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martes, 31 de julio de 2012

Guerra de mentiras


Por Robert Fisk *

¿Se habrá visto en Medio Oriente una guerra en la que impere semejante hipocresía? ¿Una guerra de tal cobardía, moralidad malvada, con tan falsa retórica y vergüenza pública? No hablo de las víctimas físicas de la tragedia en Siria. Me refiero a las mentiras y mendacidad de nuestros gobernantes y nuestra opinión pública –tanto en Oriente como en Occidente– en ambos casos dignas de risotadas: no son sino una horrible pantomima más propia de una sátira de Swift que de Tolstoi o Shakespeare.
Mientras Qatar y Arabia Saudita arman y financian a los rebeldes sirios para derrocar la dictadura alawita-baazista-chiíta de Bashar Al Assad, Washington no pronuncia ni una crítica contra estas naciones. El presidente Barack Obama y su secretaria de Estado Hillary Clinton dicen que quieren democracia para Siria, pero Qatar es una autocracia y Arabia Saudita está entre los más perniciosos califatos dictatoriales del mundo árabe. Los gobernantes de ambos estados heredan el poder de sus familias, igual que lo hizo Bashar, y Arabia Saudita es aliada de los opositores salafistas waabitas de Siria de la misma forma en que fue un ferviente defensor del talibán medieval durante las épocas oscurantistas de Afganistán.
Ciertamente, 15 de los 19 secuestradores y asesinos en masa del 11 de septiembre de 2001 eran sauditas, razón por la cual, desde luego, bombardeamos Afganistán. Los sauditas reprimen a su minoría chiíta de la misma forma en que hoy desean destruir a la minoría alawita-chiíta de Siria. ¿Y así creemos que Arabia Saudita quiere democracia para Siria?
Después tenemos al Hezbolá chiíta, milicia-partido en Líbano, mano derecha chiíta de Irán y simpatizante del régimen de Al Assad. Durante 30 años Hezbolá ha defendido a los chiítas oprimidos del sur de Líbano contra las agresiones de Israel. Se han presentado como defensores de los derechos de los palestinos en Cisjordania y Gaza, pero ahora que enfrentan el lento colapso de su inescrupuloso aliado en Siria les robaron la lengua. Ni ellos ni su principesco líder, Sayed Hassan Nasrallah, han dicho palabra sobre las violaciones y asesinatos masivos de sirios a manos de los soldados de Bashar y la milicia shabiha.
Tenemos también a los héroes de Estados Unidos: la Clinton; el secretario de Defensa, Leon Panetta, y el mismo Obama. Clinton lanzó una enérgica advertencia a Assad. Panetta, el mismo que mintió repetidamente a las últimas fuerzas estadounidenses en Irak con el viejo cuento sobre el nexo entre Saddam y el 11-S, anuncia que las cosas se precipitan y están fuera de control en Siria. Esta ha sido la situación durante al menos seis meses. ¿Recién se está dando cuenta? Obama dijo la semana pasada que, dado el arsenal de armas nucleares que tiene el régimen, seguiremos dejándole claro a Assad que el mundo lo está observando.
Ahora bien, ¿no fue un periodicucho llamado El Aguila Siberiana el que, temeroso de lo que Rusia pudiera hacer en China, declaró que estaba observando al zar de Rusia? Ahora llegó el turno de Obama de enfatizar la ínfima influencia que él tiene en los conflictos del mundo. Bashar Al Assad debe estar temblando de terror dentro de sus botas.
¿En realidad querrá la administración estadounidense abrir los archivos de las atrocidades de Al Assad para verlos a plena luz? Hace pocos años el gobierno de Bush enviaba musulmanes a Damasco para que los torturadores de Bashar Al Assad les arrancaran las uñas con el fin de obtener información, y los mantenía presos por pedido de Washington en el mismo agujero infernal que los rebeldes hicieron volar en pedazos la semana pasada. Las embajadas occidentales, con mucho rigor, enviaban a estos torturadores preguntas para hacer en los interrogatorios a las víctimas. Assad, ustedes saben, era nuestro bebé.
Está además esa nación vecina que nos debe tanta gratitud: Irak. La semana pasada se perpetraron en un día 29 ataques con bomba en 19 ciudades, con un saldo de 111 civiles muertos y 235 heridos. El mismo día, el baño de sangre sirio se consumó con más o menos el mismo número de bajas inocentes. Pero Irak ya está muy abajo, en la plana en que se da prioridad a Siria; bajo el doblez, como decimos los periodistas, porque, desde luego, le dimos su libertad a Irak. Una democracia jeffersoniana, etcétera, etcétera. ¿No es cierto? Así que esta matanza ocurrida al este de Siria no tuvo mucho impacto, ¿verdad? Nada de lo que hicimos en 2003 tiene que ver con el actual sufrimiento en Irak, ¿correcto?
En el siguiente rubro nos incluyo a nosotros, los amados progresistas que velozmente atiborramos las calles de Londres para protestar por las matanzas israelíes de palestinos, con mucha razón, por supuesto. Cuando nuestros líderes políticos se complacen en condenar a los árabes por sus salvajadas, pero son demasiado tímidos para decir una palabra de tibia crítica cuando el ejército israelí comete crímenes contra la humanidad, o bien observa cómo sus aliados hacen lo mismo en Líbano, la gente común debe recordar al mundo que no son tan cobardes como sus políticos. Pero cuando el conteo de muertes en Siria alcance 15 mil o 19 mil, tal vez 14 veces el número de fatalidades resultantes del feroz ataque de Israel contra Gaza en 2008 y 2009, con la salvedad de los sirios expatriados, apenas un solo manifestante sale a la calle a condenar estos crímenes contra la humanidad.
Todo este tiempo nos olvidamos de la gran verdad: que todo esto es un intento por aplastar a la dictadura siria, no por nuestro amor a los sirios ni por nuestro odio para nuestro otrora amigo Al Assad, ni por nuestra indignación contra Rusia, cuyo lugar en el templo dedicado a los hipócritas está claro cuando vemos cómo reacciona frente a todos los pequeños Stalingrados que hay por toda Siria.
No, todo esto tiene que ver con Irán y nuestro deseo de destruir a la república islámica y sus infernales planes nucleares –si es que existen–, lo cual no tiene nada que ver con los derechos humanos o con el derecho a la vida o la muerte de los bebés sirios. ¡Quelle horreur!



* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Qué intenciones tiene Irán?




Noam Chomsky
La Jornada


El número de enero-febrero de la revista Foreign Affairs ofrece un artículo de Matthew Kroenig titulado "Tiempo de atacar a Irán; por qué un ataque es la opción menos mala", junto con comentarios sobre otras formas de contener la amenaza iraní.
Los medios resonaron con advertencias sobre un posible ataque israelí contra Irán mientras Estados Unidos vacilaba, manteniendo abierta la opción de la agresión, con lo que sistemáticamente se viola la carta de Naciones Unidas, fundamento del derecho internacional.
Conforme aumentan las tensiones, los escalofriantes ecos de los preparativos para las guerras de Afganistán e Irak están en el aire. La febril retórica de la campaña de las elecciones primarias en Estados Unidos refuerza el resonar de los tambores de guerra.
Se le suelen atribuir a la "comunidad internacional" –nombre clave de los aliados de Estados Unidos– las preocupaciones por la "inminente amenaza" de Irán. Los pueblos del mundo, sin embargo, tienden a ver las cosas de otra manera.
Los países no alineados, movimiento de 120 naciones, han apoyado vigorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio, opinión que compartían la mayoría de los estadunidenses (encuestados por WorldPublicOpinion.org) antes de la inmensa ofensiva propagandística lanzada hace dos años.
China y Rusia se oponen a la política de Estados Unidos en Irán, como también India, que anunció que no acataría las sanciones estadunidenses y aumentaría el volumen de su comercio con Irán. Turquía ha seguido una línea similar.
Los europeos consideran a Israel como la mayor amenaza a la paz mundial. En el mundo árabe, Irán no es del agrado de nadie pero sólo una minoría muy pequeña lo considera una amenaza. Más bien, se calcula que Israel y Estados Unidos son las amenazas preminentes. La mayoría piensa que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. En Egipto, en vísperas de la primavera árabe, 90 por ciento tenía esta opinión, de acuerdo con encuestas de la Institución Brookings y Zogby International.
Los comentaristas occidentales han hablado mucho de que los dictadores árabes supuestamente apoyan la posición estadunidense sobre Irán, mientras pasan por alto el hecho de que la gran mayoría de la población está en contra, postura tan reveladora que no necesita comentarios.
En Estados Unidos, algunos observadores también han expresado desde hace tiempo sus preocupaciones por el arsenal nuclear de Israel. El general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos, declaró que las armas nucleares de Israel eran "peligrosas en extremo".
En una publicación del ejército de Estados Unidos, el teniente coronel Warner Farr advirtió que “un objetivo de las armas nucleares israelíes, que no suele decirse pero que es obvio, es ‘utilizarlas’ en Estados Unidos”, presuntamente para asegurar un apoyo continuo de Washington a las políticas israelíes.
Una preocupación primordial en estos momentos es que Israel trate de provocar alguna acción de Irán, que a su vez incitara un ataque de Estados Unidos.
Uno de los principales analistas estratégicos de Israel, Zeev Maoz, en "Defensa de Tierra Santa", un análisis exhaustivo de la política de seguridad y exterior de Israel, llega a la conclusión de que "el saldo de la política nuclear de Israel es decididamente negativo", dañino para la seguridad del Estado. Él más bien insta a Israel a buscar un tratado regional de proscripción de armas de destrucción masiva y crear una zona libre de ellas, como lo pedía ya en 1974 una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas.
En tanto, las sanciones de Occidente contra irán ya están teniendo los efectos acostumbrados, causando escasez de alimentos básicos, no para el clero gobernante sino para la población. No es de extrañar que la valerosa oposición iraní también condene las sanciones.
Las sanciones contra Irán podrían tener el mismo efecto que sus predecesoras contra Irak, que fueron condenadas por "genocidas" por los respetables diplomáticos de Naciones Unidas que las administraban y que finalmente renunciaron como una forma de protesta.
En Irak, las sanciones devastaron a la población y reforzaron a Saddam Hussein, con lo que probablemente le evitaron la suerte corrida por la galería de otros tiranos apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña, dictadores que prosperaron prácticamente hasta el día en que varias revueltas internas los derrocaron.
Existe una discusión poco creíble sobre lo que constituye exactamente la amenaza iraní, aunque tenemos una respuesta autorizada, proporcionada por las fuerzas armadas y los servicios secretos de Estados Unidos. Sus presentaciones ante el Congreso han dejado en claro que Irán no representa ninguna amenaza militar.
Irán tiene una capacidad muy limitada de desplegar sus fuerzas y su doctrina estratégica es defensiva, destinada a disuadir una invasión el tiempo necesario para que la diplomacia haga sentir sus efectos. Si Irán está desarrollando armas nucleares (lo cual todavía no está determinado), eso sería parte de su estrategia de disuasión.
El concepto que tienen los analistas israelíes y estadunidenses serios es expresado claramente por Bruce Riedel, veterano con 30 años de antigüedad en la CIA, quien en enero declaró que "si yo fuera un asesor de seguridad nacional iraní, querría tener armas nucleares" como factor de disuasión.
Otra acusación que Occidente presenta contra Irán es que la república islámica está tratando de ampliar su influencia en los países vecinos, atacados y ocupados por Estados Unidos y Gran Bretaña, y que apoya la resistencia a la agresión israelí en Líbano y a la ocupación ilegal de territorios palestinos, que cuentan con el apoyo de Estados Unidos. Al igual que su estrategia de disuasión de posibles actos de violencia por parte de países occidentales, se dice que las acciones de Irán son amenazas intolerables para el "orden global".
La opinión mundial concuerda con Maoz. Es abrumador el apoyo a la idea de establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente. Esa zona abarcaría Irán, Israel y, de preferencia, a esas otras dos potencias nucleares que se han negado a ingresar en el tratado de no proliferación nuclear, Pakistán e India, países que, al igual que Israel, desarrollaron sus respectivos programas con ayuda estadunidense.
El apoyo a esta política en la conferencia de revisión del tratado de no proliferación nuclear, en mayo de 2010, fue tan fuerte que Washington se vio obligado a aceptarla formalmente, pero con condiciones: la zona no entraría en efecto antes de lograr un arreglo de paz entre Israel y sus vecinos árabes; el programa de armas nucleares de Israel estaría exento de las inspecciones internacionales; y ningún país (entiéndase Estados Unidos) podría ser obligado a proporcionar información sobre "las instalaciones y las actividades nucleares israelíes, ni información relativa a transferencias anteriores de tecnología nuclear a Israel".
En la conferencia de 2010 se convocó a una sesión para mayo de 2012, para avanzar en el establecimiento de la zona libre de armas de destrucción masiva en Medio Oriente.
Sin embargo, con toda la alharaca en torno de Irán, hay muy poca atención a esa opción, que sería la forma más constructiva de manejar las amenazas nucleares en la región: para la "comunidad internacional", la amenaza de que Irán alcance la capacidad nuclear; para la mayor parte del mundo, la amenaza planteada por el único Estado de la región que tiene armas nucleares y un largo historial de agresiones y la superpotencia que lo patrocina.
No se puede encontrar ninguna mención al hecho de que Estados Unidos y Gran Bretaña tienen una responsabilidad única de dedicar sus esfuerzos a esa meta. Al tratar de darle una tenue cobertura legal a su invasión de Irak, esos países invocaron la resolución 687 de Naciones Unidas (1991), diciendo que Irak la estaba violando por construir armas de destrucción masiva.
Podemos pasar por alto esa declaración, pero no el hecho de que la resolución explícitamente compromete a los países signatarios a establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente.

