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lunes, 17 de octubre de 2011

No es un tema moral

Por Alfredo Zaiat
Los ministros de Economía del G-20 se reunieron en París en la última escala preparatoria de la cumbre de presidentes de ese club de potencias y emergentes en Cannes, el 3 y 4 de noviembre próximos. Desde el primer encuentro en noviembre de 2008, en Washington, se han convocado los principales líderes mundiales ya en cinco oportunidades y van para la sexta. Si se evalúa el estado de la economía de EE.UU. y Europa en ese período, el saldo no es alentador, con tasas de desocupación record, estancamiento productivo, abultadas deudas soberanas impagables y corrida de depósitos contra bancos al borde de la quiebra. Una mirada académica condescendiente apuntaría a que la situación hubiera sido peor sin esa cobertura política global. Es un escenario imposible de apropiar pero el crecimiento del movimiento de los indignados, en Europa, y de Occupy Wall Street, en Estados Unidos, refleja que el G-20 bajo los dictados de los países dominantes se ha demostrado inoperante para abordar con firmeza la crisis internacional.



Resulta tan potente la hegemonía de las finanzas y la corriente de pensamiento ortodoxa que la convalida que, pese a los evidentes costos de esta debacle, esa estructura de poder continúan siendo el (des)ordenador de la economía global. Ese lugar privilegiado lo preservan en el núcleo del liderazgo político mundial a pesar del fracaso para rescatar a esas economías de la crisis con medidas de ajuste fiscal, cuyo objetivo real es garantizar el pago de la deuda y el salvataje de bancos. Si bien es una declaración protocolar y exculpatoria, no deja de sorprender la presentación en la página web de la próxima cumbre del G-20 en Francia. Se afirma que “las acciones concertadas y decisivas del G-20, con su composición equilibrada de los países desarrollados y en desarrollo ayudaron al mundo a hacer frente eficazmente a la crisis financiera y económica, y el G-20 ya ha emitido una serie de resultados importantes”.



La reacción contra esas políticas que las potencias consideran exitosas se está multiplicando en movilizaciones sociales que cuestionan a gobiernos y financistas. A estos últimos se los acusa como los principales responsables de la debacle. Existen múltiples motivos para concentrar en esas figuras el repudio social: honorarios extravagantes, beneficios obscenos, arrogancia sin límites, comportamientos de nuevos ricos e impunidad. Conductas que se han reforzado en estos años a pesar de que tuvieron que ser auxiliados con millonarios fondos públicos para evitar quiebras generalizadas en el sistema financiero.



Una de las claves para entender esta crisis y pensar caminos alternativos es precisar el tipo de “responsabilidad” por ese desmoronamiento. No es una tarea sencilla porque banqueros y financistas reúnen cualidades que provocan el rechazo inmediato, como el Gordon Gekko de Michael Douglas en Wall Street. Eludir esa legítima y comprensible reacción es el primer paso para comprender que la crisis no es sólo por el accionar de hombres inescrupulosos, sino por las reglas establecidas para el funcionamiento de la economía con predominio de las finanzas. El documental Inside Job es la acusación moral a unos individuos que violentaron las bases del sueño americano, mientras que el realizado por griegos, Debtocracy, es una explicación de las estructuras y regulaciones de la actual globalización que crearon las condiciones para la obscenidad financiera que precipitó la debacle. En el primer documental se expresa el pensamiento liberal-individualista, que glorifica como denigra a la persona como sujeto autónomo y responsable. En la otra, la estructura económica y las fuerzas sociales determinan el accionar de los individuos.



No era ni es previsible esperar un comportamiento diferente del que tienen diariamente banqueros y financistas luego de que durante décadas se diseñó e implementó una descomunal desregulación de los mercados de capitales a nivel global. También se han perfeccionado los instrumentos de especulación financiera, con los denominados “derivados” como estrellas de ese casino global. Se constituyó así un universo de oportunidades de ganancias fuera de control. No debería sorprender entonces la voracidad de esos operadores si su principal objetivo es la maximización de ganancias especulativas. En otras palabras, lo describió el economista francés Frédéric Lordon en Adiós a las finanzas. Reconstrucción de un mundo en quiebra, señalando que “pedirle a un trader que no haga una jugada rentable en nombre de reservas morales o escrúpulos de conciencia es pedirle que sabotee su propia carrera cuando está jugando un juego declarado lícito por el que le pagan por jugar”. “Dar por descontado que en nombre de tales razones un banquero no presione a todo su banco, con la trade room a la cabeza, para obtener la máxima rentabilidad y sostener ante sus accionistas la comparación con sus competidores, es pedirle que trabaje para su propio despido”, concluye Lordon.



