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lunes, 9 de enero de 2012

EL FUTURO DE LA REVUELTA



La Primavera Árabe no entiende de estaciones
Santiago Alba Rico

Los pueblos árabes, tras décadas de petrificación, han desencadenado una enorme revolución democrática, poniendo en dificultad con ello a todas las fuerzas en conflicto, de derechas y de izquierdas. En eso están de acuerdo todos: la democracia en esta zona del mundo no sólo es incómoda sino directamente desestabilizadora.

Cuando se cumple un año de la revolución tunecina, detonante de la llamada Primavera Arabe, es fácil hacer juegos de palabras sobre los cambios de estación, pero muy difícil abordar en toda su complejidad la situación y aún menos hacer pronósticos. Sólo dos cosas parecen claras: que el movimiento sísmico puesto en marcha el 17 de diciembre de 2010 con la inmolación de Mohamed Bouazizi va a continuar, con réplicas y contrarréplicas, a lo largo de toda la geografía de la región; y que las tentativas de intervención de las potencias occidentales -o de sus aliados en la zona, como Turquía, Arabia Saudí y Qatar, con sus propios proyectos y ambiciones- se harán tanto más decididas cuanto más se prolonguen las agonías locales.

El ejemplo más evidente de cómo se conjugan estos dos elementos es Egipto, donde las recidivas revolucionarias de noviembre y diciembre han ido acompañadas de un ejercicio represivo comparable o superior al del régimen de Moubarak por parte de una Junta Militar que trata malamente de conciliar el “discurso revolucionario” con los intereses de EEUU e Israel. De lo que ocurra en Egipto dependerá en gran medida, en los próximos meses, la evolución y desenlace de los procesos de cambio en los otros países de la región.

Lo mismo vale para Siria, el otro nudo central de Oriente Próximo. Tras diez meses de levantamiento popular contra un régimen feroz que, más allá de su retórica “resistente”, ha garantizado durante décadas el estatus quo en la zona, da la impresión de que la beligerancia de Occidente y de la Liga Árabe está dando paso -frente a la respuesta de Rusia- a una solución negociada a muchas bandas de la que serán excluidas o marginadas -si no directamente sacrificadas- las fuerzas populares protagonistas de la revolución. Esta tendencia puede verse descarrilada, o al menos deformada, por la propia dinámica acción-represión, que ha alcanzado un punto difícilmente reversible.

Túnez va a jugar un papel fundamental en los proyectos “estabilizadores” del Maghreb. Por un lado, su mayor homogeneidad y su menor tamaño determinan que el primer país donde estalló la revolución sea el primero también en adoptar una institucionalidad democrática convencional. Al mismo tiempo, las elecciones a la Constituyente dieron la victoria a las fuerzas islamistas reprimidas durante décadas de dictadura, desencadenando un proceso tan contagioso en los países vecinos como lo fue la propia revuelta. Basta ver el resultado de las elecciones de Marruecos o de Egipto y el renovado empuje del islamismo en Argelia. En Libia, donde la criminal intervención de la OTAN no proporciona a las potencias occidentales ninguna ventaja comparativa, esas fuerzas islamistas son las únicas capaces de construir sociedad civil e instituciones estables; y en ese sentido será determinante la influencia del Nahda tunecino, partido que mantiene relaciones privilegiadas con los Hermanos Musulmanes libios.

Durante los próximos meses vamos a asistir a un forcejeo entre los partidos islamistas y los mismos gobiernos occidentales que apoyaron dictaduras feroces para contenerlas. Si es aventurado decir que el islamismo -ahora “democrático”- vaya a enfrentarse al imperialismo, mucho más absurdo es pretender que es y ha sido siempre un obediente peón imperialista. Los islamistas harán toda clase de concesiones económicas y políticas, pero permanecerá siempre viva la cuestión que garantiza el carácter anti-imperialista de unos levantamientos que en su origen no son ni de izquierdas ni de derechas, ni partidistas ni islámicos: Palestina. Los gobiernos islamistas que surjan en la región se verán prisioneros de esta doble presión: la de EEUU e Israel y la de los propios pueblos insurgentes, cuyas demandas sociales y económicas insatisfechas son inseparables de su enérgica conciencia anti-sionista.

