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miércoles, 19 de octubre de 2011

¡Ocupad las calles del mundo!


Pepe Escobar

Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
“…ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence
Y ese enemigo no ha cesado de vencer.”
- Walter Benjamin, Tesis de Filosofía de la historia

La Internacional de los Indignados manda. La antorcha pasó de la Plaza Tahrir en El Cairo (la Primavera Árabe), a la Puerta del Sol de Madrid (la Primavera Española), a Liberty Square en Nueva York (Occupy Wall Street) y desde este pasado sábado a World Street, 951 ciudades en 82 países.
Todas las edades, todas las clases sociales, pero en su mayoría valerosos jóvenes, hombres y mujeres, que denuncian la caída arrogante de grandes partes del mundo en un abismo geopolítico transgredido por una crisis social, financiera, monetaria, política y estratégica sin precedentes.
Nada es más natural que el “somos el 99%” se extienda al globo, porque el movimiento denuncia específicamente los estragos causados en todo el mundo por el mito de la globalización neoliberal, tal como la aplica ese dios iracundo: El Mercado. Y sin embargo el 1% –y sus socios de los medios corporativos– todavía no lo entienden (o lo remedan) y tratarán de aplastar toda acción para subsanar el redomado fracaso del neoliberalismo.
El 1% no llega a comprender la cólera de una generación “sin futuro”, o la cólera de los que se han ajustado a las reglas del juego y terminaron sin nada, la cólera colectiva de todos los que ya no pueden llegar a confiar en instituciones políticas y financieras fracasadas.
Y la cosa se pondrá peor. Los bancos ya no prestan ni reactivan la economía, sobre todo porque en EE.UU., solo cuatro gigantes –Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Citigroup y Bank of America– tienen ahora un 95% de los derivados estadounidenses, una inmensa pesadilla de 600 billones (millones de millones) de dólares a punto de sobrevenir. Los derivados fueron cruciales en el derribo de la economía global, con todas sus calamitosas consecuencias sociales, y es posible que todo vuelva a ocurrir.
Mientras tanto, el 1% está ocupado en el violento ataque a los derechos históricos de las clases trabajadora y media, incluso a riesgo de perder lo que queda de su legitimidad política y social (en todo caso no les importa). Como subraya Minqi Li, ex preso político chino y profesor de economía en la Universidad de Utah: “Como durante el período de 1968-1969, la resolución de la crisis dependerá de la evolución de la lucha de clases a escala global.” Li insiste en que el capitalismo no forma parte de las opciones factibles; pero el problema es que las sólidas elites del 1% mantienen el control, y solo renunciarán al poder si pasamos por encima de sus cadáveres colectivos.

Creando un nuevo lenguaje político

¿Y ahora qué? ¿Adónde nos dirigimos desde aquí? ¿Dónde encontrar el poder de fuego intelectual para seguir luchando?
En Zuccotti Park –la base de Ocupad Wall Street en el sur de Manhattan– hay una biblioteca pública gratuita, con libros donados por cualquiera que tenga ganas de hacerlo. Un buen primer paso sería que la gente suministrara muchas copias de The Beach Beneath the Street (La playa bajo la calle), de McKenzie Wark [1], una historia absorbente de los situacionistas, el grupo conceptual clave dirigido por Guy Debord en el corazón de mayo de 1968.
Wark también ha escrito un ensayo clínico que detalla cómo en lugar de ocupar una abstracción –Wall Street– el movimiento ocupó otra abstracción: “Un parque más o menos público asentado en el paisaje de bloques de edificios del centro de la ciudad, no lejos del sitio del antiguo World Trade Center” y de ahí procedió a ocupar “el espacio virtual de los medios sociales”.
Wark concluye: “La abstracción que es la ocupación es entonces doble: una ocupación de un lugar, en algún sitio cerca del verdadero Wall Street, y la ocupación del vector de los medios sociales, con eslóganes, imágenes, vídeos, historias. ‘Seguid anticipando’ podría ser un buen eslogan en este caso. Para no mencionar que se siga creando el lenguaje real de una política en el espacio de los medios sociales.”
No es sorprendente que el 1% esté perplejo. Ocupad Wall Street ya está creando un nuevo lenguaje político, demoliendo viejas categorías de causa y efecto, utilizando por ejemplo lo que Guy Debord describió como deriva, una técnica de moverse como relámpagos a través de diferentes escenarios (de lo físico a lo virtual, o del sur de Manhattan a Washington Square y Times Square).
Ya están amplificando el concepto de rizoma de Gilles Deleuze y Felix Guattari, refinando una máquina de guerra simbólica interdisciplinaria, subterránea.
Como nieto de mayo 68 y de los situacionistas, Ocupad Wall Street no podía dejar de ser radical. Quiere ir más allá de la política del poder, del poder corporativo y del favoritismo corporativo. No lo podrán comprar, una razón clave para que sea incansablemente ridiculizado por los intereses corporativos (¿a quién le interesan los monstruos corporativos Time Warner y News Corporation de Rupert Murdoch? Ocupad debería dejar que se pudran en su irrelevancia). Es esencialmente una rebelión colectiva de la gente –ni de derecha ni de izquierda, pero ciertamente no conservadora– que se niega a que la coopten (y ojalá trate a oportunistas como Al Gore, Warren Buffett y George Soros como si fueran la plaga).
¿Qué quieren? Quieren que el bien común esté a disposición de todos, que no los privaticen, los maten o los exploten las castas políticas corruptas. La utilización de los bienes comunes –agua, bosques, redes de comunicación, fábricas, redes de transporte, hospitales– debe depender de los ciudadanos de cada Ágora (el sitio griego de reunión popular) local. Eso significa, esencialmente, que se ponga a la gente primero, la antítesis absoluta de la mercantilización de la vida.
Es una agenda utópica, y eso que hace que los derechistas atlantistas se retuerzan, es un llamado directo al comunismo utópico. Titus Levi, profesor en el Colegio Unido Internacional en Zhuhai, en el sur de China, reflexiona sobre cómo “tener una economía de biología y humanidad que ponga cabeza abajo el actual sistema: utilizando la economía como instrumento de la humanidad, no que se demuela a la humanidad el servicio de imperativos económicos”.
Ocupad Wall Street ciertamente quiere que no se talen los bosques, que no se contamine el aire, que los bancos no traicionen a sus clientes, y que los ciudadanos estén totalmente involucrados en el manejo de la vida pública (y que no se resignen a votar según leyes electorales abrumadoras cada cuatro o cinco años). Eso implica que debería haber leyes sensatas dirigidas por personas honestas e imparciales. No es lo que sucede, de ahí el crecimiento de las filas de la Internacional de los Indignados.

