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sábado, 15 de octubre de 2011

Los movimientos sociales latinoamericanos y la ocupación de todo



Benjamin Dangl

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Grandes edificios dominan Wall Street y hacen que las veredas parezcan valles en una cadena montañosa urbana. El incienso, el toque de tambores y los cantos de Ocupad Wall Street resuenan en el distrito financiero de la ciudad de Nueva York, donde miles de activistas han convergido para protestar contra la injusticia económica y para luchar por un mundo mejor.
Mientras el desempleo y la pobreza en EE.UU. llegan a niveles récord, la protesta se amplía, y cientos de ocupaciones paralelas brotan por todo el país. Una disparidad semejante en el poder económico y político llevó a la gente a las calles en la Primavera Árabe y en Wisconsin, Grecia, España y Londres. Ocupad Wall Street forma parte de esta revuelta global. Este nuevo movimiento en EE.UU. también tiene mucho en común con levantamientos en otra parte del mundo: Latinoamérica.
Al escribir desde Liberty Plaza conecto tácticas y filosofías que rodean el movimiento Ocupad Wall Street con movimientos similares en Latinoamérica, desde las asambleas populares y la ocupación de fábricas durante la crisis económica de Argentina en 2001-2002, a las luchas en la base por tierra en Brasil.

Latinoamérica: crisis económica y reacciones de la base

Casi de un día al otro a finales de 2001, Argentina pasó de tener una de las economías más fuertes de Suramérica a una de las más débiles. Durante ese crash económico, el sistema financiero se derrumbó como un castillo de naipes y los bancos cerraron sus puertas. Ante semejante dificultad económica inmediata y el desempleo, numerosos argentinos se unieron para crear una nueva sociedad de los escombros de la vieja. La pobreza, la falta de viviendas y el desempleo se contrarrestaron con sistemas de trueque, ocupaciones de fábricas, ollas comunes, y una moneda alternativa. Las asambleas de barrio proveyeron solidaridad, apoyo y sitios vitales para la discusión en comunidades en todo el país. Las continuas protestas depusieron a dos presidentes en dos semanas, y los movimientos que emergieron de ese período transformaron el tejido social y político de Argentina.
Esas actividades se reflejan en las que tienen lugar ahora mismo en Ocupad Wall Street y otras acciones en todo EE.UU. Eventos semejantes en Argentina y EE.UU. están marcados por el descontento con el sistema político y económico ante la crisis, e involucran a gente que trabaja unida por soluciones a nivel de base. A mucha gente en Argentina y EE.UU. la desesperación la impulsó a tomar las cosas en sus propias manos.
“No teníamos otra alternativa”, me explicó Manuel Rojas hablando de la ocupación de la fábrica de cerámica en la que trabajaba fuera de la ciudad de Mendoza, Argentina, durante el crash del país. “Si no hubiéramos tomado la fábrica nos habríamos encontrado todos en la calle. La necesidad de trabajar nos impulsó a la acción.” Fue una de cientos de empresas que fueron tomadas por los trabajadores que enfrentaron el desempleo durante la crisis argentina. Después de ocupar esas fábricas y empresas, muchos trabajadores las dirigieron como cooperativas. Lo hicieron con la consigna: “Ocupa, resiste, produce”, una frase tomada del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de Brasil (MST), que ha colocado a cientos de miles de familias en decenas de millones de hectáreas de tierra mediante la acción directa.
En 2008 en Chicago, cuando cientos de trabajadores fueron despedidos de la fábrica Republic Windows and Doors, utilizaron tácticas similares de acción directa a las utilizadas por sus homólogos argentinos; ocuparon la fábrica para exigir el pago de desahucio y vacaciones que les debían, y tuvieron éxito. Mark Meinster, representante internacional de Trabajadores Eléctricos Unidos, el sindicato de los trabajadores de Republic, me dijo que las estrategias aplicadas por los trabajadores fueron específicamente extraídas de Argentina. Al decidir las tácticas sindicales, “nos basamos en las ocupaciones de fábricas en Argentina en la medida en que muestran que durante una crisis económica, los movimientos de los trabajadores tienen a su disposición una gama más amplia de opciones tácticas”, dijo Meinster.
Muchos grupos y movimientos basados en EE.UU. han aprendido de activistas del Sur. Aparte de la ocupación en 2008 de la fábrica Republic Windows and Doors en Chicago, movimientos por acceso al agua en Detroit y Atlanta reflejaron estrategias y luchas en Cochabamba, Bolivia, donde en el año 2000, las protestas populares rechazaron el plan de privatización del agua de la compañía multinacional Bechtel y devolvieron el agua a manos públicas. El movimiento Take Back the Land [Recupera la Tierra] en Florida, que organizó a gente sin vivienda para que ocuparan un terreno vacío y conecta a familias sin vivienda con casas embargadas, refleja las tácticas y filosofía del movimiento de los sin tierra en Brasil. La elaboración participativa de presupuestos en Brasil, que da a los ciudadanos una participación directa en la manera como son distribuidos los presupuestos de las ciudades, se está implementando ahora en todo EE.UU.
Es solo un puñado de movimientos e iniciativas de base que proveen modelos útiles (tanto en sus victorias como en sus fracasos) para descentralizar el poder político y económico y colocar la toma de decisiones en manos de la gente. Frente a bancos corruptos, la codicia corporativa y políticos ineptos, los que ocupan Wall Street y otros espacios en todo EE.UU. tienen mucho en común con movimientos similares en Latinoamérica. Aparte de compartir los mismos enemigos en los bancos globales, instituciones financieras internacionales y corporaciones multinacionales, esos movimientos trabajan para convertir la revolución en parte de la vida diaria. Y es uno de los aspectos más impactantes de lo que está sucediendo ahora mismo con el movimiento Ocupad Wall Street.

