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jueves, 7 de junio de 2012

Ellos y nosotros

Las atrocidades de los demás

Noam Chomsky

The 4th Media

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En su perspicaz estudio Ideal Illusions: How the U.S. Government Co-Opted Human Rights [Ilusiones ideales: cómo el gobierno estadounidense cooptó los derechos humanos] el experto en asuntos internacionales James Peck observa: “En la historia de los derechos humanos las peores atrocidades siempre la comete otro, nunca nosotros”, sea quien sea este “nosotros”.
Casi cada momento de la historia nos deja innumerables ejemplos de ello. Vamos a fijarnos en los de los últimos meses.
El 10 de mayo se inauguraron los Juegos Olímpicos de Verano en la cuna griega de estos antiguos juegos. Unos días antes había pasado prácticamente desapercibida la carta que dirigió el gobierno de Vietnam al Comité Olímpico Internacional (COI) expresando la “profunda preocupación del gobierno y del pueblo de Vietnam por la decisión del COI de aceptar a la compañía Dow Chemical como patrocinadora global del Movimiento Olímpico”.
Dow Chemical es la empresa que suministró los productos químicos que Washington utilizó desde 1961 para destruir las cosechas y los bosques de Vietnam del Sur empapando el país con Agente Naranja.
Estos venenos contienen dioxina, uno de los cancerígenos más letales que se conocen y que ha afectado a millones de vietnamitas y a muchos soldados estadounidenses. Es muy probable que hasta el día de hoy los abortos y los niños nacidos con malformaciones sean efecto de estos crímenes, aunque dada la negativa de Washington a investigarlo, solo contemos con los estudios de los científicos vietnamitas y de analistas independientes.
A este llamamiento vietnamita en contra de Dow Chemical se han unido el gobierno de India, la Asociación Olímpica India y los supervivientes de la espantosa fuga de gas en Bhopal en el año 1984, uno de los peores desastres industriales de la historia que mató a miles de personas y enfermó a más de medio millón.
Union Carbide, la empresa responsable del desastre, fue adquirida por Dow Chemical, para la cual este desastre es un motivo de preocupación no pequeño. En febrero Wikileaks reveló que Dow Chemical había contratado a la agencia privada de investigación estadounidense Stratfor para controlar a los activistas que están tratando de conseguir indemnizaciones para las víctimas y de que quienes fueron responsables de la catástrofe comparezcan ante la justicia.
Otro crimen muy importante y que ha tenido unos gravísimos efectos persistentes es el ataque de los Marines estadounidenses a la ciudad iraquí de Faluya en noviembre de 2004.
[Antes del ataque a la ciudad] Se permitió salir de ella a las mujeres y niños, si podían hacerlo. Después de varias semanas de bombardeos empezó el ataque con un crimen de guerra cuidadosamente planificado: la invasión del Hospital General de Faluya, en el que se ordenó a los pacientes y al personal tumbarse en el suelo con las manos atadas. Las ataduras se aflojaron en seguida, se había asegurado el complejo.
La justificación oficial fue que el hospital estaba informando de las víctimas civiles y, por lo tanto, se consideraba un arma de propaganda.
La prensa informó de que la mayor parte de la ciudad había quedado reducida a “ruinas humeantes” mientras los Marines buscaban a los insurgentes en sus “madrigueras”. Los invasores prohibieron la entrada a la Cruz Roja. Al no haber una investigación oficial, se desconoce las dimensiones de este crimen.
Si lo que ocurrió en Faluya recuerda a los acontecimientos que tuvieron lugar en el enclave bosnio de Srebrenica, que vuelve a estar de actualidad debido al juicio por genocidio del comandante militar serbio bosnio Ratko Mladic, hay una buena razón para ello. Sería instructivo hacer una comparación honesta, pero no hay peligro de que se haga: una es una atrocidad y la otra no lo es por definición.
Como en Vietnam, algunos investigadores independientes informan de que el ataque a Faluya esta teniendo unos efectos persistentes.
Algunos investigadores médicos han descubierto un incremento dramático de la mortalidad infantil, del cáncer y de la leucemia, incremento que es incluso mayor que los de Hiroshima y Nagasaki. Los niveles de uranio en muestras de aire y del suelo son mucho mayores que en casos comparables.
Uno de los raros investigadores procedente de los países invasores es el Dr. Kypros Nicolaides, director del centro de investigación de medicina en el Hospital del Kingng’s College de Londres. “Estoy seguro de que los estadounidenses utilizaron unas armas que son las causantes de estas deformidades”, afirma Nicolaides.
