lunes, 16 de mayo de 2011

Manipulación


el chiste

Un hombre pasea por un parque en Nueva York cuando de pronto ve a un dogo rabioso a punto de atacar a una niña de 7 años. El hombre no duda, se lanza sobre el perro, lo toma de la garganta y lo mata. Un policía que vio lo ocurrido se acerca maravillado diciéndole:

–Señor, usted es un héroe. Mañana todos podrán leer en la primera página de los periódicos: “Un valiente neoyorquino salva la vida de una niña”.

–Gracias, pero yo no soy de Nueva York.

–Bueno –dice el policía–, entonces dirán: “Un valiente americano salva la vida de una niña”.

–Pero es que yo no soy americano —insiste el hombre.

–Bueno, es lo de menos, ¿de dónde es usted?

–Soy árabe –responde el valiente.

Al otro día los diarios titulan: “Terrorista árabe masacra de manera salvaje a un indefenso perro americano de pura raza, a plena luz del día y delante de una niña de 7 años que lloraba aterrorizada”.

Página 12/ suplemento económico. 15.05.2011

Y si piensan igual con hijos de Ernestina?

Lauría, el chico de Peñarol que encontró a su padre

16/05/11 Tras 21 años sin contacto, pudo hablar con su papá. Lo hizo tras marcar 27 puntos ante Libertad en las semis de la Liga.
A Nicolás Lauría le llegó el momento que espera todo atleta: explotar en esos momentos clave que marcan una carrera. Lo logró el sábado, al anotar 27 puntos en el 103-101 de Peñarol sobre Libertad, en dos suplementarios, que dejó 2-0 al equipo marplatense en una semifinal de la Liga Nacional de básquetbol.
Pero la felicidad plena de Lauría, alero de 23 años, se debe a un hecho que lo conmocionó poco antes de ese partido: después de 21 años, charló con su padre, el estadounidense Zachary Cooper, quien había jugado en Peñarol en 1988, año de nacimiento de Lauría.
“Pudimos hablar un ratito por Skype. Fue tremendo.
Hoy puedo decir que tengo papá.
Me llamó atención por su reacción positiva, por sus ganas de conocerme. Estoy feliz”, dijo el pibe de la vincha negra en www.basquetplus.com.
Lauría tuvo un aliado de lujo: su compañero de equipo Kyle Lamonte. A través de un sitio web de búsqueda de personas, consiguió el teléfono, entabló el primer contacto sin decirle nada a Nicolás e hizo de mediador en la charla a través de la web.
“Estaba tratando de ubicarlo desde que tengo uso de razón. Jamás perdí la esperanza” , dice Lauría, quien ya es dueño de un derecho humano inalienable: el derecho a la identidad.

 El link a la nota del Diario:
http://www.clarin.com/deportes/basquet/Lauria-chico-Penarol-encontro-padre_0_481751966.html

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’

‘MI REACCIÓN ANTE LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN’
Noam Chomsky
Cada vez es más evidente que la operación fue un asesinato planificado, violando de manera múltiple normas elementales del derecho internacional. No que hicieran ningún intento de aprehender a la víctima desarmada, lo que presumiblemente podrían haber logrado 80 comandos que virtualmente no enfrentaban ninguna oposición, excepto, afirman, la de su esposa, que se lanzó hacia ellos.
En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los sospechos se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. Subrayo "sospechosos”. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa de que después de la investigación más intensiva de la historia, el FBI solo podía decir que "creía” que la conspiración se tramó en Afganistán, aunque se implementó en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que solo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían 8 meses antes, cuando Washington desdeñó ofertas tentadoras de los talibanes (no sabemos cómo de serias porque se descartaron instantáneamente) de extraditar a Bin Laden si les presentaban alguna evidencia, la que, como pronto supimos, Washington no poseía. Por lo tanto Obama simplemente mintió cuando dijo en su declaración de la Casa Blanca, que "rápidamente supimos que los ataques del 11-S fueron realizados por al-Qaida”.
Desde entonces no han suministrado nada serio. Han hablado mucho de la "confesión” de Bin Laden, pero suena más bien como si yo confesara que gané el Maratón de Boston. Alardeó de algo que consideraba un gran logro.
También hay mucha discusión sobre la cólera de Washington porque Pakistán no entregó a Bin Laden, aunque seguramente elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban informados de su presencia en Abbottabad. Se habla menos de la cólera paquistaní porque EEUU invadió su territorio para realizar un asesinato político. El fervor antiestadounidense ya es muy fuerte en Pakistán, y estos eventos probablemente lo exacerbarán. La decisión de arrojar el cuerpo al mar ya provoca, previsiblemente, cólera y escepticismo en gran parte del mundo musulmán.
Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico. Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un "sospechoso” sino indiscutiblemente el que "tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el "supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.
Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la "doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente. Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente.
Lo mismo pasa con el nombre: Operación Gerónimo. La mentalidad imperial está tan arraigada, en toda la sociedad occidental, que parece que nadie percibe que están glorificando a Bin Laden al identificarlo con la valerosa resistencia frente a los invasores genocidas. Es como bautizar nuestras armas asesinas según las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk… Es como si la Luftwaffe llamara sus aviones caza: "Judío” y "Gitano”.
Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos mucho que pensar.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.
*Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Es autor de numerosas obras políticas. Sus últimos libros son una nueva edición de Power and Terror, The Essential Chomsky (editado por Anthony Arnove), una colección de sus escritos sobre política y sobre el lenguaje desde los años cincuenta hasta el presente, Gaza in Crisis, con Ilan Pappé, y Hopes and Prospects, también disponible en audio].

