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lunes, 19 de diciembre de 2011

¿QUÉ PASARÁ CUANDO LOS SACRIFICIOS NO ACABEN CON LA CRISIS?

Reportaje a Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, edición española.

Ana Flores.

“La mundialización financiera ha creado su propio Estado. Un poder sin sociedad. Este rol es ejercido por los mercados (…). Las sociedades realmente existentes son sociedades sin poder. Y todo esto no deja de agravarse”.

Esas palabras tienen 14 años. En diciembre de 1997, Le Monde Diplomatique publicaba el editorial del director de su versión en español, Ignacio Ramonet, Desarmad los mercados financieros. Una alerta que sería germen del movimiento Attac, hoy presente en 40 países, que lucha por la creación de una tasa a las transacciones financieras mundiales (inspirada en la Tasa Tobin) para ir echando “granos de arena” en el engranaje de la especulación.

14 años después, dos países del Viejo Continente han visto cómo sus gobiernos elegidos en las urnas eran sustituidos por unos gestores de quiebras mientras el resto atribuye al mercado decisiones y recortes. Podría decirse que Ramonet, que participó esta semana en el Foro Burgos organizado por Banca Cívica, acertó.

¿Se cae Europa?

Es un momento extremadamente delicado. Da la sensación de que no hay a la cabeza una generación política a la altura de la crisis apocalíptica que estamos viviendo. Y no nos hemos sorprendido lo suficiente de que, en los últimos meses, Alemania y Francia hayan asumido un poder que nadie les ha dado. Hemos leído: ‘Rajoy habla con Merkel'. ¿Lo primero que hace el vencedor de unas elecciones con un resultado abrumador es llamar al jefe? No estamos en un Estado federal. España no es Dakota ni Berlín, Washington. Pero manda Merkel con Sarkozy de coartada.

Hay quien dice que Merkel asume el liderazgo porque no hay otro poder fuerte .

Si Merkel es quien está pilotando la crisis, el resultado es muy malo. Grecia va cada vez peor. Su PIB es el 3% de la zona del euro. Cuando estalló la crisis, se podía haber solucionado con un pequeño esfuerzo económico. Ahora, la gangrena ha subido. Austria y Francia tienen triple A (máxima calificación en su deuda) y las atacan. No se sabe si el euro será capaz de resistir. A Portugal se le ha impuesto una cura de caballo, se le ha impuesto la recesión y como resultado, le acaban de volver a bajar el rating. Esto no funciona.

¿Tampoco para Alemania?

Los alemanes se van a despertar dentro de poco constatando que la mayoría de los países europeos no compran. Y que ellos no exportan.

¿Por qué no lo ven?

No están a la altura. Están aplicando recortes de manual a situaciones que no se corresponden. Están alentando a los mercados a seguir ejerciendo presión. Los mercados están desbocados porque durante años ha habido una desregulación que les dejó hacer lo que querían. Los políticos prometieron cambiarla en el G-20. Sarkozy prometió la tasa a las transacciones. Pero los mercados no quieren y no se adopta.

¿A qué nos enfrentamos?

Si seguimos así, la primera amenaza es que no estamos seguros de que el euro vaya a resistir. Nadie puede afirmar que seguirá siendo lo que es dentro de tres meses o de un año. Mucha gente apuesta por que desaparecerá o quedará restringido al área de influencia de Alemania.

¿Europa se ha convertido en la primera ficha de un nuevo dominó?

La crisis de la deuda europea puede tener incidencia a escala global. Muchos se han olvidado, entre ellos Alemania, de que la globalización es la articulación de todos los mercados. Si la zona euro entra en congelación por la austeridad, no se potenciará el consumo. Ya hay en Europa 23 millones de desempleados cinco millones en España y 80 millones de pobres, personas que no consumen. El mundo funciona con dos motores, dos grandes centros de consumo: EEUU y la Unión Europea, ambos amenazados por la recesión. Si se paran, China va a fabricar menos. De hecho, el ritmo de crecimiento chino ya ha bajado. Si China deja de importar, dejará de comprar también materias primas, los minerales que compra a Perú y Chile y los productos agrícolas que compra a Brasil y Argentina. Esos países dejarán de crecer. Y en 2013 o 2014 podemos encontrarnos con una recesión internacional.

¿Puede el mundo soportarlo?

La pregunta es, si la recesión se prolonga en Europa, hasta dónde soportarán las sociedades europeas la purga a la que se está sometiendo a la población. Cuánto va a crecer la extrema derecha, cuánto la protesta social. La historia no se detiene y esto es un golpe de Estado financiero. Los mercados han decidido tomar el poder. En Grecia e Italia, la evidencia es total. Se han colocado personas que han trabajado de uno u otro modo con Goldman Sachs, especialista en colocar a su gente en puestos de poder, pero ahora al frente de países.

¿Qué se puede hacer?

La sociedad debe reflexionar para seguir defendiendo que otras soluciones son posibles. Hay que volver a planteamientos keynesianos (estimular el crecimiento económico inyectando dinero público). No lo digo yo. Lo dicen (Paul) Krugman y (Joseph) Stiglitz. Hay que hacer políticas anticíclicas, encontrar soluciones para salir de la situación. Veo difícil que se adopten en el contexto actual pero, si los gobiernos no se deciden, vamos a la catástrofe. Quizás si Francia pierde la triple A, Alemania verá que se hunde la última barrera que los protege. Los eurobonos podrían ser una solución a la crisis de la deuda, pero por otro lado habría que prohibir los hedge funds (fondos de alto riesgo), implantar la tasa a las transacciones, no operar con bancos que utilicen paraísos fiscales. Quién lo va a hacer si no hay autoridad. El euro es la única moneda que no está respaldada por una autoridad política, no tiene Gobierno y los mercados se han dado cuenta, han visto que se podían enriquecer fácilmente.

¿Por qué arrasa la derecha en Europa si trae recortes aún mayores que los que se han visto?

Es posible que una parte de la sociedad, teniendo en cuenta que muchos medios de comunicación dominantes insisten en que la línea de la ortodoxia es la única, acepten la idea de los recortes. El pánico a que el euro desaparezca genera mucha disciplina. Se ha visto en Catalunya en estas elecciones. Una parte del electorado piensa que es o recortes o caos, y votan recortes. El problema es qué pasará cuando no pase nada. Cuando los sacrificios no hayan puesto fin a la situación de crisis. Esa es la preocupación.

¿Piden realmente los mercados ajustes y reformas, teniendo en cuenta que no funcionan?

Los mercados no saben lo que quieren. No hay un objetivo concreto. Buscan ganar dinero. Pero es posible que la especulación acabe por destruir el sistema.

+ (PE/Atrio) (*) Publicado en Público, Madrid, el 27/11/2011 - Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
ATTAC 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Entrevista a Ignacio Ramonet: "La información no funciona"

Horacio Bilbao
Revistaenie

Cuando nos enfrentamos a las injusticias, es fundamental no quedarse sentado quejándose por lo mal que van las cosas. Aprender a analizar la situación y buscarle una solución es esencial para mantener una actitud positiva y conseguir que se realice el cambio. Y justamente esto es lo que hace Ignacio Ramonet, una crítica sobre el sistema mediático para que el público pueda volver a confiar en los medios de comunicación.

♦ ♦ ♦

En “La explosión del periodismo”, su nuevo libro, Ignacio Ramonet, el semiólogo español, analiza los cambios que Internet detonó en el sistema mediático y la siempre tensa relación entre el que informa y el poder. Desde que Internet se volvió masiva, digamos, hace unos 15 años, el trabajo de los periodistas entró en una nueva dimensión. Si contar, analizar y contextualizar los hechos centrales de nuestra civilización siempre ha sido la tarea, esa tarea está cada vez más conectada, invadida, por otra impostergable, la de explorar las características de esta nueva atmósfera mediática. Expertos en arte, política, economía, deportes o cualquier otra especialidad, dividen su tiempo y libido en analizar el medio que les cayó encima, en tratar de entenderlo para terciar en esta encrucijada que por ahora no ofrece salidas claras.

Lo sabe bien el semiólogo español Ignacio Ramonet, que ha pasado por la Argentina respondiendo a una metralla de preguntas. Llegó para hablar sobre las rebeliones en el mundo árabe y para difundir su nuevo libro, La explosión del periodismo (Capital Intelectual) y ha andado a los saltos entre el mundo virtual y el físico para explicarse. Del laboratorio al terreno de juego, del pensamiento a las prácticas concretas. De la crisis europea a esta Argentina en la que todo se debate y cuestiona. Y todo, en una atmósfera de enorme confusión en la relación entre el que informa y el poder.