Noam Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Massachusetts. El libro más reciente de Noam Chomsky es Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance, recopilación de sus artículos para The New York Times Syndicate.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/03/03/opinion/026a1mun

martes, 28 de febrero de 2012

Siria, los medios alternativos y las verdades propagandísticas

Santiago Alba Rico

Rebelión

Hace unos días en La Habana tuve el privilegio de escuchar a Fidel recordando los principios que han sostenido a la revolución cubana durante cinco décadas contra el acoso de los EEUU y de sus socios europeos: los valores éticos, el internacionalismo humanitario, la defensa de los derechos humanos. “Estamos en contra de todos los crímenes y todas las formas de represión”, dijo el Comandante. “Hemos resistido porque tenemos fundamentos morales; un gobierno corrupto y represor no habría durado nada”; y a continuación recordó que en la lucha mediática los anti-imperialistas debíamos fajarnos “con la verdad en la mano”.
Apoyándome en sus palabras, me atreví a intervenir para hacer un doble llamamiento a los intelectuales que participaban en este encuentro con el líder cubano: el de escuchar con más atención y compromiso a los pueblos árabes en sus demandas de libertad y el de extremar el rigor en la denuncia de las manipulaciones de los medios hegemónicos. Parafraseando al filósofo Pascal, insistía yo en que estos medios son tanto más mentirosos cuanto que no mienten siempre, lo que convierte el trabajo de deconstrucción anti-imperialista en una labor tan sutil y minuciosa como lo es la de la construcción imperialista. El peligro de no comprender la formidable sutileza de los medios (ni sus gruesas inercias de promiscuidad desnudamente comercial) es el de acabar creyendo que la verdad se alcanzaría mediante la pura inversión mecánica de las noticias publicadas en la prensa convencional, simplificación que puede llevar muy fácilmente a delirios igualmente intoxicadores, como lo son, por ejemplo, los que pretenden -según he escuchado o leído en los medios llamados alternativos- que la OTAN habría arrojado “una bomba atómica de baja intensidad” en Beni Walid, matando en pocos minutos “a todos los miembros de la tribu Warfala”, o que 12000 soldados estadounidenses estarían “controlando los pozos y las ciudades de Libia”.
Un prejuicio largamente asentado en la experiencia me lleva a desconfiar de TVE. Pero me inquieta, y mucho, que no podamos encontrar otra manera de denunciar su tendenciosidad que recurriendo al mismo expediente tendencioso. Este es el caso, por ejemplo, de un comunicado difundido por la Plataforma “No a la guerra imperialista” (y reproducido en la sección Mentiras y Medios de Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144547&titular=comunicado-de-protesta-por-la-emisi%F3n-del-reportaje-%22siria-la-lucha-sin-fin%22-en-tve-) en el que se analiza un documental sobre Siria que la televisión pública española emitió el sábado 4 de febrero. No he visto el programa en cuestión y doy por supuesta la doble y mala intención de sus responsables, pero lamentablemente del comunicado de denuncia lo único que se puede deducir es la falta de rigor de los denunciantes mismos, los cuales incurren, una por una, en todas las manipulaciones que reprochan al antagonista.
Veamos. El comunicado, tras anunciar su propósito de poner al descubierto la “tendenciosidad” del reportaje, afirma como primera prueba que en él “se daba por supuesta la naturaleza antidemocrática del Gobierno sirio”. En esa suposición es difícil localizar otra cosa que una “tendencia” a decir la verdad; y en la denuncia otra cosa que una “tendencia” a ocultarla. Es una de las manipulaciones más frecuentes y más burdas utilizadas por nuestros medios hegemónicos y no deberíamos usarla nunca nosotros, por muy justa que nos parezca la causa. Si “acusamos” a alguien de sostener que la nieve es blanca generamos la ilusión de que no lo es. ¿Es honesto sugerir que el régimen de Bachar Al-Assad es democrático? ¿Nos conviene por algún motivo negar que es tan dictatorial, y por los mismos motivos, como lo fue el de Pinochet en Chile, el de Marcos en Filipinas o el de los Somoza en Nicaragua? No es honesto y no creo que nos convenga. Y sin embargo, es ese modelo de manipulación el que desarrolla sistemáticamente el comunicado. Rechaza como un escandaloso disparate -y un disparate aceptado como tal por todos- la descripción minuciosa, rigurosa, precisa, de la dictadura siria: TVE, dice, pretende “homologar al sistema político sirio con Monarquías o Dictaduras hereditarias o de partido único, impuestas mediante el miedo y la represión, y a partir de una ideología oficial de corte totalitario”. Pero es que eso es exactamente así. Bachar Al-Assad, actual presidente, heredó el cargo de su padre Hafez Al-Assad, militar del partido Baaz, quien alcanzó el poder en 1970 mediante un golpe de Estado. La constitución de 1973, por otro lado, consagra al partido Baaz como fuerza hegemónica indiscutible del país y, si es verdad que existen otros seis partidos legales, todos ellos forman parte del Frente Nacional Progresista, del que es presidente el propio Bachar Al-Assad, al que compete también nombrar los ministros, elegir a los jueces y dirigir el ejército. “Totalitario” es una palabra que no me gusta, pero si tiene que ver con la centralización total del poder, es difícil imaginar un poder más totalitario en el mundo que el del régimen sirio (sólo comparable, en efecto, a las teocracias del Golfo). En cuanto al “miedo y la represión”, también en este sentido la dictadura siria puede describirse como un sistema “totalitario”; en él un aparato policial omnipresente -con los tentáculos oscuros de los mukhabarat y los shabiha incrustados en el corazón mismo de la vida social- garantiza desde hace cuarenta años, mediante la represión y la tortura, la reproducción en el poder de unas cuantas familias que en los últimos años han liberalizado la economía en perjuicio de sectores cada vez más amplios de la población. Sobre la naturaleza del régimen sirio y las causas económicas, sociales y políticas de la revuelta popular se puede encontrar abundante y rigurosa documentación en la página en árabe e inglés de Jadaliyya (http://syria.jadaliyya.com/pages/index); en relación con la tortura, si no nos fiamos de la ONU o de Amnistía Internacional, a los que citamos en cambio para España o para la Libia post-Gadafi sin empacho, acudamos a nuestros propios medios, que han denunciado a menudo las llamadas “entregas extraordinarias” de la CIA a terceros países, entre ellos la Siria de Al-Assad, donde presuntos miembros de Al-Qaeda han sido sometidos a torturas durante años. El caso angustioso del inocente Maher Arar lo contaba, por ejemplo, Democracy Now en noviembre del año 2009 (http://www.democracynow.org/es/blog/2009/11/5/la_lgica_de_la_tortura_sigue_en_pie).
El comunicado de “No a la guerra imperialista” (consigna a la que hay que sumarse sin ambigüedades) recurre a continuación a otro típico procedimiento manipulador: el de denunciar el silencio sobre cosas que no existen y que cobrarían existencia así a la sombra de esta denuncia. TVE -dice el comunicado- no hace “ninguna referencia a las elecciones presidenciales por las cuales ha sido elegido el actual Presidente sirio, ninguna referencia a la libertad de prensa, o al laicismo en la educación y demás esferas de la vida pública, ninguna referencia a la igualdad entre hombres y mujeres en la legislación siria, o a la constitución de una Asamblea Popular con representación multipartidista”. Tampoco hace referencia -añado yo- a la existencia de caballos voladores ni de volcanes de chantilly. Seamos serios. No podemos denunciar la hipocresía de TVE, que no dice nada de Arabia Saudí y de Qatar, e incurrir en el mismo doble rasero olvidando, por ejemplo, los casos de Túnez y Egipto. Del “multipartidismo” en Siria ya hemos hablado, pero conviene recordar que también Ben Ali y Moubarak cooptaron o consintieron otros partidos (algunos de ellos incluso “socialistas”) sin que nadie haya dudado por ello de la “naturaleza antidemocrática” de sus regímenes ni de la primacía escandalosa del RCD y el PND. De la “elección presidencial” da casi rubor hablar: Bachar Al-Assad se reeligió a sí mismo en referendum en 2007 con el 97% de los votos; Moubarak, más modesto, se conformó en 2005 con el 88.5 %; y Ben Ali, en una verdadera demostración de espíritu democrático, admitió incluso otros dos candidatos en octubre de 2009, última vez que fue “elegido” con el 89,60% de los sufragios. No he escuchado a nadie de izquierdas conceder ninguna legitimidad a los mandatos de los dictadores tunecino y egipcio ni restar legitimidad a las revoluciones de sus pueblos. ¿En qué sentido sería más “auténtico” o “creíble” el apoyo “electoral” recibido por Bachar?
También la alusión a la “libertad de prensa” inspira un poco de angustia goebbelsiana tratándose de un país en el que los periodistas extranjeros tienen que entrar clandestinamente para intentar averiguar lo que allí pasa y en el que incluso se prohíbe la lectura desde el pasado mes de mayo de Al-Akhbar, un periódico libanés de izquierdas complaciente con Hizbullah, por hablar de las revueltas populares (muy recomendable el editorial de Ibrahim Al-Amin sobre la dimisión de Khaled Saghiya donde se cita la censura siria del periódico: http://www.al-akhbar.com/node/19445). En Siria hay bastante menos libertad de prensa que en el Egipto de Moubarak y la misma que en el Túnez de Ben Ali y nunca nadie de izquierdas se habría atrevido a negar el sofocamiento mediático de los egipcios y los tunecinos. ¿Por qué nos burlamos de los sirios?
En cuanto al laicismo del régimen de Al-Assad, también la constitución tunecina lo era e incluso en mayor medida que la siria, y nadie de izquierdas se atrevió nunca a dudar por ello de la “naturaleza antidemocrática” de Ben Ali y sus secuaces. ¿Por qué nos parece distinto en el caso de Bachar? Recordaré, por lo demás, que la constitución siria todavía en vigor sólo permite ser presidente a un “musulmán” (en un país en el que, al contrario que en Túnez, hay muchos cristianos) y que su artículo 3 dice literalmente: "el derecho islámico es una fuente principal junto a los tribunales basados en la sharia". En las manifestaciones pro-régimen, así como en los carteles de apoyo al dictador, la consigna más difundida es la que proclama “Dios, Siria, Bachar y nada más”.
Lo mismo vale para la “igualdad entre el hombre y la mujer”. Además de relativizar los grandes logros del régimen en este tema (http://mujerdelmediterraneo.blogspot.com/2012/01/siria-2011-discriminacion-y-violencia.html), conviene recordar que fueron las potencias occidentales las que sostuvieron a Ben Ali invocando este mismo pretexto. No hagamos lo mismo. Desde la izquierda apoyamos sin ninguna duda la lucha contra la dictadura tunecina a pesar de su avanzadísimo Código de Estatuto Personal; y a nadie de izquierdas se le habría ocurrido reivindicar la invasión de Afganistán porque pretendía liberar a las mujeres del yugo talibán. No hay dictaduras anti-imperialistas y no hay dictaduras feministas. Si una invasión imperialista es una dictadura exterior, una dictadura es una forma de imperialismo interior. Hombres y mujeres son iguales en Siria porque la dictadura de Bachar las sojuzga por igual, como lo demuestra el gran número de mujeres que se ha sumado al movimiento popular, incluso en condición de dirigentes (Souheir Al Atassi, Razan Zeitouneh, Nahed Badawiyeh, las alauitas Fadwa Soleiman y Samar Yazbek, Bassma Qodmani, Afra Jalabi, Dima Moussa).
El comunicado se refiere a continuación a las “reformas” y “amnistías” aprobadas por Bachar Al-Asad y de las que TVE tampoco habría hablado. Sería muy bueno, en aras de la paz y a fin de evitar una tragedia mayor, que el gobierno las aplicara y que satisficieran las demandas de los ciudadanos, pero tampoco indican nada acerca del régimen dictatorial, salvo que en efecto lo es. Las mismas promesas, con muchos menos muertos a sus espaldas, fueron hechas por Moubarak y Ben Ali y todos nos felicitamos entonces de la dignidad con que los tunecinos y egipcios las rechazaron para continuar luchando hasta el derrocamiento de los dictadores. Incluso en el caso de Marruecos, donde las protestas provocaron apenas una decena de víctimas, la izquierda ha denunciado la maniobra de Mohamed VI, su reforma constitucional galopada en diez días y la falsa legitimidad que ha obtenido de ella; y ha apoyado sin vacilaciones el boycot del movimiento 20-F a la convocatoria electoral. Sin duda sectores de la oposición siria en el exilio vinculados al CNS rechazan toda reforma y todo diálogo porque quieren precipitar una intervención exterior, pero eso ni ilumina favorablemente esas reformas tardías que van acompañadas de un aumento de la represión ni deslegitima a los revolucionarios que se niegan a aceptarlas por una combinación de justificada desconfianza y valerosa dignidad.
Finalmente el comunicado reprocha al documental “alejarse completamente del rigor periodístico y de la contrastación de fuentes”. Es posible que así sea y comprendo la alergia frente a El País y el CNS y las reservas frente a Amnistía Internacional. Lo que me preocupa es que esa acusación y la versión de la Siria “democrática” que trata de dibujar la denuncia no se sostenga, a su vez, en ningún dato ni fuente contrastada, salvo en la superstición de que si El País dice algo es cierto lo contrario. Y, por supuesto, según queda de manifiesto, en la agencia oficial SANA, en el canal sirio Dunia y en el iraní Press-TV, fuentes interesadas de regímenes dictatoriales frente a las que deberíamos mostrar cuando menos el mismo espíritu crítico y el mismo escepticismo que frente a The New York Times o El Mundo. En vez de eso, las replican -las repican- los medios llamados alternativos que habían nacido precisamente como voz anticipada de otro mundo posible.
Una de las particularidades de la verdad es que se puede hacer también un uso propagandístico de ella y estoy seguro de que TVE así lo ha hecho. Son muchos los medios dedicados en estos días a justificar, a partir de esta verdad degradada o tuneada, una intervención militar, aún no decidida, que sería una catástrofe para Siria y para toda la región, sobre todo para los que luchan desde dentro por la liberación de un yugo terrible y que podrían verse sometidos, como recuerda Bassam Haddad, a un yugo peor: “apoyar la desaparición del régimen sirio por todos los medios, incluida la intervención militar externa, es tremendamente insensato, especialmente si el objetivo es salvar vidas sirias o crear el marco para una vía de autodeterminación post-régimen” (http://rebelion.org/noticia.php?id=143492). El empecinamiento criminal del régimen sirio ha llevado, tras meses de manifestaciones pacíficas, a una situación de militarización y pre-guerra civil en la que el país es objeto de una multilateral pugna inter-imperialista, con siete u ocho potencias y subpotencias con intereses en la región y con proyectos más o menos independientes tratando de explotar en su favor la tensión y el caos crecientes. El derecho de los pueblos a la autodeterminación frente al imperialismo interior no debe hacernos olvidar la dictadura global exterior que los amenaza. Las teocracias del Golfo y la OTAN, indiferentes a la suerte de los palestinos, los bahreiníes o los colombianos; los EEUU de los 70 vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU y el millón de muertos en Iraq; las potencias occidentales que no dudan en sacrificar a sus propios pueblos en Europa y EEUU sólo pueden agravar la suerte ya trágica de Siria. Nuestra solidaridad con su pueblo rebelde incluye necesariamente nuestra inquebrantable oposición a todos los que tratan de impedir la decisión soberana sobre su propio destino.
Esta innegable realidad, en todo caso, no nos autoriza a separarnos de nuestros principios creyendo que sin ellos lucharemos mejor. Frente a la verdad rebajada a propaganda, es necesario denunciar enérgicamente la hipocresía y señalar con vigor qué cajas puede descerrajar y qué fosas puede abrir, pero ninguna manipulación por nuestra parte -ninguna propaganda invertida- podrá impedir la intervención en Siria, si es que está ya decidida, y aún menos dignificar la causa de los que nos oponemos a ella.
El caso del comunicado no es más que una gota en un aguacero. Lamentablemente, algunos sectores de la izquierda consideran que imperialismo y anti-imperialismo son solo dos formas diferentes y enfrentadas de mentir y dominar al otro. No es así: ninguna mentira puede ayudar a fabricar hombres sinceros y ninguna dictadura puede ayudar a construir hombres libres. El papel geo-estratégico de Siria en el eje de resistencia antisionista junto a Irán y Hizbulá no puede justificar ni la manipulación de los discursos ni la humillación dictatorial de un pueblo que alza la voz, y por los mismos motivos, junto a Túnez, Egipto, Libia, Bahrein y Yemen. Sólo la verdad y la justicia social son realmente anti-imperialistas.
Los tiempos cambian; son, como decía Fidel, “enteramente nuevos”. Para invadir Iraq hacía falta mentir -la patraña de las armas de destrucción masiva- y frente a las mentiras de EEUU y la UE los anti-imperialistas nos defendíamos diciendo la verdad, gracias a la cual se debilitaron los medios capitalistas y se robustecieron los nuestros. El problema es que para intervenir en Siria -si finalmente ocurre- habrá bastado con decir, y degradar, la verdad: que hay allí una dictadura feroz y que una parte del pueblo se ha levantado contra ella. ¿Nuestra defensa será entonces la mentira? Si no se nos ocurre ningún otro recurso, entonces es seguro que vamos a perder no sólo esta batalla sino también todas las venideras.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 23 de febrero de 2012

