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jueves, 24 de noviembre de 2011

Cierre de cuentas en los bancos que no rinden cuentas

Amy Goodman
Democracy Now!

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español

Menos de un mes después de que comenzara Occupy Wall Street, un grupo de personas se reunió en el histórico Washington Square Park, en el corazón de Greenwhich Village. Se trataba de un momento de gran crecimiento del movimiento, con cada vez mayor participación de los miles de estudiantes que asisten a las universidades de la zona del Bajo Manhattan. Se tomó la decisión de marchar a las filiales locales de dos de los bancos “demasiado grandes para caer”, con el objetivo de que algunos participantes cerraran sus cuentas y los demás pudieran realizar allí una asamblea para hablar sobre los problemas generados por estas instituciones irresponsables.
Según una demanda federal presentada esta semana en Nueva York, Heather Carpenter estudia para obtener su título de ayudante de enfermería y trabaja como asistente terapéutica de personas con discapacidades mentales en una casa comunitaria en Long Island para poder pagar sus estudios. Su prometido, Julio José Jiménez-Artunduaga, es un inmigrante colombiano en busca del sueño americano, que trabaja medio tiempo como mesero. Ambos marcharon desde Washington Square Park hacia la filial más cercana del Citibank, donde ella se dirigió a la caja para cerrar su cuenta tras explicar su decepción con la nueva comisión mensual de 17 dólares que el banco cobra a las cuentas con saldos inferiores a 6.000 dólares.
Como describe la demanda, la asamblea comenzó con el “anuncio de los participantes del monto de sus deudas, hablaron además de sus experiencias con los préstamos estudiantiles y enumeraron estadísticas vinculadas a la deuda de los estudiantes ya egresados”. El personal del banco llamó a la policía y Julio salió para evitar cualquier tipo de conflicto. Heather cerró su cuenta y también se marchó. En ese momento apareció un numeroso grupo de oficiales del Departamento de Policía de Nueva York ( NYPD , por sus siglas en inglés), entre ellos el Jefe del Departamento, Joseph J. Esposito, al igual que otros oficiales vestidos de civil. La policía irrumpió en el banco, trancó las puertas y comenzó a arrestar a quienes estaban participando de la asamblea.
Si bien Heather estaba afuera, un oficial vestido de civil la identificó como manifestante y le dijo que regresara al banco. Ella dijo que era una cliente y mostró su recibo. Para su asombro, como documentan las cámaras de video, el oficial la tomó por atrás y la empujó para obligarla a regresar al banco. Comenzó a gritar, pero en cuestión de segundos apareció en el vestíbulo rodeada de una docena de policías, donde fue esposada a la fuerza y arrestada. Julio también fue tratado con brutalidad y arrestado, todo por cerrar una cuenta en el Citibank.
Estuvieron más de 30 horas en custodia policial y fueron acusados de resistirse al arresto y de invasión de la propiedad privada. Un mes más tarde, la oficina del Fiscal de Distrito de Nueva York informó que levantaría los cargos cuando comparecieran ante el tribunal. Heather y Julio de todos modos querían ver en el tribunal al Jefe Esposito y a los demás oficiales que los arrestaron, para exigirles una explicación por el uso excesivo de fuerza ejercido por los oficiales y el arresto ilegal de ambos.
Apenas semanas después de su arresto, el 5 de noviembre, miles de personas de todo Estados Unidos participaron de la acción llamada “Día de la Transferencia Bancaria”. Kristen Christian estaba molesta con el anuncio de que el Bank of America iba a cobrar una comisión mensual de 5 dólares por el uso de la tarjeta de débito. Creó un evento en Facebook y lo compartió con sus amigos. Al poco tiempo, el Día de la Transferencia Bancaria contaba con 85.000 seguidores en Internet.
Kristen informó que ese día se crearon 40.000 cuentas nuevas en cooperativas de ahorro y crédito sin fines de lucro en todo el país. Afirmó que la cuota de 5 dólares, que Bank of America había eliminado desde entonces, “muestra el poco contacto que los ejecutivos de los grandes bancos tienen con la gente...en el caso de Bank of America, la cuota solo se aplicaba a titulares que tenían menos de 20.000 dólares depositados entre todas sus cuentas. No podía apoyar a una empresa que tiene como blanco directo de su lucro a los más pobres y a la clase trabajadora”.
Poco después de la crisis financiera de finales de 2008, activistas de Oregon comenzaron a considerar la creación de un banco público del estado, utilizando como modelo al único banco estatal de Estados Unidos, el de Dakota del Norte. Las ciudades de Portland y Seattle están considerando actualmente sacar sus grandes cuentas municipales de los bancos de Wall Street. Según un informe, el Bank of America podría perder hasta 185.000 millones de dólares de clientes que cerrarán sus cuentas.
En enero de 2010 se creó Move Your Money Project, un proyecto que alienta a las personas a pasar sus fondos a bancos locales sin fines de lucro para desfinanciar a los megabancos de Wall Street. Sus impulsores publicaron un video inspirado en la película de 1946 “¡Qué bello es vivir!” (It’s a wonderful life), en la que el protagonista, George Bailey, lucha para proteger a los consumidores del avaro presidente del banco, el señor Potter. Como Bailey dice en la película: “Esta ciudad necesita a esta miserable e insignificante institución aunque tan solo sea para tener un lugar para que la gente venga sin tener que ponerse de rodillas ante Potter”. El video de Move Your Money finaliza con el siguiente mensaje: “Si dejas tu dinero en los grandes bancos, lo usarán para pagar a sus lobbistas para evitar que el Congreso modifique el sistema... No solo debes mirar ’¡Qué bello es vivir!”...saca tu dinero del banco”.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/11/23/cierre_de_cuentas_en_los_bancos_que_no_rinden_cuentas

