viernes, 20 de mayo de 2011

Algunos somos comunistas

Spanish revolution
Algunos somos comunistas



Entre los indignados antisistema de la Puerta del Sol, por lo menos algunos, somos comunistas. Lo de ser antisistema no necesita ya de justificación. En estos días se ha explicado, además, con fórmulas muy afortunadas: “no es que seamos antisistema”, ha dicho alguien, “es que el sistema es antinosotros”. Hubo otro que terminó un discurso incendiario en la manifestación diciendo que “en resumen, lo que pedimos es ¡un poco de sentido común!”. No se podía decir mejor. Esto que estamos viviendo, a nivel mundial y a nivel nacional, es una salvajada, un disparate, un chiste cruel, una broma brutal, un sarcasmo, una tomadura de pelo, un crimen. Desde que en los años ochenta comenzó la revolución de los ricos contra los pobres, el capitalismo rueda sin frenos hacia el abismo a un ritmo acelerado. Y nos arrastra a todos con él. Tiene toda la razón Naomi Klein al diagnosticar nuestro sistema económico como un capitalismo del desastre. Los negocios ya no funcionan bien más que en condiciones sociales de catástrofe. Lo decía hoy Ignacio Escolar: ¿de verdad que alguien necesita que se le expliquen las causas de las protestas? No, lo raro es que no hayan estallado antes.
El sistema es ya tan revolucionario (de extrema derecha, pero revolucionario, al fin y al cabo), que los antisistema nos hemos vuelto conservadores. Los “jóvenes sin futuro” que salieron a la calle el 7 de abril no pedían la Luna. No gritaban “la imaginación al poder” ni nada parecido. La moderación de sus reivindicaciones (casa, salud, trabajo, pensión) contrastaba con la radicalidad de su posible solución: “an-ti-ca-pi-ta-lis-ta” fue el grito que más se oyó. Y de los que más siguen resonando ahora en la Puerta del Sol y en todo el Estado. Para ser moderado, para conservar una pizca de sentido común, actualmente hay que ser antisistema. En cambio, los apologetas del capitalismo se prestan a cualquier locura revolucionaria. Para salvar la economía huyen hacia adelante dispuestos a sacrificar la humanidad e destruir el planeta. Como dijo Walter Benjamin, pero mucho más que cuando él lo dijo, lo que necesitamos es un freno de emergencia. Necesitamos parar esta demencia criminal.
Benjamin pensaba que ese freno de emergencia era el comunismo. Y algunos, bastantes, lo seguimos pensando. Cuando al comienzo de la crisis se dijo que el capitalismo había fracasado y que había que inventar otra cosa, cuando lo decían quienes lo decían, en los telediarios, en la prensa más canalla del país, uno se preguntaba a qué diablos se estaban refiriendo. La receta contra la crisis, al final, ha sido más y más capitalismo. Y en verdad, no es extraño, porque el capitalismo es un sistema económico muy poco flexible, para el que no caben medias tintas. Inventar otra cosa habría sido reinventar lo que ya estaba inventado, el comunismo. Lo que parece cada vez más difícil es empeñarse en ser anticapitalistas esquivando esa palabra maldita.
Bien es verdad que no todos le hacen ascos al término. Hace pocos meses estuvo el filósofo Jacques Rancière en la Universidad Complutense, explicando que asistimos a un imparable resurgir del comunismo. Lo mismo vienen a plantear otras autoridades intelectuales como Badiou, Zizek o Negri. Y bueno, es cierto que sus lectores, entre nosotros, nos entendemos muy bien (aunque unos menos que otros, desde luego). Pero algo de razón tenía el profesor Jose Luis Pardo en una reciente conferencia al quejarse de que, un poco fuera de la parroquia, no hay forma de entender el contenido que tan insignes filósofos le dan a el término “comunismo”, fuera de algunos tópicos en los que se alude a una forma de “vida comunitaria” que remite a Francisco de Asís (como al final de Imperio de Negri), a una “democracia efectiva” o “radical”, a un “poder de las masas”o de la “multitud”, un “sin Estado, ni Ley”, es decir, fórmulas demasiado negativas, vacías y generales, más propias de un programa religioso que político.
Y sin embargo, no estamos ante un misterio insondable. Lo que necesitamos contra el capitalismo es algo muy concreto: una alteración radical en la propiedad de los medios de producción que haga posible a la instancia política ejercer un control democrático sobre la producción en el marco de una economía institucionalizada. El capitalismo actual esta institucionalizado y dirigido políticamente por corporaciones que no obedecen a ningún poder legislativo, al margen de cualquier control democrático. Nuestras democracias son libres de todo en una condiciones en las que no hay nada que hacer. Casi todo lo que afecta sustancialmente a la vida de las personas viene decidido por poderes económicos que negocian en secreto y actúan en la sombra chantajeando a todo el cuerpo social. Un pestañeo de los llamados mercados basta actualmente para anular el trabajo legislativo de generaciones enteras. No hay leyes, ni constituciones que puedan resistirse a la dictadura ciega de los poderes financieros. Es el Cuarto Reich. Los nuevos nazis no son menos totalitarios que los anteriores, pero, además, están mucho más locos. Como ha dicho Naomi Klein, los mercados tienen el carácter de un niño de tres años. Sus rabietas viajan en tiempo real conmocionando el planeta. Ni Nerón, ni Calígula estaban tan locos ni eran tan imprevisibles.
Lo que plantea el comunismo es que la economía no puede institucionalizarse democráticamente, sometiéndose al poder legislativo, sin suprimir la propiedad privada sobre los medios de producción, es decir, sobre las condiciones de existencia de la población. Lo sabemos por experiencia y lo sabemos también en la medida en que la economía marxista explica muy plausiblemente por qué es así.
Así pues, el misterio se puede aclarar. “Comunismo” es, en realidad, exactamente lo que pretenden ser (sin lograrlo en absoluto) nuestras orgullosas democracias constitucionales. Ya es difícil negar -cada vez hay más gente que abre los ojos- que lo que hemos venido llamando “democracias” no son sino dictaduras económicas ataviadas con una fachada parlamentaria. Lo que frente a ello llamamos “comunismo” no es, sin embargo, más que aquello que pretendíamos ser: democracias parlamentarias en las que las leyes pueden someter a los poderes económicos. Es absurdo plantear que el parlamento puede legislar lo que ya siempre se ha decidido de antemano en la Bolsa. La cosa está cada vez más clara: las leyes no pueden hablar por favor a los negocios, tienen que imponerse coactivamente. Pero para eso tienen que tener la sartén por el mango. Y el mango son los medios de producción.
Respecto a qué tenga que ver todo esto con aquello que se llamó “socialismo real”, hay que decir que mucho, siempre y cuando se deshagan algunos espejismos. Por ejemplo: siempre y cuando no llamemos “socialismo real” sólo a lo que se dio en aquellos países que lograron resistir algo de tiempo (entre cinco y setenta años) la agresión imperialista, sino también a todos los proyectos socialistas, comunistas o anarquistas que fueron derrotados mediante golpes de Estado, invasiones militares, bloqueos económicos, etc. El que los países socialistas no hayan sido democráticos puede significar tan solo que no hay ningún país en guerra que pueda permitirse el lujo de la democracia. De hecho, los que lo intentaron, sucumbieron bien pronto. Como ya he dicho muchas veces, el socialismo nunca pudo optar entre Allende o Fidel Castro. Era o Castro vivo, o Allende muerto.
Pensemos en las iniciativas que están proponiendo juzgar a los poderes financieros, especialmente a las agencias de evaluación de deuda. No cabe duda de que estas instituciones están jugando con el destino de la población mundial para hacer sus propios negocios privados. Ahora bien, estas iniciativas, si quieren tomarse en serio, tendrán que enfrentarse tarde o temprano al dilema de exigir algo equivalente al viejo concepto comunista de “dictadura del proletariado”. Es una total ingenuidad creer que los poderes económicos van a doblegarse a la autoridad del poder judicial, cuando no se doblegan ni ante el poder ejecutivo ni ante el poder legislativo. Sin asegurarse el monopolio en el ejercicio de la violencia, la democracia no tienen ninguna posibilidad de hacerse oír. Cómo hacer esto posible, eso sí que es un problema difícil de resolver. Y no qué debamos entender bajo el término “comunismo”.
En todo caso, hay que comenzar por algún sitio. Comenzar por el kilómetro cero de la Puerta del Sol es una excelente idea. No se trata, en efecto, de pedir la Luna, ni siquiera de pedir el comunismo. Eso ya vendrá por sí mismo cuando se entienda lo difícil que es el liso y llano sentido común en un mundo como este. Cuando para tener casa o trabajo hay que ser antisistema, las cartas están echadas.
Por eso conviene que pidamos cosas muy de sentido común. Por ejemplo: permaneceremos en la Puerta del Sol mientras que, en primer lugar, no se cambie la Ley Electoral. No se trata solo de acabar con el bipartidismo. Se trata también de acabar con ese cáncer de la democracia que es la propaganda electoral, de exigir al Estado verdaderos espacios de comunicación para que la ciudadanía pueda hacer oír sus argumentos políticos (que, como cualquiera puede comprobar en los medios alternativos de Internet, son muchos, inteligentes y poderosos). Se trata de acabar con ese espectáculo indigno y grotesco de las actuales campañas electorales, aunque solo sea porque ofenden a la inteligencia y denigran al género humano.
En segundo lugar, es necesario permanecer movilizados mientras no se arbitren las medidas judiciales para juzgar a los culpables de este desastre humano en el que nos vemos sumidos. Muchos banqueros, muchos accionistas, muchos políticos, muchos financieros tienen que acabar en la cárcel. Si no, más nos vale suprimir el Ministerio de Justicia.
Luego, habrá que pasar a otras urgencias. Es preciso parar los deshaucios. Expropiar las viviendas vacías. Socializar los beneficios bancarios y privatizar sus pérdidas. Quizás se podría promover una iniciativa internacional para que los cascos azules ocupen militarmente los paraísos fiscales... Ideas no nos van a faltar. Lo del comunismo ya se entenderá por el camino.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Las calles son nuestras!