El profesor de derecho estadounidense y Relator de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Originarios James Anaya informó el mes pasado de los persistentes efectos de una “no atrocidad” mucho mayor.
Anaya se atrevió a hollar un territorio prohibido al investigar las vergonzosas condiciones en las que vive la población originaria estadounidense que queda en Estados Unidos: “pobreza, malas condiciones, falta de resultados en la educación formal (y) enfermedades sociales a unos niveles que exceden con mucho los de otros segmentos sociales de la población estadounidense”, informó Anaya. Ningún miembro del Congreso quiso reunirse con él y la cobertura mediática [dada al informe] fue mínima.
En las noticias han aparecido mucho los disidentes después del dramático rescate del activista chino de derechos humanos ciego Chen Guangcheng.
“La conmoción internacional”, escribió Samuel Moyn en The New York Times el mes pasado, “provocó el recuerdo de anteriores disidentes como Andrei D. Sakharov y Aleksandr I. Solzhenitsyn, los héroes del bloque oriental de otros tiempos que fueron los primeros en convertir ‘los derechos humanos internacionales’ en un grito que unía a los activistas de todo el mundo y en una cuestión fundamental en las agendas de los gobiernos occidentales”.
Moyn es autor de The Last Utopia: Human Rights in History [La última utopía: los derechos humanos en la historia], publicado en 2010. En The New York Times Book Review Belinda Cooper puso en tela de juicio el que Moyn situara el origen de la prominencia contemporánea de estos ideales “en los frustrados pasos dados por (el presidente estadounidense Jimmy) Carter para inyectar los derechos humanos en la política exterior y en los Acuerdos de Helsinki de 1975 con al Unión Soviética”, al centrarse en los abusos de la esfera soviética. En su opinión la tesis de Moyn no es convincente ya que “es mucho más fácil de construir una historia alternativa de su propia cosecha”.
Es cierto: la alternativa obvia es la que ofrece James Peck, al que los medios dominantes apenas tienen en cuenta a pesar de que los hechos relevantes son sorprendentemente claros y conocidos, al menos para los académicos.
Así, en Cambridge History of the Cold War John Coatsworth recuerda que desde 1960 al “hundimiento de la Unión Soviética en 1990 la cantidad de presos políticos, de víctimas de la tortura y de ejecuciones de disidentes políticos no violentos en América Latina superó con mucho a la de los de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa del este”. Pero como eran “no atrocidades”, estos crímenes, que en gran parte son atribuibles a la intervención estadounidense, no inspiraron una cruzada de derechos humanos.
Inspirándose también en el rescate de Chen, el columnista de The New York Times Bill Keller escribe que “los disidentes son heroicos”, pero pueden ser “molestos para los diplomáticos estadounidenses que tienen importantes negocios que hacer con países que no comparte nuestros valores”. Keller critica a Washington por no estar a veces a la altura de nuestros valores emprendiendo una acción rápida cuando otros cometen crímenes.
No faltan disidentes heroicos dentro de los dominios de influencia y de poder estadounidense, pero son tan invisibles como la víctimas latinoamericanas. Mirando casi al azar por el mundo encontramos a Abdulhadi al-Khawaja, cofundador del Centro Bahrain para los Derechos Humanos, preso de conciencia para Amnistía Internacional que se enfrenta en estos momentos a morir en la cárcel a consecuencia de una larga huelga de hambre.
Y el padre Mun Jeong-hyeon, el anciano sacerdote coreano que resultó gravemente herido cuando participaba en una multitudinaria manifestación de protesta contra la construcción de una base naval estadounidense en la isla Jeju, llamada Isla de la Paz, ahora ocupada por las fuerzas de seguridad por primera vez desde las masacres de 1948 del gobierno de Corea del Sur impuesto por Estados Unidos.
Y el profesor universitario turco Ismail Besikci, que se vuelve a enfrentar a un juicio por defender los derechos de los kurdos. Ya ha pasado gran parte de su vida en la cárcel debido a la misma acusación, incluso en la década de 1990, cuando el gobierno Clinton suministraba a Turquía enormes cantidades de ayudad militar, en un momento en que el ejército turco perpetraba algunas de las peores atrocidades de la época.
Pero estos casos junto con otros que son demasiado numerosos para mencionarlos son no existentes según los principios oficiales.



