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martes, 26 de julio de 2011

El poder de las palabras

Epopeya y vida popular

Por Horacio González *

Daniel Filmus suele hablar de epopeya, palabra que no se emplea siempre ni de cualquier modo. Es palabra que sale de una mochila de urgencias y preocupaciones. La epopeya es la más antigua forma de contar una historia, y puesto que su uso es muy difundido, visita a menudo la prosa de historiadores, periodistas y políticos. No está ausente en los momentos en que se desea indicar cómo se formó el radicalismo de la Revolución del Parque, el peronismo de octubre del ’45, el Grito de Alcorta de 1912. Un sobrio disfrute ocurre a través de esa palabra, que de ser invocada rutinariamente chocaría contra las realidades cotidianas más ostensibles. Es cierto, no viajamos en la barca de Ulises ni estamos munidos de un olifante como Roland ante los sarracenos. Nosotros vamos en taxi o en subte B. Pero un último sabor por los hechos inusitados siempre acompaña nuestra imaginación política, donde temas tan antiguos cincelan siempre una palabra milenaria, tal como Marx vio el arte griego entre las locomotoras de la industria moderna.



Hasta el momento, los historiadores y comentaristas de las gestas que protagonizaron las grandes fuerzas populares, aunque no necesariamente mencionaran aquel concepto que alude a los relatos más antiguos, tuvieron en mente la cuestión de la epopeya, despojada de tenebrosos arrecifes, polifemos o cantos de sirena. Esas alusiones, sin embargo, perduraron y la inspiración de las musas se transformó en otros nombres y situaciones que producían nuestros conflictos, movilizaciones y plazas públicas. Nuestra atención, cuando la dirigimos al espacio público y al compromiso político, está muy lejos de Ulises, Gilgamesh o el Cid Campeador. Pero, como la epopeya habla de un esfuerzo superior de criaturas comunes, que deben atravesar obstáculos prodigiosos, suele reclamar la forja de un espíritu colectivo que se define en la acción. Muchos han reparado en los dos tipos de epopeyas que dio la reciente literatura nacional, una como ciencia ficción –El Eternauta– y la otra como criaturas que dan un inocente combate en las antítesis del Estado –Operación Masacre de Walsh–. Algo, poco o mucho de las simbolizaciones de esta hora se deja tocar por estas piezas magistrales y, sin duda, en situaciones muy diferentes a las que les dieron su sentido originario.



Ahora se trata de la votación del próximo domingo en la Ciudad, se trata del ballottage. Filmus no se ha equivocado al convocar esa palabra pues, junto a su compañero Tomada, son los representantes de un sector amplio de la población que ha puesto en ellos la esperanza de disminuir lo que se pueda, hasta apurar si es posible la última gota porcentual, lo que separa del volumen de votos obtenidos por Macri. Así dicha, la tarea parece repleta de obstáculos e imposibilidades, pero por eso aparece el nombre –epopeya– para hacer palpitar la conciencia de los votantes que aún no han decidido o que habían decidido otra cosa. Las fuerzas más numerosas están del otro lado. Pero el sentido que ahora reclamamos es el de mirar alrededor y extraer fuerzas de la reflexión sobre esta situación nueva. ¿Se nos escapa la vida popular tal como la entendimos hasta mediados del siglo XX? ¿La mutación de las formas de apelación política ya pasa inevitablemente por oficinas de especialistas en comunicación, que de día dicen “timbreo” –tomando una vieja acción militante– y de noche sueltan miles de mensajes en las redes telefónicas –tomando un ítem del instructivo que se lee en sus manuales empresariales, que exhiben obscenamente–?



Efectivamente, la vida popular –el sujeto de las epopeyas, contrapunto del héroe hasta hacerlo colectivo– ha sufrido grandes transformaciones desde que en el siglo XIX surgieran las “multitudes de Londres” como espacio de reflexión de los movimientos sociales en la era de la maquinaria y la gran industria. Los socialistas de antaño no dejaron pasar el trato periodístico del tema de “Jack el destripador”, así como Roberto Arlt, casi un siglo después –irónico y preocupado–, llamó la atención de las izquierdas sobre el choque de las ideologías con el ensoñado culto que las obreras textiles hacían de Roberto Valentino. Las epopeyas, pues, deberían pensar otra vez la materia generosa y esquiva de lo popular. ¿Pero cómo? No se trata de tomar la opción de las derechas mundiales, que hace tiempo trasladan figuras de los medios de comunicación o del deporte a la política, acto chanflón salvo que no cierre el espacio diferencial que necesariamente hay entre esas esferas. Cuando se cierra del todo, no se politiza el arte popular televisivo de masas, sino que se quebranta la política con la promoción gozosa y burda de un estilo popular dañado, basado en comicidades del repentista (que de otra manera serían festejables) y que orondamente pasan al estrado político deleitándose de su no saber. Pero las derechas saben, pues detrás de la cortinilla del comediante siempre habrá un Redrado como detrás del amable Durán Barba está el disparo de un millón de llamados simulando la existencia de una encuesta. O la encuesta simula ser la política o la política simula ser las encuestas. También eso hay que repensar.