Ocupando Wall Street

La organización y las actividades que llenan Liberty Plaza en Nueva York forman parte de una comunidad trabajadora en la que cada cual se preocupa del otro y se toman decisiones de modo colectivo. Durante una visita reciente, un área de cocina en el centro del parque estaba repleta de gente que preparaba comida para la cena y donaba suministros de cocina. Otros espacios estaban reservados para apoyo médico, terapia de masaje, producción de letreros y meditación. Un área era para la organización de reciclaje y basura; la gente caminaba regularmente por el parque barriendo desechos y recogiendo basura.
Una gran Biblioteca Popular albergaba cientos de libros a lo largo del borde del parque. Como en el caso de la cocina, la producción de letreros y los suministros médicos, el movimiento había recibido materiales donados y apoyo para mantener el éxito de esas operaciones. Ocupad Wall Street también tiene su propio periódico, Occupy Wall Street Journal, copias del cual se distribuían en inglés y español por todo el parque. Un centro mediático en el que se encontraban varias personas con ordenadores y cámaras aseguraba una cobertura continua de la ocupación.
Dentro de esta comunidad había áreas con lonas y frazadas donde la gente descansaba y dormía, realizaba reuniones o simplemente sostenía letreros hechos en casa. Cantos, tamboreos, coros, el toque de guitarras y acordeones también tenían lugar en numerosos sitios diferentes.
Cientos de reuniones y asambleas, con entre cientos y miles de participantes, planteaban temas que iban desde cómo organizar el espacio en el parque y la administración de suministros donados, a discusiones sobre planes de marchas y demandas. La policía ilegalizó el uso de megáfonos, por lo tanto la gente en el parque simplemente ha estado repitiendo lo que otros decían en la multitud, creando un eco para que todos puedan oír lo que se está diciendo.
En la Estación Confort, donde estaban apilados montones bien organizados de vestimentas, frazadas, almohadas y abrigos, hablé con Antonio Comfort, de Nueva Jersey, quien estaba trabajando en la estación en ese momento. Antonio, con su gorro al revés, habló conmigo mientras ayudaba a otra gente, dijo que las donaciones de ropas y materiales para dormir habían llegado en abundancia. Mientras yo estaba en la estación alguien pidió artículos para dormir para un anciano, y Antonio desapareció hacia las pilas de la Estación Confort y volvió con un montón de frazadas y una almohada.
“Estoy aquí para poder tener una vida mejor, y para que mis hijos puedan tener una vida mejor cuando crezcan”, dijo hablando de sus motivos para participar en la ocupación. Antonio explicó que todo en la estación ha estado funcionando perfectamente. “Todos trabajan juntos, y está muy bien organizado. Estaremos aquí todo el tiempo necesario.”
Adeline Benker, estudiante de 17 años de Marlboro College en Vermont, quien estaba sujetando un letrero que decía “¿Tienes deudas? Eres el 99%”, me dijo que para ella –como para otros muchos jóvenes estudiantes que participan en la ocupación en Nueva York y otros sitios– todo tiene que ver con las deudas. “Deberé 100.000 dólares después de graduarme de la universidad, y no creo que deba pagar durante el resto de mi vida para obtener una educación de cuatro años”. Benker dijo que era su primera manifestación, y su primera vez en la ciudad de Nueva York. Cuando hablé con ella había estado en la ocupación durante varios días, y dijo que volvería a la semana siguiente.
Más allá en la acera estaba la activista Tirsa Costinianos con un letrero que decía: “Somos el 99%”. Costinianos dijo: “Quiero que los grandes bancos y las corporaciones devuelvan el dinero de los impuestos del rescate”. Costinianos ha estado en la ocupación en Wall Street cada fin de semana desde que comenzó el 17 de septiembre. “Me encanta esto y estoy contenta de que lo estemos haciendo. Todo el 99% de la gente debería unirse a nosotros, entonces terminaríamos con los robos y la corrupción que tiene lugar aquí en Wall Street.”
Ibraheem Awadallah, otro manifestante con un letrero que decía “Wall Street ocupa nuestro gobierno: Ocupemos Wall Street”, me dijo: “El problema es este sistema en el cual las corporaciones tienen la mayor influencia en la política de nuestro país”.
Este tipo de encuentros y actividades ocurrían constantemente en el continuo ajetreo del parque, y subrayan el hecho de que esta ocupación, que ahora está casi en su tercera semana, es una comunidad y un ejemplo de democracia participativa y es una protesta que se extiende rápidamente.
Como dijo el difunto historiador Howard Zinn, es importante “que nos organicemos de tal manera que los medios correspondan a los fines, y que nos organicemos de manera que creemos el tipo de relación humana que debería existir en una sociedad futura”. Es lo que se está desarrollando dentro de este movimiento, desde las asambleas sin dirigentes, basadas en el consenso, a la organización comunitaria de los diversos servicios de alimentación, medios y atención médica organizados en la ocupación.
De la misma manera, movimientos en toda Latinoamérica, desde los sindicatos campesinos en el campo paraguayo a consejos vecinales en El Alto, Bolivia, reflejan el tipo de sociedad que quisieran ver en sus acciones y formación de movimientos de todos los días.
Como dijo Adeline Benker, la estudiante de 17 años en la ocupación en Wall Street, haciéndose eco de las luchas de Argentina a los Andes y más allá: “Tenemos que crear un cambio fuera de este sistema porque el sistema ha fracasado”.
El nuevo libro de Benjamin Dangl Dancing with Dynamite: Social Movements and States in Latin America (AK Press) trata de movimientos sociales contemporáneos en Latinoamérica y sus relaciones con los nuevos gobiernos izquierdistas de la región. Es editor de TowardFreedom.com, una perspectiva progresista de los eventos mundiales, y de UpsideDownWorld.org, un sitio en la web sobre activismo y política en Latinoamérica. Para contactos: BenDangl@gmail.com