El origen, expansión y persistencia de esta crisis se aborda con más complejidad si se desvía un poco la mirada sobre los individuos, aunque sin perderlos del foco, para orientar el análisis principal en las características del funcionamiento de las finanzas globales. La desregulación de las normas bancarias, el cada vez mayor predominio de las calificadoras de riesgo, la deliberada decisión de Estados Unidos de mantener la opacidad de las finanzas de los paraísos fiscales, la intervención-gendarme del FMI con sus recetas de ajuste ortodoxo y la resistencia al control del flujo de capitales especulativos han definido en conjunto la arquitectura financiera internacional que hoy ha sumergido al mundo desarrollado en una crisis de proporciones.

sábado, 1 de octubre de 2011

Moneda débil

Por Alfredo Zaiat
En un perturbador panorama sobre el futuro del sistema monetario mundial, la tenencia, administración y circulación de divisas extranjeras en economías periféricas es una tarea compleja. Si además existe en la sociedad una obsesión por el dólar por una sucesión de crisis pasadas y bimonetaria gracias a la tablita de Martínez de Hoz y la convertibilidad de Cavallo, la misión adquiere mayores complicaciones. Desde el estallido de la crisis internacional, en el período 2008-2011 la formación de activos externos elaborada por el Banco Central, aproximación a lo que se denomina fuga de capitales, sumó cerca de 65 mil millones de dólares. En términos relativos, semejante monto de dólares implica una colaboración relevante de la economía argentina a la socialización que Estados Unidos pretende de su propia crisis. Ya no se trata sólo de una su-bordinación cultural y política de la elite doméstica, como se puede observar en el tono de satisfacción que difunden por diferencias menores, importantes o inventadas con Estados Unidos, sino que el compromiso se extiende a acompañar a la potencia en su torbellino económico acumulando su débil moneda.
En estos meses de mayor movimiento resulta ilustrativo conocer quiénes son los principales protagonistas de la compraventa de dólares en el mercado de cambio local. El documento oficial actualizado para conocer la dinámica de la plaza cambiaria abarca hasta el segundo trimestre de este año. En “Evolución del Mercado Unido y Libre de Cambios y Balance Cambiario” del Banco Central se explica que “la demanda neta de activos externos de libre disponibilidad registró un aumento respecto de los trimestres previos, reflejando el habitual comportamiento del sector privado en períodos preelectorales, principalmente en la demanda de billetes en moneda extranjera por parte de la franja de ahorristas de montos menores”.
Las compras netas de billetes en moneda extranjera por parte de residentes totalizaron 4774 millones de dólares en abril, mayo y junio, unos 1900 millones más que lo observado en el trimestre previo. En el siguiente se intensificaron las compras. Parte de esos billetes se dirigió a constituir depósitos locales privados en moneda extranjera, que aumentaron unos 900 millones de dólares en el segundo trimestre, y para cubrir gastos de turismo y viajes de residentes en el exterior.
La evolución del mercado hasta mayo mostraba que la demanda de divisas tenía un comportamiento normal para una economía con vocación dolarizadora, aun en un año electoral. A partir de entonces comenzaron a reiterarse las opiniones de economistas del establishment que argumentan que el tipo de cambio estaba atrasado porque lo erosiona la alta inflación y, luego, la devaluación en Brasil. Así se fortaleció la idea del retraso cambiario y su inevitable ajuste después de la elección presidencial en octubre. Esa situación se acentuó cuando Brasil cambió su política y comenzó a desandar la apreciación del real bajando la tasa de interés. La demanda de dólares comenzó a aumentar con un fuerte componente de minoristas, según el documento del Banco Central, que observa que ese mayor crecimiento se verificó en la plaza del “dólar billete” antes que en la del “dólar transferencia”, canal que se utiliza para fugar divisas al exterior.
En ese informe oficial se presentó una estructura de la demanda bruta de billetes: el 45 por ciento fueron personas físicas o jurídicas con compras mensuales por el equivalente de hasta 10.000 dólares, un 24 por ciento entre 10.000 y 50.000 dólares, un 8 por ciento entre 50.000 y 100.000 dólares, un 18 por ciento entre 100.000 y un millón de dólares, y un 5 por ciento con compras mensuales superiores al millón. En esa distribución no se considera la generalizada práctica de los denominados “coleros”, individuos sin capacidad patrimonial para adquirir dólares, pero que lo hacen para otros grandes operadores.
Más interesante es el dato de que la banca privada extranjera concentró el 61 por ciento del total operado en el mercado de cambios en el trimestre, más que duplicando la participación de la privada nacional que reunió el 27 por ciento, quedando el resto distribuido entre la banca pública y las casas y agencias de cambio, con el 10 y el 2 por ciento, respectivamente. Es ilustrativo el siguiente ranking:



Volumen operado por las entidades financieras y cambiarias con sus clientes, en millones de dólares, segundo trimestre de 2011
Las operaciones de las entidades autorizadas a operar en cambios con sus clientes acumularon en el segundo trimestre 69.988 millones de dólares, monto similar al record observado en el segundo trimestre de 2008 (70.158 millones) y reflejaron un aumento de 18 por ciento con respecto del mismo período del año anterior. Las primeras diez entidades, de un total de 125 autorizadas que operan en cambios, concentraron casi el 80 por ciento del volumen total con clientes. Dos bancos extranjeros ocupan los dos primeros lugares porque son muy activos también en el cobro de exportaciones de bienes y pago de importaciones. En la primera transacción, el Citi cursó por un total de 5177 millones de dólares, y el HSBC, de 3355, mientras que en la segunda, el monto fue de 3550 y 1749 millones, respectivamente. La suma de esas dos operaciones totalizó en el caso del Citi 8727 millones de dólares, quedando un saldo de 3858 millones por otros movimientos, entre otros la formación de activos externos en una moneda débil por parte de residentes locales.
La disposición por acumular dólares no es exclusiva de los actores económicos con excedentes de la sociedad argentina, aunque sí con una intensidad destacada. Una de las manifestaciones más peculiares de la crisis internacional con epicentro en las economías centrales es que los bonos del Tesoro de Estados Unidos e incluso el dólar se mantienen como refugio privilegiado de grandes inversores y bancas centrales. Si bien existe un desvío hacia la compra de oro y bienes tangibles, esos activos son los elegidos en una paradoja que revela los profundos interrogantes que existen sobre el reordenamiento futuro de la economía mundial. Este comportamiento expresaría que se supone que el escenario probable de salida de esta crisis implicará la recuperación de Estados Unidos de su rol de potencia hegemónica o que, ante el miedo a lo desconocido, es el único destino considerado relativamente seguro para la inmensa masa de recursos financieros desligada de la producción, creada en la actual etapa del capitalismo dominada por las finanzas globales. También puede ser una estrategia de supervivencia ante la necesidad de preservar el capital acumulado, puesto que una corrida contra esos activos arruinaría el propio patrimonio. O que es el proceso inevitable de destrucción de ese dinero ficticio, fatalidad prevista pero imposible de eludir por esos grandes tenedores de dólares y bonos estadounidenses. Lo cierto es que más allá de esas especulaciones, la política monetaria estadounidense tiene como objetivo debilitar el dólar.

La Reserva Federal de Estados Unidos adelantó su decisión de mantener la tasa de interés cercana a cero durante un período prolongado, por lo menos hasta el 2013. También continuó con el programa de compra de bonos de 600.000 millones de dólares, conocido como el programa “flexibilización cuantitativa II (QE2)”, que con sus dos versiones sumó una emisión de cerca de 2,3 billones de dólares para absorber deuda pública y privada vinculada con hipotecas entre diciembre de 2008 y junio de 2011. Y no se descarta un QE3 por un monto indeterminado.
Esas medidas han debilitado el valor del dólar, depreciación que ha generado una fuerte alza en el precio de los commodities y ha alimentado las presiones inflacionarias en otros países, sobre todo en los mercados emergentes. Esa política de Estados Unidos implica transferir parte de los costos de su propia crisis al resto del mundo, al tiempo que es financiada porque los bonos del Tesoro y también el dólar son refugios del capital por el miedo a la profundización de la crisis. Esta conducta paradójica, que tiene como actor entusiasta a parte de la sociedad argentina con excedentes, es el beneficio que goza la potencia que emite la moneda de cambio universal.