En este sentido, habrá que estar muy pendientes de las nuevas subpotencias regionales que asoman la cabeza en Oriente Próximo y en el Golfo y que buscan gestionar en su favor la Primavera Árabe al mismo tiempo que contener el contagioso descontento de sus poblaciones. Enfrentados entre sí, el Golfo Árabe e Irán verán muy probablemente activarse protestas y movilizaciones populares. De hecho, dos de los levantamientos más importantes y más olvidados se han producido en Yemen y Bahrein y Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos ya han sentido sus vibraciones y tendrán que afrontar en los próximos meses demandas crecientes de democracia popular. El enfrentamiento entre el Golfo árabe e Irán -de acuerdo sólo en acabar con las revoluciones árabes- llevará a un creciente conflicto, inducido y alimentado de manera interesada, entre sunníes y chíies. Torcer las demandas democráticas hacia enfrentamientos religiosos, sectarios y civiles formará parte de las estrategias destructivas instrumentalizadas por las dictaduras locales y por las potencias occidentales contra la Primavera Árabe.

Una última cosa está clara: los pueblos árabes, tras décadas de petrificación, han desencadenado una enorme revolución democrática, poniendo en dificultad con ello a todas las fuerzas en conflicto, de derechas y de izquierdas. En eso están de acuerdo todos: la democracia en esta zona del mundo no sólo es incómoda sino directamente desestabilizadora. Puede tener efectos incluso apocalípticos. El dilema es angustioso. Ya no se puede volver atrás, pero no se puede permitir de ninguna manera que los árabes decidan su propio destino. Según el país y el escenario, una combinación de pequeñas concesiones, discretas conspiraciones y duras intervenciones tratarán de salvar el mundo de estos árabes bárbaros y sus demandas absurdas, fuente una vez más de todas las amenazas. En eso coinciden los estrategas del Pentágono y los líderes de la izquierda mundial.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20111231/312780/es/La-Primavera-Arabe-no-entiende-estaciones/

