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jueves, 14 de junio de 2012

Hay alternativas

Noam Chomsky
Página 12


En 1978, el presidente del sindicato más poderoso de Estados Unidos, Douglas Fraser, de la federación de los trabajadores de la industria del automóvil United Auto Workers (UAW), condenó a los “dirigentes de la comunidad empresarial” por haber “escogido seguir en tal país la vía de la guerra de clases (class war) unilateral, una guerra de clases en contra de la clase trabajadora, de los desempleados, de los pobres, de las minorías, de los jóvenes y de los ancianos, e incluso de los sectores de las clases medias de nuestra sociedad”.
Fraser también los condenó por haber “roto y descartado el frágil pacto no escrito entre el mundo empresarial y el mundo del trabajo, que había existido previamente durante el período de crecimiento y progreso” en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, conocido como la “edad dorada” del capitalismo de Estado.
El reconocimiento de la realidad por parte de Fraser fue acertado aunque tardío. Lo cierto es que los dirigentes empresariales y sus asociados en otros sectores de las elites dominantes estaban constantemente dedicados a una siempre presente guerra de clases, que se convirtió en unilateral, sólo en una dirección, cuando sus víctimas abandonaron tal lucha.
Mientras Fraser se lamentaba, el conflicto de clases se iba recrudeciendo y, desde entonces, ha ido alcanzando unos enormes niveles de crueldad y salvajismo en Estados Unidos que, al ser el país más rico y poderoso del mundo y con mayor poder hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en una ilustración significativa de una tendencia global.
Durante los últimos treinta años, el crecimiento económico ha continuado –aunque no al nivel de la “edad dorada”–, pero para la gran mayoría de la población la renta disponible ha permanecido estancada mientras que la riqueza se ha ido concentrando, a un nivel abrumador, en una facción del uno por ciento de la población, la mayoría de los ejecutivos de las grandes corporaciones, de empresas financieras y de alto riesgo, y sus asociados.
Este fenómeno se ha ido repitiendo de una manera u otra a nivel mundial. China, por ejemplo, tiene una de las desigualdades más acentuadas del mundo. Se habla mucho, hoy en día, de que por el hecho de que “Estados Unidos esté en declive” hay un cambio en las relaciones de poder a nivel global. Esto es parcialmente cierto, aunque no significa que otros poderes no puedan asumir el rol y la supremacía que ahora tiene Estados Unidos.
El mundo se está convirtiendo así en un lugar más diverso en algunos aspectos, pero más uniforme en otros. Pero en todos ellos existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de poder y riqueza. La literatura económica del mundo empresarial y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento –que en una gran parte es destructivo y está muy desperdiciado– beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida en ocasiones como el “precariado” global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, en la que se incluyen mil millones de personas que casi no alcanzan a sobrevivir.
Estos desarrollos no se deben a leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales, sino al resultado de decisiones específicas dentro de estructuras institucionales que los favorecen. Esto continuará, a no ser que estas decisiones y planes se reviertan mediante acción y movilizaciones populares con compromisos dedicados a programas que abarquen desde remedios factibles a corto plazo hasta otras propuestas a más largo plazo que cuestionen la autoridad ilegítima y las instituciones opresivas entre las que reside el poder.
Es importante, por lo tanto, acentuar que hay alternativas. Las movilizaciones del 15M (los “indignados” españoles) son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso más opresivo que la realidad existente hoy en día.

Noam Chomsky es escritor, lingüista y filósofo estadounidense. De CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias).



Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-196366-2012-06-14.html

jueves, 7 de junio de 2012

Ellos y nosotros

Las atrocidades de los demás

Noam Chomsky

The 4th Media

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En su perspicaz estudio Ideal Illusions: How the U.S. Government Co-Opted Human Rights [Ilusiones ideales: cómo el gobierno estadounidense cooptó los derechos humanos] el experto en asuntos internacionales James Peck observa: “En la historia de los derechos humanos las peores atrocidades siempre la comete otro, nunca nosotros”, sea quien sea este “nosotros”.
Casi cada momento de la historia nos deja innumerables ejemplos de ello. Vamos a fijarnos en los de los últimos meses.
El 10 de mayo se inauguraron los Juegos Olímpicos de Verano en la cuna griega de estos antiguos juegos. Unos días antes había pasado prácticamente desapercibida la carta que dirigió el gobierno de Vietnam al Comité Olímpico Internacional (COI) expresando la “profunda preocupación del gobierno y del pueblo de Vietnam por la decisión del COI de aceptar a la compañía Dow Chemical como patrocinadora global del Movimiento Olímpico”.
Dow Chemical es la empresa que suministró los productos químicos que Washington utilizó desde 1961 para destruir las cosechas y los bosques de Vietnam del Sur empapando el país con Agente Naranja.
Estos venenos contienen dioxina, uno de los cancerígenos más letales que se conocen y que ha afectado a millones de vietnamitas y a muchos soldados estadounidenses. Es muy probable que hasta el día de hoy los abortos y los niños nacidos con malformaciones sean efecto de estos crímenes, aunque dada la negativa de Washington a investigarlo, solo contemos con los estudios de los científicos vietnamitas y de analistas independientes.
A este llamamiento vietnamita en contra de Dow Chemical se han unido el gobierno de India, la Asociación Olímpica India y los supervivientes de la espantosa fuga de gas en Bhopal en el año 1984, uno de los peores desastres industriales de la historia que mató a miles de personas y enfermó a más de medio millón.
Union Carbide, la empresa responsable del desastre, fue adquirida por Dow Chemical, para la cual este desastre es un motivo de preocupación no pequeño. En febrero Wikileaks reveló que Dow Chemical había contratado a la agencia privada de investigación estadounidense Stratfor para controlar a los activistas que están tratando de conseguir indemnizaciones para las víctimas y de que quienes fueron responsables de la catástrofe comparezcan ante la justicia.
Otro crimen muy importante y que ha tenido unos gravísimos efectos persistentes es el ataque de los Marines estadounidenses a la ciudad iraquí de Faluya en noviembre de 2004.
[Antes del ataque a la ciudad] Se permitió salir de ella a las mujeres y niños, si podían hacerlo. Después de varias semanas de bombardeos empezó el ataque con un crimen de guerra cuidadosamente planificado: la invasión del Hospital General de Faluya, en el que se ordenó a los pacientes y al personal tumbarse en el suelo con las manos atadas. Las ataduras se aflojaron en seguida, se había asegurado el complejo.
La justificación oficial fue que el hospital estaba informando de las víctimas civiles y, por lo tanto, se consideraba un arma de propaganda.
La prensa informó de que la mayor parte de la ciudad había quedado reducida a “ruinas humeantes” mientras los Marines buscaban a los insurgentes en sus “madrigueras”. Los invasores prohibieron la entrada a la Cruz Roja. Al no haber una investigación oficial, se desconoce las dimensiones de este crimen.
Si lo que ocurrió en Faluya recuerda a los acontecimientos que tuvieron lugar en el enclave bosnio de Srebrenica, que vuelve a estar de actualidad debido al juicio por genocidio del comandante militar serbio bosnio Ratko Mladic, hay una buena razón para ello. Sería instructivo hacer una comparación honesta, pero no hay peligro de que se haga: una es una atrocidad y la otra no lo es por definición.
Como en Vietnam, algunos investigadores independientes informan de que el ataque a Faluya esta teniendo unos efectos persistentes.
Algunos investigadores médicos han descubierto un incremento dramático de la mortalidad infantil, del cáncer y de la leucemia, incremento que es incluso mayor que los de Hiroshima y Nagasaki. Los niveles de uranio en muestras de aire y del suelo son mucho mayores que en casos comparables.
Uno de los raros investigadores procedente de los países invasores es el Dr. Kypros Nicolaides, director del centro de investigación de medicina en el Hospital del Kingng’s College de Londres. “Estoy seguro de que los estadounidenses utilizaron unas armas que son las causantes de estas deformidades”, afirma Nicolaides.
El profesor de derecho estadounidense y Relator de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Originarios James Anaya informó el mes pasado de los persistentes efectos de una “no atrocidad” mucho mayor.
Anaya se atrevió a hollar un territorio prohibido al investigar las vergonzosas condiciones en las que vive la población originaria estadounidense que queda en Estados Unidos: “pobreza, malas condiciones, falta de resultados en la educación formal (y) enfermedades sociales a unos niveles que exceden con mucho los de otros segmentos sociales de la población estadounidense”, informó Anaya. Ningún miembro del Congreso quiso reunirse con él y la cobertura mediática [dada al informe] fue mínima.
En las noticias han aparecido mucho los disidentes después del dramático rescate del activista chino de derechos humanos ciego Chen Guangcheng.
“La conmoción internacional”, escribió Samuel Moyn en The New York Times el mes pasado, “provocó el recuerdo de anteriores disidentes como Andrei D. Sakharov y Aleksandr I. Solzhenitsyn, los héroes del bloque oriental de otros tiempos que fueron los primeros en convertir ‘los derechos humanos internacionales’ en un grito que unía a los activistas de todo el mundo y en una cuestión fundamental en las agendas de los gobiernos occidentales”.
Moyn es autor de The Last Utopia: Human Rights in History [La última utopía: los derechos humanos en la historia], publicado en 2010. En The New York Times Book Review Belinda Cooper puso en tela de juicio el que Moyn situara el origen de la prominencia contemporánea de estos ideales “en los frustrados pasos dados por (el presidente estadounidense Jimmy) Carter para inyectar los derechos humanos en la política exterior y en los Acuerdos de Helsinki de 1975 con al Unión Soviética”, al centrarse en los abusos de la esfera soviética. En su opinión la tesis de Moyn no es convincente ya que “es mucho más fácil de construir una historia alternativa de su propia cosecha”.
Es cierto: la alternativa obvia es la que ofrece James Peck, al que los medios dominantes apenas tienen en cuenta a pesar de que los hechos relevantes son sorprendentemente claros y conocidos, al menos para los académicos.
Así, en Cambridge History of the Cold War John Coatsworth recuerda que desde 1960 al “hundimiento de la Unión Soviética en 1990 la cantidad de presos políticos, de víctimas de la tortura y de ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina superó con mucho a la de los de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del este”. Pero como eran “no atrocidades”, estos crímenes, que en gran parte son atribuibles a la intervención estadounidense, no inspiraron una cruzada de derechos humanos.
Inspirándose también en el rescate de Chen, el columnista de The New York Times Bill Keller escribe que “los disidentes son heroicos”, pero pueden ser “molestos para los diplomáticos estadounidenses que tienen importantes negocios que hacer con países que no comparte nuestros valores”. Keller critica a Washington por no estar a veces a la altura de nuestros valores emprendiendo una acción rápida cuando otros cometen crímenes.
No faltan disidentes heroicos dentro de los dominios de influencia y de poder estadounidense, pero son tan invisibles como la víctimas latinoamericanas. Mirando casi al azar por el mundo encontramos a Abdulhadi al-Khawaja, cofundador del Centro Bahrain para los Derechos Humanos, preso de conciencia para Amnistía Internacional que se enfrenta en estos momentos a morir en la cárcel a consecuencia de una larga huelga de hambre.
Y el padre Mun Jeong-hyeon, el anciano sacerdote coreano que resultó gravemente herido cuando participaba en una multitudinaria manifestación de protesta contra la construcción de una base naval estadounidense en la isla Jeju, llamada Isla de la Paz, ahora ocupada por las fuerzas de seguridad por primera vez desde las masacres de 1948 del gobierno de Corea del Sur impuesto por Estados Unidos.
Y el profesor universitario turco Ismail Besikci, que se vuelve a enfrentar a un juicio por defender los derechos de los kurdos. Ya ha pasado gran parte de su vida en la cárcel debido a la misma acusación, incluso en la década de 1990, cuando el gobierno Clinton suministraba a Turquía enormes cantidades de ayudad militar, en un momento en que el ejército turco perpetraba algunas de las peores atrocidades de la época.
Pero estos casos junto con otros que son demasiado numerosos para mencionarlos son no existentes según los principios oficiales.



