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lunes, 4 de junio de 2012

Alemania o Grecia: ¿quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?



Marshall Auerback, New Economic Perspectives



Dada la vieja aversión del electorado alemán al "libertinaje fiscal" y a una economía de moneda débil (que, se dice, conduciría inexorablemente a una hiperinflación estilo Weimar), uno se pregunta cual fue el motivo real por el que Alemania se adhirió a una Unión Monetaria Europea tan "grande y amplia", que incluyó a países como Grecia, Portugal, España y Italia. Para entenderlo, es útil observar el país a través del prisma de las tres Alemanias, del que ya hemos hablado en otros artículos:



Las tres Alemanias



La Alemania 1 es la Alemania del Bundesbank: la parte del país que conserva hasta el día de hoy fobias enormes ante la posible reaparición de una inflación al estilo de Weimar y sigue creyendo de manera casi teológica en una moneda fuerte, con la correspondiente hostilidad a la inflación. Es la Alemania de las "finanzas" como Dios manda y de la "disciplina monetaria". En muchos sentidos, este sector de alemanes son fanáticos economistas de la escuela austríaca. En el fondo de su corazón, a muchos les encantaría probablemente volver al patrón oro como sistema internacional.



La Alemania 2 es el sector internacionalista del país, liderada en su día por Helmut Kohl. Kohl y sus sucesores son probablemente los más destacados exponentes de la idea de que Europa puede librarse del "problema alemán" de una vez por todas, si Alemania se compromete firmemente con los "Estados Unidos de Europa" y sigue construyendo instituciones que vayan empujando en este sentido a la UE. Es discutible si esta visión ha sobrevivido con cierto peso más allá del período de gobierno de Helmut Kohl.



Es fácil percibir la tensión inherente entre estas dos Alemanias. La Alemania del Bundesbank nunca permitiría que ambiguas aspiraciones internacionalistas diluyeran los objetivos de una moneda fuerte, baja inflación y disciplina fiscal. Lo que resulta casi obvio dada la mirada de recelo que dedica al Tratado de Maastricht y las amenazas implícitas en esos ideales.



Lo que nos lleva a la tercera variable clave en la política alemana: la Alemania 3, la Alemania industrial, la Alemania de Siemens, Daimler, Volkswagen, de las grandes empresas siderúrgicas y químicas, de los fabricantes de bienes de capital. Es evidente que estas empresas se han beneficiado enormemente con la orientación económica de instituciones como el Bundesbank, así como del amplio consenso entono a la economía social de mercado de Erhard. Pero también reconocen las ventajas que se derivan de un mercado europeo completamente abierto e integrado (destino de la mayor parte de sus ventas). La unión monetaria, incluso con la participación de manirrotos fiscales como Italia y España, también minimiza la amenaza de una devaluación competitiva de la moneda, dado el carácter paneuropeo del euro (en contraposición al espacio mucho menor de unión monetaria en cuyos estrechos limites se desplegaba el internacionalismo del Bundesbank). La Alemania industrial había percibido certeramente que una zona euro amplia, que incorporase a devaluadores crónicos de moneda como Italia, afianzaría permanentemente su ventaja competitiva. Y con el apoyo de este sector clave de la sociedad alemana, el Canciller Kohl fue capaz de embarcarse en la enorme transformación institucional implícita en el Tratado de Maastricht.



¿Hizo la "Alemania # 3" una mala apuesta?



Hace unos meses parecía que las encuestas de opinión en Alemania mostraban una tendencia positiva de la demanda interna que dejaba atrás el peligro de una recesión. Fue corroborado por un vigoroso crecimiento del empleo en Alemania, que se sitúa en su punto más bajo en veinte años.



Es verdad que desde entonces se han conocido algunos datos más débiles sobre la producción industrial y las ventas minoristas. Lo que junto al gran descenso en el PMI (Purchasing Managers Index) manufacturero ha reavivado los temores de recesión.



Pero este paquete de datos preocupantes sobre la economía alemana parece desplazado a segundo plano por una nueva oleada de datos positivos con revisiones al alza. Los datos sobre pedidos de fábrica y ventas reales son mucho mejores ahora. Hace unas semanas se publicaron los datos de producción industrial de marzo en Alemania. Mostraban un importante crecimiento de la producción industrial del 2,8% en marzo; además, hubo una revisión al alza de un punto en relación con los meses anteriores.



Considerando el conjunto de los datos económicos alemanes –ventas minoristas reales, pedidos de fábrica, producción industrial, empleo total y el PMI en el sector servicios (que sigue estando muy por encima de 50)—, no es sorprendente que los datos preliminares del crecimiento del PIB del primer trimestre en Alemania lleguen a un 2%. Sí, es verdad que la periferia continua siendo un desastre; pero Alemania sigue creciendo. También es cierto que la desaceleración en Europa podría llegar el núcleo y que la preocupante pérdida de momentum económico en China acaben por mellar en el futuro la tendencia positiva al crecimiento económico de Alemania. Pero por ahora, no existe ninguna restricción fiscal importante que se pueda mencionar (a diferencia, por ejemplo, de España o Grecia), las tasas de interés internas son extraordinariamente bajas y el empleo ha crecido rápidamente. En definitiva, es probable que, tras absorber un choque de origen comercial y de expectativas que emanaba de la periferia europea, se haya reanudado el crecimiento, empujado por la demanda interna.



La cuestión no es celebrar el modelo económico alemán per se, sino simplemente resaltar que, a pesar de todo, el crujir de dientes y las quejas sobre "el coste" que tiene para Berlín "rescatar" continuamente a la "periferia despilfarradora", la realidad es que a Alemania le ha ido excepcionalmente bien con la zona euro y continúa yéndole bien.



El ilusorio "éxito" de la contrarreforma alemana del estado social



"Alemania # 3" hizo por lo tanto la apuesta correcta: al bloquear a los devaluadores crónicos en la Unión Monetaria –haciendo imposible que puedan recurrir a la formula tradicional de devaluar la moneda para recuperar la competitividad de sus exportaciones—, Berlín ha impuesto en la práctica su arraigado modelo mercantilista alemán y consolidado su predominio como la superpotencia comercial de Europa. Las ventajas son evidentes, habida cuenta de los datos contrastados de flujos entre Alemania y los PIIGS.