jueves, 1 de diciembre de 2011

La Hermandad Musulmana ve más allá de Tahrir


Por Adam Morrow y Khaled Moussa al-Omrani

Crédito: Khaled Moussa al-Omrani/IPS

EL CAIRO, 1 dic (IPS) - La decisión de la Hermandad Musulmana de mantenerse al margen de las últimas protestas en la plaza Tahrir, de la capital egipcia, parece que le dejará réditos en las primeras elecciones parlamentarias tras la caída del régimen de Hosni Mubarak.
"Las primeras señales indican que la Hermandad obtendrá mejores resultados que los esperados, porque su respuesta a los últimos acontecimientos en la plaza Tahrir fue bien recibida por el público, que solo quiere estabilidad tras meses de inseguridad", dijo a IPS el especialista en movimientos políticos islámicos Abdel Menaam Mounib.
La ciudadanía egipcia concurrió a las urnas el lunes 28 y el martes 29 de noviembre en lo que fue la primera de las tres rondas de las elecciones parlamentarias. Según la mayoría de los pronósticos de analistas, los más votados serán el Partido Libertad y Justicia (PLJ), con fuertes vínculos con la Hermandad Musulmana, así como otras agrupaciones islamistas.
Los comicios enfrentaron al PLJ con los nuevos partidos liberales y de izquierda, surgidos tras la renuncia en febrero de Mubarak, quien lideró por 30 años los destinos de Egipto.
La primera etapa del proceso electoral, que terminará en enero de 2012, se realizó tras el peor estallido de violencia desde la revuelta popular de 18 días.
Del 19 al 23 de noviembre, las fuerzas de seguridad reprimieron a miles de manifestantes que reclamaban al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que gobierna el país desde la renuncia de Mubarak, que entregara el mando a una autoridad civil.
Los cinco días de enfrentamientos en la plaza Tahrir de El Cairo dejaron decenas de muertos y miles heridos entre los manifestantes, que se defendieron solo con piedras sacadas del pavimento del ataque de las fuerzas de seguridad, armadas a guerra.
"El Cairo no vivía ese grado de violencia desde la peor parte del levantamiento popular de enero", aseguró Mounib.
Cuadros jóvenes de la Hermandad Musulmana participaron en las escaramuzas, pero la organización evitó dar su apoyo formal a la protesta. La actitud fue recibida con desdén por muchos de sus detractores, quienes la acusaron de "traicionar a la revolución" por obtener réditos políticos de corto plazo.
"La Hermandad Musulmana perdió mucha credibilidad por su postura inoperante respecto de la masacre en la plaza Tahrir y su ausencia llamativa de los espacios públicos de Egipto", escribió el martes 29 de noviembre Ibrahim Eissa, conocido periodista opositor durante el régimen de Mubarak, y actual editor en jefe del nuevo diario Tahrir.
Similares conceptos vertieron numerosas figuras liberales y de izquierda que acusaron a la Hermandad Musulmana de "oportunismo político" y de "no querer sacudir el barco" en los días previos a los comicios que esperaba ganar.
El líder de la organización, Mohammad Badei, señaló en un comunicado divulgado el 26 de noviembre que los dirigentes habían instruido a las bases a no unirse a las protestas "porque de haberlo hecho solo hubieran generado más caos y derramamiento de sangre".
"Recibimos información creíble de que la crisis fue planificada con el fin de que la Hermandad entrará en el conflicto y se exacerbara la situación", señaló Badei.
También mencionó un "elemento desconocido" que trataba de sembrar el caos en el país a fin de desbaratar la transición democrática y la implementación de los objetivos revolucionarios.
"No respondimos a los llamados a unirnos a las protestas porque la situación en la plaza Tahrir era extremadamente ambigua. Había muchas personas desconocidas y organizaciones con agendas poco claras, incluso hasta ahora", dijo a IPS el secretario general del PLJ, Saad al-Kitatni.
"Pudimos confirmar que ciertas agrupaciones trataban de escalar la situación para que las elecciones, que sabían que perderían, no se hicieran cuando estaba previsto", añadió.
El CSFA anunció el 22 de noviembre que la primera ronda de las elecciones parlamentarias se celebraría como previsto, pese al baño sangre, sorprendiendo a numerosos analistas.
Mounib, quien coincidió con Al Kitatni, señaló que "a ciertas agrupaciones de liberales, izquierdistas y empresarios influyentes con vínculos con el régimen anterior les gustaría que los comicios se pospusieran de forma indefinida".
"Les hubiera gustado atraer a la Hermandad a la calle para ampliar el conflicto y promover el caos para desbaratar las elecciones", indicó Mounib.
"Esas fuerzas poseen la mayoría de los medios de comunicación locales y hablan en voz alta, pero tienen un apoyo popular insignificante porque defienden valores no compartidos por la mayoría del público egipcio", explicó.
De cualquier manera, la decisión de la Hermandad de mantenerse al margen de los enfrentamientos parece haberle dado buenos resultados en las urnas.
"Al principio era renuente a votar al candidato del PLJ, pero la respuesta de la Hermandad a la violencia en la plaza Tahrir me convenció de que la organización pone los intereses del país por delante de los suyos", dijo Ahmed Ibrahim a IPS.
"Si la Hermandad hubiera agravado la situación por unirse a la protesta, habría perdido votos de quienes solo querían estabilidad", añadió este empleado de 35 años que votó en el distrito de Zeitoun, en El Cairo.

Los resultados finales de la primera ronda se conocerán a última hora de este jueves.

