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viernes, 22 de junio de 2012

¿Por qué derrocaron a Lugo?




Por Atilio Boron

Hace unos minutos se acaba de consumar la farsa: el presidente del Paraguay Fernando Lugo fue destituído de su cargo en un juicio sumarísimo en donde el Senado más corrupto de las Américas -¡y eso es mucho decir!- lo halló culpable de "mal desempeño" de sus funciones debido a las muertes ocurridas en el desalojo de una finca en Curuguaty.
Es difícil saber lo que puede ocurrir de aquí en más.Lo cierto es que, como lo dice el artículo de Idilio Méndez que acompaña esta nota, la matanza de Curuguaty fue una trampa montada por una derecha que desde que Lugo asumiera el poder estaba esperando el momento propicio para acabar con un régimen que pese a no haber afectado a sus intereses abría un espacio para la protesta social y la organización popular incompatible con su dominación de clase.
Pese a las múltiples advertencias de numerosos aliados dentro y fuera de Paraguay Lugo no se abocó a la tarea de consolidar la multitudinaria pero heterogénea fuerza social que con gran entusiasmo lo elevó a la presidencia en Agosto del 2008.
Su gravitación en el Congreso era absolutamente mínima, uno o dos senadores a lo máximo, y sólo la capacidad de movilización que pudiera demostrar en las calles era lo único que podía conferirle gobernabilidad a su gestión.
Pero no lo entendió así y a lo largo de su mandato se sucedieron múltiples concesiones a una derecha ignorando que por más que se la favoreciera ésta jamás iría a aceptar su presidencia como legítima. Gestos concesivos hacia la derecha lo único que hacen es envalentonarla, no apaciguarla.
Pese a estas concesiones Lugo siempre fue considerado como un intruso molesto, por más que promulgara en vez de vetarlas las leyes antiterroristas que, a pedido de "la Embajada", aprobaba el Congreso, el más corrupto de las Américas.
Una derecha que, por supuesto, siempre actuó hermanada con Washington para impedir, entre otras cosas, el ingreso de Venezuela al Mercosur. Tarde se dio cuenta Lugo de lo "democrática" que era la institucionalidad del estado capitalista, que lo destituye en un tragicómico simulacro de juicio político violando todas las normas del debido proceso.
Una lección para el pueblo paraguayo y para todos los pueblos de América Latina y el Caribe: sólo la MOVILIZACIÓN y ORGANIZACIÓN POPULAR sostiene gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social, por más moderado que sea, como ha sido el caso de Lugo.
La oligarquía y el imperialismo jamás cesan de conspirar y actuar, y si parece que están resignados esta apariencia es enteramente engañosa, como lo acabamos de comprobar hace unos minutos en Asunción.

Fuente: http://www.atilioboron.com.ar/2012/06/por-que-derrocaron-lugo.html

Anexo:

Monsanto golpea en Paraguay: Los muertos de Curuguaty y el juicio político a Lugo.


por Idilio Méndez Grimaldi (*)



Quienes están detrás de esta trama tan siniestra? Los propulsores de una ideología que promueven el máximo beneficio económico a cualquier precio y cuanto más, mejor, ahora y en el futuro.

El viernes 15 de junio de 2012, un grupo de policías que iba a cumplir una orden de desalojo en el departamento de Canindeyú en la frontera con Brasil, fue emboscado por francotiradores, mezclados con campesinos que reclamaban tierras para sobrevivir. La orden fue dada por un juez y una fiscala para proteger a un latifundista. Como resultado se tuvo 17 muertos; 6 policías y 11 campesinos y decenas de heridos graves. Las consecuencias: El laxo y timorato gobierno de Fernando Lugo quedó con debilidad ascendente y extrema, cada vez más derechizado, a punto de ser llevado a juicio político por un Congreso dominado por la derecha; duro revés a la izquierda, a las organizaciones sociales y campesinas, acusadas por la oligarquía terrateniente de instigar a los campesinos; avance del agronegocio extractivista de manos de las transnacionales como Monsanto, mediante la persecución a los campesinos y el arrebato de sus tierras y, finalmente, la instalación de una cómoda platea para la los oligarcas y los partidos de derecha para su retorno triunfal en las elecciones de 2013 al Poder Ejecutivo.

El 21 de octubre de 2011, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, dirigido por el liberal Enzo Cardozo, liberó ilegalmente la semilla de algodón transgénico Bollgard BT de la compañía norteamericana de biotecnología Monsanto, para su siembra comercial en Paraguay. Las protestas campesinas y de organizaciones ambientalistas no se dejaron esperar. El gen de este algodón está mezclado con el gen del Bacillus Thurigensis, una bacteria tóxica que mata a algunas plagas del algodón, como las larvas del picudo, un coleóptero que oviposita en el capullo del textil.

El Servicio de Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas, SENAVE, otra institución del Estado paraguayo, dirigido por Miguel Lovera, no inscribió dicha semilla transgénica en los registros de cultivares, por carecer de los dictámenes del Ministerio de Salud y de la Secretaría del Ambiente, tal como exige la legislación.

Campaña mediática

Durante los meses posteriores, Monsanto, a través de la Unión de Gremios de Producción, UGP, estrechamente ligada al Grupo Zuccolillo, que publica el diario ABC Color, arremetió contra SENAVE y su presidente por no inscribir la semilla transgénica de Monsanto para su uso comercial en todo el país.

La cuenta regresiva decisiva pareció haberse dado con una nueva denuncia por parte de una seudosindicalista del SENAVE, de nombre Silvia Martínez, quien acusó el 7 de junio pasado a Lovera de corrupción y nepotismo en la institución que dirige, a través de ABC Color. Martínez es esposa de Roberto Cáceres, representante técnico de varias empresas agrícolas, entre ellas Agrosán, recientemente adquirida por 120 millones de dólares por Syngenta, otra transnacional, todas socias de la UGP.

Al día siguiente, viernes 8 de junio, la UGP publica en ABC a seis columnas: “Los 12 argumentos para destituir a Lovera” (1). Estos presuntos argumentos fueron presentados al vicepresidente de la República, correligionario del ministro de Agricultura, el liberal Federico Franco, quien en ese momento se desempeñaba como presidente de Paraguay en ausencia de Lugo, de viaje por Asia.

El viernes 15 del corriente mes, en ocasión a una exposición anual organizada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería, el ministro Enzo Cardozo dejo escapar un comentario ante la prensa que un supuesto grupo de inversores de la India, del sector de los agroquímicos, canceló un proyecto de inversión en Paraguay por la presunta corrupción en SENAVE. Nunca aclaro de qué grupo se trataba. En esas horas de aquel día se registraban los trágicos sucesos de Curuguaty.

En el marco de esta exposición preparada por el citado ministerio, la transnacional Monsanto presentó otra variedad de algodón, doblemente transgénico: BT y RR o Resistente al Roundup, un herbicida fabricado y patentado por Monsanto. La pretensión de la transnacional norteamericana es la inscripción en Paraguay de esta semilla transgénica, tal como ya ocurrió en la Argentina y otros países del mundo.

Previamente a estos hechos, el diario ABC Color denunció sistemáticamente por presuntos hechos de corrupción a la ministra de Salud, Esperanza Martínez y al ministro del Ambiente, Oscar Rivas, dos funcionarios que no dieron su dictamen favorable a Monsanto.

Monsanto facturó el año pasado 30 millones de dólares, libre de impuestos, (porque no declara esta parte de su renta) solamente en concepto de royalties por el uso de semillas transgénicas de soja en Paraguay. Independiente, Monsanto factura por la venta de las semillas transgénicas. Toda la soja cultivada es transgénica en una extensión cercana a los tres millones de hectáreas, con una producción en torno a los 7 millones de toneladas en el 2010.

Por otro lado, en la Cámara de Diputados ya se aprobó en general el proyecto de Ley de Bioseguridad, que contempla crear una dirección de bioseguridad a cargo del Ministerio de Agricultura, con amplia potestad para la aprobación para su cultivo comercial de todas las semillas transgénicas, ya sean de soja, maíz, arroz, algodón y algunas hortalizas. Este proyecto de ley contempla la eliminación de la Comisión de Bioseguridad actual, que es un ente colegiado de funcionarios técnicos del Estado paraguayo.

En tanto transcurrían todos estos acontecimientos, la UGP viene preparando un acto de protesta nacional contra el gobierno de Fernando Lugo para el 25 de junio próximo. Se trata de una manifestación con maquinarias agrícolas, cerrando medias calzadas de las rutas en distintos puntos del país. Una de las reivindicaciones del denominado “tractorazo” es la destitución de Miguel Lovera del SENAVE, así como la liberalización de todas las semillas transgénicas para su cultivo comercial.

Las conexiones

La UGP está dirigida por Héctor Cristaldo, apoyado por otros apóstoles como Ramón Sánchez - quien tiene negocios con el sector de los agroquímicos - entre otros agentes de las transnacionales del agronegocio. Cristaldo integra el staff de varias empresas del Grupo Zuccolillo, cuyo principal accionista es Aldo Zuccolillo, director propietario del diario ABC Color desde su fundación bajo el régimen de Stroessner, en 1967. Zuccolillo es dirigente de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP.

El Grupo Zuccolillo es socio principal en Paraguay de Cargill, una de las transnacionales más grandes del agronegocio en el mundo. La sociedad construyó uno de los puertos graneleros más importante del Paraguay, denominado Puerto Unión, a 500 metros de la toma de agua de la empresa aguatera del Estado paraguayo, sobre el Río Paraguay, sin ninguna restricción.

Las transnacionales del agronegocio en Paraguay prácticamente no pagan impuestos, mediante la férrea protección que tienen en el Congreso, dominado por la derecha. La presión tributaria en Paraguay es apenas del 13% sobre el PIB. El 60 % del impuesto recaudado por el Estado paraguayo es el Impuesto al Valor Agregado, IVA. Los latifundistas no pagan impuestos. El impuesto Inmobiliario representa apenas el 0,04% de la presión tributaria, unos 5 millones de dólares, según un estudio del Banco Mundial (2) aún cuando el agronegocio produce rentas en torno al 30 % del PIB, que representan unos 6.000 millones de dólares anuales.

Paraguay es uno de los países más desiguales del mundo. El 85 por ciento de las tierras, unas 30 millones de hectáreas, está en manos del 2 por ciento de propietarios (3) que se dedican a la producción meramente extractivista o en el peor de los casos a la especulación sobre la tierra.

La mayoría de estos oligarcas poseen mansiones en Punta del Este o Miami y tienen estrechas relaciones con las transnacionales del sector financiero, que guardan sus bienes mal habidos en los paraísos fiscales o le facilitan inversiones en el extranjero. Todos ellos, de alguna u otra manera, están ligados al agronegocio y dominan el espectro político nacional, con amplias influencias en los tres poderes del Estado. Allí reina la UGP, apoyada por las transnacionales del sector financiero y del agronegocio.

Los hechos de Curuguaty

Curuguaty es una ciudad ubicada al este de la Región Oriental del Paraguay, a unos 200 km de Asunción, capital del Paraguay. A unos kilómetros de Curuguaty se halla la estancia Morombí, propiedad del terrateniente Blas Riquelme, con más de 70 mil hectáreas en ese lugar. Riquelme proviene de la entraña de la dictadura de Stroessner (1954-1989) bajo cuyo régimen amasó una inmensa fortuna, aliado al general Andrés Rodríguez, quien ejecutó el golpe de Estado que derrocó al dictador Stroessner. Riquelme, que fue presidente del Partido Colorado por muchos años y senador de la República, dueño de varios supermercados y establecimientos ganaderos, se apropió mediante subterfugios legales de unas 2.000 hectáreas, aproximadamente, que pertenecen al Estado paraguayo.