-Su libro está atravesado por un concepto clave: la inseguridad informacional. Y para explicarlo apela a factores negativos, muchos devenidos de Internet. ¿No cree que esta inseguridad informativa, a largo plazo, puede favorecer el desarrollo de una mirada crítica de las audiencias?

-Mi intención no era presentarlo ni positiva ni negativamente, sino hablar de un concepto que hasta ahora no había sido descripto, la inseguridad informativa. Hoy, cuando los ciudadanos toman contacto con la información, no están seguros de que esa información sea verdadera. No me refiero a una intencionalidad de mentir, sino a que el sistema mediático no puede garantizar en el momento que emite la información, que esa información sea verdadera. Por ejemplo, todos los días nos dicen que Gadafi se encuentra en tal lugar, que va a ser detenido, que al hijo de Gadafi lo dieron por detenido…Pero nunca resulta cierto. ¿Quién está en el origen? No me interesa. Me interesa que la información no funciona.

-¿No importa a quiénes beneficie o perjudique?

-No es pertinente. Lo que me interesa es que el sistema tiene averías. No puede impedir que una información no verificada, que va a ser desmentida, llegue al público. El sistema que se dice “el más sofisticado de la historia de la comunicación”, con más tecnología, es incapaz de dar una información elemental, segura. Eso es lo que llamo inseguridad comunicacional. Es semejante a muchas otras inseguridades. La alimentaria; consumes carne o fruta y te estás envenenando. La inseguridad, de una dimensión estructural en nuestras sociedades modernas, también existe en la información.

-La erosión de la confianza se suma a la erosión de los soportes físicos –el libro habla de la información como fluido constante– y los medios enfrentan un escenario preocupante. Las respuestas que venimos dando son pobres, ¿habrá salida?

-Quizá nuestro error sea pretender que una información, cuando la recibimos, ya esté perfecta. Eso es una exigencia de la era industrial, que se caracteriza precisamente porque las cosas se realizan, se fabrican, exactamente como han sido previstas. En la era digital no es así. Aunque nos choque, aunque nos escandalice, la información, cuando se difunde, es una información aproximada. Tenemos que ir perfeccionándola, interviniendo con herramientas, corrigiendo de aquí y de allá. Los propios periodistas, el sistema mediático, ya no controlan la información. En cierta medida, ya no ejercen el monopolio de la información. Hay que contar cada vez más con la información de los internautas para poder construir una información más exacta.

-Es llamativo que esa pérdida de confianza en los medios no se traslade a las compañías de Internet, a Facebook, Twitter y Google, que son empresas y se están quedando con las rutas de circulación informativa. ¿Cómo ve ese nuevo esquema?

-En esta fase incipiente en la que estamos, eso aún no se ve. Muchos internautas no ven que Google es una empresa, hace sus negocios, tiene sus beneficios gigantescos. Por el momento se ve el aporte de estas redes sociales. Pero yo digo en el libro que la información, en el sentido estricto de la palabra, se ha transformado en una materia prima estratégica: una empresa de telefonía gana más dinero que una petrolera. Se hace dinero utilizando esa materia prima que es la información.

-Hay quienes ven en esa relación con Google o Facebook un mecanismo de dominación del tipo deleuzeano, foucaultiano, que es voluntario, no coercitivo…

-Yo diría que, en este momento, hay una colaboración objetiva entre los usuarios y las empresas. Primero los usuarios les están agradecidos por haber inventado unas herramientas que antes no existían. Esa fascinación hace que no se vea la relación de poder que varios filósofos plantearon.

-Pese a las calamidades que sacuden la escena mediática, ve un horizonte de democratización de la información.

-Eventual.

-Destaca ideas como la de Nicholas Carr, que dice que Internet idiotiza. Si esto es así, difícilmente se vuelva más democrática, es contradictorio.

-Teóricamente, Internet permite una mayor democratización del conocimiento y un uso democrático de la política. Muchas informaciones indispensables ya circulan por Internet. Entonces, teóricamente, se puede avanzar hacia una democratización del saber, del conocimiento. Ahora, las dificultades son las de siempre. Carr dice que cuanto mayor es la extensión, menor es la profundidad. El no dice que idiotiza, sino que desarrolla ciertas aptitudes. Por ejemplo, ser capaz de saltar de un tema a otro muy rápidamente. Eso, a la vez, imposibilita prácticamente profundizar en un solo tema… Lo que se gana por un lado, se pierde por otro. Internet es a la vez una posibilidad virtual de ir hacia una democratización del conocimiento y de la información, pero también es la posibilidad de ir hacia una cretinización de la sociedad informatizada.

-Y apenas pasaron 20 años…

-Sería imprudente decir, como hace mucha gente, “Internet es ya una catástrofe”.

-¿Quiénes serán los nuevos encargados de marcar agenda? ¿Wikileaks? ¿“Celebrities” que en Twitter tienen más seguidores que muchos medios? Pueden tener información de primera mano pero no van a contextualizarla…

-Por el momento es muy confuso. Internet, digamos, es el porvenir mediático. Vamos en esa dirección. Los poderes aún funcionan con los hábitos tradicionales y aún no han aparecido nuevos medios de información en línea capaces de tener esta influencia de marcar agenda. Pero ya hay indicios. Por ejemplo, quien más marca la agenda en la política interior americana no es The Washington Post ni The New York Times. Es Politico.com, un diario digital. Han inventado un ritmo nuevo de hacer información, se consagran a la política del Congreso y a la actividad del Congreso y por consiguiente la información tiene un funcionamiento nuevo. Y si los medios tradicionales siguen teniendo influencia ¿por qué es? The New York Times que vende 800.000 ejemplares en una tirada, digamos, de 950.000 tiene 43.000.000 de usuarios en la Web. Esa es la masa crítica del diario. Digo que ya están surgiendo medios nuevos, específicos de la era de Internet y que están marcando agenda, pero no se puede extrapolar al resto del mundo.

-¿Cuáles son los medios más afectados?

-No son los periódicos, es la CNN, que tal vez vaya a desaparecer el día menos pensado; algo inconcebible el 11 de septiembre de 2001. Los periódicos no van a desaparecer, porque la sociedad seguirá necesitando información con otro ritmo, más lenta, que es lo que permite la prensa escrita, con periodistas capaces de contextualizar, que es algo fundamental para situar la noticia en tiempo y espacio. Y, por otra parte, la capacidad de que un medio escrito tenga algo que ver con un estilo literario. Los ciudadanos siempre querrán leer historias bien contadas. Hay que recordar que el público actual está mucho mejor formado que cualquier otro público de una época anterior, y está exigiendo más… Hay razones para ser optimistas.

-Pero el escenario para los periodistas se volvió frustrante. El espacio para el reportaje se reduce y seduce más el documental o la publicación de libros. ¿Son alternativas reales?

-Los mejores periodistas de la prensa televisada se están yendo al documental, efectivamente. Por otra parte, hoy en día, existe esta gran angustia por parte de los periodistas ya que su estatuto social se ha degradado, la situación material y social a escala internacional…

-Pienso en el caso del Journal de Montreal: la redacción estuvo de paro y el periódico siguió saliendo con el aporte de los usuarios hasta que los periodistas cedieron en sus reclamos.

-Es una lección, la he seguido de cerca. Resulta que cuando los periodistas recurren a la huelga, se puede hacer el diario simplemente convocando a los internautas.

-¿Qué pasa con las asociaciones de periodistas, los sindicatos?

-No sólo eso, también las sociedades de periodistas porque en Francia en particular, muchos periódicos, como el caso de Le Monde, donde trabajé, que se crearon en contextos como la Liberación de Francia en 1944 y donde los periodistas tenían un poder importante en la gestión del periódico, la crisis económica de esos diarios ha llevado a la casi desaparición del rol de esas sociedades. Por consiguiente, hoy los periodistas están muy poco protegidos.

-Aquí, en la Argentina, el clima es raro: categorizaciones, eufemismos, periodistas militantes, periodistas corporativos, ¿será necesario que los periodistas definamos una posición?

-Creo que el deber principal de un periodista es producir información según criterios profesionales. Hablar de periodistas militantes es una contradicción en su término, pero existe. Y también existen empresas militantes. Eso no es bueno para los periodistas, no es bueno para la relación que tiene que tener el medio con la sociedad. La sociedad necesita del periodismo. El periodismo está para desvelar lo que no funciona en una sociedad desde muchos puntos de vista. En una sociedad democrática, este tipo de debate que ustedes tienen aquí en la Argentina, surgen. Mira, Francia, con toda su experiencia democrática, con todas sus precauciones, instituciones que vigilan, deontología, etc, tiene este debate. Hay allí un sector público que depende, en cierta medida del Estado, y siempre se sospecha que el gobierno pueda intervenir. Por otra parte hay grupos mediáticos muy importantes que defienden sus intereses empresariales y también se sospecha que lo que publican, sobre todo hablando de Francia donde los grupos empresariales son grandes grupos que trabajan para el sector militar o el de la construcción, esté relacionado con sus intereses. Este debate no es un debate argentino, si me permiten. Ocurre en todo el mundo.