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/10/13/from-argentina-to-wall-street/

jueves, 13 de octubre de 2011

Las “verdades” detrás de nuestra información y Occupy Wall Street


Enric French Monge

Amauta

Nuestras noticias, nuestra información, y hasta nuestro entretenimiento, todo pasa por un proceso de creación que determina qué vamos a absorber en nuestras vidas diarias. Tal vez no siempre creamos lo que veamos, escuchamos y leemos, pero la persistencia en la divulgación de esta información hace que sólo estemos expuestos a ciertos tipos de mensajes y valores. Nuestra realidad la experimentamos a través de esta información, porque es eso lo que conocemos del mundo exterior fuera de nuestras propias experiencias (que si las vemos diferentes a lo que nos exponen, las consideramos anomalías sociales), y por eso mismo, estamos limitados a imaginar el mundo, y a nosotros mismos, en base a esta visión de él.
Pero estas “verdades” que tenemos que digirir todos los días (y regurgitarlas) son moldeadas por el sistema capitalista dominante en el que existimos, y reflejan esta estructura ya que el proceso de creación de esta información es el mismo proceso de producción de cualquier mercancia, con la misma estructuras de trabajo, y las mismas jerarquías sociales y políticas que existen en todas las esferas de nuestra vida. Los medios de comunicación, entonces, sólo son otra extensión de los mismos procesos predominantes que podemos observar en otras formas de transacción económica, con sus influencias políticas y sociales y demás. Siempre hay excepciones, como en todo, y en cierta forma, la tecnología esta abriendo la capacidad para que existan otras posibilidades.
Sin embargo, por el momento, los medios reafirman este sistema, y viceversa, desarrollando un ciclo que continuara hasta que una alternativa lo rompa. Este proceso, según Edward S. Herman y Noam Chomsky en su libro Los Guardianes de la Libertad (en inglés, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media), ocurre en varios niveles, o filtros:

-Los medios como propiedad y su rentabilidad como tales: hasta hace poco, tener un medio de comunicación costaba mucho dinero no sólo por el equipo de producción, pero también por la necesidad de generar mucha ganancia sólo para poder susbsistir. Y como los dueños son los que invierten en estos medios, ellos también pueden decidir hasta cierto punto el tono del mensaje predominante que se va a distribuir (como lo hemos visto con muchas de las propiedades de Rupert Murdoch). Además, los medios con más recursos pueden extender sus mensajes más extensivamente. Los dueños, como buenos capitalistas, van a querer que sus propiedades sean rentables (los gobiernos también lo determinan por medio de licencias y otros procesos burocráticos). Por lo cual, la información que venda más (sin ya importarnos mucho la veracidad de ella) tendrá más probabilidad de producirse (capitalismo puro en acción). Cuando consideramos que muchos de estos medios son conglomeraciones transnacionales (con operaciones en multiples industrias que también refuerzan su mensaje) en muy pocas manos, entonces básicamente sólo estamos escuchando a más o menos tres corporaciones gritar bien fuerte (en verdad son más, pero como sus mensajes con tan parecidos, dejémoslo en tres). Muy díficil competir con tan grandes gritones.

-Publicidad: la mayoría de medios de comunicación se basan en la publicidad para poder recaudar fondos para continuar su producción. Por lo cual, la información que sale de estos medios son controlados de manera indirecta por estas corporaciones que meten publicidad, ya que van a querer mantener una relación simbiótica y segura, o sea, sin intentar de ofenderlos ni criticarlos mucho y hasta tal vez ofrecer noticias favorables para garantizar más dinero. Todo esto es en teoría, sin incluir otros factores, como intentar de mantener una apariencia de objetividad que minimizaría esta situación de algún modo, pero la tentación a veces puede ser más grande que la ética periodística, y más cuando se debe ser rentable. Y cómo la publicidad lo que quieren hacer es vender sus productos, van a prefirir medios de comunicación que tengan una audiencia con dinero (y entre más consumista, mejor), lo cual en sí determina cuáles tipos de medios pueden existir y cuáles no: si el medio puede formular un mensaje que sea aceptable para aquellos con valores consumistas van a tener más chance de ser atractivos para obtener dinero publicitario. Pero ésta también puede ser una herramienta de presión popular, como cuando muchas empresas quitaron publicidad del show de Glenn Beck ya que mucha de la audiencia se alejó del show por su mensajes controversiales racistas.