La segunda ronda electoral en otras nueve gobernaciones comenzará el 14 de diciembre y, la tercera, en las últimas nueve de las 27 divisiones administrativas que tiene Egipto, será el 3 de enero de 2012.(FIN/2011)

martes, 22 de noviembre de 2011

Revueltas árabes, pasadas y presentes

Joseph Massad
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

No se puede decir que los actuales desafíos populares a las dictaduras patrocinadas por Occidente sean algo nuevo en la historia árabe moderna. Hemos visto levantamientos semejantes contra el colonialismo en la región desde su inicio en Argelia en 1830 y en Egipto en 1882. Las rebeliones en Siria en los años veinte contra la dominación francesa y especialmente en Palestina de 1936 a 1939 contra el régimen colonial británico y el colonialismo de los asentamientos sionistas fueron masivas según estándares globales. Por cierto la rebelión palestina inspiró a otras en el mundo colonizado y siguió siendo una inspiración para los árabes durante el resto del siglo y más allá. La resistencia anticolonial que también se opuso a los regímenes árabes instalados por las potencias coloniales continuó en Jordania, Egipto, Iraq, Yemen del Norte y del Sur, Omán, Marruecos y Sudán. La masiva rebelión anticolonial en Argelia llevó finalmente a la independencia del colonialismo de asentamientos francés en 1962. La liberación de Argelia significó el fin de una de las dos colonias de asentamientos europeas en el mundo árabe, y solo quedaba una: Palestina. En el frente colonial territorial, gran parte del Golfo Arábigo siguió ocupado por los británicos hasta los años sesenta y principios de los setenta, y esperaba su liberación.

Después de la guerra de 1967

En medio de la melancolía dominante que afectó al mundo árabe después de la derrota en 1967 por las invasiones simultáneas por Israel de tres países árabes y la ocupación de sus territorios y de la totalidad de Palestina, el desafío de las guerrillas revolucionarias palestinas al poder colonial de Israel en la batalla de Karamah en marzo de 1968 renovó las esperanzas de decenas de millones de árabes y renovó la preocupación de las dictaduras neocoloniales árabes (a pesar del papel considerablemente exagerado de las hazañas de Arafat durante la batalla). La revolución palestina inspiró a muchos pero también coincidió con esfuerzos revolucionarios no solo en el Tercer Mundo en general sino también en los países árabes.
Las mejores noticias revolucionarias anticoloniales en el mundo árabe después de la derrota de 1967 provinieron de la Península Arábiga. En noviembre de 1967 los revolucionarios del Sud de Yemen infirieron una ignominiosa derrota a los británicos y liberaron su país del yugo de Gran Bretaña colonial, que había gobernado Adén desde 1838. Los yemeníes del Sur pronto fundaron la República Democrática Popular de Yemen, que duró 22 años antes de ser finalmente disuelta por Yemen del Norte y sus aliados saudíes.
En el vecino Omán, la continua lucha por liberar el país entró a una nueva etapa de guerra de guerrillas bajo el liderazgo del Frente Popular por la Liberación de Omán y del Golfo Arábigo (PFLOAG, por sus siglas en inglés), que se creó en septiembre de 1968 como resultado de la unificación de una serie de grupos guerrilleros omaníes que combatían contra el sultán Said bin Taymur apoyado por los británicos. El PFLOAG había liberado territorio en Dhofar desde el cual siguió lanzando sus ataques para liberar el resto del país. Por cierto, los movimientos de liberación nacional estuvieron activos en todo el Golfo, y también en Bahréin donde una continua lucha por la liberación nacional, un movimiento de trabajadores, activismo de estudiantes y de mujeres, se unieron todos contra el régimen colonial británico y sus sirvientes locales.

