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lunes, 18 de julio de 2011

La infamia continúa

CINCO DECADAS DE SANCIONES


En nombre de "los intereses nacionales", Obama prorrogó el bloqueo económico a Cuba

El 1 de agosto entrará en vigencia una nueva prórroga a la suspensión por seis meses del Capítulo III de la Ley Helms-Berton, que refuerza el bloqueo contra Cuba. El presidente Barack Obama le informó al Congreso el viernes el aplazamiento de la cláusula sancionada en 1996 durante la administración demócrata de Bill Clinton.

En una carta a los presidentes de los comités de Asignaciones y de Relaciones Exteriores en ambas cámaras legislativas, el mandatario justificó la medida en virtud de "los intereses nacionales de Estados Unidos". Obama explicó también que el hecho de que se mantenga la prórroga para la aplicación de las sanciones económicas "acelerará la transición a la democracia en Cuba".

El polémico capítulo III contempla inclusive entablar demandas contra las empresas extranjeras que negocien cualquier tipo de acuerdo con empresas confiscadas a ciudadanos estadounidenses por el Gobierno cubano, después del triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959.

(Página/12 18.07.2011: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-172507-2011-07-18.html )

jueves, 7 de abril de 2011

La libertad de prensa en Estados Unidos


auto-hermes.ning.com


La colonización informativa del imperio es prácticamente absoluta en todo el mundo porque las informaciones sobre política interna estadounidense tienen un gran protagonismo en los medios de comunicación de todo el mundo dado que las decisiones que se toman en ese país afectan a toda la comunidad internacional y porque Estados Unidos es el centro del sistema nervioso del sistema comunicacional mundial y las noticias que allí se generan tienen garantizada su transmisión por todo el globo.

 Ello se explica con amplitud en el capitulo dedicado a Estados Unidos en el libro “Desinformación: Cómo los medios ocultan al mundo” de Pascual Serrano que he comentado con anterioridad.

 Algunos acontecimientos puntuales, tales como la tragedia humana generada por el ciclón Katrina, permiten el análisis de los rasgos esenciales del comportamiento de los medios corporativos de prensa en la superpotencia. Se silenciaba, por ejemplo, que seis semanas tras la catástrofe, los blancos ricos habían podido volver a sus casas y el centro comercial tenia agua, electricidad y todas las facilidades, en tanto que los barrios de negros seguían llenos de escombros y soldados fuertemente armados que impedían a sus vecinos instalarse en las suyas.

 De los negocios de la reconstrucción de Nueva Orleans no se ha hablado aún en los grandes medios. Solo la prensa progresista mexicana ha publicado que una ley que obligaba a los contratistas a pagar sueldos equivalentes a los que predominan en la región fue suspendida para que empresas como Halliburton pagaran menos del salario mínimo a inmigrantes mexicanos y centroamericanos traídos para los trabajos de la reconstrucción en Nueva Orleans, mientras cobraban al gobierno como si pagaran sueldos altos.

 Se denunciaba la situación de abandono de los cadáveres tras el huracán pero no se explicaba que se impedía a los trabajadores emergentes y agentes funerarios voluntarios recoger los cadáveres. Tras la victoria electoral de Obama, el New York Times difundió una encuesta acerca del apoyo que éste tuvo, desglosando razas, sexos, población rural o urbana, nivel educativo y edad. Pero no se especificaban las clases sociales, como si no existieran diferencias entre ricos y pobres en la sociedad estadounidense.

 La mayoría de las encuestas, para averiguar la clase social del encuestado limita las opciones a tres: clase alta, media o baja, y la amplia mayoría se define como clase media. En las raras ocasiones en que se es más preciso, el 46% se define como clase trabajadora y el 32 % clase media. El término clase obrera o trabajadora apenas se utiliza en los medios o en la cultura política estadounidense.

 El término exiliado nunca se emplea para quienes se han visto obligados a salir de Estados Unidos por razones legales, como son los casos del ajedrecista Bobby Fisher y el director de cine Roman Polanski, exiliados respectivamente en Islandia y Francia. Estados Unidos es el único país del mundo desarrollado donde la financiación de las campañas electorales es privada. La mayoría de los fondos proceden de grupos financieros y empresariales que así compran su acceso a los candidatos y la capacidad de influir en sus políticas públicas. La prensa corporativa jamás habla de esto.

 Según las estadísticas, el 94% de los candidatos al congreso de Estados Unidos que ganaron las elecciones en 2006 fueron los mejor financiados. La ley establece que para poder participar en los debates televisivos de la campaña electoral, el candidato debe haber gastado o recaudado no menos de medio millón de dólares. Por cierto, el 40% de los congresistas son allí millonarios.

 Una constante de la cobertura informativa de las elecciones en Estados Unidos es mostrar más el carácter y la personalidad de los candidatos que sus verdaderas propuestas políticas. Los medios y los políticos coinciden en la estrategia de no abordar los temas que preocupan a la población, manteniéndolos fuera de la vista de los lectores, según Noam Chomsky, citado por Serrano.