Noam Chomsky: “Israel es la amenaza más importante para la seguridad mundial”

LibreRed
El lingüista y analista político norteamericano Noam Chomsky ha criticado las alegaciones de EEUU sobre el programa energético de carácter nuclear de Irán, a la vez que ha calificado a Israel como “la amenaza más importante para la seguridad mundial”.
En un artículo publicado el miércoles en el diario británico The Guardian, Chomsky ha enfatizado que la doctrina estratégica de Irán es defensiva y ha sido diseñada para disuadir cualquiera invasión contra su integridad territorial.
En este sentido, el famoso escritor ha puesto de relieve que pese a las propagandas anti-iraníes lanzadas por los políticos occidentales, los resultados de las encuestas realizadas en Europa demuestran que los encuestados consideran a Israel como una amenaza para la paz del Oriente Medio y el Norte de África.
“Antes de las masivas campañas propagandísticas de los últimos años en EEUU, la mayoría de los ciudadanos [estadounidenses], como la mayoría de las naciones del mundo, creían que Irán, en calidad del signatario del Tratado de No Proliferación (TNP), tiene el derecho de llevar a cabo el enriquecimiento de uranio, e incluso, hoy en día, una gran mayoría [del pueblo del mundo] enfatiza en las soluciones pacíficas para el programa nuclear de Irán”, ha subrayado.
De acuerdo con el politólogo norteamericano, Washington y Tel Aviv han extendido una ola de “Iranofobia”, puesto que temen la extensión de la influencia del país persa en la región, especialmente, en sus vecinos como Irak y Afganistán.
EEUU, Israel (poseedor de unas 200 ojivas nucleares) y algunos de sus aliados acusan a Irán de intentar desarrollar tecnología nuclear con fines militares y utilizan este pretexto para que impongan sanciones internacionales y unilaterales contra el país persa.
Por su parte, Irán, en calidad de Estado miembro de la AIEA y signatario del TNP, además de rechazar de forma rotunda tales acusaciones,defiende su derecho soberano a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos.



Fuente: http://www.librered.net/?p=15628

miércoles, 8 de febrero de 2012

El gran ayatolá de la amenaza nuclear

El gran ayatolá de la amenaza nuclear


William Blum

Znet

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Oh Señor todopoderoso, gerifalte de las amenazas. Gran ayatolá de la amenaza nuclear.

Como todos sabemos de sobra, EE.UU. e Israel odian la idea de que Irán posea armas nucleares. Ser “la única potencia nuclear en Medio Oriente” es una gran carta en manos de Israel. Pero –en el mundo real, no el de la propaganda–, ¿teme realmente USrael un ataque de un Irán con armas nucleares? En caso que lo hayáis olvidado…

En 2007, en una discusión privada, la ex ministra de exteriores israelí Tzipi Livni dijo que a su juicio “las armas nucleares iraníes no plantean una amenaza existencial para Israel”. “También criticó el uso exagerado que el primer ministro [israelí] Ehud Olmert hacía del asuntro de la bomba iraní, y afirmó que intenta unir al público a su alrededor abusando de sus temores más básicos” [1].

2009: “Un alto funcionario israelí en Washington” afirmó que “es poco probable que Irán utilice sus misiles en un ataque [contra Israel] ante la seguridad de represalias” [2].

En 2010, el Sunday Times de Londres (10 de enero) informó de que el brigadier general Uzi Eilan, héroe de la guerra, pilar del establishment de la defensa israelí y ex director general de la Comisión de Energía Atómica de Israel, “cree que probablemente Irán necesitará siete años para hacer armas nucleares”.

A principios del mes oasado el secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, dijo a una audiencia en la televisión: “¿Está [Irán] tratando de desarrollar un arma nuclear? No, pero sabemos que trata de desarrollar una capacidad nuclear” [3].

Una semana después pudimos leer en el New York Times (15 de enero) que “tres destacados expertos israelíes de seguridad -el jefe del Mossad, Tamir Pardo, un ex jefe del Mossad, Efraim Halevy, y un ex jefe del estado mayor militar, Dan Halutz– declararon recientemente que un Irán nuclear no planteará una amenaza existencial para Israel”.

Unos días depués el ministro de Defensa israelí Ehud Barak, tuvo el siguiente diálogo en una entrevista en la Radio del Ejército Israelí (18 de enero):

Pregunta: ¿Considera Israel que Irán todavía no ha decidido convertir su potencial nuclear en armas de destrucción masiva?

Barak: Hay quien pregunta si Irán está decidido a salir ahora mismo del régimen de control [inspección]… en un intento de obtener armas nucleares o una instalación operable lo más pronto posible. Aparentemente no es así.

Finalmente tenemos al director de Inteligencia Nacional de EE.UU., James Clapper, en un informe al Congreso: “No sabemos, sin embargo, si Irán terminará por decidir a favor de la construcción de armas nucleares… Hay “ciertas cosas que [los iraníes] no han hecho” y serían necesarias para construir una ojiva [4].

Admisiones semejantes –y hay otras– nunca llegan a los titulares de los medios de masas estadounidenses; por cierto, se informa solo ligeramente; y a veces se distorsiona. En Public Broadcasting System (PBS News Hour, 9 de enero), la red no comercial muy apreciada por los ‘liberales’ estadounidenses, se informó de la cita de Panetta como sigue: “Pero sabemos que trata de desarrollar una capacidad nuclear, y es lo que nos preocupa”. Omitieron de modo flagrante las palabras precedentes: “¿Está tratando de desarrollar un arma nuclear? No…” [5]

Uno de los destacados historiadores militares de Israel, Martin van Creveld, fue entrevistado por la revista Playboy en junio de 2007

Playboy: ¿Puede vivir el mundo con un Irán nuclear?

Van Creveld: EE.UU. ha vivido con una Unión Soviética nuclear y una China nuclear, ¿por qué entonces no puede hacerlo con un Irán nuclear? He investigado como se opuso EE.UU. en el pasado a la proliferación y cada vez que un país estaba a punto de proliferar, EE.UU expresó su oposición en términos de que dicho páís era muy peligroso y no merecía tener armas nucleares. Los estadounidenses creen que son los únicos que merecen tener armas nucleares, porque son buenos y democráticos y les gustan la madre, la tarta de manzanas y la bandera. Pero los estadounidenses son los únicos que las han usado… No estamos en ningún peligro de que nos lancen una bomba nuclear iraní. Sin embargo, no lo podemos decir demasiado abiertamente, porque tenemos una historia de aprovechar cualquier amenaza para conseguir armas… gracias a la amenaza iraní, estamos obteniendo armas de EE.UU. y Alemania”.

Y durante todos estos años, regularmente, los funcionarios israelíes y estadounidenses nos han estado asegurando que Irán es la Amenaza Nuclear Número Uno del Mundo, que no podemos bajar la guardia frente a ellos, que no debe haber límites en las severas sancione que imponemos al pueblo iraní y a su gobierno. Los repetidos asesinatos e intentos de asesinato de científicos nucleares iraníes, el sabotaje de equipamiento nuclear iraní con virus informáticos, la venta de componentes y materias primas defectuosas, accidentes de aviación que no se explican, explosiones en instalaciones iraníes… ¿Quién puede ser responsable si no USrael? ¿Cómo lo sabemos? Se llama “puro sentido común”. ¿O pensáis que fue Costa Rica? ¿O tal vez Sudáfrica? ¿O tal vez Tailandia?