-Pero habrá singularidades…

-Estuve en Ecuador y ocurre el mismo debate; en Venezuela este debate lleva diez años. En muchos países de América latina existían lo que podemos llamar latifundios mediáticos. Hoy en día, hay gobiernos democráticamente elegidos en perfecta legalidad que están tratando de crear un mayor equilibrio entre el sector público y el sector privado. Les restan una parte del espacio a los antiguos latifundios y esto crea un debate. Hay que verlo como un debate democrático porque hoy en día los grupos mediáticos, el Gobierno, el Estado o los periodistas, tienen interés en que se clarifique esto. El mayor interés de los periodistas es salvaguardar su derecho en dar una información que no esté determinada por el poder del dinero o por el poder político.

-Ha estado con Fidel Castro, con Correa, con Chávez, ¿qué transmiten con respecto a su visión de lo que debe ser la relación con los medios? Saquemos a Cuba, un caso distinto.

-Sí, allí, sencillamente no hay casi discusión en los medios (la hay en cambio en las asambleas populares). Y yo creo que Correa y Chávez, como tantos otros dirigentes, lo que tratan de crear es un servicio público de información. Que no sean las empresas las que tengan todo el poder mediático, que tengan menos. No por ello han conseguido reducir la intensidad de los ataques infames contra estos gobiernos, que son democráticos. Basta con leer la prensa dominante en Venezuela. Aunque Chávez se ha sometido a once elecciones lo tratan de 'usurpador'. Él busca crear un espacio nuevo. Yo creo que eso es sano.

Ignacio Ramonet es periodista, director de "Le Monde diplomatique en español", doctor en Semiología e Historia de la Cultura y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII). Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, es una de las figuras principales del movimiento antiglobalización.

sábado, 1 de octubre de 2011

El nuevo "sistema-mundo"


Ignacio Ramonet

Le Monde Diplomatique

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”? La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”...
Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.
Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.
En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.
Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.
En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causará, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar...
El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.
Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.
Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.
Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.
El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.
Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.
En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.
Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.
Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada... Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.
Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.
El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento... El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=13b9ad43-3237-4ad5-b889-e064cc43ac62

miércoles, 28 de septiembre de 2011

GENERACIONES SIN FUTURO



“Le monde ne sera sauvé, s’il peut l’être, que par des insoumis"

André Gide

Ignacio Ramonet

Primero fueron los árabes, luego los griegos, después los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes y finalmente el mes último, con furia y mucho ruido, por los británicos. Una epidemia de indignación subleva a la juventud mundial. Parecida a la ola, que en los años 1967 y 1968, y desde California a Tokio, pasando por París, Berlin, Madrid y Praga estremeció al planeta y conmocionó no tanto a la política sino las costumbres de nuestras sociedades occidentales.
Actualmente es diferente. El mundo ha cambiado para peor. Está viviendo una gran regresión, Se han evaporado muchas esperanzas. El ascenso social ha fracasado. Por primera vez en un siglo, las nuevas generaciones europeas corren el riesgo de que su nivel de vida sea inferior al del de sus padres. El modelo de globalización neoliberal embrutece a los pueblos, humilla a los ciudadanos y despoja a los jóvenes de la esperanza de tener una vida decente. La crisis financiera, tanto como las “soluciones” propuestas para combatirla, sobre la base de una mayor austeridad y de crudeza hacia las clases modestas y medias, agravan el malestar general. Los estados democráticos están en tren de renegar de sus propios valores. Y uno se pregunta por otra parte, como es posible que conduzcan al mismo tiempo guerras distantes – Irak, Afganistán, Libia – en nombre de esos mismos valores democráticos de los que ellos mismos reniegan…
En estas circunstancias ¿de qué sirven la sumisión y la obediencia? Las cada vez más frecuentes explosiones de indignación y de rebelión se perciben como naturales, como normales…La cólera y la violencia se sienten surgir en todas partes.
Son explosiones que no adoptan en todas partes el mismo formato. La fogosa detonación inglesa de principios de agosto pasado se diferenció por ejemplo, de las otras manifestaciones juveniles, esencialmente no violentas (aunque se hayan producido algunos aislados enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile o algún otro lugar) por su elevado nivel de vehemencia
Existe otra diferencia fundamental: los amotinados ingleses, puede ser por la clase a que pertenecen, no fueron capaces de verbalizar su descontento. No supieron tampoco poner su exasperación al servicio de una causa política. O aprovecharla para denunciar alguna injusticia concreta. En su efímera y brutal guerrilla urbana tampoco atacaron sistemáticamente a los bancos… Como si su bronca de excluidos o de despojados solo pudiera ser apaciguada por las “maravillas” de los escaparates. Al fin y al cabo como tantos otros “indignados” del mundo estas rebeliones expresaban su desesperación por ser los olvidados de un sistema incapaz de ofrecerles un lugar en la sociedad o un porvenir digno.
En Chile y en Israel, los estudiantes han estado en la primera línea. Especialmente irritados ante la obsesión neoliberal de privatizar los servicios públicos. Esa privatización les representa, un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. Los que no poseen por lo menos de escuela pública, de hospital público, de transportes públicos, etc. Y que son gratuitos o casi, subvencionados por la comunidad. Cuando un gobierno los privatiza, no solamente despoja a todos los ciudadanos de un bien que les pertenece (porque ha sido pagado con sus impuestos) pero además les roba especialmente a los pobres de los que es su único patrimonio. Una doble injusticia. Y una de las razones de la bronca actual.
Para justificar el furor de los insurgentes de Tottenham, un testigo denunció que: “El sistema no deja de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Reduce los presupuestos de los servicios públicos. La gente muere en las salas de espera de los hospitales públicos después de haber esperado a un médico horas y horas … (1)”
En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la des privatización de la educación (privatizada durante la dictadura del general Pinochet 1973-1990) Exigen que el derecho a la educación pública y gratuita se incorpore a la Constitución. Y explican que “la educación ya no es más un mecanismo de movilidad social. Por el contrario es un sistema que reproduce las desigualdades sociales”(2)
Al grito de “El pueblo quiere justicia social” el 8 de agosto último en Tel-Aviv unas 300 mil personas manifestaron a favor de los jóvenes “indignados” que exigen el cambio de las políticas públicas instaladas por el gobierno de Benyamin Netanyahou (3) “Cuando una persona que trabaja – declaró una estudiante – no alcanza ni siquiera a comprar lo que necesita para una correcta alimentación es porque el sistema no funciona. No se trata de un problema individual, es un problema del gobierno (4)”
Desde los años 80, la moda de la economía reaganiana ( reaganomics) en todos estos países – y especialmente en los de la Unión europea (UE) debilitada aún más hoy en día por la crisis de la deuda soberana, las recetas de los gobiernos (tanto de derecha como de izquierda) han sido las mismas: drástica reducción de los gastos públicos con recortes particularmente importantes en los presupuestos sociales. Los resultados de estas políticas. Un espectacular aumento del desempleo en los jóvenes (21% en el seno de la UE: 42% en España) Es decir la imposibilidad de ingresar en la vida activa para toda una generación. El suicidio de una sociedad.
En lugar de reaccionar, los gobiernos aterrados por las recientes caídas de las Bolsas, insisten en querer complacer a los mercados. Cuando la prioridad debería ser desarmar los mercados (5) Obligarlos a someterse a estrictas reglamentaciones ¿Hasta cuando se deberá aceptar que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene entonces la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si al fin de cuentas son los mercados los que deciden?
Aún en el seno mismo de la economía capitalista, no faltan las alternativas realistas. Defendidas y verificadas por reconocidos economistas. He aquí por ejemplo dos ideas. ¿Por qué el Banco central europeo no se transforma en un verdadero Banco Central? Podría prestar dinero (sobre la base de precisas condiciones) a los estados de la eurozona, permitiéndoles así financiar sus gastos. Sabemos que en el estado actual el BCE no puede hacerlo, lo que obliga a los gobiernos a dirigirse a los mercados aceptando intereses exorbitantes. Si se adoptara esta simple medida se terminaría la crisis de la deuda soberana.
Segunda idea: exigir inmediatamente la aplicación del impuesto (tasa) a las transacciones financieras. Un pequeño impuesto del 0,1% en todas las transacciones bursátiles y en los mercados monetarios, permitiría a la UE embolsar ingresos estimados entre 30 y 50 mil millones de euros, con los cuales financiar cómodamente los servicios públicos, restablecer el Estado providencia y ofrecer finalmente un radiante futuro a las nuevas generaciones.
Es evidente por lo tanto que las soluciones técnicas existen y el ¿quid de la voluntad política?

