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domingo, 30 de octubre de 2011

Desmundialización: el debate prohibido

Michel Rogalski
legrandsoir.info

Traducido para Rebelión por Susana Merino

La amplitud del control que se opone al término "desmundialización" o "desglobalización" proporciona la justa medida de su lado intolerable para todos aquellos que, desde hace décadas, se ufanaban de la maravilla de la globalización, aunque los hechos acumularan, día tras día, síntomas de su fracaso. Es posible juzgarlo por la proliferación de burlas: absurda, irrealista, reaccionaria, subalterna, acusada de propagar una ilusión demagógica, un concepto superficial y simplista, una fábula, un tema provocador, de alentar un retroceso nacional que solo puede conducir al modelo de Corea del Norte. No se ha ahorrado nada.

La movilización de los think tanks y de los políticos emergentes en el “Círculo de la razón” no puede menos que asombrar. Cumplen con su papel para que la alternancia se mantenga en alternancia y, sobre todo, que no se transforme en alternativa. Las fuerzas que participan de ese Círculo, como un disco rayado, repiten circularmente, a pesar de las evidencias, las ventajas de la globalización. Por el contrario, uno no puede dejar de sorprenderse de que otros, en nombre de la ideología altermundista, cuyo balance luego de diez años tiende a desvanecerse, por miedo a perder lo poco que les queda de sus “fondos de comercio”, juntan sus voces a las de los primeros con bastante mala fe. Pero el debate no se halla ya confinado a la izquierda de la izquierda puesto que ha sido invitado a la pugna presidencial. Lo que es normal por cuanto implica el necesario análisis de los últimos treinta años. Querer sofocar ese debate sería un gran error político. Sería ocultar la riqueza potencial inherente a todo debate sobre una salida ordenada del túnel de la austeridad fabricado a golpes de deflación salarial, de deslocalizaciones, de la invención de “limitaciones externas” buscadas por nuestras élites y cimentadas sobre una antedicha racionalidad superior de esencia mundial, de construcción europea a partir de la importación de las formas más exacerbadas de la globalización, a menudo bajo el pretexto de resistir y considerándose incapaz de proteger, de promover al sector social o de controlar las finanzas.

Es lo de lo que se trata actualmente, retomar y profundizar la oposición a la bifurcación planteada en 1983 que sacrificó los adelantos sociales en aras de la construcción europea. Magnífico debate cuyo desafío no se centraba ni sobre personas ni sobre puestos y que ha sido relanzado hoy en día por las crisis de 2008 y su actual contragolpe alimentado por las deudas soberanas, la incertidumbre sobre el euro y las preguntas sobre las formas de imaginar la construcción europea. Y si la desmundialización interpela fuertemente a Europa, es porque esta región del mundo se ha convertido en un concentrado –un laboratorio– de la desglobalización, y en lugar de ser apacible concentra todos sus excesos. No hay lugar para el asombro. Es en ese espacio donde se ha desarrollado más el comercio de cercanías. En el que la interdependencia es mayor, en el que se han transferido fragmentos íntegros de la soberanía nacional, en el que una gran parte de los países decidieron adoptar una misma moneda y un Banco Central independiente de los gobiernos y finalmente en el que se han acumulado numerosos instrumentos de configuración económica (Acta única, Tratado de Maastrich, Pacto de Estabilidad,etc.) para encorsetarlos finalmente en el Tratado de Lisboa. Al ampliarse a 27 países, Europa modificó brutalmente las condiciones de competencia, importó también brutalmente la diversidad de la globalización y se marginó de la posibilidad de asegurar la menor protección de los pueblos sobre los que planea la sombra de la austeridad.