viernes, 18 de noviembre de 2011

Occupy Wall Street y el nuevo mundo feliz

Amy Goodman
Democracy Now!

Traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español

Apenas pasada la 1 de la madrugada del martes recibimos la noticia de que la policía de la ciudad de Nueva York estaba haciendo una redada en el campamento de Occupy Wall Street. Fuimos rápidamente con el equipo de noticias de Democracy Now! hasta Zuccotti Park, ahora bautizado Plaza de la Libertad. Cientos de policías antidisturbios ya habían rodeado el área. Mientras la policía destrozaba las carpas, trabajadores de limpieza de la ciudad lanzaban las pertenencias de los manifestantes a los camiones de basura. Más allá de las barricadas, en el centro del parque, entre 200 y 300 personas se tomaban de los brazos formando una cadena humana y se negaban a ceder el espacio que habían ocupado durante casi dos meses. Fueron esposados y arrestados uno a uno.
Los pocos miembros de la prensa que logramos atravesar las barreras policiales fuimos enviados al área asignada a los periodistas, al otro lado de la calle frente al Zuccotti Park. Cuando nuestras cámaras comenzaron a grabar, estacionaron dos autobuses delante para impedirnos ver lo que sucedía del otro lado. Mis compañeros y yo logramos pasar entre los autobuses e ingresar al parque tras atravesar una montaña de carpas desarmadas, toldos y sobres de dormir. La policía casi logra impedir que los medios vean la destrucción.
Entre una pila de cosas amontonadas vimos una biblioteca destrozada. Ya dentro del parque encontré un libro en el suelo. Tenía inscripta la sigla “OWSL” de Occupy Wall Street Library, también conocida como la Biblioteca del Pueblo, una de las principales instituciones que había surgido de la dinámica democrática del movimiento. Según los últimos datos de los que se tenía registro, la biblioteca contaba con un total de 5.000 libros recibidos a través de donaciones. El que encontré entre los escombros de la democracia que estaba siendo arrojada a la basura fue “Nueva visita a un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
A medida que avanzaba la noche aumentaba la ironía de haber hallado el libro de Huxley. Lo escribió en 1958, casi 30 años después de su famosa novela distópica “Un mundo feliz”. La obra original describía una sociedad del futuro donde la gente estaba estratificada entre pudientes y desposeídos. A los habitantes del “mundo feliz” se les proporcionaba placer, distracción, publicidad y drogas intoxicantes para volverlos complacientes: un mundo de perfecto consumismo donde las clases bajas hacían todo el trabajo para la élite.
“Nueva visita a un mundo feliz” fue el ensayo de Huxley en respuesta a la velocidad en que observó que la sociedad moderna se dirigía hacia ese futuro desolador. Haberme topado con ese libro no podía ser más pertinente: el campamento, que había sido motivado en gran medida por la oposición a la supremacía del comercio y la globalización, estaba siendo destruido.
Huxley escribió en su libro: “La Gran Empresa, hecha posible por el avance de la tecnología y la consiguiente ruina de la Pequeña Empresa, suele ser gobernada por el Estado, es decir, por un reducido grupo de jefes de partido y los soldados, policías y funcionarios públicos que cumplen sus órdenes. Una democracia capitalista, como la de los Estados Unidos, suele ser gobernada por lo que el profesor C. Wright Mills ha llamado la Élite del Poder”. Y continúa: “Esta Élite del Poder procura directamente ocupación en sus fábricas, oficinas y comercios a varios millones de los trabajadores del país, domina a muchos millones más prestándoles dinero para la compra de lo que ella produce y, como dueña de los medios de comunicación en masa, influye en el pensar, el sentir y el obrar de virtualmente todo el mundo”.
Uno de los trabajadores voluntarios de la Biblioteca del Pueblo, Stephen Boyer, estaba allí cuando allanaron el parque. Tras evitar ser arrestado y brindar primeros auxilios a sus compañeros, escribió: “Destruyeron todo lo que trajimos al parque. Nuestra hermosa biblioteca fue destruida. Nuestra colección de 5.000 libros desapareció. Nuestra carpa, que fue una donación, también fue destruida al igual que todo el esfuerzo que hicimos para levantarla”.
Poco después, la oficina del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, publicó una foto de una mesa con algunos libros y afirmó que los libros fueron bien conservados. Mientras tanto, la Biblioteca del Pueblo escribía el siguiente mensaje en tweeter: “Estamos contentos de ver que algunos libros están en buen estado. Ahora bien, ¿dónde están el resto de los libros y nuestra carpa y nuestras cajas?”. La carpa había sido donada a la biblioteca por la ganadora del Premio Nacional del Libro y leyenda del rock Patti Smith.
Muchos otros sitios de protesta del movimiento Occupy en otras ciudades fueron allanados recientemente. La alcaldesa de Oakland, Jean Quan, confesó a la BBC que había participado en una conferencia telefónica junto a los alcaldes de otras 18 ciudades para hablar de la situación. Otro informe de prensa observó que el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional habían asesorado a las autoridades de las ciudades.
Un juez del estado de Nueva York falló el martes a favor del desalojo y dictaminó que los manifestantes no pueden regresar al Parque Zuccotti ni con sus sobres de dormir ni con sus carpas. Tras el fallo, un abogado constitucionalista me envió un mensaje de texto que decía: “Solo recuerda: el movimiento está en las calles. Los tribunales siempre son el último recurso”. O como canta Patti Smith: “El pueblo tiene el poder”.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/11/17/occupy_wall_street_y_el_nuevo_mundo_feliz