-Fuentes: por la misma razón de rentabilidad, competencia y los límites de tiempo y recursos en la producción de la información, las fuentes que se hagan más accesibles, son las que se usarán más a menudo por estas cuestiones prácticas. O sea, aquellas empresas que tengan una buena maquinaria de relaciones públicas van a tener más facilidad de hacer llegar su mensaje. Al igual, el gobierno, por su poder intrínsico, puede manipular a que se transmitan sus mensajes haciéndolos aparentar relevantes. En ambos casos, su prestigio se confunde como credibilidad, y como es caro hacer investigaciones serias sobre estas afirmaciones, es mejor nada más hacerles caso y rezar que no nos hayan engañado de nuevo.

-Evitar reacciones negativas: los medios no quieren controversias que les pueden ser caras, ya sea por demandas en corte, o por perder audiencia por medio de críticas y quejas. Aquellos con mucho poder político o económico tienen más recursos para producir estas reacciones contra medios que no les fueron simpáticos. Por eso mismo, estas entidades con ese poder son los que limitan a que los medios no se salgan de la línea editorial deseada.

-Anticomunismo como un mecanismo de control: tal vez, el fantasma comunista no genere tanto miedo como cuando Herman y Chomsky escribieron el libro, pero con la guerra contra el terrorismo aún se mantiene vivo el miedo de ser anti-estadounidense (un-American). Y los valores estadounidenses se asocian con los del capitalismo, con obedecer fielmente las políticas del gobierno, en fin, con los mismos valores que crearía un ambiente óptimo para aquellos con poder para hacerse escuchar. En Fox News, por ejemplo, se acusa a Obama de ser socialista o musulmán, por más que no sea ninguna de las dos, no tanto porque se lo creen, pero como una forma de establecer los límites de la discusión, y por ende, de lo aceptable en nuestra sociedad. O sea, Obama es demasiado izquierda y extraño para ser aceptado en nuestro país. El propósito es meterle miedo a la gente para que se atengan a las consecuencias de salirse de las normas sociales y políticas.

(Para más información, leer esta entrevista que Amauta realizó con Chomsky)

La formación social y cultural de las personas y sus comunidades se determinan de cierta forma por el lugar en dónde están, pero aún de este modo, no pueden escapar la gran influencia de la ideología perpetrada por aquellos que son dueños de los grandes medios de comunicación. Sean los dueños élites económicas dentro o fuera del país, por esta razón, la hegemonía ideológica puede ir más allá de nada más las normas políticas y económicas, para también imponer convenciones culturales de una nación a otra (imperialismo cultural). Según William Uricchio, en Estados Unidos, a diferencia de Europa, existe la posibilidad de expresiones culturales un poco fuera de las normas aceptadas mientrás lleguen a tener potencial comercial. Por lo cual, si diferentes creaciones de cultura popular que aún sean despreciables por las clases altas que supuestamente son los que determinan lo que es “verdadera” cultura (hasta cierto punto, el caso de Europa y Latinoamérica) son algo aceptables si tienen el suficiente apoyo popular para que las personas las compren. Por eso, la industria cinematográfica en Estados Unidos logro convencer al gobierno que las películas producidas en Hollywood promovían el libre comercio en el exterior, y así abría mercados para empresas estadounidenses, y al mismo tiempo, empujaba valores estadounidenses como el consumismo.
Lo mismo menciona Nicholas Garnham en su artículo, Contribución a la economía política de la comunicación masiva: el valor comercial de alguna creación cultural o informativa es el principal factor determinando su distribución en los medios de comunicación, y no tanto el mensaje mismo de esta creación. Claro, algo tiene valor comercial si se adapta bien a la ideología dominante, porque sino, la misma estructura capitalista censura cualquier mensaje radical que se oponga a sus intereses, por los dueños de los medios mismos o por las empresas que sacan su publicidad.
Por ejemplo, estos diferentes procesos de cómo los medios producen su información se pueden observar con las recientes protestas contra Wall Street (como símbolo bancario y corporativo mundial) en Nueva York. Primero que todo, las protestas inicialmente no tenían mucha visibilidad en medios de comunicación masivos (con algunas excepciones). No se puede concluir definitivamente las razones por este silencio mediático. No era el tamaño, ya que los medios más de una vez cubrían manifestaciones del movimiento del Tea Party con números muchos menores. Tal vez había alguna noticia más importante en ese momento o el periodista que fue a buscar la protesta era malo con direcciones y se perdió en el camino.
O quizás, y muy probablemente, el mensaje “radical” de las protestas, que intentan de enfocarse en cómo la avaricia de muchos bancos y empresas fueron culpables en la crisis económica que toca a la mayoría del pueblo estadounidense es ofensivo para los dueños de medios (aunque seguro no mencionaron nada específico, quizás alguno de los dueños es amigo del presidente de Goldman Sachs o algo por el estilo), o quizá Bank of America era el que estaba pagando la mayoría de publicidad para un canal o periódico.
Luego, pero hasta que hubo tal represión policial que no se podía ignorar (además de que los conflictos y violencia venden periódicos) o cuando varias celebridades le dieron el visto bueno a la protesta, se comenzó a darle más cobertura al tema, pero con un tono burlón. O sea, ahora que ya no podían evitar la noticia, se tenía que rebajar su importancia de alguna u otra forma. Y cuando buscaban fuentes confiables de información, le daban prioridad al departamento de policía de Nueva York para dar su explicación por las razones por las cuales reprimieron la protesta, y presentan esa información para que parezca objetiva, pero que es casi como si uno escuchara al portavoz del departamento de policía hablar. Lo bueno es que las herramientas tecnológicas han permitido que los mismos protestantes se expresen y muestren lo que esta occurriendo en realidad. Ya que hasta muchos medios que se consideran progresivos políticamente también han estado criticando al movimiento tal vez porque pone en cuestión la poca autoridad que les queda y están presentando una propuesta más atractiva y poderosa, luego de los movimientos que acontecieron en el Medio Oriente y España. Porque al fin y al cabo, estos movimientos están intentando de retomar nuestra democracia, y a muchos sectores de poder, incluyendo a los medios, los pone nervioso que estas propuestas, ideas y realidades estén libres para que otros las puedan recrear en sus propios espacios. Como no se conforman a los valores consumistas, los ridiculizan y los hacen ver demasiados radicales (comunistas?) en sus visiones sociales (las de justicia frente a los bancos que nos robaron). La razón principal por este silencio y esta distorsión en los medios de comunicación es que estos movimientos son peligrosos porque pueden romper con los esquemas de poder dominantes, políticos y económicos, del gobierno, de las corporaciones y bancos, y por ende, de los medios tradicionales, ya que nos demuestran que una democracia participativa, y no subordinada a una minoría, es posible. Y si eso es posible, ¿qué más nos podríamos imaginar?