viernes, 13 de mayo de 2011

Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad

Situación y futuro de la Democracia

Thought Economics

Traducción: Red Kite

Una mirada al Reino Unido, Estados Unidos y Europa.
Pregunta: ¿Hasta qué punto son libres y democráticas nuestras sociedades?
Noam Chomsky: Atendiendo a estándares históricos, estas sociedades son bastante libres. Son democráticas en el sentido de que tienen elecciones formales que no están amañadas y todo eso. No son democráticas en cuanto a que hay otras fuerzas, que no tienen nada que ver con lo popular, que afectan de manera determinante a quién puede presentarse a unas elecciones. Estados Unidos es el caso más extremo a este respecto. En este momento, las elecciones en Estados Unidos están básicamente compradas. No puedes presentarte a unas elecciones a menos que dispongas de una enorme cantidad de capital, lo que significa que, aunque no representan ni al 1% de la población, son sobre todo las grandes corporaciones las que proporcionan ese respaldo de capital. En las elecciones de 2008, por ejemplo, lo que llevó a Obama a la victoria final fue una sustancial ayuda procedente de instituciones financieras que son ahora el núcleo de la economía. Se estima que las próximas elecciones costarán unos 2.000 millones de dólares, y solo hay un sitio al que acudir en busca de una suma de dinero semejante.
Antes solía haber un sistema de asignación de puestos en los comités del Congreso a los que se accedía por veteranía y todo eso. Ahora mismo, generalmente se exige que quienes aportan fondos estén en el comité del partido, lo que significa que incluso esos puestos están, en gran medida, comprados. Esto significa que la opinión popular está mucho más marginada. Esto se ve muy claro en cualquier asunto del que se trate. Se dice que el gran problema ahora mismo, a nivel nacional, es el déficit. Pues bien, la gente tiene ideas sobre cómo acabar con el déficit. Por ejemplo: gran parte del déficit es el resultado de un sistema de salud altamente defectuoso cuyo coste per cápita es cerca del doble que en otros países y que, en modo alguno, obtiene mejores resultados; de hecho, los resultados son bastante más pobres. La población se ha mostrado desde hace tiempo a favor de cambiar a un tipo de sistema nacional de salud, que sería mucho menos caro y (a juzgar por los resultados) nunca peor, incluso puede que mejor. ¡Solo eso ya eliminaría el déficit! ¡Y ni siquiera se ha considerado!
P: ¿Qué es lo que realmente mueve nuestra política exterior y cómo nos afecta eso a nosotros, los ciudadanos?
NC: La política exterior del Reino Unido y Europa tiende a seguir a Estados Unidos; no completamente, pero EE UU sigue siendo el principal conductor de la política exterior. No es ningún secreto qué es lo que mueve la política exterior. Bill Clinton, por ejemplo, fue bastante explícito sobre ello. Su postura, expresada con claridad en el Congreso, fue que EE UU tiene derecho a llevar a cabo una acción militar unilateral, apoyado en ocasiones por una –así llamada– coalición de los dispuestos, para asegurarse recursos y mercados y que debe tener fuerzas militares desplegadas –lo que significa bases extranjeras en Europa y en cualquier otra parte– para modelar los acontecimientos en nuestro interés. Nuestro interés no significa el del pueblo americano, sino el interés de quienes diseñan la política; fundamentalmente, las grandes corporaciones.
La política exterior puede emprenderse por vías que puedan perjudicar a la seguridad. De hecho, no es infrecuente, después de todo. Si seguimos la Comisión Chilcot [la comisión del parlamento británico encargada de investigar el papel del Reino Unido en la Guerra de Irak. N. del T.], la jefa del MI5 testificó –como mera extensión de algo que ya se sabía– que tanto Estados Unidos como Gran Bretaña reconocían que Sadam Husein no era una amenaza y que la invasión aumentaría, muy probablemente, la amenaza del terror. Y de hecho, ¡lo hizo! Aproximadamente siete veces en el primer año, según estadísticas cuasi oficiales. Así que se emprendió una invasión que provocaría daños a los ciudadanos de los países invasores, como en efecto ocurrió. Al principio, por supuesto, los motivos se presentaron con las coletillas habituales, es decir, con el dossier informativo que acompaña cada uso de la fuerza, con alusiones a la democracia y a toda clase de conceptos maravillosos. Cuando empezó a verse claro que los objetivos de la guerra no iban a alcanzarse con facilidad, hacia el final de la invasión, ciertas políticas se establecieron con claridad. En noviembre de 2007, la Administración Bush emitió una Declaración de Principios que establecía que cualquier acuerdo con Irak habría de garantizar la capacidad ilimitada de las fuerzas norteamericanas para operar allí –esencialmente, bases militares permanentes– y que dicho acuerdo debería también asegurar la posición de privilegio de los inversores de EE UU sobre los sistemas de energía. En 2008 Bush reiteró, y de hecho, reforzó, este aspecto en un mensaje al Congreso, en el que dijo que haría caso omiso de cualquier legislación que limitara la capacidad norteamericana para usar la fuerza en Irak o que interfiriera con el control norteamericano sobre el petróleo iraquí. Esto se declaró muy clara y explícitamente. En realidad, EE UU tuvo que dar marcha atrás en sus objetivos como consecuencia de la resistencia iraquí; pero los objetivos en sí mismos fueron claros y explícitos, y no tenían nada que ver con la seguridad de los norteamericanos. Esto mismo es cierto en cualquier otra parte. Un eminente especialista en Pakistán revisó recientemente las políticas norteamericanas en Pakistán y Afganistán, revelando una vez más que estas políticas están aumentando de manera significativa la amenaza del terror y hasta posiblemente del terror nuclear. Sus conclusiones fueron que los soldados norteamericanos y británicos están muriendo en Afganistán para hacer el mundo menos seguro para los norteamericanos y los británicos. Esto no es tan infrecuente. La seguridad no es, típicamente, una prioridad esencial de los Estados. Hay otros intereses.
P: ¿Hasta qué punto están influenciados los medios por los objetivos del Gobierno y de las empresas?