El secretario de Defensa Panetta comentó recientemente sobre uno de los asesinatos de un científico iraní. Lo dijo sucintamente: “No es lo que hace EE.UU.” [6].

¿Alguien conoce la dirección de correo electrónico de Leon Panetta? Quisiera enviarle mi lista de complots de asesinatos de EE.UU. Más de 50 dirigentes extranjeros fueron objeto durante los años, muchos con éxito [7].

No hace mucho, USrael consideraba a Iraq e Irán las amenazas más importantes a la hegemonía israelí en Medio Oriente. Por lo tanto nació el mito de las Armas de Destrucción Masiva de Iraq, y EE.UU. procedió a devastar Iraq. Solo quedó Irán, y por lo tanto nació el mito de la Amenaza Nuclear Iraní. Cuando se comenzó a comprender que en realidad Irán no era tal amenaza nuclear, o que costaba demasiado convencer al resto del mundo de esa “amenaza”, USrael decidió que, por lo menos, quería un cambio de régimen. El paso siguiente fue bloquear el cordón umbilical de Irán, sus ventas de petróleo utilizando el Estrecho de Ormuz. Ergo, los recientes refuerzos navales de EE.UU. y de la UE cerca del Golfo Pérsico, son un acto de guerra para provocar a Irán para que dispare el primer tiro. Si Irán trata de contrarrestar ese bloqueo sería la señal para otro caso demencial de EE.UU., el cuarto en una década, con los pueblos devastados de Libia y Afganistán, junto a Iraq, que gozan actualmente del singular obsequio estadounidense de libertad y democracia.

El 11 de enero, el Washington Post informó: “Aparte de influenciar directamente a los dirigentes iraníes, [un funcionario de la inteligencia de EE.UU.] dice que otra opción en este caso es que [las sanciones] crearán odio y descontento al nivel de la calle para que los dirigentes iraníes se den cuenta de que tienen que cambiar su modo de ser”.

¡Qué extremadamente encantadores, esas tácticas y objetivos del líder de “El Mundo Libre”! (¿Siguen utilizando esa expresión?)El pensamiento neoconservador (y a Barack Obama se le puede considerar un frecuente compañero de ruta de los neoconservadores) es aún más encantador que eso. Escuchad a Danielle Pletka, vicepresidente de estudios de política exterior y de defensa del think-tank neoconservador más destacado de EE.UU., American Enterprise Institute:

El mayor problema para EE.UU. no es que Irán obtenga un arma nuclear y la pruebe, es que Irán obtenga un arma nuclear y no la use. Porque desde el segundo en que la tengan y no hagan nada malo, todos los opositores volverán y dirán: ‘Veis, os dijimos que Irán es una potencia responsable. Os dijimos que Irán no buscaba armas nucleares a fin de utilizarlas de inmediato’ … Y terminarán por definir que Irán con armas nucleares no es un problema [8].

¿Cómo hemos de interpretar eso y todas las demás citas mencionadas? Pienso que tiene que ver con mi opinión original: Ser “la única potencia nuclear en Medio Oriente” es la gran carta en manos de Israel. ¿Está dispuesto USrael a ir a la guerra para conservar esa carta?

Por favor, dígamelo de nuevo… ¿De qué trata la guerra de Afganistán?

Cuando la guerra de EE.UU. en Iraq ha llegado supuestamente a una buena conclusión (o medio decente… o mejor que nada… o vámonos lo antes posible mientras todavía quedemos alguno entero y haya algunos iraquíes a los que no hayamos matado), los mejores y los más brillantes en nuestro gobierno y los medios vuelven sus pensamientos a qué hacer respecto a Afganistán. Parece que nadie logra recordar, si alguna vez lo supo, que Afganistán no tenía que ver realmente con el 11-S o con la lucha antiterrorista (excepto los numerosos motivos que EE.UU. ha creado mediante su invasión y ocupación) sino con los oleoductos.

El presidente Obama declaró en agosto de 2009: “Pero nunca debemos olvidar que esta no es una guerra por elección. Es una guerra de necesidad. Los que atacaron EE.UU. el 11-S están complotando para volver a hacerlo. Si no se controla, la insurgencia talibana será un refugio aún más grande desde el cual al Qaida conspirará para matar más estadounidenses” [9].

No importa que de las decenas de miles de personas que EE.UU. y su frente de la OTAN han matado en Afganistán ni a una sola se la haya podido relacionar con los sucesos del 11 de septiembre de 2001.

No importa que la “conspiración para atacar EE.UU.” en 2001 se preparase en Alemania y España y en EE.UU., más que en Afganistán. ¿Por qué no ha bombardeado EE.UU. esos países?

Por cierto, ¿qué se necesitaba realmente para conspirar a fin de comprar pasajes de avión y tomar lecciones de vuelo en EE.UU.? ¿Una habitación con algunas sillas? ¿Qué significa un refugio aún mayor? ¿Una habitación más grande con más sillas? ¿Tal vez una pizarra? Los terroristas que quieran atacar EE.UU. pueden reunirse en cualquier sitio y Afganistán es probablemente uno de los peores sitios para ellos, en vista de la ocupación estadounidense.

La única “necesidad” que atrajo a EE.UU. a Afganistán fue el deseo de establecer una presencia militar en ese país vecino de la región del Mar Caspio de Asia Central –que según las informaciones contiene las mayores reservas probadas de petróleo y gas natural del mundo– y de construir oleoductos y gasoductos desde esa región pasando por Afganistán.

Afganistán está bien situado para los conductos energéticos a fin de servir gran parte del sur de Asia, conductos que pueden evitar países que todavía no son clientes de Washington, Irán y Rusia. Si los talibanes no atacan esos conductos. Richard Boucher, Secretario Adjunto de Estado para Asuntos de Asia del Sur y Central, dijo en 2007: “Uno de nuestros objetivos es estabilizar Afganistán, a fin de que se pueda convertir en un conducto y un centro entre Asia del Sur y Central para que la energía pueda fluir hacia el sur” [10].

Desde los años ochenta se ha planificado todo tipo de conductos para el área que se han ido retrasando o cancelando por uno u otro problema militar, financiero o político. Por ejemplo, el denominado gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India) cuenta con fuerte apoyo en Washington, ansioso de bloquear un gasoducto competidor que llevaría gas a Pakistán e India desde Irán.

TAPI se remonta a fines de los años noventa, cuando el gobierno talibán mantuvo conversaciones con la compañía petrolera basada en California Unocal Corporation. Las negociaciones se llevaron a cabo con el pleno conocimiento del gobierno de Clinton, y no fueron afectadas por la extrema represión de la sociedad de los talibanes. Los funcionarios talibanes incluso viajaron a EE.UU. para mantener negociaciones [11]. Testificando ante el Subcomité de la Cámara sobre Asia y el Pacífico el 12 de febrero de 1998, el representante de Unocal mencionó la importancia del proyecto del gasoducto y las crecientes dificultades de la negociación con los talibanes:

Las reservas totales de petróleo de la región pueden llegar a más de 60.000 millones de barriles de petróleo. Algunos cálculos los ascienden a 200.000 millones de barriles… Desde el principio hemos dejado claro que la construcción del oleoducto que hemos propuesto pasando por Afganistán no podría comenzar hasta que haya un gobierno reconocido que tenga la confianza de gobiernos, dirigentes, y de nuestra compañía.

Cuando esas conversaciones se atascaron en julio de 2001 el gobierno de Bush amenazó a los talibanes con represalias militares si el gobierno no satisfacía las demandas estadounidenses. Las conversaciones finalmente se rompieron definitivamente el mes siguiente, un mes antes del 11-S.

EE.UU. se ha mostrado ciertamente serio respecto a las áreas de petróleo y gas del Mar Caspio y del Golfo Pérsico. Mediante una guerra u otra comenzando con la Guerra del Golfo de 1990-1991, EE.UU. ha logrado establecer bases militares en Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Catar, Omán, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajstán.

La guerra contra los talibanes no se puede "ganar" a menos que matemos a todos en Afganistán. EE.UU. puede tratar de volver a negociar alguna forma de seguridad del oleoducto con los talibanes, luego irse, y cantar “victoria”. Seguramente Barack Obama puede pronunciar un elocuente discurso de victoria desde su teleapuntador. Podría incluso incluir las palabras “libertad” y “democracia”, pero ciertamente no “oleoducto”.

Quiéreme, quiéreme, quiéreme, quiéreme, soy ‘liberal’ (Gracias, Phil Ochs. Te echamos de menos.)

Angela Davis, estrella de los años sesenta, como la mayoría de los miembros del Partido Comunista, no era/es más radical que el ‘liberal’ estadounidense promedio. Recientemente se dirigió a Ocupa Wall Street: “Cuando dije que necesitamos un tercer partido, un partido radical, estaba proyectando hacia el futuro. No podemos permitir que un republicano llegue a presidente... ¿No recordamos cómo fue cuando Bush era presidente?” [12].

Sí, Angela, recordamos esos días. ¿Cómo olvidarlos ya que Bush, según todos los estándares importantes, sigue en la Casa Blanca? ¿Librando su guerra perpetua, la vigilancia implacable de la ciudadanía, lamiendo el culo a las corporaciones, la brutalidad policial? … ¿Qué ha cambiado? Excepto para peor. ¿Dónde quedó nuestro seguro nacional de salud financiado por los impuestos y organizado por el gobierno? ¿Dónde está nuestra educación universitaria asequible? Todavía la más retrógrada en el mundo “desarrollado”. ¿Dónde está nuestra marihuana legalizada, quiero decir verdaderamente legalizada? Si piensas que eso ha cambiado, debes estar drogada. ¿Dónde quedó nuestro aborto voluntario? ¿Qué piensa de eso nuestro Barack? ¿Están rescatando del olvido a los sindicatos indispensables? ¡Ah! ¿El ultra-importante salario mínimo? Ajustado a la inflación, igual que el de mediados de los años cincuenta.

¿Ha cesado la amenaza estadounidense al medio ambiente y ha cesado el movimiento ecológico mundial? Ve a decírselo a un activista-internacionalista dedicado. ¿Ha terminado el embargo de 50 años contra Cuba? No ha terminado, y todavía no puedo ir allá legalmente. ¿La Guerra contra el Terror del estado policial en el interior? Apenas pasa un mes sin que el FBI atrape a algunos jóvenes “terroristas”. ¿Y hay más bánksteres y estafadores de la sociedad de Wall Street encarcelados (excepto algunos inofensivos traficantes con información confidencial)? Nómbrame a uno. ¿Las necesarias regulaciones realmente duras del área financiera? Sigue esperando. ¿Y están arrestando a los ejecutivos de la Compañía Derramadora de Petróleo BP? ¿O a criminales de guerra, asesinos masivos, y torturadores con nombres como… Oh, no sé… veamos, tal vez como Cheney o Bush o Rumsfeld o Wolfowitz o alguien con un nombre raro como Condoleezza? Todos andan completamente libres, todos vitoreados.

“Una importante decadencia de EE.UU. progresista ocurrió durante los años de Clinton mientras numerosos ‘liberales’ y sus organizaciones aceptaron la presencia de un presidente demócrata como sustituto adecuado para las cosas en las que solían creer los ‘liberales’. El ‘liberalismo’ y un espíritu socialdemócrata dolorosamente cultivado durante los 60 años anteriores se marchitaron durante el gobierno de Clinton”, Sam Smith [13].

“Un cambio de presidentees como un cambio en las campañas publicitarias de una gaseosa; el producto en sí no cambia de gusto, pero ahora tiene una nueva ‘imagen’, Richard K. Moore.



Notas

1. Haaretz.com (Israel), 25 de octubre de 2007; edición impresa 26 de octubre (?)
2. Washington Post, March 5, 2009?
3. "Face the Nation", CBS, January 8, 2012;
4. The Guardian (London), January 31, 2012"
5. "PBS's Dishonest Iran Edit", FAIR (Fairness and Accuracy in Reporting), January 10, 2012
6. Reuters, January 12, 2012
7. http://killinghope.org/bblum6/assass.htm
8. Video de Pletka haciendo estas observaciones.
9. Discurso pronunciado por el presidente en la Convención de Veteranos de Guerras en el Exterior, 17 de agosto de 2009.
10. Discurso en la Paul H. Nitze School for Advanced International Studies, Washington, DC, 20 de diciembre de 2007
11. Vea, por ejemplo, el artículo del 17 de diciembre de 1997 en el periódico británico The Telegraph, "Oil barons court Taliban in Texas".
12. Washington Post, January 15, 2012
13. Sam Smith fue mucho tiempo editor y periodista en Washington, DC, ahora vive en Maine.