Es por todo eso que los debates que suscita el tema de la desmundialización son esenciales. Están simplemente relacionados con las condiciones necesarias para llegar a una ruptura con el neoliberalismo globalizado de los últimos treinta años que como una aplanadora destruye todo a su paso. Porque, ¿es posible soportar durante más tiempo la estrategia deliberadamente establecida por el capital de instalar trabajos precarios y no protegidos y huir de quién había impuesto la “coacción” de las conquistas sociales? Todo se intentó con las consecuencias conocidas, desde las deslocalizaciones masivas hasta la organización de flujos migratorios, pasando por la libre circulación de los capitales especulativos y desestabilizadores, el generalizado libre comercio de las mercaderías, la deflación salarial y su corolario con el endeudamiento de los hogares, la sumisión a las señales de los mercados, de preferencia internacionales. De este debate surgen con fuerza algunas cuestiones centrales cuya riqueza se querría sofocar.

- Nos explican que es necesario ser pacientes y que nuestros males procederían de una situación de entre dos en las que estaríamos inmersos. El Estado-Nación se halla herido, pero aún respira mientras que la economía mundial no habría llegado aún a establecerse y estaría haciendo esfuerzos para dotarse de un gobierno global (o europeo). De modo que acumularíamos los defectos de la erosión de las fronteras sin estar aún en condiciones de beneficiarnos de las ventajas de haberlas superado. Esta “transición” que se viene desarrollando desde hace treinta años por el momento solo ha alumbrado crisis y cada vez se encuentra menos en condiciones de probar que la expansión del neoliberalismo a escala mundial sería salvadora. La expectativa de un gobierno mundial para resolver los problemas engendrados por su búsqueda corre el riesgo de hundirse. Y es evidentemente insoportable para los pueblos. Salir de este carril proponiendo una verdadera opción, significa para todos los países entrar en un proceso de desmundialización. ¿Es necesario esperar que esto cambie en Europa o en el mundo para que cambie entre nosotros? O en todo caso, ¿es necesario emprender la acción de modo unilateral considerando su aspecto conflictivo y prepararse para ello? No olvidemos que la Europa que se ha construido ha servido siempre de ganga viscosa destinada a reducir la amplitud de la oscilación de la balanza de las alternancias y jugar así el papel de Santa Alianza, reemplazando al Muro de dinero de los años 20. De modo que rechazar la antimundialización, vendría a subordinar todo cambio en Francia a eventuales e improbables evoluciones europeas y mundiales. Este planteo conduce a abordar la inevitable cuestión del ejercicio de la soberanía, es decir de la necesaria superposición entre el perímetro donde se practica la democracia y el del dominio de la regulación de los flujos económicos y financieros. Se impone el marco nacional. ¿Por qué la “relocalización” en la región sería el límite aceptable, deseada la Europa federal y la soberanía nacional vilipendiada? ¿Por qué el odio al Estado-Nación que habría que atenazar por arriba y por abajo?. La izquierdas latinoamericanas han demostrado que el marco nacional pude permitir sustanciales avances sociales, como una mancha de aceite y hacer posible la cooperación.

- La sumisión tiene una racionalidad considerada superior porque es mundial, lo que nuestras élites llaman el “condicionamiento exterior”. Que no es otra cosa que la consecuencia de lo que fue querido y buscado. La mundialización que cae sobre nuestras cabezas es la que se difundió a golpes de desregulaciones, de libre comercio furioso, de privatizaciones, de deslocalizaciones, de circulación descontrolada de capitales y mercancías, de financiarización, de endeudamiento de los pueblos y de los Estados. Choca con las conquistas sociales históricamente logradas que se convierten así para nuestros globalizadores en “condicionamientos internos” que ponen frenos a sus objetivos y de los que por lo tanto deben desembarazarse para responder a las órdenes de los mercados. La competencia internacional se convierte en el arma de lo antisocial y devasta territorios. El mérito del debate sobre la desmundialización es mostrar los lógicos enfrentamientos de las lógicas de las dos condicionantes, una fabricada para luchar mejor con la otra e identificar a los ganadores (los factores móviles: capital y finanzas, grandes empresas, mafias) y a los perdedores (los factores fijos: pueblos y territorios).