NC: Hay casos en los que tiene lugar una interferencia directa del Gobierno y de las empresas, pero no creo que ese sea el principal problema en lo tocante a la influencia del Gobierno y las empresas sobre los medios. Tomando a Estados Unidos como ejemplo, los medios son grandes corporaciones, o sea que no es una cuestión de influencia empresarial; son corporaciones que están estrechamente ligadas al Gobierno. Hay un flujo constante de gente entre las corporaciones y el Gobierno; las interacciones son muy estrechas. El entramado de selección de los contenidos sobre los que se debe informar, cómo se debe informar y demás está modelado de manera determinante por los intereses compartidos de las élites del mundo de los negocios, el Gobierno, etc. De hecho, en las universidades no es diferente, y puede verse día tras día. No hay más que fijarse en la zona de exclusión aérea en Libia. En Libia, la intervención –tanto si uno la aprueba como si no– la están llevando a cabo las tres potencias imperiales tradicionales: EE UU, Gran Bretaña y Francia. Hay una participación marginal de algunos otros países de la OTAN, pero los principales países rehúsan involucrarse, y muchos simplemente se oponen a ella. Los BRICS [grupo integrado por cinco países con gran territorio y población: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. N. del T.], por ejemplo, están en contra, y Turquía no quiere involucrarse. Pues bien, estos tres, este triunvirato imperial, dieron gran difusión en su propaganda a una petición de la Liga Árabe sobre una zona de exclusión aérea. La declaración de la Liga Árabe era bastante tibia, y así fue calificada poco después, pero había, de hecho, una llamada en pro de una zona de exclusión aérea. Al mismo tiempo, la Liga Árabe solicitó una zona de exclusión aérea sobre Gaza. En Estados Unidos, literalmente no se informó de eso. Aunque algunos periódicos pequeños puedan haber hablado de ello, no hubo ningún medio importante –ni el New York Times, ni el Washington Post, ninguno de los grandes– que informara de ello. En realidad, en toda la prensa angloamericana, la única mención apareció en el Financial Times. Bueno, se trataba de una zona de exclusión aérea sobre Gaza… algo que no se ajusta a los intereses norteamericanos y, en consecuencia, no era noticia. Al mismo tiempo, la zona de exclusión sobre Libia sí que se ajustaba a los intereses del triunvirato imperial, así que eso era una noticia importante. Y este es el estándar; ocurre a todas horas.
Uno de los ejemplos más impactantes que nos dice algo sobre la cultura intelectual generalizada tiene que ver con Wikileaks. La filtración que recibió, con diferencia, la mayor atención en términos de titulares y comentarios eufóricos fue que los árabes apoyaban la política norteamericana con respecto a Irán, la hostilidad hacia Irán. Eso estaba por todas partes y fue muy interesante, porque a lo que se refería en realidad era a los dictadores árabes. ¿Y qué hay de la opinión pública árabe? Bueno, eso también fue estudiado, y fue estudiado por las más prestigiosas instituciones de encuestas norteamericanas y publicado por instituciones tan prestigiosas como Brookings. ¡La prensa no informó sobre estos estudios! En Estados Unidos, literalmente no se informó. Creo que hubo un reportaje en Inglaterra. Estos estudios colocan a Egipto como el país más importante de la región, y en Egipto el 90% de la población considera a Estados Unidos como la amenaza más importante. El 80% cree que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. Solo un pequeño porcentaje, puede que un 10%, considera a Irán una amenaza. Esas cifras son bastante similares en toda la región. Pero para los políticos, eso no tiene importancia. Mientras los dictadores nos apoyen, ¿qué más da?
Esto nos lleva de vuelta a nuestra primera pregunta sobre la actitud hacia la democracia. La actitud es que la población no importa, mientras esté bajo control; y esto se puede comprobar. Este es, por cierto, un problema bastante viejo. Si tuviéramos una información seria sobre estos temas, no solo se informaría sobre la opinión pública árabe, sino también sobre el hecho de que la política de ignorar a la opinión pública árabe ha estado presente desde hace tiempo. En los años 50, el presidente Eisenhower estaba preocupado por lo que él llamaba la ‘campaña del odio’ en el mundo árabe; no por parte de los Gobiernos, sino de la gente. En el mismo año, el Consejo de Seguridad Nacional publicó un estudio que concluía que la percepción entre la gente del mundo árabe era que Estados Unidos apoya a las dictaduras brutales y violentas, bloqueando la democracia y el desarrollo, y lo hace para mantener el control sobre sus fuentes de energía. Acabó concluyendo que la percepción (de los objetivos en política exterior) era más o menos exacta, y que, mientras los dictadores nos apoyaran, ¿a quién le importa que haya una campaña de odio?, siempre y cuando podamos controlar a la población… Eso se ha mantenido como una política consistente, dramáticamente patente hoy día, y como puede verse por la reacción a estas filtraciones e informes con datos cruciales no publicados, se ha convertido en una actitud generalmente aceptada entre los sectores mejor formados.
P: ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la subversión informativa que se aprecia en los gobiernos y las grandes corporaciones?
NC: Yo diría que, hasta ahora, hay miles de páginas con información detallada sobre este tema. Sin ir más lejos, miremos los temas que acabamos de mencionar. ¿Es importante para nosotros saber que la invasión de Irak se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo?, ¿que se emprendió con la intención de asegurar que las corporaciones norteamericanas tuvieran acceso privilegiado al petróleo iraquí? ¿y que se convertiría en una base militar permanente de EE UU? Yo creo que habría sido importante para el público saber eso. Creo que sería importante para el público saber que la opinión pública árabe es tan hostil al poder occidental (en concreto, a EE UU) que considera a EE UU como la primera amenaza y cree que la región estaría mejor si Irán tuviera armas nucleares. ¿Es importante para la gente de Estados Unidos y Gran Bretaña saber eso? ¡Yo diría que sí! Y podríamos seguir con otros casos. Por ejemplo, ¿es importante para los norteamericanos saber que, si tuviéramos un sistema de salud similar al de otras sociedades industrializadas, el déficit se eliminaría y no tendríamos que ir contra las pensiones de los maestros o el pago de medicinas para los ancianos, etc? Sí; creo que sería importante saberlo. ¡De hecho, creo que eso debería ser un titular a toda plana!
Toda esta información puede obtenerse a poco que se investigue, pero ni siquiera se menciona a los ojos del público.
P: ¿Qué influencia ejercen las grandes corporaciones en la sociedad?
NC: Las corporaciones juegan un papel determinante en la sociedad. No creo que este hecho sea ni siquiera discutible. Adam Smith ya hacía apreciaciones similares hace tiempo, señalando que en Gran Bretaña los principales arquitectos de la política eran los comerciantes y los industriales, la gente que era dueña de la sociedad, y se aseguraban de que se sirviera a sus intereses sin importar el doloroso impacto para el pueblo de Inglaterra. Esto es mucho más cierto hoy día, con concentraciones de poder mucho mayores; ahora ya no somos solo industriales: tenemos instituciones financieras y corporaciones multinacionales. Tienen una enorme influencia, y esa influencia puede ser no solo dañina, sino letal en muchos casos.