Fuente: http://www.4thmedia.org/2012/06/04/somebody-elses-atrocities-ideal-illusions-how-the-u-s-government-co-opted-human-rights/





sábado, 8 de octubre de 2011

Afganistán: Diez años de ocupación

Diez años de ocupación


Txente Rekondo

Gara/Rebelión

El décimo aniversario de la invasión y ocupación posterior de Afganistán deja tras de sí un pésimo balance para las fuerzas ocupantes de EEUU y sus aliados. El paseo triunfal de los primeros días ha dado paso a una fotografía mucho más compleja, y la victoria “oficial” anunciada por los dirigentes de Washington se ha transformado en una especie de “sálvese quien pueda”.
Un breve balance de este período nos muestras unas fuerzas de ocupaciones acosadas y atacadas en la mayor parte del territorio, recluidas buena parte del día en sus bases militares; una resistencia heterogénea que controla importantes zonas del país; un régimen títere que no tiene jurisdicción real más allá de las cuatro paredes del palacio presidencial de Kabul; una corrupción que asola todos los sectores de la sociedad; la ausencia de derechos y en su defecto además una constante violación de los mismos; un boyante negocio en torno a la producción de opio; un pulso entre diferentes actores extranjeros para sacra tajada de la situación (sobre todo de las riquezas naturales y del negocio de la supuesta reconstrucción)…
Desde que se puso en marcha la ofensiva de primavera, los diferentes grupos de la resistencia han incrementado los ataques cuantitativa y cualitativamente (este año se han producido un 40% más de ataques que en el mismo periodo del año anterior). Los grupos talibanes, bajo el liderazgo del Mullah Omar y la “Shura de Quetta”, Hezb-i-Islami de Gulbuddin Hekmatyar o la red de la familia Haqqani han acabado con la vida de importantes figuras del gobierno de Karzai (altos militares, policías, parlamentarios, gobernadores, líderes tribales o religiosos), además de atacar el “British Council”, la sede de la OTAN, la embajada de EEUU, entre otros edificios, en septiembre, demostrando una capacidad operativa que ha “asustado” a los ocupantes, y sobre todo ha hecho planear una duda transcendental. Para llevar a cabo este tipo de acciones se debería contra con ayuda desde el interior del sistema institucional afgano, poniendo en entredicho las labores de “reconstrucción” repetidas desde los gobiernos ocupantes.
Mientras que nadie duda del protagonismo central de los Talibanes, se apunta a la pérdida relativa de peso de Hekmatyar, al tiempo que la atención se centra en la llamada red Haqqani. Este grupo, formado en torno al legendario comandante Jalaluddin Haqqani, y en la actualidad comandado por su hijo Sirajuddinn (considerado “el dirigente militar más peligroso” para los ocupantes) es el responsable de los ataques más mediáticos de los últimos meses.
Con importantes e históricos lazos en las zonas tribales de Pakistán, ha venido reclutando militantes del Punjab para su grupo, al tiempo que ha sabido tejer una importante política de alianzas a lo largo de todos estos años. Desde que en 2007 adquirió el liderazgo, Sirajuddinn ha sabido lograr la coordinación con todo un abanico de posibles aliados, desde los militantes “árabes” de al Qaeda hasta agentes de los servicios secretos paquistaníes (ISI), pero también hay que recordar que en el pasado la llamada red Haqqani contó con los favores de la CIA.
Hoy en día algunos estrategas en Washington están buscando dotar de mayor protagonismo a este grupo con la esperanza de que se convierta en un rival del gullah Omar y debilite a la resistencia. Craso error, a pesar de mantener diferencias, la alianza de los dos grupos de la resistencia sigue firme, como lo es también la lealtad de Sirajuddinn hacia el líder talibán. Y además en este complejo panorama hay que tener presente también la interrelación y protagonismo de los llamados talibanes paquistaníes (Tehrik-e-Taliban Pakistan-TTP), dispuestos a colaborar con la resistencia afgana a pesar de contar con agenda propia.
El resto de actores ha ido redituándose al hilo de las acciones de la resistencia. El presiente afgano, Karzai, ha sufrido la pérdida de dos de sus aliados claves en sendos atentados. Primero fue su hermano Wali, que sustentaba las alianzas de Karzai con los grupos pashtunes, y luego ha sido la muerte de Rabbani, arquitecto de los contactos negociadores con los talibanes. De momento Karzai se apoya en sus dos vicepresidentes, Fahim, con peso en el norte, y Karim Khalili, líder de la minoría chiíta Hazara.
Sabedor de que EEUU hace tiempo que le ha abandonado a su suerte, y de que Pakistán busca alternativas, ha maniobrado en torno a India, sabedor también que cualquier acercamiento a India (y de rebote a Irán) es una peligrosa maniobra que puede provocar reacciones violentas en Pakistán, con consecuencias desestabilizadoras en el conjunto de la región. De momento lo dirigentes indios sopesan las consecuencias de cualquier paso, sus intereses en Afganistán por un lado, pero también las reacciones negativas que ello conlleva.
Pakistán por su parte, tras ser acusada públicamente por EEUU de estar detrás de los ataques recientes en Kabul sabe que su peso todavía es clave en la región, y que su alianza con Washington no parece correr serio peligro a pesar de esas acusaciones públicas (hace dos días la propia Hillary Clinton pronunció un discurso donde volvía a resaltar la alianza estratégica con Islamabad y reconocía las dificultades internas de ese país, dejando de lado un giro en sus relaciones). Y los dirigentes estadounidenses, con Obama a la cabeza, están en clave electoral, las presidenciales del año próximo condicionarán también el devenir de la ocupación en Afganistán.
Como señala un analista indio, “la estrategia de EEUU en Afganistán en esta década es un continuo fracaso. Washington intenta presentar como éxitos decisivos la muerte de Bin Laden y otros dirigentes de al Qaeda, justificando de esa forma la desaparición de dicha amenaza y abriendo la pureta a una retirada”. Sin embargo, detrás de ello se sigue viendo “la presencia de Pakistán y de otras fuerzas islamistas y jihadistas”, dispuestos a aprovechar cualquier coyuntura favorable para hacerse con el poder y la influencia en Afganistán. Y en ese teatro de operación desde EEUU se sigue apostando, a pesar de todo, por Islamabad como aliado central.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 23 de mayo de 2011