 La información que recibe la comunidad internacional a través de los grandes medios no explica el funcionamiento del sistema electoral estadounidense. Por ejemplo, la razón por la que la opción política se limita a dos partidos, ambos influenciados por los grandes grupos económicos, financieros y corporativos.

 Esta situación explica la alienación de la mayoría de la población que no se siente representada por esos dos partidos políticos. El 72% de la población no se considera representado en el Congreso, lo que se considera causa de una enorme abstención.

 Serrano hace notar que el control oficial sobre los medios se ha incrementado en Estados Unidos con la excusa de la lucha contra el terrorismo y que los agentes gubernamentales infiltrados en los medios se han convertido en algo que es aceptado como normal. La abundancia de libros con contenidos críticos y negativos que se publican obedece a la ausencia de esa visión en los grandes medios, dice Pascual Serrano.…Y a la tolerancia del establishment en aras de blasonar de libertad de prensa porque considera que la escasa circulación y alcance de tales publicaciones les impide competir con los fabulosas recursos de que dispone la prensa corporativa, estimo yo.

Fuente original: http://auto-hermes.ning.com/profiles/blogs/la-libertad-de-prensa-en

martes, 30 de noviembre de 2010

La libertad de empresa, según los 5 grandes...diarios

El filtro de los cinco Por Eduardo Febbro Desde París Las condiciones en que cinco de los grandes diarios del mundo publicaron los telegramas provenientes de la diplomacia norteamericana y facilitados por el portal Internet WikiLeaks parecen inaugurar una nueva práctica de difusión de la información. Según se desprende de los relatos ofrecidos por periodistas de The New York Times, El País, Le Monde, Der Spiegel y The Guardian, las cinco publicaciones se pusieron de acuerdo entre ellas antes de hacer público el contenido de la información, llegaron a una suerte de pacto con el portal WikiLeaks y, antes de publicar los documentos, advirtieron al Departamento de Estado. En suma, contrariamente a lo que ha ocurrido en otras ocasiones con este portal de informaciones confidenciales, esta vez el contenido difundido ha sido prefiltrado por los cinco diarios e incluso remitido a la administración estadounidense. En un chat con sus lectores, Javier Moreno, director de El País, dice: “No hemos llegado a ningún tipo de acuerdo con el gobierno de EE.UU., a quien, sin embargo, sí se le informó con carácter previo. También a la Embajada de Estados Unidos en España”. Sylvie Kauffmann, directora de la redacción de Le Monde, adelantó que los cinco diarios intercambiaron “muchas informaciones, análisis y peritajes” y se pusieron “de acuerdo en torno de un programa de publicación”. La misma fuente explicó que el grupo de los cinco llegó a un acuerdo sobre la publicación de los memorandos y que “son esos memos, corregidos por nosotros, los que WikiLeaks puso en Internet”. Marcel Rosenbach, periodista en el Der Spiegel, aporta algunos detalles suplementarios sobre esta curiosa aventura de periodismo de refritos entregados por una fuente y difundidos por otros luego de un estricto control. Rosenbach contó que “todos los diarios concernidos analizaron el material independientemente unos de otros”. No obstante, Sylvie Kauffmann, del vespertino Le Monde, dio cuenta de reuniones entre los rotativos, la mayoría de las cuales tuvieron lugar en Londres para un trabajo que, y así lo precisa el periodista de Der Spiegel, se llevó a cabo “durante varios meses”. La directora de la redacción de Le Monde aclaró que “unas 120 personas” trabajaron en esos documentos de manera protegida”. En un editorial firmado por Sylvie Kauffmann, la periodista escribe: “En común, los cinco diarios editaron cuidadosamente los textos brutos utilizados para retirar todos los nombres e indicios cuya divulgación podía acarrear riesgos para las personas físicas. Le Monde también ofreció a los responsables norteamericanos expresar sus puntos de vista en nuestras columnas”. De estas justificaciones se desprende otra evidencia: los cinco periódicos actuaron como verdaderos agentes de comunicación del Departamento de Estado. Hicieron el trabajo de limpieza en lugar de los servicios de Hillary Clinton. En suma, en nombre de la libertad de expresión y todos los bellos argumentos, The New York Times, Der Spiegel, El País, Le Monde y The Guardian publicaron lo que sólo ellos juzgaron conveniente, borraron los nombres que ellos consideraron oportunos y, antes de hacer todo el asunto público, consultaron con los representantes del Departamento de Estado. La responsable de la redacción de Le Monde cuenta por ejemplo que “tuvimos entrevistas corteses y civilizadas” con las respectivas embajadas norteamericanas. Luego, en el editorial, escribe: “The New York Times informó a las autoridades norteamericanas sobre los telegramas que contaba utilizar y les propuso que le presentaran las preocupaciones que podrían tener en materia de seguridad”. Al parecer, WikiLeaks sólo tiene confianza en los grandes medios de comunicación de un puñado de países. El resto del planeta, concernido por su material, quedó excluido. Resulta, no obstante, un poco hipócrita constatar que estos cinco representantes de la libertad de expresión y de la democracia trabajaron estrechamente con los poderes frente a los cuales, por naturaleza, tienen otra misión: acosarlos allí donde la mentira pone el peligro la vida humana, allí donde la mentira y la manipulación van en contra del bien común. El último en enterarse fue, al final, el lector, que paga por el diario. Le Monde relata por ejemplo que “los representantes del Departamento de Estado tomaron contacto en los últimos días con numerosos gobiernos extranjeros para prevenirlos de las revelaciones y alertarlos ante cualquier impacto negativo”. En respuesta a una pregunta que le hace un lector sobre si se tomó en cuenta la “razón de Estado” antes de publicar los documentos, Javier Moreno, el director de El País, responde así: “Sí. Pero ha primado el derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz y relevante sobre asuntos públicos de interés general. Los periódicos tenemos muchas obligaciones. Entre ellas no se encuentra la de proteger a los gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas”. Sin embargo, todo el operativo de la banda informativa de los cinco y su asociado de las sombras, WikiLeaks, tiende a demostrar lo contrario. Publicado por Página/12 el 30.11.2010 efebbro@pagina12.com.ar