Tomando como ejemplo a Estados Unidos, las corporaciones han estado realizando grandes campañas propagandísticas para convencer a la población de que el cambio climático no es una amenaza. Esto ha llevado, en efecto, a la mayoría de la gente a estar de acuerdo en que no es un problema real. El capital privado ha sido también el instrumento principal que ha llevado al Congreso a un nuevo grupo de notables, unas figuras que son, prácticamente todas, negacionistas del cambio climático. Estos individuos están a punto de aprobar una legislación que reduzca los fondos del organismo internacional (el IPCC) [Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, el comité de expertos auspiciado por la ONU para tratar este asunto. N del T.] y la capacidad de la Agencia de Protección Ambiental, que puede que ni siquiera sea capaz de monitorizar el efecto de los gases de efecto invernadero ni de llevar a cabo otras acciones que podrían reducir el impacto del calentamiento global, que es una amenaza muy seria. Esto lo han hecho los ejecutivos de las grandes empresas mediante campañas de propaganda y financiando a las figuras políticas que dinamitan esos esfuerzos. Ellos comprenden tan bien como cualquiera que el calentamiento global es una amenaza muy grave, pero aquí entra a jugar el rol institucional. Cuando eres el consejero delegado de una gran empresa, tu tarea es maximizar el beneficio a corto plazo. Eso es mucho más cierto ahora de lo que lo haya sido nunca antes. Estamos en una nueva fase del capitalismo de Estado en la que el futuro simplemente no importa demasiado; ni siquiera la supervivencia de la empresa importa demasiado. Lo que importa cada vez más es el beneficio a corto plazo, y si no es eso lo que persigue un consejero delegado, será reemplazado por otro que lo haga. Este es un efecto institucional, no personal, y tiene extraordinarias implicaciones en la sociedad. De hecho, podría destruir nuestra propia existencia.
P: ¿Hasta qué punto existe todavía un sistema de clases en las sociedades occidentales?
NC: Las clases dirigentes están librando constantemente una dura guerra de clases y son conscientes de ello. Si leemos la prensa de negocios, se lamentan del peligro al que se enfrentan los empresarios, del creciente poder político de las masas, de la necesidad de pelear en la interminable batalla por las mentes de la gente, etc. ¡Y actúan al respecto! Continuamente realizan grandes campañas que garanticen que la concentración de poder en manos del sector empresarial siga creciendo. En los últimos treinta años, más o menos, ha habido cambios en la naturaleza de la economía, que se ha desplazado desde el capitalismo hacia el capitalismo de Estado. Gran parte del dinamismo de una economía proviene del Estado; los ordenadores, Internet, la revolución tecnológica, etc. Las aplicaciones vienen del sector privado, pero no la investigación y el desarrollo. Eso sigue siendo cierto en todas las áreas. En los últimos treinta años ha habido un cambio significativo hacia la ‘financialización’ de la economía. Las instituciones financieras tienen ahora una cuota mucho mayor en los beneficios económicos de la que tenían hace cuarenta años. Se ha dado también otro desplazamiento hacia la externalización de la producción, que, en realidad, coloca a los trabajadores de todo el mundo en competición, con consecuencias obvias. Esos movimientos han puesto en movimiento un círculo vicioso en el que la riqueza esta cada vez más concentrada en una población extremadamente pequeña. En Estados Unidos, el primer factor de desigualdad es la concentración extrema de la riqueza en una fracción del 1% de la población, que incluye a consejeros delegados, directores de fondos de inversión, etc. Según aumenta esa concentración de la riqueza, lleva consigo una concentración de poder político, dado que la riqueza tiene un enorme efecto sobre el sistema político, y el poder político, a su vez, conduce a una legislación que refuerza la concentración de la riqueza. Políticas fiscales, desregulaciones, normas sobre los estatutos de las empresas, etc. Este ciclo existe en todo el mundo, pero en Estados Unidos es demoledor. Como muestra, en la última generación hemos visto repetidas crisis financieras que simplemente no se daban en los años 50 o en los 60, cuando las medidas de new-deal [programas económicos intervencionistas impulsados en los años 30 por Roosevelt para superar la Gran Depresión. N. del T.] todavía estaban vigentes y el sistema financiero estaba mucho más restringido. Las crisis cada vez mayores ya no son un problema para los grandes bancos y los grandes inversores porque pueden confiar en papá Estado para que los rescate. Si tuviéramos un sistema capitalista, las crisis financieras serían graves, pero sus consecuencias se saldarían únicamente con la bancarrota de los culpables, con lo que Goldman Sachs, JP Morgan Chase y Citigroup simplemente no existirían; ¡habrían entrado en bancarrota hace mucho tiempo! Pero como no estamos en un sistema capitalista, han sido rescatados de manera reiterada por el contribuyente. De hecho, se los ha considerado por parte de las políticas reguladoras gubernamentales como “demasiado grandes para caer”, y las agencias de calificación lo tienen en cuenta. Cuando establecen el nivel de riesgo de Goldman Sachs, tienen en cuenta que, si se embarcan en muchas transacciones de alto riesgo y, por tanto, consiguen un enorme beneficio que termina colapsando el sistema, habrá un rescate que hará subir la calificación de esas firmas, lo que significa que podrán obtener créditos más baratos, y así sucesivamente. Mientras tanto, para el grueso de la población de las últimas generaciones –es decir, para la abrumadora mayoría– los ingresos han descendido de manera muy notable, mientras que las horas de trabajo han aumentado y los beneficios se han reducido, lo que ha llevado a una población enfadada, frustrada y confusa que está mucho más distanciada de las decisiones políticas. Decisiones que están, en enorme proporción, en manos de una concentración de poder extremadamente pequeña; y los medios de comunicación colaboran en ello, ya que son esencialmente parte del sistema. Hay algunas voces críticas en la periferia –después de todo, esta es una sociedad libre– pero las fuerzas mayoritarias tienden a apoyar al sistema. Estas son tendencias muy antidemocráticas, y también bastante peligrosas.
Una mirada a los conflictos.
P: ¿Cuál es su visión de la ‘guerra global contra el terror’?