Represión

Pero la alianza estadounidense-británica-saudí-israelí estaba determinada a aplastar a todos los grupos revolucionarios que pudo derrotar y a cooptar a los que no pudo aplastar. El esfuerzo comenzó en el Golfo. Bahréin, que había sido el semillero de la agitación de trabajadores y anticolonial durante décadas, continuó su lucha contra la dominación británica y la familia gobernante bahreiní aliada con el colonialismo británico. Pero cuando los británicos fueron expulsados de Yemen del Sur y se mantuvo la amenaza contra su cliente omaní, trasfirieron su comando militar a Bahréin, un paso que fue seguido por una masiva inversión de capital británico en el país (así como en Dubai). Esos eventos, como era de esperar, produjeron más represión contra el pueblo bahreiní y su movimiento de liberación nacional. Por cierto, fue el contexto en el cual el Shah de Irán presentó sus reivindicaciones territoriales a Bahréin y amenazó con anexarlo a Irán como su “decimocuarta provincia”. Sus ambiciones territoriales solo fueron atemperadas por sus aliados occidentales y las Naciones Unidas en 1970, después de lo cual el Shah solo renunció a sus reivindicaciones a cambio de una masiva inversión de capital iraní en los pequeños Estados árabes emergentes del Golfo, incluidos los Emiratos Árabes Unidos. Occidente agradeció al Shah por su magnanimidad y siguió recompensándolo diplomática y políticamente.
En el frente jordano, el ejército del rey Hussein revertió los triunfos de las guerrillas palestinas y las derrotó en un masivo ataque en septiembre de 1970. Las guerrillas de la OLP fueron finalmente expulsadas por completo del país en julio de 1971. Sin embargo, las guerrillas de la OLP siguieron teniendo una fuerte base en el Líbano desde donde continuaron sus operaciones contra Israel y las dictaduras árabes.
En Sudán, el partido comunista se siguió fortaleciendo a fines de los años sesenta, hasta el golpe en 1969 de Ja'far al-Numeiri, quien inicialmente no pudo marginar totalmente a los comunistas y esperó hasta que fortaleció su régimen 1971 para hacerlo. Un intento de golpe contra su régimen autoritario fracasó. Como secuela, arrestó a miles de comunistas y ejecutó a todos los principales dirigentes del partido, destruyendo al mayor partido comunista en el mundo árabe. La dictadura de Numeiri continuó hasta 1985 y pronto la lucha democrática en su contra fracasó y llegó al poder en 1989 Omar al-Bashir, el candidato apoyado por los saudíes, quien siguió los pasos de Numeiri.
Solo el PFLOAG siguió avanzando al principio de los años setenta, y fue necesario un masivo esfuerzo por parte de la alianza estadounidense-británica-saudí-israelí para derrotarlo. El Shah de Irán y el rey jordano fueron subcontratados para hacerlo. Enviaron contingentes militares a Omán, y, apoyados por asesores británicos, finalmente lograron derrotar a las guerrillas y salvaguardar el trono para el sultán Qabus, hijo del sultán Said, quien derrocó a un padre en un golpe palaciego en 1970 organizado por los británicos. Con la derrota final de los revolucionarios omaníes en 1976, la OLP siguió siendo el único grupo revolucionario que sobrevivió el ataque junto a un pobre y débil Yemen del Sur, que fue finalmente tragado por Yemen del Norte apoyado por los saudíes en 1990.

Cooptación

Dinero saudí y de otros sitios en el Golfo fluyó a los cofres de la OLP para asegurar que el revolucionismo palestino, que fue parcialmente aplastado en Jordania, nunca volvería a apuntar sus armas contra otro régimen árabe. Por cierto, el dinero del Golfo convirtió a la OLP en un grupo de liberación financiado por los regímenes más reaccionarios del Tercer Mundo. El camino de Arafat a Oslo comenzó después de la guerra de 1973 y el masivo financiamiento que comenzó a recibir de todas las dictaduras árabes ricas en petróleo, de Gadafi a Sadam Hussein y todas las monarquías del Golfo. Lo que impulsó a los regímenes árabes a reconocer a la OLP en 1974 como único representante legítimo del pueblo palestino y fue el principal motivo por el cual apoyaron su reconocimiento por la ONU ese mismo año fue esa domesticación de la OLP. Por cierto la alianza reaccionaria de Arafat con dictadores árabes fue tal que algunos aparatos de inteligencia de la OLP comenzaron a compartir inteligencia sobre disidentes árabes con dictadores árabes, incluido el aparato de inteligencia de la OLP dirigido por Abu Za’im que entregó al disidente saudí Nasir Sa'id en diciembre de 1979 a los servicios de inteligencia saudíes a pedido del embajador saudí en el Líbano. Nunca se volvió a oír de Sa’id y se cree que fue muerto por las autoridades saudíes. En el frente diplomático y solidario, mientras el frente Polisario declaró la independencia del Sahara Occidental en 1976, Arafat se negó a reconocer ese Estado por respeto a su alianza con el rey Hassan II.