15-M: El lenguaje de la revolución, una gramática de la libertad



April is the cruelest month, abril es el mes más cruel escribió T.S. Elliot, el mes de los enamorados y los desencantos, pero abril, en España, es también el mes en el que se proclamó la II República después de llenar la Puerta del Sol y expulsar al rey; aquellas fotos en blanco y negro hablan con las de hoy. ¿Y mayo? mayo es sin duda el mes de las revoluciones, de Paris, a México pasando por Berkeley, mayo, insiste testarudo, en llamar a la puerta con ansías de revolución, pero ¿Qué esta pasando en España?
Aquí, desde tan lejos, perdido en un aeropuerto de los Estados Unidos, este profesor de literatura sólo puede ver a contraluz, palpar y escuchar a la distancia, gracias entre otras cosas a la excelente crónica de Angeles Díez (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128703), lo que está pasando en la Puerta del Sol y en otras plazas de otras ciudades, que empiezan a producir una gramática urbana -la Cashba, Tahir, Wisconsin- que recupera “el derecho a la calle” para hablar contra el consenso neoliberal y la dictadura de los mercados.
Sólo puedo ver lo que leo, lo que escucho. Y lo que leo, lo que escucho es que los tertulianos, esa turba vociferante e infame que llena las ondas de ruido y los periódicos de mentiras y banalidades, ha perdido el lenguaje. Juan Cruz, ese lacayo de PRISA, omnipresente en tertulias televisivas y radiofónicas habla de “el odio a las urnas” y de “el peligro de una solución populista”, un editorial de El País advierte del potencial peligro de un “liberticidio”, como si nuestra libertad no fuera inversamente proporcional a la libertad de los mercados, como si los cinco millones de parados tuvieran otra libertad que no sea la libertad de morirse de hambre. Están nerviosos, buscan en su gramática de banalidades y sólo son capaces de decir, como autómatas, “hay que votar”, “son apolíticos”, esta bien que expresen su descontento, pero “no tienen soluciones”, “hay que respetar la jornada de reflexión”, “son antisistema, no tienen los pies en la tierra, las únicas soluciones son las que pueden proveer los partidos”.
No han entendido nada, no quieren entender, llevan mucho tiempo produciendo un lenguaje que ya no toca la realidad ni oblicuamente. Los manifestantes no son apolíticos, son apartidistas como explicó Isaac Rosa, no odian las urnas odian a los bancos y a sus políticos serviles y tienen no sólo soluciones sino un lenguaje propio que toca y llena las plazas con una gramática de la libertad: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”, “Sin curro, sin dinero y sin miedo”, “No somos un partido político, los que tienen que reflexionar son ellos”.
¿Cuándo hay una revolución? Cuando uno está más seguro y más feliz fuera de casa que en casa, dice Santiago Alba Rico, pero también cuándo las calles y las plazas crean un lenguaje nuevo para expresar el deseo y la potencia de la emancipación colectiva. Esa potencia no tiene nada que ver con la sociedad civil, ni con las nuevas tecnologías que en cualquier caso son un medio no un fin, ni con el idealismo de la juventud, es más bien la potencia plebeya. Sí, es el pueblo, el demos, tan manoseado y traicionado por políticos y sindicatos pactistas, el que escribe en pancartas y muros su historia y sus deseos con un lenguaje nuevo en mayúsculas, los indignados quieren una vida digna. Lo que la plaza pide es exactamente eso: que el gobierno no le abra las puertas de la Moncloa a las 35 empresas más importantes del país, sino que gobierne para el pueblo, y con el pueblo, al fin y al cabo democracia es el gobierno del pueblo, no una marca en manos de Botín y sus amigos.
No sabremos que devendrá de esta potencia plebeya, lo que sí sabemos es que ya expresa con un nuevo lenguaje el deseo de un futuro diferente, más justo. Desde aquí sólo puedo melancólicamente apoyar con todas mis fuerzas a todos los que resisten en las plazas contra viento y marea, porque yo, también me tuve que marchar de mi país cuando era joven para poder seguir pensando y escribiendo, para poder tener un futuro que no elegí, sino que me impusieron los mismos banqueros y sus serviles políticos. ¡Ni un paso atrás, las calles son nuestras!
Luis Martin-Cabrera es profesor de literatura en UC, San Diego
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
rCR

El país de la no-libertad: Los fascistas electrónicos son derrotados una vez más

Intentos de intimidación y censura a profesores de historia laboral
Los fascistas electrónicos son derrotados una vez más

Democracy Now!

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español

Judy Ancel, profesora de la Universidad de Missouri, en Kansas City, se encontraba dictando este semestre la cátedra de historia del movimiento obrero junto con un colega de la sede St. Louis de la misma universidad. Ni Ancel ni su colega podían imaginar que filmaciones de sus clases iban a ser objeto de una floreciente práctica de ataque encubierto de la derecha, que consiste en editar videos tergiversando las palabras de sus protagonistas. En este caso, como resultado de esa práctica y en medio de una ola de intimidaciones y amenazas de muerte, uno de los profesores perdió su trabajo. Afortunadamente, la sensatez y los datos contundentes prevalecieron, y los videos fueron denunciados como lo que realmente son: piezas fraudulentas y engañosas editadas en forma irresponsable.La figura mediática de derecha Andrew Breitbart es un fuerte promotor de esa gran cantidad de videos que fueron editados en forma engañosa para difamar a individuos e instituciones progresistas. Él se ocupó de difundir los videos que pretendían haber descubierto a empleados de la organización comunitaria ACORN supuestamente ayudando a una pareja a establecer una red de prostitución. También exhibió el video editado de Shirley Sherrod, una empleada afroestadounidense del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, en el que se tergiversó por completo el discurso de la funcionaria de manera que pareciera admitir haber discriminado a un agricultor blanco. Como consecuencia de la controversia, Sherrod fue despedida. Ataques similares fueron realizados contra Planned Parenthood.
Judy Ancel es directora del Instituto de Estudios Laborales de la Universidad de Missouri-Kansas City desde 1988. Mediante un hipervínculo a un sistema de videoconferencia en Internet, dicta un seminario sobre historia del movimiento obrero junto al profesor Don Giljum, que da clases en la Universidad de Missouri-St.Louis. El curso consiste en siete sesiones interactivas, realizadas a lo largo del semestre, que son grabadas en video y puestas a disposición de los estudiantes inscritos en el seminario mediante un sistema protegido por contraseña. Uno de los estudiantes, Philip Christofanelli, copió los videos y, según admite en uno de los sitios web de Breitbart, “los entregó en versión completa a varios de sus amigos”. En determinado momento, una serie de versiones de las clases, editadas de forma muy engañosa, fueron publicadas en el sitio web de Breitbart. Fue entonces que las vidas de Ancel y Giljum se vieron alteradas, y comenzaron las amenazas de muerte.
El sitio web de Breitbart BigGovernment.com resumía así el video: “Los profesores no solo defienden que la violencia y el sabotaje industrial son a veces necesarios, sino que además señalan tácticas específicas que pueden ser utilizadas para tal fin”. La profesora Judy Ancel respondió: “Me informaron que este video estaba publicado en el sitio web de Andrew Breitbart BigGovernment y lo vi y me quedé horrorizada porque sabía que era yo quien hablaba, pero lo que estaba diciendo no era lo que yo había dicho en clase.”. Ancel relaciona el ataque en contra suya y de Giljum con un ataque más amplio que se está dando en contra de instituciones progresistas:
“Este tipo de ataques se trata de fascismo electrónico. Generan tanto miedo y están tan directamente dirigidos contra cualquier cosa que sea progresista –el derecho a la educación, los derechos de los sindicatos, los derechos de los trabajadores- que creo que son todos parte de un ataque generalizado para silenciar a las mayorías y generar el tipo de clima de temor que permite que demos un salto muy abrupto hacia la derecha. Y eso es verdaderamente aterrador”.
En el video del ataque se incluyó la información de contacto de Ancel y Giljum. La profesora Ancel recibió una lluvia de correos electrónicos plagados de amenazas. Giljum recibió al menos dos amenazas de muerte por teléfono. La Universidad de Missouri realizó una investigación sobre las acusaciones que se desprenden de los videos, durante la cual colocaron a policías uniformados y vestidos de civil en los salones de clase. Giljum es profesor adjunto y tiene otro trabajo de tiempo completo como secretario general de la seccional 148 del Sindicato de Ingenieros de Operación, en St.Louis. Luego de la publicación de los videos, el sindicato accedió a las presiones de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones (AFL-CIO, por sus siglas en inglés) de Missouri, y le pidió la renuncia a Giljum apenas días antes del 1° de mayo, cuando se cumplía el plazo para su jubilación tras 27 años de trabajar en ese lugar.
Luego de la investigación llevada adelante por la universidad, Gail Hackett, rectora de la Universidad de Missouri-Kansas City, publicó una declaración en la cual absuelve a ambos profesores:
Hackett escribió: “Está claro que los videos editados publicados en Internet muestran las declaraciones de los profesores en forma imprecisa y distorsionada al sacar de contexto sus declaraciones y cambiar el orden de la secuencia en que dichas declaraciones fueron realizadas para cambiar su significado”.
La Universidad de Missouri-St.Louis llegó a similares conclusiones, y afirmó que Giljum aún podía dictar clases allí.
El 18 de abril, Andrew Breitbart fue entrevistado en el programa de Sean Hannity en Fox News. Durante la entrevista declaró: “Vamos a tratar el tema de la educación, vamos a ir tras los profesores y los sindicalistas”. Parece que Ancel y Giljum fueron tan solo los primeros blancos del ataque.
En este caso el ataque fracasó. Si bien ACORN fue a la larga reivindicada por una investigación del Congreso, el ataque tuvo sus secuelas: la organización perdió financiamiento y quedó en bancarrota. El Presidente Barack Obama y el Secretario de Agricultura Tom Vilsack pidieron disculpas a Shirley Sherrod y Vilsack le suplicó que regresara a su puesto de trabajo. Sherrod pronto editará un libro y tiene una demanda pendiente contra Breitbart.
Esperemos que esta sea una señal de que el engaño, la intimidación y la influencia de los medios de la derecha están en decadencia.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/5/19/fascistas_electrnicos_son_derrotados_una_vez_ms

jueves, 19 de mayo de 2011

La revuelta se traslada a Madrid.