¿Quién es el próximo enemigo?

¿Quién es el próximo enemigo?



¿Cómo pudo sobrevivir este país antes de encontrar formidables enemigos acerca de los cuales el gobierno pudiera movilizar el odio y el temor?No recuerdo la década de 1930, cuando la pobreza, el capitalismo, la impiedad, el fascismo, el comunismo, los judíos y el alcohol competían en la mente norteamericana por ser el adversario número uno. No había un ganador evidente.
El 7 de diciembre de 1941 –yo tenía casi 6 años--, los japoneses, atrevidamente y en retrospectiva tontamente, bombardearon Pearl Harbor. Los japos y los nazis, el perfecto dúo vil. Hollywood se hizo cargo. Cada sábado yo luchaba contra ellos por vía indirecta en el cine –nuestros buenos derrotaban a sus malos.
Desde entonces –con breves excepciones— un enemigo viable se ha unido a nosotros. Para alejar a ese mal de nuestras playas, hemos mantenido un presupuesto de “defensa”.
Después de la 2da. Guerra Mundial (época de presupuesto de guerra), Stalin reemplazó a Hitler y a Tojo. Mi Weekly Reader me hizo conocer al Tío Joe durante la 2da. Guerra Mundial. Sin embargo, después de 1945, “El Carnicero Stalin” sembró agentes rojos en nuestro Departamento de Estado, los medios masivos, las escuelas y los hospitales veterinarios. El senador Joe McCarthy descubrió muchos más rincones donde se agazapaba la amenaza roja –por ejemplo, en las plantas empacadoras de carne.
En 1961 me desilusioné de la noción de la Unión Soviética como nuestro archirrival. En un viaje en auto desde Varsovia a Moscú adelanté a unos 8 vehículos –decenas de camiones y cientos de campesinos borrachos, dormidos sobre coches de caballos.
En Moscú comprendí que aparte de un hombre en el espacio, un eficiente sistema de metro y muchas armas, la URSS no podía, como comentaba C. Wright Mills, “publicar una revista legible o dirigir una economía moderna”. Mills se preguntaba: “¿Qué imperio no tiene instituciones para explotar sus colonias? Los soviéticos no tienen bancos ni corporaciones”.
Pero en su campaña eleccionaria de 1960, Kennedy hizo referencia a la “brecha de los misiles”, implicando que los soviéticos nos habían aventajado. La Crisis de los Misiles de octubre de 1962 reveló que los soviéticos tenían la decimoquinta parte del número de misiles balísticos intercontinentales de los EE.UU. Durante toda la década de 1960, los soviéticos trataron de alcanzarnos, pero nunca lograron la triangulación norteamericana: repartir los misiles nucleares entre aviones, submarinos y bases terrestres.
Los poderosos de Washington insistían en que los soviéticos se hacían más fuertes, mientras que los que no estaban ciegos veían lo contrario. En 1984, el descontento y la desmoralización caracterizaban a la URSS. El presidente Reagan insistía en que eran más fuertes que nunca y regresó a la mítica “brecha de los misiles”. Así que el Congreso autorizó más dinero para armas nucleares a fin de impedir lo que los inventores de mitos decían que era una amenaza de invasión soviética a Europa Occidental. En 1991, puff, la amenaza soviética desapareció. ¡Ganamos! Y adiós.
Sin un enemigo amenazante podríamos disfrutar “el dividendo de la paz”. ¡Uy! ¡Un gran imperio necesita de un enemigo extranjero!