Fuente: http://www.4thmedia.org/2012/06/04/somebody-elses-atrocities-ideal-illusions-how-the-u-s-government-co-opted-human-rights/





jueves, 2 de febrero de 2012

Recordando a Howard Zinn

El historiador y activista dedicó su vida a las “innumerables pequeñas acciones de personas desconocidas”


Recordando a Howard Zinn

Noam Chomsky
Al-Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Nota del editor: Hoy, 27 de enero, es el segundo aniversario de la muerte de Howard Zinn. Activo participante en el movimiento en favor de los derechos civiles, fue despedido en 1963 de su puesto como profesor titular en el Spelman College de Atlanta después de ponerse de lado de los estudiantes negros en su lucha en contra de la segregación. En 1967 escribió el primer y más influyente de los libros que pedía acabar con la guerra de Vietnam. Veterano de las fuerzas aéreas estadounidenses, editó The Pentagon Papers, filtrado desde dentro de esta organización por Daniel Ellsberg y más tarde fue considerado por el FBI un “riego extremo para la seguridad”.
Su éxito de ventas, La otra historia de Estados Unidos*, generó un nuevo campo de estudio histórico: las historias de las personas. Este enfoque contrarrestaba el examen triunfalista tradicional de la “historia escrita por los vencedores” y se concentraba en cambio en las personas pobres y aparentemente sin poder, aquellas que resistieron a la hegemonía imperialista, cultural y corporativa. Zinn fue un activista social, escritor e historiador laureado con varios premios, por consiguiente, ¿quién mejor para compartir su recuerdo que su buen amigo e intelectual de enorme talla como él, Noam Chomsky?
Cambridge, Mass – No me resulta fácil escribir sobre Howard Zinn, el gran activista e historiador estadounidense. Fue un amigo muy cercano durante 45 años. Nuestras familias también fueron muy cercanas. Su mujer Roz, que había muerto de cáncer no mucho antes, fue una persona maravillosa y una gran amiga. También resulta sombrío darse cuenta de que toda una generación parece estar desapareciendo, incluyendo varios viejos amigos: Edward Said, Eqbal Ahmed y otros, que fueron no solo perspicaces y productivos estudiosos sino también militantes entregados y valientes, siempre dispuestos cuando se les necesitaba, lo que era constante. Una combinación que es esencial si se espera una supervivencia decente.
Las notables vida y obra de Howard se resumen mejor en sus propias palabras. Explicaba que su preocupación fundamental era “las innumerables pequeñas acciones de personas desconocidas” que están en el origen de “aquellos grandes momentos” que entran en el registro histórico, un registro que será profundamente engañoso y carecerá gravemente de poder si se le separa de estas raíces mientras pasa por los filtros de la doctrina y el dogma. Su vida siempre estuvo estrechamente entrelazada con sus escritos y con innumerables charlas y entrevistas. Estaba entregado desinteresadamente a otorgar poder a las personas desconocidas que provocaron grandes momentos. Esto era cierto cuando era un trabajador industrial y activista obrero, y desde los días, hace 50 años, en que era profesor del Spelman College en Atlanta, Georgia, un facultad negra que en gran parte estaba abierto a la pequeña elite blanca.
Cuando enseñaba en Spelman, Howard apoyó a los alumnos y alumnas que estaba a la vanguardia del movimiento en favor de los derechos civiles en sus primeros y más peligrosos días, muchos de los cuales llegaron a ser muy conocidos años después (Alice Walker, Julian Bond y otros) y que le querían y veneraban, como le ocurría a cualquier persona que le conociera bien. Y, como siempre, no se limitó a apoyarlos, lo cual ya era bastante raro, sino que también participó directamente con ellos y ellas en las campañas más arriesgadas, que no eran fáciles de emprender en aquella época, antes de que hubiera ningún movimiento popular organizado y ante la hostilidad del gobierno durante varios años. Finalmente, se inflamó el apoyo popular, en gran parte gracias a las valientes acciones de los jóvenes que hacían sentadas ante los mostradores de lugares donde se servían comidas, conducían autobuses de la libertad, organizaban manifestaciones, se enfrentaban al amargo racismo y a la brutalidad, y a veces a la muerte**.
Para principios de la década de 1960 estaba tomando forma un movimiento popular de masas, con Martin Luther King en un papel de dirigente, y el gobierno tuvo que responder. Como recompensa a su valor y honestidad, Howard fue expulsado inmediatamente del college en el que enseñaba. Unos pocos años más tarde escribió de forma regular en el Comité de Coordinación de los Estudiantes No Violentos SNCC (por sus siglas en inglés), la principal organización de aquellas “personas desconocidas” cuyas “innumerables pequeñas acciones” desempeñaron un papel tan importante en la creación de la corriente de opinión que permitió a Martin Luther King ganar una influencia significativa (como estoy seguro que él habría sido el primero en decir) y llevar al país a cumplir las enmiendas constitucionales de un siglo antes que teóricamente concedían derechos civiles elementales a los antiguos esclavos; al menos hacerlo parcialmente, pues no hay ni que insistir en que queda mucho camino por hacer.

Una influencia civilizadora

En el ámbito personal, llegué a conocer bien a Howard cuando fuimos juntos a una manifestación en favor de los derechos civiles en Jackson Mississippi (creo que) en 1964, que incluso en una fecha tan tardía fue una escena de un violento antagonismo público, de brutalidad policial e indiferencia, o incluso cooperación, con las fuerzas de seguridad por parte de las autoridades federales, a veces de un modo un tanto chocante.
Después de ser expulsado del college de Atlanta en el que enseñaba, Howard vino a Boston y pasó el resto de su carrera académica en la universidad de Boston, donde fue, estoy seguro, el miembro del campus universitario más admirado y querido, y el blanco de un amargo antagonismo y de una crueldad mezquina por parte de la administración. Sin embargo, en los últimos años, después de su jubilación, obtuvo el honor y el respeto públicos, que siempre habían sido abrumadores entre los alumnos, el personal de la universidad, gran parte de la facultad y la comunidad en general. Mientras estuvo ahí, Howard escribió los libros que le dieron una bien merecida fama. Su libro Logic of Withdrawal, de 1967, fue el primero que expresó clara y firmemente lo que muchos apenas empezaban a contemplar: que Estados Unidos no tenía derecho siquiera a pedir un acuerdo negociado en Vietnam, lo que dejaría a Watshington con el poder y un control sustancial del país que había invadido y que para entonces ya había destruido en gran parte.
En vez de ello Estados Unidos tenía que hacer lo que todo agresor debería hacer, retirarse y permitir que en cierto modo la población reconstruyera como pudiera a partir de las ruina y si fuera posible llegar a un mínimo de honestidad, pagar unas reparaciones masivas por los crímenes que habían cometido los ejércitos invasores, unos vastos crímenes en este caso. El libro tuvo una enorme influencia entre el público aunque a día de hoy los círculos cultivados apenas pueden comprender siquiera su mensaje, lo que indica el trabajo tan necesario que tenemos ante nosotros.
Es muy significativo que entre el público general de la época del final de la guerra, un 70% considerara la guerra “fundamentalmente equivocada e inmoral”, no un “error”, lo cual es una cifra notable considerando el hecho de que apenas se podía expresar una insinuación de este pensamiento en la opinión dominante. Los escritos de Howard (y, como siempre, su destacada presencia en protestas y en la resistencia directa) fueron un factor fundamental en la educación de gran parte del país.
En aquellos mismos años Howard también se convirtió en uno de los más destacados partidarios del movimiento de resistencia que se estaba desarrollando. Fue uno de los primeros signatarios del Llamamiento a Resistir a la Autoridad Ilegítima (Call to Resist Illegitimate Authority) y estuvo tan cercano de las actividades de [la organización] Resistir que fue prácticamente uno de los organizadores. También participó enseguida en las acciones de asilo que tuvieron un notable impacto para impulsar la protesta en contra de la guerra. Howard siempre estaba ahí donde se le necesitara (charlas, participación en desobediencia civil, apoyo a personas resistentes, dar testimonio en juicios).

“La historia desde abajo”

Aún más influyente a largo plazo que los escritos y acciones de Howard en contra de la guerra fue su imperecedera obra de arte, La otra historia de Estados Unidos, un libro que literalmente cambió la conciencia de una generación. En ella desarrolló con cuidado, lucidez y de forma exhaustiva su mensaje fundamental acerca del papel crucial de personas que siguen siendo desconocidas en llevar adelante la interminable lucha por la paz y la justicia, y acerca de las víctimas del sistema de poder que crea su propia versión de la historia y trata de imponerla. Posteriormente, sus “Voces” de la Historia del Pueblo, ahora una aclamada producción teatral y de televisión, ha llevado a muchas personas la palabras reales de aquellas personas olvidadas o ignoradas que desempeñaron un papel tan valioso en crear un mundo mejor.
El logro único de Howard en sacar las acciones y voces de personas desconocidas de las profundidades a las que habían sido confinadas mayoritariamente ha generado una enorme investigación histórica que sigue un camino similar, centrada en periodos críticos de la historia de Estados Unidos y que se vuelve también a otros países, lo que es muy bienvenido. No es algo completamente novedoso (anteriormente hubo investigaciones eruditas sobre temas particulares) pero no son en absoluto comparables a la amplia e incisiva evocación que hace Howard de la “historia desde abajo”, que compensa las omisiones críticas en cómo se ha interpretado y transmitido la historia de Estados Unidos.
El entregado activismo de Howard siguió, literalmente sin descanso, hasta el mismo final, incluso en sus últimos años, cuando padecía graves dolencias y una pérdida personal (aunque a duras penas se supiera cuando uno se encontraba con él o lo veía hablar incansable ante audiencias cautivadas por todo el país). Ahí donde había una lucha por la paz y la justicia, Howard estaba ahí, en primera línea, inagotable en su entusiasmo e inspirador en su integridad, compromiso, elocuencia y decencia pura. Resulta difícil calcular cuántas vidas de personas jóvenes y en qué grado se vieron afectadas por sus logros, tanto en su trabajo como en su vida.
Hay lugares en los que la vida y obra de Howard tuvieron una resonancia especial. Uno de ellos, que debería ser mucho más conocido, es Turquía. No conozco otro país en el que destacados escritores, artistas, periodistas, académicos y otros intelectuales hayan reunido un récord tan impresionante de valor e integridad en condenar crímenes de Estado e ir más allá para emprender la desobediencia civil para acabar con la opresión y la violencia, haciendo frente a una fuerte represión y a veces padeciéndola, para volver enseguida a la tarea.
Es un récord honroso, único que yo sepa, un récord del que el país debería estar orgulloso. Y uno que debería ser un modelo para otros, del mismo modo que la vida y obra de Howard Zinn son un modelo inolvidable, que con toda seguridad deja una huella permanente en la forma de enternder la historia y en cómo se debería vivir una vida decente y honorable.

* A People's History of the United States , traducción al castellano de Toni Strubel, La otra historia de Estados Unidos, Hondarribia, Hiru, 2005, edición revisada y corregida por el autor.


** Howard Zinn habla de estos años y estas luchas en su libro Nadie es neutral en un tren en marcha, Hondarribia, Hiru, 2001

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de varios libros políticos de gran éxito, incluyendo 9-11: Was There an Alternative? (Seven Stories Press), una versión actualizada de este clásico, que se acaba de publicar esta semana con un nuevo ensayo (del que este artículo es una adaptación) en conmemoración del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre.

Una versión de este artículo se publicó originariamente en TomDispatch.com.