Apuntes de Sol y lluvia en Madrid



La Puerta del Sol de Madrid no es la Qasba tunecina, tampoco es la plaza Tahrir, ¿podrá serlo? Seguramente es pronto para los pronósticos. En ello andan los expertos, sociólogos e intelectuales sabelotodo que crecen como los champiñones en los días de lluvia. También les preocupa y les ocupa a más de un político, que a buen seguro, andan sacando los sensores a la calle para medir por dónde sopla y si conviene desplegar a barlovento o a sotavento. Por supuesto la jauría mediática también anda de caza y los lebreles husmean más o menos camuflados de periodistas enrollados.

Mientras, la Puerta del Sol empieza ser cauce que recoge decenas, cientos, a veces miles, de insatisfacciones, de malestares, de frustraciones y poco a poco, quién sabe…

Las condiciones objetivas, dicen los sociólogos, están dadas. Las subjetivas comienzan a darse. El dispositivo catalizador es mera coyuntura, ¿unas elecciones autonómicas y municipales? El contexto internacional inmediato: la crisis económica, las revoluciones del mundo árabe. Los antecedentes próximos: las movilizaciones por la contaminación del Prestige, las movilizaciones contra la guerra de Irak. ¿Qué desaparece y qué permanece? Es difícil saberlo pero podemos aventurar una hipótesis: la deslegitimación del sistema político.

A principios de marzo del 2003, era la segunda legislatura del Partido Popular, Aznar flirteaba con Bush y sus secuaces, y el imperio acordaba invadir Iraq. En el parlamento se debatía nuestra implicación en la guerra, el rey callaba y los medios fabricaban mentiras. En la universidad, en los centros de trabajo, en los barrios, en la gala de los premios Goya, se gritaba: No a la guerra. Nunca como entonces, en la historia reciente de este país –exceptuando para el caso vasco-  se había iluminado de esa forma el teatro político, evidenciando que legalidad y legitimidad pueden ser dos términos en conflicto. La decisión de intervenir en la guerra era legal, claro, estaba siendo tomada por nuestros representantes en el Parlamento. Nuestros representantes eran representantes legítimos, claro, los habíamos elegido, pero, ¿cómo era posible que tomaran una decisión en contra de la voluntad clara y explícitamente manifestada en las calles? Fue en ese momento cuando, camino del Parlamento en una manifestación multitudinaria, no convocada por ninguna organización ni partido, se empezó a corear “lo llaman democracia y no lo es, no lo es, no lo es”. La consigna fue floreciendo de boca en boca y amenazaba con impactar en el precario andamiaje construido en la Transición: si el parlamento podía tomar una decisión tan importante –nada menos que implicarnos en una guerra-  sin contar con legitimidad, ¿no podría estar tomando cientos de decisiones ilegítimas?, ¿no sería que el edificio político tenía algún fallo estructural o de construcción? No olvidemos que, a pesar de que el derecho positivo insiste en identificar ambos conceptos, la legitimidad tiene que ver con el consenso, con la aceptación, con la justificación de la obediencia, con las explicaciones que nos damos para aceptar que nos gobiernen y para obedecer la ley.

Los procesos sociales tienen algo de orgánico, algo de mágico y algo de memoria. Lo orgánico se manifiesta en lo concreto real, en el cansancio que impide mantener las movilizaciones en su punto álgido, aunque las causas permanezcan e incluso se acrecienten las razones (nadie puede estar en permanente estado de enamoramiento, se moriría). Lo mágico se expresa en la construcción de posibilidad donde solo había improbabilidad, tiene que ver con la potencia, con lo que puede llegar a ser. La memoria es esa mirada del ángel de la historia que hoy en Madrid se pregunta qué cosa fue la Transición española y a qué le llaman democracia.

Las concentraciones en Sol aún son difusas, líquidas diría Z. Bauman, cierto, pero una foto nunca sustituyó a mil palabras. Hoy había más gente que ayer, ¿menos que mañana? Hoy había más adultos. Ayer sólo unos cientos pasaron la noche al raso. Hoy a la una de la madrugada, bajo una lluvia despiadada, otros cientos hacían el relevo. No hay muchas cosas claras pero hay algunas cosas difusas que empiezan a ser repetidas en  los corros que se sientan a conversar en las esquinas, bajo los quioscos de prensa, bajo la estatua de Carlos III y en algún que otro bar de la zona: a) no se puede convertir la concentración en un botellón, que sea un movimiento pacífico, no a los provocadores b) hay que implicar a más personas, por barrios, por sectores. Extender la protesta c) tiene que continuar después de las elecciones.

No es gran cosa, pero es mucho para un país con cinco millones de parados, con un millón y medio de familias con todos sus miembros en paro y sin prestaciones, endeudado hasta el corvejón, vendido y revendido al mejor postor, traicionado por sus organizaciones sindicales, con un sector público amenazado (salud, educación), con una clase política desprestigiada y sin ningún referente político de izquierdas que despierte, no ya pasiones, ni siquiera simpatías. Es mucho para la desmovilización generalizada que se expande con las derrotas, mucho si tenemos en cuenta el desmantelamiento de conciencias de los últimos años, suficiente para fisurar la faz de un sistema que se sabe seguro porque “no hay otro”, de momento.

Dicen que son sólo jóvenes. Una pareja mayor, de Aravaca, me decían que estuvieron ayer y que estaban hoy y volverían mañana a las ocho, que su hijo estaba acampado y su hija también estaba por allí. Dicen que son las redes sociales. Los carteles dicen que son las manos y los dedos de quien todavía sabe y quiere escribir mensajes.

A las tres de la madrugada, cuando cierro estas líneas, no sé cuantos aguantarán en la plaza. Les imagino calados hasta los huesos, resguardados en los soportales de los comercios, bajo los toldos, otros se habrán despedido hasta mañana. No se puede esperar piedad de la lluvia, pero en Madrid, en mayo y con sol, es posible la primavera.

lunes, 16 de mayo de 2011

Manipulación


el chiste

Un hombre pasea por un parque en Nueva York cuando de pronto ve a un dogo rabioso a punto de atacar a una niña de 7 años. El hombre no duda, se lanza sobre el perro, lo toma de la garganta y lo mata. Un policía que vio lo ocurrido se acerca maravillado diciéndole:

–Señor, usted es un héroe. Mañana todos podrán leer en la primera página de los periódicos: “Un valiente neoyorquino salva la vida de una niña”.

–Gracias, pero yo no soy de Nueva York.

–Bueno –dice el policía–, entonces dirán: “Un valiente americano salva la vida de una niña”.

–Pero es que yo no soy americano —insiste el hombre.

–Bueno, es lo de menos, ¿de dónde es usted?

–Soy árabe –responde el valiente.

Al otro día los diarios titulan: “Terrorista árabe masacra de manera salvaje a un indefenso perro americano de pura raza, a plena luz del día y delante de una niña de 7 años que lloraba aterrorizada”.

Página 12/ suplemento económico. 15.05.2011

Y si piensan igual con hijos de Ernestina?

Lauría, el chico de Peñarol que encontró a su padre

16/05/11 Tras 21 años sin contacto, pudo hablar con su papá. Lo hizo tras marcar 27 puntos ante Libertad en las semis de la Liga.
A Nicolás Lauría le llegó el momento que espera todo atleta: explotar en esos momentos clave que marcan una carrera. Lo logró el sábado, al anotar 27 puntos en el 103-101 de Peñarol sobre Libertad, en dos suplementarios, que dejó 2-0 al equipo marplatense en una semifinal de la Liga Nacional de básquetbol.
Pero la felicidad plena de Lauría, alero de 23 años, se debe a un hecho que lo conmocionó poco antes de ese partido: después de 21 años, charló con su padre, el estadounidense Zachary Cooper, quien había jugado en Peñarol en 1988, año de nacimiento de Lauría.
“Pudimos hablar un ratito por Skype. Fue tremendo.
Hoy puedo decir que tengo papá.
Me llamó atención por su reacción positiva, por sus ganas de conocerme. Estoy feliz”, dijo el pibe de la vincha negra en www.basquetplus.com.
Lauría tuvo un aliado de lujo: su compañero de equipo Kyle Lamonte. A través de un sitio web de búsqueda de personas, consiguió el teléfono, entabló el primer contacto sin decirle nada a Nicolás e hizo de mediador en la charla a través de la web.
“Estaba tratando de ubicarlo desde que tengo uso de razón. Jamás perdí la esperanza” , dice Lauría, quien ya es dueño de un derecho humano inalienable: el derecho a la identidad.