Los nuevos levantamientos

Como los grupos revolucionarios palestinos eran los únicos que no habían sido totalmente domesticados, en lo que respecta a EE.UU. y otras potencias imperiales, aunque habían sido suficientemente domesticados desde el punto de vista de los regímenes árabes, el nuevo desafío provino del propio pueblo palestino que se rebeló en 1987 contra sus ocupantes israelíes. Fue la segunda rebelión palestina importante en medio siglo, que muchos ven ahora como una inspiración para los actuales levantamientos en todo el mundo árabe, que tenían que ser aplastados. Los israelíes hicieron lo posible por aplastarla pero no lo lograron. La OLP se hizo cargo rápidamente para evitar que una nueva dirigencia palestina suplantara la autoridad de la OLP de representar a los palestinos. Cuando la OLP se hizo cargo de la intifada, israelíes y estadounidenses hicieron esfuerzos por cooptar finalmente a la OLP y neutralizar su potencial como problema para la política estadounidense e israelí en la región. En este contexto se firmó Oslo y la OLP fue totalmente transformada, de ser una amenaza para las dictaduras árabes, para su patrocinador imperial EE.UU., y para la amenaza israelí, a ser un agente de los tres, bajo el disfraz de una Autoridad Palestina, que ayudó a imponer la ocupación israelí en una coalición infame con dictadores del Golfo y EE.UU. Desde entonces, los fusiles de la OLP/AP solo apuntaron al pueblo palestino.
La actual alianza estadounidense-británica-saudí-israelí en la región sigue las mismas estrategias que se aplicaron a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, y continuó la estrategia que estableció con la OLP a principios de los noventa. Están aplastando los levantamientos que pueden aplastar y cooptan los que no pueden. Los esfuerzos por cooptar totalmente los levantamientos tunecino y egipcio han progresado considerablemente durante los últimos meses, aunque no han tenido éxito en el silenciamiento y desmovilización de la gente. Por otra parte, el levantamiento en Bahréin fue el primero en ser aplastado y los esfuerzos por aplastar a los yemeníes continúan sin respiro. En Libia y Siria el eje secuestró totalmente las revueltas y se hizo cargo de ellas. Mientras los sirios, como los libios antes que ellos, mantienen su valiente levantamiento contra el brutal régimen exigiendo democracia y justicia social, su búsqueda ya está condenada a menos que logren desalojar al eje estadounidense-británico-saudí-qatarí que se ha apoderado totalmente de su lucha, lo que es muy poco probable.