- La consecuencias en las políticas económicas que se deben adoptar se ubican en el corazón del debate. El aumento del pedido de protección concierne prioritariamente al conjunto de las conquistas sociales archivadas durante los Treinta Gloriosos, agregadas las del capital nacional maltratado por la competencia salvaje. Un período que conoció las protecciones tarifarias, algunos controles de cambio, innumerables devaluaciones que no significaron repliegue nacional, cierre o adopción de un modelo norcoreano. Crecimiento, elevación del nivel de vida, pleno empleo estuvieron bien en el centro de lo que se nos querría hacer ver hoy en día como un horror “nacional-proteccionista” La crisis actual convoca el regreso del Estado como principal actor económico. No existe protección posible si no se le confía un papel acrecentado, tanto en cuanto al perímetro de sus intervenciones como de la naturaleza de las mismas. En fin, ¿es necesario volver a satisfacer las necesidades del mercado interno o a la errática deriva del mercado mundial? ¿Adonde se ubican las fuentes del crecimiento de nuestro país? ¿En nuestro territorio o en la exportación? Un país puede intentarlo pero si todos lo hacen al mismo tiempo las ventajas desaparecen. Fue esta estrategia que no se puede generalizar la que se propuso a los países del tercer mundo en los años 70 y provocó las crisis de la deuda y las políticas de austeridad que sobrevinieron.

- Se argumentará que existe una forma de globalización deseable, la de los intercambios culturales, el turismo, el conocimiento, los saberes, la cooperación entre los pueblos, la de todo lo que hace a la densidad de la vida internacional o de un espacio público de ese nivel en construcción. Pero no la mezclemos con lo que es el objeto de nuestro actual debate, el necesario bloqueo de la expansión del neoliberalismo a escala mundial. No matemos a los mensajeros que nos traen la mala nueva, miremos en cambio los diferentes signos que atestiguan los límites de la actual fase, comenzando por el anuncio realizado por la CNUCED sobre una reducción del 8% en el comercio mundial en el primer trimestre de 2011.

Michel Rogalski, economista del CNRS, director de la revista Recherches Internationales.