 El link a la nota del Diario:
http://www.clarin.com/deportes/basquet/Lauria-chico-Penarol-encontro-padre_0_481751966.html

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’
Noam Chomsky
Cada vez es más evidente que la operación fue un asesinato planificado, violando de manera múltiple normas elementales del derecho internacional. No que hicieran ningún intento de aprehender a la víctima desarmada, lo que presumiblemente podrían haber logrado 80 comandos que virtualmente no enfrentaban ninguna oposición, excepto, afirman, la de su esposa, que se lanzó hacia ellos.
En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los sospechos se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. Subrayo "sospechosos”. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa de que después de la investigación más intensiva de la historia, el FBI solo podía decir que "creía” que la conspiración se tramó en Afganistán, aunque se implementó en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que solo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían 8 meses antes, cuando Washington desdeñó ofertas tentadoras de los talibanes (no sabemos cómo de serias porque se descartaron instantáneamente) de extraditar a Bin Laden si les presentaban alguna evidencia, la que, como pronto supimos, Washington no poseía. Por lo tanto Obama simplemente mintió cuando dijo en su declaración de la Casa Blanca, que "rápidamente supimos que los ataques del 11-S fueron realizados por al-Qaida”.
Desde entonces no han suministrado nada serio. Han hablado mucho de la "confesión” de Bin Laden, pero suena más bien como si yo confesara que gané el Maratón de Boston. Alardeó de algo que consideraba un gran logro.
También hay mucha discusión sobre la cólera de Washington porque Pakistán no entregó a Bin Laden, aunque seguramente elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban informados de su presencia en Abbottabad. Se habla menos de la cólera paquistaní porque EEUU invadió su territorio para realizar un asesinato político. El fervor antiestadounidense ya es muy fuerte en Pakistán, y estos eventos probablemente lo exacerbarán. La decisión de arrojar el cuerpo al mar ya provoca, previsiblemente, cólera y escepticismo en gran parte del mundo musulmán.
Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico. Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un "sospechoso” sino indiscutiblemente el que "tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el "supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.
Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la "doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente. Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente.
Lo mismo pasa con el nombre: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial está tan arraigada, en toda la sociedad occidental, que parece que nadie percibe que están glorificando a Bin Laden al identificarlo con la valerosa resistencia frente a los invasores genocidas. Es como bautizar nuestras armas asesinas según las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk… Es como si la Luftwaffe llamara sus aviones caza: "Judío” y "Gitano”.
Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.
*Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de numerosas obras políticas. Sus últimos libros son una nueva edición de Power and Terror, The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), una colección de sus escritos sobre política y sobre el lenguaje desde los años cincuenta hasta el presente, Gaza in Crisis, con Ilan Pappé, y Hopes and Prospects, también disponible en audio].