Fuente: http://revista-amauta.org/2011/10/las-verdades-detras-de-nuestra-informacion-y-occupy-wall-street/  

domingo, 2 de octubre de 2011

“A ocupar Wall Street”


Juan Gelman

Página 12

Es la consigna de centenares de jóvenes –y no tan jóvenes– que desde hace dos semanas protestan en el Zuccotti Park, ex Liberty Plaza Park, en pleno centro financiero de Nueva York. La policía detiene a algunos, les rocía la cara con pimienta a otros, pero ellos no abandonan el lugar donde se reúnen y debaten qué hacer. Alzan carteles que dicen “Me gradué, no tengo trabajo” y están tan indignados como sus coetáneos españoles.
Los medios no les hacen mucho caso, el New York Times los tilda de actores de “un progresismo de pantomima”, pero los reclamantes viven en un país con 14 millones de desocupados según cifras oficiales (www.bls.gov, 2-9-11) o 34 millones según estimaciones europeas (www.eutimes.net, 6-3-11). En el extremo opuesto de la pirámide social, exactamente en la cúspide, se encuentra Bill Gates, el más rico de los 400 estadounidenses más ricos en la lista de Forbes, con bienes por valor de 54.000 millones de dólares (www.forbes.com/forbes400, 21-9-11). Los 400 tienen juntos más riqueza que 180 millones de sus conciudadanos juntos (www.politicalfact.com, 5-3-11) y su total, que asciende a 1,5 billón de dólares, aumentó un 12 por ciento respecto del 2010 (//blog.nj.com, 20/9/11). Decididamente, la crisis económica global tiene características especiales en la primera potencia del mundo. Y ciertas curiosidades.
Los CEO o directores ejecutivos de las grandes empresas reciben en promedio 11 millones de dólares anuales (www.aflcio.org/corporate watch, 2011) y aun ganan dinero ya en la tumba si fallecieron durante el desempeño de sus funciones. La familia de Eugene Isenberg, CEO de la Nabor Industries especializada en la perforación de pozos de petróleo, habría recibido 263,6 millones de dólares en concepto de compensaciones póstumas, incentivos, bonos y diferentes seguros de vida si Eugene hubiera muerto antes de que la empresa renegociara el trato (The Wall Street Journal, 10/6/08). Para Michael Jeffries, de la fábrica de ropa Abercrombie & Fitch, la suma concertada fue modesta: apenas 17 millones de dólares (www.marketwatch.com, 13/5/09). Huelga decir que no es la situación de muchos asalariados que mueren antes de retirarse, incluso en sus lugares de trabajo.
Pocas compañías estarían dispuestas a conceder compensaciones póstumas a las familias de sus empleados, por mínimas que fueran. Pasa lo contrario y es siniestro: hace años que las empresas estadounidenses conciertan seguros de vida para sus millones de operarios, obtienen así descuentos fiscales y embolsan el importe cuando alguno de ellos fallece. El Wall Street Journal narró el caso de la viuda de un empleado de banco que demandó al Amegy Bank de Houston reclamando los 1,6 millón de dólares que la entidad recibió por el seguro de vida de su marido, un seguro que los directivos habían contratado meses después de que lo operaran de un cáncer y que mantuvieron a pesar de haberlo despedido (//online.wsj.com, 24/2/09).
A poco más de un año de los comicios de los que espera salir reelecto, el presidente Obama presentó al Congreso un plan para reducir el déficit fiscal, que llegó a 1,23 billón de dólares en agosto pasado, es decir, el 8,5 por ciento del PIB nacional. El plan incluye un alza tributaria para los que tienen ingresos anuales superiores al millón de dólares: es la llamada “norma Buffet”, por el multimillonario Warren Buffet, que desde 2007 proclama que él y sus amigos “megarricos” suelen pagar menos impuestos que el ciudadano corriente y que, en consecuencia, habría que aumentarles la imposición fiscal. Es difícil que la aprueben los republicanos pero, aunque lo hicieran, el número de alcanzados por la norma llegaría al 0,3 por ciento de los contribuyentes y rala sería la recaudación posible en una década, estima el New York Times (17/9/11). Claro que, como movida electoral, no es mala.
El plan de Obama propone una inversión de 447 mil millones de dólares para crear fuentes de empleo, pero algunos especialistas no comparten el optimismo que despierta una proposición que tampoco goza del afecto de los republicanos. “Tiende más bien a conservar puestos de trabajo que a aumentarlos”, opinó el conocido estratega financiero John Hermann (www.bloomberg.com, 27/9/11). Contribuiría a crear o a mantener unos 280.000 empleos en los dos próximos años, cantidad muy exigua dada la desocupación imperante.
Por Internet se organizan y alimentan las manifestaciones de Zuccotti Park, como sucedió en Egipto, y el twitteo es la vía de contacto preferida. De la revolución egipcia han aprendido otras lecciones: el régimen de Mubarak bloqueó Internet con eficacia y un grupo de expertos y activistas está empeñado en generar redes alternativas para el caso de que algo similar eventualmente se produzca (//chronicle.com, 18/9/11). Con la ayuda de las nuevas técnicas, las redes sociales han adquirido un peso político notorio y bien lo saben quienes invitan a ocupar Wall Street.