Fuente: http://www.legrandsoir.info/demondialisation-le-debat-interdit.html

lunes, 17 de octubre de 2011

15-O, primera protesta global


Roberto Montoya
Miradas al Sur

La revuelta trasnacional ya está aquí. El sábado se escuchó su grito de América a Asia y Oceanía, de Europa a África y Oriente Medio: ¡Basta ya! La revolución ética, la protesta de los indignados, la demanda de una democracia real, tomó cuerpo y se hizo sentir en todo el mundo.
A la convocatoria se sumaron un total de 951 ciudades de 82 países distintos. En algunos casos fueron sólo unas centenas de personas, en la mayoría, miles, decenas de miles y hasta centenares de miles en algunos países europeos. A causa de los distintos husos horarios, las primeras movilizaciones empezaron en Tokio, Sidney y Hong Kong.
Cuando la Argentina se desperezaba ayer sábado, ya había decenas de miles de personas en las calles de Berlín, de Lisboa, Amsterdam, Roma –donde un grupo minoritario protagonizó algunos incidentes violentos al intentar incendiar el Ministerio de Defensa– y numerosas otras capitales y ciudades europeas. En la city londinense Julian Assange, cara visible de Wikileaks, habría aparecido con una máscara de Anonymus, el conocido grupo de hackers.
En numerosos sitios de Europa, así como en Estados Unidos, muchos de los manifestantes estaban acampados en plazas desde la noche anterior. En vísperas del 15-O los indignados de Occupy Wall Street lograron evitar que la policía los desalojara del neoyorquino Zuccotti Park –rebautizado Plaza de la Libertad– después de que más de 300.000 personas firmaran peticiones para detener el desalojo. Ayer fueron decenas de miles los que salieron a la calle en Nueva York, Washington y muchas otras ciudades de Estados Unidos.
En España, uno de los platos fuertes de la jornada, con concentraciones en 60 de sus ciudades y cientos de miles de personas protestando, seis marchas partieron por la mañana desde pueblos de la periferia y barrios de Madrid, para converger por la tarde en la mítica plaza de Cibeles, en pleno centro, e iniciar luego la manifestación que terminó, como no podía ser de otra manera, en la mítica Puerta del Sol, donde se originó todo este movimiento hace ayer exactamente cinco meses, el 15 de mayo, el 15-M.
¿Qué gritaban, qué coreaban, qué banderas enarbolaban personas de tantas nacionalidades, razas y edades diferentes en esta protesta global? “¡Especuladores a la cárcel!”, “¡No somos mercancía en manos de políticos y banqueros!”, “¡No estamos llamando a la puerta, la estamos tirando!”, “Precarios del mundo, no tenemos nada que perder, excepto las cadenas!”, “Yo no voté a los mercados ni al FMI”, “Estoy buscando mis derechos, ¿alguien los ha visto?”.
Los lemas, estribillos y pancartas que se vieron ayer en las cientos de manifestaciones que tuvieron lugar en todo el mundo, eran tan variadas como las personas que las portaban o gritaban, pero todas tenían algo en común: reflejaban el hartazgo de millones de personas frente a las injusticias de un sistema neoliberal donde los mercados financieros, el FMI, el Banco Central Europeo, el Banco Mundial, la gran banca, las grandes multinacionales, grandes especuladores y agencias de calificación de riesgo, condicionan a su antojo la vida de los ciudadanos de a pie. Con la complicidad, claro, de tantos de los gobiernos y dirigentes políticos de turno, que se arrodillan ante ellos.
“Los poderes establecidos actúan en beneficio de unos pocos, desoyendo la voluntad de la gran mayoría, sin importarles los costos humanos o ecológicos que tengamos que pagar. Hay que poner fin a esta intolerable situación.” Ése es uno de los pasajes del manifiesto que gracias a la fluidez de las redes sociales elaboraron conjuntamente para la jornada de ayer las distintas partes de esta gran red contestataria y potencialmente anticapitalista.
Una de las patas donde se trabajó en ese documento –traducido a 18 idiomas y accesible en http://15october.net– fue en Bruselas. Durante una semana convergieron en la capital de Bélgica y sede de la Unión Europea y de la OTAN, cientos de indignados, que a pesar de sufrir la represión policial, llegaron tras marchar desde Madrid, Barcelona y Toulouse, en recorridos de hasta 1.200 kilómetros.
Es uno de los fenómenos de este movimiento. Sin medios, sin apoyos institucionales –todo lo contrario, hostigados por los poderes públicos– miles de jóvenes y no tan jóvenes vienen logrando movilizarse, traspasar las fronteras virtual y físicamente para reunirse, para intercambiar experiencias, lanzar iniciativas comunes, de una forma que hasta ahora no han logrado ni siquiera las poderosas confederaciones sindicales, con tantos recursos a su alcance… pero tan domesticadas, tan burocratizadas.
La propia izquierda tradicional europea se ha visto desbordada y, de hecho, cuestionada por toda esta corriente alternativa, sin llegar a comprender cómo un movimiento asambleario como éste es capaz de limar y superar las rencillas internas para consensuar documentos y actividades colectivas, algo que ellos son incapaces de hacer. Tras el recelo inicial, muchos partidos han intentado capitalizar políticamente toda esta protesta, pero tanto el 15-M español como los distintos movimientos similares, son conscientes de que uno de sus capitales principales y diferenciadores es precisamente su independencia.
Supone por una parte una limitación –al menos por ahora– al no poder pesar de una manera más decisiva en el escenario político, sobre todo en situaciones preelectorales como la que se vive en España, pero por otro lado le permite solidificarse y extenderse.
A pesar de que el 15-M español, como otros movimientos similares en otros países, no ha nacido de la nada, sino que es la conjunción de luchas llevadas a cabo durante años por miles de activistas en frentes muy variados, a las que sólo en los últimos meses se han sumado muchísimas más personas, no deja de ser un fenómeno nuevo, que necesita su tiempo para madurar.
Desde que estalló en 2008 en Estados Unidos la actual crisis del sistema financiero capitalista, propagándose por todas las economías europeas enlazadas –con menores repercusiones en América latina y otras zonas del mundo– los gobiernos de esos países desarrollados han justificado los durísimos recortes de los derechos sociales y laborales que han impuesto, por la necesidad de “calmar a los mercados”.
Los mercados financieros, los grandes inversores internacionales, los grandes especuladores, se han convertido así cada vez más en los dueños de la situación. Entes que el ciudadano no ha elegido, han pasado de hecho a condicionar la política económica, laboral y social de gobiernos supuestamente soberanos.
La protesta del 15-O rechaza frontalmente esa lógica, que sólo ha traído desempleo y pobreza. Es un cuestionamiento al sistema económico, al sistema político, a los grandes sindicatos; se trata de otra forma de hacer política, de otra forma de participación ciudadana, de un rechazo del poder monopolista de los medios de comunicación, de otra justicia, el germen de algo nuevo. De ahí que el fenómeno de los indignados se haya convertido para tantas personas en una esperanza de que sí es posible cambiar las cosas, de que otro mundo es posible.