Mira al Sur, joven

Ocupad Wall Street también debería utilizar un maravilloso manual de política radical como Comunismo Hermenéutico [2] de Gianni Vattimo, profesor de filosofía en la Universidad de Turín y Santiago Zabaleta, profesor de investigación en la Universidad de Barcelona.
En 140 páginas llenas de acción –más copiosas notas– Vattimo y Zabaleta eluden el comunismo soviético histórico y el modelo chino contemporáneo para elogiar a los actuales gobiernos suramericanos democráticamente elegidos, “determinados a defender los intereses de sus ciudadanos más débiles”.
Ciertamente tienen razón al creer que “es la región del mundo que representa mejor el comunismo del Siglo XXI que, como dijo Eric Hobsbawm, debe ser primero y ante todo una crítica del capitalismo, o una defensa de lo que el gran Walter Benjamin llamó “la tradición de los oprimidos”.
Vattimo y Zabaleta producen una devastadora crítica de nuestra “democracia enmarcada”, en la cual el 1% “se dedica a la verdad en forma de imposición (violencia), conservación (realismo) y triunfo (historia). Estos sistemas políticos metafísicamente enmarcados sostienen que la sociedad debe autodirigirse según la verdad (el paradigma existente), es decir, a favor del fuerte y contra el débil”.
Vattimo y Zabaleta desenmascaran naturalmente toda la falacia del “fin de la historia” y demuestran “que dentro del sistema de las democracias enmarcadas metafísicamente, el cambio es casi imposible”. La única alternativa posible que queda por el momento se encuentra en el espacio latino y especialmente suramericano, donde, citando a Noam Chomsky: la gente toma la democracia más en serio que en Occidente, ciertamente más que en EE.UU.”.
Por imperfectos que puedan ser los diferentes experimentos nacionales, de Brasil a Venezuela, de Bolivia a Argentina, los nuevos gobiernos suramericanos han sido por lo menos representativos de sus pueblos porque “se han separado no solo de las imposiciones neoliberales sino también de la presencia militar acompañante, es decir el capitalismo armado”.
Por lo tanto Ocupad el Mundo tiene mucho que ganar a través del análisis de los diferentes experimentos políticos en Suramérica. Los paralelos con Europa son muy esclarecedores. Compárese por ejemplo Argentina –donde en las próximas elecciones del 23 de octubre Cristina Kirchner ciertamente dirigirá un tercer período post neoliberal, y a Dilma Rousseff en Brasil– con España, patria de los indignados, donde, créase o no, el reaccionario, casi fascista Partido Popular probablemente gane las elecciones del 20 de noviembre.
El reptiliano ex primer ministro español José María Aznar ha descrito a los indignados como un movimiento “marginal, no representativo”, exactamente como el presentador promedio de Fox News.
Que no quepa ninguna duda: el poder intelectual para canalizar la indignación global existe, de Vattimo y Zabaleta a Deleuze y Guattari, de Debord y Benjamin a David Harvey y Eric Hobsbawm, de Alan Badiou y Slavoj Zizek a Minqi Li y Wang Hui, de Atilio Boron al vicepresidente boliviano Álvaro García Linera.
No se trata de una revolución (global), todavía; aún es una evolución (lenta). La mayoría silenciosa post política no es ciertamente estúpida, solo cínicamente resignada. El desafío es arrancarla de sus sofás y sus controles remotos y que salga a las calles, para convertirla en un 99% en acción.
Esto implica presionar por una serie de políticas clave, específicas: gravar a los ricos y al sistema financiero, más fondos para la educación pública, atención sanitaria decente, el fin del Imperio de Bases estadounidense adicto a la "pentagonización". En lo que concierne a EE.UU., una abrumadora mayoría de los estadounidenses está a favor de estas políticas.
Por lo tanto la respuesta, amigo, llega y llegará de sopetón a las calles. Todo el poder a la Internacional de los Indignados. Es hora de que remezclar a Martha y los Vandellas para los principios del Siglo XXI. Llamad a todo el mundo: ¿estáis listos para un ritmo totalmente nuevo?

Notas
1. Vea aquí. 2. Vea aquí.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge ”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com .

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Global_Economy/MJ19Dj02.html