Por supuesto, uno puede escuchar ya a los apologistas de Alemania proclamando que este éxito es el resultado de tomar "decisiones difíciles" en los primeros años de este siglo, en particular, las llamadas "reformas Hartz". Los alemanes siempre han estado obsesionados con la competitividad de sus exportaciones. Antes del euro, devaluaban el marco alemán para poder aumentar las exportaciones de sus productos a sus vecinos. Pero cuando los alemanes perdieron el control de la tasa de cambio al integrarse en la Unión Económica y Monetaria (UEM), se les acabó el truco. Tuvieron que manipular otras variables del "coste" para vender sus productos baratos. Desde 2002, se concentraron en la congelación de salarios y en los recortes a la red de seguridad social para los trabajadores a través del llamado paquete Hartz de "reformas del estado de bienestar", bautizado así en honor de Peter Hartz, un importante ejecutivo del fabricante automovilístico alemán Volkswagen.



A diferencia del estadounidense Henry Ford, que creaba puestos de trabajo bien pagados porque sabía que una clase media satisfecha era esencial para tener un mercado para sus coches, Peter Hartz tiene una concepción muy distinta de la relación entre los salarios y la economía. En su opinión, la forma de mantener un país "competitivo" es exprimir a sus trabajadores, que es precisamente lo que hicieron sus "reformas". Y tuvo consecuencias desastrosas para el resto de la eurozona -(ver aquí) [Como un inciso, el otro pequeño inconveniente de las tan cacareadas "reformas" Hartz es que carecen de cualquier tipo de legitimidad democrática. Posteriormente se descubrió que Peter Hartz sólo había conseguido la aquiescencia de los trabajadores alemanes vía el pago ilegal de corruptelas a sus poderosos comités de empresa, ver aquí, por lo que fue condenado a una pena de dos años de inhabilitación.]



Las propuestas de Hartz han tenido enormes consecuencias en la redefinición de las políticas de "reforma" del mercado laboral, que durante varias décadas se había caracterizado por su estabilidad. Bill Mitchell y Ricardo Welters han subrayado que, si bien las reformas aparentemente tuvieron éxito a principios de 2003, con una gran cantidad de creación de empleos, hubo un inconveniente: "una vez tocado suelo a mediados de 2003, en el fondo del ciclo, el empleo creció mucho menos rápidamente que en anteriores reactivaciones. Y gran parte del aumento lo fue como "mini empleos" –empleos a tiempo parcial con salarios inferiores a los 400 euros al mes, independientemente de las horas trabajadas". Como Mitchell y Welters señalan, las "reformas" supusieron una disminución real del número de empleos regulares. Los trabajadores quedaron atrapados en los denominados trabajos "mini/midi": una nueva forma de empleo a tiempo parcial con salarios bajos. Sus defensores celebraron su "flexibilidad" y "eficiencia", mientras que sus detractores, como Mitchell, denunciaban que eran empleos a tiempo parcial, más inseguros, con salarios reducidos y pobres condiciones de trabajo.



Es más, Alemania se benefició de la llamada "ventaja del precursor" (FMA), aplicando las reformas en el contexto de una economía crecientemente globalizada. Exigir contención salarial en medio de una recesión mundial hace prácticamente inviable dicha "reforma", para no hablar de los problemas derivados de la "falacia de composición", cuando todos los demás países pretenden recortar sus salarios para ganar una competitividad exportadora crecientemente esquiva.



La irrupción de una izquierda radical inteligente en Grecia: Syriza, una nueva carta esencial



Y todo ello en un contexto cada vez más amenazante, habida cuenta de las renovadas perturbaciones que azotan la euro zona. La inoportuna erupción democrática en Grecia ha puesto sobre la mesa un nuevo comodín: Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical, se ha convertido en una carta esencial. Su nuevo líder Alexis Tsipras, hasta el momento un desconocido parlamentario de izquierda, ha dirigido la Coalición hasta ser el segundo partido más votado en las recientes elecciones legislativas del 6 de mayo con la promesa de repudiar los acuerdos del rescate que los anteriores dirigentes de Grecia firmaron en febrero.



Este horrible brote de auténtica democracia nace, nada más ni nada menos, que en la misma cuna de la democracia. No hay ni que decir que los eurócratas, en el más puro estilo bruselense, están poniendo el grito en el cielo. Una vez más agitan histéricos el "Grecia tiene que salir", a pesar de que la mayor parte de los economistas no se cansan de advertir con todas sus fuerzas que Grecia necesita el Euro y que la alternativa es caer al abismo. Lo que esperan con todas sus fuerzas es que las próximas elecciones les proporcionen un nuevo Quisling griego, que ponga felizmente por obra el feroz y destructivo paquete de "reformas" de ajuste de la Troika, que no ofrecen ninguna esperanza de recuperación a Atenas o al resto de la zona euro. Por el contrario, Syriza representa una amenaza real para la orientación actual de la política fiscal.



Alexis Tsipras, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores



Alexis Tsipras es un gran tipo. A lo menos, es un excelente jugador de póker. Todavía no ha capitulado a esta orquestada presión masiva y dejó claro desde el principio, en la edición alemana del Wall Street Journal, que el pueblo griego tiene otras opciones, aunque no les gusten a los alemanes: Tsipras es, en definitiva, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores.



Regla número 1 en las negociaciones: demostrar a la contraparte que, en su caso, tienes opciones creíbles si rompes las negociaciones. Entre otras cosas, Tsipras se ha limitado a señalar que el Estado griego está bastante cerca de un superávit primario. Todo lo que se necesita son unas pequeñas reducciones en salarios y pensiones y el sector público griego se podría financiar en un futuro previsible. Si saliera del euro, el problema de Atenas se convertiría de repente en el problema de la zona euro.



Sí, Grecia sólo constituye un mero 2% del PIB de Europa. Y sí, las autoridades de la zona del euro dicen que están haciendo "preparativos" en el caso de un "Grexit". Pero también Lehman era un pequeño banco de inversión y casi provoca el derrumbe del sistema bancario mundial cuando se permitió que quebrara. Y conviene recordar que la quiebra de Lehman ocurrió varios meses después del rescate de Bear Stearns. En teoría, las autoridades tuvieron tiempo de sobra para hacer "preparativos" cara a esa eventualidad, como ahora ante la posible salida de Grecia de la zona del euro.