Digging in the dirt

“Esto tendrá efectos políticos y quizá de seguridad” Daniel Ellsberg, quien denunció los archivos de Vietnam; Carne Ross, ex diplomático británico; Greg Mitchell, periodista del blog Media Fix, y As’ad Abukhalil, profesor en Ciencias Políticas, analizan el significado de las revelaciones de Wikileaks. La periodista estadounidense Amy Goodman, voz del noticiero Democracy Now, reunió a cuatro voces calificadas para tratar la filtración de los documentos de la diplomacia norteamericana. “Estoy acá reunida en Nueva York con cuatro invitados, Carne Ross, un diplomático británico durante quince años que renunció antes de la guerra contra Irak. Es el fundador de un grupo asesor diplomático, Independent Diplomat. Estamos con Greg Mitchell, que escribe el blog Media Fix para el diario Nation. Y antes fue el editor de Editor and Publisher Magazine. Con nosotros está también Daniel Ellsberg, quizás el denunciante más famoso del país, filtró los papeles de Pentágono en 1971. Además está As’ad Abukhalil, un profesor de Ciencias políticas en la Universidad Estatal Stanislaus de California y profesor en UC Berkeley. Es el autor de La Batalla de Arabia Saudita y dirige el blog Angry Arab News Server. Daniel Ellsberg, comenzaremos con usted. ¿Qué piensa hoy? Daniel Ellsberg: Bueno, es un proceso que va a seguir día tras día. Hemos visto uno de los miles de cables que Wikileaks está dispuesto a divulgar. De manera que es muy pronto para juzgar los valores o los daños, si hay alguno. En octubre, cuando el portal daba a conocer creo que eran los documentos afganos, todavía eran nuevos en el proceso, y creo que cometieron algunos errores en términos de dar a conocer los nombres que no debían dar en ese momento y fuimos muy criticados por eso. Parece que desde ahora, con los cientos de miles de documentos que Wikileaks divulgó, el Pentágono tuvo que reconocer que ni un solo informante o soldado estuvo en peligro. En realidad, no han sentido la necesidad de proteger o informar que alguno estaba en peligro. Amy Goodman: Greg Mitchell, antes que nada coméntanos sobre el significado de la divulgación de estos documentos, lo que son; ¿como son los diferentes lugares de donde provienen? Greg Mitchell: Son de 79 diferentes embajadas del todo el mundo, de manera que son algo sin precedentes. Y como dijo Dan, esto es diferente de los Wikileaks previos, cuando salieron sobre la guerra de Irak y sobre Afganistán, en que aquellos eran básicamente historias de un día. Eran documentos gigantes, recibían cobertura de los medios durante un día y luego se terminaba. Lo de ahora estará saliendo a la luz durante los próximos nueve días, por ejemplo en el New York Times, y Wikileaks dijo en su sitio web que duraría meses. De manera que es muy pronto para decir exactamente cuáles serán los efectos y las revelaciones ya son bastante significativos. Lo que también es distinto sobre esta divulgación es que en las filtraciones previas Wikileaks trabajó muy cerca de las organizaciones de noticias. Pero acá les dieron esos archivos a las organizaciones de noticias muy pronto y estas –por lo menos el New York Times– fueron a la administración, lanzaron nombres en el Departamento de Estado y éste redactó muchos de los documentos, que Wikileaks luego tomó y están entre los más de 200 que subió. De manera que Wikileaks está dejando que los medios ayuden asegurándose que los documentos están a salvo. Amy Goodman: El almirante Mike Mullen, el jefe del Estado Mayor Conjunto, acusó a Wikileaks de tener sangre en sus manos en el programa GPS de CNN el domingo. Dijo que ponían en peligro no sólo a las tropas estadounidenses, también “a otros individuos a los que hemos comprometido en nuestro esfuerzo, ya sea en Afganistán o en otros países”. ¿Cuál es su opinión, Dan Ellsberg? Daniel Ellsberg: Antes que nada, tenemos al almirante Mullen ahí, que está en la posición de enviar tropas estadounidenses –hombres y mujeres– a un lugar peligroso. De manera que cuando hablamos de sangre en las manos, tiene mucho a lo cual responder. Al mismo tiempo, hay que pensar que tiene recursos ilimitados de su lado para minimizar el daño de asignar gente para averiguar quién está en peligro en esos documentos. Amy Goodman: Carne Ross, usted fue un diplomático británico durante quince años, y renunció antes de la guerra de Irak, y ahora ha fundado una grupo diplomático asesor sin fines de lucro llamado Independent Diplomat. Estos son cables diplomáticos. ¿Por qué no nos habla de lo que significan, el hecho de que hayan estado expuestos y qué es lo que encuentra más interesante? Carne Ross: Creo que esto es un hecho extraordinario y colosal que tendrá un profundo