lunes, 17 de octubre de 2011

NAOMI KLEIN EN WASHINGTON: LO MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO ES NUESTRO MOVIMIENTO



Tuve el honor deque me invitaran a hablar en Ocupad Wall Street el jueves por la noche. Ya que la megafonía está (lamentablemente) prohibida y todo lo que dije tuvieron que repetirlo cientos de personas para que otros lo pudieran oír (es decir “un micrófono humano”), lo que realmente dije en la Plaza de la Libertad tuvo que ser muy breve. Por ello, lo que sigue, es una versión más larga, completa, del discurso.
NAOMI KLEIN
Os amo.
Y no lo dije solo para que cientos de vosotros griten “te amamos” de vuelta, aunque obviamente es una posibilidad adicional del micrófono humano. Decid a los demás lo que quieres que te digan a ti, solo que más fuerte.
Ayer, uno de los oradores en el mitin de los trabajadores dijo: “Nos encontramos los unos a los otros”. Ese sentimiento captura la belleza de lo que se está creando aquí. Un espacio totalmente abierto (así como una idea tan grande que no se puede contener en ningún espacio) para toda la gente que quiere un mundo mejor para encontrarse los unos con los otros. Estamos tan agradecidos.
Si hay una cosa que yo sé es que el 1% adora las crisis. Cuando la gente se deja llevar por el pánico, está desesperada y nadie parece saber qué hacer, es el momento ideal para que las corporaciones impongan su lista de deseos de políticas favorables: privatizar la educación y la seguridad social, recortar los servicios públicos, librarse de las últimas restricciones al poder corporativo. En medio de la crisis económica, es lo que está pasando en todo el mundo.
Y sólo hay una cosa que puede bloquear esta táctica, y por suerte, es algo muy grande: El 99%. Y ese 99% está saliendo a las calles, de Madison a Madrid, para decir “No. No pagaremos vuestra crisis”.
La consigna comenzó en Italia en 2008. Repercutió en Grecia, Francia e Irlanda y finalmente ha llegado al kilómetro cuadrado en el que comenzó la crisis.
“¿Por qué están protestando?” preguntan los eruditos perplejos en la televisión. Mientras tanto el resto del mundo pregunta: “¿Qué hizo que tardaran tanto?” “Nos hemos estado preguntando cuándo ibais a mostrar la cara”. Y sobre todo: “Bienvenidos”.
Mucha gente ha hecho paralelos entre ¡Ocupad Wall Street! y las llamadas protestas contra la globalización que atrajeron la atención del mundo en Seattle en 1999. Fue la última vez que un movimiento descentralizado, global, encabezado por la juventud, apuntó directamente al poder corporativo. Y estoy orgullosa de haber formado parte de lo que llamamos “el movimiento de movimientos”.
Pero también hay diferencias importantes. Por ejemplo, escogimos cumbres como nuestros objetivos: la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el G8. Las cumbres son pasajeras por naturaleza, solo duran una semana. Eso también nos hizo ser pasajeros. Aparecíamos, llegábamos a los titulares del mundo y luego desaparecíamos. Y en el frenesí de hiperpatriotismo y militarismo que vinieron después de los ataques del 11-S, fue fácil hacernos desaparecer completamente, por lo menos en Estados Unidos.
¡Ocupad Wall Street!, por otra parte, ha elegido un objetivo fijo. Y no habéis fijado una fecha final a vuestra presencia aquí. Es sabio. Solo si os quedáis podéis echar raíces. Es crucial. Es un hecho de la edad de la información que demasiados movimientos aparecen como hermosas flores pero mueren rápidamente. Es porque no tienen raíces. Y no tienen planes a largo plazo de cómo se van a mantener. Por lo tanto, cuando llegan las tormentas, son arrastrados por la corriente.
Ser horizontal y profundamente democrático es maravilloso. Pero esos principios son compatibles con la dura tarea de construir estructuras e instituciones suficientemente robustas para resistir las tormentas del futuro. Tengo mucha fe en que esto ocurra.
Otra cosa que este movimiento hace bien: Os habéis comprometido con la no violencia. Os habéis negado a regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras que ansían con tanta desesperación. Y esa tremenda disciplina ha significado que, una y otra vez, la historia ha sido la escandalosa y no provocada brutalidad policial. De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más sabiduría.
Pero la mayor diferencia con hace una década es que en 1999 enfrentábamos al capitalismo en el clímax de un frenético auge económico. El desempleo era bajo, los portafolios de acciones se inflaban. Los medios estaban ebrios de dinero fácil. En aquel entonces todo tenía que ver con puestas en marcha, no con cierres.
Señalamos que la desregulación detrás del frenesí tenía un precio. Era dañina para los estándares laborales. Era dañina para los estándares medioambientales. Las corporaciones se convertían en más poderosas que los gobiernos y eso es dañino para nuestras democracias. Pero, para ser honesta, durante la buena racha era difícil enfrentarse a un sistema económico basado en la codicia, por lo menos en los países ricos.
Diez años después, parece que ya no hay países ricos. Solo un montón de gente rica. Gente que se enriqueció saqueando la riqueza pública y agotando los recursos naturales de todo el mundo.
Lo importante es que hoy todos pueden ver que el sistema es profundamente injusto y que pierde el control. La codicia ilimitada ha arruinado la economía global. Y también está arruinando el mundo natural. Estamos agotando las reservas de pesca, contaminando el agua con fracturación y perforaciones en aguas profundas, volviéndonos hacia las formas más sucias de energía del planeta, como las arenas petroleras de Alberta. Y la atmósfera no puede absorber la cantidad de carbono que estamos descargando, creando un calentamiento peligroso. La nueva norma son los desastres en serie: económicos y ecológicos.
Son los hechos sobre el terreno. Son tan flagrantes, tan obvios, que es mucho más fácil encontrar una conexión con el público de lo que era en 1999; construir rápidamente el movimiento.
Todos sabemos, o por lo menos sentimos, que el mundo está cabeza abajo: actuamos como si no hubiera fin para lo que realmente es finito, combustibles fósiles y el espacio atmosférico para absorber sus emisiones. Y actuamos como si existieran límites estrictos e inconmovibles para lo que en realidad existe en abundancia, los recursos financieros para construir el tipo de sociedad que necesitamos.
La tarea de nuestros tiempos es invertir esta tendencia: cuestionar esa falsa escasez. Insistir en que podemos permitirnos la construcción de una sociedad decente, inclusiva, mientras al mismo tiempo respetamos los límites reales de lo que puede aguantar la tierra.
Lo que significa el cambio climático es que tenemos un plazo. Esta vez nuestro movimiento no se puede distraer, dividirse, apagarse o dejarse barrer por los eventos. Esta vez tenemos que tener éxito. Y no hablo de regular los bancos o aumentar los impuestos a los ricos, aunque es importante.
Hablo de cambiar los valores subyacentes que gobiernan nuestra sociedad. Es difícil de ajustar a una sola demanda fácil para los medios, y también cuesta imaginar cómo hacerlo. Pero no es menos urgente por que sea difícil.
Es lo que veo que sucede en esta plaza. En la forma en que os alimentáis, en cómo os animáis unos a otros compartiendo libremente la información y suministrando atención sanitaria, clases de meditación y capacitación en empoderamiento. Mi letrero favorito de este lugar dice “Eres importante”. En una cultura que entrena a la gente para que evite la mirada del otro, para decir “que se mueran”, es una declaración profundamente radical.
Unos pocos pensamientos para terminar. En esta gran lucha, hay algunas cosas que no importan:
Lo que llevamos puesto.
Si alzamos nuestros puños o hacemos señales por la paz.
Si podemos ajustar nuestros sueños de un mundo mejor a una señal de audio.
Y hay algunas cosas que importan:
Nuestra valentía.
Nuestra actitud moral.
Cómo nos tratamos unos a otros.
Hemos buscado el enfrentamiento con las fuerzas económicas y políticas más poderosas del planeta. Da miedo. Y a medida que este movimiento crezca cada vez más fuerte, se hará más temible. Siempre hay que ser consciente de que existirá una tentación de pasar a objetivos más pequeños, como, digamos, la persona sentada junto a ti en esta reunión. Después de todo, es una batalla que es más fácil de ganar.
No hay que ceder a la tentación. No digo que no podamos hablar sobre nuestras debilidades personales. Pero esta vez tratémonos como si tuviéramos la intención de trabajar codo con codo en la lucha durante muchos, muchos años. Porque la tarea que tenemos por delante no exigirá nada menos.
Tratemos este hermoso movimiento como la cosa más importante del mundo. Porque lo es. Realmente lo es.

*Columnista publicada en numerosos periódicos y autora del éxito de ventas internacional del New York Times, La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de ventas internacional anterior: No logo: El poder de las marcas. El discurso de Naomi también apareció en el Wall Street Journal Ocupado

jueves, 13 de octubre de 2011

Las “verdades” detrás de nuestra información y Occupy Wall Street


Enric French Monge

Amauta

Nuestras noticias, nuestra información, y hasta nuestro entretenimiento, todo pasa por un proceso de creación que determina qué vamos a absorber en nuestras vidas diarias. Tal vez no siempre creamos lo que veamos, escuchamos y leemos, pero la persistencia en la divulgación de esta información hace que sólo estemos expuestos a ciertos tipos de mensajes y valores. Nuestra realidad la experimentamos a través de esta información, porque es eso lo que conocemos del mundo exterior fuera de nuestras propias experiencias (que si las vemos diferentes a lo que nos exponen, las consideramos anomalías sociales), y por eso mismo, estamos limitados a imaginar el mundo, y a nosotros mismos, en base a esta visión de él.
Pero estas “verdades” que tenemos que digirir todos los días (y regurgitarlas) son moldeadas por el sistema capitalista dominante en el que existimos, y reflejan esta estructura ya que el proceso de creación de esta información es el mismo proceso de producción de cualquier mercancia, con la misma estructuras de trabajo, y las mismas jerarquías sociales y políticas que existen en todas las esferas de nuestra vida. Los medios de comunicación, entonces, sólo son otra extensión de los mismos procesos predominantes que podemos observar en otras formas de transacción económica, con sus influencias políticas y sociales y demás. Siempre hay excepciones, como en todo, y en cierta forma, la tecnología esta abriendo la capacidad para que existan otras posibilidades.
Sin embargo, por el momento, los medios reafirman este sistema, y viceversa, desarrollando un ciclo que continuara hasta que una alternativa lo rompa. Este proceso, según Edward S. Herman y Noam Chomsky en su libro Los Guardianes de la Libertad (en inglés, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media), ocurre en varios niveles, o filtros:

-Los medios como propiedad y su rentabilidad como tales: hasta hace poco, tener un medio de comunicación costaba mucho dinero no sólo por el equipo de producción, pero también por la necesidad de generar mucha ganancia sólo para poder susbsistir. Y como los dueños son los que invierten en estos medios, ellos también pueden decidir hasta cierto punto el tono del mensaje predominante que se va a distribuir (como lo hemos visto con muchas de las propiedades de Rupert Murdoch). Además, los medios con más recursos pueden extender sus mensajes más extensivamente. Los dueños, como buenos capitalistas, van a querer que sus propiedades sean rentables (los gobiernos también lo determinan por medio de licencias y otros procesos burocráticos). Por lo cual, la información que venda más (sin ya importarnos mucho la veracidad de ella) tendrá más probabilidad de producirse (capitalismo puro en acción). Cuando consideramos que muchos de estos medios son conglomeraciones transnacionales (con operaciones en multiples industrias que también refuerzan su mensaje) en muy pocas manos, entonces básicamente sólo estamos escuchando a más o menos tres corporaciones gritar bien fuerte (en verdad son más, pero como sus mensajes con tan parecidos, dejémoslo en tres). Muy díficil competir con tan grandes gritones.