Lo cómico es lo contrario de la epopeya. Pero la epopeya no puede privarse de un reexamen de su apelación a lo popular, hoy absorbido en porciones mayoritarias por figuraciones conceptuales del espectáculo. Pero éste despojado de su necesario condimento dramático y del mínimo de autoconciencia que todo espectáculo posee. Así fue en los movimientos populares argentinos, que ahora corren el riesgo de volcar su noción de lo popular clásico a un nuevo recipiente donde las novedades surgirán de candidaturas lanzadas en el programa de Susana Giménez y se llamará “epopeya” a hacer una campaña por polvorientas rutas santafesinas para comprobar, ¡oh sorpresa!, “qué bien lo recibe la gente a Miguel”.



Epopeya, pues. Si es para preservar la vibración real de ese estilo, se trata de hacer los últimos llamados urgentes al pueblo –antigua función del político–, y también se trata de saber qué se votará también el domingo en la Ciudad para indagar por el verdadero significado que ahora escinde a la vida popular. Escisión entre su manera clásica, su “populismo” heredado, digamos, y una recomposición de lo popular por nuevas derechas festivas y cumbiancheras que bailan a la luz sobre los planes de retroceso colectivo que preparan en las penumbras. Sin duda, pensada en estos términos, Tecnópolis es un paso indiscutible hacia el tratamiento de la cuestión cultural tal como se aparece en el consumo simbólico de las grandes metrópolis, pero es preciso que adquiramos nuevas destrezas para re-asociar a las clases populares con los legados políticos clásicos. En el genuino interés por la ciencia, la tecnología y el arte, pues eso es históricamente lo que caracterizó a los pueblos, falta ahora reinventar los emblemas de movilización que sacudan conciencias frente a estos angustiosos desafíos. Los votos del domingo a Daniel Filmus y Carlos Tomada –los preexistentes y los que haya que recobrar– serán un episodio de nuestra navegación por el mar Egeo, en este caso, nuestras conocidas calles de Lugano, Mataderos o Pompeya.



* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

martes, 19 de julio de 2011

EL PAIS › REFLEXIONES SOBRE EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES EN LA CIUDAD > LAS MOTIVACIONES DETRAS DE LOS VOTOS


Macri, el kirchnerismo y la ideología



Por Amílcar Salas Oroño *

I. Una elección es, también, un registro específico de cómo determinadas ideas políticas atraviesan las diferentes capas y segmentos de una sociedad. De cómo ciertos puntos de vista y discursos partidarios decantan hacia abajo, y a la inversa. La representación política tiene eso, momentos ascendentes y descendentes: el “intercambio” de significados entre representantes y representados. Pero es importante tener en cuenta que esta secuencia de sentidos no ocurre en el vacío: hay un mapa existencial de la estructura económica que prefigura los marcos de las disputas. Los resultados de la última elección en la ciudad de Buenos Aires deben también ser revisados en esta clave.

II. El crecimiento económico de los últimos años ha modificado sustantivamente la fisonomía de la ciudad de Buenos Aires. Está claro que no en el plano de lo público, aquello que es potestad del Gobierno de la Ciudad: allí el desmejoramiento ha sido verificable como consecuencia, principalmente, de las distribuciones presupuestarias realizadas por la gestión del propio Macri en áreas sensibles de la convivencia común. El cambio más evidente se ha dado en una dimensión íntima, privada, particular. El ciclo económico nacional ha recompuesto, desde los diferentes resortes complementarios de la dinámica económica, la posibilidad de una (nueva) autopercepción individual: la de que el progreso personal no es una quimera estacionada en el pasado histórico. Es en ese sentido que estos años de kirchnerismo se nos presentan como una superación al encierro de expectativas sociales característico del neoliberalismo: los proyectos de realización individual y las expectativas de “movilidad social” han encontrado este tiempo histórico para relanzarse, para volver a pensarse como parte de la propia existencia (incluso combinándose con otros reconocimientos, por ejemplo, el matrimonio igualitario). Se trata de un fenómeno federal, lo que no quiere decir que sea homogéneo ni universal, ni que este reparador optimismo social se presente de manera similar en todas las provincias ni para todos. Son cambios que también se verifican en otros países latinoamericanos, producto de una combinación heterodoxa de, por un lado, un rol más activo del Estado en la regulación económica y, por el otro, la ampliación del mercado y del consumo; extensión paralela y continua de Estado y mercado al mismo tiempo, generando un nuevo ciclo de las expectativas personales.