efecto en el discurso y la práctica de la diplomacia. Probablemente habrá buenos efectos y malos efectos cuando se le mande al público la información que hasta ahora era confidencial. Esto tendrá consecuencias políticas y quizá de seguridad. Lo que significa, creo que será muy difícil para los diplomáticos estadounidenses de aquí en más practicar la diplomacia. El hecho de que esos cables hayan sido divulgados significará que a otros diplomáticos les resultará más difícil compartir confidencias con sus pares estadounidenses. Tendrán, por supuesto, efectos negativos para la efectividad operacional del gobiernos de Estados Unidos, y quizá también para los Wikileads e historiadores que en el futuro quieran saber realmente qué hacían o pensaban el gobierno de Estados Unidos y sus diplomáticos. De manera que creo que es muy significativo a largo plazo. Se ramificará en todo tipo de formas. A. G.: En Estados Unidos, los medios se preguntan básicamente sobre las formas en que esto dañará a Estados Unidos, y sin embargo usted dice que puede ser beneficioso. ¿Por qué? Carne Ross: Bueno, yo renuncié a la Cancillería por la guerra de Irak. A la gente no se le decían los verdaderos motivos por los que íbamos a la guerra contra el gobierno de Saddam Hussein. Yo fui el experto en Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU durante muchos años. Personalmente creo que demasiada diplomacia es mantenida en secreto. A. G.: Hablemos, ya que usted trabajó en el Consejo de Seguridad de la ONU, hablemos sobre los cables. Desde Condoleezza Rice, anterior secretaria de Estado, a Hillary Clinton... Carne Ross: de Clinton a Rice, en realidad. De la secretaria de Estado Clinton a la embajadora Rice en la ONU. Hay telegramas estándar de instrucciones de Washington al USG (gobierno de Estados Unidos), todos firmados “Clinton”. Esto no debe considerarse un tipo de mensaje personal de Hillary Clinton –todos los telegramas de instrucciones de Washington estarán firmados por el secretario de Estado–, de manera que no tiene mayor importancia. Lo que este telegrama establece es una larga lista de pedidos de inteligencia para Estados Unidos en la ONU, que francamente es una lista muy exhaustiva, hasta las actividades de ONG para prevenir el sida o afectar las políticas de la ONU. El hecho de que Estados Unidos está tratando de reunir información de inteligencia en la ONU no es francamente un gran revelación. Todos espían a todos en la ONU, incluyendo al secretario general, general Ban Ki-Moon. La secretaria de Desarrollo británica, Claire Short, quien también renunció por la guerra de Irak, ha dicho públicamente que las autoridades del Reino Unido estaban interviniendo los teléfonos de Kofi Annan cuando él era secretario general. De manera que no creo que esto resulte una gran revelación para la gente de la ONU. Sin embargo será embarazosa para los diplomáticos de Estados Unidos que actualmente están practicando en la ONU. A. G.: Las directivas que parecen borrar las líneas entre la diplomacia y el espionaje fueron emitidas a los diplomáticos estadounidenses bajo el nombre de Hillary Clinton en julio de 2009 pidiendo detallada información biométrica de funcionarios claves de la ONU... Carne Ross: Tal es la naturaleza de las reuniones de inteligencia moderna. Pero el hecho de que Estados Unidos tuviera esta lista de requisitos de inteligencia de la ONU no creo que sea un gran sorpresa. Hasta los estados se espían unos a otros. A. G.: Quiero traer a la conversación a As’ad Abukhalil, autor del libro La Batalla de Arabia Saudita. ¿Qué opina sobre los cables que dan cuenta de que Arabia Saudita pidió atacar a Irán? As’ad Abukhalil: Muchos de los cables sobre Arabia Saudita muestran un alto grado de control del gobierno de Estados Unidos sobre las decisiones políticas tomadas en Arabia Saudita. En un punto, hay un específico pedido estadounidense, emitiendo lo que parece una orden, pidiéndole al gobierno saudita que vaya a China y que se haga cargo de un cierta misión en nombre de Estados Unidos vis-à-vis de la situación en Irán. Creo que el grado en que el gobierno saudita y todos los gobiernos árabes en el Golfo están avergonzados por estas filtraciones es evidente por las medidas drásticas que tomaron los medios árabes controlados por Arabia Saudita. Y hasta la llamada “independiente” Al Jazeera, la cadena de noticias más seria en Yemen, también está tratando de cubrir las incómodas revelaciones sobre la forma en que los gobiernos árabes operan vis-à-vis de Estados Unidos. De Democracy Now. Especial para Página/12 Traducción: Celita Doyhambéhère (30.11.2010)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Fin de Fiesta