Esta parcela fue ocupada por los campesinos sin tierras que venían solicitando al gobierno de Fernando Lugo su distribución. Un juez y una fiscala ordenaron el desalojo de los campesinos, a través del Grupo Especial de Operaciones, GEO, de la Policía Nacional, cuyos miembros de élite en su mayoría fueron entrenados en Colombia, bajo el gobierno de Uribe, para la lucha contrainsurgente.

Sólo un sabotaje interno dentro de los cuadros de inteligencia de la Policía, con la complicidad de la Fiscalía, explica la emboscada, en la cual murieron 6 policías. No se comprende cómo policías altamente entrenados, en el marco del Plan Colombia, pudieron caer fácilmente en una supuesta trampa tendida por campesinos, como quiere hacer creer la prensa dominada por los oligarcas. Sus camaradas reaccionaron y acribillaron a los campesinos, matando a 11, quedando unos 50 heridos. Entre los policías muertos estaba el jefe del GEO, comisario Erven Lovera, hermano del teniente coronel Alcides Lovera, jefe de seguridad del presidente Lugo.

El plan consiste en criminalizar, llevar hasta el odio extremo, a todas las organizaciones campesinas, para empujar a los campesinos a abandonar el campo para el uso exclusivo del agronegocio. Es un proceso lento, doloroso, de descampesinización del campo paraguayo, que atenta directamente contra la soberanía alimentaria, la cultura alimentaria del pueblo paraguayo, por ser los campesinos productores y recreadores ancestrales de toda la cultura guaraní.

Tanto la Fiscalía o Ministerio Público, como el Poder Judicial y la Policía Nacional, así como diversos organismos del Estado paraguayo, están controlados mediante convenios de cooperación por USAID, la agencia de cooperación de los Estados Unidos.

El asesinato del hermano del jefe de seguridad del presidente de la República obviamente es un mensaje directo a Fernando Lugo, cuya cabeza sería el próximo objetivo, probablemente a través de un juicio político, quien derechizó más su gobierno tratando de calmar a los oligarcas. Lo ocurrido en Curuguaty tumbó a Carlos Filizzola del Ministerio del Interior y fue nombrado en su reemplazo a Rubén Candia Amarilla, proveniente del opositor Partido Colorado, al cual Lugo lo derrotó en las urnas en el 2008, luego de 60 años de dictadura colorada, incluyendo la tiranía de Alfredo Stroessner.

Candia fue ministro de Justicia del gobierno colorado de Nicanor Duarte (2003-2008) y se desempeñó como fiscal general del Estado por un periodo, hasta el año pasado, cuando fue reemplazado por otro colorado, Javier Díaz Verón, a instancia del propio Lugo. Candia es acusado de haber promovido la represión a dirigentes de organizaciones campesinas y de movimientos populares. Su nominación a Fiscal General del Estado en el 2005 fue aprobado por el entonces embajador de los Estados Unidos, Jhon F. Keen. Candia fue responsable de un mayor control por parte de USAID del Ministerio Público y fue acusado en los inicios de su gobierno por Fernando Lugo de conspirar en su contra para quitarlo del gobierno.

Tras asumir como el ministro político de Lugo, lo primero que anunció Candia fue la eliminación del protocolo de diálogo con los campesinos que invaden propiedades. El mensaje es que no habrá conversación, sino simplemente la aplicación de la ley, lo que significa emplear la fuerza policial represiva sin contemplación.

Dos días después de asumir Candia Amarilla, los miembros de la UGP, encabezado por Héctor Cristaldo, ya visitaron al flamante ministro del Interior, a quien solicitaron garantías para la realización del denominado tractorazo. Sin embargo, Cristaldo dijo que la medida de fuerza puede ser suspendida en caso de nuevas señales favorables para la UGP (léase liberación de las semillas transgénicas de Monsanto, destitución de Lovera y otros ministros, entre otras ventajas para el gran capital y los oligarcas) derechizando aun más el gobierno.

Cristaldo es precandidato a diputado para las elecciones de 2013 por un movimiento interno del Partido Colorado, liderado por Horacio Cartes, un empresario investigado en el pasado reciente por Estados Unidos por lavado de dinero y narcotráfico, según el propio diario ABC Color, que se hizo eco de varios cables del Departamento de Estado de USA, publicado por WikiLeaks, entre ellos uno que aludía directamente a Cartes, el 15 de noviembre de 2011.

Juicio político a Lugo

En las últimas horas, mientras se redactaba esta crónica, la UGP, (4) algunos integrantes del Partido Colorado y los propios integrantes del Partido Liberal Radical Auténtico, PLRA, dirigido por el senador Blas Llano y aliado del gobierno, amenazan con un juicio político Fernando Lugo para destituirlo como presidente de la República del Paraguay.

Lugo depende del humor de los colorados para seguir como presidente de la República, así como de sus aliados liberales, que ahora lo amenazan con juicio político, con seguridad buscando más espacios de poder (dinero) como prenda de paz. El Partido Colorado, aliado a otros partidos minoritarios de la oposición, tiene la mayoría necesaria como para destituir al presidente de sus funciones.

Quizás se esperan “las señales favorables” de Lugo que la UGP - en nombre de la Monsanto, la patria financiera y los oligarcas - está exigiendo al gobierno. Caso contrario, se estaría pasando a una siguiente fase de los planes de copamiento de este gobierno que nació como progresista y lentamente va terminando como conservador, controlado por los poderes fácticos.

Entre algunos de sus haberes, Lugo es responsable de la aprobación de la Ley Antiterrorista, propiciada por Estados Unidos en todo el mundo después del 11 S. Autorizó en 2010 la implementación de la Iniciativa Zona Norte, consistente en la instalación y despliegue de tropas y civiles norteamericanos en el norte de la Región Oriental - en las narices del Brasil - supuestamente para desarrollar actividades a favor de las comunidades campesinas.

El Frente Guazú, coalición de las izquierdas que apoya a Lugo, no logra unificar su discurso, y sus integrantes pierden la perspectiva en el análisis del poder real, cayendo en los juegos electoralistas inmediatistas. Infiltrados por USAID, muchos integrantes del Frente Guazú que participan en la administración del Estado, sucumben ante los cantos de sirena del consumismo galopante del neoliberalismo. Se corrompen hasta los tuétanos y en la práctica se convierten en émulos vanidosos de engreídos ricos que integraban los recientes gobiernos del derechista Partido Colorado.

Curuguaty también engloba un mensaje para la región, especialmente para Brasil, en cuya frontera se producen estos hechos sangrientos, claramente dirigidos por los amos de la guerra, cuyos teatros de operaciones se pueden observar en Irak, Libia, Afganistán y ahora Siria. Brasil está construyendo hegemonía mundial junto a Rusia, India y China, denominado BRIC. Sin embargo, Estados Unidos no ceja en su poder de persuasión al gigante de Sudamérica. Ya está en marcha el nuevo eje comercial integrado por México, Panamá, Colombia, Perú y Chile. Es un muro de contención a los deseos expansionistas del Brasil hacia el Pacífico.

Mientras, Washington sigue con su ofensiva diplomática en Brasilia, tratando de convencer al gobierno de Dilma Rousseff a estrechar vínculos comerciales, tecnológicos y militares. Entre tanto, la IV Flota de los Estados Unidos, reactivada hace unos años después de estar fuera de

servicio apenas culminó la Segunda Guerra Mundial, vigila todo el Atlántico Sur, en carácter de otro cerco al Brasil por si no comprendiese la persuasión diplomática.

Y Paraguay es un país en disputa entre ambos países hegemónicos, dominado aun ampliamente por USA. Por eso lo de Curuguaty es también una pequeña señal para Brasil, en el sentido que el Paraguay puede convertirse en un polvorín que quebrantará el desarrollo del suroeste del Brasil.

Pero por sobre todo, los muertos de Curuguaty es una señal del capital, del gran capital, del extractivismo expoliador, que asuela el Planeta y aplasta la vida en todos los rincones de la Tierra en nombre de la civilización y el desarrollo. Por fortuna, los pueblos del mundo también van dando respuestas a estas señales de la muerte, con señales de resistencia, con señales de dignidad y de respeto a todas formas de vida en el Planeta.



1- http://www.abc.com.py/edicion-impresa/economia/presentan-12-argumentos-para--destituir-a--lovera-411495.html

2- Documento del Banco Mundial. Paraguay. Impuesto Inmobiliario: Herramienta clave para la descentralización fiscal y el mejor uso de la tierra. Volumen I: Informe principal. 2007.

3- Censo Agropecuario Nacional 2008.

4- http://www.abc.com.py/edicion-impresa/politica/productores-se-ratifican-en-juicio-politico-416196.html


(*) Periodista, investigador y analista. Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay, SEPPY. Autor del libro Los Herederos de Stroessner.

jueves, 14 de junio de 2012

Hay alternativas

Noam Chomsky
Página 12


En 1978, el presidente del sindicato más poderoso de Estados Unidos, Douglas Fraser, de la federación de los trabajadores de la industria del automóvil United Auto Workers (UAW), condenó a los “dirigentes de la comunidad empresarial” por haber “escogido seguir en tal país la vía de la guerra de clases (class war) unilateral, una guerra de clases en contra de la clase trabajadora, de los desempleados, de los pobres, de las minorías, de los jóvenes y de los ancianos, e incluso de los sectores de las clases medias de nuestra sociedad”.
Fraser también los condenó por haber “roto y descartado el frágil pacto no escrito entre el mundo empresarial y el mundo del trabajo, que había existido previamente durante el período de crecimiento y progreso” en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, conocido como la “edad dorada” del capitalismo de Estado.
El reconocimiento de la realidad por parte de Fraser fue acertado aunque tardío. Lo cierto es que los dirigentes empresariales y sus asociados en otros sectores de las elites dominantes estaban constantemente dedicados a una siempre presente guerra de clases, que se convirtió en unilateral, sólo en una dirección, cuando sus víctimas abandonaron tal lucha.
Mientras Fraser se lamentaba, el conflicto de clases se iba recrudeciendo y, desde entonces, ha ido alcanzando unos enormes niveles de crueldad y salvajismo en Estados Unidos que, al ser el país más rico y poderoso del mundo y con mayor poder hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en una ilustración significativa de una tendencia global.
Durante los últimos treinta años, el crecimiento económico ha continuado –aunque no al nivel de la “edad dorada”–, pero para la gran mayoría de la población la renta disponible ha permanecido estancada mientras que la riqueza se ha ido concentrando, a un nivel abrumador, en una facción del uno por ciento de la población, la mayoría de los ejecutivos de las grandes corporaciones, de empresas financieras y de alto riesgo, y sus asociados.
Este fenómeno se ha ido repitiendo de una manera u otra a nivel mundial. China, por ejemplo, tiene una de las desigualdades más acentuadas del mundo. Se habla mucho, hoy en día, de que por el hecho de que “Estados Unidos esté en declive” hay un cambio en las relaciones de poder a nivel global. Esto es parcialmente cierto, aunque no significa que otros poderes no puedan asumir el rol y la supremacía que ahora tiene Estados Unidos.
El mundo se está convirtiendo así en un lugar más diverso en algunos aspectos, pero más uniforme en otros. Pero en todos ellos existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de poder y riqueza. La literatura económica del mundo empresarial y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento –que en una gran parte es destructivo y está muy desperdiciado– beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida en ocasiones como el “precariado” global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, en la que se incluyen mil millones de personas que casi no alcanzan a sobrevivir.
Estos desarrollos no se deben a leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales, sino al resultado de decisiones específicas dentro de estructuras institucionales que los favorecen. Esto continuará, a no ser que estas decisiones y planes se reviertan mediante acción y movilizaciones populares con compromisos dedicados a programas que abarquen desde remedios factibles a corto plazo hasta otras propuestas a más largo plazo que cuestionen la autoridad ilegítima y las instituciones opresivas entre las que reside el poder.
Es importante, por lo tanto, acentuar que hay alternativas. Las movilizaciones del 15M (los “indignados” españoles) son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso más opresivo que la realidad existente hoy en día.