Fuente: http://sur.elargentino.com/notas/15-o-primera-protesta-global

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 1 de octubre de 2011

El nuevo "sistema-mundo"


Ignacio Ramonet

Le Monde Diplomatique

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”? La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”...
Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.
Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.
En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.
Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.
En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causará, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar...
El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.
Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.
Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.
Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.
El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.
Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.
En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.
Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.
Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada... Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.
Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.
El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento... El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=13b9ad43-3237-4ad5-b889-e064cc43ac62

viernes, 22 de julio de 2011

Uno de los nuestros. A diez años del crimen de Carlo Giuliani,activista contra la globalización asesinado durante la Cumbre del G8 en Génova en 2001



Haidi Giuliani: "quien no tiene memoria, no tiene futuro"

Ida Garberi
Rebelión



“Siempre la misma música, no es el crimen,
si no su delación lo que hace palidecer, incluso irrita,
a los hombres, lo sé por mi propia experiencia.
Y también sé que ellos prefieren castigar a la persona
que denuncia el hecho, más que a la persona que lo realiza”.
Cassandra, Christa Wolf

La palabra “Resistencia” para mí tuvo un significado especial, creo que sin saberlo, desde hace mucho tiempo y aún resisto, asumí en mí y en mis acciones, la necesidad de defender nuestra Constitución, que dio a los italianos y las italianas la Resistencia antifascista después de la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, sobre todo mi padre, me enseñó a vivir así. Y a partir de ese momento de 1945 han pasado tantos años y han muerto tantas víctimas, testigos del hecho de que la Constitución italiana, o sea, este pacto con el pueblo, se ha roto miles de veces por culpa del mismo Estado. El 20 de julio de 2011, por desgracia, recordamos que han pasado 10 años desde que Carlo Giuliani fue víctima de los escuadrones neofascistas que creíamos haber derrotado, ha sido uno de los numerosos mártires de la gestión pública dirigida a la mera supresión de la disidencia, ha caído en el área oscura que siempre rodea la impunidad de quien están en el poder, una concepción depravada que mantiene las instituciones del Estado lejos del pueblo y corrompe al gobierno con la complicidad de las direcciones autoritarias y corruptas de grupos “sumergidos”, como la mafia.

El hecho de sentirme herida, insultada, que no quiero aceptar ciegamente lo que la autoridad me obliga a vivir, eso es probablemente lo que me llevó a Honduras a defender los derechos humanos de otra Resistencia, en un país tan alejado geográficamente de Europa, pero tan cerca de aquéllos que quieren reclamar y exigir que paguen los culpables asesinos de una democracia violada.

Carlo Giuliani está muerto porque dijo NO a un oficial de policía que apuntó con una pistola contra la multitud desarmada, protestaba contra el sistema capitalista e imperialista que está aplastando al género humano, porque de ninguna manera acepta la crítica.

Este año el Comité “Piazza Carlo Giuliani”, para no olvidar, organizó muchas actividades, y éste ha sido un mes de julio de debates, demostraciones, libros y una exposición con el nombre contundente: “Cassandra”, organizada con el “Progetto Comunicazione” de Milán.