¿Sería más eficaz hoy el cortafuegos a la hora de "cauterizar" la herida griega y prevenir el contagio de Portugal, España, Italia y del propio núcleo? Es evidente que Tsipras lo tiene claro, y bien podría ser el próximo Primer Ministro de Grecia. Haría falta toda la capacidad de fuego del BCE, con una intensidad que, hasta ahora, ha sido reacio de utilizar.



Entretanto, el resultado electoral griego ha provocado una creciente y masiva retirada de depósitos y activos bancarios en la zona euro. Desde hace semanas se produce una constante fuga de depósitos de los bancos en los PIIGS hacia otros en Alemania y Europa del Norte (y quizás hacia algunos bancos fuera de Europa). Las cifras sobre el Objetivo 2 de financiación de estas huidas de depósitos de los países de origen aparentemente han crecido en los primeros cuatro meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Un reciente comunicado de las autoridades griegas sugiere que la huida de depósitos de los bancos griegos se ha acelerado, tal vez enormemente, después de las elecciones griegas. Aunque se ha desmentido, no hay que creer nunca en desmentidos oficiales.



El diario madrileño El Mundo informó a finales de la semana pasada que los depositantes habían retirado mil millones de euros del banco español Bankia tras su nacionalización parcial por el Gobierno el 9 de mayo. Lo más probable es que estas retiradas de depósitos tengan tanto o más que ver con la retirada en general de depósitos de los bancos españoles que con el miedo a la seguridad de los mismos en un banco intervenido por el Gobierno. En otras palabras, puede ser una señal de que el temor a una salida del euro se ha extendido de manera significativa también a España. Por supuesto, las autoridades lo niegan, pero ¿quién cree a las autoridades en estas circunstancias?



La propia existencia de la unión monetaria facilita el pánico bancario



Paradójicamente, la misma existencia de la unión monetaria facilita estas huidas de los bancos. Si es usted depositante en un banco español en Barcelona, nada le impide retirar su dinero y recolocarlo en la sucursal de un banco alemán en la misma calle. No hay controles fronterizos ni controles de capital que valgan. ¡ Ni riesgo de tipos de cambio! Quienes tienen cuentas corrientes en todos los países de la periferia temen ante todo acabar volviendo a las antiguas monedas que valdrían mucho menos que el euro. Sus depósitos acaban en bancos alemanes y europeos de núcleo duro, que luego reciclan los fondos a través del BCE y los bancos centrales nacionales para acabar volviendo a los bancos de los PIIGS de donde han huido.



Al parecer esta huida de depósitos y su retorno a los bancos en la periferia en peligro se aceleró en los primeros meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Pero podría haberse acelerado aún más después. En efecto, el sistema de bancos centrales europeos está involucrado en un creciente y masivo ejercicio de rescate que no reconocen públicamente. ¿Cuál ha sido la respuesta alemana hasta ahora? "Vaya, este tío nos esta chantajeando. ¿Qué hacemos?" Porque Alemania como nación acreedora sufrirá grandes pérdidas si el sistema bancario en su conjunto empieza a sufrir la presión, para no decir nada del fin de su tan cacareado wirtschaftwunder (milagro económico) si toda la eurozona implosiona. Grecia, por el contrario, ha experimentado ya cinco años de austeridad económica permanente. El país ha quedado reducido prácticamente a una economía de trueque. ¿Qué tiene que perder en esta coyuntura si se niega a plegarse ante la troika?



Porqué Alemania tiene las de perder



Es verdad que los alemanes podrían hartarse y decir: "¡basta ya!" y salir de la zona euro (lo que muy probablemente destruiría la unión monetaria). El resultado previsible de una salida de Alemania sería una enorme revalorización del nuevo marco alemán. Como consecuencia, todo el mundo devaluaría en relación al nuevo marco, desplazando la responsabilidad de la reflación fiscal a quién hasta ahora ha sido el oponente más explicito del activismo fiscal. Alemania probablemente tendría que rescatar a sus bancos (especialmente los Landesbanken). Lo que podría ser políticamente más apetecible que rescatar a los bancos griegos (al menos desde la perspectiva de la población alemana), pero no dejaría de tener un importante coste económico a corto plazo para Berlín. Y en el ínterin, el probable trauma monetario bloquearía el mecanismo exportador, dado que los mecanismos integradores implícitos en la zona euro desaparecerían en el caso de que Alemania vuelva a un nuevo marco.



Por una elemental ecuación contable, una caída del superávit externo de Alemania significaría un gran aumento de su déficit presupuestario (a menos que el sector privado comenzase a crecer rápidamente, lo que es dudoso en el escenario descrito anteriormente), por lo que Alemania sufriría déficits presupuestarios mucho mayores. Si intenta reducir los efectos de un colapso en su superávit por cuenta corriente, se convertiría en un estado "despilfarrador" más. ¡Que cambio de suerte!



¿Quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?

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Tomado de Sin Permiso Ver también: Alemania comienza a aumentar los salarios para marcar diferencia con la periferia europea

- ¿Quien debe salir primero de la eurozona, Grecia o Alemania?

martes, 27 de marzo de 2012

Todo vuelve....

Después de dos años consecutivos de debilitamiento de la demanda, el efecto acumulativo no deja de pasar factura a los negocios amplificando aún más el fenómeno recesivo. Hoy, al igual que tras el estallido de la crisis financiera con la quiebra de Lehman Brothers, el comercio mundial vive una seria contracción, tal como el 2008. La gráfica muestra ese momento de caída en el comercio en siete economías importantes: China, Alemania, Japón, Italia, Francia, India, el Reino Unido y Estados Unidos. Como vemos, ninguno de estos países escapó al estallido de la burbuja financiera y sólo los planes de estímulo marcaron un esperado pero también débil repunte.