viernes, 13 de mayo de 2011

Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad

Situación y futuro de la Democracia

Thought Economics

Traducción: Red Kite

Una mirada al Reino Unido, Estados Unidos y Europa.
Pregunta: ¿Hasta qué punto son libres y democráticas nuestras sociedades?
Noam Chomsky: Atendiendo a estándares históricos, estas sociedades son bastante libres. Son democráticas en el sentido de que tienen elecciones formales que no están amañadas y todo eso. No son democráticas en cuanto a que hay otras fuerzas, que no tienen nada que ver con lo popular, que afectan de manera determinante a quién puede presentarse a unas elecciones. Estados Unidos es el caso más extremo a este respecto. En este momento, las elecciones en Estados Unidos están básicamente compradas. No puedes presentarte a unas elecciones a menos que dispongas de una enorme cantidad de capital, lo que significa que, aunque no representan ni al 1% de la población, son sobre todo las grandes corporaciones las que proporcionan ese respaldo de capital. En las elecciones de 2008, por ejemplo, lo que llevó a Obama a la victoria final fue una sustancial ayuda procedente de instituciones financieras que son ahora el núcleo de la economía. Se estima que las próximas elecciones costarán unos 2.000 millones de dólares, y solo hay un sitio al que acudir en busca de una suma de dinero semejante.
Antes solía haber un sistema de asignación de puestos en los comités del Congreso a los que se accedía por veteranía y todo eso. Ahora mismo, generalmente se exige que quienes aportan fondos estén en el comité del partido, lo que significa que incluso esos puestos están, en gran medida, comprados. Esto significa que la opinión popular está mucho más marginada. Esto se ve muy claro en cualquier asunto del que se trate. Se dice que el gran problema ahora mismo, a nivel nacional, es el déficit. Pues bien, la gente tiene ideas sobre cómo acabar con el déficit. Por ejemplo: gran parte del déficit es el resultado de un sistema de salud altamente defectuoso cuyo coste per cápita es cerca del doble que en otros países y que, en modo alguno, obtiene mejores resultados; de hecho, los resultados son bastante más pobres. La población se ha mostrado desde hace tiempo a favor de cambiar a un tipo de sistema nacional de salud, que sería mucho menos caro y (a juzgar por los resultados) nunca peor, incluso puede que mejor. ¡Solo eso ya eliminaría el déficit! ¡Y ni siquiera se ha considerado!
P: ¿Qué es lo que realmente mueve nuestra política exterior y cómo nos afecta eso a nosotros, los ciudadanos?
NC: La política exterior del Reino Unido y Europa tiende a seguir a Estados Unidos; no completamente, pero EE UU sigue siendo el principal conductor de la política exterior. No es ningún secreto qué es lo que mueve la política exterior. Bill Clinton, por ejemplo, fue bastante explícito sobre ello. Su postura, expresada con claridad en el Congreso, fue que EE UU tiene derecho a llevar a cabo una acción militar unilateral, apoyado en ocasiones por una –así llamada– coalición de los dispuestos, para asegurarse recursos y mercados y que debe tener fuerzas militares desplegadas –lo que significa bases extranjeras en Europa y en cualquier otra parte– para modelar los acontecimientos en nuestro interés. Nuestro interés no significa el del pueblo americano, sino el interés de quienes diseñan la política; fundamentalmente, las grandes corporaciones.
La política exterior puede emprenderse por vías que puedan perjudicar a la seguridad. De hecho, no es infrecuente, después de todo. Si seguimos la Comisión Chilcot [la comisión del parlamento británico encargada de investigar el papel del Reino Unido en la Guerra de Irak. N. del T.], la jefa del MI5 testificó –como mera extensión de algo que ya se sabía– que tanto Estados Unidos como Gran Bretaña reconocían que Sadam Husein no era una amenaza y que la invasión aumentaría, muy probablemente, la amenaza del terror. Y de hecho, ¡lo hizo! Aproximadamente siete veces en el primer año, según estadísticas cuasi oficiales. Así que se emprendió una invasión que provocaría daños a los ciudadanos de los países invasores, como en efecto ocurrió. Al principio, por supuesto, los motivos se presentaron con las coletillas habituales, es decir, con el dossier informativo que acompaña cada uso de la fuerza, con alusiones a la democracia y a toda clase de conceptos maravillosos. Cuando empezó a verse claro que los objetivos de la guerra no iban a alcanzarse con facilidad, hacia el final de la invasión, ciertas políticas se establecieron con claridad. En noviembre de 2007, la Administración Bush emitió una Declaración de Principios que establecía que cualquier acuerdo con Irak habría de garantizar la capacidad ilimitada de las fuerzas norteamericanas para operar allí –esencialmente, bases militares permanentes– y que dicho acuerdo debería también asegurar la posición de privilegio de los inversores de EE UU sobre los sistemas de energía. En 2008 Bush reiteró, y de hecho, reforzó, este aspecto en un mensaje al Congreso, en el que dijo que haría caso omiso de cualquier legislación que limitara la capacidad norteamericana para usar la fuerza en Irak o que interfiriera con el control norteamericano sobre el petróleo iraquí. Esto se declaró muy clara y explícitamente. En realidad, EE UU tuvo que dar marcha atrás en sus objetivos como consecuencia de la resistencia iraquí; pero los objetivos en sí mismos fueron claros y explícitos, y no tenían nada que ver con la seguridad de los norteamericanos. Esto mismo es cierto en cualquier otra parte. Un eminente especialista en Pakistán revisó recientemente las políticas norteamericanas en Pakistán y Afganistán, revelando una vez más que estas políticas están aumentando de manera significativa la amenaza del terror y hasta posiblemente del terror nuclear. Sus conclusiones fueron que los soldados norteamericanos y británicos están muriendo en Afganistán para hacer el mundo menos seguro para los norteamericanos y los británicos. Esto no es tan infrecuente. La seguridad no es, típicamente, una prioridad esencial de los Estados. Hay otros intereses.
P: ¿Hasta qué punto están influenciados los medios por los objetivos del Gobierno y de las empresas?
NC: Hay casos en los que tiene lugar una interferencia directa del Gobierno y de las empresas, pero no creo que ese sea el principal problema en lo tocante a la influencia del Gobierno y las empresas sobre los medios. Tomando a Estados Unidos como ejemplo, los medios son grandes corporaciones, o sea que no es una cuestión de influencia empresarial; son corporaciones que están estrechamente ligadas al Gobierno. Hay un flujo constante de gente entre las corporaciones y el Gobierno; las interacciones son muy estrechas. El entramado de selección de los contenidos sobre los que se debe informar, cómo se debe informar y demás está modelado de manera determinante por los intereses compartidos de las élites del mundo de los negocios, el Gobierno, etc. De hecho, en las universidades no es diferente, y puede verse día tras día. No hay más que fijarse en la zona de exclusión aérea en Libia. En Libia, la intervención –tanto si uno la aprueba como si no– la están llevando a cabo las tres potencias imperiales tradicionales: EE UU, Gran Bretaña y Francia. Hay una participación marginal de algunos otros países de la OTAN, pero los principales países rehúsan involucrarse, y muchos simplemente se oponen a ella. Los BRICS [grupo integrado por cinco países con gran territorio y población: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. N. del T.], por ejemplo, están en contra, y Turquía no quiere involucrarse. Pues bien, estos tres, este triunvirato imperial, dieron gran difusión en su propaganda a una petición de la Liga Árabe sobre una zona de exclusión aérea. La declaración de la Liga Árabe era bastante tibia, y así fue calificada poco después, pero había, de hecho, una llamada en pro de una zona de exclusión aérea. Al mismo tiempo, la Liga Árabe solicitó una zona de exclusión aérea sobre Gaza. En Estados Unidos, literalmente no se informó de eso. Aunque algunos periódicos pequeños puedan haber hablado de ello, no hubo ningún medio importante –ni el New York Times, ni el Washington Post, ninguno de los grandes– que informara de ello. En realidad, en toda la prensa angloamericana, la única mención apareció en el Financial Times. Bueno, se trataba de una zona de exclusión aérea sobre Gaza… algo que no se ajusta a los intereses norteamericanos y, en consecuencia, no era noticia. Al mismo tiempo, la zona de exclusión sobre Libia sí que se ajustaba a los intereses del triunvirato imperial, así que eso era una noticia importante. Y este es el estándar; ocurre a todas horas.
Uno de los ejemplos más impactantes que nos dice algo sobre la cultura intelectual generalizada tiene que ver con Wikileaks. La filtración que recibió, con diferencia, la mayor atención en términos de titulares y comentarios eufóricos fue que los árabes apoyaban la política norteamericana con respecto a Irán, la hostilidad hacia Irán. Eso estaba por todas partes y fue muy interesante, porque a lo que se refería en realidad era a los dictadores árabes. ¿Y qué hay de la opinión pública árabe? Bueno, eso también fue estudiado, y fue estudiado por las más prestigiosas instituciones de encuestas norteamericanas y publicado por instituciones tan prestigiosas como Brookings. ¡La prensa no informó sobre estos estudios! En Estados Unidos, literalmente no se informó. Creo que hubo un reportaje en Inglaterra. Estos estudios colocan a Egipto como el país más importante de la región, y en Egipto el 90% de la población considera a Estados Unidos como la amenaza más importante. El 80% cree que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. Solo un pequeño porcentaje, puede que un 10%, considera a Irán una amenaza. Esas cifras son bastante similares en toda la región. Pero para los políticos, eso no tiene importancia. Mientras los dictadores nos apoyen, ¿qué más da?
Esto nos lleva de vuelta a nuestra primera pregunta sobre la actitud hacia la democracia. La actitud es que la población no importa, mientras esté bajo control; y esto se puede comprobar. Este es, por cierto, un problema bastante viejo. Si tuviéramos una información seria sobre estos temas, no solo se informaría sobre la opinión pública árabe, sino también sobre el hecho de que la política de ignorar a la opinión pública árabe ha estado presente desde hace tiempo. En los años 50, el presidente Eisenhower estaba preocupado por lo que él llamaba la ‘campaña del odio’ en el mundo árabe; no por parte de los Gobiernos, sino de la gente. En el mismo año, el Consejo de Seguridad Nacional publicó un estudio que concluía que la percepción entre la gente del mundo árabe era que Estados Unidos apoya a las dictaduras brutales y violentas, bloqueando la democracia y el desarrollo, y lo hace para mantener el control sobre sus fuentes de energía. Acabó concluyendo que la percepción (de los objetivos en política exterior) era más o menos exacta, y que, mientras los dictadores nos apoyaran, ¿a quién le importa que haya una campaña de odio?, siempre y cuando podamos controlar a la población… Eso se ha mantenido como una política consistente, dramáticamente patente hoy día, y como puede verse por la reacción a estas filtraciones e informes con datos cruciales no publicados, se ha convertido en una actitud generalmente aceptada entre los sectores mejor formados.
P: ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la subversión informativa que se aprecia en los gobiernos y las grandes corporaciones?
NC: Yo diría que, hasta ahora, hay miles de páginas con información detallada sobre este tema. Sin ir más lejos, miremos los temas que acabamos de mencionar. ¿Es importante para nosotros saber que la invasión de Irak se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo?, ¿que se emprendió con la intención de asegurar que las corporaciones norteamericanas tuvieran acceso privilegiado al petróleo iraquí? ¿y que se convertiría en una base militar permanente de EE UU? Yo creo que habría sido importante para el público saber eso. Creo que sería importante para el público saber que la opinión pública árabe es tan hostil al poder occidental (en concreto, a EE UU) que considera a EE UU como la primera amenaza y cree que la región estaría mejor si Irán tuviera armas nucleares. ¿Es importante para la gente de Estados Unidos y Gran Bretaña saber eso? ¡Yo diría que sí! Y podríamos seguir con otros casos. Por ejemplo, ¿es importante para los norteamericanos saber que, si tuviéramos un sistema de salud similar al de otras sociedades industrializadas, el déficit se eliminaría y no tendríamos que ir contra las pensiones de los maestros o el pago de medicinas para los ancianos, etc? Sí; creo que sería importante saberlo. ¡De hecho, creo que eso debería ser un titular a toda plana!
Toda esta información puede obtenerse a poco que se investigue, pero ni siquiera se menciona a los ojos del público.
P: ¿Qué influencia ejercen las grandes corporaciones en la sociedad?
NC: Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad. No creo que este hecho sea ni siquiera discutible. Adam Smith ya hacía apreciaciones similares hace tiempo, señalando que en Gran Bretaña los principales arquitectos de la política eran los comerciantes y los industriales, la gente que era dueña de la sociedad, y se aseguraban de que se sirviera a sus intereses sin importar el doloroso impacto para el pueblo de Inglaterra. Esto es mucho más cierto hoy día, con concentraciones de poder mucho mayores; ahora ya no somos solo industriales: tenemos instituciones financieras y corporaciones multinacionales. Tienen una enorme influencia, y esa influencia puede ser no solo dañina, sino letal en muchos casos.
Tomando como ejemplo a Estados Unidos, las corporaciones han estado realizando grandes campañas propagandísticas para convencer a la población de que el cambio climático no es una amenaza. Esto ha llevado, en efecto, a la mayoría de la gente a estar de acuerdo en que no es un problema real. El capital privado ha sido también el instrumento principal que ha llevado al Congreso a un nuevo grupo de notables, unas figuras que son, prácticamente todas, negacionistas del cambio climático. Estos individuos están a punto de aprobar una legislación que reduzca los fondos del organismo internacional (el IPCC) [Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, el comité de expertos auspiciado por la ONU para tratar este asunto. N del T.] y la capacidad de la Agencia de Protección Ambiental, que puede que ni siquiera sea capaz de monitorizar el efecto de los gases de efecto invernadero ni de llevar a cabo otras acciones que podrían reducir el impacto del calentamiento global, que es una amenaza muy seria. Esto lo han hecho los ejecutivos de las grandes empresas mediante campañas de propaganda y financiando a las figuras políticas que dinamitan esos esfuerzos. Ellos comprenden tan bien como cualquiera que el calentamiento global es una amenaza muy grave, pero aquí entra a jugar el rol institucional. Cuando eres el consejero delegado de una gran empresa, tu tarea es maximizar el beneficio a corto plazo. Eso es mucho más cierto ahora de lo que lo haya sido nunca antes. Estamos en una nueva fase del capitalismo de Estado en la que el futuro simplemente no importa demasiado; ni siquiera la supervivencia de la empresa importa demasiado. Lo que importa cada vez más es el beneficio a corto plazo, y si no es eso lo que persigue un consejero delegado, será reemplazado por otro que lo haga. Este es un efecto institucional, no personal, y tiene extraordinarias implicaciones en la sociedad. De hecho, podría destruir nuestra propia existencia.
P: ¿Hasta qué punto existe todavía un sistema de clases en las sociedades occidentales?
NC: Las clases dirigentes están librando constantemente una dura guerra de clases y son conscientes de ello. Si leemos la prensa de negocios, se lamentan del peligro al que se enfrentan los empresarios, del creciente poder político de las masas, de la necesidad de pelear en la interminable batalla por las mentes de la gente, etc. ¡Y actúan al respecto! Continuamente realizan grandes campañas que garanticen que la concentración de poder en manos del sector empresarial siga creciendo. En los últimos treinta años, más o menos, ha habido cambios en la naturaleza de la economía, que se ha desplazado desde el capitalismo hacia el capitalismo de Estado. Gran parte del dinamismo de una economía proviene del Estado; los ordenadores, Internet, la revolución tecnológica, etc. Las aplicaciones vienen del sector privado, pero no la investigación y el desarrollo. Eso sigue siendo cierto en todas las áreas. En los últimos treinta años ha habido un cambio significativo hacia la ‘financialización’ de la economía. Las instituciones financieras tienen ahora una cuota mucho mayor en los beneficios económicos de la que tenían hace cuarenta años. Se ha dado también otro desplazamiento hacia la externalización de la producción, que, en realidad, coloca a los trabajadores de todo el mundo en competición, con consecuencias obvias. Esos movimientos han puesto en movimiento un círculo vicioso en el que la riqueza esta cada vez más concentrada en una población extremadamente pequeña. En Estados Unidos, el primer factor de desigualdad es la concentración extrema de la riqueza en una fracción del 1% de la población, que incluye a consejeros delegados, directores de fondos de inversión, etc. Según aumenta esa concentración de la riqueza, lleva consigo una concentración de poder político, dado que la riqueza tiene un enorme efecto sobre el sistema político, y el poder político, a su vez, conduce a una legislación que refuerza la concentración de la riqueza. Políticas fiscales, desregulaciones, normas sobre los estatutos de las empresas, etc. Este ciclo existe en todo el mundo, pero en Estados Unidos es demoledor. Como muestra, en la última generación hemos visto repetidas crisis financieras que simplemente no se daban en los años 50 o en los 60, cuando las medidas de new-deal [programas económicos intervencionistas impulsados en los años 30 por Roosevelt para superar la Gran Depresión. N. del T.] todavía estaban vigentes y el sistema financiero estaba mucho más restringido. Las crisis cada vez mayores ya no son un problema para los grandes bancos y los grandes inversores porque pueden confiar en papá Estado para que los rescate. Si tuviéramos un sistema capitalista, las crisis financieras serían graves, pero sus consecuencias se saldarían únicamente con la bancarrota de los culpables, con lo que Goldman Sachs, JP Morgan Chase y Citigroup simplemente no existirían; ¡habrían entrado en bancarrota hace mucho tiempo! Pero como no estamos en un sistema capitalista, han sido rescatados de manera reiterada por el contribuyente. De hecho, se los ha considerado por parte de las políticas reguladoras gubernamentales como “demasiado grandes para caer”, y las agencias de calificación lo tienen en cuenta. Cuando establecen el nivel de riesgo de Goldman Sachs, tienen en cuenta que, si se embarcan en muchas transacciones de alto riesgo y, por tanto, consiguen un enorme beneficio que termina colapsando el sistema, habrá un rescate que hará subir la calificación de esas firmas, lo que significa que podrán obtener créditos más baratos, y así sucesivamente. Mientras tanto, para el grueso de la población de las últimas generaciones –es decir, para la abrumadora mayoría– los ingresos han descendido de manera muy notable, mientras que las horas de trabajo han aumentado y los beneficios se han reducido, lo que ha llevado a una población enfadada, frustrada y confusa que está mucho más distanciada de las decisiones políticas. Decisiones que están, en enorme proporción, en manos de una concentración de poder extremadamente pequeña; y los medios de comunicación colaboran en ello, ya que son esencialmente parte del sistema. Hay algunas voces críticas en la periferia –después de todo, esta es una sociedad libre– pero las fuerzas mayoritarias tienden a apoyar al sistema. Estas son tendencias muy antidemocráticas, y también bastante peligrosas.
Una mirada a los conflictos.
P: ¿Cuál es su visión de la ‘guerra global contra el terror’?
NC: El problema es que no existe. No se combate al terror con acciones que se sabe de antemano que aumentarán el terror. La invasión de Irak, de nuevo, se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo, y de hecho lo hizo. Eso no es una guerra contra el terror. No debería haber una guerra contra el terror, sino esfuerzos para debilitar al terror. Los modos de hacer esto son bien conocidos y entendidos. Gran Bretaña es un ejemplo perfectamente válido. Tomemos, por ejemplo, el terrorismo del IRA, que era bastante serio. Mientras Gran Bretaña respondió usando la violencia, contribuyó a una escalada del ciclo del terror. Finalmente –en parte, por la influencia de Estados Unidos y en parte por la presión interna–, la respuesta fue prestar atención a las quejas legítimas que subyacían en las acciones terroristas. Y bien, eso condujo al declive del terror. Por ahora, Irlanda del Norte –aunque no es ninguna utopía– no es, desde luego, como era hace solo quince años. ¡Esa es la manera de abordar el terror! Observar sus raíces, su origen, y hacer algo al respecto.
Una mirada a la globalización y la sociedad
P: ¿Cuáles son sus visiones acerca de la globalización y el desplazamiento del poder económico hacia China y la India?
NC: Antes de nada, deberíamos ser cuidadosos al hablar de “desplazamiento del poder económico”. Es cierto, desde luego, que China y la India han tenido tasas de crecimiento muy significativas, pero se trata de países muy pobres. Echemos un vistazo a su renta per cápita, por ejemplo. Según las cifras del Banco Mundial (que están groseramente subestimadas) China tiene quizá el 5% de la renta per cápita de Estados Unidos, y la India en torno al 2%. Estas cifras deberían multiplicarse por dos o por tres, pero incluso así suponen una pequeña fracción de las occidentales. China ha crecido de manera espectacular, y ha habido un impacto bastante significativo en la reducción de la pobreza y demás. A pesar de todo, China sigue siendo, de momento, una planta de ensamblaje. Si echamos un vistazo al déficit comercial de Estados Unidos con China (algo de lo que se ha hablado mucho) y lo calculamos con exactitud, en términos de valor añadido, resulta que el déficit comercial con China está sobreestimado entre un 25 y un 30 por ciento. El déficit comercial con Japón, Taiwán y Corea del Sur está subestimado en la misma proporción. El motivo es que, dentro del dinámico sistema de producción de Asia del Este, los componentes de alta tecnología vienen de la periferia –de Japón, Corea del Sur y Taiwán– y China los monta. Con el tiempo, esto cambiará, a medida que China vaya escalando peldaños en la escalera tecnológica, pero en este momento es así. Esto es aún más claro en el caso de la India, que tiene cientos de millones de personas que están excluidas por completo del sistema. Los suicidios de campesinos aumentan aproximadamente en la misma proporción que la creación de millonarios. Un par de cientos de millones de personas han obtenido ganancias, mientras otras muchas no, y su situación ha ido empeorando. Existen, además, enormes problemas ecológicos que no son contabilizados como costes, aunque deberían serlo. Lo que está ocurriendo allí es bastante espectacular.
Se ha hablado mucho de que China posee una parte de la deuda de EE UU y de lo que eso implica, y todo eso. Japón posee aproximadamente la misma cantidad de deuda norteamericana, lo que no otorga a Japón ningún poder sobre Estados Unidos. Hay muchos comentarios engañosos sobre estos temas.
P: ¿Cómo cree que será el mundo dentro de 25 años?
NC: Bueno, están ocurriendo varias cosas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era abrumadoramente dominante; su poder ha ido declinando desde entonces, y continúa en declive en este momento. En parte, este declive tiene que ver con el crecimiento cada vez mayor de la producción asiática; no debemos exagerarlo, pero es ciertamente una de las razones. Otro factor es el ataque interno a la salud de la sociedad norteamericana; la ofensiva de las corporaciones que ha tenido lugar en la última generación ha debilitado seriamente a la sociedad norteamericana. Hay un ataque al sistema educativo que tendrá graves efectos a largo plazo sobre la economía; hay un ataque generalizado contra la clase trabajadora: el círculo vicioso que antes describí es beneficioso para un pequeño sector de la población, pero es dañino para todos los demás. Las infraestructuras están en un estado lamentable. ¡Cualquiera que viaje a Estados Unidos desde Europa o incluso desde Asia piensa a menudo que está llegando a un país del tercer mundo! Y esto va a peor. No supone un problema para el pequeño sector de ricos y poderosos que externalizan la producción y se dedican a la especulación financiera; para ellos, realmente no importa si el país está en declive. Pero está en declive, y sufre ataques internos. Estados Unidos tiene una crisis financiera –el problema del déficit y de la deuda– debida a dos motivos. Uno, un presupuesto militar enormemente abultado, que es aproximadamente el mismo que el del resto del mundo junto, y en segundo lugar, un sistema sanitario desregulado, privatizado y altamente deficiente. Esos dos elementos están siendo protegidos, y eso, junto con el círculo vicioso que he mencionado, conduce a graves problemas internos que harán que el declive continúe. Además, el problema medioambiental es muy serio. Si Estados Unidos no se pone en cabeza, el resto del mundo no va a hacer demasiado. Si Estados Unidos mina los esfuerzos para atajar los problemas ambientales –como está sucediendo ahora–, la cosa va a ser aún más grave, y eso es exactamente lo que tenemos enfrente de nosotros, por las razones institucionales que he mencionado. Dentro de treinta años, eso será mucho más importante.
Por desgracia, existe además una amenaza cada vez mayor de guerra nuclear e incluso de terrorismo nuclear. Es por eso por lo que antes mencioné la política de EE UU en Afganistán y Pakistán. Parte de esa política aumenta el riesgo de que materiales fisionables puedan caer en manos de islamistas radicales. Hay que decir que el islamismo radical ha sido fuertemente apoyado durante mucho tiempo por Estados Unidos y Gran Bretaña para combatir el nacionalismo secular. Estados Unidos también ha apoyado los programas nucleares de Pakistán, India e Israel, los tres no firmantes del Tratatado de No Proliferación. Todo eso supone una mezcla explosiva.
También va a haber cada vez más conflictos por los recursos. Los recursos se están exprimiendo hasta el límite, y con un crecimiento cada vez mayor, la competencia será dura, lo que conducirá a graves conflictos por los recursos y puede que a guerras de algún tipo. Puede que no se trate de guerras militares, pero algún tipo de conflicto. Si miramos, por ejemplo, a la reserva de energía más importante del mundo, en Oriente Medio, ¡en este momento esos recursos están yendo más al Este que a Occidente! Estados Unidos tolera esto de buen grado; quieren que el petróleo saudí vaya a China para socavar las iniciativas de China en Irán. Eso forma parte de la estrategia geopolítica norteamericana, pero provocará conflictos, y es también cierto para otros recursos como el hierro, el cobre, el litio, etc. Este es un problema grave y creciente, y da una predicción bastante sombría del futuro, a menos que haya cambios significativos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Grecia