Notas:
[1] Libération, 15 de agosto de 2011.
[2] Le Monde, 12 de agosto de 2011
[3] Según una encuesta de opinión, las reivindicaciones de los “indignados” israelíes cuentan con el apoyo del 88% de la población (Liberation, op. cit.)
[4] Le Monde, 16 de agosto de 2011.
[5] Cf. Ignacio Ramonet, "Désarmer les marchés", Le Monde diplomatique, diciembre 1997.
Traducción Susana Merino

domingo, 31 de julio de 2011

Cambiar el sistema

Ignacio Ramonet Le Monde Diplomatique


Los eurófilos más extasiados lo machacan sin cesar: si no dispusiéramos del euro, dicen, las consecuencias de la crisis serían peores para muchos países europeos. Divinizan un euro “fuerte y protector”. Es su doctrina y la defienden fanáticamente. Pero lo cierto es que tendrían que explicarles a los griegos (y a los irlandeses, a los portugueses, a los españoles, a los italianos y a tantos otros ciudadanos europeos vapuleados por los planes de ajuste) qué entienden por “consecuencias peores”... De hecho, estas consecuencias son ya tan insoportables socialmente que, en varios países de la eurozona, está subiendo, y no sin argumentos, una radical hostilidad hacia la moneda única y hacia la propia Unión Europea (UE).
No les falta razón a estos indignados. Porque el euro, moneda de 17 países y de sus 350 millones de habitantes, es una herramienta con un objetivo: la consolidación de los dogmas neoliberales (1) en los que se fundamenta la UE. Estos dogmas, que el Pacto de Estabilidad (1997) ratifica y que el Banco Central Europeo (BCE) sanciona, son esencialmente tres: estabilidad de los precios, equilibrio presupuestario y estímulo de la competencia. Ninguna preocupación social, ningún propósito de reducir el paro, ninguna voluntad de garantizar el crecimiento, y obviamente ningún empeño en defender el Estado del bienestar.
Con la vorágine actual, los ciudadanos van entendiendo que tanto el corsé de la Unión Europea, como el propio euro, han sido dos añagazas para hacerles entrar en una trampa neoliberal de la que no hay fácil salida. Se hallan ahora en manos de los mercados porque así lo han querido explícitamente los dirigentes políticos (de izquierda y derecha) que, desde hace tres decenios, edifican la Unión Europea. Ellos han organizado sistemáticamente la impotencia de los Estados con el fin de conceder cada vez más espacio y mayor margen de maniobra a mercados y especuladores.
Por eso se decidió (a insistencia de Alemania) que el BCE fuese “totalmente independiente” de los Gobiernos (2). Lo cual concretamente significa que queda fuera del perímetro de la democracia. De ese modo, ni los ciudadanos ni los Gobiernos elegidos por éstos pueden entorpecer sus opciones liberales.
Hoy, esas características (impotencia de los políticos, independencia del BCE) son en parte responsables de la incapacidad europea para resolver el drama de la deuda griega. La otra causa es que, bajo su aparente unidad, la UE (en este caso particular la eurozona) está profundamente dividida en dos bandos casi irreconciliables: por una parte, Alemania y su área de influencia (Benelux, Austria y Finlandia); por la otra: Francia, Italia, España, Irlanda, Portugal y Grecia.
El origen de la deuda griega (como el de la de los demás países periféricos afectados por la crisis de la deuda soberana, incluida España) es conocido. Cuando Grecia fue admitida en la zona euro (3), las instituciones financieras consideraron inmediatamente que este pequeño Estado presentaba, a pesar de su evidente fragilidad y de sus escasos recursos, todas las garantías necesarias para recibir créditos masivos y baratos. Llovieron sobre Atenas ofertas de financiación a tipos de interés de ganga, en particular por parte de bancos alemanes y franceses que incitaron a los gobernantes helenos a endeudarse a bajo coste y a largo plazo para adquirir principalmente material militar (4) alemán y francés...
Cuando estalla la crisis financiera de 2008 (llamada “de las subprimes”), ésta se extiende rápidamente al sector bancario europeo. Los establecimientos financieros carecen pronto de liquidez y restringen drásticamente el crédito. Lo que amenaza con asfixiar el conjunto de la economía. Para evitarlo, los Estados ayudan masivamente a la banca. Y la salvan. Para ello se endeudan aún más comprando dinero en el mercado internacional (ya que el BCE se niega a ayudarlos). Ahí, de repente, intervienen las agencias de calificación que sancionan el excesivo endeudamiento de los Estados (¡realizado para salvar a los bancos!)... Inmediatamente los tipos de interés de los préstamos a los Estados más endeudados se disparan... Y se produce la crisis de la deuda soberana.
En sí misma, la deuda griega es insignificante si se tiene en cuenta que el PIB de Grecia representa menos del 3% del PIB de la eurozona. El problema, técnicamente, podía haberse resuelto hace ya más de un año sin gran dificultad. Pero el gobierno conservador alemán, que enfrentaba entonces unas complicadas elecciones locales (finalmente perdidas), estimó que no sería moralmente justo que los griegos, acusados de “corrupción” y de “laxismo”, saliesen tan rápidamente del mal paso. Había que castigarlos para que no cundiese “el mal ejemplo”.
Una ayuda demasiado rápida a Atenas, declaró Angela Merkel, “tiene el efecto negativo de que otros países en dificultades podrían dejar de hacer esfuerzos” (5). Por eso, con el apoyo de sus aliados, Berlín empezó a poner pegas de todo tipo. Dejando pasar los meses.
Plazo que los mercados, excitados por el desacuerdo político europeo, aprovecharon para cebarse en Grecia. Todo se complicó entonces. Finalmente, Alemania acabó por aceptar un (incompleto) plan de ayuda con una condición: que participase en él el Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Por qué? Por dos razones. Primero porque se estimaba que las instituciones europeas carecían de un verdugo lo suficientemente severo para escarmentar a los griegos. Segundo, porque la especialidad del FMI, desde hace cuarenta años, consiste en exigir siempre esfuerzos antisociales a los países endeudados. Sus recetas (aplicadas con saña en América Latina durante los años 1970 y 1980) son siempre las mismas: alza de las tasas al consumo, recortes brutales de los presupuestos públicos, estricto control de los salarios, privatizaciones masivas...(6).
El Gobierno de Papandreu tuvo que resignarse a adoptar un salvaje plan de austeridad. Pero el mal estaba hecho. El ritmo de la política europea es lento y largo, cuando el de los mercados es inmediato. Los especuladores entendieron que la Unión Europea era un gigante sin cerebro político, y el euro una “moneda fuerte” con estructura débil (no hay ejemplo en la historia, de una moneda que no esté encuadrada por una autoridad política). Atacaron a Irlanda, pasó lo mismo y volvieron a ganar. Atacaron a Portugal e ídem. Atacaron a España y a Italia, y los Gobiernos de estos países se apresuraron a autoimponerse las impopulares recetas del FMI.
Por toda Europa se extiende ahora la “doctrina de la austeridad expansiva”, que sus propagandistas presentan como un elixir económico universal cuando en realidad está causando un estrepitoso daño social. Peor aún, esas políticas de recortes agravan la crisis, asfixian a las empresas de todo tamaño al encarecer su financiación, y entierran la perspectiva de una pronta recuperación económica. Empujan a los Estados hacia la espiral de la autodestrucción, sus ingresos se reducen, el crecimiento no arranca, el paro aumenta, las (impresentables) agencias de calificación rebajan su nota de confianza, los intereses de la deuda soberana aumentan, la situación general empeora y los países vuelven a solicitar ayuda (7). Tanto Grecia, como Irlanda y Portugal –los tres únicos Estados “ayudados” hasta ahora por la Unión Europea (mediante el Fondo Europeo de Estabilización) y el FMI– han sidos precipitados, por los que Paul Krugman llama los “fanáticos del dolor” (8), a ese fatal tobogán.
Y el “Pacto del euro”, establecido en marzo pasado, tampoco resuelve nada. En realidad es una vuelta de tuerca suplementaria a la austeridad, un acuerdo “de competitividad” que prevé más recortes del gasto público, más medidas de disciplina fiscal, y penaliza principalmente –de nuevo– a los asalariados. Con amenazas de sanciones a los Estados que no cumplan el Pacto de Estabilidad (9). Propone la tutela de la deuda pública y un ritmo fijo de reducción, o sea: una limitación de la soberanía. “Los países europeos deben ser menos libres de emitir deuda”, afirma, por ejemplo, Lorenzo Bini Smaghi, miembro del directorio del BCE. Algunos eurócratas van más lejos, proponen que se le retire a un gobierno que no haya respetado el Pacto de Estabilidad, la responsabilidad de dirigir sus propias finanzas públicas...
Todo esto es absurdo y nefando. El resultado es una sociedad europea empobrecida en beneficio de la banca, de las grandes empresas y de la especulación internacional. Por ahora la legítima protesta de los ciudadanos se focaliza contra sus propios gobernantes, complacientes marionetas de los mercados. ¿Qué pasará cuando se decidan a concentrar su ira contra el verdadero responsable, o sea el sistema, es decir: la Unión Europea?