Ahora que la economía se dirige a una nueva colisión y sin posibilidad de dar pie atrás, comenzamos a ver los efectos de los planes de austeridad y los recortes presupuestarios. La caída de la demanda está arrastrando a la quiebra a numerosas empresas, con el consecuente desempleo de miles de trabajadores. Sólo durante el fin de semana cerraron 2.200 locales de la farmacéutica Schlecker en Alemania y 270 tiendas Game en el Reino Unido, dejando sin empleo a 13 mil trabajadores. La caída de la demanda, unida a los problemas financieros que tienen las empresas es siempre un cóctel fatal para la economía. Y es doblemente fatal para economías que se hicieron altamente adictas a las exportaciones, como es el caso de Alemania.
La gráfica nos presenta el nivel de las exportaciones de bienes y servicios en estos siete países. Si bien durante un par de décadas (desde 1970 hasta 1990) las tendencias se mantuvieron bastante estables, es a partir de fines de los años 80 y, sobretodo, desde mediados de los años 90, con la mayor apertura de la globalización sin guerra fría y con el final de la historia a la vista, cuando se disparan las exportaciones de las llamadas “fábricas del mundo”. Fábricas que surgieron apelando a la competitividad que ofrecía la mano de obra barata y que fue lo que llevó a China a ascender desde el 5% de exportaciones con respecto al PIB, a casi el 40% poco antes del estallido de la crisis.

La adicción de Alemania por las exportaciones

El caso de Alemania es aún más emblemático. Si durante los años 70 sus exportaciones oscilaban en torno al 20% del PIB, es a fines de los 90 cuando comienza su imparable ascenso que impulsa sus exportaciones a casi el 50% del PIB. Tras la caída de 2008-2009, Alemania siguió repuntando en el comercio y durante el 2011 superó el billón euros en exportaciones, más de un tercio de su PIB. Esto demuestra la dependencia de Alemania al comercio y a la integración mundial. En solo 20 años, desde 1988 a 2008, Alemania pasó de un nivel de exportaciones del 24% del PIB al 48% del PIB, siendo el país de mayor velocidad de crecimiento en el comercio mundial en todo ese período.
Si consideramos ahora que gran parte del crecimiento de esas exportaciones alemanas iban dirigidas a sus propios vecinos europeos, y que los medios de financiación eran orquestados por los bancos alemanes y las garantías y facilidades que aportaba la moneda única, tenemos otro eslabón para comprender la crisis del euro, el torbellino de los desequilibrios monetarios y los déficit de cuenta corriente. A igual que la relación de China con Estados Unidos, Alemania (China) se dedicó a fabricar y el resto de Europa (Estados Unidos) se dedicó a consumir. Esto permitió crear grandes superávit en la balanza de pagos de China y Alemania, así como enormes déficit en Estados Unidos y la periferia europea.
Sin embargo, mientras China no deja de comprar deuda de Estados Unidos (para prolongar su adicción al comercio), Alemania se ha negado sistemáticamente a la creación de los eurobonos, o a la compra de deuda de los países europeos. Esta es la razón de que mientras Estados Unidos vive la euforia de una recuperación, Europa se dirige a una nueva recesión que a estas alturas es inevitable. Ninguno de los impasibles líderes europeos consideró el efecto búmerang de los planes de austeridad, y que podían revertirse como una estocada fatal para las propias economías europeas, derribando incluso a la fuerte Alemania.
Esto es porque la caída de la demanda no sólo afecta la actividad comercial sino también la actividad de la banca y de todo el sistema financiero. Mientras los bancos enfrentan un camino cuesta arriba e intentan abrirse paso en la adecuación del capital, el apriete derivado de la caída del comercio inflige otro golpe que acrecienta la sequía financiera. El resultado es un deterioro de las perspectivas para los flujos de efectivo en todo el mundo, lo que redundará en el aumento de las quiebras empresariales, de la que los casos de Schlecker y Game son claros ejemplos. En España también tenemos ejemplos del día como el de las cajas, o las fotovoltaicas que suman más de 5.000 nuevos despidos.
Quienes pensaban que Mario Draghi o Ben Bernanke estaban salvando al mundo con sus billonarias inyecciones de liquidez a la banca, recibirán un duro golpe cuando constaten que la caída del comercio mundial va más allá de lo que pueden manipular Draghi y Bernanke con sus bancos centrales. Una caída real y simultánea en el comercio mundial es más que una simple frenada, y en los países más adictos al comercio intrafronterizo implica una recesión inevitable.
Frente a esta recaída, Alemania es la que tiene más que perder al no poder vender a los países de la periferia y experimentar el paulatino cierre de empresas. La orden dada a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España de ejecutar draconianos planes de austeridad, es una cruel paradoja que se revierte como un búmerang en un duro castigo a la propia Alemania. Además, los desequilibrios comerciales de estos países son de tal magnitud, que no pueden financiarse a menos que Alemania los financie, algo que Alemania no hará. Por eso el impacto negativo d esta caída será muy fuerte para Alemania, y el largo camino a los reequilibrios monetarios será muy doloroso para toda la eurozona.



Fuente: http://www.elblogsalmon.com/entorno/la-caida-del-comercio-mundial-y-su-negativo-impacto-en-alemania

