchan juntos! La gente entendió. Y toda esta historia sobre las divisiones internas y esto y lo otro: a la gente no le importa más. Porque esta vez se trata de sus propios hijos que corren el riesgo de no poder ir más a la escuela. Esta vez se corre el riesgo de quedarse sin techo.
Esto es lo que en verdad está en juego.
Pero lo que me parece más extraño y bizarro, de los ricos, es cómo habían decidido excederse tanto. Quiero decir: les iba todo muy bien. No, para ellos no era bastante. Por los nuevos ricos no era bastante. Los nuevos ricos que no hicieron su fortuna gracias a una buena idea. Ni a un invento. Ni con su sudor. Ni con su trabajo.
Los nuevos ricos que se enriquecieron con el dinero de los otros; con el que jugaron como si fuesen al casino. Dinero más dinero. Y ahora nos encontramos con una generación de jóvenes para los que los héroes a los que emular son aquellos de los canales de televisión de negocios: aquellos que se enriquecieron haciendo dinero sobre aquellos que hacen dinero.
Pero, ¿cuánta necesidad tendremos de jóvenes que se pongan a trabajar para salvar a este planeta? Para encontrar la cura a todos estos males. Para encontrar una manera de llevar agua y servicios higiénicos a los millares de personas sobre esta tierra que no los tienen.
Esto es lo que querría. Que en lugar de que las 400 personas más ricas de este país tengan más riqueza, sean los 150 millones de estadounidenses todos juntos los que estén mejor. Dirán, es una de esas cifras que Michael Moore tira por ahí. Pero es una estadística cierta: verificada por Forbes y por PolitiFact.
¡Las 400 personas más ricas de este país, son más ricos que los 150 millones todos juntos! Pero esto no se puede llamar democracia.
La democracia implica una suerte de igualdad: yo no digo que cada pedazo de la torta debe ser de la misma medida, pero ¿no nos fuimos mucho más allá?
Ahora está esta buena noticia. Porque hasta que alguno desafíe a nuestra democracia –mientras que la Constitución se mantenga intacta–, querrá decir que cada uno de nosotros tendrá el mismo derecho de voto que los señores de Wall Street: un voto por persona.
Y ellos podrán comprar todos los candidatos que quieran; pero su mano guiará a nuestra mano cuando estemos en el cuarto oscuro.
El mensaje de gritar fuerte es hacer llegar a los millones de personas que se dieron por vencidas –o que fueron convencidas por ignorancia–. Lograremos hacer llegar nuestro mensaje que para aquellos 400 será la peor de las pesadillas. Porque lo único que saben hacer bien son las cuentas.
Nosotros somos muchos más que ellos. Depende sólo de nosotros. Basta de despertarse a la mañana y decir "Ok”. Ahora basta. Decidí involucrarme. Esta ahora es nuestra misión, involucrarnos. Por eso les digo: apoyen la protesta de Liberty Plaza.

[Testimonio dado durante la presentación del último libro de Moore en ST. Mark’s Bookstore.
Traducción: Celita Doyhambéhère].http://www.youtube.com/watch?v=Nt99VKf658c (inglés)
Adital

miércoles, 5 de octubre de 2011

Decenas de miles salieron a ocupar Wall Street


Estudiantes, trabajadores y manifestantes espontáneos marcharon por las calles para reclamar cambios en la política económica. La marcha paralizó buena parte del centro de Nueva York demandando empleo y mayor impuesto sobre el sector financiero.