III. Este cambio subjetivo –recostado sobre cambios objetivos– presenta en la ciudad de Buenos Aires características particulares. Automóviles, gastronomía, equipamientos domésticos, inclusión en general. El consumo situó en estos años la idiosincrasia de la Ciudad en otra dimensión, bien lejos de la recesión económica de hace una década y con otra imagen; aquellos agregados colectivos originales o el clima político de diciembre del 2001 se transformaron: ahora hay faltantes de... ¡blackberry! Lo que se dio en la ciudad de Buenos Aires, con el consumo como vector de la integración, fue una (re)socialización desde el mercado, a diferencia de otras regiones y provincias del país donde el Estado tuvo un protagonismo más quirúrgico y determinante, estructurador de las identidades poscrisis. Es precisamente esta situación la que está detrás de la última elección: a fin de cuentas, el PRO es básicamente eso, una ideología del mercado, del consumo; su compaginación con el contexto fue virtuosa. Su discurso gira en círculo sobre unos pocos elementos: la imagen del confort, la negación de la condición social del ciudadano y una estética del entretenimiento. No hay ética de la solidaridad, no hay tradiciones políticas, no hay patrimonio histórico a compartir, entre tantas otras cosas. Pero es precisamente por ser una ideología del mercado que el PRO ha realizado una excelente elección en general; en ese sentido, se trata de una fuerza política contemporánea a la época en la que se sitúa. El PRO elabora su discurso tomando como punto de partida ese mismo imaginario renovado del progreso personal a partir del consumo, sin retocarlo: se asienta sobre una percepción real, la metaboliza y ofrece un destino electoral compatible con la misma.

IV. Dado el contexto, el kirchnerismo no hizo una mala elección. El problema es que se enfrentó a una fuerza política con una determinada ideología para la Ciudad, con una determinada ideología para esta etapa histórica de la Ciudad. Por circunstancias múltiples y entrecruzadas, que van desde el vértigo de la agenda política del gobierno nacional hasta el contradictorio y sinuoso legado del progresismo de raíz antimenemista, el kirchnerismo nunca logró componer una ideología propia para la Ciudad, es decir, no identificó aquel punto de vista transformador –propio de su identidad como proyecto político– en la clave de la dialéctica social porteña. Esto hubiera supuesto, en primer lugar, estructurar un vínculo representativo desde hace varios años, con un mando de acción organizado y, en segundo lugar, registrar, analizar y elaborar esta época de la Ciudad. Un trabajo de mediano plazo que no se resuelve simplemente con “escupir al gorila”; tampoco lo resuelven únicamente el “periodismo militante” y el twitteo maratónico. Componer una ideología alternativa a la mera expresión del mercado, un programa que agregue la dimensión de la politicidad, del Estado, precisamente aquello que es la originalidad del kirchnerismo y de los otros gobiernos latinoamericanos. Que coloque a la (re)socialización desde el mercado en otro nivel, con otra mezcla cultural y diseños institucionales, y que la desplace de su funcionalidad afín a los sectores dominantes. Una combinación política contemporánea e híbrida en ideas y actores, que no implica obligatoriamente insistir en lo que se ha venido denominando progresismo.
V. Ni el “asco” ni la desafección política suprimen la tarea para el kirchnerismo de realizar una fotosíntesis ideológica en la ciudad de Buenos Aires. Su representación política lo espera. Una ideología que enmarque y potencie a la voluntad política, esa misma que, aún bajo estas circunstancias, llegó a un tercio del electorado. Siempre hay espacio para reorganizar estratégicamente las ideas; como nos apuntalan nuestras mejores tradiciones: la única lucha que se pierde es la que se abandona.



* Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IealcUBA).
 
Página/12 18.08.2011: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-172552-2011-07-19.html
 
 