jueves, 5 de enero de 2012

Los problemas de Ángela Merkel


por Pedro Brieger, desde Berlín

Los primeros días de 2012 sirvieron para que el gobierno alemán presentara con aires de triunfalismo la fortaleza de su economía y resaltara que Alemania es una isla de prosperidad en Europa. El ministro de trabajo Philipp Rösler afirmó que desde 1991 no se registraba un porcentaje tan bajo de desempleo, apenas el 6,6 por ciento. Comparado con el veinte por ciento de desocupación actual en España afectivamente Alemania parece otra Europa. Numerosos diarios resaltaron los números positivos del mercado laboral e incluso el Berliner Morgenpost se atrevió a titular que “no hay rastros de la crisis en la capital” porque en 2011 se crearon 6938 nuevos puestos de trabajo y en Facebook los berlineses tienen cerca de un millón de “amigos”. Claro que al analizar la cifra en números reales se descubre que son casi tres millones de personas las que están registradas en la agencia nacional de trabajo porque carecen de empleo. Un análisis aún más fino del conjunto de los datos revela que hay otros cuatro millones de subocupados y que uno de los principales problemas es que muchos de los nuevos puestos de trabajo son precarios y de muy mala calidad.
A pesar de que ya han pasado más de veinte años desde la reunificación alemana la división este-oeste todavía se siente en el mercado laboral. En el oeste la desocupación es menor que la media nacional (6,6), y en los Estados que conformaban la República Democrática Alemana casi la duplica (10,6%), alcanzando incluso los niveles españoles en algunas ciudades. También es interesante descubrir que entre los extranjeros el paro trepa al 14 por ciento, a pesar de que la extrema derecha siempre los acusa de “robarles” puestos de trabajo a los alemanes.
La canciller Ángela Merkel es consciente de que la economía alemana es robusta a pesar de los bajos (o altos) niveles de desempleo, según con que lupa se lo mire. Su gran problema al comenzar el año es la fuerte presión que existe para que renuncie a su cargo Christian Wulff, el presidente de Alemania. Aunque en un sistema parlamentario como el alemán el cargo no sea tan decisivo, el presidente no puede estar envuelto en escándalos que afecten su conducta que debe intachable. Sin embargo, estando al frente de la región de Baja Sajonia Wulff recibió préstamos y beneficios de empresarios. Primero lo negó, y luego tuvo que reconocerlo. La situación se tornó más turbia y compleja para el presidente desde que se conoció que llamó al director del influyente periódico Bild para impedir que la noticia continuara difundiéndose.
Tal vez Merkel pueda seguir piloteando la crisis europea, pero que un hombre de su partido, elegido hace menos de un año, se vea obligado a renunciar, puede ser algo más que un dolor de cabeza.

Fuente:
http://brieger.telam.com.ar/?p=179

lunes, 7 de noviembre de 2011

Alemania, la crisis de los otros



Rafael Poch

La Vanguardia

El país ve la crisis como un problema de otros pero, “se ha convertido en el acelerador de una desolidarización que afecta a toda Europa”, dice Jürgen Habermas, su filósofo vivo más celebrado

Hasta hace poco las resoluciones de las cumbres europeas tardaban dos o tres meses en quedar desfasadas. Desde el 26 de octubre eso ya ocurre en cuestión de días. La última cumbre de Bruselas fue presentada y celebrada por Merkel y Sarkozy como un “paquete completo” enfocado al medio y largo plazo: por fin se afrontaban los problemas en su raíz (siempre la falta de austeridad y disciplina), se dijo. Pero su resultado, confuso y mal cerrado, con importantes detalles aun por negociar, se saldó con el más grotesco desbarajuste al más corto plazo. Atribuido al amago de Papandreu con el referéndum, el último fiasco ha malogrado la reunión del G-20 en Cannes este fin de semana. Diseñada para abordar “problemas mundiales”, la simple realidad es que en Cannes los jefes de Estado ni siquiera han resuelto lo de Grecia, cuando el problema de Italia ya asoma con gran claridad. La sensación de desbarajuste es completa. La impresión de que los líderes políticos no entienden lo que ocurre ni lo que hacen, es abrumadora.

Mientras la canciller Merkel dice que se tardará una década en salir de la crisis, los alemanes declaran – en la última encuesta disponible- que su gobierno ha perdido el norte (59%) y que lo peor de la crisis está por venir (82%), pero, al mismo tiempo, los alemanes aprueban el papel de Merkel en Europa (59%). La conclusión es algo esquizofrénica: mientras la receta unilateral alemana de disciplina y austeridad complica cada vez más la crisis (y las deudas), su líder logra mantener en casa, de momento, un respaldo fundamental, lo que actúa como fuerte estímulo para no corregir el curso.

¿Hay un plan B?

El establishment alemán, su gobierno y sus medios, avanzan “paso a paso”, como dice Merkel, hacia la institucionalización de la Europa de dos categorías. El viejo plan que el año pasado se estudiaba en el ministerio de finanzas, está ahora de plena actualidad. Bild dice que “Grecia es un caos” que paraliza al G-20 y “debe salir del euro”. El Frankfurter Allgemeine Zeitung constata que, “ha caído el tabú de la salida del euro de un país”. “Quienes no puedan adaptarse, tendrán que irse”, explica el comentarista europeo del primer canal de televisión.

Es obvio que si se abre la puerta de salida del euro, Grecia no será la única. Europa podría acabar con un “euro fuerte” en el norte (Alemania, Holanda, Finlandia, Austria y otros) y un “euro blando”, como se decía el año pasado –y continúan pregonando los euroescépticos- con Francia en algún lugar en medio de ambos ¿Es ese el plan oculto que se está urdiendo en Berlín, o todo no es más que una atropellada improvisación presidida por la corteza de miras?

Porque si el euro se descompone no es ni por el endeudamiento ni por Grecia, sino por un obtuso liderazgo alemán en el diseño de un mecanismo de salvación manifiestamente errado, observa el periodista económico Robert von Heusinger. La zona euro está menos endeudada que otros grandes países industriales como Estados Unidos, Japón o el Reino Unido, y el 3% que Grecia aporta a la potencia económica de la eurozona es ridículo, dice.

¿Tiene Alemania mercados en Marte?

Alemania, afirma Jürgen Habermas, su filósofo vivo de mayor renombre, “se ha convertido en el acelerador de una desolidarización que afecta a toda Europa”. Sin fórmulas de justicia distributiva que nivelen la extraordinaria orgía de enriquecimiento y desigualdad protagonizada por la minoría más favorecida en los últimos treinta años, la eurocrisis no tiene una salida democrática, sugiere Habermas.

“Los alemanes han impuesto a todos una estrategia que funcionó con ellos: la orientación unilateral a la exportación y el crecimiento en el mercado exterior, lo tonto es que pasaron por alto que mientras no haya comercio con Marte el superávit de todos en la Tierra es imposible”, dice von Heusinger. La solución es todo aquello que el dogmatismo alemán estigmatiza como bestia negra: la “unión de transferencias”, el eurobono, y el control político sobre el Banco Central Europeo. Sin ello, desde luego, se saldrá de la crisis porque todas las crisis acaban un día u otro, pero mucho más tarde, y habrá que ver a qué precio.