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-178007-2011-10-02.html

jueves, 29 de septiembre de 2011

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El 99 por ciento que ocupó Wall Street

Publicado el 22 de septiembre de 2011

Por Amy Goodman

Si 2.000 activistas del movimiento conservador Tea party se manifestaran en Wall Street, probablemente habría la misma cantidad de periodistas cubriendo el acontecimiento. 2.000 personas de hecho ocuparon Wall Street el sábado. No llevaban pancartas del Tea party ni la bandera de Gadsden con la serpiente en espiral y la amenaza 'No te metas conmigo'. Pero su mensaje era claro: “Somos el 99 por ciento de la población que ya no tolerará la codicia ni la corrupción del 1 por ciento restante”, dijeron. Allí estaban, la mayoría de ellos jóvenes, protestando contra la especulación prácticamente no regulada y descontrolada de Wall Street, que provocó la crisis financiera mundial.
Uno de los multi-millonarios más conocidos de Nueva York, el alcalde Michael Bloomberg, comentó acerca del momento en que vivimos: “Muchos jóvenes que salen de la universidad no encuentran trabajo. Eso es lo que sucedió en El Cairo, es lo que sucedió en Madrid. No queremos ese tipo de disturbios aquí”. ¿Disturbios? ¿De eso realmente se trataron la Primavera Árabe y las protestas en Europa?
Quizá para desilusión del Alcalde Bloomberg, lo que sucedió en Egipto y en Europa es justamente lo que inspiró a muchas personas a ocupar Wall Street. En un reciente comunicado, la coalición de organizaciones que se están manifestando en Wall Street dijo: “El sábado realizamos una asamblea general de dos mil personas. El lunes a las 8 de la noche aún estábamos ocupando la plaza, a pesar de la constante presencia policial. Estamos construyendo el mundo que queremos, en base a la necesidad humana y a la sustentabilidad, en lugar de a la codicia de las empresas”.



Hablando del Tea party, el gobernador de Texas, Rick Perry, viene provocando altercados en forma permanente durante los debates presidenciales republicanos con su declaración de que el venerado sistema de seguridad social de Estados Unidos es “una estafa de tipo Ponzi”. Charles Ponzi se dedicó a estafar a miles de personas en 1920 mediante la promesa fraudulenta de que recibirían grandes ganancias a partir de inversiones. Una típica estafa Ponzi consiste en tomar el dinero de una serie de inversores y pagarles con el dinero de nuevos inversores, en lugar de pagarles a partir de ganancias reales. El sistema de seguridad social de Estados Unidos es de hecho solvente: tiene un fondo fiduciario de más de 2,6 billones de dólares. La verdadera estafa que amenaza al pueblo estadounidense es la insaciable codicia de los bancos de Wall Street.