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Perdió la Democracia

Quedaron enterradas las expectativas que había despertado en el propio Estados Unidos y en el exterior, el gobierno de Barack Obama. Algunos intentos de cambiar la agenda (reforma de salud, reforma financiera), quedaron ocultos por el continuismo en la política internacional. Tras estar en penumbras o a un costado del escenario, mientras los flashes y las luces se centraban en el oriundo de Honolulu, irrumpieron en el centro del escenario nuevamente los poderosos, apoyados, entre otros por los Grandes Medios y el Tea Party, curisoso grupo ultraconservador que ve en los comunistas a los grandes enemigos de su modo de vida. Les atrasa el reloj, pero a ellos no les importa, aunque las consecuencias las siguen pagando los mismos.
A continuación un interesante análisis de Amy Goodman, conductora del Programa Democracy Now!
Perdió la democracia Por Amy Goodman * Al cierre de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, el mayor ganador aún no ha sido declarado, a saber: los grandes medios de comunicación. El mayor perdedor, mientras tanto, ha sido la democracia. Estas fueron las elecciones legislativas de mitad de mandato más caras en la historia de Estados Unidos: costaron casi cuatro mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones se gastaron en publicidad. Me pregunto qué pasaría si el tiempo publicitario para las campañas fuera gratuito. No se oyen debates al respecto, y no se oyen porque las corporaciones que manejan los medios masivos de comunicación obtienen inmensas ganancias con los avisos publicitarios de las campañas políticas. Sin embargo, las ondas radioeléctricas que los medios utilizan para emitir sus señales son públicas. Esto me recuerda el libro escrito en 1999 por el especialista en medios de comunicación Robert McChesney: Rich Media, Poor Democracy (Medios ricos, democracia pobre). En su libro, McChesney escribe: “Los medios tienen poco incentivo para brindar cobertura a los candidatos ya que resulta de su interés forzarlos a publicitar sus campañas.” El grupo de investigación Wesleyan Media Project, de la Universidad Wesleyan, hace un seguimiento de la publicidad política. Tras el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso Citizens United contra la Comisión Federal Electoral por el cual se autoriza a las grandes corporaciones a destinar sumas ilimitadas de dinero a la campaña publicitaria de los candidatos, el proyecto hace notar que “el tiempo de aire destinado a publicidad se ha saturado de anuncios relacionados con la Cámara de Representantes y el Senado, que ocupan hasta un 20 y un 79 por ciento respectivamente del total de tiempo de aire”. Evan Tracey, fundador y presidente del grupo de análisis de campañas publicitarias Campaign Media Analysis Group, predijo el pasado mes de julio en declaraciones para el periódico USA Today que “habrá más dinero que espacio de aire que comprar”. Por su parte, John Nichols, del semanario The Nation, comentó que en los amables primeros tiempos de la publicidad política televisiva, los canales de TV nunca habrían emitido el aviso a favor de un candidato a continuación de un aviso publicitario en contra de ese candidato. Pero no están tomando en cuenta el patrimonio ligado a los grandes