Delors y el aterrizaje de Merkel

Desde el principio la crisis ha sido vista en Alemania como un problema de otros. Se ha presentado a la opinión pública como un asunto injusto consistente en el precio que Alemania debe pagar por errores y excesos ajenos. Se perdió de vista la perspectiva de una realidad interrelacionada. Eso cambió algo hace cuatro semanas, cuando, a la luz de la fuerte corrección a la baja de los pronósticos de crecimiento alemán para este año y el que viene, la canciller Angela Merkel aterrizó.

“Merkel comprendió entonces que si al euro le iba mal de verdad, eso tendrá consecuencias muy malas para Alemania”, explica Jacques Delors, 86 años y patriarca de la Unión Europea, en una entrevista con el Stuttgarter Zeitung. “Hasta entonces”, dice, “no estoy muy seguro de que Merkel comprendiera esa relación”. Ese cambio determinó que Merkel presentara su ofensiva europea: la concepción del “paquete completo” con un horizonte de reforma de los tratados de la Unión en clave única de disciplina presupuestaria, lo que amenaza con romper la zona euro en dos.

“El triunfo total de la Señora Merkel” en Bruselas sustituyó definitivamente el tradicional sistema de toma de decisiones con la Comisión Europea en el centro y lo sustituyó por un consenso franco-alemán en el que la posición francesa consiste en plegarse a la alemana, se queja Delors, que recuerda que con el método anterior, “Europa alcanzó sus progresos”. “Merkel prefiere el consenso entre países, lo que es un regreso a la monstruosa manera de hacer política del siglo XIX”, dice.

El aterrizaje de Merkel aún empeora más las cosas, pues su tardía consciencia de que hay que hacer algo por Europa – pues de lo contrario la propia Alemania se va al garete- le ha llevado a la peregrina idea de una quimérica germanización del continente vía la reforma de los “tratados de la Unión”. Bajo ese concepto, la canciller tiene en mente institucionalizar la austeridad, meter en todas las constituciones el límite de endeudamiento, crear un nuevo comisario fiscal europeo, un “Mister Austerity”, y cosas así.

Que el ama de casa suaba baile sevillanas

El simplismo de la canciller es asombroso: la crisis reducida a un problema de virtud denota una mentalidad “cateta” y provinciana de Europa, como ha dicho Felipe González. Merkel y Alemania no dejan de hablar del modelo del “ama de casa suaba”, el tópico de la “schwäbische Hausfrau”. Pretender convertir a griegos, españoles, portugueses, irlandeses, italianos y franceses, es decir a católicos y ortodoxos, en amas de casa suabas, denota una mentalidad corta, perfectamente homologable con el “España va bien” que el postfranquismo -incluyendo en él a sus ayudantes socialistas- construyó sobre ese desastre medioambiental de nuevo rico que designamos como “ladrillo” y que ha destrozado, literalmente, el aspecto de España.

El ama de casa suaba es todo lo contrario del espíritu meridional: es una administradora que cuida hasta el último céntimo de su presupuesto y que nunca gasta más (en realidad siempre mucho menos) de lo que puede. No hay duda de las virtudes generales de la “schwäbische Hausfrau”: si nuestros alegres hipotecados meridionales tuvieran algo de “schwäbische Hausfrau”, nunca se habrían metido a comprar pisos sin disponer ni siquiera de una fracción de su coste en el bolsillo. La reflexión tiene dos problemas muy serios.

Primero: el ladrillo no es únicamente resultado del cretinismo del consumidor celtíbero. No olvidemos que fue (es) un negocio para una minoría social de facinerosos inmobiliarios que no habría podido actuar sin un marco económico-legislativo concreto, en cuyo diseño el hipotecado consumidor no tuvo arte ni parte. Segundo: las virtudes y los defectos son siempre algo relativo.

Quien abrace por ejemplo la figura del ama de casa suaba, debe ser consciente de que su naturaleza podría ocasionarle verdaderas arcadas culturales. Se trata de algo tan básico como las diversas lecturas que un mismo rasgo merece en diferentes culturas. Lo que en Alemania y Holanda es elogiosa virtud ahorrativa, es el sur se lee como una garrapería miserable. En la tradición grecolatina –y no olvidemos que fue ella la que inventó el metro, el sentido de la mesura- el ama de casa suaba es un ser ruin e impresentable, por razones muy parecidas a las que en Alemania desagradan los hábitos económicos y sociales meridionales. Pretender imponer lo uno a los otros es, pura y simplemente, cargarse Europa. Y eso es lo que apunta la Señora Merkel: que el ama de casa suaba baile sevillanas, pero al revés.

Su idea de Europa no es muy diferente de la que ciertos políticos catalanes manifiestan sobre Andalucía y los andaluces (y estos, probablemente, sobre los marroquíes), con una falta de pudor extraordinaria que refleja su nivel: espíritu obtuso, provincialismo, limitación mental e incapacidad de ponerse en el lugar del otro… Con esos ladrillos, España, Europa y la simple convivencia humana son imposibles. En esta crisis podría estar en juego todo eso, ni más ni menos. Esa actitud no tiene, en cualquier caso, nada que ver con la idea que en los años cincuenta animó a los padres fundadores de la Unión Europea.

Principios en lugar de mercado

Aquella “Unión del carbón y del acero” transformó los materiales de la guerra en instrumentos de paz y reconciliación entre Francia y Alemania. Un veterano político alemán de aquella generación recordaba la semana pasada que entonces, cinco años después del fin de la guerra, “Alemania no se merecía nada”, pese a lo cual, “Francia nos tendió la mano con grandeza de miras”. Hoy la mentalidad es otra: la quimera de implantar al ama de casa suaba en Sevilla, Roma, Dublin o el Epiro. Y en el norte de la operación, una estrategia puramente nacional: que Alemania salga fortalecida de esta crisis, como repite Merkel. Los principios de la Europa social y ciudadana, han sido definitivamente sustituidos por la Europa de los mercados, la visión universalista francesa por un patoso provincianismo alemán, cuyos ecos se imitan en Barcelona. Que el Presidente de Francia se haya apuntado a ese discurso de la ejemplar virtud alemana –en su última entrevista televisada- recuerda que el problema no es nacional. Y ahí está el asunto.