miércoles, 13 de julio de 2011

El espíritu de la ciudad

Por Horacio González *


Las cifras contundentes de los comicios arrojan tanto el aliento como la dificultad. Al primero hay que redoblarlo; a la otra, vencerla. Momento, pues, de algunas preguntas. ¿Cómo se formó el macrismo? Incluso esta expresión –macrismo–, ¿cómo usarla para que describa la situación que atraviesa la conciencia política de una ciudad? ¿Podría perder su estado vaporoso y decirse con ella algo referido a las ideologías, a las formas colectivas de lo político? No es un fenómeno genuinamente popular, pero sus votantes forman alarmantes mayorías electorales. No lo es, a pesar de su red de punteros en barrios, sus coqueteos con las formas más macilentas del peronismo, sus arabescos plebeyos y los ornatos de una supuesta juvenilia en francachela. Sin embargo, no es fácil penetrar en la formación anímica de esta masa numerosísima de votantes. ¿Vienen de antiguas configuraciones de la ciudad-puerto, con sus acciones refractarias a una modernidad abierta y justa, o el macrismo anuncia otra modernidad posible para la ciudad, donde ya no importe la ciudadanía renovadora sino un conservadurismo que festeja tecnologías y renueva un pacto de beneficencia populista con sectores desposeídos? ¿Y éstos? ¿Son herederos de antiguas epopeyas, conservan el legado ya deformado de la inmigración democrática o expresan también oscuros prejuicios y gozan con virulencia de una inconsciente subalternidad?



Quien quisiera escribir la historia del macrismo deberá tropezar con la falta de sus antecedentes en el tejido político nacional, pero tiene referencias anteriores en todos los intentos de generar “fuerzas nuevas” despojadas de las marcas onerosas de la política nacional. Los precursores del macrismo se encuentran en el propio intento de crear movimientos “sin precursores”. No tener “historia” es lo que se exhibe como señal adecuada. ¿Reconoce tradiciones, legados, momentos precedentes en que inspirarse? Ya sabemos la respuesta. El macrismo parece portador del orgullo de haber sido creado ex nihilo. Todo en medio de globos de cumpleaños (“bienvenidos”) y de un desenfado para exhibirse orgullosamente sin marcas de una historia nacional, cualquiera que fuera. El arte de refutarlo no es deshistorizarse del mismo modo, sino haciendo atractiva la insospechada epopeya que ahora será necesaria para derrotarlo.



Gana el macrismo con una vulgaridad sutil. Lo vulgar del macrismo no fue siempre visto como un etéreo ingenio publicitario sino como un modo de encubrimiento de su verdadera raíz ideológica, rellena por demás de pliegues empresariales, gerenciales y mercadotécnicos. Nada de eso es ajeno a su realidad, pero hay algo más a decir. Esa superficie lisa, sobradora, desdeñosa de lo que es sustancial a la política –su complejidad–, no sólo encubre sino que ha encontrado una buena manera de presentarse publicitariamente como el ser mismo de lo político. La política como el extremismo de la simplicidad; la elocución plana, crasamente uniforme; lo meloso, lo esquivo, lo previsible servido en bandeja. En Buenos Aires, una mayoría social sorprendente lo viene escuchando. Mucho se ha escrito sobre los enigmas culturales de esta ciudad. La relación de la vida popular con los actuales resultados electorales es uno de ellos.



Imaginemos la historia misma de este precursor aparentemente sin nada atrás suyo: Mauricio Macri fue a colegios de primera, privilegios notorios combinados con una rebeldía señoritil respecto al orden paternal y empresarial, en el que la empresa –respaldo, al fin, de sus devaneos aventurescos– es invocada y abandonada como en toda ambigua relación del heredero con los poderíos que lo atraen y en los que se inspira para buscar, sin embargo, esos “caminos propios”. Boca Juniors fue una larga jornada preparatoria, lógicamente de más importancia que sus primeros trabajos como “analista senior” en la empresa de papá. Cuando hablaba con Martín Palermo u otros jugadores, un aroma de paternalismo se desprendía de ese joven que gozaba del infrecuente entretenimiento de ser presidente del club más popular del país como quien cae en una realidad ajena, a la que se llega con saltos sociales más largos que los que luego realizara sobre módicos baches urbanos. Su secuestro por parte de una banda policial ocurrió hace dos décadas y por un instante su suerte se pareció a los terribles acontecimientos que habían paralizado al país de espanto. Evidentemente, sólo quiso percibir ahí un aciago episodio particular que le ocurría al niño señalado por la fortuna y no un vestigio que lo introducía en jergas secretas y actos criminales surgidos de la urdimbre sobrante del terrorismo en el Estado. Por el contrario, vio allí procedimientos que achicaban su mundo entre policías que pedían rescate y policías que lo rescataron.



Se trata de una carrera política atípica y afortunada, y se inscribe allí aquel momento de infortunio que es como si hubiera ocurrido en una zona ajena a la sociedad argentina, donde se movieran solamente ángeles y demonios de una pesadilla exterior solucionada, olvidada. Pero ésas son las estaciones del aprendizaje de Macri y centro crucial, acaso, de su vida. Sin duda, el estilo de juerga estudiantil que su grupo ha adoptado es la otra punta o el resultado de la densidad histórico-política cancelada, lo que opera como taponamiento de los poros de sensibilidad social, aun las mínimas que todo ser político contiene.