Noam Chomsky es escritor, lingüista y filósofo estadounidense. De CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias).



Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-196366-2012-06-14.html

lunes, 4 de junio de 2012

Alemania o Grecia: ¿quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?



Marshall Auerback, New Economic Perspectives



Dada la vieja aversión del electorado alemán al "libertinaje fiscal" y a una economía de moneda débil (que, se dice, conduciría inexorablemente a una hiperinflación estilo Weimar), uno se pregunta cual fue el motivo real por el que Alemania se adhirió a una Unión Monetaria Europea tan "grande y amplia", que incluyó a países como Grecia, Portugal, España y Italia. Para entenderlo, es útil observar el país a través del prisma de las tres Alemanias, del que ya hemos hablado en otros artículos:



Las tres Alemanias



La Alemania 1 es la Alemania del Bundesbank: la parte del país que conserva hasta el día de hoy fobias enormes ante la posible reaparición de una inflación al estilo de Weimar y sigue creyendo de manera casi teológica en una moneda fuerte, con la correspondiente hostilidad a la inflación. Es la Alemania de las "finanzas" como Dios manda y de la "disciplina monetaria". En muchos sentidos, este sector de alemanes son fanáticos economistas de la escuela austríaca. En el fondo de su corazón, a muchos les encantaría probablemente volver al patrón oro como sistema internacional.



La Alemania 2 es el sector internacionalista del país, liderada en su día por Helmut Kohl. Kohl y sus sucesores son probablemente los más destacados exponentes de la idea de que Europa puede librarse del "problema alemán" de una vez por todas, si Alemania se compromete firmemente con los "Estados Unidos de Europa" y sigue construyendo instituciones que vayan empujando en este sentido a la UE. Es discutible si esta visión ha sobrevivido con cierto peso más allá del período de gobierno de Helmut Kohl.



Es fácil percibir la tensión inherente entre estas dos Alemanias. La Alemania del Bundesbank nunca permitiría que ambiguas aspiraciones internacionalistas diluyeran los objetivos de una moneda fuerte, baja inflación y disciplina fiscal. Lo que resulta casi obvio dada la mirada de recelo que dedica al Tratado de Maastricht y las amenazas implícitas en esos ideales.



Lo que nos lleva a la tercera variable clave en la política alemana: la Alemania 3, la Alemania industrial, la Alemania de Siemens, Daimler, Volkswagen, de las grandes empresas siderúrgicas y químicas, de los fabricantes de bienes de capital. Es evidente que estas empresas se han beneficiado enormemente con la orientación económica de instituciones como el Bundesbank, así como del amplio consenso entono a la economía social de mercado de Erhard. Pero también reconocen las ventajas que se derivan de un mercado europeo completamente abierto e integrado (destino de la mayor parte de sus ventas). La unión monetaria, incluso con la participación de manirrotos fiscales como Italia y España, también minimiza la amenaza de una devaluación competitiva de la moneda, dado el carácter paneuropeo del euro (en contraposición al espacio mucho menor de unión monetaria en cuyos estrechos limites se desplegaba el internacionalismo del Bundesbank). La Alemania industrial había percibido certeramente que una zona euro amplia, que incorporase a devaluadores crónicos de moneda como Italia, afianzaría permanentemente su ventaja competitiva. Y con el apoyo de este sector clave de la sociedad alemana, el Canciller Kohl fue capaz de embarcarse en la enorme transformación institucional implícita en el Tratado de Maastricht.



¿Hizo la "Alemania # 3" una mala apuesta?



Hace unos meses parecía que las encuestas de opinión en Alemania mostraban una tendencia positiva de la demanda interna que dejaba atrás el peligro de una recesión. Fue corroborado por un vigoroso crecimiento del empleo en Alemania, que se sitúa en su punto más bajo en veinte años.



Es verdad que desde entonces se han conocido algunos datos más débiles sobre la producción industrial y las ventas minoristas. Lo que junto al gran descenso en el PMI (Purchasing Managers Index) manufacturero ha reavivado los temores de recesión.



Pero este paquete de datos preocupantes sobre la economía alemana parece desplazado a segundo plano por una nueva oleada de datos positivos con revisiones al alza. Los datos sobre pedidos de fábrica y ventas reales son mucho mejores ahora. Hace unas semanas se publicaron los datos de producción industrial de marzo en Alemania. Mostraban un importante crecimiento de la producción industrial del 2,8% en marzo; además, hubo una revisión al alza de un punto en relación con los meses anteriores.



Considerando el conjunto de los datos económicos alemanes –ventas minoristas reales, pedidos de fábrica, producción industrial, empleo total y el PMI en el sector servicios (que sigue estando muy por encima de 50)—, no es sorprendente que los datos preliminares del crecimiento del PIB del primer trimestre en Alemania lleguen a un 2%. Sí, es verdad que la periferia continua siendo un desastre; pero Alemania sigue creciendo. También es cierto que la desaceleración en Europa podría llegar el núcleo y que la preocupante pérdida de momentum económico en China acaben por mellar en el futuro la tendencia positiva al crecimiento económico de Alemania. Pero por ahora, no existe ninguna restricción fiscal importante que se pueda mencionar (a diferencia, por ejemplo, de España o Grecia), las tasas de interés internas son extraordinariamente bajas y el empleo ha crecido rápidamente. En definitiva, es probable que, tras absorber un choque de origen comercial y de expectativas que emanaba de la periferia europea, se haya reanudado el crecimiento, empujado por la demanda interna.



La cuestión no es celebrar el modelo económico alemán per se, sino simplemente resaltar que, a pesar de todo, el crujir de dientes y las quejas sobre "el coste" que tiene para Berlín "rescatar" continuamente a la "periferia despilfarradora", la realidad es que a Alemania le ha ido excepcionalmente bien con la zona euro y continúa yéndole bien.



El ilusorio "éxito" de la contrarreforma alemana del estado social



"Alemania # 3" hizo por lo tanto la apuesta correcta: al bloquear a los devaluadores crónicos en la Unión Monetaria –haciendo imposible que puedan recurrir a la formula tradicional de devaluar la moneda para recuperar la competitividad de sus exportaciones—, Berlín ha impuesto en la práctica su arraigado modelo mercantilista alemán y consolidado su predominio como la superpotencia comercial de Europa. Las ventajas son evidentes, habida cuenta de los datos contrastados de flujos entre Alemania y los PIIGS.



Por supuesto, uno puede escuchar ya a los apologistas de Alemania proclamando que este éxito es el resultado de tomar "decisiones difíciles" en los primeros años de este siglo, en particular, las llamadas "reformas Hartz". Los alemanes siempre han estado obsesionados con la competitividad de sus exportaciones. Antes del euro, devaluaban el marco alemán para poder aumentar las exportaciones de sus productos a sus vecinos. Pero cuando los alemanes perdieron el control de la tasa de cambio al integrarse en la Unión Económica y Monetaria (UEM), se les acabó el truco. Tuvieron que manipular otras variables del "coste" para vender sus productos baratos. Desde 2002, se concentraron en la congelación de salarios y en los recortes a la red de seguridad social para los trabajadores a través del llamado paquete Hartz de "reformas del estado de bienestar", bautizado así en honor de Peter Hartz, un importante ejecutivo del fabricante automovilístico alemán Volkswagen.



A diferencia del estadounidense Henry Ford, que creaba puestos de trabajo bien pagados porque sabía que una clase media satisfecha era esencial para tener un mercado para sus coches, Peter Hartz tiene una concepción muy distinta de la relación entre los salarios y la economía. En su opinión, la forma de mantener un país "competitivo" es exprimir a sus trabajadores, que es precisamente lo que hicieron sus "reformas". Y tuvo consecuencias desastrosas para el resto de la eurozona -(ver aquí) [Como un inciso, el otro pequeño inconveniente de las tan cacareadas "reformas" Hartz es que carecen de cualquier tipo de legitimidad democrática. Posteriormente se descubrió que Peter Hartz sólo había conseguido la aquiescencia de los trabajadores alemanes vía el pago ilegal de corruptelas a sus poderosos comités de empresa, ver aquí, por lo que fue condenado a una pena de dos años de inhabilitación.]



Las propuestas de Hartz han tenido enormes consecuencias en la redefinición de las políticas de "reforma" del mercado laboral, que durante varias décadas se había caracterizado por su estabilidad. Bill Mitchell y Ricardo Welters han subrayado que, si bien las reformas aparentemente tuvieron éxito a principios de 2003, con una gran cantidad de creación de empleos, hubo un inconveniente: "una vez tocado suelo a mediados de 2003, en el fondo del ciclo, el empleo creció mucho menos rápidamente que en anteriores reactivaciones. Y gran parte del aumento lo fue como "mini empleos" –empleos a tiempo parcial con salarios inferiores a los 400 euros al mes, independientemente de las horas trabajadas". Como Mitchell y Welters señalan, las "reformas" supusieron una disminución real del número de empleos regulares. Los trabajadores quedaron atrapados en los denominados trabajos "mini/midi": una nueva forma de empleo a tiempo parcial con salarios bajos. Sus defensores celebraron su "flexibilidad" y "eficiencia", mientras que sus detractores, como Mitchell, denunciaban que eran empleos a tiempo parcial, más inseguros, con salarios reducidos y pobres condiciones de trabajo.



Es más, Alemania se benefició de la llamada "ventaja del precursor" (FMA), aplicando las reformas en el contexto de una economía crecientemente globalizada. Exigir contención salarial en medio de una recesión mundial hace prácticamente inviable dicha "reforma", para no hablar de los problemas derivados de la "falacia de composición", cuando todos los demás países pretenden recortar sus salarios para ganar una competitividad exportadora crecientemente esquiva.



La irrupción de una izquierda radical inteligente en Grecia: Syriza, una nueva carta esencial



Y todo ello en un contexto cada vez más amenazante, habida cuenta de las renovadas perturbaciones que azotan la euro zona. La inoportuna erupción democrática en Grecia ha puesto sobre la mesa un nuevo comodín: Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical, se ha convertido en una carta esencial. Su nuevo líder Alexis Tsipras, hasta el momento un desconocido parlamentario de izquierda, ha dirigido la Coalición hasta ser el segundo partido más votado en las recientes elecciones legislativas del 6 de mayo con la promesa de repudiar los acuerdos del rescate que los anteriores dirigentes de Grecia firmaron en febrero.



Este horrible brote de auténtica democracia nace, nada más ni nada menos, que en la misma cuna de la democracia. No hay ni que decir que los eurócratas, en el más puro estilo bruselense, están poniendo el grito en el cielo. Una vez más agitan histéricos el "Grecia tiene que salir", a pesar de que la mayor parte de los economistas no se cansan de advertir con todas sus fuerzas que Grecia necesita el Euro y que la alternativa es caer al abismo. Lo que esperan con todas sus fuerzas es que las próximas elecciones les proporcionen un nuevo Quisling griego, que ponga felizmente por obra el feroz y destructivo paquete de "reformas" de ajuste de la Troika, que no ofrecen ninguna esperanza de recuperación a Atenas o al resto de la zona euro. Por el contrario, Syriza representa una amenaza real para la orientación actual de la política fiscal.