NC: El problema es que no existe. No se combate al terror con acciones que se sabe de antemano que aumentarán el terror. La invasión de Irak, de nuevo, se emprendió con la expectativa de que aumentaría el terrorismo, y de hecho lo hizo. Eso no es una guerra contra el terror. No debería haber una guerra contra el terror, sino esfuerzos para debilitar al terror. Los modos de hacer esto son bien conocidos y entendidos. Gran Bretaña es un ejemplo perfectamente válido. Tomemos, por ejemplo, el terrorismo del IRA, que era bastante serio. Mientras Gran Bretaña respondió usando la violencia, contribuyó a una escalada del ciclo del terror. Finalmente –en parte, por la influencia de Estados Unidos y en parte por la presión interna–, la respuesta fue prestar atención a las quejas legítimas que subyacían en las acciones terroristas. Y bien, eso condujo al declive del terror. Por ahora, Irlanda del Norte –aunque no es ninguna utopía– no es, desde luego, como era hace solo quince años. ¡Esa es la manera de abordar el terror! Observar sus raíces, su origen, y hacer algo al respecto.
Una mirada a la globalización y la sociedad
P: ¿Cuáles son sus visiones acerca de la globalización y el desplazamiento del poder económico hacia China y la India?
NC: Antes de nada, deberíamos ser cuidadosos al hablar de “desplazamiento del poder económico”. Es cierto, desde luego, que China y la India han tenido tasas de crecimiento muy significativas, pero se trata de países muy pobres. Echemos un vistazo a su renta per cápita, por ejemplo. Según las cifras del Banco Mundial (que están groseramente subestimadas) China tiene quizá el 5% de la renta per cápita de Estados Unidos, y la India en torno al 2%. Estas cifras deberían multiplicarse por dos o por tres, pero incluso así suponen una pequeña fracción de las occidentales. China ha crecido de manera espectacular, y ha habido un impacto bastante significativo en la reducción de la pobreza y demás. A pesar de todo, China sigue siendo, de momento, una planta de ensamblaje. Si echamos un vistazo al déficit comercial de Estados Unidos con China (algo de lo que se ha hablado mucho) y lo calculamos con exactitud, en términos de valor añadido, resulta que el déficit comercial con China está sobreestimado entre un 25 y un 30 por ciento. El déficit comercial con Japón, Taiwán y Corea del Sur está subestimado en la misma proporción. El motivo es que, dentro del dinámico sistema de producción de Asia del Este, los componentes de alta tecnología vienen de la periferia –de Japón, Corea del Sur y Taiwán– y China los monta. Con el tiempo, esto cambiará, a medida que China vaya escalando peldaños en la escalera tecnológica, pero en este momento es así. Esto es aún más claro en el caso de la India, que tiene cientos de millones de personas que están excluidas por completo del sistema. Los suicidios de campesinos aumentan aproximadamente en la misma proporción que la creación de millonarios. Un par de cientos de millones de personas han obtenido ganancias, mientras otras muchas no, y su situación ha ido empeorando. Existen, además, enormes problemas ecológicos que no son contabilizados como costes, aunque deberían serlo. Lo que está ocurriendo allí es bastante espectacular.
Se ha hablado mucho de que China posee una parte de la deuda de EE UU y de lo que eso implica, y todo eso. Japón posee aproximadamente la misma cantidad de deuda norteamericana, lo que no otorga a Japón ningún poder sobre Estados Unidos. Hay muchos comentarios engañosos sobre estos temas.
P: ¿Cómo cree que será el mundo dentro de 25 años?
NC: Bueno, están ocurriendo varias cosas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era abrumadoramente dominante; su poder ha ido declinando desde entonces, y continúa en declive en este momento. En parte, este declive tiene que ver con el crecimiento cada vez mayor de la producción asiática; no debemos exagerarlo, pero es ciertamente una de las razones. Otro factor es el ataque interno a la salud de la sociedad norteamericana; la ofensiva de las corporaciones que ha tenido lugar en la última generación ha debilitado seriamente a la sociedad norteamericana. Hay un ataque al sistema educativo que tendrá graves efectos a largo plazo sobre la economía; hay un ataque generalizado contra la clase trabajadora: el círculo vicioso que antes describí es beneficioso para un pequeño sector de la población, pero es dañino para todos los demás. Las infraestructuras están en un estado lamentable. ¡Cualquiera que viaje a Estados Unidos desde Europa o incluso desde Asia piensa a menudo que está llegando a un país del tercer mundo! Y esto va a peor. No supone un problema para el pequeño sector de ricos y poderosos que externalizan la producción y se dedican a la especulación financiera; para ellos, realmente no importa si el país está en declive. Pero está en declive, y sufre ataques internos. Estados Unidos tiene una crisis financiera –el problema del déficit y de la deuda– debida a dos motivos. Uno, un presupuesto militar enormemente abultado, que es aproximadamente el mismo que el del resto del mundo junto, y en segundo lugar, un sistema sanitario desregulado, privatizado y altamente deficiente. Esos dos elementos están siendo protegidos, y eso, junto con el círculo vicioso que he mencionado, conduce a graves problemas internos que harán que el declive continúe. Además, el problema medioambiental es muy serio. Si Estados Unidos no se pone en cabeza, el resto del mundo no va a hacer demasiado. Si Estados Unidos mina los esfuerzos para atajar los problemas ambientales –como está sucediendo ahora–, la cosa va a ser aún más grave, y eso es exactamente lo que tenemos enfrente de nosotros, por las razones institucionales que he mencionado. Dentro de treinta años, eso será mucho más importante.
Por desgracia, existe además una amenaza cada vez mayor de guerra nuclear e incluso de terrorismo nuclear. Es por eso por lo que antes mencioné la política de EE UU en Afganistán y Pakistán. Parte de esa política aumenta el riesgo de que materiales fisionables puedan caer en manos de islamistas radicales. Hay que decir que el islamismo radical ha sido fuertemente apoyado durante mucho tiempo por Estados Unidos y Gran Bretaña para combatir el nacionalismo secular. Estados Unidos también ha apoyado los programas nucleares de Pakistán, India e Israel, los tres no firmantes del Tratatado de No Proliferación. Todo eso supone una mezcla explosiva.
También va a haber cada vez más conflictos por los recursos. Los recursos se están exprimiendo hasta el límite, y con un crecimiento cada vez mayor, la competencia será dura, lo que conducirá a graves conflictos por los recursos y puede que a guerras de algún tipo. Puede que no se trate de guerras militares, pero algún tipo de conflicto. Si miramos, por ejemplo, a la reserva de energía más importante del mundo, en Oriente Medio, ¡en este momento esos recursos están yendo más al Este que a Occidente! Estados Unidos tolera esto de buen grado; quieren que el petróleo saudí vaya a China para socavar las iniciativas de China en Irán. Eso forma parte de la estrategia geopolítica norteamericana, pero provocará conflictos, y es también cierto para otros recursos como el hierro, el cobre, el litio, etc. Este es un problema grave y creciente, y da una predicción bastante sombría del futuro, a menos que haya cambios significativos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Grecia