Si pagan bien, yo también como basura



“Las sugerencias alemanas sobre Grecia son masoquistas, porque los principales acreedores residen en Alemania.” -Lorenzo Bini Smaghi, miembro del Comité Ejecutivo del BCE-

Si a ustedes les sirven un plato de basura, se levantan de la mesa sin tocarlo. Ahora bien, si les pagan por comérsela, ¿se lo piensan mejor? ¿Prueban un bocado a ver si está tan mala? ¿Depende de cuánto paguen?
Vean el caso griego. En medio del rumor creciente de que el país acabará quebrando, las agencias de calificación rebajan la nota de su deuda al nivel de los ‘bonos basura’. Sin embargo ayer Grecia emitió letras a seis meses, y vendió más de lo previsto. Y todavía hubo quien se fue a casa sin su ración de basura, pues la demanda triplicó la oferta: las peticiones de compra llegaron a 4.500 millones.
O la basura no está tan mala, o pagan muy bien por comérsela. Más bien lo segundo, pues Grecia ofrece intereses disparatados (hasta el 24% en la deuda a más largo plazo). Pero por mucho que te paguen, sigue siendo basura lo que te comes, y además aliñada con rumores sobre una posible reestructuración de la deuda que dejaría sin cobrar una parte a los acreedores. Es decir, como si después de rebañar el plato te pagan menos de lo prometido.
Como los compradores de deuda no son tontos, y menos todavía caritativos, queda descartado que estén haciendo el primo, y tampoco parecen masoquistas. La apuesta es fuerte, con apariencia suicida: cuanto más se hunde Grecia, más interés paga, y más ganan unos acreedores a los que interesa que siga cayendo en picado. Pero claro, la cuerda se tensa tanto que puede acabar rompiéndose, y que Grecia no sea capaz de pagar lo que debe.
¿Y qué pasará entonces? ¿Soy yo el único que piensa que los acreedores –bancos alemanes sobre todo- no se van a quedar sin cobrar? ¿Soy mal pensado por creer que acabaríamos pagando entre todos, que los buitres corren riesgos tan grandes porque confían en que Europa pague la factura si Grecia no puede? Si el rescate prestado hace un año sólo ha servido para que los comedores de basura engorden, ¿haremos ahora un requete-rescate para garantizar que nadie se quede sin cobrar lo suyo? Aclárenmelo, porque si es así, corro a pedir yo también un buen plato de basura.
Fuente: http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/05/11/si-pagan-bien-yo-tambien-como-basura/


Grecia vuelve a parar contra el ajuste

Miles de personas se movilizaron en Atenas en rechazo a la visita de una misión del Fondo Monetario Internacional, que evalúa la puesta en marcha del ajuste solicitado como contrapartida para el salvataje del endeudado país. Hubo incidentes en el centro de la capital.