(1) Definidos en los Tratados de Maastricht (1993), de Amsterdam (1999), de Niza (2003) y de Lisboa (2009).
(2) Entre otras limitaciones, el BCE no puede prestar dinero a los Estados, sólo a la banca privada.
(3) Merced a un balance de su situación económica falseado y maquillado por el anterior gobierno conservador con la ayuda del banco estadounidense Goldman Sachs.
(4) Grecia es el principal importador de material militar de la Unión Europea y el Estado que consagra a su defensa (por razones de rivalidad con Turquía) el mayor porcentage de su PIB.
(5) El País, Madrid, 18 de julio de 2011.
(6) Léase Philippe Askenazy, “L’austérité imposée à la Grèce, de Charybde en Scylla”, Le Monde, París, 19 de julio de 2011.
(7) Aunque ha sido recibido con alivio por la prensa neoliberal, el nuevo plan de rescate a Grecia, anunciado el pasado 21 de julio, de poco servirá. Los mercados y los fondos buitres han olido la sangre y no detendrán sus ataques mientras no se les frene con auténticos cambios estructurales.
(8) Paul Krugman, “Cuando la austeridad falla”, El País, Madrid, 24 de mayo de 2011.
(9) Que fija el límite para el déficit presupuestario en un 3% del PIB, y el de la deuda soberana en un 60% del PIB.

Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=5053bc25-de12-4da0-969c-79395c452f3f

lunes, 4 de julio de 2011

La izquierda descarriada

  Ignacio Ramonet
 
Uno de los hombres más poderosos del mundo (jefe de la mayor institución financiera del planeta) agrede sexualmente a una de las personas más vulnerables del mundo (modesta inmigrante africana). En su desnuda concisión, esta imagen resume, con la fuerza expresiva de una ilustración de prensa, una de las características medulares de nuestra era: la violencia de las desigualdades.
 
Lo que hace más patético el caso del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y líder del ala derecha del Partido Socialista francés, Dominique Strauss-Kahn es que, de confirmarse, su batacazo constituye además una metáfora del actual descalabro moral de la socialdemocracia. Con el agravante de que revela, a la vez, en Francia, las carencias de un sistema mediático cómplice.
 
Todo ello indigna sobradamente a muchos electores de izquierda en Europa, cada vez más inducidos –como lo mostraron en España las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22 de mayo– a adoptar tres formas de rechazo: el abstencionismo radical, el voto a la derecha populista o la protesta indignada en las plazas.
 
Naturalmente, el ex jefe del FMI y ex candidato socialista a la elección presidencial francesa de 2012, acusado de agresión sexual y de tentativa de violación por la camarera de un hotel de Nueva York el pasado 14 de mayo, goza de presunción de inocencia hasta que la justicia estadounidense se pronuncie. Pero la actitud mostrada, en Francia, por los líderes socialistas y muchos intelectuales “de izquierda” amigos del acusado, precipitándose ante cámaras y micrófonos, para corear inmediatamente una defensa incondicional de Strauss-Kahn, presentándolo como el dañado principal, evocando “complots” y “maquinaciones”, ha sido realmente bochornosa. Ni una palabra tuvieron de solidaridad o de compasión hacia la presunta víctima. Algunos, como el ex ministro socialista de Cultura Jack Lang, en un reflejo machista, no dudaron en restar gravedad a los presuntos hechos declarando que “después de todo, nadie había muerto” (1).  Otros, olvidando el sentido mismo de la palabra justicia, se atrevieron a reclamar privilegios y un tratamiento más favorable para su poderoso amigo pues, según ellos, no se trata de “un acusado como cualquier otro” (2).
 
Tanta desfachatez ha dado la impresión de que, en el seno de las elites políticas francesas, cualquiera que sea el crimen del que se acuse a uno de sus miembros, el colectivo reacciona con un respaldo coligado que más parece una complicidad mafiosa (3). Retrospectivamente, ahora que resurgen del pasado otras acusaciones contra Strauss-Kahn de acoso sexual (4), mucha gente se pregunta por qué los medios de comunicación ocultaron ese rasgo de la personalidad del ex jefe del FMI (5). Por qué los periodistas, que no ignoraban las quejas de otras víctimas de hostigamiento, jamás realizaron una investigación a fondo sobre el tema. Por qué se mantuvo a los electores en la ignorancia y se les presentó a este dirigente como “la gran esperanza de la izquierda” cuando era obvio que su Talón de Aquiles podía en cualquier momento truncar su ascensión.
 
Desde hacía años, para conquistar la presidencia, Strauss-Kahn había reclutado brigadas de comunicantes de choque. Una de las misiones de éstos consistía en impedir también que la prensa divulgase el lujosísimo estilo de vida del ex jefe del FMI. Se deseaba evitar cualquier inoportuna comparación con la esforzada vida que llevan millones de ciudadanos modestos arrojados al infierno social en parte por las políticas precisamente de esa institución.
 
Ahora las máscaras caen. El cinismo y la hipocresía surgen con toda su crudeza. Y aunque el comportamiento personal de un hombre no debe prejuzgar la conducta moral de toda su familia política, es evidente que contribuye a preguntarse sobre la decadencia de la socialdemocracia. Tanto más cuando esto se suma a innumerables casos, en su seno, de corrupción económica, y hasta de degeneración política (¡los ex dictadores Ben Ali, de Túnez, y Hosni Mubarak, de Egipto, eran miembros de la Internacional Socialista!).
 
La conversión masiva al mercado y a la globalización neoliberal, la renuncia a la defensa de los pobres, del Estado de bienestar y del sector público, la nueva alianza con el capital financiero y la banca, han despojado a la socialdemocracia europea de sus principales señas de identidad. Cada día les resulta más difícil a los ciudadanos distinguir entre una política de derechas y otra “de izquierdas”. Ya que ambas responden a las exigencias de los amos financieros del mundo. ¿Acaso la suprema astucia de éstos no consistió en colocar a un “socialista” a la cabeza del FMI con la misión de imponer a sus amigos “socialistas” de Grecia, Portugal y España los implacables planes de ajuste neoliberal? (6) 
 
De ahí el hastío popular. Y la indignación. El repudio de la falsa alternativa electoral entre los dos principales programas, en realidad gemelos. De ahí las sanas protestas en las plazas: “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”. El despertar. El fin de la inacción y de la indiferencia. Y esa exigencia central: “El pueblo quiere el fin del sistema”.
 
Notas: (1) Declaraciones al telediario de las 20h en la cadena pública France 2 el 17 de mayo de 2011. (2) Bernard-Henri Lévy, “Défense de Dominique Strauss-Kahn” (www.bernard-henri-levy.com/defense-de-dominique-strauss-kahn-18909.html), y Robert Badinter, ex ministro socialista de Justicia de Francia, declaraciones a la radio pública France Inter,  17 de mayo de 2011. (3) Este colectivo ya dió pruebas de su tremenda eficacia mediática cuando consiguió movilizar en 2009 a la opinión pública francesa y a las autoridades en favor del cineasta polaco-francés Roman Polanski, acusado por la justicia estadounidense de haber drogado y sodomizado, en 1977, a una niña de 13 años. (4) En particular, la formulada por la escritora y periodista Tristane Banon. Léase: “Tristane Banon, DSK et AgoraVox: retour sur une omertà médiatique”, AgoraVox, 18 de mayo de 2011
(www.agoravox.fr/actualites/medias/article/tristane-banon-dsk-et-agoravox-94196) (5) En el seno mismo del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn ya había sido protagonista, en 2008, de un escándalo por su relación adulterina con una subordinada, la economista húngara Piroska Nagy. (6) “Su perfil ‘socialista’ le permitió hacer tragar píldoras amargas a muchos Gobiernos de derecha o izquierda, y explicar a los millones de víctimas de las finanzas internacionales que lo único que tenían que hacer era apretarse el cinturón en espera de tiempos mejores”, Pierre Charasse, “No habrá revolución en el FMI”, La Jornada, México, 22 de mayo de 2011.
 