-Publicidad: la mayoría de medios de comunicación se basan en la publicidad para poder recaudar fondos para continuar su producción. Por lo cual, la información que sale de estos medios son controlados de manera indirecta por estas corporaciones que meten publicidad, ya que van a querer mantener una relación simbiótica y segura, o sea, sin intentar de ofenderlos ni criticarlos mucho y hasta tal vez ofrecer noticias favorables para garantizar más dinero. Todo esto es en teoría, sin incluir otros factores, como intentar de mantener una apariencia de objetividad que minimizaría esta situación de algún modo, pero la tentación a veces puede ser más grande que la ética periodística, y más cuando se debe ser rentable. Y cómo la publicidad lo que quieren hacer es vender sus productos, van a prefirir medios de comunicación que tengan una audiencia con dinero (y entre más consumista, mejor), lo cual en sí determina cuáles tipos de medios pueden existir y cuáles no: si el medio puede formular un mensaje que sea aceptable para aquellos con valores consumistas van a tener más chance de ser atractivos para obtener dinero publicitario. Pero ésta también puede ser una herramienta de presión popular, como cuando muchas empresas quitaron publicidad del show de Glenn Beck ya que mucha de la audiencia se alejó del show por su mensajes controversiales racistas.

-Fuentes: por la misma razón de rentabilidad, competencia y los límites de tiempo y recursos en la producción de la información, las fuentes que se hagan más accesibles, son las que se usarán más a menudo por estas cuestiones prácticas. O sea, aquellas empresas que tengan una buena maquinaria de relaciones públicas van a tener más facilidad de hacer llegar su mensaje. Al igual, el gobierno, por su poder intrínsico, puede manipular a que se transmitan sus mensajes haciéndolos aparentar relevantes. En ambos casos, su prestigio se confunde como credibilidad, y como es caro hacer investigaciones serias sobre estas afirmaciones, es mejor nada más hacerles caso y rezar que no nos hayan engañado de nuevo.

-Evitar reacciones negativas: los medios no quieren controversias que les pueden ser caras, ya sea por demandas en corte, o por perder audiencia por medio de críticas y quejas. Aquellos con mucho poder político o económico tienen más recursos para producir estas reacciones contra medios que no les fueron simpáticos. Por eso mismo, estas entidades con ese poder son los que limitan a que los medios no se salgan de la línea editorial deseada.

-Anticomunismo como un mecanismo de control: tal vez, el fantasma comunista no genere tanto miedo como cuando Herman y Chomsky escribieron el libro, pero con la guerra contra el terrorismo aún se mantiene vivo el miedo de ser anti-estadounidense (un-American). Y los valores estadounidenses se asocian con los del capitalismo, con obedecer fielmente las políticas del gobierno, en fin, con los mismos valores que crearía un ambiente óptimo para aquellos con poder para hacerse escuchar. En Fox News, por ejemplo, se acusa a Obama de ser socialista o musulmán, por más que no sea ninguna de las dos, no tanto porque se lo creen, pero como una forma de establecer los límites de la discusión, y por ende, de lo aceptable en nuestra sociedad. O sea, Obama es demasiado izquierda y extraño para ser aceptado en nuestro país. El propósito es meterle miedo a la gente para que se atengan a las consecuencias de salirse de las normas sociales y políticas.

(Para más información, leer esta entrevista que Amauta realizó con Chomsky)

La formación social y cultural de las personas y sus comunidades se determinan de cierta forma por el lugar en dónde están, pero aún de este modo, no pueden escapar la gran influencia de la ideología perpetrada por aquellos que son dueños de los grandes medios de comunicación. Sean los dueños élites económicas dentro o fuera del país, por esta razón, la hegemonía ideológica puede ir más allá de nada más las normas políticas y económicas, para también imponer convenciones culturales de una nación a otra (imperialismo cultural). Según William Uricchio, en Estados Unidos, a diferencia de Europa, existe la posibilidad de expresiones culturales un poco fuera de las normas aceptadas mientrás lleguen a tener potencial comercial. Por lo cual, si diferentes creaciones de cultura popular que aún sean despreciables por las clases altas que supuestamente son los que determinan lo que es “verdadera” cultura (hasta cierto punto, el caso de Europa y Latinoamérica) son algo aceptables si tienen el suficiente apoyo popular para que las personas las compren. Por eso, la industria cinematográfica en Estados Unidos logro convencer al gobierno que las películas producidas en Hollywood promovían el libre comercio en el exterior, y así abría mercados para empresas estadounidenses, y al mismo tiempo, empujaba valores estadounidenses como el consumismo.
Lo mismo menciona Nicholas Garnham en su artículo, Contribución a la economía política de la comunicación masiva: el valor comercial de alguna creación cultural o informativa es el principal factor determinando su distribución en los medios de comunicación, y no tanto el mensaje mismo de esta creación. Claro, algo tiene valor comercial si se adapta bien a la ideología dominante, porque sino, la misma estructura capitalista censura cualquier mensaje radical que se oponga a sus intereses, por los dueños de los medios mismos o por las empresas que sacan su publicidad.
Por ejemplo, estos diferentes procesos de cómo los medios producen su información se pueden observar con las recientes protestas contra Wall Street (como símbolo bancario y corporativo mundial) en Nueva York. Primero que todo, las protestas inicialmente no tenían mucha visibilidad en medios de comunicación masivos (con algunas excepciones). No se puede concluir definitivamente las razones por este silencio mediático. No era el tamaño, ya que los medios más de una vez cubrían manifestaciones del movimiento del Tea Party con números muchos menores. Tal vez había alguna noticia más importante en ese momento o el periodista que fue a buscar la protesta era malo con direcciones y se perdió en el camino.
O quizás, y muy probablemente, el mensaje “radical” de las protestas, que intentan de enfocarse en cómo la avaricia de muchos bancos y empresas fueron culpables en la crisis económica que toca a la mayoría del pueblo estadounidense es ofensivo para los dueños de medios (aunque seguro no mencionaron nada específico, quizás alguno de los dueños es amigo del presidente de Goldman Sachs o algo por el estilo), o quizá Bank of America era el que estaba pagando la mayoría de publicidad para un canal o periódico.
Luego, pero hasta que hubo tal represión policial que no se podía ignorar (además de que los conflictos y violencia venden periódicos) o cuando varias celebridades le dieron el visto bueno a la protesta, se comenzó a darle más cobertura al tema, pero con un tono burlón. O sea, ahora que ya no podían evitar la noticia, se tenía que rebajar su importancia de alguna u otra forma. Y cuando buscaban fuentes confiables de información, le daban prioridad al departamento de policía de Nueva York para dar su explicación por las razones por las cuales reprimieron la protesta, y presentan esa información para que parezca objetiva, pero que es casi como si uno escuchara al portavoz del departamento de policía hablar. Lo bueno es que las herramientas tecnológicas han permitido que los mismos protestantes se expresen y muestren lo que esta occurriendo en realidad. Ya que hasta muchos medios que se consideran progresivos políticamente también han estado criticando al movimiento tal vez porque pone en cuestión la poca autoridad que les queda y están presentando una propuesta más atractiva y poderosa, luego de los movimientos que acontecieron en el Medio Oriente y España. Porque al fin y al cabo, estos movimientos están intentando de retomar nuestra democracia, y a muchos sectores de poder, incluyendo a los medios, los pone nervioso que estas propuestas, ideas y realidades estén libres para que otros las puedan recrear en sus propios espacios. Como no se conforman a los valores consumistas, los ridiculizan y los hacen ver demasiados radicales (comunistas?) en sus visiones sociales (las de justicia frente a los bancos que nos robaron). La razón principal por este silencio y esta distorsión en los medios de comunicación es que estos movimientos son peligrosos porque pueden romper con los esquemas de poder dominantes, políticos y económicos, del gobierno, de las corporaciones y bancos, y por ende, de los medios tradicionales, ya que nos demuestran que una democracia participativa, y no subordinada a una minoría, es posible. Y si eso es posible, ¿qué más nos podríamos imaginar?