El PRO surgió en algún momento como la última instancia de una borradura; sigla dentífrica, despojada de huellas, alisada de manera que con ella se pudiera hablar sin modular conceptos; sólo con sensaciones, chascarrillos o mohínes de desaire. Macri se expresa así, con el evangelio del buen muchacho. Su estilo desembarazado es el de quien busca siempre ser exonerado. Su opinión sobre la inmigración es apenas sobre el desorden. ¿Alguien escuchó racismo ahí? Su opinión sobre la cuestión policial es apenas sobre el autonomismo de la ciudad. ¿Alguien escuchó ahí espionaje, patoterismo o sorda disputa territorial? Su opinión sobre los vínculos sociales es un acariciar a la gente, la protección que palmea al anciano o se reconforta con el músico con rastas (el “juntos venimos bien” cierra de pinza de los que ya están respecto a los que se les da “bienvenida”, publicidad meliflua y eficaz que en su tontería tiene un activismo que le falta a las otras). ¿Alguien ahí escuchó demagogia o desprecio publicitario por las vidas reales? Dijimos que al hablar busca ser exonerado. ¿Por qué vamos a pretender que hable con el lenguaje real de las implicaciones sociales si él viene a negarlas con su negligencia deshistorizada? ¿De qué hablan?, pensará él cuando escucha palabras “ideológicas”, a las que tacha así sin ningún problema. Si él sólo quiere ser exonerado de ellas para mostrar actos desnudos de gobierno, parecerse a una tuneladora o a una parada de metrobús. Por primera vez en la historia de la ciudad rige la exoneración como ideología supina en el lenguaje público gobernante.



A pesar de todo esto, Macri pudo dar su mensaje y encontrarse finalmente con una gran médula empedernida de creencias de un vasto sector social porteño, que hace varias décadas viene amasando una ideología soterrada basada en diversos encriptamientos: de la ciudad frente a los flujos nuevos de población; de los domicilios privados frente a un mal exterior indefinido que atacaría en forma inminente; de las conciencias ciudadanas, agrias de carácter, frente a imaginarias amenazas sin rostro culpadas de las frustraciones imanentes del vivir metropolitano. La ciudad ha perdido así su espíritu, como si el cínico desenfado de un Durán Barba fuera por fin la última forma encontrada de vivir en una urbe donde decrecen las libertades espontáneas y aumentan las devociones planificadas. El mencionado asesor electoral hace tiempo ha propuesto a los iconos de Internet como modelo de vida y los clichés existenciales (“antes era prestigioso el cazador, ahora el ecologista”) como nueva ontología ciudadana.



La ciudad autónoma estaría pareciéndose a aquella que marchaba hacia la Batalla de los Corrales, en 1880, con líneas cruzadas entre el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad, que ahora sólo podrán resolverse no con el autonomismo de derecha de Macri (autonomismo porteñista, desconfiado, sedimentado de oscuras vindictas) sino con un nuevo autonomismo frentista que pueda convocar –para la segunda vuelta estamos hablando– no sólo a fuerzas políticas coalicionadas, sino también –para hablar más especialmente el idioma de las grandes tradiciones políticas de cambio– a trabajadores, sectores medios, estudiantes, intelectuales, profesionales, a pequeños y medianos empresarios, a compañeros de las izquierdas o a los nacionalismos populares, que son un ala crítica de la ilustración argentina, sin dejar de integrarla. A cambio de la respuesta a ese llamado, los que lo hagan –evidentemente, los conglomerados que apoyan a Filmus y Tomada– deben a su vez adentrarse en el espíritu de la ciudad, indagar aún más en esa médula pertinaz de la urbe ensimismada, con un macrismo popular amasado en miedos harapientos que habrá que interrogar con más eficacia argumental.



La fusión macrista de lo político con una imagen de fiesta de adolescencia se mezcla con toda clase de tosquedades –a la manera de las que expresa Miguel Del Sel–, aunque no se las ofrece en forma directa porque también el macrismo tiene una mediatización cultural que, hay que decirlo, no es la mera proyección del género “Midachi”, sino que se las reviste del género “Unesco”. Pero es hora de pulsar las cuerdas aún no exploradas de una respuesta a las grandes jugadas de las derechas económicas, publicitarias, culturales y comunicacionales, con sus marionetas gozosas de extinguir la política como felices cumpleañeros. La política trata de cómo entender el presente. Y el presente trata de cómo desarrollar una política de entendimiento sobre lo que aparece resistente u oscuro. En las próximas tres semanas, una épica social necesaria deberá implicar esa clase de entendimientos.



* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.
 