Fin de fiesta Por Santiago O’Donnell Obama, la fiesta se terminó. Sorry, apagá el tocadiscos. Pará de bailar. Ya se fueron todos, salieron en estampida. Primero los de allá, después los de afuera. Sí, ya sé, vos sos un tipo alegre. Pero en algún momento hay que pagar la cuenta de la fiesta y empezar la limpieza. El informe que presentó esta semana el comité para achicar el déficit pasó una factura saladita. Y eso que son tipos razonables, vos mismo los elegiste. No hablan de déficit cero ni nada que se le parezca, apenas de un plan para equilibrar el nivel de gasto en el mediano plazo. La fiesta se terminó. Los estadounidenses te lo gritaron hace dos semanas en las elecciones legislativas. De los millones que movilizaste hace dos años no queda nada. Los únicos que hacen política hoy son los fundamentalistas de la antipolítica, los llamados Tea Party. Y lo único que dicen los Tea Party es que no gastes más. El G-20 también te dijo que no gastes más. El nivel de endeudamiento le quita competitividad a la economía estadounidense, el dólar se deprecia, los mercados internacionales se equiparan para abajo, te sermoneó Angela Merkel anteayer en Seúl. Lula te dijo más o menos lo mismo. David Cameron también. No querían decírtelo, no queda bien, pero seguís bailando solo en el Salón Oval y sólo escuchás tu propio canto de sirena. Vos sabés que las cuentas no cierran, Obama. Se te acumulan tres o cuatro problemas. Tenés un déficit astronómico y llevás dos años dándole duro a la máquina de imprimir billetes pero no podés bajar el desempleo ni hacer arrancar la economía. Bajo el mantra de “la guerra contra el terrorismo” entraste en un estado de guerra permanente, lo cual implica un estado de emergencia económica y psicológica que se prolonga en el tiempo sin solución de continuidad. Y tenés el problema adicional de que la generación de baby boomers llega a la edad de retiro y el sistema jubilatorio no da abasto. Algo tenés que hacer, Obama. Yo empezaría por cortarla con las guerras, pero vos pensás distinto. Esta semana tu canciller Hillary Clinton, tu secretario de Defensa Robert Gates y tu jefe de Estado Mayor Conjunto Mike Mullen confirmaron la presencia militar en Afganistán hasta al menos el 2014. Es tu forma de estirar la fecha de retirada que habías anunciado para mediados del año que viene. O sea, se viene una remake de lo que hiciste en Irak: anunciás la retirada, sacás algunas tropas y dejás medio ejército, cincuenta mil soldados, nada menos, para seguir la guerra, o media guerra. Pero media guerra en Irak y media guerra en Afganistán equivalen a una guerra completa: dos frentes, cien mil soldados en combate. Guerra permanente. Hay otro frente que le preocupa a tu gente, Obama, el frente fiscal. El demócrata Erskine Bowles y el republicano Alan Simpson, copresidentes de la Comisión Nacional de Reforma y Responsabilidad Fiscal, se tomaron su trabajo en serio. La propuesta que presentaron esta semana eliminaría cuatro billones de dólares del déficit de acá al 2020. Pero no arrancaría enseguida: los expertos recomiendan mantener el nivel de gasto un año más para no frenar la incipiente recuperación que ellos ven. Simpson y Bowles dicen que hay que recortar y mucho el gasto militar, cien mil millones de acá al 2015. Pero también dicen que hay que subir impuestos y eliminar subsidios muy apreciados por la clase media. Proponen una reforma tributaria que derogue deducciones por tener créditos hipotecarios y por tener hijos, entre otras. Proponen aumentar el impuesto al combustible y/o implementar un IVA que deje afuera a los productos de primera necesidad. La idea es gravar el