Ignacio Ramonet fue director de Le Monde Diplomatique entre 1990 y 2008.

lunes, 6 de junio de 2011

Por allá está la salida



Una izquierda descarriada

Le Monde Diplomatique


Uno de los hombres más poderosos del mundo (jefe de la mayor institución financiera del planeta) agrede sexualmente a una de las personas más vulnerables del mundo (modesta inmigrante africana). En su desnuda concisión, esta imagen resume, con la fuerza expresiva de una ilustración de prensa, una de las características medulares de nuestra era: la violencia de las desigualdades.
Lo que hace más patético el caso del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y líder del ala derecha del Partido Socialista francés, Dominique Strauss-Kahn es que, de confirmarse, su batacazo constituye además una metáfora del actual descalabro moral de la socialdemocracia. Con el agravante de que revela, a la vez, en Francia, las carencias de un sistema mediático cómplice.
Todo ello indigna sobradamente a muchos electores de izquierda en Europa, cada vez más inducidos –como lo mostraron en España las elecciones municipales y autonómicas del pasado 22 de mayo– a adoptar tres formas de rechazo: el abstencionismo radical, el voto a la derecha populista o la protesta indignada en las plazas.
Naturalmente, el ex jefe del FMI y ex candidato socialista a la elección presidencial francesa de 2012, acusado de agresión sexual y de tentativa de violación por la camarera de un hotel de Nueva York el pasado 14 de mayo, goza de presunción de inocencia hasta que la justicia estadounidense se pronuncie. Pero la actitud mostrada, en Francia, por los líderes socialistas y muchos intelectuales “de izquierda” amigos del acusado, precipitándose ante cámaras y micrófonos, para corear inmediatamente una defensa incondicional de Strauss-Kahn, presentándolo como el dañado principal, evocando “complots” y “maquinaciones”, ha sido realmente bochornosa. Ni una palabra tuvieron de solidaridad o de compasión hacia la presunta víctima. Algunos, como el ex ministro socialista de Cultura Jack Lang, en un reflejo machista, no dudaron en restar gravedad a los presuntos hechos declarando que “después de todo, nadie había muerto” (1). Otros, olvidando el sentido mismo de la palabra justicia, se atrevieron a reclamar privilegios y un tratamiento más favorable para su poderoso amigo pues, según ellos, no se trata de “un acusado como cualquier otro” (2).
Tanta desfachatez ha dado la impresión de que, en el seno de las elites políticas francesas, cualquiera que sea el crimen del que se acuse a uno de sus miembros, el colectivo reacciona con un respaldo coligado que más parece una complicidad mafiosa (3). Retrospectivamente, ahora que resurgen del pasado otras acusaciones contra Strauss-Kahn de acoso sexual (4), mucha gente se pregunta por qué los medios de comunicación ocultaron ese rasgo de la personalidad del ex jefe del FMI (5). Por qué los periodistas, que no ignoraban las quejas de otras víctimas de hostigamiento, jamás realizaron una investigación a fondo sobre el tema. Por qué se mantuvo a los electores en la ignorancia y se les presentó a este dirigente como “la gran esperanza de la izquierda” cuando era obvio que su Talón de Aquiles podía en cualquier momento truncar su ascensión.
Desde hacía años, para conquistar la presidencia, Strauss-Kahn había reclutado brigadas de comunicantes de choque. Una de las misiones de éstos consistía en impedir también que la prensa divulgase el lujosísimo estilo de vida del ex jefe del FMI. Se deseaba evitar cualquier inoportuna comparación con la esforzada vida que llevan millones de ciudadanos modestos arrojados al infierno social en parte por las políticas precisamente de esa institución.
Ahora las máscaras caen. El cinismo y la hipocresía surgen con toda su crudeza. Y aunque el comportamiento personal de un hombre no debe prejuzgar la conducta moral de toda su familia política, es evidente que contribuye a preguntarse sobre la decadencia de la socialdemocracia. Tanto más cuando esto se suma a innumerables casos, en su seno, de corrupción económica, y hasta de degeneración política (¡los ex dictadores Ben Ali, de Túnez, y Hosni Mubarak, de Egipto, eran miembros de la Internacional Socialista!).
La conversión masiva al mercado y a la globalización neoliberal, la renuncia a la defensa de los pobres, del Estado de bienestar y del sector público, la nueva alianza con el capital financiero y la banca, han despojado a la socialdemocracia europea de sus principales señas de identidad. Cada día les resulta más difícil a los ciudadanos distinguir entre una política de derechas y otra “de izquierdas”. Ya que ambas responden a las exigencias de los amos financieros del mundo. ¿Acaso la suprema astucia de éstos no consistió en colocar a un “socialista” a la cabeza del FMI con la misión de imponer a sus amigos “socialistas” de Grecia, Portugal y España los implacables planes de ajuste neoliberal? (6)
De ahí el hastío popular. Y la indignación. El repudio de la falsa alternativa electoral entre los dos principales programas, en realidad gemelos. De ahí las sanas protestas en las plazas: “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”. El despertar. El fin de la inacción y de la indiferencia. Y esa exigencia central: “El pueblo quiere el fin del sistema”.
Notas
(1) Declaraciones al telediario de las 20h en la cadena pública France 2 el 17 de mayo de 2011.
(2) Bernard-Henri Lévy, “Défense de Dominique Strauss-Kahn” (www.bernard-henri-levy.com/defense-de-dominique-strauss-kahn-18909.html), y Robert Badinter, ex ministro socialista de Justicia de Francia, declaraciones a la radio pública France Inter, 17 de mayo de 2011.
(3) Este colectivo ya dió pruebas de su tremenda eficacia mediática cuando consiguió movilizar en 2009 a la opinión pública francesa y a las autoridades en favor del cineasta polaco-francés Roman Polanski, acusado por la justicia estadounidense de haber drogado y sodomizado, en 1977, a una niña de 13 años.
(4) En particular, la formulada por la escritora y periodista Tristane Banon. Léase: “Tristane Banon, DSK et AgoraVox: retour sur une omertà médiatique”, AgoraVox, 18 de mayo de 2011 (www.agoravox.fr/actualites/medias/article/tristane-banon-dsk-et-agoravox-94196)
(5) En el seno mismo del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn ya había sido protagonista, en 2008, de un escándalo por su relación adulterina con una subordinada, la economista húngara Piroska Nagy.
(6) “Su perfil ‘socialista’ le permitió hacer tragar píldoras amargas a muchos Gobiernos de derecha o izquierda, y explicar a los millones de víctimas de las finanzas internacionales que lo único que tenían que hacer era apretarse el cinturón en espera de tiempos mejores”, Pierre Charasse, “No habrá revolución en el FMI”, La Jornada, México, 22 de mayo de 2011.
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=2de11a8a-a9b7-48ff-9cba-9d7c1478cbec

martes, 24 de mayo de 2011

‘Las tres crisis’, de Ignacio Ramonet

‘Las tres crisis’, de Ignacio Ramonet

Leyendo cosas sobre la crisis económica, he encontrado este interesante artículo de Ignacio Ramonet en el número de julio de 2008 de Le Monde Diplomatique.

Las tres crisis

Ignacio Ramonet

No había ocurrido jamás. Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real.
Por mucho que las autoridades se esfuercen en minimizar la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud. Cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros. Lo peor nunca es seguro y la numerología no es una ciencia exacta, pero el año 2009 bien podría parecerse a aquel nefasto 1929…
Como era de temer, la crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de 1.700 millones de euros. Por ser su primer déficit desde su salida en Bolsa en 1994, esto ha causado el efecto de un terremoto en una América financiera ya violentamente traumatizada.
Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!).
La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido por todo el mundo. Su capacidad de transformarse y de extenderse mediante la proliferación de complejos mecanismos financieros hace que esta crisis se asemeje a una epidemia fulminante imposible de atajar.
Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales. A pesar de las inyecciones masivas de liquidez efectuadas por los grandes bancos centrales, nunca se había visto una sequía tan severa de dinero en los mercados. Y lo que más temen algunos ahora es una crisis sistémica, o sea que el conjunto del sistema económico mundial se colapse.
De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado. Europa (y en particular España) se halla en franca desaceleración, y Estados Unidos se encuentra al borde de la recesión.
Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas en España cayó el ¡29%! Cerca de dos millones de pisos y de chalets no encuentran comprador. El precio del suelo sigue desmoronándose. Y el alza de los intereses hipotecarios y los temores de recesión hunden el sector en una espiral infernal. Con feroces efectos en todos los frentes de la enorme industria de la construcción. Todas las empresas de estas ramas se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.
De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame “directiva retorno” (1). Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros…
En medio de esta situación de espanto se produce el tercer choque petrolero. Con un precio del barril en torno a los 140 dólares. Un aumento irracional (hace diez años, en 1998, el barril costaba menos de 10 dólares…) debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que apuestan por el alza continua de un carburante en vías de extinción. Los inversores huyen de la burbuja inmobiliaria y desplazan masas colosales de dinero porque apuestan ahora por un petróleo a 200 dólares el barril. Se está así produciendo una financiarización del petróleo.
Con las consecuencias que vemos: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados. En muchos países, mediante manifestaciones y enfrentamientos, estas profesiones reclaman a sus Gobiernos ayudas, subvenciones o reducciones de la fiscalidad.
Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma sobre la seguridad alimentaria fue incapaz de alcanzar un acuerdo para relanzar la producción alimentaria mundial. También aquí, los especuladores en fuga del desastre financiero tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas. De modo que hasta la agricultura se está financiarizando.
Éste es el saldo deplorable que deja un cuarto de siglo de neoliberalismo: tres venenosas crisis entrelazadas. Va siendo hora de que los ciudadanos digan: “¡Basta!”.