Los puntos de vista expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de al Jazeera.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/01/201212382259755885.html


domingo, 11 de diciembre de 2011

Cumbre de Durban: Marchando hacia el precipicio



Noam Chomsky
La Jornada

Una tarea de la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, que en la actualidad está teniendo lugar en Durban, Sudáfrica, es extender las decisiones políticas previas, limitadas en alcance y solamente parcialmente aplicadas.
Estas decisiones se remontan a la Convención de 1992 de la ONU y al Protocolo de Kyoto de 1997, al que Estados Unidos rehusó unirse. El primer periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto termina en 2012. El ambiente más o menos general anterior a la conferencia fue capturado por The New York Times en un titular: "Asuntos urgentes, pero bajas expectativas"
Conforme los delegados se reúnen en Durban, un informe sobre un nuevo resumen actualizado de sondeos realizados por el Consejo de Relaciones Exteriores y el Programa sobre Actitudes Políticas Internacionales (PIPA, por sus siglas en inglés) revela el público de" todo el mundo y de Estados Unidos dice que sus gobiernos deben dar a una prioridad más alta al calentamiento global y apoyan vigorosamente acciones multilaterales para atenderlo".
La mayoría de los ciudadanos estadunidenses está de acuerdo, aunque el PIPA aclara que el porcentaje “ha estado declinando durante los últimos años, de forma que la preocupación de Estados Unidos es significativamente más baja que el promedio mundial —79 por ciento, en comparación con 84 por ciento-”.
"Los estadunidenses no perciben que hay un consenso científico acerca de la necesidad de acción urgente sobre el cambio climático... Una gran mayoría piensa que se verá afectada personalmente eventualmente por el cambio climático, pero sólo una minoría cree que está siendo afectada ahora, contrariamente a la opinión de la mayoría de los demás países. Los estadunidenses tienden a subestimar el nivel de preocupación de otros estadunidenses".
Estas actitudes no son accidentales. En 2009 las industrias de energía, apoyadas por el cabildeo corporativo, lanzaron varias grandes campañas que arrojan dudas sobre el casi unánime consenso científico sobre la severidad de la amenaza de calentamiento global inducido por los seres humanos.
El consenso solo es casi" unánime" porque no incluye a los muchos expertos convencidos de que las advertencias acerca del calentamiento global no son suficientemente fuertes, y por el grupo marginal que niega por completo la validez de la amenaza.
"La cobertura habitual de este problema", dijo, se basa en lo que se llama mantener un "balance": la abrumadora mayoría de los científicos en un lado, y los "negadores" en el otro. Los científicos que emiten las advertencias más sombrías son ignorados en su mayor parte.
Un efecto de esto es que escasamente una tercera parte de la población de EEUU cree que existe un consenso científico sobre la amenaza del calentamiento global, mucho menos que el promedio mundial, y radicalmente inconsistente con los hechos.
No es un secreto que el gobierno estadunidense está arrastrando los pies en cuanto a asuntos climáticos. "Los públicos de todo el mundo han criticado en gran parte la forma en que Estados Unidos está manejando el problema del cambio climático", según el PIPA. "En general, Estados Unidos se percibe ampliamente como el país que ha tenido el efecto más negativo sobre el ambiente del mundo, seguido por China. Alemania ha recibido las mejores calificaciones".
A veces es útil, para tener una perspectiva de lo que está ocurriendo en el mundo, adoptar la posición de observadores extraterrestres inteligentes que contemplan las extrañas ocurrencias en la Tierra. Observarían, asombrados, que el país más rico y poderoso en la historia del planeta ahora encabeza a los lemmings en su alegre avance hacia el precipicio.
El mes pasado, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), formada en 1974 a instancias del secretario estadunidense de Estado Henry Kissinger, emitió su informe más reciente sobre el acelerado incremento de las emisiones de carbono provenientes del uso de combustible fósil.
LA AIEA calculó que si el mundo sigue avanzando por su ruta actual, el "presupuesto de carbono" se habrá agotado para 2017. El presupuesto es la cantidad de emisiones que puede mantener el calentamiento global en un nivel de 2 grados Celsius, considerado el límite de seguridad.
El economista en jefe de la AIEA, Fatih Birol, dijo: "La puerta se está cerrando... Si no cambiamos la dirección ahora en cuanto a cómo usamos la energía, terminaremos más allá de lo que los científicos nos han dicho que es el mínimo (de seguridad). La puerta se habrá cerrado para siempre".
También el mes pasado, el Departamento de Energía estadunidense informó acerca de las cifras de emisiones para 2010. Las emisiones "aumentaron en la mayor cantidad registrada hasta ahora", citó la Associated Press, lo que significa que "los niveles de gases de invernadero son más elevados que el peor de los escenarios posibles" anticipados por el Panel Internacional sobre Cambio Climático en 2007.
John Reilly, codirector del Programa sobre Cambio Climático del Instituto de Tecnología (IPCC, por sus siglas en inglés) de Massachusetts, dijo a la Ap que los científicos han considerado, en general, que las predicciones del IPCC pecan de conservadoras –a diferencia del pequeño grupo que "negadores" que atraen la atención pública-. Reilly informó de que el escenario del peor de los casos estaba aproximadamente a la mitad de los cálculos de posibles resultados dados a conocer por científicos del MIT.
A medida que estos ominosos informes se daban a conocer, el diario Financial Times dedicó una plana entera a las optimistas expectativas de que Estados Unidos podría llegar a ser independiente en cuanto a energía durante un siglo con la nueva tecnología para la extracción de combustibles fósiles estadounidenses.
Aunque las proyecciones son inciertas, informa el Financial Times, Estados Unidos podría "pasar de un salto sobre Arabia Saudí y Rusia para convertirse en el mayor productor del mundo de hidrocarburos líquidos, contando tanto el petróleo crudo como los líquidos ligeros de gas natural".
De ocurrir este feliz suceso, Estados Unidos podría conservar su hegemonía mundial. Más allá de algunos comentarios sobre el impacto ecológico a escala local, el Financial Times nada dijo acerca de qué tipo de mundo emergería de esas emocionantes perspectivas. La energía es para quemarse, y que se lleve el diablo al ambiente global.
Prácticamente todos los gobiernos están dando al menos pasos vacilantes para hacer algo acerca de la catástrofe que se avecina. Estados Unidos está la cabeza en esto –al revés-. La Cámara de Representantes de Estados Unidos, dominada por los republicanos, ahora está desmantelando las medidas ambientales introducidas por Richard Nixon, que en muchos aspectos fue el último presidente liberal.
Este comportamiento reaccionario es una de muchas señales de la crisis de la democracia estadunidense durante la generación pasada. La brecha entre la opinión pública y la política pública ha crecido hasta convertirse en un abismo en asuntos centrales del debate político actual, como el del déficit y los empleos. Sin embargo, gracias a la ofensiva propagandística, la brecha es menos de lo que debería en el asunto más serio de la agenda internacional hoy en día, y posiblemente en la historia.
Se puede perdonar a los hipotéticos observadores extraterrestres si llegan a la conclusión de que al parecer estamos infectados por algún tipo de locura letal.

(El libro más reciente de Noam Chomsky es 9-11:Was there an Alternative?)

*Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/12/10/opinion/022a1mun

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reportaje a Naom Chomsky: Libia y los "guardianes de la libertad"

Dan Glazebrook

Al-Ahram Weekly

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fue una entrevista difícil. Noam Chomsky fue el primero que me abrió los ojos a la estructura neocolonial básica del mundo y el papel de los medios corporativos en el disimulo y legitimación de esta estructura.

Chomsky demostró consecuentemente cómo, desde el fin mismo de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. y sus aliados europeos han impuesto regímenes militares al Tercer Mundo con el papel asignado de mantener bajos los salarios (y por lo tanto altas las oportunidades de inversión) eliminando a comunistas, sindicalistas y a cualquiera que se pueda considerar una amenaza potencial para el imperio. Chomsky ha estado en la vanguardia de la denuncia de las mentiras y de los verdaderos motivos de las agresiones a Iraq, Afganistán y Serbia en los últimos años, y contra Centroamérica y el Sudeste Asiático antes de eso. Pero respecto a Libia, a mi juicio, su posición ha sido terrible.

No me malinterpreten: ahora la conquista casi ha terminado, Chomsky puede ser bastante franco en su denuncia, como deja claro durante la entrevista. “Ahora mismo, en este momento, la OTAN bombardea una base de operaciones de la mayor tribu de Libia”, me dice. “No hay muchas informaciones, pero si se leen los informes de la Cruz Roja, describen una horripilante crisis humanitaria en la ciudad que está bajo ataque, los hospitales se derrumban, no hay medicamentos, la gente muere, la gente huye a pie hacia el desierto para tratar de escapar, etc. Eso sucede bajo el mandato de la OTAN de proteger a los civiles".

Lo que me preocupa es que ése haya sido precisamente el mandato apoyado por Chomsky.

El general estadounidense Wesley Clark, comandante de la OTAN durante el bombardeo de Serbia, reveló hace siete años en la televisión de EE.UU. que el Pentágono había preparado una lista de gobiernos que quería eliminar en cinco años: Iraq, Siria, el Líbano, Somalia, Sudán e Irán. Gracias a la resistencia iraquí y afgana, el plan se ha retrasado, pero evidentemente no se ha abandonado. Deberíamos, por lo tanto, haber esperado la invasión de Libia.

En vista de la torpeza del ex presidente estadounidense George Bush para obtener apoyo global para la guerra contra Iraq, y el compromiso declarado de Obama con el multilateralismo y “el poder blando” deberíamos haber esperado que esta invasión se hubiera planificado meticulosamente a fin de darle un barniz de legitimidad. En vista de la creciente afición de la CIA a la instigación de “revoluciones de color” para causar dolores de cabeza a gobiernos que le disgustan, deberíamos haber esperado algo similar como parte de la preparación de la invasión de Libia. Y en vista de la estrecha relación de trabajo de Obama con los Clinton, deberíamos haber esperado que esta invasión siguiera el modelo altamente exitoso establecido por el ex presidente Bill Clinton en Kosovo: engatusar a movimientos rebeldes en el terreno para que realicen violentas provocaciones al Estado y luego gritar genocidio ante la reacción del Estado a fin de aterrorizar a la opinión mundial para que apoye la intervención.

En otras palabras, deberíamos haber visto lo que se venía, y destacados y ampliamente respetados intelectuales como Chomsky deberían haber utilizado su plataforma para publicitar las revelaciones de Clark, advertir sobre la próxima agresión, y llamar la atención respecto a la naturaleza racista y sectaria de los “movimientos rebeldes” que EE.UU. y Gran Bretaña han empleado tradicionalmente para derrocar a los gobiernos desobedientes. Ciertamente no era necesario recordar a Chomsky las demenciales atrocidades del Ejército de Liberación de Kosovo, de la Contra nicaragüense, o de la Alianza del Norte afgana. Por cierto, él fue uno de los que ayudaron a alertar al mundo de muchas de ellas.

Pero Chomsky no utilizó su plataforma para tratar estos puntos. En su lugar, en una entrevista con la BBC un mes después de comenzada la rebelión -y, crucialmente, solo cuatro días antes de la aprobación de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del comienzo de la guerra relámpago de la OTAN– prefirió calificar la rebelión de “maravillosa”. En otros sitios se refirió a la toma de la ciudad oriental libia de Bengasi por pandillas racistas como “liberación” y a la rebelión como “inicialmente no violenta”.

En una entrevista con la BBC, incluso afirmó que “Libia es el único sitio [en el Norte de África] donde hubo una reacción estatal muy violenta que reprimió los levantamientos populares”, una afirmación tan divorciada de la realidad que cuesta saber por dónde comenzar. El ex presidente egipcio Hosni Mubarak actualmente está procesado por el asesinato de 850 manifestantes, mientras, según Amnistía Internacional, solo fue posible confirmar 110 muertes en Bengasi antes del inicio de las operaciones de la OTAN, y esto incluyó a gente favorable al gobierno muerta por la milicia rebelde. Lo que hace que Libia sea excepcional en la Primavera Árabe del Norte de África es que fue el único país en el cual la rebelión fue armada, violenta, y orientada abiertamente a facilitar una invasión extranjera.

Ahora, cuando Amnistía ha confirmado que los rebeldes libios han estado utilizando la violencia desde el principio y han estado organizando desde entonces la caza masiva y la ejecución de libios negros y migrantes africanos, comencé la entrevista preguntando a Chomsky si ahora lamenta su apoyo público inicial a ellos.

Se encoge de hombros:

“No. Estoy seguro de que el informe de Amnistía Internacional es correcto, que había elementos armados entre ellos, pero nótese que no dijeron que la rebelión era una rebelión armada. En los hechos, la gran mayoría era probablemente gente como nosotros [sic], oponentes a Gadafi de clase media. En su mayoría fue un levantamiento sin armas. Se convirtió en un levantamiento violento, y por cierto las matanzas que usted describe tienen lugar, pero no comenzó de esa manera. En cuanto se convirtió en una guerra civil, eso sucedió”.

Sin embargo, efectivamente comenzó de esa manera. Los verdaderos colores de los rebeldes se mostraron el segundo día de la rebelión, el 18 de febrero, cuando detuvieron y ejecutaron a un grupo de 50 trabajadores migrantes africanos en la ciudad de Bayda. Una semana después, un testigo presencial aterrorizado dijo a la BBC que otros 70 u 80 trabajadores migrantes habían sido despedazados frente a sus ojos por fuerzas rebeldes. Esos incidentes –y muchos semejantes– dejaron claro el carácter racista de las milicias rebeldes mucho antes de la entrevista de Chomsky con la BBC del 15 de marzo. Pero Chomsky lo rechaza:

“Esas cosas no estaban claras en absoluto, y no se había informado al respecto. E incluso después, cuando se informó, no hablaban del levantamiento. Hablaban de un elemento en su interior”.

Puede que así lo vea Chomsky, pero ambos incidentes fueron presentados en esos días por medios dominantes como la BBC, National Public Radio de EE.UU., y el periódico británico The Guardian. Es obvio que estaban ocultos tras montones de veneno contra Gadafi y justificados con el pretexto usual de que los migrantes eran “presuntos mercenarios”, pero la experiencia de Chomsky en el análisis de los medios debería haberle capacitado para ver a través de eso. Además, la expulsión el mes pasado de toda la población, en su mayoría negra, de la ciudad libia de Tawarga por milicias de Misrata con nombres como “brigada para purgar pieles negras” recibió recientemente la bendición del presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mahmud Jibril. Presentar estos crímenes raciales como un elemento insignificante parece intencionalmente falaz.