En lugar de reconocer la enfermedad del sistema y sus complejas interrelaciones en las que nadie sale bien parado (el ladrillo español o americano financiado por la especulación internacional, con gran capital de la Europa virtuosa), se proponen ridículos cuentos de rollizas lecheras suabas e invitaciones a la ancestral pelea chovinista europea.

En medio de esta confusión, los alemanes ven claras dos cosas, de acuerdo con la última encuesta de Infratest: el 59% opina que el gobierno conservador ha perdido el norte, y el 82% declara que lo peor de la “crisis de endeudamiento” está por venir. Un 44% se siente personalmente afectado por la crisis. La opción de, “un control más fuerte sobre los bancos y mercados financieros” es la que tiene mayor apoyo: 92%. Esas opiniones no impiden una buena valoración de papel de Merkel en la crisis: un 58% cree que la canciller ha defendido bien los intereses de Alemania en Europa. Ese ambiguo aprobado en casa actúa como estímulo para mantener en Europa la “línea alemana”, que es la línea de un capital que no entiende su propio enredo.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/berlin/alemania-la-crisis-de-los-otros/#more-191

GRECIA: INSÓLITO E HILARANTE INTERCAMBIO DE CARTAS ABIERTAS APARECIDAS EN EL PERIÓDICO SEMANAL ALEMÁN “STERN”

INSÓLITO E HILARANTE INTERCAMBIO DE CARTAS ABIERTAS APARECIDAS EN EL PERIÓDICO SEMANAL ALEMÁN “STERN”
ATTAC

Dos cartas sobre los problemas reales de la crisis económica de Grecia. La respuesta a la primera es genial. Esto, sin tomar en cuenta la verdad de que considerando la "deuda total" en la eurozona el campeón no es Grecia. La superan Holanda con 234%, Irlanda con 222%, Bélgica con 219%, España con 207%, Portugal con 197%, Italia con 194%, etc.

Hace unos meses, apareció publicada una Carta Abierta dirigida a “Queridos griegos” por un ciudadano alemán de nombre Walter Wuellenweber, que como título llevaba:

*Después que Alemania tuvo que salvar a los Bancos, ahora debe salvar también a Grecia. Los griegos que primero han hecho alquimias con el Euro, ahora en vez de hacer economías, hacen huelgas.*

Queridos griegos:

Desde 1981 pertenecemos a la misma familia.

Nosotros, los alemanes, hemos aportado como ningún otro al Fondo común, cerca de 200 mil millones de euros, mientras que Grecia ha recibido cerca de 100 mil millones de esa suma, o sea la mayor suma per cápita que ningún otro pueblo de la UE. Nunca ningún pueblo ayudó hasta ahora voluntariamente hasta este grado a otro y por tanto tiempo.

Son Uds sinceramente, los amigos más caros que tenemos. El caso es que no solo Uds se engañan a sí mismos, sino que también a nosotros. En esencia, Uds nunca demostraron ser merecedores de nuestro Euro. Desde su incorporación como moneda de Grecia, nunca lograron hasta ahora cumplir con los criterios de estabilidad. Dentro de U.E. son el pueblo que gasta las mayores sumas en bienes de consumo. Uds descubrieron la Democracia, entonces deben conocer que se gobierna através de la voluntad del pueblo, quien finalmente tiene la responsabilidad. No digan entonces, que solo los políticos son responsables del desastre.

Nadie los obligó a evadir durante años impuestos, oponerse a cada política coherente para reducir el gasto público y nadie los obligó a elegir los gobernantes que han tenido y tienen. Los griegos son quienes nos han mostrado el camino de la Democracia, de la Filosofía y de los primeros conocimientos de Economía Nacional. Pero ahora nos muestran un camino equivocado. Y donde Uds ya han llegado, no va más allá!!


A la semana siguiente, STERN publica una Carta Abierta de un griego, dirigida a Wuellenweber:

Me llamo Georgios Psomás. Soy funcionario público y no “empleado público” como despectivamente, como insulto, se refieren a nosotros mis compatriotas y tus compatriotas. Mi sueldo es de 1.000 euros. Por mes ¿eh? no vayas a pensar que son por día, como te quieren hacer creer en tu país. Fijate que gano una cifra que ni siquiera es inferior en 1.000 euros a la tuya que es por varios miles.

Desde 1981, tenés razón pertenecemos a la misma familia. Solo que nosotrosles hemos concedido en exclusividad a Uds un montón de privilegios, como serlos principales proveedores del pueblo griego de tecnología, armas, infraestructura (2 autopistas y dos grandes aeropuertos internacionales), telecomunicaciones, productos de consumo, autos, etc. Si me olvido de algo perdóname. Te señalo que dentro de la UE somos los mayores importadores de productos de consumo que elaboran las fábricas alemanas.

La verdad es que no hacemos responsables solo a nuestros políticos por el desastre de Grecia. Contribuyeron mucho algunas grandes empresas alemanas,las que pagaron enormes coimas a nuestros políticos para asegurarse loscontratos, para vendernos de todo, y unos cuantos submarinos fuera deservicio, que puestos en el mar, quedan tumbados de costado en el mar.

Yo sé que aún no das crédito a lo que escribo. Teneme paciencia, esperá, lee toda la carta y si no llego a convencerte, te autorizo a que me eches de la Eurozona, ese lugar de la VERDAD, de la PROSPERIDAD, de la JUSTICIA y de lo CORRECTO.

Walter, estimado Walter, pasó más de medio siglo desde que la 2da Guerra Mundial terminó, ES DECIR MÁS DE 50 AÑOS, desde la época en que Alemania debería haber saldado sus obligaciones con Grecia. Estas deudas, QUE SOLO ALEMANIA hasta ahora se resiste a saldar con Grecia, (Bulgaria y Rumania han cumplido en pagar las indemnizaciones estipuladas), consisten en :

1. Una deuda de 80.000.000 de marcos alemanes por indemnizaciones, que quedó impaga desde la Primera Guerra Mundial

2. Deudas por diferencias de clearing, en el período entreguerras, que asciende hoy en 593.873.000 dólares USA.

3. Los préstamos obligados que contrajo el III Reich a nombre de Grecia durante la ocupación alemana, que ascendieron en 3,5 mil millones de dólares durante todo el período de ocupación.