(Página/12, 13.07.2011, http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-172147-2011-07-13.html)

domingo, 10 de julio de 2011

Primera impresión sobre 10.09.2011

Hay que pensar mucho para entender las razones.
Nuestro primer reflejo fue similar al que se ve en el siguiente video.

lunes, 7 de marzo de 2011

viernes, 10 de diciembre de 2010

Deben ser...deben ser

Hace rato leí ese excelente libro de Feinmann; si no me equivoco, es en él donde explica la reducción del otro al estatuto del objeto, dándole así el permiso para cualquier aberración, porque el otro dejó de ser humano, pasó a ser "el boliviano que le saca la comida y el trabajo a los argentinos". Veo venir, por derecha, una embestida muy importante ligada al racismo y la xenofobia, porque a Macri, si no se agarra de esto, se le derrumba el mundo, no por cuestiones ideológicas, sino por inútil. Creo yo que se va a poner en el lugar del único que se opone a que este gobierno siga importando pobres de países limítrofes, y esto, en CABA, lamentablemente siempre va a tener simpatizantes. (Extraído del blog http://loshuevosylasideas.blogspot.com/)

domingo, 11 de abril de 2010

Miserables

El secreto de sus piojos 08/04/10 Por Alfredo Grande "-Disculpame, querido León. Pero no todo está clavado en la memoria" (aforismo implicado) La cartera de Educación porteña censuró materiales pedagógicos del Bicentenario por su "tendencia ideológica". Hay libros que el ministro no deja leer en el aula. "Como ministro no puedo permitir que se publiquen materiales con alguna tendencia ideológica", argumentó Esteban Bullrich."Creo que ningún jefe de Gobierno, ni ministro, ni director de Area debe definir o influir en que los docentes y alumnos utilizen (sic) material con una tendencia ideológica, sea ésta de izquierda, derecha o 'centro'". "Esteban Bullrich, el sucesor de Abel Parentini Posse en la cartera educativa porteña, sinceró con este argumento la decisión de 'no publicar' los materiales sobre el Bicentenario, elaborados por especialistas de la Dirección de Currícula, aunque sí, en cambio, colgarlos en su página web personal (www .estebanbullrich. com). Cinco pedidos de informes en la Legislatura reclamando explicaciones, la publicación impresa del trabajo realizado durante 18 meses por los docentes, más un dictamen en el mismo sentido de la Defensoría del Pueblo, una marcha, dos grupos en Facebook de repudio a la 'censura ideológica' y una rueda de prensa convocada para el viernes en la Legislatura, muestran que la solución on line del licenciado en sistemas está lejos de conformar a las partes. (Nora Veiras, Página/12) (APe).- Luis Landriscina contaba un cuento. Un señor se levanta por la mañana y se da cuenta que le quedan 5 pelos. "Me peino dos para la izquierda, dos para la derecha y uno al medio". Al dia siguiente, sólo encuentra 4. "Bueno, dos para un lado, dos para el otro". Un día más y sólo quedan tres: "Uno para la izquierda, otro para la derecha y el del centro. atrás". Cuando sólo quedan dos, resuelve: "una para este costado, uno para el otro". Finalmente, al día siguiente se encuentra con un solo pelo. "¡Ma sí, hoy no me peino!". Cuando no quedan pelos, se nota. Cuando no quedan ideas, se nota menos. Suponer que en la educación puede haber ideas que no impliquen tendencias, mas aún, que no impliquen firmes posicionamientos ideológicos, es haberse quedado pelado de neuronas. El Bicentenario, para el señor ministro del imposible, al decir del poeta Mario Benedetti, son sólo doscientos años. Habría que preguntarle: "doscientos años. ¿de que?". Sin tendencia ideológica alguna, apenas podríamos balbucear que el pueblo "quería saber de qué se trataba", que "French y Berutti tenían el franchising de las escarapelas" , que "llovía, pero, como de costumbre, siempre que llovió, paró", que "el obispo Lué era un alcahuete de Fernando" (no, en realidad, esto es un poco tendencioso) ,bueno, que hay gente que viene, que hay que gente que va, como en la casa de Irene. Recordar, conmemorar, evocar, convocar al primer gobierno criollo sin tendencias, apenas permitiría con el rostro grotesco de Stella y Amore, los compradores compulsivos de la tele, decir: "la junta de Mayo financia mejor. Qué grande questa targeta". El señor ministro del imposible ha regresado a las épocas del pensamiento único, pero lo ha mejorado. Ha demostrado tener un único pensamiento. A los demás pensamientos se los llevó el peine de la historia. Y el único pensamiento es que el Bicentenario sea tan descafeinado como nuestro himno nacional, amputado, castrado, emasculado justamente para el Centenario. Porque para que las tendencias ideológicas de los criollos no se notaran demasiado y Infanta no se acalorara, se consideró que, por ejemplo, "escupió su pestífera hiel", era un texto