Pero Chomsky se sigue manteniendo firme:

“Usted habla de lo que pasó después de la guerra civil y de la intervención de la OTAN, mientras que yo no. Dos puntos, que repetiré: Ante todo, no era conocido, y en segundo lugar era una parte muy pequeña del levantamiento.

El levantamiento fue realizado por una oposición de clase media, no violenta, en su abrumadora mayoría. Ahora sabemos que hubo un elemento armado y que se destacó rápidamente después del inicio de la guerra civil. Pero no tenía que ser así, de modo que si la segunda intervención no hubiera tenido lugar, podría haber sido diferente”.

Chomsky caracteriza la intervención de la OTAN como si hubiera tenido dos partes. Argumenta que la intervención inicial, autorizada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para impedir una masacre en Bengasi, fue legítima. Pero la “segunda” intervención, en la cual el triunvirato de EE.UU., Gran Bretaña y Francia actuó como una fuerza aérea de las milicias de Misrata y Bengasi en su conquista del resto del país, fue equivocada e ilegal.

“Tenemos que recordar que hubo dos intervenciones, no una, de la OTAN. Una de ellas duró unos cinco minutos. Es la que se emprendió según la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que planteaba una zona de exclusión aérea sobre Bengasi cuando existía la amenaza de una seria masacre, junto con un mandato más prolongado para proteger civiles. No duró casi nada [ya que], casi de inmediato, no la OTAN sino las tres tradicionales potencias imperiales, Francia, Gran Bretaña y EE.UU., realizaron una segunda intervención que no tuvo nada que ver con la protección de civiles y ciertamente no fue una zona de exclusión aérea, sino una participación en un alzamiento rebelde, y es la que hemos estado presenciando”.

“Estuvo casi aislada internacionalmente. Los países africanos se opusieron enérgicamente, pidieron negociaciones y diplomacia desde el principio. Los principales países independientes –los países del BRICS– también se opusieron a la segunda intervención y pidieron negociaciones y diplomacia. Incluso dentro de la participación limitada de la OTAN, fuera del triunvirato, en el mundo árabe, no pasó casi nada: Qatar envió un par de aviones y Egipto, vecino inmediato y fuertemente armado, no hizo nada”.

“Turquía se contuvo bastante tiempo y terminó participando débilmente en la operación del triunvirato. Por lo tanto fue una operación muy aislada. Se ha afirmado que fue realizada por una solicitud de la Liga Árabe, pero eso es sobre todo un fraude. Ante todo, la solicitud de la Liga Árabe fue extremadamente limitada y solo participó una minoría, Arabia Saudí y los Estados del Golfo. En realidad también emitieron una solicitud de dos zonas de exclusión aérea –una sobre Libia y la otra sobre Gaza-. Sobra hablar de lo que sucedió con la segunda”.

Estamos de acuerdo con casi todo esto. Mi argumento, sin embargo, es que siempre fue dolorosamente obvio que la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad tenía el propósito de suministrar una hoja de parra al triunvirato precisamente para la “segunda intervención” que denuncia Chomsky.

“No quedó claro, incluso durante esos cinco minutos, que las potencias imperiales aceptaron la resolución. Solo quedó claro un par de días después, cuando comenzaron a bombardear en apoyo de los rebeldes. Y no tenía que ser así. Podría haber prevalecido la opinión mundial, sobre todo la del BRICS, África, Turquía, etc.”

Parece extraño e ingenuo que un hombre de la visión de Chomsky simule sorpresa ante el hecho de que las potencias imperiales hayan utilizado la Resolución 1973 de la ONU para sus propios fines a fin de derrocar a uno de los gobiernos de su lista de "eliminables". ¿Para qué otra cosa la iban a utilizar? También es exasperante: si lo hubiese dicho otra persona yo le habría dicho que leyera algo de Chomsky.

Chomsky podría haber dicho que las potencias imperiales no actúan por razones humanitarias, sino por impulsos totalitarios y para defender y ampliar su dominación del mundo y de sus recursos. También habría dicho, a mi entender, que no esperaran que esas potencias implementaran medidas para salvar civiles, sino solo las aprovecharían y harían lo contrario.

Sin embargo, en esta ocasión Chomsky parece haber seguido una lógica diferente. ¿Acepta Chomsky que su exculpación de los rebeldes y su satanización de Gadafi en los días y semanas antes del lanzamiento de la invasión, podría haber ayudado a facilitarla?

“Por cierto no exculpé a los rebeldes. No dije casi nada sobre ellos”.

La entrevista original tuvo lugar antes de todo esto –fue en un período en el cual había que tomar una decisión incluso sobre si había que introducir una resolución de la ONU para plantear una zona de exclusión aérea– y, a propósito, dije después de su aprobación que pensaba que podría defenderse, y diría lo mismo actualmente.

Sin embargo, incluso después de que la agresión británica, francesa y estadounidense a Libia había quedado sobradamente clara, Chomsky publicó otro artículo sobre Libia el 5 de abril. Para entonces, miles, si no decenas de miles, de libios habían sido masacrados por las bombas de la OTAN. Esa vez el artículo de Chomsky comenzó con una crítica a los gobiernos británico y estadounidense no por su guerra relámpago sino por su supuesto apoyo a Gadafi “y sus crímenes”. ¿No contribuyó a la satanización que justificó y perpetuó la agresión de la OTAN?

“Ante todo no acepto su descripción. Yo no la llamaría una agresión de la OTAN, ya que es más compleja que eso. El paso inicial –la primera intervención, la de cinco minutos– pienso que fue justificable. Existía una posibilidad –una posibilidad significativa– de una matanza muy grave en Bengasi. Gadafi tenía un horrible historial de matanzas, y debería conocerse, pero en ese momento, pienso que la reacción adecuada debería haber sido decir la verdad de lo que estaba sucediendo”.

No puedo dejar de preguntar por qué la responsabilidad de “decir la verdad de lo que estaba sucediendo” se aplica solo a Libia. ¿No deberíamos también decir la verdad sobre lo que sucede en Occidente? ¿De su inextinguible sed de reservas de petróleo y gas en disminución, por ejemplo, o de su temor de un África independiente, o su largo historial de apoyo y armamento de brutales gángsteres contra los gobiernos que quieren remover? Chomsky está suficientemente familiarizado con los ejemplos. ¿No deberíamos decir la verdad sobre la crisis que actualmente afecta al sistema económico occidental y lleva a sus elites a basarse cada vez más en el belicismo para mantener su dominación que se derrumba? ¿No es todo realmente mucho más pertinente respecto a la guerra contra Libia que el recuento de los supuestos crímenes de Gadafi de hace veinte años?

Chomsky argumentó con el académico y activista estadounidense James Petras en 2003 por su condena del arresto por parte del gobierno cubano de varias docenas de agentes estadounidenses y la ejecución de tres secuestradores. Petras había argumentado entonces que “los intelectuales tienen la responsabilidad de distinguir entre las medidas defensivas tomadas por países bajo ataque imperial y los métodos ofensivos de potencias imperiales decididas a conquistarlos. Es el colmo de la hipocresía y del fingimiento de piedad plantear equivalencias morales entre la violencia y la represión de países imperiales decididos a conquistarlos con la de países del Tercer Mundo bajo amenaza militar y terrorista”.
En esta ocasión, Chomsky ha hecho algo peor. Lejos de plantear equivalencias morales, simplemente ha borrado del cuadro los crímenes de los aliados libios de la OTAN, mientras amplifica y distorsiona las medidas defensivas tomadas por el gobierno de Libia al enfrentar una rebelión respaldada por EE.UU.
Recuerdo a Chomsky su comentario de hace algunos años de que Libia se utilizó como un chivo expiatorio por parte de los políticos estadounidenses para distraer la atención pública de los problemas internos. “Sí, así era. Pero no significa que fuera un sitio agradable”.
Es mucho menos agradable ahora.

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Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2011/1073/intrvw.htm

martes, 4 de octubre de 2011

Gangsters



Noam Chosmky

Página12

Cualquiera que tenga los ojos abiertos sabe que el gangsterismo de Wall Street –y de las instituciones financieras en general– ha causado daños severos al pueblo norteamericano y al mundo. Y también deben saber que eso es algo que vienen haciendo desde hace 30 años. En este tiempo, su poder económico y político han aumentado radicalmente y en un círculo vicioso un 1 por ciento de la sociedad amasó una inmensa fortuna mientras el resto se precarizó, y todo con total impunidad: no sólo son lo suficientemente grandes como para caer, sino también para ser apresados.


La corajuda y honorable protesta que se está desarrollando en Wall Street debería servir para llevar la atención pública hacia esta calamidad y dedicar esfuerzos para superarla y llevar a la sociedad hacia un curso más saludable.



Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/7363-1509-2011-10-02.html

martes, 9 de agosto de 2011

Estados Unidos en decadencia



Noam Chomsky

La Jornada

Es un tema común que Estados Unidos, que apenas hace unos años era visto como un coloso que recorrería el mundo con un poder sin paralelo y un atractivo sin igual (...) está en decadencia, enfrentado fatalmente a la perspectiva de su deterioro definitivo, señala Giacomo Chiozza en el número actual de Political Science Quarterly.
La creencia en este tema, efectivamente, está muy difundida. Y con cierta razón, si bien habría que hacer cierto número de precisiones. Para empezar, la decadencia ha sido constante desde el punto culminante del poderío de Estados Unidos, luego de la Segunda Guerra Mundial, y el notable triunfalismo de los años 90, después de la guerra del Golfo, fue básicamente un autoengaño.
Otro tema común, al menos entre quienes no se ciegan deliberadamente, es que la decadencia de Estados Unidos, en gran medida, es autoinfligida. La ópera bufa que vimos este verano en Washington, que disgustó al país y dejó perplejo al mundo, podría no tener parangón en los anales de la democracia parlamentaria.
El espectáculo incluso está llegando a asustar a los patrocinadores de esta parodia. Ahora, al poder corporativo le preocupa que los extremistas que ayudó a poner en el Congreso de hecho derriben el edificio del que dependen su propia riqueza y sus privilegios, el poderoso estado-niñera que atiende a sus intereses.
La supremacía del poder corporativo sobre la política y la sociedad –por lo pronto básicamente financiera– ha llegado al grado de que las dos formaciones políticas, que en esta etapa apenas se parecen a los partidos tradicionales, están mucho más a la derecha de la población en los principales temas a debate.
Para el pueblo, la principal preocupación interna es el desempleo. En las circunstancias actuales, esta crisis sólo puede remontarse mediante un significativo estímulo del gobierno, mucho más allá del más reciente, que apenas hizo coincidir el deterioro en el gasto estatal y local, aunque esa iniciativa tan limitada probablemente haya salvado millones de empleos.
Pero para las instituciones financieras la principal preocupación es el déficit. Por lo tanto, sólo está en discusión el déficit. Una gran mayoría de la población está a favor de abordar el déficit gravando a los muy ricos (72 por ciento, con 27 por ciento en contra), según precisa una encuesta de The Washington Post y ABC News. Recortar los programas de atención médica cuenta con la oposición de una abrumadora mayoría (69 por ciento Medicaid, 78 por ciento Medicare). El resultado probable, por lo tanto, es lo opuesto.
El Programa sobre Actitudes de Política Internacional (PIPA) investigó cómo eliminaría el déficit la gente. Steven Kull, director de PIPA, afirma: Es evidente que tanto el gobierno como la Cámara (de Representantes) dirigida por los republicanos están fuera de sincronía con los valores y prioridades de la gente en lo que respecta al presupuesto.
La encuesta ilustra la profunda división: La mayor diferencia en gasto es que el pueblo favorece recortes profundos en el gasto de defensa, mientras el gobierno y la Cámara de Representantes proponen aumentos modestos. El pueblo también favorece aumentar el gasto en la capacitación para el trabajo, la educación y el combate a la contaminación en mayor medida que el gobierno o la Cámara.
El acuerdo final –o más precisamente la capitulación ante la extrema derecha– es lo opuesto en todos los sentidos, y casi con toda certeza provocará un crecimiento más lento y daños a largo plazo a todos, menos a los ricos y a las corporaciones, que gozan de beneficios sin precedentes.
Ni siquiera se discutió que el déficit podría eliminarse si, como ha demostrado el economista Dean Baker, se remplazara el disfuncional sistema de atención médica privada de Estados Unidos por uno semejante al de otras sociedades industrializadas, que tienen la mitad del costo per cápita y obtienen resultados médicos equivalentes o mejores.
Las instituciones financieras y las grandes compañías farmacéuticas son demasiado poderosas para que siquiera se analicen esas opciones, aunque la idea difícilmente parece utópica. Fuera de la agenda por razones similares también se encuentran otras opciones económicamente sensatas, como la del impuesto a las transacciones financieras pequeñas.
Entre tanto, Wall Street recibe regularmente generosos regalos. El comité de asignaciones de la Cámara de Representantes recortó el presupuesto a la Comisión de Títulos y Bolsa, la principal barrera contra el fraude financiero. Y es poco probable que sobreviva intacta la Agencia de Protección al Consumidor.
El Congreso blande otras armas en su batalla contra las generaciones futuras. Enfrentada a la oposición republicana en la protección ambiental, la importante compañía de electricidad American Electric Power archivó el esfuerzo más destacado del país para captar el bióxido de carbono de una planta actualmente impulsada por carbón, lo que asestó un fuerte golpe a las campañas para reducir las emisiones causantes del calentamiento global, informó The New York Times.
Estos golpes autoinfligidos, aunque cada vez son más potentes, no son una innovación reciente. Datan de los años 70, cuando la política económica nacional sufrió importantes transformaciones que pusieron fin a lo que suele llamarse la época de oro del capitalismo de Estado.
Dos importantes elementos de esto fueron la financiarización (el desplazamiento de las preferencias de inversión, de la producción industrial a las finanzas, los seguros y los bienes raíces) y la externalización de la producción. El triunfo ideológico de las doctrinas de libre mercado, muy selectivo como siempre, le asestó aún más golpes, conforme se traducía en desregulación, reglas de administración corporativa que condicionaban las enormes recompensas a los directores generales con los beneficios a corto plazo y otras decisiones políticas similares.
La concentración resultante de riqueza produjo mayor poder político, acelerando un círculo vicioso que ha aportado una riqueza extraordinaria al uno por ciento de la población, básicamente directores generales de grandes corporaciones, gerentes de fondos de garantía y similares, mientras la gran mayoría de los ingresos reales prácticamente se estancaron.
Al mismo tiempo, el costo de las elecciones se disparó a las nubes, haciendo que los dos partidos tuvieran que escarbar más hondo en los bolsillos de las corporaciones. Lo que quedaba de democracia política fue socavado aún más cuando ambos partidos recurrieron a la subasta de puestos directivos en el Congreso, como delineó el economista Thomas Ferguson en The Financial Times.
Los principales partidos políticos adoptaron una práctica de los grandes detallistas, como Walmart, Best Buy y Target, escribe Ferguson. Caso único en las legislaturas del mundo desarrollado, los partidos estadunidenses en el Congreso ponen precio a puestos claves en el proceso legislativo. Los legisladores que aportan más fondos al partido son los que obtienen esos puestos.
El resultado, de acuerdo con Ferguson, es que los debates se basan fuertemente en la repetición interminable de un puñado de consignas, que han sido probadas por su atractivo para los bloques de inversionistas y grupos de interés nacionales, de los que depende la dirigencia para obtener recursos. Y que se condene el país.
Antes del crac de 2007, del que fueron responsables en gran medida, las instituciones financieras posteriores a la época de oro habían obtenido un sorprendente poder económico, multiplicando por más de tres su participación en las ganancias corporativas. Después del crac, numerosos economistas empezaron a investigar su función en términos puramente económicos. Robert Solow, premio Nobel de Economía, concluyó que su efecto podría ser negativo. Su éxito aporta muy poco o nada a la eficiencia de la economía real, mientras sus desastres transfieren la riqueza de los contribuyentes hacia los financieros.
Al triturar los restos de la democracia política, las instituciones financieras están echando las bases para hacer avanzar aún más este proceso letal... en tanto sus víctimas estén dispuestas a sufrirlo en silencio.