Fuente: http://revista-amauta.org/2011/10/las-verdades-detras-de-nuestra-informacion-y-occupy-wall-street/  

domingo, 9 de octubre de 2011

De abajo del suelo, aparecieron los sindicatos en EEUU: Todos contra Wall Street

Todos contra Wall Street


Editorial

The Socialist Worker

Los sindicatos están entrando en el lado de las protestas en "Ocupa Wall Street", una creciente alianza entre la izquierda y el movimiento de los trabajadores que puede llevar la lucha a una nueva etapa
El movimiento sindical está poniendo su peso detrás de Ocupa Wall Street--y la patronal toma nota de la mayor alianza entre la izquierda y el movimiento laboral desde las protestas contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle en 1999.
Los sindicatos--"los agitadores con más experiencia de la ciudad", como Crain's New York Business l puso--planearon un rally el 5 de octubre en Foley Square, cerca de City Hall, luego marcharon a Wall Street.
La entrada de los principales sindicatos a la lucha en Wall Street--de las gigantes filiales neoyorquinas del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, por sus siglas en inglés), a los sindicatos nacionales Acereros Unidos (USW, en inglés) y Unión Nacional de Enfermeras (NNU, en inglés)--apunta a la posibilidad de que el movimiento Ocupa profundice sus raíces sociales. Varias luchas en curso--como la lucha contra las ejecuciones hipotecarias, contra empleadores rompe-sindicatos, o por construir un movimiento demandando trabajo para todos -se re-energizarán a partir de esta movilización.
Los dirigentes sindicales que tomaron la decisión de apoyar la protesta en Wall Street no sólo respondieron al llamado a la solidaridad con el movimiento Ocupa. Por muy importante que esto es, ellos además reflejan la ira de sus propios miembros de base por la pérdida de empleos, los recortes salariales y las reducciones en el gasto social--mientras la economía sigue empeorando, las corporaciones estadounidenses amasan ganancias récor, y el súper rico se enriquece aún más.
Esa ira es lo que está impulsando Ocupa Wall Street, que comenzó hace menos de tres semanas con cientos de, en su mayoría, jóvenes activistas que decidieron aglomerarse en el distrito financiero de Manhattan y acampar en Zuccotti Park--rebautizado Plaza de la Libertad, en honor de la ocupación de la Plaza Tahrir (Liberación) en Egipto--en Lower Manhattan. La acción ha capturado la imaginación y simpatía de una gran cantidad de personas hartas de todos los diferentes aspectos de un sistema dirigido por el 1 por ciento de los súper-ricos, simbolizados por los banqueros y los especuladores financieros de Wall Street. En Plaza de la Libertad, Nueva York, las protestas y el debate político, veinticuatro horas del día, siguen creciendo, mientras activistas en otras ciudades han organizado sus propias acciones Ocupa.
En suma, Ocupa Wall Street se ha convertido en un faro para todo el descontento acumulado en EE.UU. - - - - - - - - - - - - - - - -
El espíritu de lucha desplegado en Manhattan no salió de la nada. Estuvo además detrás de la sublevación en Wisconsin, el invierno pasado, contra ley antisindical del gobernador republicano Scott Walker, y ha podido ser visto en muchas otros lugares desde entonces: animando piquetes de huelga en Verizon en agosto, en los bloqueos de carga esquirol por los trabajadores portuarios la Costa Oeste, desafiando una orden judicial con los maestros en huelga de Tacoma, Washington, y más. Hay un nuevo aire de militancia, incluso entre los trabajadores organizados.
La atmósfera de rebeldía, sin duda, influyó en la junta directiva del Local 100 de los Trabajadores del Transporte de Nueva York para decidir apoyar Ocupa Wall Street--el primer sindicato importante en hacerlo. El Local 100 representa a unos 30.000 trabajadores de los autobuses y el metro, y tiene una historia de lucha, teniendo que soportar duras sanciones y multas por librar una huelga ilegal de tres días en diciembre del 2005.
Hoy en día, los líderes del Local 100 hablan de Ocupa Wall Street como una lucha de hermana. El presidente del sindicato, John Samuelson, explicó en una entrevista televisada por Countdown:
Creo que en gran medida, los manifestantes en Wall Street están cantando la misma canción, y lidiando la misma batalla, que nuestro sindicato ha luchado durante los últimos 18 meses...
Hay desesperación, creo, entre el pueblo y las familias obreras en este país, que la gente en el gobierno simplemente no entiende. Hay un montón de millonarios en el Congreso que no tienen ni idea--una gran cantidad de millonarios en la legislatura estatal, para el caso--que no tienen idea de lo que es tener que alimentar a los niños o pagar la matrícula o pagar una hipoteca. Hay un montón de gente en el gobierno que está fuera de toque.
Estas protestas, por un lado, han puesto de relieve la disparidad de riqueza en Estados Unidos que se ha desarrollado durante las últimas décadas. Creo que uno de los grandes beneficios del movimiento sindical entrando en esta lucha es traer es la capacidad de articular ese mensaje... en nombre de las familias obreras, ya sea sindicalizada o no.
La participación del movimiento laboral en Ocupa no se limita a la ciudad de Nueva York. Los miembros de base de los Maestros Unidos de Los Ángeles (UTLA, por sus siglas en inglés) se unieron a una organización comunitaria y al grupo Ocupa Los Ángeles para protestar un banco local. En Bay Area, los miembros de SEIU Local 1021 llegaron a Ocupa San Francisco durante los primeros esfuerzos del movimiento ahí. En Chicago, la dirección del Sindicato de Maestros de Chicago (CTU, en inglés) mostró su apoyo a Ocupa Chicago, los activistas de Ocupa, a su vez, votaron a favor de apoyar un rally planeado con anterioridad para 10 de octubre, iniciado por los maestros y la SEIU.
Todas estas iniciativas son muy importantes para los sindicatos americanos, que, con algunas notables excepciones, tienen más de 50 años tratando de evitar el activismo izquierdista radical. Desde el inicio de la Guerra Fría, hasta después de la caída de la URSS, el anticomunismo aquí y en el extranjero fue central a la política del movimiento laboral estadounidense.
Este enfoque se había desvanecido para la década de 1990, y sindicatos en apuros tentativamente buscaron aliados en la izquierda, como los activistas del medio ambiente, en la lucha contra la globalización. Fue la alianza "Teamsters y Tortugas" que se formó en las protestas de 1999 contra la OMC en Seattle, reuniendo a decenas de miles de sindicalistas de base.
Desafortunadamente, la recién nacida coalición se derrumbó bajo la marea conservadora luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Casi todos los sindicatos importantes se alinearon en apoyo de la guerra de EE.UU. contra Afganistán, y algunos dirigentes sindicales pidieron la reactivación de la "asociación" entre trabajadores y empleadores (política sindical del era de la Guerra Fría) para ayudar en "guerra contra el terror".
Sin embargo, el respaldo al esfuerzo bélico dio peor que nada al movimiento sindical. La patronal siguió machacando a los sindicatos, eliminando los empleos en la manufactura y recortando los salarios--incluso durante los años de crecimiento económico en la década de 2000. Esto dejó a la clase obrera americana aún más vulnerables cuando comenzó la recesión a finales de 2007.
La respuesta de los sindicatos fue invertir dinero y recursos en la elección de Barack Obama en 2008, con la esperanza de que él liderara la batalla por una ley pro-sindical y aplicara políticas económicas para crear puestos de trabajo. Pero Obama, por supuesto, hicieron a los banqueros su prioridad.
Ciertamente, los líderes sindicales volverán a presionar a sus miembros para organizar a favor de Obama en las elecciones de 2012--esta vez no sobre la base de la esperanza de cambio, sino del miedo por la alternativa republicana.
Pero el apoyo sindical al movimiento Ocupa abre el camino para un más amplio activismo político dentro del movimiento obrero. La declaración del presidente de USW, Leo Gerard, puede ser usada en los sindicatos estadounidenses como la base para una resolución de apoyo al movimiento Ocupa:
El sindicato Acereros Unidos se solidariza con y apoya firmemente Ocupa Wall Street. Los valientes hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes sin empleo, que se han manifestado todo el día durante casi dos semanas en Nueva York están hablando por los muchos en nuestro mundo. Estamos hartos de la codicia de las empresas, la corrupción y la arrogancia que han infligido dolor a tantos, por tanto tiempo.
El movimiento laboral también puede ayudar al movimiento a enfocarse a ganar victorias concretas. Por ejemplo, las enfermeras del NNU--que también dedicaron recursos para la marcha laboral de 5 de octubre hacia Ocupa Wall Street--han estado organizando "Main Street" (una calle cualquiera en cualquier ciudad. N del T), una campaña que demanda un impuesto sobre las transacciones financieras. - - - - - - - - - - - - - - - -
El apoyo sindical al movimiento Ocupa significa, sin embargo, algo más que recursos adicionales o grandes números en las marchas y manifestaciones. La participación de los sindicatos en la lucha crea el potencial de usar el poder social de los trabajadores para ganar importantes luchas inmediatas, así como la batalla a largo plazo por un tipo diferente de sociedad.
Considere la experiencia de las protestas laborales en el Capitolio estatal en Madison, Wisconsin. Fue un enfermazo masivo de los maestros en Madison--y luego en todo el estado--lo que transformó una sentada, en su mayoría, estudiantil en una completa ocupación del Capitolio, organizada por trabajadores y estudiantes por igual. Los líderes sindicales, en última instancia, recularon de usar el poder económico de los trabajadores para ganar esa pelea, concentrándose más bien en un esfuerzo por destituir los legisladores republicanos. Pero el potencial para ampliar la batalla estuvo cuando la huelga general seriamente se discutió entre los activistas sindicales.
El movimiento Ocupa ofrece una oportunidad similar para revivir y crear vínculos críticos entre el movimiento obrero y la izquierda--con el fin de tomar acción. Existe el potencial para movilizarse por conflictos importantes, como salvar los trabajos de 716 auxiliares de educación afectando en gran medida barrios pobres Negro y Latinos en Nueva York. El movimiento puede proporcionar un punto focal para militantes sindicales que pueden sentirse aislados en su sindicato o lugar de trabajo, y puede ayudar a revivir redes de activistas de base dentro y entre los sindicatos.
Para el casi 90 por ciento de los trabajadores sin sindicato, el movimiento Ocupa puede dar el impulso necesario para organizar sus propios centros de trabajo. Y todos los activistas sociales--sean miembros de sindicato o no--pueden desempeñar un papel crucial en construir el apoyo para el movimiento sindical en los enfrentamientos contractuales que se ciernen, como el de los maestros en Chicago y Los Ángeles, o los trabajadores de autobuses y metro de Nueva York.
En un momento en que la crisis económica, una vez más, tiene a los empresarios y políticos al borde del pánico, es importante para el movimiento de proyectar su propia visión de una sociedad basada en las necesidades humanas en vez del provecho económico. Los activistas necesitan discutir y debatir sus prioridades y estrategias a nivel local.
Pero también debe enfocarse en el gran prospecto-la reactivación de un movimiento obrero capaz de defender los intereses de todos los desposeídos, en su lucha contra el 1 por ciento.