William Blum es autor de Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Rogue State: a guide to the World’s Only Super Power y West-Bloc Dissident: a Cold War Political Memoir. Para contactos: BBlum6@aol.com

Fuente: Killinhope.org

Fuente: http://www.zcommunications.org/the-grand-ayatollah-of-nuclear-menace-by-william-blum

martes, 22 de noviembre de 2011

Revueltas árabes, pasadas y presentes

Joseph Massad
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

No se puede decir que los actuales desafíos populares a las dictaduras patrocinadas por Occidente sean algo nuevo en la historia árabe moderna. Hemos visto levantamientos semejantes contra el colonialismo en la región desde su inicio en Argelia en 1830 y en Egipto en 1882. Las rebeliones en Siria en los años veinte contra la dominación francesa y especialmente en Palestina de 1936 a 1939 contra el régimen colonial británico y el colonialismo de los asentamientos sionistas fueron masivas según estándares globales. Por cierto la rebelión palestina inspiró a otras en el mundo colonizado y siguió siendo una inspiración para los árabes durante el resto del siglo y más allá. La resistencia anticolonial que también se opuso a los regímenes árabes instalados por las potencias coloniales continuó en Jordania, Egipto, Iraq, Yemen del Norte y del Sur, Omán, Marruecos y Sudán. La masiva rebelión anticolonial en Argelia llevó finalmente a la independencia del colonialismo de asentamientos francés en 1962. La liberación de Argelia significó el fin de una de las dos colonias de asentamientos europeas en el mundo árabe, y solo quedaba una: Palestina. En el frente colonial territorial, gran parte del Golfo Arábigo siguió ocupado por los británicos hasta los años sesenta y principios de los setenta, y esperaba su liberación.

Después de la guerra de 1967

En medio de la melancolía dominante que afectó al mundo árabe después de la derrota en 1967 por las invasiones simultáneas por Israel de tres países árabes y la ocupación de sus territorios y de la totalidad de Palestina, el desafío de las guerrillas revolucionarias palestinas al poder colonial de Israel en la batalla de Karamah en marzo de 1968 renovó las esperanzas de decenas de millones de árabes y renovó la preocupación de las dictaduras neocoloniales árabes (a pesar del papel considerablemente exagerado de las hazañas de Arafat durante la batalla). La revolución palestina inspiró a muchos pero también coincidió con esfuerzos revolucionarios no solo en el Tercer Mundo en general sino también en los países árabes.
Las mejores noticias revolucionarias anticoloniales en el mundo árabe después de la derrota de 1967 provinieron de la Península Arábiga. En noviembre de 1967 los revolucionarios del Sud de Yemen infirieron una ignominiosa derrota a los británicos y liberaron su país del yugo de Gran Bretaña colonial, que había gobernado Adén desde 1838. Los yemeníes del Sur pronto fundaron la República Democrática Popular de Yemen, que duró 22 años antes de ser finalmente disuelta por Yemen del Norte y sus aliados saudíes.
En el vecino Omán, la continua lucha por liberar el país entró a una nueva etapa de guerra de guerrillas bajo el liderazgo del Frente Popular por la Liberación de Omán y del Golfo Arábigo (PFLOAG, por sus siglas en inglés), que se creó en septiembre de 1968 como resultado de la unificación de una serie de grupos guerrilleros omaníes que combatían contra el sultán Said bin Taymur apoyado por los británicos. El PFLOAG había liberado territorio en Dhofar desde el cual siguió lanzando sus ataques para liberar el resto del país. Por cierto, los movimientos de liberación nacional estuvieron activos en todo el Golfo, y también en Bahréin donde una continua lucha por la liberación nacional, un movimiento de trabajadores, activismo de estudiantes y de mujeres, se unieron todos contra el régimen colonial británico y sus sirvientes locales.

Represión

Pero la alianza estadounidense-británica-saudí-israelí estaba determinada a aplastar a todos los grupos revolucionarios que pudo derrotar y a cooptar a los que no pudo aplastar. El esfuerzo comenzó en el Golfo. Bahréin, que había sido el semillero de la agitación de trabajadores y anticolonial durante décadas, continuó su lucha contra la dominación británica y la familia gobernante bahreiní aliada con el colonialismo británico. Pero cuando los británicos fueron expulsados de Yemen del Sur y se mantuvo la amenaza contra su cliente omaní, trasfirieron su comando militar a Bahréin, un paso que fue seguido por una masiva inversión de capital británico en el país (así como en Dubai). Esos eventos, como era de esperar, produjeron más represión contra el pueblo bahreiní y su movimiento de liberación nacional. Por cierto, fue el contexto en el cual el Shah de Irán presentó sus reivindicaciones territoriales a Bahréin y amenazó con anexarlo a Irán como su “decimocuarta provincia”. Sus ambiciones territoriales solo fueron atemperadas por sus aliados occidentales y las Naciones Unidas en 1970, después de lo cual el Shah solo renunció a sus reivindicaciones a cambio de una masiva inversión de capital iraní en los pequeños Estados árabes emergentes del Golfo, incluidos los Emiratos Árabes Unidos. Occidente agradeció al Shah por su magnanimidad y siguió recompensándolo diplomática y políticamente.
En el frente jordano, el ejército del rey Hussein revertió los triunfos de las guerrillas palestinas y las derrotó en un masivo ataque en septiembre de 1970. Las guerrillas de la OLP fueron finalmente expulsadas por completo del país en julio de 1971. Sin embargo, las guerrillas de la OLP siguieron teniendo una fuerte base en el Líbano desde donde continuaron sus operaciones contra Israel y las dictaduras árabes.
En Sudán, el partido comunista se siguió fortaleciendo a fines de los años sesenta, hasta el golpe en 1969 de Ja'far al-Numeiri, quien inicialmente no pudo marginar totalmente a los comunistas y esperó hasta que fortaleció su régimen 1971 para hacerlo. Un intento de golpe contra su régimen autoritario fracasó. Como secuela, arrestó a miles de comunistas y ejecutó a todos los principales dirigentes del partido, destruyendo al mayor partido comunista en el mundo árabe. La dictadura de Numeiri continuó hasta 1985 y pronto la lucha democrática en su contra fracasó y llegó al poder en 1989 Omar al-Bashir, el candidato apoyado por los saudíes, quien siguió los pasos de Numeiri.
Solo el PFLOAG siguió avanzando al principio de los años setenta, y fue necesario un masivo esfuerzo por parte de la alianza estadounidense-británica-saudí-israelí para derrotarlo. El Shah de Irán y el rey jordano fueron subcontratados para hacerlo. Enviaron contingentes militares a Omán, y, apoyados por asesores británicos, finalmente lograron derrotar a las guerrillas y salvaguardar el trono para el sultán Qabus, hijo del sultán Said, quien derrocó a un padre en un golpe palaciego en 1970 organizado por los británicos. Con la derrota final de los revolucionarios omaníes en 1976, la OLP siguió siendo el único grupo revolucionario que sobrevivió el ataque junto a un pobre y débil Yemen del Sur, que fue finalmente tragado por Yemen del Norte apoyado por los saudíes en 1990.

Cooptación

Dinero saudí y de otros sitios en el Golfo fluyó a los cofres de la OLP para asegurar que el revolucionismo palestino, que fue parcialmente aplastado en Jordania, nunca volvería a apuntar sus armas contra otro régimen árabe. Por cierto, el dinero del Golfo convirtió a la OLP en un grupo de liberación financiado por los regímenes más reaccionarios del Tercer Mundo. El camino de Arafat a Oslo comenzó después de la guerra de 1973 y el masivo financiamiento que comenzó a recibir de todas las dictaduras árabes ricas en petróleo, de Gadafi a Sadam Hussein y todas las monarquías del Golfo. Lo que impulsó a los regímenes árabes a reconocer a la OLP en 1974 como único representante legítimo del pueblo palestino y fue el principal motivo por el cual apoyaron su reconocimiento por la ONU ese mismo año fue esa domesticación de la OLP. Por cierto la alianza reaccionaria de Arafat con dictadores árabes fue tal que algunos aparatos de inteligencia de la OLP comenzaron a compartir inteligencia sobre disidentes árabes con dictadores árabes, incluido el aparato de inteligencia de la OLP dirigido por Abu Za’im que entregó al disidente saudí Nasir Sa'id en diciembre de 1979 a los servicios de inteligencia saudíes a pedido del embajador saudí en el Líbano. Nunca se volvió a oír de Sa’id y se cree que fue muerto por las autoridades saudíes. En el frente diplomático y solidario, mientras el frente Polisario declaró la independencia del Sahara Occidental en 1976, Arafat se negó a reconocer ese Estado por respeto a su alianza con el rey Hassan II.

Los nuevos levantamientos

Como los grupos revolucionarios palestinos eran los únicos que no habían sido totalmente domesticados, en lo que respecta a EE.UU. y otras potencias imperiales, aunque habían sido suficientemente domesticados desde el punto de vista de los regímenes árabes, el nuevo desafío provino del propio pueblo palestino que se rebeló en 1987 contra sus ocupantes israelíes. Fue la segunda rebelión palestina importante en medio siglo, que muchos ven ahora como una inspiración para los actuales levantamientos en todo el mundo árabe, que tenían que ser aplastados. Los israelíes hicieron lo posible por aplastarla pero no lo lograron. La OLP se hizo cargo rápidamente para evitar que una nueva dirigencia palestina suplantara la autoridad de la OLP de representar a los palestinos. Cuando la OLP se hizo cargo de la intifada, israelíes y estadounidenses hicieron esfuerzos por cooptar finalmente a la OLP y neutralizar su potencial como problema para la política estadounidense e israelí en la región. En este contexto se firmó Oslo y la OLP fue totalmente transformada, de ser una amenaza para las dictaduras árabes, para su patrocinador imperial EE.UU., y para la amenaza israelí, a ser un agente de los tres, bajo el disfraz de una Autoridad Palestina, que ayudó a imponer la ocupación israelí en una coalición infame con dictadores del Golfo y EE.UU. Desde entonces, los fusiles de la OLP/AP solo apuntaron al pueblo palestino.
La actual alianza estadounidense-británica-saudí-israelí en la región sigue las mismas estrategias que se aplicaron a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, y continuó la estrategia que estableció con la OLP a principios de los noventa. Están aplastando los levantamientos que pueden aplastar y cooptan los que no pueden. Los esfuerzos por cooptar totalmente los levantamientos tunecino y egipcio han progresado considerablemente durante los últimos meses, aunque no han tenido éxito en el silenciamiento y desmovilización de la gente. Por otra parte, el levantamiento en Bahréin fue el primero en ser aplastado y los esfuerzos por aplastar a los yemeníes continúan sin respiro. En Libia y Siria el eje secuestró totalmente las revueltas y se hizo cargo de ellas. Mientras los sirios, como los libios antes que ellos, mantienen su valiente levantamiento contra el brutal régimen exigiendo democracia y justicia social, su búsqueda ya está condenada a menos que logren desalojar al eje estadounidense-británico-saudí-qatarí que se ha apoderado totalmente de su lucha, lo que es muy poco probable.