(El libro más reciente de Noam Chomsky es 9-11: Tenth Anniversary. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts)

Distributed by The New York Times Syndicate
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/08/index.php?section=opinion&article=032a1mun

miércoles, 13 de julio de 2011

En Israel, una advertencia de tsunami

Noam Chomsky

La Jornada

En mayo, durante una reunión a puerta cerrada de muchos de los líderes empresariales israelíes, Idan Ofer, magnate de empresas tenedoras, advirtió: Nos estamos convirtiendo rápidamente en Sudáfrica. El impacto económico de las sanciones será sentido por todas las familias de Israel.
La preocupación principal de los magnates de negocios era la sesión de la Asamblea General de la ONU este septiembre, en la que la Autoridad Palestina planea hacer un llamado para el reconocimiento de un Estado palestino.
Dan Gilleman, ex embajador de Israel ante Naciones Unidas, advirtió a los participantes que la mañana posterior al anuncio anticipado del reconocimiento del Estado palestino, un proceso doloroso y dramático de sudafricanización se iniciará, con lo que quiso decir que Israel se tornaría en un Estado paria, sujeto a sanciones internacionales.
En ésta y subsecuentes reuniones, los oligarcas exhortaron al gobierno a iniciar esfuerzos modelados sobre las propuestas sauditas (de la Liga Árabe) y el no oficial acuerdo de Ginebra de 2003, en el que negociadores israelíes y palestinos de alto nivel detallaron un acuerdo de dos estados que fue recibido con agrado por la mayor parte del mundo, descartado por Israel e ignorado por Washington.
En marzo, el ministro de Defensa israelí Ehud Barak advirtió que la acción potencial de la ONU sería un tsunami. El temor es que el mundo condene a Israel no sólo por violar el derecho internacional, sino también por cometer sus actos criminales en un Estado ocupado reconocido por la ONU.
Estados Unidos e Israel libran intensas campañas diplomáticas para impedir este tsunami. Si fracasan, el reconocimiento del Estado palestino es muy probable.
Más de 100 estados ya han reconocido a Palestina. El Reino Unido, Francia y otras naciones europeas han elevado la clasificación de la delegación general palestina a la de misiones diplomáticas y embajadas, estatus reservado normalmente para estados, observa Victor Kattan, en el American Journal of International Law.
Palestina también ha sido admitida en organizaciones de Naciones Unidas aparte de la Unesco y la Organización Mundial de la Salud, que han evitado dar este paso por temor a perder los fondos de Estados Unidos, en lo que no es una amenaza vana.
En junio, el Senado estadunidense aprobó una resolución que amenaza suspender la ayuda a la Autoridad Palestina si persiste con su iniciativa en la ONU. Susan Rice, embajadora de EU ante Naciones Unidas, advirtió que no hay una amenaza mayor para el financiamiento de Estados Unidos a Naciones Unidas que la perspectiva de que la estatidad palestina sea respaldada por estados miembros, informa el Daily Telegraph (Londres). El nuevo embajador de Israel ante la ONU, Ron Prosor, informó a la prensa israelí que el reconocimiento de la ONU llevaría a la violencia y la guerra.
La ONU presumiblemente reconocería a Palestina en las fronteras internacionalmente reconocidas, incluyendo las Alturas del Golán, Cisjordania y Gaza. Las Alturas fueron anexadas por Israel en diciembre de 1981, en violación de las órdenes del Consejo General de Seguridad de la ONU.
En Cisjordania, los asentamientos israelíes y actos para apoyarlos constituyen claramente una violación del derecho internacional, conforme al Tribunal Mundial y el Consejo de Seguridad. En febrero de 2006, Estados Unidos e Israel impusieron un sitio en Gaza después de que el bando equivocado –Hamas– ganó en las elecciones en Palestina, reconocidas como libres y justas. El sitio se tornó mucho más severo en junio de 2007, después del fracaso de un golpe militar apoyado por Estados Unidos destinado a derrocar al gobierno elegido.
En junio de 2010, el sitio de Gaza fue objeto de una condena por el Comité Internacional de la Cruz Roja –que rara vez emite tales reportes– como un castigo colectivo impuesto en violación clara del derecho humanitario internacional. La BBC informó que el CICR pinta una amarga imagen de las condiciones en Gaza; hospitales escasos de equipo, cortes de energía eléctrica que duran varias horas cada día, agua para beber no apta para el consumo y, por supuesto, una población encerrada.
El criminal sitio extiende la política de Estados Unidos e Israel, impuesta desde 1991, de separar a Gaza de Cisjordania, asegurándose así de que el Estado palestino quedaría, de hecho, rodeado de potencias hostiles: Israel y la dictadura jordana. Los acuerdos de Oslo, firmados por Israel y la Organización para la Liberación de Palestina en 1993, proscriben separar a Gaza de Cisjordania.
Una amenaza más inmediata que enfrenta la política de rechazo de EU e Israel es la flotilla que trata de desafiar el bloqueo de Gaza llevando cartas y ayuda humanitaria. En mayo de 2010, el último de estos intentos llevó a un ataque por parte de comandos israelíes en aguas internacionales –un acto criminal grave en sí– en el cual nueve pasajeros fueron abatidos, acciones que fueron severamente condenadas fuera de Estados Unidos.
En Israel, la mayoría de la gente está convencida de que los comandos fueron las víctimas inocentes, atacados por los pasajeros, en lo que es otra señal de la irracionalidad autodestructiva que infesta a la sociedad.
Hoy, EU e Israel están tratando vigorosamente de bloquear a la flotilla, La secretaria de Estado Hillary Clinton virtualmente autorizó el uso de violencia, al señalar que los israelíes tienen el derecho de defenderse si flotillas tratan de provocar acciones al ingresar a aguas israelíes, o sea aguas de Gaza, como si Gaza perteneciera a Israel.
Grecia accedió a impedir que los botes salieran de sus puertos (esto es, los botes que no han sido saboteados todavía), aunque, a diferencia de Clinton, Grecia se refirió correctamente al área marítima de Gaza.
En enero de 2009, Grecia se había distinguido por negarse a permitir que armas estadunidenses fueran enviadas por mar a Israel desde puertos griegos durante el cruel ataque de EU e Israel en Gaza. Grecia, que ya no es un país independiente en su actual crisis financiera, evidentemente no puede permitirse tan inusual integridad.
Interrogado si la flotilla era un provocación, Chris Gunness, vocero de la Agencia para la Ayuda y Obras de la ONU, principal agencia de ayuda para Gaza, describió la situación como desesperada. Si no hubiera una crisis humana, si no hubiera una crisis en casi cualquier aspecto de la vida en Gaza, no habría necesidad de la flotilla... 95 por ciento del agua en Gaza no es potable, 40 por ciento de las enfermedades son transmitidas por el agua... 45.2 por ciento de la fuerza laboral carece de trabajo, 80 por ciento depende de la ayuda; se ha triplicado el número de pobres desde el inicio del bloqueo. Eliminemos este bloqueo y no habría necesidad de flotilla alguna.
Las iniciativas diplomáticas como la estrategia estatal palestina y, en general, las acciones no violentas, amenazan a aquellos que tienen un monopolio virtual de la violencia. Estados Unidos e Israel tratan de mantener posiciones indefendibles: la ocupación y la subversión del abrumador consenso a favor de un acuerdo diplomático.
Noam Chomsky es catedrático emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Mass. Su libro más reciente, con su coautor Ilan Pappe, es Gaza en crisis.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/07/11/index.php?section=opinion&article=029a1mun


© 2011 Noam Chomsky, Distribuido por The New York Times Syndicate

jueves, 7 de julio de 2011

Chomsky-Chávez :

Esto se escribe en Clarín:

“Noam Chomsky denuncia a su viejo amigo Hugo Chávez por ‘asalto’ contra la democracia”. El título de la nota publicada por el diario británico The Guardian el domingo pasado desató una ola de idas y vueltas entre chavistas y antichavistas. El lingüista estadounidense había escrito una carta abierta a los venezolanos para pedir por la liberación de la jueza María Lourdes Afiuni, detenida en Caracas desde 2009 y contra quien Chávez exigió 30 años de condena por haber liberado a un banquero detenido sin condena y que el régimen consideraba corrupto. La dramática historia de esta mujer que enfermó de cáncer en la cárcel y a quien se le negó atención médica especializada , se reactualizó ayer cuando rechazó que se le inicie su juicio oral porque consideró que su juez no es imparcial. Chomsky aclaró después que el diario inglés había malinterpretado su crítica al presidente venezolano, pero el lingüista no dudó en cuestionar la independencia de la justicia venezolana y aseguró que Chávez no debió ordenar esa detención.
La crítica de Chomsky no es cualquier crítica porque viene de uno de los intelectuales que más apoyó al gobierno chavista, y tampoco es cualquier caso el de la jueza Afiuni. La magistrada fue detenida el 10 diciembre de 2009 por haber liberado al banquero Eligio Cedeño. La jueza consideró –según el artículo 244 del Código Procesal Penal– que no puede mantenerse privado de libertad a nadie por más de dos años sin sentencia condenatoria. Tras su liberación, Cedeño se fue del país y Afiuni terminó en la cárcel .
La sorprendente medida se produjo después de que Chávez calificara a Afiuni de “bandida” y que debía ser castigada con “pena máxima de 30 años”. Según el régimen, había recibido dinero para ayudar al imputado pero no se informó sobre pruebas de ese delito. La ex jueza denunció haber sido golpeada y acosada en la cárcel, donde había mujeres que condenó, y que no recibió tratamiento médico para su enfermedad.
A fines del año pasado se inició un movimiento internacional en su apoyo. Y, a principios de 2011, se le dictó prisión domiciliaria y se le permitió acudir a un hospital oncológico. Chomsky envió a varios medios de comunicación una carta en apoyo a la jueza.
“La jueza Afiuni –escribió– ha sufrido demasiado. Ha sido objeto de actos de violencia y humillaciones que minan su dignidad humana. Estoy convencido de que debe ser liberada, no sólo por sus condiciones físicas y sicológicas, sino de conformidad a la defensa de la dignidad humana que la revolución bolivariana presenta como una meta”.
En la entrevista con The Guardian ( www.guardian.co.uk/world/2011/jul/04/noam-chomsky-venezuela ), Chomsky asegura que cualquier concentración de poder por parte del Ejecutivo de un país, salvo determinadas excepciones como una guerra, es un asalto a la democracia. Chomsky dice que éste es un “debate legítimo” para dar en Venezuela, pero que en su opinión “esto no sucede”. En otro párrafo critica la acción de Chávez contra la jueza.
Ante la pregunta del diario sobre la falta de independencia judicial en Venezuela, Chomsky dijo: “No lo he investigado de cerca. Mi sospecha es que el poder judicial no es tan independiente como debería ser.” Desde hace un año, Noam Chomsky trabajó con el Centre for Human Rights Policy de la Universidad de Harvard en este caso. Y explicó que había enviado varias cartas al gobierno venezolano en privado y que no fueron respondidas. Por eso hizo pública la del domingo.

http://www.clarin.com/mundo/famoso-intelectual-Chavez-arremete-regimen_0_512948796.html

Esto se escribe en Rebelión, investigando:

Noam Chomsky califica de "engañosa" la versión de The Guardian sobre sus declaraciones

lubrio.blogspot.com


El intelectual estadounidense Noam Chomsky calificó de "engañoso" (deceptive) el artículo escrito por el diario The Guardian y titulado "Noam Chomsky denuncia a su viejo amigo Hugo Chávez por 'asalto' a la democracia" [1], que ha desatado una ola de especulaciones en portales de derecha afirmando que el profesor de Lingüistica del MIT, famoso por sus opiniones políticas y libros como "La Aldea Global", "Hegemonía y Superviviencia" y "Estados fallidos", supuestamente se ha puesto en contra de la revolución bolivariana.

Tras escribirle a su correo electrónico y preguntarle por la veracidad de la información allí aparecida, Chomsky explicó:

"La versión de The Guardian, como lo había previsto, es muy engañosa. El artículo en The New York Times es más preciso. Ambos omiten algo que destaqué bastante: que las críticas del gobierno de EE.UU. o de cualquier persona que apoya sus acciones no pueden ser tomadas en serio, considerando que Washington tiene un historial mucho peor y no tiene ninguna de las auténticas preocupaciones que Venezuela se enfrenta. El caso (del soldado Bradley) Manning, por decir uno, es mucho peor que el de la jueza Afiuni".
En una carta enviada por Chomsky a varios medios de comunicación [8], el intelectual pide que a la jueza María Lourdes Afiuni se le otorgue libertad plena, como un gesto humanitario del Presidente Hugo Chávez dada la condición física y psicológica de la jueza. Chomsky indicó que ella fue detenida de forma inadecuada, que fue tratada de forma degradante en el Instituto Nacional de Orientación Femenina, que se mostró crueldad en su contra y que su salud se deterioró rápidamente.

La carta enviada por Chomsky en ningún momento habla de deslindarse o darle la espalda al gobierno bolivariano. De hecho, en una parte de su escrito manifiesta que Afiuni debe ser liberada "en conformidad con la dignidad humana, que la Revolución Bolivariana presenta como uno de sus logros".

La nota escrita por el New York Times, titulada "Connotado izquierdista urge a Chávez a liberar una jueza convaleciente", no incluye frases de Chomsky que sí aparecen en The Guardian, en torno a un supuesto "asalto a la democracia" por parte del Presidente Chávez.

Por su parte, la abogada estadounidense e investigadora Eva Golinger explicó a través de su cuenta en Twitter haber conversado con Chomsky. Asegura que fue víctima de los medios y de una fundación, el Carr Center, que lo habría convencido de escribir la carta. "Lo de Chomsky fue manipulado. Hablé con él y me confirmó que lo habían distorsionado en los medios. ¡Nadie se escapa de la manipulación mediática!", indicó la abogada.

Recordando el caso Afiuni-Cedeño

Afiuni en estos momentos goza del beneficio de casa por cárcel con obligación de presentarse ante los tribunales cada quince días, tras ser sometida el pasado mes de febrero a una histerectomía completa (extirpación del útero y cuello uterino). Chomsky reconoce que el beneficio de casa por cárcel es "sin duda una significativa mejora en su situación", pero pide al Presidente Chávez otorgarle el beneficio de libertad por razones humanitarias.

La jueza fue arrestada en diciembre de 2009, luego de haberle otorgado al banquero Eligio Cedeño, entonces presidente de Bolívar Banco, el beneficio de ser juzgado en libertad. Dicha institución financiera fue intervenida en noviembre de ese año luego de que sus dueños cometieran irregularidades, estafando unos 27 millones de dólares de los ahorros de sus clientes. Afiuni otorgó el beneficio al banquero el 10 de diciembre de 2009, sin la presencia de los fiscales y únicamente con sus abogados presentes [9], lo que violaría leyes venezolanas. Cedeño fue sacado por una puerta trasera de la corte, tras lo cual tomó un vuelo y salió del país. Actualmente el banquero vive en Miami, EEUU, donde recibió asilo político. La jueza Afiuni fue detenida ese mismo día, al sospecharse que ocurrió una fuga planificada con su participación.

Cedeño (izq.) recibió asilo en Estados
Unidos en mayo de este año
Opositores y medios de comunicación han tergiversado una opinión que dio el presidente Chávez en aquella ocasión, diciendo que la jueza merecía 30 años de prisión [3]; los opositores aseguran que ello fue "una orden" dada por el Jefe de Estado para arrestarla, y tergiversan sus declaraciones para decir que Chávez atentó contra de la independencia de los poderes públicos.

Por su parte, Chomsky explicó que algunas ONGs, como Amnistía Internacional, habían dado testimonios a favor de la jueza Afiuni, y que "en general, en el caso de personas detenidas sin ser juzgadas, creo que es apropiado tomar sus denuncias seriamente a menos que hayan evidencias creíbles e independientes que la refuten". El juicio a Afiuni comenzará el próximo 6 de julio.

Junto al Bolívar Banco también fueron intervenidos los banco Canarias, Confederado y Banpro. El gobierno bolivariano finalmente absorbió el banco Bolívar, siendo integrado al Banco Bicentenario. La mayor parte de los ahorristas del Bolívar Banco recibieron en diciembre de 2009 sus ahorros por parte del gobierno.

El Carr Center

En su misiva, Chomsky admite que su defensa a Afiuni ocurre luego de ser contactado por el Carr Center, una organización de defensa de los derechos humanos que tiene relaciones con USAID. Leonardo Vivas, coordinador de la Iniciativa Latinoamérica de dicha organización, admitió que Chomsky fue contactado porque "es alguien cuya voz podría ser escuchada en Venezuela", según relata el New York Times. Dijo que Chomsky aceptó prontamente la invitación de su organización a apoyar a Afiuni.

Leonardo Vivas, del Carr Center
Vivas es un sociólogo de la UCV, que ha brindado en universidades estadounidenses, como la Tufts University, cursos sobre "la era Chávez en Venezuela". Fue director de Industria en el Ministerio de Fomento entre 1990 y 1992, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, y también tuvo un cargo de dirección e el Ministerio de Industria y Comercio en 1989, también durante el gobierno de CAP. Fue director ejecutivo de la organización pro-empresarial "Venezuela Competitiva". [5]

Chomsky es profesor en el Massachussets Institute of Technology (MIT), al igual que Richard Stallman, otro estadounidense que también se ha pronunciado recientemente en torno al caso Afiuni [7]. Algunos creen que podría haber una operación de "lobby" a favor de la jueza, convenciendo a profesores e intelectuales estadounidenses de apoyarla.

Chomsky también deseó, en una entrevista, pronta mejoría al Presidente Chávez en su enfermedad, según indicó el NY Times.


(Con información de David Segarra)

[1] http://www.guardian.co.uk/world/2011/jul/03/noam-chomsky-hugo-chavez-democracy?CMP=twt_gu
[2] http://www.nytimes.com/2011/07/03/world/americas/03venezuela.html
[3] http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=2&t=115304
[4] http://www.ewmi-praj.org/l_hr_orgs.asp
[5] http://www.linkedin.com/pub/leonardo-vivas/9/211/b15
[6] http://web.mit.edu/linguistics/people/faculty/chomsky/index.html
[7] http://www.stallman.org/archives/2011-jan-apr.html#20 January 2011 (Don't cross Hugo Chavez)
[8] http://es.scribd.com/doc/59209131/Noam-Chomsky-Carta-Publica-a-los-venezolanos-Final-27-6-2011-1
[9] http://www.rnv.gob.ve/noticias/index.php?act=ST&f=2&t=115294

Fuente: http://lubrio.blogspot.com/2011/07/noam-chomsky-enganosa-la-version-de.html

lunes, 16 de mayo de 2011

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’
Noam Chomsky
Cada vez es más evidente que la operación fue un asesinato planificado, violando de manera múltiple normas elementales del derecho internacional. No que hicieran ningún intento de aprehender a la víctima desarmada, lo que presumiblemente podrían haber logrado 80 comandos que virtualmente no enfrentaban ninguna oposición, excepto, afirman, la de su esposa, que se lanzó hacia ellos.
En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los sospechos se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. Subrayo "sospechosos”. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa de que después de la investigación más intensiva de la historia, el FBI solo podía decir que "creía” que la conspiración se tramó en Afganistán, aunque se implementó en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que solo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían 8 meses antes, cuando Washington desdeñó ofertas tentadoras de los talibanes (no sabemos cómo de serias porque se descartaron instantáneamente) de extraditar a Bin Laden si les presentaban alguna evidencia, la que, como pronto supimos, Washington no poseía. Por lo tanto Obama simplemente mintió cuando dijo en su declaración de la Casa Blanca, que "rápidamente supimos que los ataques del 11-S fueron realizados por al-Qaida”.
Desde entonces no han suministrado nada serio. Han hablado mucho de la "confesión” de Bin Laden, pero suena más bien como si yo confesara que gané el Maratón de Boston. Alardeó de algo que consideraba un gran logro.
También hay mucha discusión sobre la cólera de Washington porque Pakistán no entregó a Bin Laden, aunque seguramente elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban informados de su presencia en Abbottabad. Se habla menos de la cólera paquistaní porque EEUU invadió su territorio para realizar un asesinato político. El fervor antiestadounidense ya es muy fuerte en Pakistán, y estos eventos probablemente lo exacerbarán. La decisión de arrojar el cuerpo al mar ya provoca, previsiblemente, cólera y escepticismo en gran parte del mundo musulmán.
Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico. Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un "sospechoso” sino indiscutiblemente el que "tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el "supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.
Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la "doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente. Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente.
Lo mismo pasa con el nombre: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial está tan arraigada, en toda la sociedad occidental, que parece que nadie percibe que están glorificando a Bin Laden al identificarlo con la valerosa resistencia frente a los invasores genocidas. Es como bautizar nuestras armas asesinas según las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk… Es como si la Luftwaffe llamara sus aviones caza: "Judío” y "Gitano”.
Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.
*Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de numerosas obras políticas. Sus últimos libros son una nueva edición de Power and Terror, The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), una colección de sus escritos sobre política y sobre el lenguaje desde los años cincuenta hasta el presente, Gaza in Crisis, con Ilan Pappé, y Hopes and Prospects, también disponible en audio].