Fuente: http://socialistworker.org/2011/10/07/todos-contra-wall-street

Mensaje desde el obligo del mundo: Declaración de principios de la ocupación de la Ciudad de Nueva York

Declaración de principios de la ocupación de la Ciudad de Nueva York




Rebelión

El presente documento ha sido consensuado por la Asamblea General de NYC con fecha del 29 de septiembre de 2011
En estos momentos en los que nos reunimos solidariamente para expresar un sentimiento de injusticia generalizada, no debemos perder de vista lo que nos ha unido. Escribimos estas palabras para que todos aquellos que se sientan agraviados por los poderes corporativos del mundo sepan que nosotros también estamos a su lado.
Como un solo ser, unidos, nos encontramos ante una realidad en la que el futuro de la especie humana depende de la cooperación de sus miembros; en la que nuestro sistema debe proteger nuestros derechos y, en caso de que el sistema se corrompa, queda en manos de las personas proteger sus propios derechos y los de sus vecinos; en la que un gobierno democrático deriva su competencia legítima de su pueblo, pero las corporaciones no piden permiso para expoliar la riqueza de la gente o de la Tierra; y en la que no es posible una democracia real, cuando el proceso depende de los poderes económicos. Apelamos a ustedes en un momento en el que las corporaciones, que ponen por encima el beneficio a las personas, sus propios intereses a la justicia, y la opresión a la igualdad, son las que manejan nuestros gobiernos. Nos hemos reunido aquí pacíficamente, pues es nuestro derecho, para que se conozcan estos hechos.