Página/12: 01.10.2011: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-177969-2011-10-01.html

viernes, 12 de agosto de 2011

Show del terror



Por Alfredo Zaiat

El análisis económico convencional tiene una liturgia con fieles hechizados por una fuerza que merece ser capturada para mejores fines. Mientras se suceden planes de ajuste en Europa para salvar a los bancos, sus pastores ortodoxos los elogian como el camino para superar la crisis. No emiten señales de alerta sobre el riesgo de una recesión por la implementación de políticas de reducción del gasto público, de derechos laborales y sociales, de empleos y de planes asistenciales. El manual básico de economía enseña que esas medidas provocan una retracción de la demanda con caída del nivel de actividad. En el período de anuncios de paquetes de rescates financieros, el mensaje es que el ajuste es necesario para evitar una recesión, aunque así se la convoca. Economistas de esa corriente de pensamiento, en un marco de liderazgos políticos débiles, no exponen evaluaciones pesimistas sobre el impacto de esa estrategia, sino que la consideran dolorosa pero imprescindible. Como si fuera un acontecimiento inesperado en ese contexto de recortes en economías frágiles, esta semana las Bolsas registraron fortísimas bajas con posteriores recuperaciones. Recién en ese momento, quienes alentaron las políticas de achicamiento emiten la alarma sobre el peligro de una nueva recesión en los países que aún mantienen la categoría de potencias mundiales. Aunque no es fácil ante tanto bombardeo de esas ideas en el espacio público, es una muestra de prudencia saber que no es por la caída de las cotizaciones de acciones y bonos que esas economías mostrarán de mediocres a pésimos comportamientos de su Producto, sino que será consecuencia de las políticas implementadas para preservar los privilegios de un sistema dominado por las finanzas globales. La inquietud que ahora existe sobre el impacto de esta crisis en la economía argentina tiene la exageración que contagia los pronósticos a partir del derrumbe bursátil, pero es la misma amplificada que ha estado presente mientras gobiernos europeos y de Estados Unidos declararon el default sociolaboral en el altar del objetivo incierto de evitar el default de la deuda.
Pontificar que la economía argentina recibirá coletazos de una crisis global es una obviedad. En los hechos, desde su estallido a mediados de 2008, ha estado absorbiendo impactos a favor y en contra del reordenamiento económico mundial, además de golpes internos, como la disputa con el sector del campo privilegiado y la persistencia de la fuga de capitales. Para no convertirse en espectadores pasivos del show del terror de economistas del establishment resulta más interesante precisar cuáles son los posibles canales de transmisión de la crisis, la eventual magnitud de los efectos negativos en la actividad y las características de la base de funcionamiento de la economía local. Esto último es muy importante, porque en un ejercicio comparativo se puede observar la notable diferencia en la respuesta en relación a crisis internacionales pasadas. Durante los años de hegemonía del modelo de valorización financiera, que en los noventa tuvo como rector a la convertibilidad, cualquier inestabilidad externa provocaba perturbaciones inmediatas en las expectativas sociales y en la tasa de crecimiento del PIB. El denominado efecto Tequila por la debacle mexicana en diciembre de 1994 sumergió a la economía en una recesión corta, acompañada de un descalabro bancario que derivó en la de-saparición de unas cien entidades financieras. La seguidilla de crisis externas desde 1997 (asiática, rusa, brasileña) hundió a la economía en una de las recesiones más prolongadas de su historia, que se extendió desde agosto de 1998 hasta mediados de 2002.