viernes, 13 de mayo de 2011

Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad

Situación y futuro de la Democracia

Thought Economics

Traducción: Red Kite

Una mirada al Reino Unido, Estados Unidos y Europa.
Pregunta: ¿Hasta qué punto son libres y democráticas nuestras sociedades?
Noam Chomsky: Atendiendo a estándares históricos, estas sociedades son bastante libres. Son democráticas en el sentido de que tienen elecciones formales que no están amañadas y todo eso. No son democráticas en cuanto a que hay otras fuerzas, que no tienen nada que ver con lo popular, que afectan de manera determinante a quién puede presentarse a unas elecciones. Estados Unidos es el caso más extremo a este respecto. En este momento, las elecciones en Estados Unidos están básicamente compradas. No puedes presentarte a unas elecciones a menos que dispongas de una enorme cantidad de capital, lo que significa que, aunque no representan ni al 1% de la población, son sobre todo las grandes corporaciones las que proporcionan ese respaldo de capital. En las elecciones de 2008, por ejemplo, lo que llevó a Obama a la victoria final fue una sustancial ayuda procedente de instituciones financieras que son ahora el núcleo de la economía. Se estima que las próximas elecciones costarán unos 2.000 millones de dólares, y solo hay un sitio al que acudir en busca de una suma de dinero semejante.
Antes solía haber un sistema de asignación de puestos en los comités del Congreso a los que se accedía por veteranía y todo eso. Ahora mismo, generalmente se exige que quienes aportan fondos estén en el comité del partido, lo que significa que incluso esos puestos están, en gran medida, comprados. Esto significa que la opinión popular está mucho más marginada. Esto se ve muy claro en cualquier asunto del que se trate. Se dice que el gran problema ahora mismo, a nivel nacional, es el déficit. Pues bien, la gente tiene ideas sobre cómo acabar con el déficit. Por ejemplo: gran parte del déficit es el resultado de un sistema de salud altamente defectuoso cuyo coste per cápita es cerca del doble que en otros países y que, en modo alguno, obtiene mejores resultados; de hecho, los resultados son bastante más pobres. La población se ha mostrado desde hace tiempo a favor de cambiar a un tipo de sistema nacional de salud, que sería mucho menos caro y (a juzgar por los resultados) nunca peor, incluso puede que mejor. ¡Solo eso ya eliminaría el déficit! ¡Y ni siquiera se ha considerado!
P: ¿Qué es lo que realmente mueve nuestra política exterior y cómo nos afecta eso a nosotros, los ciudadanos?
NC: La política exterior del Reino Unido y Europa tiende a seguir a Estados Unidos; no completamente, pero EE UU sigue siendo el principal conductor de la política exterior. No es ningún secreto qué es lo que mueve la política exterior. Bill Clinton, por ejemplo, fue bastante explícito sobre ello. Su postura, expresada con claridad en el Congreso, fue que EE UU tiene derecho a llevar a cabo una acción militar unilateral, apoyado en ocasiones por una –así llamada– coalición de los dispuestos, para asegurarse recursos y mercados y que debe tener fuerzas militares desplegadas –lo que significa bases extranjeras en Europa y en cualquier otra parte– para modelar los acontecimientos en nuestro interés. Nuestro interés no significa el del pueblo americano, sino el interés de quienes diseñan la política; fundamentalmente, las grandes corporaciones.
La política exterior puede emprenderse por vías que puedan perjudicar a la seguridad. De hecho, no es infrecuente, después de todo. Si seguimos la Comisión Chilcot [la comisión del parlamento británico encargada de investigar el papel del Reino Unido en la Guerra de Irak. N. del T.], la jefa del MI5 testificó –como mera extensión de algo que ya se sabía– que tanto Estados Unidos como Gran Bretaña reconocían que Sadam Husein no era una amenaza y que la invasión aumentaría, muy probablemente, la amenaza del terror. Y de hecho, ¡lo hizo! Aproximadamente siete veces en el primer año, según estadísticas cuasi oficiales. Así que se emprendió una invasión que provocaría daños a los ciudadanos de los países invasores, como en efecto ocurrió. Al principio, por supuesto, los motivos se presentaron con las coletillas habituales, es decir, con el dossier informativo que acompaña cada uso de la fuerza, con alusiones a la democracia y a toda clase de conceptos maravillosos. Cuando empezó a verse claro que los objetivos de la guerra no iban a alcanzarse con facilidad, hacia el final de la invasión, ciertas políticas se establecieron con claridad. En noviembre de 2007, la Administración Bush emitió una Declaración de Principios que establecía que cualquier acuerdo con Irak habría de garantizar la capacidad ilimitada de las fuerzas norteamericanas para operar allí –esencialmente, bases militares permanentes– y que dicho acuerdo debería también asegurar la posición de privilegio de los inversores de EE UU sobre los sistemas de energía. En 2008 Bush reiteró, y de hecho, reforzó, este aspecto en un mensaje al Congreso, en el que dijo que haría caso omiso de cualquier legislación que limitara la capacidad norteamericana para usar la fuerza en Irak o que interfiriera con el control norteamericano sobre el petróleo iraquí. Esto se declaró muy clara y explícitamente. En realidad, EE UU tuvo que dar marcha atrás en sus objetivos como consecuencia de la resistencia iraquí; pero los objetivos en sí mismos fueron claros y explícitos, y no tenían nada que ver con la seguridad de los norteamericanos. Esto mismo es cierto en cualquier otra parte. Un eminente especialista en Pakistán revisó recientemente las políticas norteamericanas en Pakistán y Afganistán, revelando una vez más que estas políticas están aumentando de manera significativa la amenaza del terror y hasta posiblemente del terror nuclear. Sus conclusiones fueron que los soldados norteamericanos y británicos están muriendo en Afganistán para hacer el mundo menos seguro para los norteamericanos y los británicos. Esto no es tan infrecuente. La seguridad no es, típicamente, una prioridad esencial de los Estados. Hay otros intereses.
P: ¿Hasta qué punto están influenciados los medios por los objetivos del Gobierno y de las empresas?
NC: Hay casos en los que tiene lugar una interferencia directa del Gobierno y de las empresas, pero no creo que ese sea el principal problema en lo tocante a la influencia del Gobierno y las empresas sobre los medios. Tomando a Estados Unidos como ejemplo, los medios son grandes corporaciones, o sea que no es una cuestión de influencia empresarial; son corporaciones que están estrechamente ligadas al Gobierno. Hay un flujo constante de gente entre las corporaciones y el Gobierno; las interacciones son muy estrechas. El entramado de selección de los contenidos sobre los que se debe informar, cómo se debe informar y demás está modelado de manera determinante por los intereses compartidos de las élites del mundo de los negocios, el Gobierno, etc. De hecho, en las universidades no es diferente, y puede verse día tras día. No hay más que fijarse en la zona de exclusión aérea en Libia. En Libia, la intervención –tanto si uno la aprueba como si no– la están llevando a cabo las tres potencias imperiales tradicionales: EE UU, Gran Bretaña y Francia. Hay una participación marginal de algunos otros países de la OTAN, pero los principales países rehúsan involucrarse, y muchos simplemente se oponen a ella. Los BRICS [grupo integrado por cinco países con gran territorio y población: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. N. del T.], por ejemplo, están en contra, y Turquía no quiere involucrarse. Pues bien, estos tres, este triunvirato imperial, dieron gran difusión en su propaganda a una petición de la Liga Árabe sobre una zona de exclusión aérea. La declaración de la Liga Árabe era bastante tibia, y así fue calificada poco después, pero había, de hecho, una llamada en pro de una zona de exclusión aérea. Al mismo tiempo, la Liga Árabe solicitó una zona de exclusión aérea sobre Gaza. En Estados Unidos, literalmente no se informó de eso. Aunque algunos periódicos pequeños puedan haber hablado de ello, no hubo ningún medio importante –ni el New York Times, ni el Washington Post, ninguno de los grandes– que informara de ello. En realidad, en toda la prensa angloamericana, la única mención apareció en el Financial Times. Bueno, se trataba de una zona de exclusión aérea sobre Gaza… algo que no se ajusta a los intereses norteamericanos y, en consecuencia, no era noticia. Al mismo tiempo, la zona de exclusión sobre Libia sí que se ajustaba a los intereses del triunvirato imperial, así que eso era una noticia importante. Y este es el estándar; ocurre a todas horas.
Uno de los ejemplos más impactantes que nos dice algo sobre la cultura intelectual generalizada tiene que ver con Wikileaks. La filtración que recibió, con diferencia, la mayor atención en términos de titulares y comentarios eufóricos fue que los árabes apoyaban la política norteamericana con respecto a Irán, la hostilidad hacia Irán. Eso estaba por todas partes y fue muy interesante, porque a lo que se refería en realidad era a los dictadores árabes. ¿Y qué hay de la opinión pública árabe? Bueno, eso también fue estudiado, y fue estudiado por las más prestigiosas instituciones de encuestas norteamericanas y publicado por instituciones tan prestigiosas como Brookings. ¡La prensa no informó sobre estos estudios! En Estados Unidos, literalmente no se informó. Creo que hubo un reportaje en Inglaterra. Estos estudios colocan a Egipto como el país más importante de la región, y en Egipto el 90% de la población considera a Estados Unidos como la amenaza más importante. El 80% cree que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. Solo un pequeño porcentaje, puede que un 10%, considera a Irán una amenaza. Esas cifras son bastante similares en toda la región. Pero para los políticos, eso no tiene importancia. Mientras los dictadores nos apoyen, ¿qué más da?
Esto nos lleva de vuelta a nuestra primera pregunta sobre la actitud hacia la democracia. La actitud es que la población no importa, mientras esté bajo control; y esto se puede comprobar. Este es, por cierto, un problema bastante viejo. Si tuviéramos una información seria sobre estos temas, no solo se informaría sobre la opinión pública árabe, sino también sobre el hecho de que la política de ignorar a la opinión pública árabe ha estado presente desde hace tiempo. En los años 50, el presidente Eisenhower estaba preocupado por lo que él llamaba la ‘campaña del odio’ en el mundo árabe; no por parte de los Gobiernos, sino de la gente. En el mismo año, el Consejo de Seguridad Nacional publicó un estudio que concluía que la percepción entre la gente del mundo árabe era que Estados Unidos apoya a las dictaduras brutales y violentas, bloqueando la democracia y el desarrollo, y lo hace para mantener el control sobre sus fuentes de energía. Acabó concluyendo que la percepción (de los objetivos en política exterior) era más o menos exacta, y que, mientras los dictadores nos apoyaran, ¿a quién le importa que haya una campaña de odio?, siempre y cuando podamos controlar a la población… Eso se ha mantenido como una política consistente, dramáticamente patente hoy día, y como puede verse por la reacción a estas filtraciones e informes con datos cruciales no publicados, se ha convertido en una actitud generalmente aceptada entre los sectores mejor formados.
P: ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la subversión informativa que se aprecia en los gobiernos y las grandes corporaciones?
NC: Yo diría que, hasta ahora, hay miles de páginas con información detallada sobre este tema. Sin ir más lejos, miremos los temas que acabamos de mencionar. ¿Es importante para nosotros saber que la invasión de Irak se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo?, ¿que se emprendió con la intención de asegurar que las corporaciones norteamericanas tuvieran acceso privilegiado al petróleo iraquí? ¿y que se convertiría en una base militar permanente de EE UU? Yo creo que habría sido importante para el público saber eso. Creo que sería importante para el público saber que la opinión pública árabe es tan hostil al poder occidental (en concreto, a EE UU) que considera a EE UU como la primera amenaza y cree que la región estaría mejor si Irán tuviera armas nucleares. ¿Es importante para la gente de Estados Unidos y Gran Bretaña saber eso? ¡Yo diría que sí! Y podríamos seguir con otros casos. Por ejemplo, ¿es importante para los norteamericanos saber que, si tuviéramos un sistema de salud similar al de otras sociedades industrializadas, el déficit se eliminaría y no tendríamos que ir contra las pensiones de los maestros o el pago de medicinas para los ancianos, etc? Sí; creo que sería importante saberlo. ¡De hecho, creo que eso debería ser un titular a toda plana!
Toda esta información puede obtenerse a poco que se investigue, pero ni siquiera se menciona a los ojos del público.
P: ¿Qué influencia ejercen las grandes corporaciones en la sociedad?
NC: Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad. No creo que este hecho sea ni siquiera discutible. Adam Smith ya hacía apreciaciones similares hace tiempo, señalando que en Gran Bretaña los principales arquitectos de la política eran los comerciantes y los industriales, la gente que era dueña de la sociedad, y se aseguraban de que se sirviera a sus intereses sin importar el doloroso impacto para el pueblo de Inglaterra. Esto es mucho más cierto hoy día, con concentraciones de poder mucho mayores; ahora ya no somos solo industriales: tenemos instituciones financieras y corporaciones multinacionales. Tienen una enorme influencia, y esa influencia puede ser no solo dañina, sino letal en muchos casos.