Los palestinos

Esto nos lleva a la escena palestina. El levantamiento palestino o intifada de 1987 fue la primera rebelión masiva de civiles desarmados que tuvo lugar en décadas. Después de la caída de la Unión Soviética y de la primera invasión de EE.UU. en el Golfo, EE.UU. decidió cooptar el levantamiento palestino otorgando beneficios políticos y financieros a una clase de burócratas de la OLP que procedieron a vender la lucha palestina. Por lo tanto Arafat neutralizó el levantamiento en Oslo en 1993 y procedió a beber y a cenar con dirigentes de Israel y EE.UU. mientras su pueblo permanecía bajo la ocupación.
Pero si los palestinos fueron un motivo de preocupación para los regímenes árabes después de 1968 para que no fueran a ayudar a la rebelión de otros árabes contra sus dictaduras, actualmente es la Autoridad Palestina (AP) la que está preocupada de que los levantamientos árabes puedan influenciar a los palestinos en Cisjordania para que se rebelen contra la AP, que mantiene su intensiva colaboración en la seguridad con la ocupación israelí y su patrocinador EE.UU. Por cierto, cuando los israelíes fallaron a fines de los años setenta en su esfuerzo por crear un cuerpo político de colaboradores palestinos a través de sus infames Ligas Aldeanas, la AP se convirtió, no en las nuevas “Ligas Urbanas” como fue apodada por muchos palestinos, sino en una verdadera Liga Nacional de colaboracionistas al servicio de la ocupación israelí. La reciente solicitud de la AP de reconocimiento de su Estado en la ONU y en la UNESCO es un intento de resolver el actual estancamiento de su inexistente “proceso de paz” y las pertinaces negociaciones con los israelíes antes que los palestinos se rebelen en su contra, especialmente en vista de los decrecientes dividendos para los beneficiarios del acuerdo de Oslo.
La AP enfrenta ciertamente dos caminos ante el colapso del así llamado “proceso de paz”: disolverse y cesar de tener el papel de agente de la ocupación; o continuar su colaboración atrincherándose aún más mediante el reconocimiento de instituciones internacionales para preservar su poder y los beneficios para sus miembros. Ha elegido la segunda opción con el disfraz de apoyar la independencia nacional palestina. Queda por ver en qué medida tendrá éxito en su intento de atrincheramiento, aunque su éxito o fracaso será calamitoso para el pueblo palestino que no obtendrá ninguna independencia del colonialismo de asentamientos israelí mientras la AP siga al mando.
Como he dicho anteriormente, el desacuerdo entre Israel, la AP y EE.UU. tiene que ver con los términos y el tamaño territorial de los bantustanes desconectados que recibirá la AP y la naturaleza y cantidad de poder represor y armas que su fuerza policial tendrá que utilizar contra el pueblo palestino, mientras se garantiza que nunca habrá una posibilidad de que esas armas sean utilizadas contra Israel. Si Israel muestra alguna flexibilidad al respecto, los bantustanes desconectados serán rápidamente reconocidos como “Estado palestino soberano” y ni un solo colono ilegal judío tendrá que renunciar a las tierras robadas a los palestinos y volver a Brooklyn, para nombrar un sitio común de origen de muchos colonos judíos. La AP trata de vender este arreglo a Israel y EE.UU. Sin él, la AP amenaza con que los cisjordanos podrían rebelase en su contra, lo que sería malo para Israel y EE.UU. Hasta ahora, ni EE.UU ni Israel lo han aceptado.

La lucha continúa

En cuanto al mayor contexto árabe, los que califican lo que ha pasado en el último año en el mundo árabe como “despertar árabe” no solo ignoran la historia del último siglo, sino también utilizan argumentos orientalistas en su descripción de los árabes como un pueblo inactivo que aguantó la dictadura durante décadas y que finalmente despierta de su torpor. En todo el mundo árabe, los árabes se han rebelado cada década contra la tiranía colonial y local desde la Primera Guerra Mundial. Y han sido las potencias coloniales europeas y su heredero estadounidense los que han bloqueado su camino a cada instante y se han aliado con dictaduras locales y sus familias (y en muchos casos han seleccionado a semejantes dictadores y los han colocado en el trono).
El actual patrocinio estadounidense-europeo de las contrarrevoluciones en todo el mundo árabe es la continuación de una tradición imperial consagrada, pero también lo es la continua resistencia árabe contra el imperialismo y la tiranía interior. Los levantamientos que comenzaron en Túnez en diciembre de 2010 siguen en marcha a pesar de importantes reveses en todos los casos. Lo que no quiere decir que las cosas no hayan cambiado y no estén cambiando significativamente; quiere decir, sin embargo, que muchos de los cambios son reversibles y que la contrarrevolución ya ha revertido una buena parte y trabaja duro para revertir más. La vigilancia es obligatoria por parte de los que luchan por el cambio democrático y la justicia social, especialmente en estos tiempos de agitación y de masiva movilización imperial. Es posible que se hayan pedido algunas batallas pero la guerra de los pueblos árabes contra el imperialismo y por la democracia y la justicia social continúa en todo el mundo árabe.

Joseph Massad es profesor asociado de Política e Historia Intelectual Árabe Moderna en la Universidad Columbia en Nueva York. Es autor de varios libros, que incluyen: The Persistence of the Palestinian Question (Routledge, 2006) y Desiring Arabs (Chicago University Press, 2007), y Colonial Effects (Colombia University Press, 2011).

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2011/11/2011111810259215940.html

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La historia de amor del Pentágono y la Primavera Árabe



Pepe Escobar

Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Cualquiera que esperase que la Primavera Árabe terminara apoderándose del Golfo Pérsico y de las tierras que otrora fueron conocidas como Arabia Feliz tiene suficientes motivos para sumirse en la tristeza.
La contrarrevolución árabe es más fuerte que nunca, encabezada por la Casa de Saud y sus acólitos monárquicos del Consejo de la Contrarrevolución del Golfo (CCG), conocido oficialmente como Consejo de Cooperación del Golfo. Y su más precioso aliado es el Pentágono.
The New York Times lo oficializó al distribuir la correspondiente propaganda de la Casa Blanca y el Pentágono. Si se considera que al NYT le cuesta presentarse como icono de la credibilidad desde esos meses en 2002/2003 cuando su primera plana pregonaba mentiras categóricas sobre las armas nucleares de Iraq y/o sus vínculos carnales con al Qaida, habrá que traducir las falacias.
La ulterior militarización del contrarrevolucionario Golfo Pérsico, -especialmente a través de más soldados en el terreno en Kuwait y más barcos de guerra– se presenta como reacción a “un colapso de la seguridad en Iraq o un enfrentamiento militar con Irán”.
Nótese que las dos cosas son meras vanas ilusiones. Las fuentes marciales del NYT insisten: “la retirada [de Iraq] podría causar inestabilidad”. El hecho es que el gobierno de Nuri al-Maliki en Bagdad efectivamente puso de patitas en la calle a los estadounidenses (el Pentágono quería por lo menos 20.000 soldados estadounidenses en el terreno después de finales de 2011).
De ahí la necesidad de actualizar la neolengua del Comando Central del Pentágono (CENTCOM), así como el Plan B, una grandiosa nueva “arquitectura de la seguridad” para el Golfo Pérsico atestada de material aéreo y naval e incluso defensa de misiles pregonada como una anodina “huella post Iraq en la región”.
En cuanto a “la amenaza de un Irán beligerante”, intereses muy precisos –sectores del complejo industrial-militar, el partido republicano en su conjunto, el lobby de Israel, la mayor parte de los medios corporativos– han estado exhortando durante años a un ataque contra Irán.
El general Karl R Horst, jefe del estado mayor de CENTCOM, es un gran fanático del “compromiso para mejorar la capacidad y la habilidad de los socios” (traducción: lo que nosotros decimos, vale). Presentó el aumento del poder de fuego en el Golfo Pérsico ante el NYT como una suave estrategia al estilo Hollywoodense “de vuelta al futuro”, concentrada en “despliegues más pequeños pero altamente capaces y el entrenamiento de cooperaciones con los militares de la región”.
Traducción: muchas fuerzas especiales, muchos drones y una inflación de esas “cooperaciones” que gustan tanto al Pentágono y a la OTAN. Se presentan como “medios más eficientes para desplegar fuerzas y maximizar la cooperación con socios regionales”; o la mejor manera de “expandir relaciones de seguridad”, especialmente cuando habrá “una aguda disminución de la cantidad de analistas de inteligencia asignados a la región” (traducción: que los ‘cabezas de turbante’ hagan el trabajo duro).
También ayuda que Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) hayan demostrado su amor ilimitado por la OTAN en la guerra de Libia (Mientras Bahréin y los EAU tienen soldados en el terreno en Afganistán). Esa disposición árabe a complacer a los amos va un paso más allá de la cantinela estándar: “EE.UU. no abandonará sus compromisos en el Golfo Pérsico”.
Para resumirlo todo; hay que ver que el CCG es un anexo de facto de la OTAN.

Tras la ‘seguridad de la arquitectura’

Allá lejos en Tayikistán –donde estaba examinando la no proliferación de la Primavera Árabe en Asia Central– la secretaria de Estado, Hillary Clinton, alentó lo que se filtró posteriormente al NYT como una “fuerte presencia continua” en toda la región que “debe liberarse de interferencias extranjeras para continuar en un camino hacia la democracia”.
¿Significa esto que la mayor militarización del Golfo Pérsico es una reacción a la interferencia estadounidense/saudí que impide la democracia? No puede ser así; alguien tiene que reescribir el guión.
Todo este escenario era previsible desde el momento en que Washington llegó a un acuerdo con Riad para consolidar la contrarrevolución árabe; nos conseguís una votación de la Liga Árabe para poder eliminar a Muamar Gadafi, y os damos mano libre para hacer lo que queráis en el Golfo Pérsico (Vea: “Revelado el acuerdo entre EE.UU. y Arabia Saudí, Rebelión, 2 de abril de 2011)
Esto llevó a la invasión de Bahréin por la Casa de Saud; a que Qatar entrenara a rebeldes de la OTAN en su propio territorio mientras enviaba fuerzas especiales qataríes a Libia; y ahora a una “alianza de seguridad multilateral más fuerte” entre el CCG y el Pentágono.
Para senadores los estadounidenses perdidos en el espacio, que pregonan que la retirada de EE.UU. de Iraq será interpretada como “una victoria estratégica por nuestros enemigos en Medio Oriente”, todo es normal. Pero otra cosa es ver que el NYT sea suficientemente ingenuo –o que básicamente trata a sus lectores como si fueran idiotas– cuando se traga la línea propagandística saudí de que Irán es “la amenaza más preocupante” para todos los miembros del CCG “así como para el propio Iraq”. Es como si el periódico se publicara en Riad.
En realidad, la política exterior del gobierno de Barack Obama en Medio Oriente parece que se dicta en Riad. Basta con prestar atención a los medios corporativos de EE.UU. que se deshacen por besar el borde de la túnica del nuevo príncipe heredero en la Casa de Saud, el príncipe Nayef bin Abdul Aziz. Nayef, de 78 años, apoyado por el no va más del medievalismo y de las fuerzas contrarrevolucionarias que maldicen esta Primavera Árabe, es esencialmente el inquisidor jefe de la Casa de Saud. Desde 1975 ha dirigido el aparato de seguridad en el Ministerio del Interior que, junto a la Guardia Nacional entrenada por EE.UU., fiel al feble rey Abdullah, de 87 años, son los organismos mejor armados de Arabia Saudí.
Nayef es el Darth Vader de una fuerza militar de 130.000 hombres, toda la policía nacional y local, aduanas, inmigración, guardacostas, guardas fronterizos y la temida policía religiosa. La reacción de su ministerio a la Primavera Árabe ha sido una represión ininterrumpida. Cualquier sospechoso de que intenta iniciar una manifestación política, ni hablar de un movimiento, es arrestado; eso incluye a jóvenes que suban vídeos a YouTube.
Hay por lo menos 20.000 presos políticos en las cárceles saudíes. Desde abril, es ilegal “amenazar la seguridad nacional” o “insultar al Islam”; Nayef fue responsable de la vaguedad de la nueva ley y todo lo que implica. Cualquiera que trate de Ocupar Riad u Ocupar Jeddah será decapitado.
Sin embargo, para sus innumerables admiradores de Washington, que contemplan radiantes su currículo de 36 años de contraterror, Nayef es un “pragmático conservador”. Es su denominación oficial desde que la reveló un cable de 2009 de WikiLeaks procedente del Departamento de Estado.
No es sorprendente que en Washington adoren a Nayef. Su Santísima Trinidad son Washington-Riad unidos por la cadera; su odio contra Irán y los chiíes en general (incluso chiíes saudíes); y su compromiso con la guerra contra el terror con al Qaida.
Nadie habla de su odio visceral a los derechos de las mujeres, o de su odio visceral a todo lo que sea democrático; es cuando es útil la etiqueta de “social conservador”. Al comienzo de la Primavera Árabe, Nayef desestimó a los tunecinos como “básicamente franceses” y a los residentes de El Cairo como “urbanitas sospechosos”. Los únicos verdaderos árabes eran saudíes; la democracia, como la ven (o como la Casa de Saud la ve para ellos), es para mariquitas.
En la política interna de la Casa de Saud, el reino de la intriga palaciega de machos del desierto que gustan de teñir de negro sus bigotes, los máximos oponentes de Nayef no son sus hermanos, los poderosos siete Sudayri, que ahora son cinco (después de la muerte del rey Fahd y recientemente del príncipe Sultan), llamados por la tribu de su madre Hassa, la esposa favorita de Ibn Saud.
A pesar de todo la gerontocracia es el nombre del juego: las condiciones de salud de los hermanos Bandar, Musaid y Mishaal son atroces. En cuanto al hermano Salman, gobernador de Riad, le gusta posar como periodista, como propietario del periódico Asharq al-Awsat.
Los principales oponentes de Nayef son los sobrinos de Ibn Saud, comenzando por el astuto ex embajador en Washington Bandar bin Sultan, también conocido como Bandar Bush; el príncipe Talal, padre del multimillonario príncipe al-Waleed; el viceministro de defensa
Khaled bin Sultan; y el príncipe Turki al-Faisal, ex jefe de inteligencia en los años ochenta y ex amigo a Osama bin Laden.
Ninguno de ellos constituirá una amenaza para Nayef; lo que importa en la Casa de Saud es la supervivencia de la dinastía. Mientras el rey Abdullah se prepara para encontrar a su creador, el Pentágono no podría encontrar un socio regional más confiable: el Gran Inquisidor Nayef.
La OTAN pronto regirá sobre todo el Mediterráneo como su propio lago. AFRICOM se implanta cada vez más profundo en África. CENTCOM gobierna el Golfo Pérsico remolcando al CCG. La democracia es para mariquitas; no hay negocio como el negocio de la “arquitectura de la seguridad”.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge ”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com .