Como elemento anecdótico, pero ilustrativo del predominio que aún conservan en el campo de la explicación de los acontecimientos económicos los mismos que fueron protagonistas, como funcionarios o promotores, de políticas que acentuaron esa vulnerabilidad local, con consecuencias políticas y sociales devastadoras, advierten ahora sobre los riesgos que acechan. A contramano de sus históricos postulados, la fortaleza de la economía argentina se encuentra en lo que ellos observan como carencia: la desconexión financiera del mercado internacional. La actual dinámica de desarrollo, con la complejidad que entrega rupturas y continuidades respecto del período anterior, tiene su base en la producción industrial, agropecuaria y de servicios. Las finanzas han quedado desplazadas como ordenador de las fuerzas productivas.
Por esa razón, el canal de transmisión de la crisis de Europa y Estados Unidos se encuentra en el área del comercio exterior, y ya no en el financiero. El default de 2001, la audaz reestructuración de la deuda con quita de capital, bajas tasas de interés y extensión de plazos y el desendeudamiento derivaron en dos tendencias que se retroalimentaron: el mercado financiero internacional castigó al país por esa solución al problema de la deuda, lo que derivó en una desconexión de los flujos de capitales especulativos, al tiempo que obligó a una profundización del desendeudamiento, que incrementó sustancialmente el margen de autonomía de la política económica. Haber obturado la puerta de ingreso de la crisis por el flanco financiero es uno de los principales activos en el actual escenario de incertidumbre global. Ante este probado dique defensivo, es impactante la fe religiosa al mercado financiero que profesan economistas políticos de la city que aún hoy siguen repitiendo que es una mala decisión el pago de deuda con reservas, cuando ese atajo ha permitido independencia de la lógica de subordinación a las finanzas, perturbadora de la estabilidad macroeconómica.
La fuga de capitales que puede alterar a otros países de la región, la economía argentina la registra en montos considerables desde hace varios años. Esto reafirma que el frente más complicado que se presenta proviene del comercial, porque el financiero ya está incorporado y también neutralizado. El antecedente más reciente fue en 2008-2009, cuando el comercio internacional disminuyó cerca del 10 por ciento, según la Organización Mundial de Comercio, siendo el retroceso más agudo desde el crac del ’29. La caída de las exportaciones, más por precios que por cantidad debido al perfil de las ventas externas del país, como también la de las importaciones por la fase recesiva alcanzó a las variables sociolaborales. Aumentó el desempleo y la pobreza en un contexto de desaceleración de la actividad.
La evolución del comercio internacional es el canal de trasmisión más sensible sobre la economía doméstica. La ventaja relativa es que existe una experiencia muy cercana que proporcionó aprendizajes a la administración kirchnerista, como también a líderes o fuerzas políticas de la región que hoy están gobernando y que también transitaron similar contexto desfavorable. A la política anticíclica aplicada en 2008-2009, expandiendo el gasto público para preservar la demanda interna y el empleo, estrategia elogiada por la Cepal y hasta por el Banco Mundial, se le agrega ahora la conciencia regional de trabajar en forma conjunta en la Unasur para impulsar mecanismos de integración financiera y productiva como barreras defensivas. También se sumó la aplicación de una batería de medidas de administración del comercio exterior para el control de las importaciones.
En oposición a esa estrategia, el neoliberalismo en sus diferentes versiones de la política doméstica propone la lógica del ajuste ante la crisis global, resumida en incrementar el superávit fiscal, disminuir subsidios, bajar retenciones, reducir el gasto público en términos reales, contener los reclamos salariales, avanzar en la ortodoxa metas de inflación y colocar títulos públicos en el mercado para hacer frente a los vencimientos de deuda. Por ese sendero entonces sí aparecerán los impactos tan desagradables que sus tradicionales voceros difunden en sus cotidianos shows del terror económico.