Los palestinos

Esto nos lleva a la escena palestina. El levantamiento palestino o intifada de 1987 fue la primera rebelión masiva de civiles desarmados que tuvo lugar en décadas. Después de la caída de la Unión Soviética y de la primera invasión de EE.UU. en el Golfo, EE.UU. decidió cooptar el levantamiento palestino otorgando beneficios políticos y financieros a una clase de burócratas de la OLP que procedieron a vender la lucha palestina. Por lo tanto Arafat neutralizó el levantamiento en Oslo en 1993 y procedió a beber y a cenar con dirigentes de Israel y EE.UU. mientras su pueblo permanecía bajo la ocupación.
Pero si los palestinos fueron un motivo de preocupación para los regímenes árabes después de 1968 para que no fueran a ayudar a la rebelión de otros árabes contra sus dictaduras, actualmente es la Autoridad Palestina (AP) la que está preocupada de que los levantamientos árabes puedan influenciar a los palestinos en Cisjordania para que se rebelen contra la AP, que mantiene su intensiva colaboración en la seguridad con la ocupación israelí y su patrocinador EE.UU. Por cierto, cuando los israelíes fallaron a fines de los años setenta en su esfuerzo por crear un cuerpo político de colaboradores palestinos a través de sus infames Ligas Aldeanas, la AP se convirtió, no en las nuevas “Ligas Urbanas” como fue apodada por muchos palestinos, sino en una verdadera Liga Nacional de colaboracionistas al servicio de la ocupación israelí. La reciente solicitud de la AP de reconocimiento de su Estado en la ONU y en la UNESCO es un intento de resolver el actual estancamiento de su inexistente “proceso de paz” y las pertinaces negociaciones con los israelíes antes que los palestinos se rebelen en su contra, especialmente en vista de los decrecientes dividendos para los beneficiarios del acuerdo de Oslo.
La AP enfrenta ciertamente dos caminos ante el colapso del así llamado “proceso de paz”: disolverse y cesar de tener el papel de agente de la ocupación; o continuar su colaboración atrincherándose aún más mediante el reconocimiento de instituciones internacionales para preservar su poder y los beneficios para sus miembros. Ha elegido la segunda opción con el disfraz de apoyar la independencia nacional palestina. Queda por ver en qué medida tendrá éxito en su intento de atrincheramiento, aunque su éxito o fracaso será calamitoso para el pueblo palestino que no obtendrá ninguna independencia del colonialismo de asentamientos israelí mientras la AP siga al mando.
Como he dicho anteriormente, el desacuerdo entre Israel, la AP y EE.UU. tiene que ver con los términos y el tamaño territorial de los bantustanes desconectados que recibirá la AP y la naturaleza y cantidad de poder represor y armas que su fuerza policial tendrá que utilizar contra el pueblo palestino, mientras se garantiza que nunca habrá una posibilidad de que esas armas sean utilizadas contra Israel. Si Israel muestra alguna flexibilidad al respecto, los bantustanes desconectados serán rápidamente reconocidos como “Estado palestino soberano” y ni un solo colono ilegal judío tendrá que renunciar a las tierras robadas a los palestinos y volver a Brooklyn, para nombrar un sitio común de origen de muchos colonos judíos. La AP trata de vender este arreglo a Israel y EE.UU. Sin él, la AP amenaza con que los cisjordanos podrían rebelase en su contra, lo que sería malo para Israel y EE.UU. Hasta ahora, ni EE.UU ni Israel lo han aceptado.

La lucha continúa

En cuanto al mayor contexto árabe, los que califican lo que ha pasado en el último año en el mundo árabe como “despertar árabe” no solo ignoran la historia del último siglo, sino también utilizan argumentos orientalistas en su descripción de los árabes como un pueblo inactivo que aguantó la dictadura durante décadas y que finalmente despierta de su torpor. En todo el mundo árabe, los árabes se han rebelado cada década contra la tiranía colonial y local desde la Primera Guerra Mundial. Y han sido las potencias coloniales europeas y su heredero estadounidense los que han bloqueado su camino a cada instante y se han aliado con dictaduras locales y sus familias (y en muchos casos han seleccionado a semejantes dictadores y los han colocado en el trono).
El actual patrocinio estadounidense-europeo de las contrarrevoluciones en todo el mundo árabe es la continuación de una tradición imperial consagrada, pero también lo es la continua resistencia árabe contra el imperialismo y la tiranía interior. Los levantamientos que comenzaron en Túnez en diciembre de 2010 siguen en marcha a pesar de importantes reveses en todos los casos. Lo que no quiere decir que las cosas no hayan cambiado y no estén cambiando significativamente; quiere decir, sin embargo, que muchos de los cambios son reversibles y que la contrarrevolución ya ha revertido una buena parte y trabaja duro para revertir más. La vigilancia es obligatoria por parte de los que luchan por el cambio democrático y la justicia social, especialmente en estos tiempos de agitación y de masiva movilización imperial. Es posible que se hayan pedido algunas batallas pero la guerra de los pueblos árabes contra el imperialismo y por la democracia y la justicia social continúa en todo el mundo árabe.

Joseph Massad es profesor asociado de Política e Historia Intelectual Árabe Moderna en la Universidad Columbia en Nueva York. Es autor de varios libros, que incluyen: The Persistence of the Palestinian Question (Routledge, 2006) y Desiring Arabs (Chicago University Press, 2007), y Colonial Effects (Colombia University Press, 2011).

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2011/11/2011111810259215940.html