En 1993, un grupo yihadista hizo estallar una bomba en el World Trade Center. Más tarde atacaron otros objetivos norteamericanos en África. Los directores de reparto de la seguridad nacional encontraron al actor ideal para el papel de demonio del siglo 21.
Como tal, Osama bin Laden recibió el crédito por producir cambios en el “American Way of Life”. Después del 11/9, el negocio anti-Islam prosperó. Los predicadores, lo mismo políticos que religiosos, peroraron acerca de las hordas amantes de la muerte y que odian la democracia –tanto en el exterior como en casa.
“Soldados, espías y fuerzas especiales recorren el mundo entero para luchar contra el terrorismo”, escribió Uri Avnery. “Bin Laden está en todas partes. La Guerra Contra el Terrorismo es una lucha apocalíptica con Satanás”.
En su empeño por parecer preparado para el nuevo reto, el gobierno restringió las libertades de los ciudadanos –en aras de su propia protección. Obsesivamente, el Congreso incrementó el presupuesto militar --¿para combatir a maníacos suicidas con corta cajas?—mientras que “intelectuales hambrientos de poder balbucean acerca del Choque de Civilizaciones y venden su alma a cambio de la fama instantánea”.
(http://counterpunch.org/avnery05092011.html)
Después del 11/9, el torpe e incompetente George W. Bush se metamorfoseó en el presidente-guerrero militante que (retóricamente) encabezó las fuerzas de la luz en contra de la demoníaca al-Qaeda. Para el público, partidos islámicos como Hamas y Hezbollah –no importa a quién o a qué representan— significan el mal del siglo 21. Para confirmarlo, vean Noticias Fox.
Osama bin Laden se convirtió en el Dr. Malevolencia, vestido con batón suelto, llevando de manera inepta un AK y balbuceando amenazas en un video mal tomado. Casi un malo de historieta cómica, bin Laden reaparecía para recordar a los lectores adolescentes de la necesidad de un súper héroe.
Entonces, al fin, se compaginó la información policíaca y de inteligencia y nuestros heroicos SEALs lo encontraron y lo liquidaron –no en una cueva remota, sino en complejo de tres pisos de clase media en una ciudad de Pakistán.
En Washington, los directores de escena de la seguridad nacional ya habían esbozado el acto final. Liquídenlo y boten el cadáver. No debe haber ningún mártir para futuros santuarios.
Dejen que las masas árabes –lo que eso quiera decir— celebren o juren venganza. Estarán ocupadas en sus revoluciones y contrarrevoluciones. En 2012, Osama muerto puede ayudar a Obama. La orden de matar a bin Laden ya ha transformado su imagen de debilucho.
La celebración de la muerte de bin Laden se esfuma en bares y estadios de béisbol. Pocos lo lloran; aún menos recuerdan las razones esgrimidas por él para realizar su terror.
Una noticia de AFP reportó que bin Laden había realizado una última cinta, encontrada en un sitio web islámico: “Estados Unidos no podrá soñar con su seguridad hasta que vivamos en seguridad en Palestina”, dijo bin Laden. “Es injusto vivir en paz mientras nuestros hermanos en Gaza viven en la inseguridad. De acuerdo con eso, y con la voluntad de Dios, nuestros ataques continuarán contra ustedes mientras continúe su apoyo a Israel”.
¿Quién lo escuchó? A nadie le importa. La mayoría de los norteamericanos no interiorizan los millones muertos en Corea, Viet Nam, Irak y Afganistán. En su lugar “nosotros” ayudamos a esos ingratos y recordamos a nuestros propios muertos del 11/9. Y ahora, a buscar al próximo enemigo demoníaco.