azaiat@pagina12.com.ar
 
 

miércoles, 20 de mayo de 2009

La plata de los Jubilados

La plata de los jubilados Por Alfredo Zaiat El sistema previsional fue desfinanciado durante catorce años con el giro de los aportes jubilatorios hacia el negocio de bancos & afines asociados en compañías denominadas AFJP. La reforma que puso fin a esa actividad especulativa con el dinero de los trabajadores ha sido el comienzo de un proceso para ordenar un régimen de seguridad social que se estaba desquiciando. Sin embargo, la efectivización de una medida no implica necesariamente que también se haya enterrado al mismo tiempo la base conceptual del modelo anterior y, por lo tanto, la forma de examinar el nuevo. El ejemplo más claro se encuentra en los análisis que aún relacionan reservas y circulante monetario como una variable relevante para la estabilidad cambiaria y la solvencia económica, evaluación que es una resaca del esquema de convertibilidad y que hoy es poco importante con un tipo de cambio variable y otro esquema monetario. Con el recuperado sistema previsional está sucediendo el mismo rezago para la comprensión de los efectos de una reforma. Como si nada hubiera cambiado, políticos oficialistas y opositores, economistas conservadores y progresistas, elaboran sus discursos de defensa o de ataque con la consigna de “la plata de los jubilados”. Esta idea es un reflejo del éxito que ha tenido esa concepción liberal de cuenta individual jubilatoria de las AFJP, que ahora se ha trasladado en forma mecánica a que la Anses es estrictamente la cuenta global de los jubilados. Se confunde así flujo y stock de recursos previsionales, se distorsiona la noción de solidaridad intergeneracional de un régimen de reparto y se limita al Estado en su política de administración de activos financieros e intervención en la economía. Esa demagogia discursiva conduce a esos errores para no ser señalado como insensible ante la clase pasiva, y en ocasiones por especulación electoral sin distinción de izquierdas o derechas. No existe esa concepción lineal de “la plata de los jubilados” en un sistema de reparto. El flujo mensual de recursos provenientes de los aportes de los trabajadores, cargas sociales y porciones de impuestos nacionales (IVA, Ganancias y Cheque) permite el pago de los haberes de los jubilados. Es lo que se conoce como un esquema previsional de solidaridad intergeneracional: los trabajadores activos de hoy aportan para el pago de los haberes de los pasivos, y mañana sus respectivas retribuciones serán acercadas por otros trabajadores y así se van encadenando los eslabones en el régimen de reparto. En éste, en caso de haber excedentes, se podría elevar el monto de la jubilación, o cuando aparece un déficit se requeriría el financiamiento de recursos del Tesoro para enfrentar las obligaciones. Esos movimientos de la cuenta del organismo encargado de pagar las jubilaciones (Anses) son un flujo que depende de varios factores: cantidad de empleos en blanco, relación de trabajadores activos/pasivos, cumplimiento de las empresas para el pago de los aportes, nivel de actividad económica que determina la recaudación impositiva destinada al sistema previsional. También puede ser afectado por programas de inclusión social, como el que incorporó al régimen a 1,8 millones de personas que pasaron a cobrar su jubilación. “La plata de los jubilados” es ese flujo mensual que, teniendo en cuenta que el 38 por ciento de los trabajadores está en negro, es perturbado por las empresas que no cumplen con las normas del mercado laboral más que por el Estado que administra esos recursos. Más interesante resulta avanzar en el análisis de la estructura de la pirámide previsional o si las cuentas permiten financiar aumentos de las magras jubilaciones. Para ello se necesita desplazar esa idea gaseosa de “la plata de los jubilados” e invertir un poco más de esfuerzo para estudiar la solvencia temporal e intertemporal del actual régimen de reparto. Por este último camino se abandonan las consignas fáciles que la prensa conservadora sabe destacar y se revaloriza el rol del Estado, a la vez que se recupera el mandato que emana del artículo 17 de la Constitución nacional, que dispone que “el Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable”. De esa forma, el sector público adquiere la obligación de contar con recursos para cumplir con ese objetivo, que puede obtenerlos de aportes previsionales o de otras fuentes, como impuestos específicos o participación en un porcentaje de los tributos existentes. No se trata entonces de “la plata de los jubilados” reunida en una cuenta de un organismo público, sino de un Estado comprometido con una política global para mejorar las condiciones de vida de un sector vulnerable de la población. Puede parecer lo mismo, pero son concepciones diferentes de cómo se organiza una sociedad según el rol que se le asigna al Estado como protagonista del ordenamiento fiscal y agente redistribuidor de ingresos. Otro aspecto de ese debate se encuentra en el concepto de stock (activos) de la Anses. Para su evaluación también se ha desplegado la resaca de la concepción que nació con el modelo de AFJP. Esos activos son un patrimonio que el Estado recuperó del régimen de capitalización, que con su funcionamiento durante casi década y media desfinanció la seguridad social. El manejo de ese capital exige un celoso control de otras dependencias públicas, del poder legislativo y de organizaciones sociales. Pero esto no implica que la Anses tenga que ser examinada con la misma lógica de administración de activos de las AFJP. Elegir ese último sendero deriva en críticas que corresponden a esquemas de análisis de economistas de la city, tentación en la que representantes del progresismo pueden caer cuando empiezan a evaluar tasas de retorno de bonos o refinanciaciones de pasivos intra sector público. Ese stock de capital recuperado no es “la plata de los jubilados”, sino que forma parte del patrimonio previsional del Estado. Capital que ofrece la posibilidad de convertirse en una potente herramienta de intervención estatal para el fomento y desarrollo económico con el objetivo de impulsar un círculo virtuoso de crecimiento. Este proceso termina mejorando el canal de recaudación de recursos del sistema previsional por el mayor empleo y formalización laboral. O sea, se presentan las condiciones para que un stock de activos en manos del régimen jubilatorio pueda estar en función de mejorar su flujo de fondos futuros, lo que permitiría aumentar el monto de los haberes como así también el grado de cobertura. En su momento, la consigna conservadora fue el manejo de “la caja” y ahora es la de “la plata de los jubilados”. Ambas apuntan a limitar el accionar del Estado en el sistema previsional bajo una concepción premoderna de organización fiscal, que considera que cada uno tiene que recibir en función de lo que aporta. Idea que expresa el arco político y cultural sojero cuando se refiere a las retenciones. En el caso de los jubilados, aquellos a los que les interesa proteger a ese sector tan castigado por décadas deberían evitar caer en esa trama que busca deslegitimar la intervención estatal en la economía. azaiat@pagina12.com.ar (Publicado en Página/12 el 17/05/2009)