consumo para incentivar el ahorro. También proponen recortes importantes en los programas federales de seguro de desempleo (social security) y salud pública (Medicare y Medicaid). Algunos de los avances obtenidos en la dura batalla por la reforma sanitaria aprobada hace pocos meses no sobrevivirían los recortes propuestos por los comisionados. El plan también les pone un tope a los juicios por mala praxis y recorta subsidios agrícolas. La meta es llevar el déficit al 22 por ciento del PBI en el 2020. Los expertos le dedican un capítulo aparte al problema jubilatorio. Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo una explosión demográfica en Estados Unidos. La tasa de natalidad, que venía cayendo, pegó un salto de 17 por mil a 28 por mil entre 1945 y 1946. La tendencia se mantuvo durante casi dos décadas. A la generación nacida entre 1946 y 1964 se la llamó los “baby boomers”. En los próximos tres años empiezan a retirarse y la caja previsional, que ya está en rojo, corre riesgo de caer en bancarrota. Los expertos nombrados por Obama propusieron una reforma previsional que aumente la edad jubilatoria de 67 a 69 años progresivamente de acá al 2075. La reforma reduciría los beneficios de la mayoría de los nuevos jubilados, aunque aumentaría el ingreso de los que menos reciben. Pero claro, ya te conocemos, Obama, y a vos te gusta bailar. Nada indica que estés por tomar decisiones drásticas como las que recomiendan los comisionados. Al contrario. Como decía Perón, si querés que no pase nada creá una comisión. El informe de los copresidentes ahora pasa al plenario de la comisión antigasto y algunos de sus catorce miembros ya han dicho que no piensan firmarlo. Aun si sorteara este primer escollo, el plan tendría que ser aprobado por el Congreso. Nancy Pelosi, demócrata y jefa del Senado, ya dijo que el plan es inadmisible por los recortes del gasto social que propone. A su vez los republicanos ya hicieron saber que no piensan votar ninguna suba de impuestos. Mientras Simpson y Bowles y su informe copan los diarios y la tevé, el Capitolio debate un megasubsidio para los millonarios. En los próximos días vencen las exenciones impositivas para los ricos que el Congreso había votado en el 2001 y el 2003 a instancias del entonces presidente Bush hijo. ¿Te acordás, Obama? Durante toda la campaña presidencial del 2008 te la pasaste despotricando contra esa fenomenal transferencia de recursos hacia los sectores más pudientes y prometiendo una repartija más justa. Ahora dicen que estás pensando seriamente en apoyar la propuesta republicana de prorrogar las exenciones hasta el final de tu mandato. Sabés muy bien que ahorrarles impuestos a los ricos cuesta muy caro. Exactamente cuatro billones de dólares de acá al 2030, si se mantuviera la prórroga. Cuatro billones. Lo mismo que ahorrarías si se aprobara el plan de la comisión antigasto. No quiero imaginarme lo que vas a hacer. Pobre Keynes. Si supiera lo que hiciste con su teoría. Querés salir de la crisis gastando, eso está bien, pero gastar en guerras y beneficios para los ricos no da. Algo tenés que cambiar. Después de las crisis de los ’90 hasta los gobiernos más progres emprolijaron sus cuentas. Sí, ya sé, vos no sos un tipo austero. No estás para controlar la cuenta del almacenero. Vos estás para la épica, las grandes ideas, el bronce, la historia. En otro tiempo hubieras brillado, pero ahora la gente quiere otra cosa. Quiere a alguien que se haga cargo, alguien que limpie, alguien que saque la basura. La fiesta terminó, Obama. No podés seguir bailando solo. Te van a desenchufar el tocadiscos. sodonnell@pagina12.com.arCompartir:

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Perdió la Democracia

Quedaron enterradas las expectativas que había despertado en el propio Estados Unidos y en el exterior, el gobierno de Barack Obama. Algunos intentos de cambiar la agenda (reforma de salud, reforma financiera), quedaron ocultos por el continuismo en la política internacional. Tras estar en penumbras o a un costado del escenario, mientras los flashes y las luces se centraban en el oriundo de Honolulu, irrumpieron en el centro del escenario nuevamente los poderosos, apoyados, entre otros por los Grandes Medios y el Tea Party, curisoso grupo ultraconservador que ve en los comunistas a los grandes enemigos de su modo de vida. Les atrasa el reloj, pero a ellos no les importa, aunque las consecuencias las siguen pagando los mismos.
A continuación un interesante análisis de Amy Goodman, conductora del Programa Democracy Now!
Perdió la democracia Por Amy Goodman * Al cierre de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, el mayor ganador aún no ha sido declarado, a saber: los grandes medios de comunicación. El mayor perdedor, mientras tanto, ha sido la democracia. Estas fueron las elecciones legislativas de mitad de mandato más caras en la historia de Estados Unidos: costaron casi cuatro mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones se gastaron en publicidad. Me pregunto qué pasaría si el tiempo publicitario para las campañas fuera gratuito. No se oyen debates al respecto, y no se oyen porque las corporaciones que manejan los medios masivos de comunicación obtienen inmensas ganancias con los avisos publicitarios de las campañas políticas. Sin embargo, las ondas radioeléctricas que los medios utilizan para emitir sus señales son públicas. Esto me recuerda el libro escrito en 1999 por el especialista en medios de comunicación Robert McChesney: Rich Media, Poor Democracy (Medios ricos, democracia pobre). En su libro, McChesney escribe: “Los medios tienen poco incentivo para brindar cobertura a los candidatos ya que resulta de su interés forzarlos a publicitar sus campañas.” El grupo de investigación Wesleyan Media Project, de la Universidad Wesleyan, hace un seguimiento de la publicidad política. Tras el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso Citizens United contra la Comisión Federal Electoral por el cual se autoriza a las grandes corporaciones a destinar sumas ilimitadas de dinero a la campaña publicitaria de los candidatos, el proyecto hace notar que “el tiempo de aire destinado a publicidad se ha saturado de anuncios relacionados con la Cámara de Representantes y el Senado, que ocupan hasta un 20 y un 79 por ciento respectivamente del total de tiempo de aire”. Evan Tracey, fundador y presidente del grupo de análisis de campañas publicitarias Campaign Media Analysis Group, predijo el pasado mes de julio en declaraciones para el periódico USA Today que “habrá más dinero que espacio de aire que comprar”. Por su parte, John Nichols, del semanario The Nation, comentó que en los amables primeros tiempos de la publicidad política televisiva, los canales de TV nunca habrían emitido el aviso a favor de un candidato a continuación de un aviso publicitario en contra de ese candidato. Pero no están tomando en cuenta el patrimonio ligado a los grandes medios. Bienvenidos al “mundo feliz” de las campañas de miles de millones de dólares. En el pasado ha habido intentos de regular el uso de las ondas radioelétricas para que estén al servicio de la población durante las elecciones. En los últimos años, el intento más ambicioso fue el que se conoce como “Reforma del financiamiento de las campañas electorales de McCain-Feingold”. Durante el debate sobre esta histórica legislación, tanto demócratas como republicanos hicieron referencia al problema de las exorbitantes tasas de publicidad televisiva. El senador por Nevada John Ensign, republicano, se lamentaba: “Las emisoras no querían ni pensar en las campañas electorales porque era el momento del año en que ganaban menos dinero debido a la baja tasa unitaria que existía durante ese período. Ahora es uno de sus momentos preferidos ya que, de hecho, es uno de los momentos del año con más amplio margen de ganancias”. Finalmente, para que el proyecto de ley fuera aprobado, se omitieron las cláusulas referentes al “tiempo público de aire”. El fallo en el caso de Citizens United neutraliza eficazmente la Reforma del financiamiento de las campañas de McCain-Feingold. Ni imaginemos lo que se gastará en las elecciones presidenciales de 2012. El senador por Wisconsin Russ Feingold perdió la oportunidad de ser reelegido en su disputa contra el prácticamente autofinanciado multimillonario Ron Johnson. El editorial del periódico Wall Street Journal celebró la esperada derrota de Feingold. El periódico es propiedad de la corporación News Corp., de Rupert Murdoch, que posee además la cadena de televisión Fox y que donó casi dos millones de dólares a la campaña de los republicanos. “Las elecciones se han convertido en un bien comercial, un centro de ganancias para estas radios y canales de televisión”, me dijo el día de las elecciones Ralph Nader, defensor de los consumidores y ex candidato a presidente. Me dijo además: “Las ondas públicas, como sabemos, pertenecen al pueblo. El pueblo es el propietario y las cadenas de radio y televisión son las titulares de las licencias para usar esas ondas, digamos que son como inquilinos. Sin embargo, para obtener su habilitación anual, no pagan nada a la Comisión Federal de Comunicaciones. Así, resultaría bastante persuasivo, si tuviéramos políticas públicas que impusieran módicas condiciones para obtener la habilitación que permite a estas cadenas de radio y televisión acceder al inmensamente lucrativo control de las ondas públicas 24 horas al día, podríamos decirles que como parte del intercambio por controlar estos bienes comunes, por decirlo de alguna manera, deben destinar cierta cantidad de tiempo, tiempo gratuito, en la radio y la televisión a los candidatos electorales”. Este tema debería ser puesto en debate en los grandes medios de comunicación, dado que en ellos obtiene información la mayoría de los estadounidenses. Pero las emisoras de radio y televisión tienen un profundo conflicto de intereses. En su orden de prioridades, sus ganancias están antes que nuestro proceso democrático. Seguramente no oiremos hablar de este tema en los programas de entrevistas políticas de los domingos por la mañana. * Conductora del noticiero internacional Democracy Now! Denis Moynihan colaboró con esta columna. Traducción de Fernanda Gerpe.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mirada de Paul Krugman