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MK02Ak01.html

viernes, 21 de octubre de 2011

BAGDAD SE NEGO A PRORROGAR LA "INMUNIDAD LEGAL" DE LOS MARINES



Obama anunció el retiro definitivo de sus tropas en Irak en diciembre

El presidente norteamericano anunció que a fin de año se retirarán los 39.000 efectivos estadounidenses que todavía quedan en Irak, poniendo fin a una invasión de casi nueve años, iniciada por su predecesor, George W. Bush, en marzo de 2003. "Hoy puedo decir que, como se prometió, el resto de nuestras tropas en Irak regresarán a casa. La guerra de Estados Unidos en Irak habrá terminado", afirmó Barak Obama en la Casa Blanca.
Obama hizo el anuncio después de hablar por videoconferencia con el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, y tras el fracaso de las conversaciones entre las dos partes para alcanzar un acuerdo sobre el mantenimiento de un pequeño número de efectivos en Irak después del fin de año. "Los puntos de vista de los dos líderes eran idénticos sobre la necesidad de iniciar una nueva fase de las relaciones estratégicas, luego de finalizado el retiro (de las tropas estadounidenses) en una fecha precisa a fin de año", afirmó Maliki, según un comunicado difundido por su oficina.
La fecha de la partida de las tropas ya había sido acordada en 2008 por ambos países, pero Bagdad rehusaba conceder inmunidad legal para el pequeño contingente de soldados estadounidenses que permanecería en el país para ayudar a entrenar a las fuerzas iraquíes y contrarrestar la influencia de Irán. Ese punto era "un obstáculo mayor" en las negociaciones, había reconocido el lunes un alto oficial del Pentágono. El líder radical chiita iraquí Moqtada Sadr había considerado aceptable el miércoles que los instructores militares estadounidenses permanecieran en Irak más allá de fin de año con la condición de que las tropas estadounidenses se retiraran completamente y que Washington pagara una "compensación" al país.
El anuncio de Obama fue realizado al día siguiente de la "desactivación" de la división norte del dispositivo estadounidense en Irak, centro del conflicto entre las autoridades centrales del país y las de la región autónoma del Kurdistán, presentado con frecuencia por Washington como uno de los principales riesgos para la estabilidad de Irak a largo plazo, a causa de la influencia de Irán en esa región, también de mayoría chiita.
Estados Unidos cuenta todavía con 18 bases en el país y Obama anunció que había invitado a Maliki a visitar la Casa Blanca en diciembre, cuando ambas partes vuelvan a una relación normal entre dos naciones soberanas. Obama recordó que hizo campaña en 2008 contra la intervención de su país en Irak. Luego envió decenas de miles de tropas de refuerzo a Afganistán, parte de las cuales se aprestan a abandonar el país en el marco del traspaso de las tareas de seguridad a las fuerzas afganas.
"Estados Unidos está en una posición de fuerza. La larga guerra en Irak llegará a su fin a finales de este año. La transición en Afganistán está avanzando y nuestras tropas están finalmente volviendo a casa", dijo Obama. "Yo apoyo plenamente al presidente" dijo el líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, luego del anuncio del mandatario y en relación a una eventual amenaza de Teherán, afirmó que los iraníes "deberían saber que la primavera que golpeó a esa región del mundo está a punto de golpearlos también".

martes, 27 de septiembre de 2011

La Tercera Intifada

El objetivo es la relación entre EE.UU. e Israel


La Tercera Intifada

Rami G. Khouri

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Queda por ver qué cambiará realmente sobre el terreno en los próximos meses después de la iniciativa palestina de solicitar a las Naciones Unidas que reconozcan un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967 como Estado miembro u observador de la ONU. Esa iniciativa podría significar una victoria sustantiva para el pueblo palestino, solo una victoria simbólica, o un revés cuantificable si EE.UU. e Israel convierten su retórica vindicativa en políticas concretas. Mientras esperamos que se aclare el impacto de la iniciativa en la ONU, debemos reconocer que, a pesar de todo, ha sido una semana histórica de diversas maneras.

I.

El evento más importante que será registrado por futuros historiadores es que esta semana pasada en septiembre representó el momento en el cual el conflicto árabe israelí se transformó estructuralmente en un conflicto árabe-israelí/estadounidense, por la manera profunda y explícita en que el gobierno de EE.UU. se ha puesto de parte de Israel. EE.UU. ha tratado históricamente, sin mucho éxito, pero a pesar de ello haciendo un esfuerzo visible, de expresar su apoyo a la supervivencia y seguridad de Israel mientras trataba de mediar una resolución del conflicto que incluya el nacimiento de un Estado palestino en gran parte de las tierras ocupadas en 1967. Ese acto de equilibrio, por poco convincente que haya sido, ahora está formalmente muerto por el momento, gracias a disparos en el corazón de un pelotón de fusilamiento de políticos estadounidenses que han lanzado andanadas de disparos contra el débil y condenado fenómeno que otrora se llamó “mediación de EE.UU.”

EE.UU. ha elegido colocarse junto a Israel de dos maneras importantes: [1] El presidente dejó claro que la Casa Blanca valora los derechos israelíes más que los derechos palestinos, y [2] el Congreso dominado por los republicanos se ha puesto el manto de representante del sionismo así como del pueblo estadounidense.

Israel ha pasado de la fase en la que buscaba su bienestar y restauración nacional en tiempos pasados como la “city on the hill” [ciudad en la montaña] a la situación actual en la que su bienestar se basa en el simple control de la montaña [The Hill], el Congreso de EE.UU.

El nuevo conflicto que pone al mundo árabe en confrontación con el combinado israelí/estadounidense no se librará con medios militares, como ha sido el caso desde 1947 en el antiguo conflicto árabe-israelí. El nuevo conflicto verá a los árabes y sus partidarios y amigos en busca de medios políticos y otros pacíficos para enfrentar, resistir y cuestionar a Israel-EE.UU. de la misma manera que el mundo lo hizo con la Sudáfrica del apartheid hace décadas. Es porque EE.UU. ha mostrado ahora sin ambigüedades que acepta la posición israelí sobre los temas existenciales de Estado, soberanía y derechos nacionales que forman el corazón del conflicto palestino-israelí y de conflictos árabes-israelíes más amplios. Israel-EE.UU., un solo protagonista político colectivo, se ha posicionado directamente más allá de los confines de los inmensos y universales sentimientos legales y éticos que ven la necesidad de reconocer un Estado palestino como el mejor medio de terminar las fracasadas negociaciones bilaterales mediadas por EE.UU. y buscar justicia y seguridad para todas las partes en este conflicto. Israel-EE.UU. está aislado y criminalizado a los ojos de la mayor parte del mundo. De ser la “nueva Jerusalén” que Israel-EE.UU. ha pretendido representar a menudo, es ahora la “nueva Sudáfrica”.

II

De la misma importancia es el segundo evento histórico de este mes: Los palestinos, los árabes y la mayor parte del resto del mundo ya no dudan en enfrentar a Israel-EE.UU. El inmenso poder que posee Israel-EE.UU. ya no representa un disuasivo para los que están en desacuerdo con él o desean resistir sus excesos y su criminalidad contra palestinos y otros árabes. Que incluso un débil líder palestino como Mahmud Abbas haya podido resistir en gran parte las intensas presiones, amenazas y sobornos a los que lo sometió Israel-EE.UU. en las últimas semanas, indica que hemos entrado a la Tercera Intifada, dirigida contra la posición política de Israel-EE.UU. y no solo contra la ocupación israelí. Las implicaciones de que los palestinos y otros hayan desafiado osadamente al combinado israelí-estadounidense serán inmensas, y tardará meses antes de que sean más evidentes. Si acciones políticas como la iniciativa en la ONU se combinan con la desobediencia cívica popular y la resistencia de masas contra Israel en todos los terrenos cuando entren en contacto con los árabes -en sus fronteras, en Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, dentro de Israel, y en embajadas israelíes en todo el mundo– es probable que veamos presiones significativas para crear un mecanismo enteramente nuevo para intentar la solución pacífica del conflicto árabe-israelí, que sigue siendo la solución pacífica para todos.

III

Son días históricos en Medio Oriente, en todos los frentes:

1. Dentro de los países árabes.

2. En las relaciones turcas en la región.

3. En el conflicto árabe-israelí.

4. En las interacciones árabes con EE.UU.

5. Y tal vez dentro de poco en nuevos roles para Europa o Rusia de alguna manera.

La síntesis de esos cinco dominios tardará algunos años en ser evidente. Cuando eso suceda, probablemente miremos hacia este mes de septiembre de 2011 como el momento decisivo en la conducta de los principales protagonistas.

Rami G. Khouri es periodista de The Daily Star, y director del Issam Fares Institute for Public Policy and International Affairs en la American University de Beirut, en Beirut, el Líbano.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2011/09/26/the-third-intifada/

jueves, 15 de septiembre de 2011

Amenaza de recorte de asistencia a palestinos



Por Mitchell Plitnick

WASHINGTON, 15 sep (IPS) - La semana que viene se someterá a votación en la ONU un nuevo estatus para los territorios palestinos ocupados por Israel, pero Washington ya dejó claro que se opone a toda iniciativa que no sea continuar con las negociaciones entre las dos partes en disputa en el Medio Oriente.
Tras meses de especulaciones, el gobierno estadounidense Barack Obama confirmó que vetará toda resolución sobre la declaración del estado palestino que surja en el Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).
Washington "se opone a toda iniciativa de los palestinos en la sede de la ONU en Nueva York para tratar de crear un estado, lo que solo puede lograrse mediante negociaciones", declaró el 7 de este mes la portavoz de la cancillería, Victoria Nuland. "Si se plantea una votación en el Consejo de Seguridad, el representante estadounidense la vetará", aseguró.
El gobierno de Obama también trató de disuadir a los palestinos de continuar con la medida, a la vez que intentó persuadir a otros países, en especial de Europa, para que votaran contra la iniciativa en la Asamblea General de la ONU.
Pero el Departamento de Estado (cancillería) se mostró muy renuente a poner en riesgo la asistencia financiera, que este año alcanzó a 550,4 millones de dólares y hay pedidos de 513,4 millones para 2012, como forma de responder a la iniciativa de los palestinos en la ONU.
"Optamos por no utilizar la ayuda humanitaria de esa forma. Como saben es para ayudar al pueblo palestino y cubrir sus necesidades humanitarias", declaró Nuland el 22 de agosto.
Pero algunos miembros del Congreso legislativo no opinan lo mismo. Obama recordó a los palestinos que es él el que decide sobre la asistencia extranjera y puede tomar otra decisión.
El Congreso, bajo fuerte presión del lobby pro-israelí, suele ser hostil a los palestinos. La situación es aún más complicada después de que el gobernante Partido Demócrata perdió el escaño de Nueva York que mantuvo durante décadas, por una disputa en la que el apoyo al estado judío fue central.
"Estados Unidos no hizo más que reforzar y recompensar el mal comportamiento de los palestinos con los 2.500 millones de dólares otorgados en los últimos cinco años", señaló la presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen.
"Los dirigentes palestinos no tomarán ninguna decisión a menos que se los obligue", añadió.
"Si quiere conseguir algo, el gobierno debe dejar de buscar la forma de eludir los requisitos que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) debe cumplir para recibir asistencia de Estados Unidos", remarcó.
Ros-Lehtinen presentó el proyecto de Reforma, Responsabilidad y Transparencia de la ONU, que se propone recortar "los aportes de Estados Unidos a toda entidad que conceda membresía u otro tipo de estatus a la misión palestina de observación".
El presidente del subcomité para Medio Oriente y Asia meridional, Steve Chabot, fue todavía más categórico: "Si los palestinos siguen por ese camino, la cuestión en este Congreso no será qué porción de la ayuda retiramos, sino cuál dejamos".
Ros-Lehtinen y Chabot, ambos del opositor Partido Republicano, también criticaron a Obama por la gestión del asunto. Además hay demócratas que abogan por recortar la asistencia a los palestinos.
"El Congreso ha sido muy generoso en su colaboración con los valiosos esfuerzos de la ANP para construir sus instituciones y la economía de Cisjordania", señaló el representante Howard Berman, expresidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.
"Pero creo que es adecuado aclarar que si los palestinos siguen por un camino unilateral, los cientos de millones de dólares anuales que han recibido en los últimos años, es probable que se terminen. Eso podría llevar al fin de la ANP", añadió.
El lunes otros cuatro demócratas presentaron un proyecto de ley en la Cámara de Representantes que "prohibirá la asistencia a programas militares extranjeros para los países que voten a favor de reconocer el estado palestino en la Asamblea General de la ONU ante la falta de un acuerdo negociador entre el gobierno de Israel y la ANP".
Hay varios proyectos de ley que sancionan, en parte o totalmente, a los palestinos, la ONU o los países que voten a favor de la iniciativa.
Obama puede ser renuente a recortar la asistencia a los palestinos, pero como aspira a la reelección en poco más de un año, no le está yendo bien en las encuestas y fracasó en su intento de lograr la paz negociada entre palestinos e israelíes, no se peleará por este asunto con el Congreso y optará por minimizar su participación en el proceso de paz hasta después de las elecciones.
"Creo que lo que se ve de la Casa Blanca es cansancio", señaló Robert Malley, exasistente especial del presidente Bill Clinton (1993-2001). "Además está la preocupación de no tener otra pelea con Israel y el primer ministro Benjamín Netanyahu justo antes de las elecciones", añadió.
"Pero los van a arrastrar, como ocurrió cuando fue asediada la embajada de Israel en El Cairo. No pueden permanecer ajenos, pero hay una sensación de hartazgo y de no asumir riesgos políticos", señaló.
A solicitud de Israel, Estados Unidos intervino y obligó al gobierno egipcio a hacer todo lo posible por rescatar a los seis funcionarios de la embajada.
"Los presidentes de Estados Unidos se han involucrado directamente en el proceso de paz cuando hay una crisis sostenida o se les presenta una oportunidad. En cierta forma, el presidente Obama es una excepción, pero no ha mantenido una estrategia coherente", señaló Aaron Miller, asesor de seis secretarios de Estado en negociaciones en Medio Oriente.
"Es un presidente muy disminuido en un momento importante del ciclo político. No hay razón ni fuerza motora para una confrontación con Israel o para un fracaso rotundo, lo que dejaría al gobierno como más débil e incompetente", dijo a IPS.