Por Ernesto Semán
Desde Nueva York

Decenas de miles de personas salieron ayer a las calles de Nueva York en apoyo a “Ocupar Wall Street”, el movimiento social que reclama un cambio general en la política económica actual y que tomó renovada fuerza el sábado pasado, luego de que la policía arrestara a setecientos manifestantes en el puente de Brooklyn. Sindicatos, estudiantes y gente dispersa salieron a la calle como no lo han hecho en décadas para reclamar medidas económicas. La marcha paralizó buena parte del centro de la ciudad durante la tarde de ayer, con carteles demandando puestos de trabajo y mayores impuestos sobre el sector financiero.
El cartel más visto a lo largo de las treinta cuadras de Manhattan que recorrieron las distintas columnas decía simplemente “Somos el 99 por ciento”. El movimiento “Ocupar Wall Street” es tan genérico como incipiente, pero más allá de sus generalidades, ayer estaba marcado no tanto por demandas económicas aisladas como por la crítica casi sorprendida a la baja calidad democrática de un sistema de decisiones que parece volcado sobre el 1 por ciento que era objeto de insultos de los manifestantes. Los carteles impresos por las organizaciones convocantes, los improvisados, la mayoría de las consignas, parecían reafirmar la generalidad de la crítica como el punto fuerte del movimiento. “Estamos de pie por el cambio que votamos”, es uno de los más vistos, en manos de una masa considerable de votantes desencantados. “Trabajo ahora”, dice otro que repartió un sindicato, pero que se ve sobre todo en manos de manifestantes espontáneos, una pareja de veintipico que sale de trabajar, una señora de unos sesenta con un sombrero de esponja con la forma de la Estatua de la Libertad. “Puestos de trabajo, no recortes” (Jobs No Cuts), dice otro de los más vistos. “Los derechos de los trabajadores son derechos humanos”, decía otro que portaban los miembros del sindicato de trabajadores de Chinatown (que, al contrario de lo que sugiere, estaba poblado de una enorme cantidad de trabajadores hispanos).
Apretados en el vallado paranoico que montó la policía alrededor del edificio de la municipalidad, se juntan los carteles de unos y otros. Hay un 5 por ciento que reproduce todos los estereotipos de la izquierda norteamericana, incluyendo el de los jóvenes estudiantes con carteles recordando a una variedad de comandantes: Castro, Guevara, Marcos, Sandino. Pero por otra parte, ¿qué referencias serían más interesantes, convocantes, genuinas? Nadie viene a una marcha del desencanto y la esperanza con la pancarta de un candidato a concejal.
Para darse una idea de la fenomenal evolución de este movimiento basta recordar que la primera noticia que tuvo la ciudad sobre “Ocupar Wall Street” fue el 5 de septiembre, durante un recital de Manu Chau, cuando dos jóvenes subieron al escenario y anunciaron la ocupación al grito de “es hora de acabar con el capitalismo”. De ahí a pelear con la policía de Nueva York, recibir la adhesión de los principales sindicatos de la mayor economía del mundo, tener núcleos de apoyo en una decena de otras ciudades y conversar con economistas y premios Nobel sobre el sentido más preciso de la ocupación, ha pasado apenas un mes. Adivinar hoy el futuro del movimiento por la inmadurez de su presente es como asegurar que el bebé del café de al lado jamás entrará a Harvard porque ni siquiera sabe leer.
Ayer, pocos fueron convocados por el programa específico que levanta la asamblea. Se trata de trece puntos, que finalizan con la advertencia de que un programa así “generaría tantos puestos de trabajo que haría necesario abrir las fronteras” y dejar de poner límites a la inmigración. Pero teniendo en cuenta el apoyo que la asamblea recibió de economistas como Joseph Stiglitz y Jeff Madrick, es algo más que una curiosidad que la demanda número uno sea poner fin al “free trade” y establecer fuertes tarifas al ingreso de productos importados, es decir, de China y los países en desarrollo. La idea, que en el fondo es un recurso genuino para que los salarios norteamericanos no sigan compitiendo a la baja con los chinos, es tan razonable que cuesta recordar el impacto demoledor que tendría para la economía mundial.
La marcha de ayer se armó en apenas cuatro días. El sábado pasado, la policía de Nueva York tuvo a su cargo darle a la ocupación una proyección mundial que hasta entonces no había tenido. Cerca de las seis de la tarde, los uniformados indujeron a los manifestantes a cortar el tránsito en el puente de Brooklyn y, una vez arriba, procedió a atraparlos en unas redes naranjas, arrestando en el lugar más visto de la ciudad más mirada del mundo a setecientas personas que protestaban pacíficamente. La policía no se olvidó incluso de arrestar a una de las cronistas del New York Times, como para asegurarse de que su cobertura sería total, y no muy favorable. Los miles de personas de hoy son una reacción a aquella agresión, que abrió los canales de legitimidad que estaban a la espera de ser ocupados. En estos días, la ocupación recibió la adhesión de los principales sindicatos norteamericanos, de economistas y de periodistas y de músicos.