ESTADOS UNIDOS SE SUME EN LA OSCURIDAD. Por Paul Krugman.(*) Las luces se apagan en todo Estados Unidos, literalmente. La consecuencia lógica de tres décadas de retórica antigubernamental, un discurso persistente que ha convencido a numerosos votantes de que un dólar recaudado en concepto de impuestos es siempre un dólar malgastado, que el sector público es incapaz de hacer algo bien, ha dado resultados. Según Paul Krugman, hoy las ciudades apagan su alumbrado púbico, recortan el sostenimiento de la salud y precarizan la enseñanza. Y esto no solo ocurre en Colorado Springs: abarca desde Filadelfia hasta Fresno. Un país que en su día asombró al mundo con sus visionarias inversiones en transportes, desde el canal de Erie hasta el sistema de autopistas interestatales, ahora se halla en un proceso de despavimentado: en varios Estados, los Gobiernos locales están destruyendo carreteras que ya no pueden permitirse mantener y reduciéndolas a grava. Y una nación que antaño valoraba la educación, que fue una de las primeras en ofrecer escolarización básica a todos sus niños, ahora está haciendo recortes. Los profesores están siendo despedidos, y los programas, cancelados. En Hawai, hasta el curso escolar se está acortando de manera drástica. Y todo apunta a que en el futuro se producirán todavía más ajustes. Nos dicen que no tenemos elección, que las funciones gubernamentales básicas -servicios esenciales que se han proporcionado durante generaciones- ya no son viables. Y es cierto que los Gobiernos estatales y locales, duramente azotados por la recesión, están faltos de fondos. Pero no lo estarían tanto si sus políticos estuvieran dispuestos a considerar al menos algunas subidas de impuestos. Y en el Gobierno federal, que puede vender bonos a largo plazo protegidos contra la inflación con un tipo de interés de solo el 1,04%, no escasea el dinero en absoluto. Podría y debería ofrecer ayuda a los Gobiernos locales y proteger el futuro de nuestras infraestructuras y de nuestros hijos. Pero Washington está prestando ayuda con cuentagotas, y hasta eso lo hace a regañadientes. Debemos dar prioridad a la reducción del déficit, dicen los republicanos y los demócratas centristas. Y luego, casi a renglón seguido, afirman que debemos mantener las subvenciones fiscales para los muy adinerados, lo cual tendrá un coste presupuestario de 700.000 millones de dólares durante la próxima década. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Es la consecuencia lógica de tres décadas de retórica antigubernamental, una retórica de la derecha política que ha convencido a numerosos votantes de que un dólar recaudado en concepto de impuestos es siempre un dólar malgastado, que el sector público es incapaz de hacer algo bien. En la práctica, buena parte de nuestra clase política está demostrando cuáles son sus prioridades: cuando se les da a elegir entre pedir que el 2% de los estadounidenses más acaudalados vuelvan a pagar los mismos impuestos que durante la expansión de la era Clinton o permitir que se derrumben los cimientos de la nación -de manera literal en el caso de las carreteras y figurada en el de la educación-, se decantan por esto último. Es una decisión desastrosa tanto a corto como a largo plazo. A corto plazo, esos recortes estatales y locales suponen un pesado lastre para la economía y perpetúan el desempleo, que es devastadoramente elevado. Es crucial tener en mente a los Gobiernos estatal y local cuando oímos a la gente despotricar sobre el desbocado gasto público durante la presidencia de Obama. Sí, el Gobierno federal estadounidense gasta más, aunque no tanto como cabría pensar. Pero los Gobiernos estatales y locales están haciendo recortes. Y si los sumamos, resulta que los únicos incrementos relevantes en el gasto público han sido en programas de protección social, como el seguro por desempleo, cuyos costes se han disparado por culpa de la gravedad de la crisis económica. Es decir que, a pesar de lo que dicen sobre el fracaso del estímulo, si observamos el gasto gubernamental en su conjunto, apenas vemos estímulo alguno. Y ahora que el gasto federal se reduce, a la vez que continúan los grandes recortes de gastos estatales y locales, vamos marcha atrás. Pero ¿no es también una forma de estímulo el mantener bajos los impuestos para los ricos? No como para notarlo. Cuando salvamos el puesto de trabajo de un profesor, eso ayuda al empleo sin lugar a dudas; cuando, por el contrario, damos más dinero a los multimillonarios, es muy posible que la mayor parte de ese dinero quede inmovilizado. ¿Y qué hay del futuro de la economía? Todo lo que sabemos acerca del crecimiento económico dice que una población culta y una infraestructura de alta calidad son cruciales para el crecimiento. Las naciones emergentes están realizando enormes esfuerzos por mejorar sus carreteras, puertos y colegios. Sin embargo, en Estados Unidos estamos retrocediendo.. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Es la consecuencia lógica de tres décadas de retórica antigubernamental, una retórica que ha convencido a numerosos votantes de que un dólar recaudado en concepto de impuestos es siempre un dólar malgastado, que el sector público es incapaz de hacer algo bien. Todo lo que sabemos acerca del crecimiento económico dice que una población culta y una infraestructura de alta calidad son cruciales para el crecimiento. Las naciones emergentes están realizando enormes esfuerzos por mejorar sus carreteras, puertos y colegios. En Estados Unidos estamos reculando. La campaña contra el Gobierno siempre se ha planteado como una oposición al despilfarro y el fraude, a los cheques enviados a reinas de la Seguridad Social que conducen lujosos Cadillac y a grandes ejércitos de burócratas que mueven inútilmente documentos de un lado a otro. Pero eso, cómo no, son mitos; nunca ha habido ni de lejos tanto despilfarro y fraude como aseguraba la derecha. Y ahora que la campaña empieza a dar frutos, vemos lo que había realmente en la línea de fuego: servicios que todo el mundo, excepto los muy ricos, necesita, unos servicios que debe proporcionar el Gobierno o nadie lo hará, como el alumbrado de las calles, unas carreteras transitables y una escolarización decente para toda la ciudadanía. Por tanto, el resultado final de la prolongada campaña contra el Gobierno es que hemos dado un giro desastrosamente equivocado. Ahora, EE UU transita por una carretera a oscuras y sin asfaltar que no conduce a ninguna parte. (*)Paul Krugman. Nacido en 1953, es economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Actualmente es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Esta nota fue distribuida por El Arca Digital y publicada originalmente en el Suplemento Negocios de El País, edición del 15.08.10.