Entrevisté a uno de los organizadores de la protesta “Ocupemos Wall Street”. David Graeber es profesor en Goldsmiths, Universidad de Londres, y es autor de varios libros. Su obra más reciente es: “Deuda: Los primeros 5.000 años”. Graeber señala que, en medio de la crisis financiera de 2008, se renegociaron deudas enormes entre bancos. Sin embargo muy pocas hipotecas recibieron el mismo trato. Graeber dice: “Las deudas entre los muy ricos o entre gobiernos siempre pueden ser renegociadas y, de hecho, siempre ha sido así en la historia mundial. No están grabadas en piedra. En términos generales, cuando los pobres tienen deudas con los ricos, de pronto las deudas se convierten en una obligación sagrada, más importante que ninguna otra cosa y la idea de renegociarlas se vuelve impensable”.
El Presidente Barack Obama recientemente propuso un plan de creación de empleo y mayores esfuerzos para reducir el déficit. Una de las propuestas es el llamado “impuesto a los millonarios”, que cuenta con el apoyo del multi-millonario y partidario de Obama, Warren Buffet. Los republicanos denominaron al impuesto “guerra de clases”.
Graeber comenta: “Durante los últimos 30 años hemos visto a los más ricos de nuestra sociedad librar una guerra política contra todos los demás y esta es la jugada más reciente de esa guerra, una medida que es totalmente disfuncional desde el punto de vista político y económico. Y este es el motivo por el cual los jóvenes simplemente han abandonado cualquier idea de recurrir a los políticos. Todos sabemos lo que sucederá. Los impuestos propuestos son una especie de simulación de gesto populista, que todos saben que será desechado. En realidad, lo que probablemente suceda es que habrá más recortes a los servicios sociales”.
Afuera, en la fría mañana del martes, los manifestantes iniciaron su cuarto día de protestas con una marcha en medio de una fuerte presencia policial e hicieron sonar la campana de apertura de “la bolsa del pueblo” a las 9.30 de la mañana, exactamente a la misma hora que suena la campana de la Bolsa de Nueva York. Mientras los banqueros permanecen seguros dentro de sus bancos rescatados, afuera, la policía arresta a manifestantes. En un mundo justo, con una economía justa, cabría preguntarse, ¿quién debería estar pasando frío afuera? ¿Quién debería ser arrestado?

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2011 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Indignados en Nueva York: Por todo el mundo resuena la llamada a ocupar Wall Street

Por todo el mundo resuena la llamada a ocupar Wall Street


Micah White y Kalle Lasn

Sin Permiso

Traducción de Lucas Antón

El pasado sábado, 17 de septiembre, muchos de nosotros vimos sobrecogidos cómo cinco mil norteamericanos descendían sobre el distrito financiero del bajo Manhattan, hacían ondear sus enseñas, desplegaban sus pancartas, coreaban lemas y se dirigían caminando hacia la "Gomorra financiera" del país. Se proponían "ocupar Wall Street" y "hacer justicia a los banqueros", pero la policía de Nueva York frustró sus esfuerzos temporalmente, cerrando tan simbólica calle con barreras y puestos de control.

Sin inmutarse, los manifestantes siguieron dando vueltas por la zona antes de celebrar una asamblea popular y establecer un campamento de protesta semipermanente en un parque de Liberty Street, a un tiro de piedra de Wall Street y a una manzana de distancia del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Tres mil personas pasaron allí la noche, al día siguiente llegaron cientos de refuerzos y mientras redactamos este artículo, el campamento extiende de nuevo los sacos de dormir. Cuando tuitearon al mundo que tenían hambre, una pizzería cercana recibió en una sola hora encargos para su entrega por valor de 2.800 dólares. Embravecidos por la lluvia de solidaridad internacional, estos "indignados" norteamericanos declararon que se quedarían allí a recibir a los banqueros cuando abriera el mercado de valores el lunes por la mañana. Por el momento parece que la policía no cree que puedan pararlos. ABC News informa que "aunque los manifestantes no dispongan de permiso para la protesta, [el departamento de policía de Nueva York afirma que] no tiene previsto sacar a los manifestantes que parecen determinados a quedarse en las calles". Los organizadores in situ afirman: "vamos a atrincherarnos para una ocupación a largo plazo".

#OCCUPYWALLSTREET se inspiró en las asambleas populares de España y se divulgó como concepto gracias a un cartel a doble página del número 97 de la revista Adbusters, pero lo encabezaron, orquestaron y realizaron activistas independientes. Todo empezó cuando Adbusters pidió a su red de bloqueadores culturales que desbordaran el sur de Manhattan, levantaran tiendas, cocinas y barricadas pacíficas, y ocuparan Wall Street durante unos meses. La idea prendió rápidamente en las redes sociales y los activistas independientes recogieron el meme y crearon un sitio organizativo abierto. Pocos días más tarde, se celebró una asamblea general en la ciudad de Nueva York a la que se presentaron 150 personas. Estos activistas se convirtieron el núcleo organizativo de la ocupación. El halo de Anonymous llevó el meme a los medios convencionales principales. Su comunicado por video respaldando la acción recogió cien mil visitas y un aviso del Departamento de Seguridad Interior dirigido a los banqueros del país. Cuando en agosto los "indignados" españoles difundieron la idea de que celebrarían un acto de solidaridad en el distrito financiero de Madrid, activistas de Milán, Valencia, Londres, Lisboa, Atenas, San Francisco, Madison, Amsterdam, Los Angeles, Israel y otros lugares se propusieron hacer otro tanto.