Ayer, la policía trataba a los manifestantes con guantes de seda. Bajando hacia el distrito financiero, varios miles de estudiantes reaccionaron con reflejos pavlovianos a la experiencia del sábado. Cuando la policía despejó la calle para que entraran, ellos fueron por la vereda. Cuando los custodiaron por la vereda para que el tráfico no los molestara, ellos se abrieron hacia la calle. Y cada vez que vieron una red naranja, corrieron para cualquier otro lado. “¿Adónde van?”, le preguntó el sargento Hirne a su colega cuando vio que no bajaban por Broadway, el camino más directo, el que uno le indica al taxista. “Ni idea. Se ve que quieren caminar”, le respondió Del Pozo mientras reacomodaba a sus subordinados que, por unos segundos, quedaron al frente de la manifestación, como Chaplin en Tiempos Modernos.
Bajando por Laffayette, la columna recibía sólo gestos de aprobación. Bocinazos, papelitos y aplausos, ni insultos ni indiferencia, las dos reacciones más comunes en Nueva York para cualquiera que obstaculice el camino de regreso a casa. Una columna masiva de un sindicato docente y otra de plomeros se sumaba unas diez cuadras antes de llegar a destino. La marcha se detuvo frente a Bleecker Street, y adelante de todo, delante de la bandera que dice “Primavera Arabe, Verano Europeo, Otoño Americano”, Del Pozo conversaba con unas abogadas que acompañaban la marcha y proveían sus servicios en caso de que se produjera un nuevo arresto masivo. “¿Ven qué bien que lo estamos haciendo? Ni un incidente. Si lo que nosotros queremos es que salga bien, no ganamos nada con el escándalo.” Y las abogadas: “Sí, así debería ser, así debería haber sido el sábado.” Y Del Pozo, serio: “Sí, pero ahora que lo hacemos bien, ¿quién lo va a decir? ¿Quién va a venir a felicitarnos? ¡Nadie!” Ah, Del Pozo, te hubieras probado en los Mets. Nadie entra a la policía para que lo quieran.
Una gran cantidad de manifestantes eran estudiantes en pleno proceso de endeudamiento a cambio de una educación que no es particularmente buena, pero que sí es carísima y no garantiza un puesto de trabajo para todos. En su mayoría vienen en las columnas de la New York University, New School y la estatal CUNY. “Endeudado”, decía simplemente el cartel prolijamente impreso que una estudiante de CUNY llevaba al lado de un policía vestido con una campera de la sección “Asuntos Comunitarios”. Son el caso paradigmático de la crisis del sueño americano donde los hijos, por primera vez desde los ’30, tienen buenas chances de terminar peor que los padres. Otra porción no menor que la anterior era de trabajadores y empleados, de donde salía uno de los cánticos más escuchados de la tarde: “Todo el día, toda la semana, ocupemos Wall Street” (la consigna en inglés tiene algo más de gracia). Una enorme cantidad encolumnada con sus sindicatos, desde los miles de la columna de empleados de transporte, hasta las seis personas con las remeras del sindicato del NLRB, el organismo público creado durante el New Deal para garantizar los derechos laborales frente a los empleadores, pasando por el sindicato de plomeros, donde un hombre de sesenta años levantaba el único cartel con referencia directa a la Casa Blanca: “Presidente Obama, hable con Ocupar Wall Street. La nación necesita saber que usted entiende y que le preocupa”.
Pasada la zona judicial del downtown, la policía montó un laberinto de vallas que, visto desde arriba, funciona perfecto para que la marcha pueda circular a paso lento hasta entrada la noche, pero sin poder ocupar ninguna calle de forma completa, perdiendo la fuerza y el impacto con el que suele alimentarse una concentración triunfal. Al igual que el movimiento al que apoyaba, lo hizo con éxito y final impreciso. Nueva York ha visto algunas de las marchas más masivas de los movimientos sociales de las últimas décadas. Por acá pasaron rumbo al Central Park las concentraciones más grandes del mundo contra la guerra de Irak, y bajó por Broadway hacia Wall Street la mayor concentración del país a favor de una nueva ley de inmigración. Los resultados de la de ayer son más inciertos que las anteriores, pero eso, para el movimiento Ocupar Wall Street, es su mayor ventaja.
 
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-178351-2011-10-06.html