jueves, 28 de agosto de 2008

La soja la ligó

La soja la ligó

Por Alfredo Zaiat (Página/12 del 28-08-2008)

Casi en la medianoche de ayer se emitió el programa La Liga en el canal Telefé. El título de la producción no fue nada pretencioso, pero lo suficientemente potente por su significado: “Soja”. El rating que se conoció a las horas siguientes informó que alcanzó los 11,9 puntos, o sea más o menos 1,2 millón de personas miraron, escucharon y probablemente se estremecieron con esa investigación periodística. Más que un punto más o un punto menos que obsesiona al mundo de la televisión abierta, la relevancia de la producción que Cuatro Cabezas puso al aire se encuentra en que fue la primera que rompió el cerco de la desinformación periodística en los espacios de difusión privada, masiva y popular. Durante cuatro meses los dirigentes del sector del campo privilegiado, acompañados de un coro afinado de voceros, se presentaron como los forjadores de la patria y perjudicados por una tibia y necesaria intervención del Estado en la economía vía el mecanismo de Derechos de Exportación móviles a cuatro cultivos clave. Con la invalorable colaboración del silencio, la complicidad y la ausencia de repreguntas de sujetos sociales que debían interpelarlos y legislar, los cuatro Quijotes de la restauración conservadora con su escudero mediático tuvieron éxito en su misión. Ahora están lanzados otra vez a las rutas a una nueva aventura aunque con otro objetivo aún inconfesable. Esto exige entonces visibilizar lo oculto de este conflicto, tarea que el programa La Liga hizo tan comprensible y accesible con testimonios contundentes de productores, trabajadores y habitantes de pueblos agropecuarios en el corazón de la rebelión de la burguesía agraria, en Entre Ríos y Santiago del Estero. Las voces de esos protagonistas fueron esclarecedoras:

- La expansión de la soja está desplazando a otras producciones, como la ganadería.

- La ganancia con la soja es tan desproporcionada con respecto a otros cultivos que se siembra en la banquina de las rutas, que son terrenos fiscales.

- La pérdida de nutrientes de la tierra por la aplicación excesiva de herbicidas y la falta de rotación de cultivos, según un informe del INTA de 2003.

- La acelerada deforestación en Santiago del Estero para cultivar soja.

- La utilización intensiva de agrotóxicos que elevó el porcentaje de cáncer en la población cercana, sobre todo en Entre Ríos. La historia del joven de Basavilbaso, Fabián Tomassi, con innumerables problemas de salud por el glifosato, es desgarradora.

- El desplazamiento de campesinos por el crecimiento de los pools de siembra.

- La explotación de niños banderilleros para orientar a los aviones fumigadores que rocían los campos y también su humanidad, con una paga en negro de 7 pesos por jornal.

- La cínica frase “yo no sé nada, los que tienen que investigar son ustedes” de Alfredo De Angeli al requerimiento de la periodista sobre la contaminación del medio ambiente y el efecto devastador sobre la salud humana del glifosato.

- La poca mano de obra necesaria para ese cultivo que provoca desempleo y expulsión de trabajadores del campo.

- La denuncia de que los mismos laboratorios que fabrican los agrotóxicos son los que elaboran los medicamentos para atender el cáncer que producen.

- Las utilidades extraordinarias reconocidas por el gerente general del puerto de San Lorenzo, en Rosario, Gustavo Nardelli, de Vicentin:

–¿Están ganando mucha plata? –preguntó la periodista.

–Argentina está ganando mucho –contestó.

–¿Ustedes también? –insistió, con el olvidado por muchos y sano ejercicio de la repregunta.

–En estas condiciones internacionales, estamos mejor que nunca –se sinceró Nardelli.

La soja, esta vez, la ligó.