El paro, convocado por los principales sindicatos del sector público y privado, mantuvo cerradas las escuelas y suspendido el transporte público, incluyendo el ferry, vital en el país peninsular e insular. Los controladores aéreos se plegaron cuatro horas, por lo que no hubo vuelos entre las 12 y las 16. Los hospitales y servicios de ambulancias sólo funcionaron en casos de emergencia. Tampoco abrieron muchos bancos, farmacias ni museos, y pararon asimismo abogados e ingenieros.
Las transmisiones de programas de noticias de radio y televisión se suspendieron porque los periodistas adhirieron a la medida de fuerza. Tampoco aparecieron las ediciones de hoy de los diarios y los portales de noticias no actualizaron sus contenidos.
Este mes, como contrapartida a un crédito de salvataje concedido por el FMI y la Unión Europea, el gobierno socialista griego tiene previsto aprobar nuevos recortes presupuestarios para ahorrar hasta 23.000 millones de euros hasta el año 2015.
A fin de evitar una insolvencia del Estado frente a sus acreedores y un contagio de la crisis al resto de la eurozona, el Fondo y la UE concedieron un crédito a Grecia de 110.000 millones de euros, de otorgamiento gradual de 2010 a 2013. Pero pese a un fuerte recorte que incluyó reabajas de salario y pensiones, aumento de impuestos y de la edad jubilatoria, los analistas no descartan que el país necesite respaldo adicional para cumplir con sus necesidades y obligaciones financieras del año próximo.
El Parlamento tiene previsto votar el nuevo recorte a fin del corriente mes. El gobierno también se comprometió a adoptar un ambicioso programa de privatizaciones por un total cercano a los 50.000 millones de euros en los próximos años. Funcionarios del FMI y la UE llegaron a Atenas a evaluar la aplicación de los programas de ajuste, de los que depende la continuidad de los préstamos de dinero.
Los sindicatos dicen que es injusto que los trabajadores deban cargar con el peso de una crisis generada por el desgobierno y la especulación, sobre todo en medio de una recesión de dos años y de un desempleo del 15 por ciento.
Unos 10.000 miembros del sindicato comunista PAME marcharon por el centro de la capital con pancartas en las que se leían consignas como "Rechazamos y condenamos las nuevas medidas. Intensificaremos la lucha". Miles de personas más se congregaron para una segunda marcha convocada por las dos principales centrales obreras, en medio de una cuidadosa vigilancia policial.
Al menos diez personas resultaron heridas durante enfrentamientos entre policía y manifestantes en Atenas. Algunos jóvenes de entre las 30.000 personas que se manifestaron lanzaron piedras a los agentes de policía, que respondieron con gas lacrimógeno.

lunes, 9 de mayo de 2011

Fuego


Iluminados por el fuego


 Por Eduardo Fabregat

¿Ahora se entendió?
En los días posteriores al 30 de diciembre de 2004, en los debates que suscitó el uso de pirotecnia en recitales de rock y en los meses que siguieron, hubo que escuchar la misma, estúpida teoría: “En los recitales al aire libre no pasa nada”. No es lo mismo que Cromañón, dijeron quienes sostienen contra toda lógica la teoría de que el espectáculo se conforma de un grupo arriba del escenario y una proliferación de fuegos y banderas en el público. De nada servían los múltiples testimonios de personas quemadas por chispas, medio ahogadas por el humo, molestas por el peligro latente, ofendidas por la falta de respeto a los muertos de Once. Al aire libre no pasa nada, repetía el coro.
El 30 de abril, en el show de La Renga en el Autódromo de La Plata, al aire libre, Miguel Ramírez recibió un bengalazo en el cuello. El viernes 6 de mayo, los médicos que lo atienden diagnosticaron “muerte cerebral”.
¿Ahora sí se entendió?
Han pasado apenas unos días desde el anuncio de la Cámara de Apelaciones y las sentencias del TOC 24 sobre las muertes de Cromañón. Y aquí estamos, hablando otra vez de las mismas cosas. De quién estaba a cargo de la seguridad y el cacheo de los asistentes, que en este caso y para profundizar las sensaciones lleva el pintoresco nombre de Chacal Producciones. De por qué el público de rock tiene tantos problemas para tomar conciencia y aprender a cuidarse más allá del cuidado que deben tener los otros. De por qué no hay una actitud integral del medio hacia el tema de la pirotecnia: La Renga supo parar sus shows cuando apareció una bengala, el Indio Solari deja que el público “se exprese” libremente y hasta defendió el fuego en una entrevista de Rolling Stone. El viernes, un comunicado atribuido al Indio señaló: “Mi posición frente al juego de bengalas en los conciertos al aire libre siempre se sostuvo en entender que si esos fuegos artificiales se entendían como de extrema peligrosidad aún fuera de los locales cerrados, lo correcto y conveniente sería la prohibición de su venta al público y no el traslado del deber policial a los organizadores de los eventos. El control en estas reuniones multitudinarias se hace prácticamente imposible por el hecho de que el público no concurre al estadio sino hasta un momento cercano al inicio del show y en tan corto tiempo, entonces, se torna muy difícil el revisar exhaustivamente a los concurrentes. De cualquier manera y tomando en cuenta los accidentes que pueden ocasionar, les pido a quienes se acerquen a mis conciertos que se abstengan de su uso”.
Otra vez, la aparición de una víctima es lo único que viene a despertar conciencias. ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué nueva visión irresponsable vendrá a reemplazar ese “al aire libre no pasa nada”? Ya habrá quien se apropie de esas palabras del Indio y enarbole un “bueno, si el Estado no las prohíbe, la culpa no es nuestra”, reciclando de paso ese maravilloso deporte de echarles la culpa de todo a los gobernantes sin hacerse cargo de lo que a cada uno le toca.
Cuesta creerlo, de verdad. Desde diciembre de 2004, las discusiones alrededor de este tema fueron contaminadas por esa clase de conceptos engañosos, que no ayudaron a aclarar la cuestión de fondo. Ahora que hay otro joven en una cama de hospital, ahora que hay otra familia destrozada, ¿podremos discutir de verdad lo que hay que discutir? ¿Podemos dejar de lado, de una buena vez, las teorías que defienden lo indefendible, que disculpan lo que no puede disculparse, que se cagan en la historia reciente? ¿Podemos recordar y subrayar que el rock es otra cosa, que las bengalas, candelas y tres tiros son el entretenimiento de imbéciles que babean ante el fuego y no ante una creación artística?
Ahora que tenemos otro muerto, ¿se entendió?

sábado, 7 de mayo de 2011

¡¡¡Hasta aquí habéis llegado, cabrones!!!

¡Embrutezcámoslos, son más dóciles!