Ignacio Ramonet: ¿Habrá revuelta social?

Ignacio Ramonet: ¿Habrá revuelta social?


Por Ignacio Ramonet. Bajo el lema "¡Alto a la miseria!", la Unión Europea (UE) ha declarado 2010 "Año de la pobreza y de la exclusión social". Y es que ya hay, en la Europa de los Veintisiete, unos 85 millones de pobres (1)... Un europeo de cada seis sobrevive en la penuria (2). Y la situación se sigue degradando a medida que se extiende la onda expansiva de la crisis. La cuestión social vuelve a colocarse en el corazón del debate. La ira popular se manifiesta contra los Planes de austeridad en Grecia, Portugal, España, Irlanda, etc. Las huelgas y las protestas violentas se multiplican. Muchos ciudadanos expresan también un rechazo a la oferta política (crece la abstención y el voto en blanco) o una adhesión a diversos fanatismos (sube la extrema derecha y la xenofobia). Porque la pobreza y la desesperación social ponen en crisis al propio sistema democrático. ¿Asisteremos a una explosiva primavera del descontento europeo?

En España, el 20% de la población, o sea unos diez millones de personas, se hallan ya en la pobreza (3). Con casos particularmente indignantes como el de los hijos de extracomunitarios (más de la mitad de ellos viven en la indigencia), y el de las "personas sin hogar", nivel máximo de exclusión social (4). Hay más de 30.000 personas sin hogar (en Europa, cerca de medio millón). Centenares de ellas, cada invierno, mueren en la calle...

¿Quiénes son esos pobres de hoy? Campesinos explotados por las grandes distribuidoras, jubilados aislados, mujeres solas con hijos, jóvenes con empleos basura, parejas con hijos viviendo con un único sueldo, y obviamente la gran cohorte de activos que la crisis acaba de dejar sin empleo. Jamás hubo en la UE tantos parados: 23 millones (cinco más que hace un año). Lo peor es que la violencia del desempleo golpea sobre todo a los menores de 25 años. En materia de paro juvenil, España ostenta la tasa más catastrófica de Europa: 44,5% (la media europea: 20%).

Si la cuestión social se plantea hoy de modo tan espinoso es porque coincide con la crisis del Estado de bienestar. Desde los años 1970, con el auge de la globalización económica, salimos del capitalismo industrial para adentrarnos en una era de capitalismo salvaje cuya dinámica profunda es la desocialización , la destrucción del contrato social. Por eso se están respetando tan poco los conceptos de solidaridad y de justicia social.

La transformación principal se ha producido en el ámbito de la organización del trabajo. El estatuto profesional de los asalariados se ha degradado. En un contexto caracterizado por el desempleo masivo, la precariedad deja de ser un "mal momento transitorio" mientras se encuentra un empleo fijo, y se convierte en un estado permanente. Lo que el sociólogo francés Robert Castel llama: el "precariado" (5), una nueva condición infrasalarial que se ha extendido por toda Europa. En Portugal, por ejemplo, un asalariado de cada cinco tiene ya un contrato llamado "recibo verde". Aunque trabaje desde hace años en la misma oficina o la misma fábrica, con horarios fijos, su patrón es un simple cliente al que factura un servicio y quien puede, de la noche a la mañana, sin ninguna indemnización, romper el contrato.

Semejante degradación del estatuto de asalariado agrava las desigualdades porque excluye de hecho a un número cada vez mayor de personas (sobre todo jóvenes) del sistema de proteccion del Estado de bienestar. Las aísla, las margina, las rompe. ¿Cuántos suicidios de trabajadores en su lugar mismo de trabajo? Abandonados a sí mismos, en feroz competencia de todos contra todos, los individuos viven en una especie de jungla. Lo cual desconcierta a muchos sindicatos, otrora poderosos, y tentados hoy de colaborar con las patronales.

La eficacia económica se ha convertido en la preocupación central de las empresas, que descargan sobre el Estado sus obligaciones de solidaridad. A su vez, el Estado desvía estos imperativos hacia las Organizaciones no gubernamentales (ONG) o las redes humanitarias privadas. De ese modo, lo económico y lo social se van alejando permanentemente el uno del otro. Y el contraste entre los dos resulta cada vez más escandaloso.

Por ejemplo, en España, mientras el número de parados alcanzaba en 2009 la cifra de 4,5 millones (3,1 millones en 2008), las empresas cotizadas en Bolsa repartían 32.300 millones de euros a sus accionistas (19% más que en 2008). El año pasado, los beneficios de los diez principales bancos europeos superaron los 50.000 millones de euros... En un continente castigado por la peor recesión desde 1929... ¿Cómo es posible? Porque a partir de la crisis del otoño de 2008, los Bancos centrales prestaron masivamente, con tipos de interés minimos, a la banca privada. Ésta utilizó ese dinero barato para prestar a su vez, con tipos más elevados, a las famlias, a las empresas... y a los propios Estados. Así ganó esas millonadas. Ahora, la deuda soberana alcanza niveles excepcionales en varios países -Grecia, Irlanda, Portugal, España...- cuyos gobiernos han tenido que imponer drásticos Planes de austeridad a sus ciudadanos para satisfacer las exigencias de los actores financieros... causantes de la crisis del 2008. Una desvergüenza que exaspera y enfurece a millones de asalariados europeos.
Los ricos siguen enriqueciéndose mientras crece el número de personas sin empleo o en la precaridad, con un poder adquisitivo más reducido, en condiciones de trabajo degradadas, soportando la violencia física y simbólica de unas relaciones sociales endurecidas en una sociedad cada vez menos cohesionada. ¿Cuánto aguantará el hastío popular? ¿Acaso no advirtió el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), el pasado 17 de marzo, que si no se reforma el sistema financiero "habrá revuelta social"?


Notas:
(1) Es "pobre" la personas que vive con menos del 50% de la Renta media disponible neta (Rdn) del país correspondiente. En España, el ingreso medio mensual se sitúa en torno a los mil euros.
(2) Cf. The Social Situation in the European Union 2007 , Bruselas, 2008 (http://ec.europa.eu/ employment_social/spsi/reports_social_situation_fr.htm).
(3) Léase Informe de la Inclusion social en España , Fundació Un sol mon, Caixa Catalunya, Barcelona, 2008.
(4) Consúltese: www.enredpsh.org
(5) Robert Castel, La Metamorfosis de la cuestión social , Paidós, Barcelona, 1997.