Si pagan bien, yo también como basura



“Las sugerencias alemanas sobre Grecia son masoquistas, porque los principales acreedores residen en Alemania.” -Lorenzo Bini Smaghi, miembro del Comité Ejecutivo del BCE-

Si a ustedes les sirven un plato de basura, se levantan de la mesa sin tocarlo. Ahora bien, si les pagan por comérsela, ¿se lo piensan mejor? ¿Prueban un bocado a ver si está tan mala? ¿Depende de cuánto paguen?
Vean el caso griego. En medio del rumor creciente de que el país acabará quebrando, las agencias de calificación rebajan la nota de su deuda al nivel de los ‘bonos basura’. Sin embargo ayer Grecia emitió letras a seis meses, y vendió más de lo previsto. Y todavía hubo quien se fue a casa sin su ración de basura, pues la demanda triplicó la oferta: las peticiones de compra llegaron a 4.500 millones.
O la basura no está tan mala, o pagan muy bien por comérsela. Más bien lo segundo, pues Grecia ofrece intereses disparatados (hasta el 24% en la deuda a más largo plazo). Pero por mucho que te paguen, sigue siendo basura lo que te comes, y además aliñada con rumores sobre una posible reestructuración de la deuda que dejaría sin cobrar una parte a los acreedores. Es decir, como si después de rebañar el plato te pagan menos de lo prometido.
Como los compradores de deuda no son tontos, y menos todavía caritativos, queda descartado que estén haciendo el primo, y tampoco parecen masoquistas. La apuesta es fuerte, con apariencia suicida: cuanto más se hunde Grecia, más interés paga, y más ganan unos acreedores a los que interesa que siga cayendo en picado. Pero claro, la cuerda se tensa tanto que puede acabar rompiéndose, y que Grecia no sea capaz de pagar lo que debe.
¿Y qué pasará entonces? ¿Soy yo el único que piensa que los acreedores –bancos alemanes sobre todo- no se van a quedar sin cobrar? ¿Soy mal pensado por creer que acabaríamos pagando entre todos, que los buitres corren riesgos tan grandes porque confían en que Europa pague la factura si Grecia no puede? Si el rescate prestado hace un año sólo ha servido para que los comedores de basura engorden, ¿haremos ahora un requete-rescate para garantizar que nadie se quede sin cobrar lo suyo? Aclárenmelo, porque si es así, corro a pedir yo también un buen plato de basura.
Fuente: http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/05/11/si-pagan-bien-yo-tambien-como-basura/


Grecia vuelve a parar contra el ajuste

Miles de personas se movilizaron en Atenas en rechazo a la visita de una misión del Fondo Monetario Internacional, que evalúa la puesta en marcha del ajuste solicitado como contrapartida para el salvataje del endeudado país. Hubo incidentes en el centro de la capital.

El paro, convocado por los principales sindicatos del sector público y privado, mantuvo cerradas las escuelas y suspendido el transporte público, incluyendo el ferry, vital en el país peninsular e insular. Los controladores aéreos se plegaron cuatro horas, por lo que no hubo vuelos entre las 12 y las 16. Los hospitales y servicios de ambulancias sólo funcionaron en casos de emergencia. Tampoco abrieron muchos bancos, farmacias ni museos, y pararon asimismo abogados e ingenieros.
Las transmisiones de programas de noticias de radio y televisión se suspendieron porque los periodistas adhirieron a la medida de fuerza. Tampoco aparecieron las ediciones de hoy de los diarios y los portales de noticias no actualizaron sus contenidos.
Este mes, como contrapartida a un crédito de salvataje concedido por el FMI y la Unión Europea, el gobierno socialista griego tiene previsto aprobar nuevos recortes presupuestarios para ahorrar hasta 23.000 millones de euros hasta el año 2015.
A fin de evitar una insolvencia del Estado frente a sus acreedores y un contagio de la crisis al resto de la eurozona, el Fondo y la UE concedieron un crédito a Grecia de 110.000 millones de euros, de otorgamiento gradual de 2010 a 2013. Pero pese a un fuerte recorte que incluyó reabajas de salario y pensiones, aumento de impuestos y de la edad jubilatoria, los analistas no descartan que el país necesite respaldo adicional para cumplir con sus necesidades y obligaciones financieras del año próximo.
El Parlamento tiene previsto votar el nuevo recorte a fin del corriente mes. El gobierno también se comprometió a adoptar un ambicioso programa de privatizaciones por un total cercano a los 50.000 millones de euros en los próximos años. Funcionarios del FMI y la UE llegaron a Atenas a evaluar la aplicación de los programas de ajuste, de los que depende la continuidad de los préstamos de dinero.
Los sindicatos dicen que es injusto que los trabajadores deban cargar con el peso de una crisis generada por el desgobierno y la especulación, sobre todo en medio de una recesión de dos años y de un desempleo del 15 por ciento.
Unos 10.000 miembros del sindicato comunista PAME marcharon por el centro de la capital con pancartas en las que se leían consignas como "Rechazamos y condenamos las nuevas medidas. Intensificaremos la lucha". Miles de personas más se congregaron para una segunda marcha convocada por las dos principales centrales obreras, en medio de una cuidadosa vigilancia policial.
Al menos diez personas resultaron heridas durante enfrentamientos entre policía y manifestantes en Atenas. Algunos jóvenes de entre las 30.000 personas que se manifestaron lanzaron piedras a los agentes de policía, que respondieron con gas lacrimógeno.