Hace un puñado de años, en un lugar desconocido de un país por descubrir, entre enero y diciembre, a una hora no señalada, se reunieron los líderes del G-20, sus asesores financieros, sus contables, sus sacerdotes y sus programadores culturales. Decidieron llenar el mundo de mierda. ¿No se dan cuenta –dijo el emperador al foro de poderosos- que cuanto peor les tratamos, más nos quieren, que cuantos más disparates hacemos, más nos elogian, que cuanto más recortamos sus derechos y sus conciencias, más aplauden, que cuanto más salvajes somos, más nos respetan? Al carajo con el Estado de Derecho, con las libertades ciudadanas, con la educación pública y laica, con la decencia, con la Declaración de Derechos del Hombre; a tomar por saco con los prejuicios de los moñas que dicen que hay que abolir la pena de muerte y reinsertar a los presos, con las garantías procesales, con las mariconas que se oponen a la tortura, con quienes hablan de educar al pueblo, con los que exigen derechos laborales, sociales y culturales: ¡¡¡Embrutezcámoslos, sólo así lograremos formar un inmenso ejército mundial de sumisos y conformistas que nos besen las manos mientras colocamos la horca sobre su cuello!!! Creo que por aquel entonces acababa la guerra de Vietnam, disminuían las protestas antibelicistas y los chicos del sesenta y ocho regresaban al redil para hacerse cargo de la gestión de las empresas familiares. Todo lo colectivo comenzó a ser malo, en las películas, en los libros, en la televisión, y se volvió a ensalzar al individuo que lo puede todo con sólo desearlo, tener fuerza y poner empeño, al pez gordo. Apareció Rambo, y él solito comenzó a devorar malos a la misma velocidad que una cosechadora se traga las mazorcas en un campo de maíz. El hombre, que hasta entonces lo había conseguido todo codo con codo, hombro con hombro, empezaba a convertirse de nuevo en enemigo de su hermano, en alguien que esgrimía como principal prueba de su valía y de su amistad con Dios, su riqueza, su capacidad para acumular dólares del modo que fuese. Comenzaba una nueva división social, arriba los que valían y habían subido a lo más alto por sí mismos, “sin la ayuda de nadie”; abajo, los que no habían sido emprendedores ni habían tenido la ambición necesaria para bañarse en oro, personas que nada aportaban al Olimpo de los elegidos y andaban todo el día dando la murga con los derechos de los demás y otras melindres. Desapareció la Unión Soviética burocratizada y artrítica, con ella el riesgo de contagio de lo que un día fue la gran ilusión. Llegó el consumismo y la dispersión, cada cristiano occidental tenía derecho a comerse la parte del pastel que aguantasen sus intestinos y a tirar a la basura el excedente. Todos fuimos ricos por un día, el dinero salía a borbotones de entre las piedras más altas para diluirse al llegar a los valles dónde, ávida, la gente esperaba agarrar, a codazos y dentelladas, su pequeña porción. Nos habíamos convertido en superhombres, ni siquiera nos frenaba el antiguo miedo a los infiernos, mucho menos nuestra conciencia aguada ni la necesidad de quienes, incapaces, no habían sabido colocarse en el sitio justo a la hora precisa. Casi todos invertíamos en bolsa, se hablaba del capitalismo popular, de que nada era tan democrático como una sociedad anónima, de las bondades de un sistema que permitía hacerse rico a los más bestias de cada lugar, del precio justo, de la inutilidad del Estado y de esos burócratas que sólo se dedicaban a hacernos la vida imposible con sus papeles y sus legalidades. Dejamos de ser nosotros y nuestras circunstancias, para ser –o creer ser- sólo nosotros, yo, infinito yo narcisista que todas las mañanas contemplaba como se le caía el pelo al mismo tiempo que aumentaba su panza y sus ingresos derivados de la especulación y la explotación.
Después, les salvamos de la ruina en la que nos metieron invirtiendo, sin preguntárnoslo, lo que no teníamos, y lejos de agradecérnoslo, nos dijeron que les debíamos lo que les habíamos dado, amenazándonos mientras callábamos cabizbajos, con pasarnos del vientre de nuestra madre a las entrañas de la tierra sin intermediación alguna. Y dejamos de tomar la sagrada forma pero la forma se convirtió en sagrada mientras los orates nos trataban como otarios desde las televisiones públicas, las privadas y los cientos de tedetés nacidas para matar desde los santuarios de aquellos parientes lejanos de los que creíamos habernos separado cuando bajamos del árbol. Y apareció Belén Esteban como nueva Palas Atenea, y Sotres, Polaino, Dragó, Ramírez, Jorge Javier, Albiac, Terctsch, la duquesa, Peñafiel, Lozano, Aznar, Cantizano, Aguirre, Camps, Matamoros, Pantoja y la franca como nuevos dioses de las hordas, cada vez más convencidas de que, dado que la política es una mierda, mejor entregar todo el poder a los franquistas neocon, ¡qué más da, son todos iguales! Enfrentamos a la Virgen de la Almudena con la de Montserrat, y convertimos en seres celestiales a Florentino y a Sandro, a Ronaldo y a Messi, mientras la casa se nos caía encima, sin rechistar. Y vimos como mataban a cientos de miles de personas por petróleo en Irak, como colgaban ante las cámaras a un antiguo colega con barba, y nos fuimos a Afganistán a proteger lo que era nuestro y no de sus dueños. Y fuimos incapaces de organizarnos y salir a la calle para defender la libertad, para impedir que el juez que quiso juzgar la atrocidad franquista, siga siendo el único procesado en esa causa, para negarnos a ser cómplices de tanta muerte, para defender los derechos que tanta sangre costaron a nuestros abuelos, para decir que ningún Estado, ni siquiera el del Emperador negro en el que tantas esperanzas depositaron tantos, puede torturar para sacar confesiones desde una bañera llena de mierda y electrodos, que no se puede matar a un terrorista desarmado sin convertirte tú mismo en un asesino peor que todos los asesinos, que no podemos renunciar al Estado de Derecho, a las garantías procesales, a la presunción de inocencia.
Y nadie dijo no, y nadie alzó la voz, y nadie se rasgó las vestiduras, y nadie dijo: Hasta aquí habéis llegado, no sabéis lo que significa la palabra democracia, la habéis vaciado de contenido, sobráis, buscad otro planeta. Los diarios nos regalaban baterías de cocina y delantales con el escudo de nuestro equipo favorito, vitoreábamos al Jesús del Gran Poder, a la Moreneta, a Santiago Matamoros y a San Fermín pedimos. Brutos, cada vez más brutos, perdimos el norte de nuestras vidas, dejamos los asuntos públicos en manos de corsarios, hipotecamos el futuro de nuestros hijos y contemplamos, sin la menor mueca de asombro, como quienes con sus políticas económicas salvajes nos hundieron en la miseria, recibían el voto masivo del pueblo en municipios, comunidades autónomas y gobierno para entregar hospitales públicos a constructoras arruinadas, para instalar el copago sanitario, para crear una sanidad para ricos y otra para pobres, para confiar la educación de nuestros menores a frailes y monjas, para entregar las pensiones a los banqueros y aseguradoras que nos metieron en este callejón, para volver al ojo por ojo y diente por diente, para llenar los Parlamentos de diputados y senadores similares al caballo de Calígula, dispuestos a pisotearnos y a decirnos una y otra vez que los ricos no van a la cárcel, que los estafadores no van a la cárcel, que el código penal se hizo para los pobres y el civil para los ricos, que no hay más camino que el que marca el pez gordo. Y sonreímos en el patíbulo, como sólo los brutos lo pueden hacer, con la risa del idiota que no sabe por qué se ríe, con la risa del que hace tiempo que dejó de saber que sólo, un hombre no es nadie, pero que unido a otros, lo es y lo puede todo.
Ahora, mientras leo con cierto detenimiento las últimas encuestas del CIS, veo en la televisión como un Rambo negro mata a un barbudo desarmado en Pakistán siguiendo el mandato de Hammurabi y del Dios de la zarza. Pasan cinco millones de parados por mi puerta con una pegatina de Mariano Rajoy mientras se oyen los pitorrazos de la concentración de Ferraris y Bugatis que hay un poco más allá. Y me pregunto, con una botella de vino, comiendo una ristra de morcillas y fumando una cajetilla de ducados que me avisa de mi próxima muerte, ¿quién se ha encargado de quitar el alma al pueblo? ¿Quién se ha encargado de la educación del pueblo? ¿Dónde están los mínimos conocimientos humanísticos que debe tener todo ciudadano para discernir lo bueno de lo malo y lo malo de lo peor? ¿Para qué tanta tecnología, tanta telemierda? ¿Cuándo nos convertimos en brutos y serviles? ¿Cuándo olvidamos que el Estado de Derecho está por encima de la razón de Estado, que la razón de Estado por sí sola nos convierte a todos en presuntos delincuentes y es la madre del nuevo fascismo? Y sólo hayo una respuesta, cuando dejamos de pensar por nosotros mismos y en los demás. Hace ya mucho tiempo, aunque entre la multitud, he visto pasar a unos cuantos que con un martillo neumático van rompiendo el hormigón y en los huecos, plantan árboles. Llevan monos azules, y en sus espaldas un letrero: ¡¡¡Hasta aquí habéis llegado, cabrones!!!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 5 de mayo de 2011

Chomsky: La guerra de Irak










La muerte de Bin Laden /Mostradnos al tirador

Paul Klee - Globus roig

Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Mostradnos al héroe de los SEAL de la Armada que pegó los dos tiros a Osama Bin Laden –uno tras otro en la cabeza para asegurarse de que el objetivo del “encargo” estaba liquidado– después de un “tiroteo” con huellas virtualmente ausentes en esa escuálida “mansión” de Abbottabad. Mostradnos al mayor héroe en la historia moderna de EE.UU., el hombre que mató al enemigo público número uno de EE.UU., el terrorista más malo de la historia del universo, el cerebro del ataque más espectacular de todos los tiempos contra EE.UU.
Haced que desfile por la Zona Cero y el centro de Manhattan, dadle una hilera de Corazones Púrpura y de colores arcoíris, convertidlo en socio de Goldman Sachs, colocadlo en Oprah, Rush y Anderson Cooper, nominadlo al Rock'n Roll Hall of Fame.
Si sois republicanos, que se presente como candidato a presidente, a diferencia de Donald “ese zorro en su cabeza” Trump o de Sarah “puedo ver Pakistán desde mi casa” Palin, podría efectivamente convertir al presidente Barack Obama en un daño colateral. O por lo menos coronadlo secretario de defensa –proveedor supremo de asesinatos selectivos como instrumento básico de la diplomacia internacional-.
¡Toma dos!
Rebobinad a la escena del drama de suspense en toda su gloria en alta definición -transmitida en vivo a la Sala de Crisis en Washington-.
El héroe, totalmente equipado, energético, está frente a frente al auténtico Osama Bin Laden desarmado, recién salido de la cama, atrapado en una habitación sombría. No hay escape; todo el complejo ha sido “asegurado”. Ahora sí –el momento con el que todo EE.UU. ha soñado desde el 11 de septiembre de 2001.
El ensayo tuvo lugar cientos de veces antes durante la eterna “guerra contra el terror”. El procedimiento era inmovilizar al sospechoso, colocarle una bolsa en la cabeza, transferirlo a un helicóptero (había tres afuera, uno ya se había estrellado), luego a una base militar, y entonces, vestido con mono naranja, directo a Gitmo (Guantánamo).
Ahora el héroe está frente al hombre que hizo que la propia “guerra contra el terror” llegara a existir. ¿Y qué hace? Ni un tiro en el brazo, pierna o rodilla. Ni siquiera una granada de aturdimiento lanzada despreocupadamente. Ninguna entrega extraordinaria, ¿para qué sirve en todo caso si no se aplica al enemigo público número uno?
El héroe pega dos tiros seguidos al fugitivo -nombre de código “Gerónimo” (un indígena que desafió al Imperio; y hablemos de volver a deshonrar a los estadounidenses nativos). Es la forma en que termina la mayor y más costosa cacería humana de todos los tiempos; no una prolongada explosión, sino dos balas de oro. El bueno liquida al malo. Harry el sucio liquida al criminal.
Por lo tanto nadie en el mundo llegará a saber cómo se convirtió “Gerónimo” en un agente de la Agencia Central de Inteligencia –y cómo la “amistad” se desarrolló durante los años ochenta- Cómo escapó de Tora Bora –o cómo dejó el Pentágono que escapara-. Cómo vivió en Pakistán todos estos años sin que lo molestaran. Por qué “nos odia”.
Y sobre todo cómo “fue el cerebro” del 11-S. Qué rama –o ramas, o individuos– de la red de los servicios de inteligencia de EE.UU. lo supo de antemano y permitió que ocurriera. Cómo un puñado de árabes con un cutter y pésimos conocimientos de pilotaje convirtieron jet en misiles y destruyeron las Torres Gemelas (y el edificio 7) y un pedazo del poderoso Pentágono.
¿Quién en el mundo se atrevería a no estar pegado durante meses al juicio más emocionante de todos los tiempos?
Hay motivos para creer que las entidades –el sistema– que organizaron el ataque no estarían muy contentas. Por lo tanto el veredicto es culpable, no acusado. Y se liquida con una bala en la cabeza. Nunca ha sido tan fácil crear un yermo y llamarlo “justicia”.
En cuanto al resto de nosotros, pasaremos el resto de nuestras vidas a oscuras.
Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
Copyright 2011 Pepe Escobar

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Extraído de Rebelión