Hay un sentimiento compartido en las calles de todo el mundo de que la economía global es un esquema de Ponzi regido por y para las Grandes Finanzas. Por doquier la gente despierta dándose cuenta del hecho de que hay algo fundamentalmente erróneo en un sistema en que las transacciones financieras suman cada día 1,3 billones de dólares (50 veces más que la suma de todas las transacciones comerciales). Mientras tanto, de acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, "en los 35 países en los que se dispone de datos, casi el 40% de quienes buscan empleo llevan sin trabajo más de un año".

"Los ejecutivos, las mayores corporaciones y los poderosos le están sacando demasiado a este país y ya es hora de que lo recuperemos", afirmaba un activista que se sumó a las protestas el sábado pasado. Jason Ahmadi, que viajó desde Oakland, en el estado de California, explicaba que "muchos de nosotros tenemos la impresión de que hay una enorme crisis en nuestra economía y en buena medida la han causado los tipos que hacen negocios aquí". Bill Steyerd, veterano de Vietnam del barrio neoyorquino de Queens, declaraba que "se trata de una causa que vale la pena, porque la gente de Wall Street son chupasangres que atizan la guerra".

No es solo cuestión de ira. También está la sensación de que las soluciones convencionales a la crisis económica propuestas por nuestros políticos y los economistas ortodoxos – estímulos, recortes, deuda, bajas tasas de interés – son falsas opciones que no van a funcionar. Hacen falta cambios más profundos, como una tasa "Robin Hood" sobre las transacciones financieras, recuperar la Ley Glass-Steagall en los EE.UU., aplicar la prohibición del "flash trading" de alta frecuencia.[1] Hay que disgregar los bancos "demasiado grandes para derrumbarse", reducir su tamaño y hacer que vuelvan a ser nuevamente de utilidad para la gente, la economía y la sociedad. Hay que llevar ante la justicia a los estafadores financieros responsables del desplome de 2008. Y luego está la madre de todas las soluciones a largo plazo: repensar por completo el consumismo occidental poniendo en cuestión nuestra forma de medir el progreso.

Si las actuales penurias económicas de Europa y los Estados Unidos desembocan en una prolongada recesión global, los campamentos populares se convertirán en parte integrante y permanente de los distritos financieros y los alrededores de los mercados de valores del mundo entero. Mientras no se satisfagan nuestras exigencias y no se reforme de modo fundamental el régimen económico global, seguirán brotando nuestras villas de tiendas de campaña.

Bravo por esas animosas almas del campamento de la calle de la Libertad de Nueva York. Cada noche más que continúe #OCCUPYWALLSTREET aumentará la posibilidad de un alzamiento global en toda regla en contra de que los negocios sigan como siempre.

Nota:

[1] "La Securities & Exchange Commission (SEC) [entidad norteamericana reguladora de las actividades de las bolsas], preocupada por el crecimiento de las transacciones de hiperfrecuencia, anunció el martes, 4 de agosto, que está considerando la prohibición de una modalidad de esta actividad conocida como "flash trading". Pero no ha dicho nada de un elemento aún mayor de las transacciones de alta frecuencia, conocido como "co-locación", aun cuando la Bolsa neoyorquina, la New York Stock Exchange (NYSE) esté construyendo dos centros para albergar a estos operadores".

"Las transacciones de alta frecuencia ("high-frequency trading") son un término cajón de sastre que describe distintos enfoques de las transacciones de bolsa que sacan partido de la deslumbrante velocidad de los supercomputadores para analizar y responder a los datos del mercado. Los propietarios de dichos supercomputadores, empresas inversoras como Goldman Sachs y Citadel Investment en Chicago, emplean algoritmos especiales registrados para interpretar los datos y ejecutar transacciones, todo ello en menos tiempo de lo que tarda un ser humano en formular un pensamiento. Distintas formas de las transacciones de alta frecuencia suponen ya más de la mitad de todas las transacciones que tienen lugar en los EE. UU. Sus críticos afirman que esta práctica puede elevar el coste de las transacciones para los inversores habituales y contribuye a la volatilidad del mercado". (Kristi Olofsson y Stephen Gandel, "High Frequency Trading Grows, Shrouded in Secrecy", Time, 5 de agosto de 2009). Más información en http://www.time.com/time/business/article/0,8599,1914724,00.html#ixzz1YUHZM8WH

Micah White es director de la revista contracultural Adbusters y reconocida figura del activismo norteamericano, sobre cuyo futuro está escribiendo un libro. Vive en Berkeley, estado de California y su página es www.micahmwhite.com . Kalle Lasn es cofundador y redactor jefe de Adbusters.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4446

domingo, 7 de agosto de 2011

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"You say that money, isn't everything,
But I'd like to see you live without it.
You think you can keep on going living like a king.
Oohh babe, but I strongly doubt it."


La crisis de Wall Street vista por WSJ (III)

El final de Wall Street ( parte 3)


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