Alexis Tsipras, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores



Alexis Tsipras es un gran tipo. A lo menos, es un excelente jugador de póker. Todavía no ha capitulado a esta orquestada presión masiva y dejó claro desde el principio, en la edición alemana del Wall Street Journal, que el pueblo griego tiene otras opciones, aunque no les gusten a los alemanes: Tsipras es, en definitiva, el primer político griego dispuesto a utilizar todos los resortes con los que cuenta su país en la negociación con sus acreedores.



Regla número 1 en las negociaciones: demostrar a la contraparte que, en su caso, tienes opciones creíbles si rompes las negociaciones. Entre otras cosas, Tsipras se ha limitado a señalar que el Estado griego está bastante cerca de un superávit primario. Todo lo que se necesita son unas pequeñas reducciones en salarios y pensiones y el sector público griego se podría financiar en un futuro previsible. Si saliera del euro, el problema de Atenas se convertiría de repente en el problema de la zona euro.



Sí, Grecia sólo constituye un mero 2% del PIB de Europa. Y sí, las autoridades de la zona del euro dicen que están haciendo "preparativos" en el caso de un "Grexit". Pero también Lehman era un pequeño banco de inversión y casi provoca el derrumbe del sistema bancario mundial cuando se permitió que quebrara. Y conviene recordar que la quiebra de Lehman ocurrió varios meses después del rescate de Bear Stearns. En teoría, las autoridades tuvieron tiempo de sobra para hacer "preparativos" cara a esa eventualidad, como ahora ante la posible salida de Grecia de la zona del euro.



¿Sería más eficaz hoy el cortafuegos a la hora de "cauterizar" la herida griega y prevenir el contagio de Portugal, España, Italia y del propio núcleo? Es evidente que Tsipras lo tiene claro, y bien podría ser el próximo Primer Ministro de Grecia. Haría falta toda la capacidad de fuego del BCE, con una intensidad que, hasta ahora, ha sido reacio de utilizar.



Entretanto, el resultado electoral griego ha provocado una creciente y masiva retirada de depósitos y activos bancarios en la zona euro. Desde hace semanas se produce una constante fuga de depósitos de los bancos en los PIIGS hacia otros en Alemania y Europa del Norte (y quizás hacia algunos bancos fuera de Europa). Las cifras sobre el Objetivo 2 de financiación de estas huidas de depósitos de los países de origen aparentemente han crecido en los primeros cuatro meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Un reciente comunicado de las autoridades griegas sugiere que la huida de depósitos de los bancos griegos se ha acelerado, tal vez enormemente, después de las elecciones griegas. Aunque se ha desmentido, no hay que creer nunca en desmentidos oficiales.



El diario madrileño El Mundo informó a finales de la semana pasada que los depositantes habían retirado mil millones de euros del banco español Bankia tras su nacionalización parcial por el Gobierno el 9 de mayo. Lo más probable es que estas retiradas de depósitos tengan tanto o más que ver con la retirada en general de depósitos de los bancos españoles que con el miedo a la seguridad de los mismos en un banco intervenido por el Gobierno. En otras palabras, puede ser una señal de que el temor a una salida del euro se ha extendido de manera significativa también a España. Por supuesto, las autoridades lo niegan, pero ¿quién cree a las autoridades en estas circunstancias?



La propia existencia de la unión monetaria facilita el pánico bancario



Paradójicamente, la misma existencia de la unión monetaria facilita estas huidas de los bancos. Si es usted depositante en un banco español en Barcelona, nada le impide retirar su dinero y recolocarlo en la sucursal de un banco alemán en la misma calle. No hay controles fronterizos ni controles de capital que valgan. ¡ Ni riesgo de tipos de cambio! Quienes tienen cuentas corrientes en todos los países de la periferia temen ante todo acabar volviendo a las antiguas monedas que valdrían mucho menos que el euro. Sus depósitos acaban en bancos alemanes y europeos de núcleo duro, que luego reciclan los fondos a través del BCE y los bancos centrales nacionales para acabar volviendo a los bancos de los PIIGS de donde han huido.



Al parecer esta huida de depósitos y su retorno a los bancos en la periferia en peligro se aceleró en los primeros meses de este año, antes de las elecciones francesas y griegas. Pero podría haberse acelerado aún más después. En efecto, el sistema de bancos centrales europeos está involucrado en un creciente y masivo ejercicio de rescate que no reconocen públicamente. ¿Cuál ha sido la respuesta alemana hasta ahora? "Vaya, este tío nos esta chantajeando. ¿Qué hacemos?" Porque Alemania como nación acreedora sufrirá grandes pérdidas si el sistema bancario en su conjunto empieza a sufrir la presión, para no decir nada del fin de su tan cacareado wirtschaftwunder (milagro económico) si toda la eurozona implosiona. Grecia, por el contrario, ha experimentado ya cinco años de austeridad económica permanente. El país ha quedado reducido prácticamente a una economía de trueque. ¿Qué tiene que perder en esta coyuntura si se niega a plegarse ante la troika?



Porqué Alemania tiene las de perder



Es verdad que los alemanes podrían hartarse y decir: "¡basta ya!" y salir de la zona euro (lo que muy probablemente destruiría la unión monetaria). El resultado previsible de una salida de Alemania sería una enorme revalorización del nuevo marco alemán. Como consecuencia, todo el mundo devaluaría en relación al nuevo marco, desplazando la responsabilidad de la reflación fiscal a quién hasta ahora ha sido el oponente más explicito del activismo fiscal. Alemania probablemente tendría que rescatar a sus bancos (especialmente los Landesbanken). Lo que podría ser políticamente más apetecible que rescatar a los bancos griegos (al menos desde la perspectiva de la población alemana), pero no dejaría de tener un importante coste económico a corto plazo para Berlín. Y en el ínterin, el probable trauma monetario bloquearía el mecanismo exportador, dado que los mecanismos integradores implícitos en la zona euro desaparecerían en el caso de que Alemania vuelva a un nuevo marco.



Por una elemental ecuación contable, una caída del superávit externo de Alemania significaría un gran aumento de su déficit presupuestario (a menos que el sector privado comenzase a crecer rápidamente, lo que es dudoso en el escenario descrito anteriormente), por lo que Alemania sufriría déficits presupuestarios mucho mayores. Si intenta reducir los efectos de un colapso en su superávit por cuenta corriente, se convertiría en un estado "despilfarrador" más. ¡Que cambio de suerte!



¿Quién tiene de verdad la sartén por el mango en la eurozona?

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Tomado de Sin Permiso Ver también: Alemania comienza a aumentar los salarios para marcar diferencia con la periferia europea

- ¿Quien debe salir primero de la eurozona, Grecia o Alemania?

domingo, 27 de mayo de 2012

La posibilidad de una ruptura con el neoliberalismo en Grecia

Jesús Sánchez Rodríguez
Rebelión


Existen una especie de pautas generales para muchos de los procesos revolucionarios o radicales que se han dado en la historia reciente. Con diferentes matices aparecen en muchos de ellos. Veamos algunas de las experiencias históricas, de manera no exhaustiva por supuesto, y comparemos con la realidad europea actual, intentando extraer alguna enseñanza sobre los posibles desarrollos inmediatos.
Primera pauta. Los pueblos empiezan a movilizarse de diferentes maneras contra situaciones de miseria, injusticia u opresión insoportables. Para ello deben darse ciertas condiciones, porque otras muchas veces ante situaciones similares los pueblos permanecen en la pasividad. Estas condiciones pueden ser la presencia de un pensamiento crítico y un programa de acción y la existencia de organizaciones que agiten el descontento, u otro tipo de circunstancias.
Las miserias y el sufrimiento producidos por la primera guerra mundial y la presencia de organizaciones de izquierda revolucionaria ocasionaron intensas movilizaciones de masas en el período final de la guerra y, finalmente, el triunfo de la revolución en la Rusia zarista. El espectáculo de la debilidad mostrada por las potencias coloniales europeas durante la segunda guerra mundial, y un fuerte sentimiento de autodeterminación, llevaron al gran proceso descolonizador en la segunda post-guerra con algunos grandes éxitos que permanecieron en el tiempo, como en China, Vietnam, Argelia, etc. Las agresiones del neoliberalismo y la presencia de importantes movimientos sociales llevaron al ascenso de gobiernos populares y progresistas en América Latina a principios del siglo XXI. En otros muchos ejemplos históricos los intentos revolucionarios fueron derrotados por las fuerzas reaccionarias o imperialistas y no son tomados aquí en cuenta, a los efectos del análisis de este artículo.
Segunda pauta. Después del triunfo, las fuerzas políticas que representaban a esos movimientos de masas se encontraron, generalmente, gobernando países en situaciones muy difíciles porque, por definición, si la situación no hubiese llegado a esos extremos conflictivos no se hubiesen producido las revoluciones. Esas situaciones de graves dificultades podían proceder de que el período precedente hubiese estado marcado por una guerra exterior (Rusia), una guerra contra un invasor (Yugoslavia) e incluso con el añadido de guerra civil (China), o por una situación de profundo subdesarrollo junto a una guerra de independencia (países descolonizados en África o Asia), o una guerra de guerrillas (Cuba). En este sentido las rebeliones recientes en América Latina se apartan ciertamente de esta pauta, porque aunque se trata de países poco desarrollados, y el neoliberalismo les había sobreexplotado a favor de los países desarrollados y de su propia oligarquía, no habían sufrido una destrucción y, además, gozaban de importantes riquezas naturales (petróleo, gas, minerales) en las que poder apoyarse para ofrecer unas mejoras rápidas a sus poblaciones.
Estas dificultades aumentaron inmediatamente después del triunfo revolucionario porque dichos países fueron agredidos por las potencias imperialistas de diferentes maneras, promocionando guerras civiles, creando grupos armados (Rusia, Nicaragua), utilizando el bloqueo económico (Cuba), utilizando las FFAA del mismo país para acabar con la revolución en marcha (Chile) o utilizando a la burguesía colaboradora de esos países para revertir el proceso descolonizador (África).
Una variante de esta segunda pauta, de la que forman parte muchas revoluciones, consiste en que, a pesar de dichas dificultades, pudieron contar con algún tipo de ayuda exterior proveniente de revoluciones ya consolidadas en otras partes. La gran excepción, evidentemente, fue Rusia por ser la primera. Pero también el Chile de Allende podría incluirse entre las excepciones.
Tercera pauta. La gran mayoría de esas revoluciones desaparecieron. Algunas debido a la intervención directa o indirecta del imperialismo, como en Chile, Nicaragua o algunos países descolonizados. Un segundo grupo colapsó por la descomposición interna de la revolución como en la Unión Soviética y el este europeo. Finalmente están los países donde se mantuvieron los partidos comunistas en el poder pero con una práctica que no tiene nada que ver con sus ideales originales (Corea del Norte), o que se dirigen rápidamente al capitalismo (China, Vietnam).
De esta tercera pauta se han salvado, por ahora, Cuba y los países donde triunfaron las rebeliones anti-neoliberales en América Latina.
Ahora intentemos aplicar estas pautas a la situación europea actual. La primera pauta lleva produciéndose en Europa desde el desencadenamiento de la actual crisis económica. Las movilizaciones han sido desiguales y su principal expresión ha tenido lugar en Grecia debido a la intensidad de la agresión sufrida por el pueblo griego. Pero, incluso en este caso, aún se encuentra en esta fase.
Ahora pasamos a hacer un ejercicio hipotético en base a la situación actual. La segunda fase se podría abrir si en junio, como apuntan la mayoría de los pronósticos, triunfase en las elecciones y formase gobierno la izquierda transformadora y mantuviese su programa actual. Llegados a ese punto existen tres posibles desenlaces al pulso entre ese posible gobierno griego de izquierdas y las exigencias neoliberales de Bruselas. Un acuerdo que permitiese la permanencia de Grecia en el euro a la vez que la mayor parte del programa de la izquierda griega; se trata de una situación nada realista dada la correlación de fuerzas en Europa. Un acuerdo para mantener a Grecia en el euro, pero implicando la renuncia a gran parte del programa de la izquierda griega y alguna concesión de Bruselas; en ese caso no habría ruptura con el neoliberalismo en Europa; se trata de una situación poco probable, pero no descartable, condicionada por las tensiones que pueda producir el pulso en el seno de la propia izquierda. Una postura de firmeza de la izquierda griega y la salida de este país del euro, y seguramente de la UE.
En este último caso, Grecia sería un ejemplo más de la segunda pauta. El gobierno de izquierdas se encontraría con un país en condiciones muy difíciles, como son las que atraviesa en estos momentos, y con una segura actitud de agresiva hostilidad por parte de algunos países europeos (con la Alemania de Merkel a la cabeza) y de toda las organizaciones internacionales de la burguesía mundial. Grecia no se encontraría con la ayuda de recursos naturales en los que apoyarse, como en el caso de Venezuela, Bolivia o Ecuador, para cambiar rápidamente la situación de su población. Pero seguramente podría contar con la ayuda de los países mencionados, más Cuba, Nicaragua y muchos otros más (y por supuesto los movimientos sociales y la izquierda internacional) que simpatizarían con su actitud de dignidad y enfrentamiento a esa Santa Alianza (Bruselas, el BCE y el FMI) que la mantiene en una situación de protectorado.
De abrirse esta fase, el proceso griego tendría grandes similitudes con el actual proceso latinoamericano, en cuanto que la manera en que se abre la posibilidad de un gobierno que represente el programa de las clases populares es a través de una previa movilización de masas intensa. Pero se asemejaría también al Chile de la UP en cuanto que serían fuerzas políticas de izquierda de corte clásico las que gestionarían el proceso en lugar de líderes carismáticos (Chávez, Evo, Correa) apoyados por fuerzas políticas débiles. En cualquier caso, ambos ejemplos históricos tienen muchas enseñanzas que ofrecer para que Grecia fuese también una excepción a la tercera pauta indicada.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense


Noam Chomsky
TomDispatch


El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.
La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.
Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.
Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.

La clase trabajadora

En los años 30’ del siglo pasado los trabajadores desempleados podían pensar que recuperarían sus puestos de trabajo. Actualmente, con un nivel de paro similar al existente durante la Depresión, es improbable, si la tendencia persiste, que un trabajador manufacturero vaya a recuperar el suyo. El cambio tuvo lugar hacia 1970 y obedece a muchas razones. Un factor clave, bien analizado por el historiador económico Robert Brenner, fue la caída del beneficio en el sector manufacturero. Pero también hubo otros. La reversión, por ejemplo, de varios siglos de industrialización y desarrollo. Por supuesto, la producción de manufacturas continuó del otro lado del océano, pero en perjuicio, y no en beneficio, de las personas trabajadoras. Junto a estos cambios, se produjo un desplazamiento significativo de la economía del ámbito productivo –de cosas que la gente necesitara o pudiera usar- al de la manipulación financiera. Fue entonces, en efecto, cuando la financiarización de la economía comenzó a extenderse.

Los bancos
Antes de 1970, los bancos eran bancos. Hacían lo que se espera que un banco haga en una economía capitalista: tomar fondos no utilizados de una cuenta bancaria, por ejemplo, y darles una finalidad potencialmente útil como ayudar a una familia a que se compre una casa o a que envíe a su hijo a la escuela. Esto cambió de forma dramática en los setenta. Hasta entonces, y desde la Gran Depresión, no había habido crisis financieras. Los años cincuenta y sesenta fueron un periodo de gran crecimiento, el más alto en la historia de los Estados Unidos y posiblemente en la historia económica. Y fue igualitario. Al quintil más bajo de la sociedad le fue tan bien como al más alto. Mucha gente accedió a formas de vida más razonables –de “clase media”, como se llamó aquí, de “clase trabajadora”, en otros países–. Los sesenta, por su parte, aceleraron el proceso. Tras una década un tanto sombría, el activismo de aquellos años civilizó el país de forma muchas veces duradera. Con la llegada de los setenta, se produjeron una serie de cambios abruptos y profundos: desindustrialización, deslocalización de la producción y un mayor protagonismo de las instituciones financieras, que crecieron enormemente. Yo diría que entre los años cincuenta y sesenta se produjo un fuerte desarrollo de lo que décadas después se conocería como economía de alta tecnología: computadores, Internet y revolución de las tecnologías de la información, que se desarrollaron sustancialmente en el sector estatal. Estos cambios generaron un círculo vicioso. Condujeron a una creciente concentración de riqueza en manos del sector financiero, pero no beneficiaron a la economía (más bien la perjudicaron, al igual que a la sociedad).

Política y dinero

La concentración de riqueza trajo consigo una mayor concentración de poder político. Y la concentración de poder político dio lugar a una legislación que intensificaría y aceleraría el ciclo. Esta legislación, bipartidista en lo esencial, comportó la introducción de nuevas políticas fiscales, así como de medidas desreguladoras del gobierno de las empresas. Junto a este proceso, se produjo un aumento importante del coste de las elecciones, lo que hundió aún más a los partidos políticos en los bolsillos del sector empresarial.
Los partidos, en realidad, comenzaron a degradarse por diferentes vías. Si una persona aspiraba a un puesto en el Congreso, como la presidencia de una comisión, lo normal era que lo obtuviera a partir de su experiencia y capacidad personal. En solo un par de años, tuvieron que comenzar a contribuir a los fondos del partido para lograrlo, un tema bien estudiado por gente como Tom Ferguson. Esto, como decía, aumentó la dependencia de los partidos del sector empresarial (y sobre todo, del sector financiero).
Este ciclo acabó con una tremenda concentración de riqueza, básicamente en manos del primer uno por ciento de la población. Mientras tanto, se abrió un período de estancamiento e incluso de decadencia para la mayoría de la gente. Algunos salieron adelante, pero a través de medios artificiales como la extensión de la jornada de trabajo, el recurso al crédito y al sobreendeudamiento o la apuesta por inversiones especulativas como las que condujeron a la reciente burbuja inmobiliaria. Muy pronto, la jornada laboral acabó por ser más larga en Estados Unidos que en países industrializados como Japón o que otros en Europa. Lo que se produjo, en definitiva, fue un período de estancamiento y de declive para la mayoría unido a una aguda concentración de riqueza. El sistema político comenzó así a disolverse.
Siempre ha existido una brecha entre la política institucional y la voluntad popular. Ahora, sin embargo, ha crecido de manera astronómica. Constatarlo no es difícil. Basta ver lo que está ocurriendo con el gran tema que ocupa a Washington: el déficit. El gran público, con razón, piensa que el déficit no es la cuestión principal. Y en verdad no lo es. La cuestión importante es la falta de empleo. Hay una comisión sobre el déficit pero no una sobre el desempleo. Por lo que respecta al déficit, el gran público tiene su posición. Las encuestas lo atestiguan. De forma clara, la gente apoya una mayor presión fiscal sobre los ricos, la reversión de la tendencia regresiva de estos años y la preservación de ciertas prestaciones sociales. Las conclusiones de la comisión sobre el déficit seguramente dirán lo contrario. El movimiento de ocupación podría proporcionar una base material para tratar de neutralizar este puñal que apunta al corazón del país.

Plutonomía y precariado

Para el grueso de la población –el 99%, según el movimiento Ocupemos– estos tiempos han sido especialmente duros, y la situación podría ir a peor. Podríamos asistir, de hecho, a un período de declive irreversible. Para el 1% -e incluso menos, el 0,1%- todo va bien. Son más ricos que nunca, más poderosos que nunca y controlan el sistema político, de espaldas a la mayoría. Si nada se lo impide, ¿por qué no continuar así?
Tomemos el caso de Citigroup. Durante décadas, ha sido uno de los bancos de inversión más corruptos. Sin embargo, ha sido rescatado una y otra vez con dinero de los contribuyentes. Primero con Reagan y ahora nuevamente. No incidiré aquí en el tema de la corrupción, pero es bastante alucinante. En 2005, Citigroup sacó unos folletos para inversores bajo el título: “Plutonomía: comprar lujo, explicar los desequilibrios globales”. Los folletos animaban a los inversores a colocar dinero en un “índice de plutonomía”. “El mundo –anunciaban- se está dividiendo en dos bloques: la plutonomía y el resto”.
La noción de plutonomía apela a los ricos, a los que compran bienes de lujo y todo lo que esto conlleva. Los folletos sugerían que la inclusión en el “índice de plutonomía” contribuiría a mejorar los rendimientos de los mercados financieros. El resto bien podía fastidiarse. No importaba. En realidad, no eran necesarios. Estaban allí para sostener a un Estado poderoso, que rescataría a los ricos en caso de que se metieran en problemas. Ahora, estos sectores suelen denominarse “precariado” –gente que vive una existencia precaria en la periferia de la sociedad–. Solo que cada vez es menos periférica. Se está volviendo una parte sustancial de la sociedad norteamericana y del mundo. Y los ricos no lo ven tan mal.
Por ejemplo, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a ir al Congreso, durante la gestión de Clinton, a explicar las maravillas del gran modelo económico que tenía el honor de supervisar. Fue poco antes del estallido del crack en el que tuvo una responsabilidad clarísima. Todavía se le llamaba “San Alan” y los economistas profesionales no dudaban en describirlo como uno de los más grandes. Dijo que gran parte del éxito económico tenía que ver con la “creciente inseguridad laboral”. Si los trabajadores carecen de seguridad, si forman parte del precariado, si viven vidas precarias, renunciarán a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios o mejores prestaciones. Resultarán superfluos y será fácil librarse de ellos. Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Y era elogiado y enormemente admirado por ello.
La cosa, pues, está así: el mundo se está dividiendo en plutonomía y precariado –el 1 y el 99 por ciento, en la imagen propagada por el movimiento Ocupemos. No se trata de números exactos, pero la imagen es correcta. Ahora, es la plutonomía quien tiene la iniciativa y podría seguir siendo así. Si ocurre, la regresión histórica que comenzó en los años setenta del siglo pasado podría resultar irreversible. Todo indica que vamos en esa dirección. El movimiento Ocupemos es la primera y más grande reacción popular a esta ofensiva. Podría neutralizarla. Pero para ello es menester asumir que la lucha será larga y difícil. No se obtendrán victorias de la noche a la mañana. Hace falta crear estructuras nuevas, sostenibles, que ayuden a atravesar estos tiempos difíciles y a obtener triunfos mayores. Hay un sinnúmero de cosas, de hecho, que podrían hacerse.