Las corporaciones se han quedado con nuestras casas mediante procesos ilegales de ejecución hipotecaria, a pesar de no contar con la hipoteca original.
Con total impunidad, se han quedado con los rescates provenientes del dinero de los contribuyentes, al mismo tiempo que continúan concediéndoles exorbitantes primas a sus directivos.
Han perpetuado la desigualdad y la discriminación en el entorno laboral en función de la edad, el color de la piel, el sexo, la identidad de género y la orientación sexual.
Han emponzoñado las reservas alimenticias por su negligencia, y han minado el sistema agrario mediante el monopolio.
Han sacado provecho de la tortura, la reclusión y el trato cruel de innumerables animales, y se han puesto de acuerdo para ocultar dichas prácticas.
Han tratado constantemente de despojar a sus empleados de sus derechos a la hora de negociar un aumento de sueldo o unas condiciones laborales más seguras.
Han esclavizado a los estudiantes con decenas de miles de dólares en deudas para recibir una educación que es, en sí misma, un derecho fundamental de los seres humanos.
Han externalizado sistemáticamente la mano de obra y empleado dicha externalización como medida de presión para recortar la asistencia sanitaria y el sueldo de los trabajadores.
Han manipulado a los tribunales para obtener los mismos derechos que las personas, sin que recaiga sobre ellas ningún tipo de culpabilidad o responsabilidad.
Han despilfarrado millones de dólares en equipos de asesoramiento jurídico para encontrar el modo de librarse de contratos de cara a las coberturas sanitarias.
Han comerciado con nuestra privacidad como si fuera una materia prima más.
Han empleado las fuerzas militares y policiales para impedir la libertad de prensa. Se han negado deliberadamente a retirar del mercado productos defectuosos que ponían en peligro vidas, únicamente en pro de su beneficio.
Son las que establecen las políticas económicas, a pesar de los fracasos catastróficos que dichas políticas han producido y continúan produciendo.
Han donado grandes sumas de dinero a los políticos, que son los responsables de dictar las normas que las regulan.
Continúan bloqueando formas alternativas de energía para que sigamos dependiendo del petróleo.
Continúan bloqueando los medicamentos genéricos que podrían salvar vidas o proporcionar una útil ayuda, únicamente con la intención de proteger sus inversiones que ya han producido sustanciosos beneficios.
Han ocultado deliberadamente derrames de petróleo, accidentes, fallos en la contabilidad e ingredientes inactivos, solamente en pro de su beneficio.
Han mantenido deliberadamente a la gente desinformada y con miedo, mediante su control de los medios de comunicación.
Han celebrado contratos privados para acabar con la vida de presos, incluso cuando se habían presentado dudas legítimas sobre la culpabilidad de los mismos.
Han perpetuado el colonialismo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Han participado en actos de tortura y en el asesinato de civiles inocentes en el extranjero.
Continúan creando armas de destrucción masiva para ganar contratas con el gobierno.*

A la gente de todo el mundo:

Nosotros, la Asamblea General de la Ciudad de Nueva York que ocupa Wall Street en Liberty Square, les instamos a que reivindiquen su poder.
Ejerzan su derecho a reunirse pacíficamente; a ocupar el espacio público; a crear un proceso para gestionar los problemas a los que nos enfrentamos; y a generar soluciones accesibles para todos.
A todas las comunidades que entren en acción y formen grupos inspirados en la democracia directa, les ofrecemos apoyo, documentación y todos los recursos que tenemos a nuestra disposición.

¡Únanse a nosotros para que su voz también se oiga!

*Esta enumeración de agravios no es cerrada ni está completa.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR

sábado, 8 de octubre de 2011

El Movimiento Obrero se integra en "Wall Street Occupation"


Michelle Chen

AlterNet

Traducido para Rebelión por Enrique Prudencio

El acero y el cemento del bajo Manhattan reviven cada día durante la hora punta con el latir de multitud de ciudadanos que circulan por los túneles del metro, y las arterias de la ciudad se pueblan de vendedores ambulantes, albañiles y otras gentes apresuradas tratando de ganarse el sustento diario. Ahora que una chusma bulliciosa ha ocupado el vecindario, los trabajadores que forman la columna vertebral de la metrópolis reclaman también su espacio en el césped.
Puede que sea demasiado pronto para extraer paralelismos entre las protestas del movimiento Occupy Wall Street del parque Zuccotti (Plaza de la Libertad ) y los antecedentes de la Plaza de Tahrir y Madison. Pero los movimientos sugieren una trayectoria general de organizaciones de base popular: la chispa de la protesta la hacen saltar jóvenes activistas, y es seguida por el apoyo de organizaciones sindicales, atrayendo a los retrasados y poniéndose después al frente.
El Village Voice informaba el miércoles de que la históricamente militante Unión de Trabajadores del Transporte (TWA, en sus siglas en inglés), había votado apoyar y proveer de alimentos y servicios al movimiento Occupy Wall Street. En un vídeo grabado durante una protesta, la afiliada número 100 de la TWA local, Christine Williams, declaraba que la gente “por fin había despertado. Y nosotros estamos aquí, nos quedaremos aquí y no nos iremos a otra parte”.
El portavoz TWA Jim Gannon declaró al Village Voice: “Se ha aprobado una moción de apoyo a los objetivos de la protesta”. No sé por qué hemos tardado tanto en hacerlo.” Más vale tarde que nunca. El sindicato dice que ahora prepara una movilización de masas para marchar al parque Zuccotti la tarde del 5 de octubre.
Profesores de la City University de Nueva York, afiliados al sindicato Profesional Staff Congress (del cual es miembro también la que esto escribe) están organizando otras acciones de solidaridad sindicalista. Este grupo está organizando una manifestación contra los abusos policiales durante la tarde del viernes. (Entre otros conocidos académicos izquierdistas se encuentran Frances Fox Piven, Christian Parenti y Stanley Aronowitz).
Según el New York Business, sindicatos locales están colaborando con numerosos movimientos sociales, como los sin techo y otros que están en contacto diario con la clase obrera y los pobres de la ciudad.
La asociación de porteros de la ciudad, la de los guardas de seguridad y la de los trabajadores de mantenimiento, hacen causa común con la ocupación igualmente.
La convergencia entre la ocupación de Wall Street y el activismo obrero puede incrementarse en los próximos días hasta llegar a un enfrentamiento entre el Gobernador de Nueva York y los trabajadores del sector público. La Federación de Empleados Públicos (de ámbito nacional) acababa de rechazar en apretada votación un contrato de cinco años, que hubiera suspendido despidos a expensas de una subida del seguro médico y de la congelación de salarios. El presidente de la Federación dijo que “los sacrificios eran enormes y los trabajadores dijeron que ya no tragaban más”.
Al ir surgiendo nuevas campañas solidarias en distintas áreas bajo la bandera “Occupy Toghether” (ocupar juntos), las acciones llevadas a cabo en Wall Street podrían servir de banco de pruebas para las tácticas de futuras protestas, preparando el terreno con manifestaciones más pequeñas, como la reciente acampada en el Ayuntamiento contra el recorte de salarios y la protesta de Wall Street en Mayo que atrajo el apoyo del sindicato 1100 SEIU y el de la Federación de Docentes.
Tal como declara Akito Yoshikane, la primera sangre que ha dado vida a la protesta ha sido la de los jóvenes y la de los desesperados. Pero la ocupación representa también el imparable resentimiento de todos los sectores de la sociedad, alcanzándonos expresamente al 99% de todos nosotros, que estamos siendo machacados por los magnates empresariales, y para más escarnio, por nuestros propios representantes elegidos.
Mientras, la cólera proactiva ha ido creciendo en el movimiento obrero, lejos de Wall Street, aunque los trabajadores no han llegado a ser aún la parte predominante en todas estas luchas.
Tanto si la fuerza obrera organizada alcanza finalmente a la juventud activista, como si los jóvenes encienden la llama de un viejo legado de la resistencia obrera, el fértil cruce entre ambos movimientos está en camino. No pidamos a esta alianza diversa fijar una agenda. El movimiento está estructuralmente organizado, todavía sin una “lista formal de demandas”, y eso es parte del juego. No todo el mundo vino a Wall Street sabiendo exactamente lo que quería, pero todo el mundo que está ahora allí sabe que ya ha conseguido bastante y que no están solos.