lunes, 9 de mayo de 2011

Fuego


Iluminados por el fuego


 Por Eduardo Fabregat

¿Ahora se entendió?
En los días posteriores al 30 de diciembre de 2004, en los debates que suscitó el uso de pirotecnia en recitales de rock y en los meses que siguieron, hubo que escuchar la misma, estúpida teoría: “En los recitales al aire libre no pasa nada”. No es lo mismo que Cromañón, dijeron quienes sostienen contra toda lógica la teoría de que el espectáculo se conforma de un grupo arriba del escenario y una proliferación de fuegos y banderas en el público. De nada servían los múltiples testimonios de personas quemadas por chispas, medio ahogadas por el humo, molestas por el peligro latente, ofendidas por la falta de respeto a los muertos de Once. Al aire libre no pasa nada, repetía el coro.
El 30 de abril, en el show de La Renga en el Autódromo de La Plata, al aire libre, Miguel Ramírez recibió un bengalazo en el cuello. El viernes 6 de mayo, los médicos que lo atienden diagnosticaron “muerte cerebral”.
¿Ahora sí se entendió?
Han pasado apenas unos días desde el anuncio de la Cámara de Apelaciones y las sentencias del TOC 24 sobre las muertes de Cromañón. Y aquí estamos, hablando otra vez de las mismas cosas. De quién estaba a cargo de la seguridad y el cacheo de los asistentes, que en este caso y para profundizar las sensaciones lleva el pintoresco nombre de Chacal Producciones. De por qué el público de rock tiene tantos problemas para tomar conciencia y aprender a cuidarse más allá del cuidado que deben tener los otros. De por qué no hay una actitud integral del medio hacia el tema de la pirotecnia: La Renga supo parar sus shows cuando apareció una bengala, el Indio Solari deja que el público “se exprese” libremente y hasta defendió el fuego en una entrevista de Rolling Stone. El viernes, un comunicado atribuido al Indio señaló: “Mi posición frente al juego de bengalas en los conciertos al aire libre siempre se sostuvo en entender que si esos fuegos artificiales se entendían como de extrema peligrosidad aún fuera de los locales cerrados, lo correcto y conveniente sería la prohibición de su venta al público y no el traslado del deber policial a los organizadores de los eventos. El control en estas reuniones multitudinarias se hace prácticamente imposible por el hecho de que el público no concurre al estadio sino hasta un momento cercano al inicio del show y en tan corto tiempo, entonces, se torna muy difícil el revisar exhaustivamente a los concurrentes. De cualquier manera y tomando en cuenta los accidentes que pueden ocasionar, les pido a quienes se acerquen a mis conciertos que se abstengan de su uso”.
Otra vez, la aparición de una víctima es lo único que viene a despertar conciencias. ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué nueva visión irresponsable vendrá a reemplazar ese “al aire libre no pasa nada”? Ya habrá quien se apropie de esas palabras del Indio y enarbole un “bueno, si el Estado no las prohíbe, la culpa no es nuestra”, reciclando de paso ese maravilloso deporte de echarles la culpa de todo a los gobernantes sin hacerse cargo de lo que a cada uno le toca.
Cuesta creerlo, de verdad. Desde diciembre de 2004, las discusiones alrededor de este tema fueron contaminadas por esa clase de conceptos engañosos, que no ayudaron a aclarar la cuestión de fondo. Ahora que hay otro joven en una cama de hospital, ahora que hay otra familia destrozada, ¿podremos discutir de verdad lo que hay que discutir? ¿Podemos dejar de lado, de una buena vez, las teorías que defienden lo indefendible, que disculpan lo que no puede disculparse, que se cagan en la historia reciente? ¿Podemos recordar y subrayar que el rock es otra cosa, que las bengalas, candelas y tres tiros son el entretenimiento de imbéciles que babean ante el fuego y no ante una creación artística?
Ahora que tenemos otro muerto, ¿se entendió?

sábado, 7 de mayo de 2011

¡¡¡Hasta aquí habéis llegado, cabrones!!!

¡Embrutezcámoslos, son más dóciles!