domingo, 13 de febrero de 2011

Lección africana, hipocresía europea

TÚNEZ, EGIPTO, MARRUECOS Esas « dictaduras amigas » Ignacio Ramonet ¿Una dictadura en Túnez? En Egipto ¿una dictadura? Viendo a los medios relamerse con la palabra « dictadura » aplicada al Túnez de Ben Ali y al Egipto de Moubarak, los franceses han debido preguntarse si han entendido bien o han leído bien. ¿No habían insistido durante decenios esos mismos medios y esos mismos periodistas sobre que esos dos “países amigos” eran “Estados moderados”? La horrible palabra “dictadura” ¿no estaba exclusivamente reservada en el mundo árabe musulmán (después de la destrucción de la “espantosa tiranía” de Saddam Hussein en Irak) solo al régimen Iraní’ ¿Cómo? ¿Había entonces otras dictaduras en la región? Y ¿nos lo habrían ocultado los medios de nuestra ejemplar democracia? He aquí, en todo caso, un primer abrir de ojos que le debemos al rebelde pueblo tunecino. Su prodigiosa victoria ha liberado a los europeos de la “retórica hipócrita y de ocultamiento” en vigor en nuestras cancillerías y en nuestros medios. Obligados a quitarse la careta, simulan descubrir lo que sabíamos desde hace rato(1) que las “dictaduras amigas” no son más que eso: regímenes de opresión. Sobre el tema, los medios no han hecho otra cosa que seguir la “línea oficial”: cerrar los ojos o mirar hacia otro lado confirmando la idea de que la prensa no es libre salvo en relación a los débiles y hacia la gente aislada. Nicolás Sarkozy ¿no ha tenido acaso el aplomo de asegurar que en Túnez “había una desesperanza, un sufrimiento, un sentimiento de ahogo que nos es preciso reconocer, no habíamos apreciado en su justa medida”, con relación al sistema mafioso del clan Ben Ali-Trabelsi? “No habíamos apreciado en su justa medida…”En 23 años… A pesar de contar allí con servicios diplomáticos más prolíficos que los de cualquier otro país… A pesar de la colaboración en todos los sectores de la seguridad (policía, gendarmería, inteligencia…) A pesar de las estadas regulares de altos responsables políticos y mediáticos que establecían allí desacomplejadamente sus lugares de veraneo(2) Pese a la existencia en Francia de dirigentes exiliados de la oposición tunecina, mantenidos, como apestados, al margen por las autoridades francesas y de acceso prohibido durante decenios a los grandes medios…Democracia ruinosa. En verdad esos regímenes autoritarios han sido (y continúan siendo) complacientemente protegidos por las democracias europeas despreciando sus propios valores y pretextando constituir baluartes contra el islamismo radical(3) El mismo cínico argumento usado por Occidente durante la guerra fría, para sostener dictaduras militares en Europa (España, Portugal, Grecia, Turquía) y en América latina pretendiendo impedir la llegada del comunismo al poder. ¡Qué formidable lección dan las sociedades árabes revolucionarias a los que en Europa los describían con términos maniqueos: es decir como masas dóciles sometidas a sátrapas orientales corruptos o como muchedumbres histéricas poseídas por el fanatismo religioso! Y he aquí que de repente surgen, en las pantallas de nuestros ordenadores o de nuestros televisores (cf.: el admirable trabajo de Al-Jazeera) preocupadas por el progreso social, nada obsesionadas por la cuestión religiosa, sedientas de libertad, soprepasadas por la corrupción, detestando las desigualdades y reclamando democracia para todos, sin excluidos. Lejos de las caricaturas binarias, estos pueblos no constituyen en modo alguno una especie de “excepción árabe” sino que se asemejan, en sus aspiraciones políticas, al resto de las esclarecidas sociedades urbanas modernas. Un tercio de los tunecinos y casi un cuarto de los egipcios navegan regularmente por internet. Como afirma Moulay Hicham El Alaoui: “Los nuevos movimientos no se hallan ya marcados por los viejos antagonismos como ser antiimperialismo, anticolonialismo, o antisecularisno. Las manifestaciones de Túnez y de El Cairo han estado desprovistas de todo simbolismo religioso. Constituyen una ruptura generacional que refuta la tesis del excepcionalismo árabe. Además son las nuevas metodologías de la comunicación de internet las que animan a estos movimientos. Ellos proponen una nueva versión de la sociedad civil en la que el rechazo del autoritarismo va junto al rechazo de la corrupción (4)” Especialmente gracias a las redes sociales numéricas, las sociedades tanto de Túnez como de Egipto se movilizaron con gran rapidez y pudieron desestabilizar al poder en tiempos record. Aún antes de que los movimientos hayan tenido la oportunidad de “madurar” y de favorecer la emergencia de nuevos dirigentes de su seno. Es una de las raras ocasiones en las que sin líderes, sin organización dirigente y sin programa, la simple dinámica de la exasperación de las masas ha bastado para hacer triunfar la revolución. Se trata de un momento frágil y las potencias están seguramente ya sin duda trabajando, especialmente en Egipto, para que “todo cambie sin que nada cambie” según el viejo adagio del Gatopardo. Esos pueblos que conquistaron su libertad deben recordar la advertencia de Balzac, “Se matará a la prensa como se mata aun pueblo, otorgándole la libertad”(5) En las “democracias vigiladas” es mucho más fácil domesticar legítimamente a un pueblo que en las antiguas dictaduras. Pero esto no justifica mantenerlas. Ni debe empañar el ardor de derrocar una tiranía. El hundimiento de la dictadura tunecina ha sido tan veloz que los otros pueblos magrebíes y árabes han llegado a la conclusión de que esas autocracias – las más viejas del mundo - estaban en realidad profundamente corroídas y no eran por lo tanto sino “tigres de papel”. Esta demostración se ha verificado también en Egipto. De allí este impresionante levantamiento de los pueblos árabes que lleva a pensar inevitablemente en el gran florecimiento de las revoluciones europeas de 1848, en Jordania, en Yemen, en Argelia, en Siria, en Arabia Saudita, en Sudán y también en Marruecos. En este último país, una monarquía absoluta, en el que el resultado de las “elecciones” (siempre trucado) se halla siempre decidido por el soberano que designa según su voluntad los llamados ministros “de la soberanía”, unas cuantas decenas de familias próximas al trono continúan acaparando las mayores riquezas(6). Los cables difundidos por Wikileaks han revelado que la corrupción llegaba a niveles de indecencia descomunales, mayores que los del Túnez de Ben Ali y que las redes mafiosas tenían todas como único origen el Palacio, Un país en el que la práctica de la tortura está generalizada y el, amordazamiento a la prensa permanente. Sin embargo, como en el Túnez de Ben Ali, esta “dictadura amiga” se beneficia con la gran indulgencia de los medios y de la mayor parte de nuestros responsables políticos(7) quienes minimizan los signos que muestran el comienzo de un “contagio” de la rebelión. Cuatro personas se han inmolado ya prendiéndose fuego. Se han producido manifestaciones de solidaridad con los rebeldes de Túnez y de Egipto en Tánger, en Fez y en Rabat(8) Acosadas por el miedo las autoridades han decidido subvencionar preventivamente los artículos de primera necesidad para evitar las “rebeliones del pan”. Importantes contingentes de tropas del Sahara Occidental habrían sido desplazadas aceleradamente hacia Rabat y Casablanca. El rey Mohamed VI y algunos colaboradores se habrían trasladado a Francia el 29 de enero para consultar a expertos en mantener el orden del Ministerio francés del Interior(9) Aún cuando las autoridades desmienten estas dos últimas informaciones, está claro que la sociedad marroquí está siguiendo los acontecimientos de Túnez y Egipto con excitación. Preparados para unirse al impulso de fervor revolucionario y quebrar de una vez por todas las trabas feudales. Y a pedirles cuentas a todos aquellos que en Europa fueron durante decenios cómplices de las “dictaduras amigas” Notas (1) Leer, por ejemplo de Jacqueline Boucher "La société tunisienne privée de parole" y de Ignacio Ramonet "Main de fer en Tunisie", Le Monde diplomatique,de febrero de 1996 y de julio de 1996 respectivamente. (2) Cuando Mohamed Bouazizi se inmoló incendiandose el 17 de diciembre de 2010, cuando la insurrección ganaba a todo el país y decenas de tunecinos rebeldes continuaban cayendo bajo las balas de la represión benalista, al alcalde de París Bertrand Delanoé y a la ministra de relaciones exteriores Michèle Alliot-Marie les parecía absolutamente normal ir a festejar alegremente la Nochebuena o la Nochevieja en Túnez. (3) Al mismo tiempo, Washington y sus aliados europeos, sin aparentemente medir las contradicciones, apoyan al régimen teocrático y tiránico de Arabia Saudita, principal hogar oficial del islamismo más oscurantista y más expansionista. (4) http://www.medelu.org/spip.php ?article710 (5) Honoré de Balzac, Monographie de la presse parisienne, Paris, 1843. (6) Leer Ignacio Ramonet, "La poudrière Maroc", Mémoire des luttes, setiembre 2008. http://www.medelu.org/spip.php ?article111 (7) Desde Nicolas Sarkozy hasta Ségolène Royal,pasando por Dominique Strauss-Kahn que posee un “ryad” en Marraquech, los dirigentes políticos franceses no tienen el menor escrúpulo en pasar sus vacaciones de invierno entre estas “dictaduras amigas” [8] El País, 30 de enero de 2011- http://www.elpais.com/../Manifestaciones/Tanger/Rabat [9] Leer El País, 30 de enero de 2011 http://www.elpais.com/..Mohamed/VI/va/vacaciones y Pierre Haski, "Le discret voyage du roi du Maroc dans son château de l´Oise", Rue89, 29 enero de 2011.http://www.rue89.com/..le-roi-du-maroc-en-voyage-discret...188096 Fuente : www.medelu.org - Traducción Susana Merino