Hacia un movimiento de ocupación de los trabajadores

Ya lo mencioné antes. En los años treinta del siglo pasado, las huelgas con ocupación de los lugares de trabajo eran unas de las acciones más efectivas del movimiento obrero. La razón era sencilla: se trataba del paso previo a la toma de las fábricas. En los años setenta, cuando el nuevo clima de contrarreforma comenzaba a instalarse, todavía pasaban cosas importantes. En 1977, por ejemplo, la empresa US Steel decidió cerrar una de sus sucursales en Youngstown, Ohio. En lugar de marcharse, simplemente, los trabajadores y la comunidad se propusieron unirse y comprarla a los propietarios para luego convertirla en una empresa autogestionada. No ganaron. Pero de haber conseguido el suficiente apoyo popular, probablemente lo habrían hecho. Gar Alperovitz y Staufhton Lynd, los abogados de los trabajadores, han analizado con detalle esta cuestión. Se trató, en suma, de una victoria parcial. Perdieron, pero generaron otras iniciativas. Esto explica que hoy, a lo largo de Ohio y de muchos otros sitios, hayan surgido cientos, quizás miles de empresas de propiedad comunitaria, no siempre pequeñas, que podrían convertirse en autogestionadas. Y esta sí es una buena base para una revolución real.
Algo similar pasó en la periferia de Boston hace aproximadamente un año. Una multinacional decidió cerrar una instalación rentable que producía manufacturas con alta tecnología. Evidentemente, para ellos no era lo suficientemente rentable. Los trabajadores y los sindicatos ofrecieron comprarla y gestionarla por sí mismos. La multinacional se negó, probablemente por consciencia de clase. Creo que no les hace ninguna gracia que este tipo de cosas pueda ocurrir. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, algo similar al actual movimiento de ocupación de las calles, posiblemente habrían tenido éxito.
Y no es el único proceso de este tipo que está teniendo lugar. De hecho, se han producido algunos con una entidad mayor. No hace mucho, el presidente Barack Obama tomó el control estatal de la industria automotriz, la propiedad de la cual estaba básicamente en manos de una miríada de accionistas. Tenía varias posibilidades. Pero escogió esta: reflotarla con el objetivo de devolverla a sus dueños, o a un tipo similar de propiedad que mantuviera su estatus tradicional. Otra posibilidad era entregarla a los trabajadores, estableciendo las bases de un sistema industrial autogestionado que produjera cosas necesarias para la gente. Son muchas, de hecho, las cosas que necesitamos. Todos saben o deberían saber que los Estados Unidos tienen un enorme atraso en materia de transporte de alta velocidad. Es una cuestión seria, que no sólo afecta la manera en que la gente vive, sino también la economía. Tengo una historia personal al respecto. Hace unos meses, tuve que dar un par de charlas en Francia. Había que tomar un tren desde Avignon, al sur, hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París. La distancia es la misma que hay entre Washington DC y Boston. Tardé dos horas. No sé si han tomado el tren que va de Washington a Boston. Opera a la misma velocidad que hace sesenta años, cuando mi mujer y yo nos subimos por primera vez. Es un escándalo.
Nada impide hacer en los Estados Unidos lo que se hace en Europa. Existe la capacidad y una fuerza de trabajo cualificada. Haría falta algo más de apoyo popular, pero el impacto en la economía sería notable. El asunto, sin embargo, es aún más surrealista. Al tiempo que desechaba esta opción, la administración Obama envió a su secretario de transportes a España para conseguir contratos en materia de trenes de alta velocidad. Esto se podría haber hecho en el cinturón industrial del norte de los Estados Unidos, pero ha sido desmantelado. No son, pues, razones económicas las que impiden desarrollar un sistema ferroviario robusto. Son razones de clase, que reflejan la debilidad de la movilización popular.

Cambio climático y armas nucleares

Hasta aquí me he limitado a las cuestiones domésticas, pero hay dos desarrollos peligrosos en el ámbito internacional, una suerte de sombra que planea sobre todo lo el análisis. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay amenazas reales a la supervivencia digna de las especies.
Una de ellas nos ha estado rondando desde 1945. Es una especie de milagro que la hayamos sorteado. Es la amenaza de la guerra nuclear, de las armas nucleares. Aunque no se habla mucho de ello, esta amenaza no ha dejado de crecer con el gobierno actual y sus aliados. Y hay que hacer algo antes de que estemos en problemas serios.
La otra amenaza, por supuesto, es la catástrofe ambiental. Prácticamente todos los países en el mundo están tratando de hacer algo al respecto, aunque sea de manera vacilante. Los Estados Unidos también, pero para acelerar la amenaza. Son el único país de los grandes que no ha hecho nada constructivo para proteger el medio ambiente, que ni siquiera se ha subido al tren. Es más, en cierta medida, lo están empujando hacia atrás. Todo esto está ligado a la existencia de un gigantesco sistema de propaganda que el mundo de los negocios despliega con orgullo y desfachatez con el objetivo de convencer a la gente de que el cambio climático es una patraña de los progres “¿Por qué hacer caso a estos científicos?”.
Estamos viviendo una auténtica regresión a tiempos muy oscuros. Y no lo digo en broma. De hecho, si se piensa que esto está pasando en el país más poderoso y rico de la historia, la catástrofe parece inevitable. En una generación o dos, cualquier otra cosa de la que hablemos carecerá de importancia. Hay que hacer algo, pues, y hacerlo pronto, con dedicación y de manera sostenible. No será sencillo. Habrá, por descontado, obstáculos, dificultades, fracasos. Es más: si el espíritu surgido el año pasado, aquí y en otros rincones del mundo, no crece y consigue convertirse en una fuerza de peso en el mundo social y político, las posibilidades de un futuro digno no serán muy grandes.

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175539/tomgram%3A_noam_chomsky%2C_a_rebellious_world_or_a_new_dark_age/#more




Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello

Hasta que las urnas decidan

Ante el fracaso de las negociaciones para conformar un gobierno de coalición tras las elecciones del 6 de mayo, el presidente griego, Karolos Papulias, ordenó, de acuerdo a la Constitución helena, que el magistrado de un alto tribunal dirija el gobierno de transición hasta la realización de nuevos sufragios el 17 de junio. Una de las propuestas que se había manejado era la de la continuidad al gobierno saliente, del exbanquero Lukas Papademos, pero ni él estaba dispuesto ni la propuesta logró el consenso entre los partidos políticos.

"He insistido en la formación de un gobierno completamente neutro y pedí la aplicación del artículo 37 de la Constitución para que el primer ministro sea uno de los tres presidentes de los más altos tribunales. También acordamos con el presidente que el gobierno tuviese pocos miembros", explicó el líder de la pequeña formación centroizquierdista Dimar, Fotis Kuvelis, tras la reunión de las fuerzas políticas con Papulias.
Panayotis Pikrammenos, de 67 años, seré el nuevo primer ministro griego. El jurista desde 1976 ha hecho carrera en el Consejo de Estado, el tribunal supremo griego para asuntos administrativos, del que fue nombrado presidente en 2010. Entre 1992 y 1993, Pikrammenos trabajó como asesor jurídico del entonces primer ministro conservador Konstantinos Mitsotakis, aunque no es militante de ningún partido.
"Espero ser capaz de llevar a cabo mi tarea. Mi gobierno será puramente de transición, pero nadie discute que el país está en un punto crítico", señaló Pikrammenos a los medios locales cuando recibió su nombramiento del presidente.

martes, 27 de marzo de 2012

Todo vuelve....

Después de dos años consecutivos de debilitamiento de la demanda, el efecto acumulativo no deja de pasar factura a los negocios amplificando aún más el fenómeno recesivo. Hoy, al igual que tras el estallido de la crisis financiera con la quiebra de Lehman Brothers, el comercio mundial vive una seria contracción, tal como el 2008. La gráfica muestra ese momento de caída en el comercio en siete economías importantes: China, Alemania, Japón, Italia, Francia, India, el Reino Unido y Estados Unidos. Como vemos, ninguno de estos países escapó al estallido de la burbuja financiera y sólo los planes de estímulo marcaron un esperado pero también débil repunte.

Ahora que la economía se dirige a una nueva colisión y sin posibilidad de dar pie atrás, comenzamos a ver los efectos de los planes de austeridad y los recortes presupuestarios. La caída de la demanda está arrastrando a la quiebra a numerosas empresas, con el consecuente desempleo de miles de trabajadores. Sólo durante el fin de semana cerraron 2.200 locales de la farmacéutica Schlecker en Alemania y 270 tiendas Game en el Reino Unido, dejando sin empleo a 13 mil trabajadores. La caída de la demanda, unida a los problemas financieros que tienen las empresas es siempre un cóctel fatal para la economía. Y es doblemente fatal para economías que se hicieron altamente adictas a las exportaciones, como es el caso de Alemania.
La gráfica nos presenta el nivel de las exportaciones de bienes y servicios en estos siete países. Si bien durante un par de décadas (desde 1970 hasta 1990) las tendencias se mantuvieron bastante estables, es a partir de fines de los años 80 y, sobretodo, desde mediados de los años 90, con la mayor apertura de la globalización sin guerra fría y con el final de la historia a la vista, cuando se disparan las exportaciones de las llamadas “fábricas del mundo”. Fábricas que surgieron apelando a la competitividad que ofrecía la mano de obra barata y que fue lo que llevó a China a ascender desde el 5% de exportaciones con respecto al PIB, a casi el 40% poco antes del estallido de la crisis.

La adicción de Alemania por las exportaciones

El caso de Alemania es aún más emblemático. Si durante los años 70 sus exportaciones oscilaban en torno al 20% del PIB, es a fines de los 90 cuando comienza su imparable ascenso que impulsa sus exportaciones a casi el 50% del PIB. Tras la caída de 2008-2009, Alemania siguió repuntando en el comercio y durante el 2011 superó el billón euros en exportaciones, más de un tercio de su PIB. Esto demuestra la dependencia de Alemania al comercio y a la integración mundial. En solo 20 años, desde 1988 a 2008, Alemania pasó de un nivel de exportaciones del 24% del PIB al 48% del PIB, siendo el país de mayor velocidad de crecimiento en el comercio mundial en todo ese período.
Si consideramos ahora que gran parte del crecimiento de esas exportaciones alemanas iban dirigidas a sus propios vecinos europeos, y que los medios de financiación eran orquestados por los bancos alemanes y las garantías y facilidades que aportaba la moneda única, tenemos otro eslabón para comprender la crisis del euro, el torbellino de los desequilibrios monetarios y los déficit de cuenta corriente. A igual que la relación de China con Estados Unidos, Alemania (China) se dedicó a fabricar y el resto de Europa (Estados Unidos) se dedicó a consumir. Esto permitió crear grandes superávit en la balanza de pagos de China y Alemania, así como enormes déficit en Estados Unidos y la periferia europea.
Sin embargo, mientras China no deja de comprar deuda de Estados Unidos (para prolongar su adicción al comercio), Alemania se ha negado sistemáticamente a la creación de los eurobonos, o a la compra de deuda de los países europeos. Esta es la razón de que mientras Estados Unidos vive la euforia de una recuperación, Europa se dirige a una nueva recesión que a estas alturas es inevitable. Ninguno de los impasibles líderes europeos consideró el efecto búmerang de los planes de austeridad, y que podían revertirse como una estocada fatal para las propias economías europeas, derribando incluso a la fuerte Alemania.
Esto es porque la caída de la demanda no sólo afecta la actividad comercial sino también la actividad de la banca y de todo el sistema financiero. Mientras los bancos enfrentan un camino cuesta arriba e intentan abrirse paso en la adecuación del capital, el apriete derivado de la caída del comercio inflige otro golpe que acrecienta la sequía financiera. El resultado es un deterioro de las perspectivas para los flujos de efectivo en todo el mundo, lo que redundará en el aumento de las quiebras empresariales, de la que los casos de Schlecker y Game son claros ejemplos. En España también tenemos ejemplos del día como el de las cajas, o las fotovoltaicas que suman más de 5.000 nuevos despidos.
Quienes pensaban que Mario Draghi o Ben Bernanke estaban salvando al mundo con sus billonarias inyecciones de liquidez a la banca, recibirán un duro golpe cuando constaten que la caída del comercio mundial va más allá de lo que pueden manipular Draghi y Bernanke con sus bancos centrales. Una caída real y simultánea en el comercio mundial es más que una simple frenada, y en los países más adictos al comercio intrafronterizo implica una recesión inevitable.
Frente a esta recaída, Alemania es la que tiene más que perder al no poder vender a los países de la periferia y experimentar el paulatino cierre de empresas. La orden dada a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España de ejecutar draconianos planes de austeridad, es una cruel paradoja que se revierte como un búmerang en un duro castigo a la propia Alemania. Además, los desequilibrios comerciales de estos países son de tal magnitud, que no pueden financiarse a menos que Alemania los financie, algo que Alemania no hará. Por eso el impacto negativo d esta caída será muy fuerte para Alemania, y el largo camino a los reequilibrios monetarios será muy doloroso para toda la eurozona.