demasiado directo. Por eso tenemos un himno que, en la actualidad, hasta sirve como cortina musical de un aviso de la banca solidaria. Seguramente, el ministro del imposible cantará sin preguntarse cuál es la tendencia ideológica del himno censurado. Pues bien: es simplemente acallar las voces de los rebeldes de la Historia, para que todo sea más parecido a un partido de bridge o de tute, que a una lucha sin cuartel de un pueblo en armas contra un ejército invasor. Es más grave que censurar. Al menos Tato, aquel voyeur, no ocultaba que cortaba las películas de acuerdo con sus obscenas tendencias ideológicas y eróticas. Cuando en la década del '40 se censuraron las letras de algunos tangos, todos recordaban que "en mi pobre vida paria" tenía poco que ver con "en mi existencia azarosa". La censura prohíbe lo censurado, pero no puede eliminarlo. La censura no es neutral, ni pretende serlo. El censor es un cerdo que tiene bien claro en qué chiquero le dan de comer. Pero este ministro del imposible aspira a que ninguna tendencia "no de izquierda, ni de derecha, ni de centro" manche el recuerdo inodoro, incoloro e insípido del Bicentenario. No es poca cosa señalar que este ministro no está en condiciones mentales de conmemorar el Bicentenario, porque no puede tolerar tendencias. Pobres los historiadores revisionistas de la historia "no tendenciosa" de Mitre. ¿O será una de las tantas zonceras que Jauretche no pudo incluir en su libro? Sin embargo, a pesar del grotesco educativo que propone, el tema es grave, muy grave. Tan grave porque de un plumazo, es decir, de un bromazo, sepulta décadas de educación popular, de bachilleratos populares, de experiencias autogestionarias en Educación. La crítica a la educación formal, sarmientina (con el perdón de las notebooks, que son muy necesarias)ha señalado con justicia que hay educación para el sometimiento o hay educación para la libertad. Y que, en todo caso, quizá sea cierto que el saber es poder, pero no será en los espacios que la cultura represora habilita donde ese poder pueda ser ejercido. El ministro del imposible pretende una educación que no eduque. Porque educar no es instruir. No es una catequesis laica. No es escuchar comunicados de las fuerzas conjuntas. Educar al soberano es poder disputar la hegemonía de sentidos que los enemigos decantaron durante décadas en la conciencia de los pueblos. Supongo que este ministro del imposible estará de acuerdo en que hubo una Campaña del Desierto, y que eso no tiene que ver con ninguna tendencia ideológica. Pues bien: lo que hubo no fue una campaña, sino una expedición de exterminio; y no fue del desierto, sino al desierto; y además, el desierto no estaba desierto. Pero este ministro contento hubiera ido en ancas de Roca, ya que cuando se habla de tendencias ideológicas, políticas, siempre es para descalificar los intentos de subvertir la historia oficial. Haga memoria, ministro del imposible: ¿Qué pensó cuando escuchó la noticia que Mónica Cahen D'Anvers dijo en Telenoche que "dos piqueteros fueron muertos en una pelea entre diferentes grupos"? Maximiliano y Darío fueron rescatados por el fotógrafo que no ocultó las pruebas de otra infamia. Pero Mónica, aséptica, no expresaba ninguna tendencia. Apenas una de las tantas historias oficiales. Señor ministro del imposible: ¿gritó usted los goles del mundial del horror? Seamos democráticamente sinceros, señor ministro. Publique sus propias tendencias ideológicas sobre el Bicentenario. Tómelo como un desafío. Recoja el guante. Quiero leer lo que usted piensa del tema convocante. Después de todo, habrá que esperar 100 años para el Tricentenario y ni usted ni yo estaremos. Pero ahora sí, quiero que me enseñe cómo se escribe un material pedagógico sin tendencias ideológicas. Usted debe saberlo. No será de los que predica sin dar el ejemplo. Seguro que este texto le va a llegar y, como dicen en el barrio, sabe donde encontrarme. Esto es lo hermoso de la democracia, a pesar de que no siempre cura, de que muchas veces no permite comer y de que, por lo que veo de su gestión, casi nunca educa. No obstante, es democracia, y yo ejerzo mi derecho de pedirle las pruebas de aquello que pretende. Mientras espero su texto sin tendencias, le adelantaré cuál es la mía: "Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar. / El arroyo de la sierra / me complace mas que el mar". Es de José Martí, que tenía fuertes tendencias ideològicas. Y se lo dedico a Carlos Fuentealba, que fue asesinado por aquellos que, como usted, no aceptan que las ideologías se expresen, aunque apenas sea, en las tendencias, para conmemorar un Bicentenario de los Pueblos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Este será el motivo x el cual el padre lo rajó de sus empresas y le dijo "¡dedicate a la política!"