"Déle al gobierno una razón que lo haga verse mejor y se involucrará", indicó Miller. "Pero en cualquier otra circunstancia no tiene sentido" para Obama, añadió. (FIN/2011)

IPS

lunes, 12 de septiembre de 2011

La guerra, el estímulo fiscal de último recurso


Ellen Brown

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“¡Guerra! ¡Dios mío! ¿Para qué sirve? ¡Absolutamente para nada!”

Es lo que decía Bruce Springsteen en su éxito pop de los años ochenta, producido primero como canción contra la Guerra de Vietnam. La canción se hacía eco del sentimiento popular. La Guerra de Vietnam terminó. Luego terminó la Guerra Fría. Y sin embargo los gastos militares siguen siendo el mayor desembolso del gobierno. Cuando se incluyen las prestaciones a los veteranos y otros costes militares del pasado, la mitad del presupuesto gubernamental se usa ahora en el complejo militar/industrial. Los manifestantes han tratado de detener esta fuerza destructora desde el fin mismo de la Segunda Guerra Mundial, pero la maquinaria bélica es más poderosa e influyente que nunca.
¿Por qué? Los poderes ocultos que controlan entre bastidores tienen sin duda sus propios planes tenebrosos, ¿pero por qué nuestro tan pregonado sistema de democracia política no ha sido capaz de detenerlos?
La respuesta puede involucrar a nuestro tipo de capitalista laissez faire, capitalista, que impide que el gobierno compita con la empresa privada excepto en casos de “emergencia nacional”. El problema es que la empresa privada necesita que el gobierno ponga dinero en los bolsillos de la gente y estimule la demanda. Pero, en nuestra cultura, cualquier indicio de “socialismo” es anatema. El resultado ha sido que se ha tenido que declarar virtualmente todo el tiempo un estado de “emergencia nacional”, solo para que el dinero del gobierno llegue a la economía.
Ya que otras posibilidades se han bloqueado, la economía productiva civil ha sido sistemáticamente absorbida por el sector militar no productivo, hasta que la guerra constituye ahora nuestra principal exportación. La guerra es donde está el dinero y donde están los empleos. EE.UU. se ha convertido en una economía y Estado militar permanente.

La guerra como estímulo económico

La noción de que la guerra es buena para la economía data por lo menos de la Segunda Guerra Mundial. Los críticos de los gastos deficitarios al estilo keynesiano insistieron en que fue la guerra, no los gastos deficitarios, la que sacó a EE.UU. de la Gran Depresión.
Pero aunque la guerra puede haber provocado el aumento en productividad que vino después, el motivo por el que la guerra tuvo efecto fue que abrió las compuertas del déficit. La guerra fue un inmenso estímulo para el crecimiento económico, no porque haya sido un uso eficiente de recursos, sino porque a nadie le preocupan los déficit en tiempos de guerra.
En tiempos de paz, por otra parte, cuando no se suponía que el gobierno se lanzaría a empresas competitivas, como observó el Premio Nobel Frederick Soddy:
La vieja política del extremo laissez-faire de economías individualistas negaba recelosamente al Estado el derecho a competir de alguna manera con individuos en la propiedad de empresas productivas de las cuales se pudiera obtener un interés o beneficio monetario…
En los años treinta se permitió que el gobierno invirtiera en empresas en el interior como la Autoridad del Valle Tennessee, pero fue en gran parte porque los inversionistas del sector privado no creyeron que podrían obtener suficientes beneficios de los proyectos en sí. La conclusión fue que los años entre 1933 y 1937 resultaron ser el mayor auge cíclico en la historia de EE.UU. El producto interno bruto real (PIB) creció a una tasa de 12% y el PIB nominal creció a una tasa de 14%. Pero cuando parecía que la economía había salido a flote en 1937, se presionó a Roosevelt para que redujera la inversión pública. El resultado fue un aumento del desempleo. El boom económico desapareció y la economía volvió a caer en la depresión.
La Segunda Guerra Mundial revirtió este ciclo al reabrir los grifos del dinero. La “seguridad nacional” lo superó todo, mientras el Congreso gastaba con un abandono temerario para “preservar nuestro modo de vida”. El desafío total de la Segunda Guerra Mundial permitió que el Congreso financiara un aumento deactividad industrial, al acumular una cuenta en la tarjeta de crédito nacional que ascendía a un 120% del PIB.
El gobierno acumuló la mayor deuda en su historia. Sin embargo, no tuvieron lugar la hiperinflación, la devaluación de la moneda y el colapso económico pronosticados por los halcones deficitarios. En su lugar, la maquinaria e infraestructura construidas durante el período de auge condujeron a la nación a encabezar el mundo productivo durante el medio siglo siguiente. Al llegar los años setenta, la ratio deuda a PIB había caído de un 120% a menos de 40%, no porque la gente hiciera sacrificios para pagar la deuda, sino porque la economía era tan productiva que el PIB subió hasta colmar la brecha.

Estímulo sin guerra

La Segunda Guerra Mundial puede haber creado puestos de trabajo; pero como todas las guerras, el precio en víctimas fue terrible. El economista John Maynard Keynes señaló:
La construcción de pirámides, los terremotos, incluso las guerras, pueden servir para aumentar la riqueza, si la educación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica se coloca en el camino de algo mejor. [Énfasis agregado.]

La guerra fue el estímulo económico de último recurso cuando los políticos estaban tan confundidos en su entendimiento de la economía que no permitían que el gobierno se endeudara excepto ante emergencias nacionales. Pero Keynes dijo que existen medios menos destructivos de colocar dinero en los bolsillos de la gente y estimular la economía. Se podía pagar a los trabajadores por cavar zanjas y volver a llenarlas, y estimularía la economía. Lo que necesitaba una economía rezagada era simplemente demanda (poder adquisitivo disponible). Entonces la demanda estimularía a las empresas a producir más “suministro”, creando más empleo e impulsando la productividad. La clave era que esa demanda (dinero disponible) debía ser lo primero.
Los chinos han puesto a trabajar a los trabajadores en la construcción de inmensos centros comerciales y edificios de apartamentos, muchos de los cuales están vacíos por falta de clientes y compradores. Podrá ser un uso derrochador de recursos, pero ha tenido éxito en colocar salarios en los bolsillos de los trabajadores, dándoles poder adquisitivo para gastar en productos y servicios, estimulando el crecimiento económico y, a diferencia de derrochadores gastos bélicos, el enfoque chino no ha involucrado muerte y destrucción.
Una alternativa menos costosa habría sido la solución hipotética de Milton Friedman: simplemente lanzar dinero desde helicópteros. Esto ha sido vinculado a la “flexibilización cuantitativa” (QE, por sus siglas en inglés), pero la QE tal como se aplica actualmente no es lo que describió Friedman. No se ha derramado dinero sobre la gente y la economía local: colocando dinero en los bolsillos de la gente, estimulando los gastos. Se ha arrojado a las cuentas de reserva de los bancos, donde simplemente se ha acumulado sin llegar a la economía productiva. Reservas de “exceso” de 1,6 billones (millones de millones) de dólares se encuentran ahora en cuentas de reserva en la Reserva Federal. Un lanzamiento por helicóptero del tipo propuesto por Friedman no se ha intentado.

Una solución mejor

La guerra, excavar zanjas y lanzar dinero desde helicópteros, todos podrían funcionar para estimular la demanda y aumentar el poder de compra, pero hay mejores alternativas. Actualmente tenemos importantes necesidades no satisfechas –infraestructura que se derrumba, salas de clase abarrotadas, sistemas de energía que requieren desarrollo, laboratorios de investigación que necesitan financiamiento-. La solución más rentable en la actualidad sería que el gobierno estimulara la economía gastando en trabajo que mejore realmente el nivel de vida de la gente.
Esto se podría hacer mientras se reduce realmente la deuda nacional. En un reciente artículo, David Swanson cita un estudio de Robert Greenwald y Derrick Crowe, que considera los 60.000 millones de dólares perdidos por el Pentágono en desperdicio y fraude en Iraq y Afganistán. Calcularon que ese dinero podría haber creado 193.000 puestos de trabajo más que los creados por su uso militar, si se hubiera desviado a usos comerciales en el interior. Swanson sigue diciendo:
Hay algunos cálculos en el mismo estudio… Si hubiéramos gastado esos 60.000 millones de dólares en energía limpia, habríamos creado (directa o indirectamente) 330.000 puestos de trabajo más. Si lo hubiésemos gastado en atención sanitaria, habríamos creado 480.000 empleos más. Y si lo hubiésemos gastado en educación, habríamos creado 1,05 millones de empleos más…
Supongamos que queremos crear 29 millones de empleos en 10 años. Es decir 2,9 millones cada año. Una forma de hacerlo sería: Tomar 100.000 millones de dólares del Departamento de Defensa y colocarlos en la educación. Eso crea 1,75 millones de empleos por año. Tomemos otros 50.000 millones de dólares y coloquémoslos en atención sanitaria. Son otros 400.000 puestos de trabajo. Tomemos otros 100.000 millones y coloquémoslos en energía limpia. Tendremos otros 550.000 puestos de trabajo. Y tomemos otros 62.000 millones de dólares y los convertimos en recortes tributarios generando otros 200.000 empleos. Ahora no hemos tocado los gastos militares en el Departamento de Energía, el Departamento de Estado, Seguridad Interior, etc. Y se ha reducido el Departamento de Defensa a unos 388.000 millones de dólares, lo que vale decir: más de lo que recibía hace 10 años, cuando nuestro país perdió colectivamente la razón.
Los trabajadores y los recursos están sentados de brazos cruzados mientras el coco de los “déficit” priva a la población de los bienes y servicios que podrían crear. Desviar una porción de nuestros masivos gastos en la guerra a un uso pacífico podría agregar puestos de trabajo, mejorar los niveles de vida y agregar infraestructura, mientras se reduce la deuda nacional y se equilibra el presupuesto del gobierno al aumentar la base tributaria y sus ingresos del gobierno.
[Preparado para “The Military Industrial Complex at 50”, una conferencia en Charlottesville, VA, 16-18 de septiembre de 2011]
Ellen Brown es abogada y presidente del Public Banking Institute, http://PublicBankingInstitute.org. En Web of Debt, el último de once libros, muestra cómo un cartel privado ha usurpado el poder de crear dinero de la propia gente, y cómo, nosotros el pueblo, podemos recuperarlo. Sus sitios en la web son http://webofdebt.com y http://ellenbrown.com.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=26460