4. Las reparaciones que debe Alemania a Grecia , por las confiscaciones , persecuciones, ejecuciones y destrucciones de pueblos enteros, rutas, puentes, líneas ferroviarias, puertos, que produjo el III Reich, y que según lo dictaminado por los tribunales aliados, asciende a 7,1 mil millones de dólares, de los cuales Grecia no vio un billete aún.

5. Las inmensurables reparaciones de Alemania por la muerte de 1.125.960 griegos (38.960 ejecutados, 12.000 muertos como daño colateral, 70.000 muertos en combate, 105.000 muertos en los campos de concentración en Alemania, 600.000 muertos de hambre, etc. etc.)

6. La tremenda e inmensurable ofensa moral ocasionada al pueblo griego y a los ideales humanísticos de la cultura griega.

Sé que no te debe gustar para nada lo que te escribo. Lo lamento. Pero másme molesta lo que Alemania quiere hacer conmigo y con mis compatriotas.Amigazo Walter, en Grecia operan 130 empresas alemanas, dentro de las cuales se incluyen todos los colosos de la industria de tu país, las que tienen ganancias anuales de 6,5 mil millones de euros.

Muy pronto, si la cosa sigue así, no podré comprar más productos alemanes, porque cada vez tengo menos dinero. Yo y mis compatriotas crecimos siempre con privaciones, lo vamos aguantar, no te hagas problema. Podemos vivir sin BMW, sin Mercedes, sin Opel, sin Skoda.

Dejaremos de comprar productos de Lidl, de Praktiker, de IKEA. Pero Uds, Walter, cómo se las van a arreglar con los desempleados que dejará esta situación que por ahí los obligue a bajar su standard de vida, sus autos lujosos, sus vacaciones al exterior, sus excursiones sexuales a Tailandia? Uds (alemanes, suecos, holandeses, y restantes “compatriotas” de Euroza) pretenden que nos vayamos de Europa, de la Eurozona y no sé también de donde más.

Creo firmemente que debemos hacerlo, para salvarnos de una Unión que es una banda de especuladores financieros, un equipo en el cual jugamos, si consumimos los productos que Uds ofrecen: préstamos, bienes industriales, bienes de consumo, obras faraónicas, etc.

Y finalmente Walter, debemos “arreglar” otro tema importante, ya que vos también, sos deudor de Grecia: *EXIGIMOS QUE NOS DEVUELVAN LA CIVILIZACIÓNQUE NOS ROBARON!!!

*Queremos de vuelta a Grecia las inmortales obras de nuestros antepasados,que guardan en los museos de Berlín, de Munich, de París, de Roma y deLondres.”

*Y EXIJO QUE SEA AHORA!! *Ya que si me muero de hambre, me quiero morir al lado de las obras de mis antepasados

Cordialmente

Georgios Psomás

jueves, 29 de septiembre de 2011

Alemania refuerza el fondo de rescate

El Parlamento alemán aprobó con mayoría la ampliación del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), con el que se pagan los rescates a los países en crisis de la zona euro. De esta manera, la canciller Angela Merkel consiguió afianzar su política de apoyo al euro, para lo que elevará casi al doble la contribución germana. La ampliación es muy impopular en el país y, según los sondeos, tres de cada cuatro personas la rechaza. Desde la oposición, solicitaron otras medidas como la regulación de los mercados financieros.
Merkel logró el apoyo de 523 de los 620 diputados en la Cámara baja del Parlamento (Bundestag), 85 votos negativos y tres abstenciones. Nueve diputados estuvieron ausentes. Los partidos de la coalición de centroderecha que preside la canciller, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y los liberales (FDP), sumaron además 315 votos a favor, cuatro más que la mayoría absoluta. Esta llamada "mayoría del canciller" era considerada un apoyo imprescindible para que la mandataria pudiera sostener su coalición de gobierno y su política de apoyo al euro.
Como se esperaba, también votaron a favor los principales partidos de la oposición, los socialdemócratas (SPD) y Los Verdes. Sólo rechazaron la ampliación los legisladores de La Izquierda y algunos disidentes en la coalición. La ley quedará sancionada mañana con su aprobación en la Cámara alta (Bundesrat).
"Tenemos un interés nacional existencial en la estabilidad de Europa y del euro", advirtió en el encendido debate previo a la votación Volker Kauder, jefe de la fracción de la CDU. La aprobación de la ley determina "nuestro futuro, la creación de empleo, el futuro de la generación más joven", añadió.
Antes de la votación, Merkel había pedido "responsabilidad" ante una votación "de interés mundial". Así, Alemania se convierte en el décimo país en aprobar la ampliación del FEEF propuesta por los jefes de Estado y de gobierno de la eurozona en la cumbre del 21 de julio en Bruselas. Antes ya lo hicieron Francia, España, Italia, Bélgica, Luxemburgo, Eslovenia, Grecia, Irlanda y Finlandia.
Cuando los 17 países del euro la aprueban, el FEEF ampliará a 440.000 millones de euros sus fondos para dar créditos a países en crisis y comprar deuda soberana. Para eso tendrá que sumar garantías estatales por 780.000 millones.
En el caso de Alemania, el mayor contribuyente al fondo, la reforma implica casi duplicar su aporte a 211.000 millones de esos avales, frente a los 123.000 millones actuales. La ampliación es muy impopular en el país y, según los sondeos, tres de cada cuatro alemanes la rechaza.
En el debate de hoy, el ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble volvió a descartar una nueva ampliación del FEEF, con la que se había especulado los últimos días. "No será aumentado", subrayó. "Eso no está en juego".
Los socialdemócratas, por su parte, dieron su apoyo a la reforma, pero criticaron a Merkel por "no haber sabido explicar a los alemanes la necesidad de esta ley", en palabras del ex ministro de Finanzas Peer Steinbrück.
"Las contradicciones en su gobierno son obvias", lanzó. El opositor consideró que la ampliación del fondo es "insuficiente" para resolver la crisis del euro y pidió medidas adicionales, como mejorar la regulación de los mercados financieros.

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-177831-2011-09-29.html