En el sitio web de la asociación de Milán, se lee que el nombre de “Cassandra” rinde homenaje a la capacidad de analisis y de visión del movimiento contra el G8 en 2001, que se reunió después de un largo viaje a Génova para desarrollar una agenda alternativa a la de la Cumbre. La contra-cumbre fue brutalmente reprimida, en una de las peores páginas de nuestra democracia, pero su lectura de los derechos económicos, éticos y geopolíticos resultó extraordinariamente lúcida, y sus predicciones se han cumplido históricamente.

Esta exposición se basa en la historia de diez años, desde el primer Foro Social Mundial en Porto Alegre hasta la revuelta en el Magreb. Una exposición emocional, no de compilación, no pretende ser completa, con una amplia gama de acontecimientos y temas emblemáticos, contados por las fotografías de reportajes, vídeos, datos y textos cortos.

La exposición incluye una sección de la historia, una sección sobre los sucesos de Génova y cuatro temas principales: guerra-represión, economía-trabajo, bienes comunes y sociedad.

Hablé con la madre de Carlo Giuliani, Haidi Gaggio, cuando vino a Cuba para asistir al Encuentro Internacional para la Liberación de los Cinco, porque ella es la presidenta del Comité Italiano por la Justicia para los Cinco.

“Estuve de acuerdo con ser presidenta del comité italiano, porque cuando estoy segura de que están cometiendo una injusticia, me vuelvo muy sensible. Y, por desgracia, contra los Cinco cubanos se cometieron innumerables injusticias, en el proceso, los malos tratos en las prisiones durante casi 13 años de agonía injusta, las prohibiciones de las visitas familiares, para algunos de ellos. Además, ¿qué podemos esperar de los EE.UU., cuando tienen una secretaria de Estado como Hillary Clinton que considera a Silvio Berlusconi como el gran amigo de los Estados Unidos? Cuando me enteré, me quedè sin habla, ¿cómo puede un hombre escuálido como Berlusconi, cómo se puede dar apoyo a un hombre que está tratando de quitarnos nuestra libertad de prensa, un hombre que quiere silenciar a los pocos periodistas valientes que tratan de gritar a un país totalmente dormido lo que realmente sucede en los cuartos oscuros del poder, para que el lodo pueda salir descubierto?”, me dice Haidi.

Sigue recordándome que aceptó la responsabilidad de ser presidenta del comité, porque quiere un grupo unitario, con personas diferentes y cada una con sus propias peculiaridades, pero el grupo de dirección debe ser una mezcla armoniosa, que produzca una denuncia que vaya tan lejos que moleste los oídos de Obama.

“Y no puede ser de otra manera, ante una tragedia tan grande, porque sería una pena si no se superaran los celos estúpidos y los conflictos de la competencia. Simplemente tenemos que dejar a un lado el interés propio, sabiendo que estamos delante de Cinco hombres íntegros a quienes con razón Cuba considera héroes”.

Haidi tiene un amor especial por Cuba, me dijo que no está acostumbrada a llorar en público en Italia, pero cuando pone un pie en esta tierra caribeña se llena de emoción, las lágrimas salen solas, porque siempre piensa que Cuba ha abierto sus brazos a Carlo, le dedicó un museo en Camagüey, a nombre de su hijo y de Jesús Suárez Gayol, joven combatiente internacionalista cubano que cayó con Ernesto Che Guevara en Bolivia.

“Para mí fue un regalo invaluable, es demasiado comparar mi Carlo a un héroe caído, con el gran argentino revolucionario... Pero Cuba lo hizo, sólo porque piensa que siempre debemos recordar el sacrificio de los jóvenes que deseen obtener un mundo más justo. ¿E Italia? Después de la muerte de mi hijo sólo ha sido capaz de darme sentencias totalmente inútiles porque nunca llevan los verdaderos culpables a la cárcel”, me dijo Haidi con amargura, mientras la estaba abrazando, con un nudo en la garganta y una rabia impotente que corría por mis venas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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