Fuente: http://www.elblogsalmon.com/entorno/la-caida-del-comercio-mundial-y-su-negativo-impacto-en-alemania

miércoles, 29 de febrero de 2012

España: A sangre y fuego


Javier Couso

Hablando República

Las imágenes de brutalidad policial contra estudiantes y ciudadanos valencianos han causado impresión en todo el mundo. No porque sean las más violentas que hayamos visto, ni porque el mundo se sorprenda hoy en día al ver agresiones en las pantallas de las televisiones, sino porque esa violencia exacerbada, ejercida por funcionarios policiales de la unidades antidisturbios, estaba dirigida contra menores que se manifestaban de manera pacífica.
La actuación de las UIP (Unidades de Intervención Policial) en Valencia se asemejaba más a un Estado de Excepción o de Sitio, donde las garantías constitucionales habían sido suspendidas, que al mantenimiento del «orden público» que les otorga el Real Decreto 1668/1989 de 29 de diciembre como Órganos Móviles de Seguridad Pública.
Hay que pararse de vez en cuando en las leyes, sobre todo en las que ceden el monopolio de la violencia al Estado y concretamente a los funcionarios policiales. Mirar con lupa las cuestiones que afectan a la legitimidad y la profesionalidad de las unidades especiales de la policía. Lo que da legitimidad a una actuación policial es, en teoría, el cumplimiento de la ley, y como en casi todas las normas o disposiciones legales que afectan a la guerra o al uso de la violencia, los criterios fundamentales son los de «proporcionalidad y distinción», básicos también en el Derecho Internacional Humanitario. Afortunadamente, y debido a la extensión de los teléfonos con cámaras y conexión a Internet, se han podido tomar un amplio número de grabaciones que permiten apreciar que las actuaciones policiales no han cumplido estos principios.
No existe proporcionalidad cuando se agrede con patadas, bofetadas, empujones contra coches, insultos machistas o apaleamientos cinco a uno, ni hay distinción cuando se actua indiscriminadamente contra personas de cualquier edad y condición.
El marco que permite a la policía actuar para disolver protestas, está descrito en el art. 557 del Código Penal que dice:
«... los que, actuando en grupo, y con el fin de atentar contra la paz pública, alteren el orden público causando lesiones a las personas, produciendo daños en las propiedades, obstaculizando las vías públicas o los accesos a las mismas de manera peligrosa para los que por ellas circulen, o invadiendo instalaciones o edificios, sin perjuicio de las penas que les puedan corresponder conforme a otros preceptos de este Código».
Aún haciendo caso a las informaciones policiales que dicen que la primera actuación se produjo al ocupar los alumnos del IES Lluís Vives una vía pública, parece que, y a tenor de las imágenes grabadas por los chavales, el peligro al que hace alusión el citado artículo fue causado por una aplicación desmedida de la fuerza, teniendo en cuenta que la mayoría de los que ocupaban la vía pública eran menores.
A partir de este momento y con la difusión de las imágenes por las redes sociales como mecha catalizadora, se produce una movilización social que, de los colegios, pasa a los institutos, saltando finalmente a la universidad. A partir de aquí todo se desmadra por una escalada de violencia policial, que en vez de apagar el fuego, incendia la ciudad y contagia a otros sectores sociales que se suman a la repulsa de esta toma violenta de la ciudad de Valencia.
Queda claro que el gobierno del Partido Popular utilizó está situación como un laboratorio para experimentar un especie de «doctrina del shock», que con la aplicación de una dura y generalizada represión, pretendía servir de ejemplo para enseñar a todo el país como va a gestionar el nuevo gobierno la previsible conflicitividad social producida por los recortes.
Que era algo premeditado y avalado desde las más altas instancias lo deja bien claro la rueda de prensa que se ve obligada a dar la Delegada del Gobierno, flanqueada por un Jefe de Policía que en el más puro estilo de grupo de tareas de la CIA o de mentalidad falangista de paseo, califica a los que se manifiestan como «enemigos».
Esta declaración de principios, que parece el comienzo de un plan para tratar de manera militar el disenso ciudadano, se ve reforzada por la medida de gracia que otorga el gobierno entrante a tres Mossos de Escuadra a los que indulta a pesar de estar condenados de manera firme por torturas. El mensaje pues, está claro: Chicos, podéis hacer lo que queráis, da igual que peguéis a menores, que lesionéis, que incluso torturéis, mientras defendáis los intereses de los poderosos, tendréis el apoyo de vuestros superiores jerárquicos y la protección del Poder Ejecutivo por si acaso el Poder Judicial os alcanza. Aprovechad, sois impunes.
Se nos viene encima algo muy duro, una paz social entendida como pax romana. Y esta “extraordinaria placidez” será impuesta por unos cuerpos de élite, en cuyo interior existe un alto indice de elementos adscritos al espectro ideológico del odio neonazi o que simplemente tienen, por lo que se ve y se escucha en sus actuaciones, un trastorno de agresividad y de descontrol de la violencia.
Si tratamos de entender lo que es una unidad de élite en el ámbito militar o policial, deberemos hablar de grupos especiales entrenados para operar en situaciones de riesgo, con un alto grado de especialización, movimiento y capacidad de fuego. No cualquier policía o militar puede pertenecer a ellas, de hecho hay una criba física e intelectual que da paso a un riguroso entrenamiento que las hace polivalentes. Una de las cosas que se busca en la moderna concepción de los cuerpos de operaciones especiales es la estabilidad emocional ¿Por qué? Porque al igual que en los motos y coches deportivos, no es tan importante o determinante la potencia, como la gestión de ella, es decir se necesitan unos buenos frenos mecánicos y un gran freno cerebral para gestionar con éxito todo ese torrente de fuerza. En el caso de las unidades de protección, por poner un ejemplo, imaginemos un grupo de escoltas que frente a una amenaza exterior, en vez de anularla de forma discrecional y proporcional, la enfrenta con una ensalada de tiros indiscriminada. El resultado sería, además de un fracaso en la protección de la personalidad, la pérdida de la legitimidad en el uso de la fuerza.
En el caso que nos atañe, las Unidades de Intervención Policial (UIP) son unidades de élite policial con diferentes especialidades, entre las que se encuentran las que afectan al orden público por medio de los llamados popularmente antidisturbios. Por lo tanto, son estructuras a las que se puede aplicar lo antes dicho sobre los grupos o unidades de operaciones especiales. Estos funcionarios están entrenados, no solo en la utilización de la fuerza, en teoría de manera acorde a la ley, si no en la gestión del miedo, el control de la agresividad y el uso de fuerza no letal en el marco de unas garantías democráticas.
Por el contrario y empezando por sus jefes, nos encontramos con individuos que ven con unas gafas que convierten a los ciudadanos en enemigos, que cuando ejercen la violencia la hacen con odio irrefrenable y con una infiltración cada día más evidente de extremistas de derechas o macarras descontrolados con inexistente empatía con sus semejantes.
Esto, que a mí me aterra, debería dar miedo hasta a nuestros gobernantes por la incapacidad de manejar a estos elementos en situaciones de gran estallido social. Sin embargo, y a pesar de las denuncias internacionales de abusos y torturas policiales, nos encontramos con que en vez de ser depurados, son legitimados y cuidados.
En momentos de emergencia social, además de los recortes de derechos, nos espera la extrema violencia y la impunidad. El expolio financiero van a defenderlo, aunque sea a sangre y fuego.