martes, 29 de marzo de 2011

Declaración del Grupo "Un mundo sin guerras"

“CON UN ENFOQUE VIOLENTO DE LA VIOLENCIA NO RESULTARÁ LA PAZ”
Nosotros, miembros de Mundo sin Guerras y Sin Violencia estamos horrorizados al ver esta nueva guerra “preventiva”: una acción tanto hipócrita como destinada a fracasar y producir lo contrario. La situación es bastante compleja, pero podemos trazar algunos puntos básicos.

Denunciamos:

- la hipocresía de países occidentales que apoyaron al dictador libio durante años y le vendieron armas para proteger sus propios intereses y ahora por la misma razón quieren atacarlo. Vean como los aviones franceses que ahora atacan a Libia son las versiones más modernas de los mismos Mirage Jets que ya pertenecen a Gadafi! Sin duda cuando todo esto se acabe, Francia irá corriendo a vender versiones aún más nuevas de sus aviones a Trípoli.

- la hipocresía de los países que, aunque manifiestan su preocupación por el bienestar de los civiles en Bengasi, muestran casi completa indiferencia por el bienestar de los ciudadanos de Bahrein y Yemen, donde manifestantes no-violentos son atacados y muertos por las fuerzas armadas cada día, ni que hablar de Costa de Marfil, donde la matanza de inocentes civiles atrapados en una lucha de poder entre dos presidentes ha durado ya meses.

 - y la política de guerra preventiva. Esta política, usada en Irak y otra vez en Afganistán, ha llevado a los militares de los países involucrados a matar cientos de miles de afganis e iraquís, el uso de armas de uranio empobrecido que ha dejado a civiles en vastas áreas de Irak propensos al cáncer, defectos de nacimiento y otros horrores, y lo peor es que parece una situación sin salida y que probablemente llevará a tipos de gobiernos que los EEUU precisamente querían evitar. “Cuando fuerzas algo hacia un fin, produces lo contrario”.

Llamamos a:

- los países involucrados en la misión de la ONU a retirar su apoyo militar para tales acciones de inmediato, - llamamos a los comandantes del ejército Libio a proteger a todos los habitantes de Libia – como corresponde a su función,

- llamamos a todos aquellos opuesto al actual régimen libio a deponer sus armas y buscar métodos no-violentos para lograr sus metas – incluso el dialogo,

- y llamamos a todos los países del mundo a cesar de inmediato cualquier tipo de comercio con el régimen de Trípoli, con las excepciones del suministro de comida, apoyo humanitario y médico – lo que significa NO MÁS COMERCIO DE PETRÓLEO.


Llamamos a que se terminen todas las dictaduras alrededor del mundo y una transición hacia un modelo de gobierno verdaderamente democrático, más allá de los modelos democráticos puramente formales de los países occidentales, basado en principios de paz, no-violencia y la vida humana como valor central, junto con la erradicación de todo tipo de violencia.

Estamos sumamente preocupados por los inocentes civiles de todos lados del conflicto libio que serán muertos por los ataques de la ONU y los ataques de las milicias armadas libias de ambas facciones. Una guerra está en marcha y creemos que si no cesa de inmediato, llevará a un desastre masivo que afectará a todos los países del mediterráneo y más allá.