Tomando como ejemplo a Estados Unidos, las corporaciones han estado realizando grandes campañas propagandísticas para convencer a la población de que el cambio climático no es una amenaza. Esto ha llevado, en efecto, a la mayoría de la gente a estar de acuerdo en que no es un problema real. El capital privado ha sido también el instrumento principal que ha llevado al Congreso a un nuevo grupo de notables, unas figuras que son, prácticamente todas, negacionistas del cambio climático. Estos individuos están a punto de aprobar una legislación que reduzca los fondos del organismo internacional (el IPCC) [Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, el comité de expertos auspiciado por la ONU para tratar este asunto. N del T.] y la capacidad de la Agencia de Protección Ambiental, que puede que ni siquiera sea capaz de monitorizar el efecto de los gases de efecto invernadero ni de llevar a cabo otras acciones que podrían reducir el impacto del calentamiento global, que es una amenaza muy seria. Esto lo han hecho los ejecutivos de las grandes empresas mediante campañas de propaganda y financiando a las figuras políticas que dinamitan esos esfuerzos. Ellos comprenden tan bien como cualquiera que el calentamiento global es una amenaza muy grave, pero aquí entra a jugar el rol institucional. Cuando eres el consejero delegado de una gran empresa, tu tarea es maximizar el beneficio a corto plazo. Eso es mucho más cierto ahora de lo que lo haya sido nunca antes. Estamos en una nueva fase del capitalismo de Estado en la que el futuro simplemente no importa demasiado; ni siquiera la supervivencia de la empresa importa demasiado. Lo que importa cada vez más es el beneficio a corto plazo, y si no es eso lo que persigue un consejero delegado, será reemplazado por otro que lo haga. Este es un efecto institucional, no personal, y tiene extraordinarias implicaciones en la sociedad. De hecho, podría destruir nuestra propia existencia.
P: ¿Hasta qué punto existe todavía un sistema de clases en las sociedades occidentales?
NC: Las clases dirigentes están librando constantemente una dura guerra de clases y son conscientes de ello. Si leemos la prensa de negocios, se lamentan del peligro al que se enfrentan los empresarios, del creciente poder político de las masas, de la necesidad de pelear en la interminable batalla por las mentes de la gente, etc. ¡Y actúan al respecto! Continuamente realizan grandes campañas que garanticen que la concentración de poder en manos del sector empresarial siga creciendo. En los últimos treinta años, más o menos, ha habido cambios en la naturaleza de la economía, que se ha desplazado desde el capitalismo hacia el capitalismo de Estado. Gran parte del dinamismo de una economía proviene del Estado; los ordenadores, Internet, la revolución tecnológica, etc. Las aplicaciones vienen del sector privado, pero no la investigación y el desarrollo. Eso sigue siendo cierto en todas las áreas. En los últimos treinta años ha habido un cambio significativo hacia la ‘financialización’ de la economía. Las instituciones financieras tienen ahora una cuota mucho mayor en los beneficios económicos de la que tenían hace cuarenta años. Se ha dado también otro desplazamiento hacia la externalización de la producción, que, en realidad, coloca a los trabajadores de todo el mundo en competición, con consecuencias obvias. Esos movimientos han puesto en movimiento un círculo vicioso en el que la riqueza esta cada vez más concentrada en una población extremadamente pequeña. En Estados Unidos, el primer factor de desigualdad es la concentración extrema de la riqueza en una fracción del 1% de la población, que incluye a consejeros delegados, directores de fondos de inversión, etc. Según aumenta esa concentración de la riqueza, lleva consigo una concentración de poder político, dado que la riqueza tiene un enorme efecto sobre el sistema político, y el poder político, a su vez, conduce a una legislación que refuerza la concentración de la riqueza. Políticas fiscales, desregulaciones, normas sobre los estatutos de las empresas, etc. Este ciclo existe en todo el mundo, pero en Estados Unidos es demoledor. Como muestra, en la última generación hemos visto repetidas crisis financieras que simplemente no se daban en los años 50 o en los 60, cuando las medidas de new-deal [programas económicos intervencionistas impulsados en los años 30 por Roosevelt para superar la Gran Depresión. N. del T.] todavía estaban vigentes y el sistema financiero estaba mucho más restringido. Las crisis cada vez mayores ya no son un problema para los grandes bancos y los grandes inversores porque pueden confiar en papá Estado para que los rescate. Si tuviéramos un sistema capitalista, las crisis financieras serían graves, pero sus consecuencias se saldarían únicamente con la bancarrota de los culpables, con lo que Goldman Sachs, JP Morgan Chase y Citigroup simplemente no existirían; ¡habrían entrado en bancarrota hace mucho tiempo! Pero como no estamos en un sistema capitalista, han sido rescatados de manera reiterada por el contribuyente. De hecho, se los ha considerado por parte de las políticas reguladoras gubernamentales como “demasiado grandes para caer”, y las agencias de calificación lo tienen en cuenta. Cuando establecen el nivel de riesgo de Goldman Sachs, tienen en cuenta que, si se embarcan en muchas transacciones de alto riesgo y, por tanto, consiguen un enorme beneficio que termina colapsando el sistema, habrá un rescate que hará subir la calificación de esas firmas, lo que significa que podrán obtener créditos más baratos, y así sucesivamente. Mientras tanto, para el grueso de la población de las últimas generaciones –es decir, para la abrumadora mayoría– los ingresos han descendido de manera muy notable, mientras que las horas de trabajo han aumentado y los beneficios se han reducido, lo que ha llevado a una población enfadada, frustrada y confusa que está mucho más distanciada de las decisiones políticas. Decisiones que están, en enorme proporción, en manos de una concentración de poder extremadamente pequeña; y los medios de comunicación colaboran en ello, ya que son esencialmente parte del sistema. Hay algunas voces críticas en la periferia –después de todo, esta es una sociedad libre– pero las fuerzas mayoritarias tienden a apoyar al sistema. Estas son tendencias muy antidemocráticas, y también bastante peligrosas.
Una mirada a los conflictos.
P: ¿Cuál es su visión de la ‘guerra global contra el terror’?
NC: El problema es que no existe. No se combate al terror con acciones que se sabe de antemano que aumentarán el terror. La invasión de Irak, de nuevo, se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo, y de hecho lo hizo. Eso no es una guerra contra el terror. No debería haber una guerra contra el terror, sino esfuerzos para debilitar al terror. Los modos de hacer esto son bien conocidos y entendidos. Gran Bretaña es un ejemplo perfectamente válido. Tomemos, por ejemplo, el terrorismo del IRA, que era bastante serio. Mientras Gran Bretaña respondió usando la violencia, contribuyó a una escalada del ciclo del terror. Finalmente –en parte, por la influencia de Estados Unidos y en parte por la presión interna–, la respuesta fue prestar atención a las quejas legítimas que subyacían en las acciones terroristas. Y bien, eso condujo al declive del terror. Por ahora, Irlanda del Norte –aunque no es ninguna utopía– no es, desde luego, como era hace solo quince años. ¡Esa es la manera de abordar el terror! Observar sus raíces, su origen, y hacer algo al respecto.
Una mirada a la globalización y la sociedad
P: ¿Cuáles son sus visiones acerca de la globalización y el desplazamiento del poder económico hacia China y la India?
NC: Antes de nada, deberíamos ser cuidadosos al hablar de “desplazamiento del poder económico”. Es cierto, desde luego, que China y la India han tenido tasas de crecimiento muy significativas, pero se trata de países muy pobres. Echemos un vistazo a su renta per cápita, por ejemplo. Según las cifras del Banco Mundial (que están groseramente subestimadas) China tiene quizá el 5% de la renta per cápita de Estados Unidos, y la India en torno al 2%. Estas cifras deberían multiplicarse por dos o por tres, pero incluso así suponen una pequeña fracción de las occidentales. China ha crecido de manera espectacular, y ha habido un impacto bastante significativo en la reducción de la pobreza y demás. A pesar de todo, China sigue siendo, de momento, una planta de ensamblaje. Si echamos un vistazo al déficit comercial de Estados Unidos con China (algo de lo que se ha hablado mucho) y lo calculamos con exactitud, en términos de valor añadido, resulta que el déficit comercial con China está sobreestimado entre un 25 y un 30 por ciento. El déficit comercial con Japón, Taiwán y Corea del Sur está subestimado en la misma proporción. El motivo es que, dentro del dinámico sistema de producción de Asia del Este, los componentes de alta tecnología vienen de la periferia –de Japón, Corea del Sur y Taiwán– y China los monta. Con el tiempo, esto cambiará, a medida que China vaya escalando peldaños en la escalera tecnológica, pero en este momento es así. Esto es aún más claro en el caso de la India, que tiene cientos de millones de personas que están excluidas por completo del sistema. Los suicidios de campesinos aumentan aproximadamente en la misma proporción que la creación de millonarios. Un par de cientos de millones de personas han obtenido ganancias, mientras otras muchas no, y su situación ha ido empeorando. Existen, además, enormes problemas ecológicos que no son contabilizados como costes, aunque deberían serlo. Lo que está ocurriendo allí es bastante espectacular.
Se ha hablado mucho de que China posee una parte de la deuda de EE UU y de lo que eso implica, y todo eso. Japón posee aproximadamente la misma cantidad de deuda norteamericana, lo que no otorga a Japón ningún poder sobre Estados Unidos. Hay muchos comentarios engañosos sobre estos temas.
P: ¿Cómo cree que será el mundo dentro de 25 años?
NC: Bueno, están ocurriendo varias cosas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era abrumadoramente dominante; su poder ha ido declinando desde entonces, y continúa en declive en este momento. En parte, este declive tiene que ver con el crecimiento cada vez mayor de la producción asiática; no debemos exagerarlo, pero es ciertamente una de las razones. Otro factor es el ataque interno a la salud de la sociedad norteamericana; la ofensiva de las corporaciones que ha tenido lugar en la última generación ha debilitado seriamente a la sociedad norteamericana. Hay un ataque al sistema educativo que tendrá graves efectos a largo plazo sobre la economía; hay un ataque generalizado contra la clase trabajadora: el círculo vicioso que antes describí es beneficioso para un pequeño sector de la población, pero es dañino para todos los demás. Las infraestructuras están en un estado lamentable. ¡Cualquiera que viaje a Estados Unidos desde Europa o incluso desde Asia piensa a menudo que está llegando a un país del tercer mundo! Y esto va a peor. No supone un problema para el pequeño sector de ricos y poderosos que externalizan la producción y se dedican a la especulación financiera; para ellos, realmente no importa si el país está en declive. Pero está en declive, y sufre ataques internos. Estados Unidos tiene una crisis financiera –el problema del déficit y de la deuda– debida a dos motivos. Uno, un presupuesto militar enormemente abultado, que es aproximadamente el mismo que el del resto del mundo junto, y en segundo lugar, un sistema sanitario desregulado, privatizado y altamente deficiente. Esos dos elementos están siendo protegidos, y eso, junto con el círculo vicioso que he mencionado, conduce a graves problemas internos que harán que el declive continúe. Además, el problema medioambiental es muy serio. Si Estados Unidos no se pone en cabeza, el resto del mundo no va a hacer demasiado. Si Estados Unidos mina los esfuerzos para atajar los problemas ambientales –como está sucediendo ahora–, la cosa va a ser aún más grave, y eso es exactamente lo que tenemos enfrente de nosotros, por las razones institucionales que he mencionado. Dentro de treinta años, eso será mucho más importante.
Por desgracia, existe además una amenaza cada vez mayor de guerra nuclear e incluso de terrorismo nuclear. Es por eso por lo que antes mencioné la política de EE UU en Afganistán y Pakistán. Parte de esa política aumenta el riesgo de que materiales fisionables puedan caer en manos de islamistas radicales. Hay que decir que el islamismo radical ha sido fuertemente apoyado durante mucho tiempo por Estados Unidos y Gran Bretaña para combatir el nacionalismo secular. Estados Unidos también ha apoyado los programas nucleares de Pakistán, India e Israel, los tres no firmantes del Tratatado de No Proliferación. Todo eso supone una mezcla explosiva.
También va a haber cada vez más conflictos por los recursos. Los recursos se están exprimiendo hasta el límite, y con un crecimiento cada vez mayor, la competencia será dura, lo que conducirá a graves conflictos por los recursos y puede que a guerras de algún tipo. Puede que no se trate de guerras militares, pero algún tipo de conflicto. Si miramos, por ejemplo, a la reserva de energía más importante del mundo, en Oriente Medio, ¡en este momento esos recursos están yendo más al Este que a Occidente! Estados Unidos tolera esto de buen grado; quieren que el petróleo saudí vaya a China para socavar las iniciativas de China en Irán. Eso forma parte de la estrategia geopolítica norteamericana, pero provocará conflictos, y es también cierto para otros recursos como el hierro, el cobre, el litio, etc. Este es un problema grave y creciente, y da una predicción bastante sombría del futuro, a menos que haya cambios significativos.