Fuente: http://hablandorepublica.blogspot.com/2012/02/sangre-y-fuego.html

lunes, 27 de febrero de 2012

Al capitalismo no le sienta bien la democracia


Juan Torres López

Rebelión


El filósofo alemán Jürgen Habermas ha escrito en su último libro y repite en varias declaraciones públicas que en Europa se está desmantelando la democracia (Ver Georg Diez, A Philosopher's Mission to Save the EU). Un juicio muy fuerte del que se hacía eco compartiéndolo alguien nada sospechoso de radicalismo y que conoce bien el continente como el ex canciller alemán Helmut Schmidt (L'Allemagne dans et avec l'Europe, L'Economie politique n° 053 - janvier 2012).
No creo que se trate de palabras vacías sino de un proceso real, ya innegable aunque desearía que no llegue a ser imparable a corto y medio plazo.
Bastó con que el ex presidente Papandreu amagara con la convocatoria de un referéndum para que se le hiciese dimitir, o que Berlusconi sacara la cabeza frente a Bruselas para que igualmente saliera por la puerta chica de donde le habían puesto, para mayor o menor fortuna, los electores italianos.
Han sido dos auténticos golpes de estado de los que nadie quiere hablar y que se ha conseguido hacer pasar como si nada en los medios de comunicación y en los debates políticos. Y el reciente acuerdo con Grecia (si es que se le puede llamar así) es el punto final al régimen democrático en aquel país, toda vez que autoridades extranjeras se han hecho ya definitivamente con el poder de facto para decidir lo que les conviene a ellas y a los poderes financieros y económicos a los que representan, sean cuales sean la opinión o las preferencias de los ciudadanos griegos. ¿Quién puede decir hay democracia en aquel país?
No es la primera vez que hemos podido comprobar que la democracia, por limitada que sea, es un escollo a veces insalvable para poner en marcha las medidas que aseguren beneficios al capital. Las políticas neoliberales que ahora sufrimos en todo su esplendor fueron puestas por primera vez gracias a golpes de estado militares que sirvieron de experiencias para ir validando el tempo de las medidas de represión social y económica que iban a ser necesarias para consolidar el nuevo régimen de competencia y beneficio en las economías capitalistas. Y eso se hizo para frenar el poder creciente que el pleno empleo y el Estado de Bienestar habían dado a los trabajadores del mundo occidental.
Desde entonces vivimos en un proceso de continuado debilitamiento de la democracia formal que cada vez más se convierte en un remedo del sistema político que garantiza que las decisiones sobre las cosas sociales y los intereses generales se tomen en función de lo que piensa y determina la mayoría de la población consultada a través de las urnas.
A ello han contribuido varias circunstancias pero creo que algunas de ellas son especialmente importantes y han tenido una particular incidencia en la crisis que estamos viviendo.
La primera es la consolidación de un poder monetario privado, al margen efectivo del debate político, que condiciona y encuadra al resto de las políticas económicas. La independencia de los bancos centrales y el fortalecimiento de la capacidad de maniobra de los fondos y entidades financieras han sido los factores que principalmente han contribuido a este fenómeno contemporáneo que hace que, en la práctica, los gobiernos tengan completamente atadas las manos frente a los mercados y los grandes propietarios de capital.
La segunda es el incremento voluntariamente planificado del desempleo y el empleo precario. De esa forma, como ya advirtiera Michal Kalecki hace ochenta años, los grandes empresarios obtienen menos beneficios (puesto que les sería económicamente más rentable el pleno empleo) pero gracias a la sumisión y a la debilidad que esas condiciones laborales generan en las masas trabajadoras, pueden disponer de más poder político que a la postre es lo que les asegura su posición de dominio social. Y a ello ha contribuido en los últimos años de modo decisivo el incremento del negocio de la deuda que los bancos han impulsado imponiendo modelos de crecimiento basados en el suministro de bienes de inversión y duraderos que generan demanda de crédito (como la vivienda o los automóviles). El crecimiento extraordinario del endeudamiento familiar no solo es una selecta fuente de ganancias para la banca sino una auténtica esclavitud contemporánea: los individuos viven para consumir y para pagar los créditos que les permiten salir adelante.
La tercera es la mixtura también creciente entre el poder económico y financiero y el mediático que el impulso de las concentraciones de capital está llevando hasta extremos realmente insospechados: uno o dos grupos empresariales, o uno, o incluso simplemente alguna persona aislada, controlan la totalidad de la oferta de medios (sobre todo audiovisuales) en muchos países, uniformando la opinión pública e imponiendo, se quiera o no, el pensamiento único que domina las decisiones económicas.
Otra circunstancia que me parece decisiva como fuente de degeneración democrática en el ámbito económico es que los partidos y las autoridades públicas están llegando a ser materialmente irresponsables. Hoy día es prácticamente imposible pedirle cuentas, sobre todo, de los incumplimientos constantes de la oferta electoral de naturaleza económica con que se presentan a las elecciones. Y es tanto el poder que ejercen sobre los medios de adoctrinamiento y tan estrechas las vías que se abren para el debate social que no es posible que los electores tomen nota de ello, lo que les impide acudir a las elecciones con la información que les permitiera algo más que optar entre opciones políticas que terminan por hacer lo mismo en materia económica.
Tan molesta está llegando a ser la democracia para los grandes poderes económicos y financieros y tanto incordio les supone la intermediación de las instituciones públicas que parece que han decidido tomar ellos mismos las riendas de los poderes públicos. Y en esta crisis se está produciendo con mucha mayor fuerza que nunca antes, la fusión entre unos y otros, por la vía incluso de la participación directa en los gobiernos que igual termina, como ya ha pasado en algún país, con la entronización en la vida pública de empresarios populistas que permitan a la clase empresarial más poderosa deshacerse de los políticos profesionales que, a veces, incluso le salen demasiado caros.
Es gracias a todo ello que las medidas que se están aplicando frente a la crisis no sean realmente las que podrían permitir mejorar la situación económica y que apenas pase nada. Es es una evidencia clamorosa: las economías europeas no están mejor que cuando se empezaron a aplicar las políticas que dicen que solucionan la crisis sino mucho peor. Crecen menos y tienen más deuda. Y es así porque estas políticas no se destinan a mejorar las condiciones económicas en general sino a aumentar el beneficio y el poder de decisión de los grandes propietarios de capital y de los financieros. Por eso el debate social plural y transparente, la igualdad de medios y condiciones para exponer opiniones, la democracia, se está convirtiendo en una incómoda piedra en el zapato del capitalismo neoliberal de nuestra época porque es lo único que podría poner en claro lo que está pasando. Y por eso se la quieren quitar de encima cuanto antes.



ttp://www.juantorreslopez.com/impertinencias/158-impertinencias-de-febrero-de-2012/2608-al-capitalismo-no-le-sienta-bien-la-democracia-

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 18 de febrero de 2012

El fin del matrimonio entre el capitalismo y la democracia: El politburó de la zona Euro

¡Ah!, esos buenos días de la Guerra Fría y de la Unión Soviética cuando un ejército de «Kremlinólogos» era adicto a todo movimiento imperceptible de un politburó inescrutable.

Espera un poco. ¿Quién habría pensado que dos décadas después del fin del «socialismo real», los politburós volverían a estar de moda?
China lo hace, mira su comité permanente de nueve miembros, el más santo de los santos dentro de su politburó de 25 miembros. Y demostrando una vez más la tesis de Slavoj Zizek de que ya terminó el matrimonio del capitalismo y la democracia, Europa «libre» también lo hace, con deleite, redoblando a la tristemente célebre Banda de los Cuatro de China.

Ahora es la Banda de los Ocho

En realidad la Eurozona está dirigida por un politburó de ocho miembros.

¡Qué excelente trabajo! Esta Banda de los Ocho no es responsable ante nadie, excepto ante el mítico Zeus y sus relámpagos de marca registrada. En la era de la modernidad líquida, Zeus se hace llamar Dios del Mercado. Lo único que importa a la Banda de los Ocho es lo que quieren los mercados financieros –dirigidos por Dios–; los simples mortales, como los votantes europeos, en el mejor de los casos solo son una molestia.
Por lo tanto, los gobiernos nacionales de la Eurozona carecen totalmente de significado. Las decisiones son tomadas por una troika formada por el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI, ninguno de ellos elegido).
El politburó de Europa lleva el inocente acrónimo GdF, en francés Groupe de Francfort (Grupo de Frankfurt), establecido el mes pasado. Se reunió al menos cuatro veces durante el reciente festival de la deuda del Grupo de 20 en Cannes, espectacularmente fracasado. Y esta es la lista tecnocrática completa, incluidos algunos políticos:

1 y 2: «Merkozy», esa híbrida polinización cruzada de la canciller alemana Angela “Cruz de Hierro” Merkel y el neonapoleónico presidente francés Nicolas Sarkozy.
El robusto Sarkozy puede posar como rey bajo el disfraz, entre otros, de Gran Liberador de Libia; y aunque se refiere a ‘La Merkel’ como ‘La Boche’ (de una forma despectiva francesa, a la manera de la Segunda Guerra Mundial) la parte «Merk» en “Merkozy” es la que muestra los auténticos cojones en la Unión Europea (UE).
3: La hábil fusión entre Chanel y Wall Street, Christine Lagarde, directora gerente del FMI, quien heredó su puesto del antiguo salvador del capitalismo convertido en autoimplosionado candidato presidencial francés, notorio amante transatlántico de las mujeres, Dominique Strauss-Kahn (DSK). La propia Madame Lagarde es una acreditada experta financiera, como ex presidente de la firma legal internacional Baker and McKenzie.
4: El ex vicepresidente de Goldman Sachs International, Mario Draghi, ahora presidente del todopoderoso Banco Central Europeo (BCE). El tecnócrata que empujó a Italia al euro, ahora vitoreado por los periodistas financieros como «salvador de Europa».
5: El presidente (desde 2004) de la Comisión Europea (CE), Jose Manuel Barroso, esencialmente un burócrata inenarrablemente austero ansioso de poder.
6: El presidente del Consejo Europeo (desde 2009) Herman van Rompuy, anónimo ex senador belga y primer ministro que se opone vehementemente al ingreso de Turquía en la UE.
7: El comisionado para Asuntos Económicos y Monetarios europeos (desde 2010), Olli Rehn, de Finlandia, un retraído ex alto burócrata a cargo de la ampliación de la UE.
8: El presidente del grupo de Ministros de Finanzas Europeos (desde 2005), Jean-Claude Juncker, ex primer ministro de Luxemburgo, descrito por The Economist como «fanático federalista».

Las elecciones son para debiluchos

Mucho más allá de la versión de un reality show rabelesiano de baja calidad de los últimos días del
Imperio Romano, personificado por el ex primer ministro italiano Silvio «bunga bunga» Berlusconi, y los afanes de formar un gobierno de unidad nacional encabezado por el supertecnócrata, ex comisionado europeo, Mario Monti, a quien los italianos llaman «Super Mario», existe solo una hoja de ruta en lo que respecta a la UE: implacable «austeridad», debidamente supervisada por Madame Lagarde y sus acólitos del FMI.
Super Mario, a propósito, es un hombre ideal para la Banda de los Ocho: ex comisionado de la UE, asesor internacional de Goldman Sachs, presidente europeo de la Comisión Trilateral de David Rockefeller y miembro clave del Grupo Bilderberg.
Incluso un neoliberal populista como Il Cavaliere –ex niño mimado de la plutocracia global– no pudo encontrar un camino para implementar en Italia la hoja de ruta de austeridad dura impuesta por el BCE, el FMI y los bancos acreedores. Cuando habla el Dios del Mercado –el único oráculo genuino de la modernidad líquida– la realidad se inclina. No sorprende que Van Rompuy haya expresado la semana pasada en Roma estas palabras oraculares: «El país necesita reformas, no elecciones».
Nadie tiene que abrir a la fuerza los pasillos de Bruselas o sentarse con algún funcionario a comer bife con papas fritas y tomar vino de Burdeos para saber cuánto odia la UE a la democracia. Por ejemplo, nadie sabe cómo vota el consejo gobernante (no elegido) del todopoderoso BCE, porque todo lo que hace es secreto.
El neoliberalismo de la línea dura, como lo impone la Banda de los Ocho, es como un tratamiento de la Mafia: primero te dan en las rodillas, amputando los derechos sociales. Después le toca a tu garganta, amputando los derechos políticos. Al «ganado» que cargará el lastre de la austeridad interminable –los votantes europeos– no les queda mucho excepto alguna huelga general o gritar a pleno pulmón por las calles.
No importa mucho que los «fundamentos» de Italia sean excelentes, incluidos los altos niveles de ahorros privados, baja deuda privada, sistema bancario estable y un superávit comercial en manufactura.
Del griego al latín, el problema con Grecia e Italia no tiene nada que ver con la supuesta periferia disfuncional de la UE. Lo que pasa tiene que ver con los excesos del capitalismo de casino, el capital financiero operando en una desregulación total. De ahí la preeminencia de ese personaje brillante/sombrío –el tecnócrata de la modernidad líquida– reacio a la democracia pero suficientemente legítimo para exigir represión popular, todo en nombre de satisfacer al Todopoderoso Dios financiero.
No existe ninguna diferencia (política) entre la realización de cambio de régimen con bombardeos «humanitarios» o mediante los relámpagos del Dios del Mercado.
En cuanto al cortafuegos necesario que «salvaría» a Italia de su deuda –más de 1,9 billones (millones de millones) de euros– es un enorme billón de euros. No se hará, sobre todo porque el Todopoderoso Emperador Hu (Jintao) ha desairado esta última invención de los bárbaros occidentales. El Emperador Hu ciertamente sabía antes de los hechos que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) se revelaría como un timo monumental, mientras el FEEF compraba cientos de millones de euros de sus propios bonos. No necesita ser Nouriel Roubini para apostar a que el euro puede estar en camino a descomponerse.
«Merkozy» –responsable de un 48% del producto interno bruto de la Eurozona– y la Banda de los Ocho son ahora practicantes de primera clase del poder neocolonial. Lo que busca realmente la Banda de los Ocho es esencialmente una UE del hombre rico, como revela una historia casi apocalíptica de Reuters. [1] Hay que prepararse porque desde ahora el euro no unificará Europa; encabezará su balcanización.

Pepe Escobar


Fuente: Asia Times Online, 16 de noviembre de 2011.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

[1] “French and Germans explore idea of smaller euro zone”, Reuters, 9 de noviembre.

Pepe Escobar
Pepe Escobar es periodista y autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Es también corresponsal para el diario Asia Times y analista político para the Real News.

Red Voltaire

Voltaire, edición Internacional