El nivel cultural de Macri Sí, señores y señoras. El nivel cutural del Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. As, Ing. Mauricio Macri, se puede comparar con el de una foca. Pido perdón a las focas! A las pruebas me remito: En el nuevo plan de obras de nuestro amado y celebérrimo Teatro Colón, uno de los mejores del mundo, el Sr. Ing. Mauricio Macri, por intermedio de su servidor Martín Boschet (¿ también será tan inculto como Macri o simplemente sufrirá de oligofrenia artística ?), las modificaciones serán las siguientes: a - Donde estaban los camarines ahora habrá una confitería. Los muebles de cedro, los estantes de mármol y los espejos de cristal se utilizarán para que los clientes tomen el té en un marco elegante e histórico. Los artistas, por lo visto deberán cambiarse detrás de un árbol. b - La peluquería, zapatería, sastrería, el taller de mecánica escénica y el depósito de filmación tienen destino incierto ya que no figuran en ninguna parte en los nuevos planes. c - En la terraza funcionará la confitería número dos. d - En donde estaban las salas de ensayo habrá dos nuevos gifts shops ( salones de compras de souvenirs). ¿Los artistas ensayarán en la Plaza Lavalle , haciendo realmente, arte callejero?. ¿Al fin el Teatro Colón saldrá a la calle? e - Desaparecerán todas las aulas del Instituto Superior de Arte ( ISA) para hacer salas de estar para visitantes VIPs. ¿Y los alumnos y profesores? Ah, no sabemos. No es problema nuestro. Ya se acomodarán en algún lado. Si Picasso vivía en un altillo... f - Los camarines, hasta ahora separados por jerarquía artística y genérica, serán en el futuro democráticos y comunitarios. Nada de divismos. Capacidad para 60 personas, todas juntas!!! Ello facilitará el aprendizaje de idiomas y favorecerá el compañerismo! g - Aunque Ud. no lo crea...desaparecerán los baños! En su lugar habrá nuevos despachos para los nuevos directores.Y si alguien quiere hacer pis? Ah, no! Que no se vengan estos artistas con tantas pretensiones! !! ¿También piden baños? h - Tampoco habrá duchas. Que los bailarines se vayan a bañar a sus casas o que directamente, no se bañen. ¡Una verdadera contribución a la crisis mundial del agua! i - En la sala de ensayos de la Orquesta Filarmónica se harán varios green rooms para recibir a personalidades VIPs. ¿Y la orquesta? "Creo que bien, gracias" se rumorea que contestó Macri.. j - Desaparecerán de sus lugares habituales todos los despachos de las direcciones históricas, el archivo, la biblioteca y la oficina de prensa. Se trasladarán, a un lugar todavía no determinado en los planos. Tal vez a un depósito abandonado a orillas del Riachuelo? Enriqueceríamos con un poco de cultura a zonas históricamente alejadas del Colón.¿ No es cool? k - La sección de arquitectura teatral y el depósito de vestuario y telones históricos dejarán su lugar para poder realizar un salón de conferencias e irán a parar a...¡no se sabe dónde! Todas estas obras deberán estar terminadas para "festejar" el bicentenario de la Revolución de Mayo. ¡Qué contestos vamos festejar! La Ley de Autarquía del Teatro Colón dice que los talleres y oficinas deben accionar en sus lugares históricos... pero, ¿qué importancia puede tener una ley? Se violan tantas! Las preguntas del millón son...¿Quién va a querer ir a ese teatro? ¿A ver qué? ¿ Quién va a tocar, a bailar, a cantar? Parece que la respuesta es...artistas argentinos, no!!! Nuestro principal coliseo será utilizado como lugar de alquiler artístico y eventos de alto vuelo. " A ver si de una vez por todas empieza a dar ganancia, carajo! "dicen algunos que exclamó el Ing. Macri con la vena hinchada ante la cara de asombro de todos los que lo rodeaban. Macri, hacenos un favor a todos.....¡No hagas más cosas! Dejá todo como está y dentro de tres años, dedicate a hacer pelota tus empresas y dejate de jodernos la vida. Los que no te votamos te lo pedimos de rodillas y casi todos los que te votaron, también! Por favor, hacer circular este mail antes de que este turro nos alquile la Ciudad de Bs. As . para hacer el shopping ( VIP, claro) más grande del mundo y nos tengamos que exiliar en Martín García, si es que todavía no fue transformada en hotel 8 estrellas!! Nota: los datos consignados arriba, referentes al proyecto de remodelación del Teatro Colón para el año 2010, fueron extractados del Suplemento de Espectáculos del Diario "La Nación" del domingo 9 de noviembre del 2008.. Pág. 1 y 2http://www.lanacion.com.ar/ nota.asp?nota_id=1068086&