medios. Bienvenidos al “mundo feliz” de las campañas de miles de millones de dólares. En el pasado ha habido intentos de regular el uso de las ondas radioelétricas para que estén al servicio de la población durante las elecciones. En los últimos años, el intento más ambicioso fue el que se conoce como “Reforma del financiamiento de las campañas electorales de McCain-Feingold”. Durante el debate sobre esta histórica legislación, tanto demócratas como republicanos hicieron referencia al problema de las exorbitantes tasas de publicidad televisiva. El senador por Nevada John Ensign, republicano, se lamentaba: “Las emisoras no querían ni pensar en las campañas electorales porque era el momento del año en que ganaban menos dinero debido a la baja tasa unitaria que existía durante ese período. Ahora es uno de sus momentos preferidos ya que, de hecho, es uno de los momentos del año con más amplio margen de ganancias”. Finalmente, para que el proyecto de ley fuera aprobado, se omitieron las cláusulas referentes al “tiempo público de aire”. El fallo en el caso de Citizens United neutraliza eficazmente la Reforma del financiamiento de las campañas de McCain-Feingold. Ni imaginemos lo que se gastará en las elecciones presidenciales de 2012. El senador por Wisconsin Russ Feingold perdió la oportunidad de ser reelegido en su disputa contra el prácticamente autofinanciado multimillonario Ron Johnson. El editorial del periódico Wall Street Journal celebró la esperada derrota de Feingold. El periódico es propiedad de la corporación News Corp., de Rupert Murdoch, que posee además la cadena de televisión Fox y que donó casi dos millones de dólares a la campaña de los republicanos. “Las elecciones se han convertido en un bien comercial, un centro de ganancias para estas radios y canales de televisión”, me dijo el día de las elecciones Ralph Nader, defensor de los consumidores y ex candidato a presidente. Me dijo además: “Las ondas públicas, como sabemos, pertenecen al pueblo. El pueblo es el propietario y las cadenas de radio y televisión son las titulares de las licencias para usar esas ondas, digamos que son como inquilinos. Sin embargo, para obtener su habilitación anual, no pagan nada a la Comisión Federal de Comunicaciones. Así, resultaría bastante persuasivo, si tuviéramos políticas públicas que impusieran módicas condiciones para obtener la habilitación que permite a estas cadenas de radio y televisión acceder al inmensamente lucrativo control de las ondas públicas 24 horas al día, podríamos decirles que como parte del intercambio por controlar estos bienes comunes, por decirlo de alguna manera, deben destinar cierta cantidad de tiempo, tiempo gratuito, en la radio y la televisión a los candidatos electorales”. Este tema debería ser puesto en debate en los grandes medios de comunicación, dado que en ellos obtiene información la mayoría de los estadounidenses. Pero las emisoras de radio y televisión tienen un profundo conflicto de intereses. En su orden de prioridades, sus ganancias están antes que nuestro proceso democrático. Seguramente no oiremos hablar de este tema en los programas de entrevistas políticas de los domingos por la mañana. * Conductora del noticiero internacional Democracy Now! Denis Moynihan colaboró con esta columna. Traducción de Fernanda Gerpe.