Fuente: http://www.80grados.net/2011/10/labor-movement-rolls-into-wall-street-occupation/

rCR

viernes, 7 de octubre de 2011

Los especuladores de Wall Street bajo vigilancia

Amy Goodman
Democracy Now!

El movimiento de protesta “Ocupemos Wall Street” crece día a día, y se está extendiendo a otras ciudades de Estados Unidos. «Somos el 99 por ciento que ya no va a tolerar la codicia y la corrupción del 1 por ciento restante», dicen los manifestantes.
La respuesta del Departamento de Policía de Nueva York fue brutal. El sábado pasado, la policía arrestó a más de 700 manifestantes en una de las detenciones masivas más grandes en la historia de Estados Unidos. La semana anterior, manifestantes pacíficos fueron rociados con gas pimienta en el rostro sin advertencia previa ni motivo aparente.
Es por este motivo que esta semana, luego de obtener un acuerdo judicial sin precedentes con los departamentos de policía de Mineápolis y St. Paul y del Servicio Secreto de Estados Unidos, fui con mis colegas hasta la Plaza de la Libertad, el corazón de la ocupación en Wall Street, para anunciar esta victoria legal.
El Día del Trabajo de 2008 me encontraba cubriendo el primer día de la Convención Nacional Republicana en St. Paul junto al equipo de noticias de Democracy Now! Afuera, miles de personas se manifestaban en contra. Yo me encontraba dentro de la convención, entrevistando a delegados del que esa semana era el estado más candente, Alaska. ¿Recuerdan a la candidata a la vicepresidencia Sarah Palin? A unas cuadras de allí, mis colegas Sharif Abdel Kouddous y Nicole Salazar estaban cubriendo la represión policial contra una multitud de manifestantes.
La policía antidisturbios encerró a los manifestantes en un estacionamiento. Junto con ellos también quedaron encerrados los periodistas acreditados. Un policía gritó a Nicole: “¡La cara contra el suelo!” Y ella replicó, también a los gritos, “¡Soy de la prensa!”, mientras sostenía su carné de prensa con una mano y filmaba con la otra su propio arresto violento.
Nicole gritó mientras la tiraban boca abajo y mantenían su cara contra el piso. También gritó cuando le apoyaron una rodilla o bota en la espalda y la arrastraron de una pierna, lo que provocó que su rostro sangrara. Lo primero que hicieron a continuación fue quitar la batería de la cámara, por si quedaban dudas acerca de lo que no querían que quedara registrado. Mientras Sharif intentaba calmar a la policía (anti)disturbios, lo empujaron contra una pared, lo patearon dos veces en el pecho, lo tiraron al suelo y lo esposaron.
Recibí una llamada en mi celular y corrí desde el Centro de Convenciones al lugar de los arrestos. La policía antidisturbios había acordonado la zona. Corrí hacia la policía, llevaba mi pase de prensa colgado al cuello. Solicité hablar con el oficial a cargo, para que liberara a mis compañeros periodistas. Acto seguido me llevaron por la fuerza detrás de la línea policial, me pusieron los brazos detrás de la espalda y me esposaron.
Rogué a los policías que no me arrestaran, pero fue exactamente lo que hicieron. Finalmente me llevaron junto a Sharif. Como periodistas acreditados exigimos que nos dejaran en libertad. Acto seguido, un agente del Servicio Secreto vino hacia nosotros y nos arrancó las acreditaciones de prensa del cuello.
Presentamos una demanda. La semana pasada, finalmente, llegamos a un acuerdo con la policía de St.Paul y Mineápolis y el Servicio Secreto. Además de pagar 100.000 dólares de indemnización, el Departamento de Policía de St. Paul acordó poner en marcha un programa de capacitación orientado a educar a los oficiales de policía acerca de los derechos de la prensa y de la población consagrados en la Primera Enmienda, con relación a operaciones policiales, incluidos los procedimientos adecuados para tratar con los periodistas que estén cubriendo manifestaciones. El Departamento de Policía de St. Paul también se comprometió a hacer todo lo que esté a su alcance para hacer que el Departamento de Policía de Minneapolis implemente un programa similar, y además ofrecerá dicho programa al personal policial de todo el estado.
A menos de un año de las próximas convenciones y en momentos en que estamos cubriendo manifestaciones como la de Wall Street, este gran acuerdo que surgió tras los arrestos durante la Convención Nacional Republicana de 2008, debería servir de advertencia a los departamentos de policía de todo el país para que dejen de arrestar e intimidar a periodistas, y para que acaben con la práctica de los arrestos ilegales. No deberían abrirnos un expediente policial cuando lo que hacemos es tratar de cumplir con nuestra tarea de registrar lo que sucede.
Pero, ¿es la policía la que realmente paga el precio por sus actos? Previo a las convenciones republicana y demócrata de 2008, cada partido contrató pólizas de seguro para indemnizar a las ciudades anfitrionas por los daños y perjuicios surgidos de demandas.
Bruce Nestor, presidente de la filial de Minnesota de la Asociación de Abogados de Estados Unidos, me dijo: “St. Paul de hecho negoció una cláusula de seguro especial con el comité anfitrión republicano para que los primeros 10 millones de dólares por concepto de responsabilidad civil por demandas surgidas de la convención fueran cubiertos por el comité anfitrión. La ciudad está orgullosa de esta negociación. Es la primera vez que esto se negocia entre una ciudad y un comité anfitrión pero básicamente significa que nosotros (la ciudad) podemos cometer infracciones, y no tenemos que pagar por ello”.
Volvamos a la actualidad. El megabanco rescatado de Wall Street JPMorgan Chase realizó una donación de 4,6 millones de dólares, deducible de impuestos, a la Fundación de la Policía de la Ciudad de Nueva York, lo cual hizo que los manifestantes se preguntaran: ¿Se paga a la policía de Nueva York para proteger a quién: a la gente o a las empresas? ¿Al 99 por ciento o al 1 por ciento?
Marina Sitrin, que forma parte del equipo legal de “Ocupemos Wall Street”, me dijo que inicialmente la protesta iba a tener lugar en Chase Plaza, pero que el Departamento de Policía de Nueva York la había cerrado de forma preventiva. Los manifestantes se fueron entonces a Zucotti Park y lo rebautizaron Plaza de la Libertad.
Un comunicado de prensa sin fecha publicado en el sitio web de JPMorgan Chase afirma que, en respuesta a la donación de los 4,6 millones de dólares, “el Jefe de Policía de la Ciudad de Nueva York, Raymond Kelly, envió una nota al director ejecutivo y presidente, Jamie Dimon, expresando su 'profunda gratitud' por la donación de la empresa.” Teniendo en cuenta el monto de la donación y el maltrato y la violencia policial contra los manifestantes, uno podría sospechar sobre el modo que tiene el jefe de Policía Kelly de demostrar su gratitud.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2011 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

rCR

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137019