Hace un puñado de años, en un lugar desconocido de un país por descubrir, entre enero y diciembre, a una hora no señalada, se reunieron los líderes del G-20, sus asesores financieros, sus contables, sus sacerdotes y sus programadores culturales. Decidieron llenar el mundo de mierda. ¿No se dan cuenta –dijo el emperador al foro de poderosos- que cuanto peor les tratamos, más nos quieren, que cuantos más disparates hacemos, más nos elogian, que cuanto más recortamos sus derechos y sus conciencias, más aplauden, que cuanto más salvajes somos, más nos respetan? Al carajo con el Estado de Derecho, con las libertades ciudadanas, con la educación pública y laica, con la decencia, con la Declaración de Derechos del Hombre; a tomar por saco con los prejuicios de los moñas que dicen que hay que abolir la pena de muerte y reinsertar a los presos, con las garantías procesales, con las mariconas que se oponen a la tortura, con quienes hablan de educar al pueblo, con los que exigen derechos laborales, sociales y culturales: ¡¡¡Embrutezcámoslos, sólo así lograremos formar un inmenso ejército mundial de sumisos y conformistas que nos besen las manos mientras colocamos la horca sobre su cuello!!! Creo que por aquel entonces acababa la guerra de Vietnam, disminuían las protestas antibelicistas y los chicos del sesenta y ocho regresaban al redil para hacerse cargo de la gestión de las empresas familiares. Todo lo colectivo comenzó a ser malo, en las películas, en los libros, en la televisión, y se volvió a ensalzar al individuo que lo puede todo con sólo desearlo, tener fuerza y poner empeño, al pez gordo. Apareció Rambo, y él solito comenzó a devorar malos a la misma velocidad que una cosechadora se traga las mazorcas en un campo de maíz. El hombre, que hasta entonces lo había conseguido todo codo con codo, hombro con hombro, empezaba a convertirse de nuevo en enemigo de su hermano, en alguien que esgrimía como principal prueba de su valía y de su amistad con Dios, su riqueza, su capacidad para acumular dólares del modo que fuese. Comenzaba una nueva división social, arriba los que valían y habían subido a lo más alto por sí mismos, “sin la ayuda de nadie”; abajo, los que no habían sido emprendedores ni habían tenido la ambición necesaria para bañarse en oro, personas que nada aportaban al Olimpo de los elegidos y andaban todo el día dando la murga con los derechos de los demás y otras melindres. Desapareció la Unión Soviética burocratizada y artrítica, con ella el riesgo de contagio de lo que un día fue la gran ilusión. Llegó el consumismo y la dispersión, cada cristiano occidental tenía derecho a comerse la parte del pastel que aguantasen sus intestinos y a tirar a la basura el excedente. Todos fuimos ricos por un día, el dinero salía a borbotones de entre las piedras más altas para diluirse al llegar a los valles dónde, ávida, la gente esperaba agarrar, a codazos y dentelladas, su pequeña porción. Nos habíamos convertido en superhombres, ni siquiera nos frenaba el antiguo miedo a los infiernos, mucho menos nuestra conciencia aguada ni la necesidad de quienes, incapaces, no habían sabido colocarse en el sitio justo a la hora precisa. Casi todos invertíamos en bolsa, se hablaba del capitalismo popular, de que nada era tan democrático como una sociedad anónima, de las bondades de un sistema que permitía hacerse rico a los más bestias de cada lugar, del precio justo, de la inutilidad del Estado y de esos burócratas que sólo se dedicaban a hacernos la vida imposible con sus papeles y sus legalidades. Dejamos de ser nosotros y nuestras circunstancias, para ser –o creer ser- sólo nosotros, yo, infinito yo narcisista que todas las mañanas contemplaba como se le caía el pelo al mismo tiempo que aumentaba su panza y sus ingresos derivados de la especulación y la explotación.
Después, les salvamos de la ruina en la que nos metieron invirtiendo, sin preguntárnoslo, lo que no teníamos, y lejos de agradecérnoslo, nos dijeron que les debíamos lo que les habíamos dado, amenazándonos mientras callábamos cabizbajos, con pasarnos del vientre de nuestra madre a las entrañas de la tierra sin intermediación alguna. Y dejamos de tomar la sagrada forma pero la forma se convirtió en sagrada mientras los orates nos trataban como otarios desde las televisiones públicas, las privadas y los cientos de tedetés nacidas para matar desde los santuarios de aquellos parientes lejanos de los que creíamos habernos separado cuando bajamos del árbol. Y apareció Belén Esteban como nueva Palas Atenea, y Sotres, Polaino, Dragó, Ramírez, Jorge Javier, Albiac, Terctsch, la duquesa, Peñafiel, Lozano, Aznar, Cantizano, Aguirre, Camps, Matamoros, Pantoja y la franca como nuevos dioses de las hordas, cada vez más convencidas de que, dado que la política es una mierda, mejor entregar todo el poder a los franquistas neocon, ¡qué más da, son todos iguales! Enfrentamos a la Virgen de la Almudena con la de Montserrat, y convertimos en seres celestiales a Florentino y a Sandro, a Ronaldo y a Messi, mientras la casa se nos caía encima, sin rechistar. Y vimos como mataban a cientos de miles de personas por petróleo en Irak, como colgaban ante las cámaras a un antiguo colega con barba, y nos fuimos a Afganistán a proteger lo que era nuestro y no de sus dueños. Y fuimos incapaces de organizarnos y salir a la calle para defender la libertad, para impedir que el juez que quiso juzgar la atrocidad franquista, siga siendo el único procesado en esa causa, para negarnos a ser cómplices de tanta muerte, para defender los derechos que tanta sangre costaron a nuestros abuelos, para decir que ningún Estado, ni siquiera el del Emperador negro en el que tantas esperanzas depositaron tantos, puede torturar para sacar confesiones desde una bañera llena de mierda y electrodos, que no se puede matar a un terrorista desarmado sin convertirte tú mismo en un asesino peor que todos los asesinos, que no podemos renunciar al Estado de Derecho, a las garantías procesales, a la presunción de inocencia.
Y nadie dijo no, y nadie alzó la voz, y nadie se rasgó las vestiduras, y nadie dijo: Hasta aquí habéis llegado, no sabéis lo que significa la palabra democracia, la habéis vaciado de contenido, sobráis, buscad otro planeta. Los diarios nos regalaban baterías de cocina y delantales con el escudo de nuestro equipo favorito, vitoreábamos al Jesús del Gran Poder, a la Moreneta, a Santiago Matamoros y a San Fermín pedimos. Brutos, cada vez más brutos, perdimos el norte de nuestras vidas, dejamos los asuntos públicos en manos de corsarios, hipotecamos el futuro de nuestros hijos y contemplamos, sin la menor mueca de asombro, como quienes con sus políticas económicas salvajes nos hundieron en la miseria, recibían el voto masivo del pueblo en municipios, comunidades autónomas y gobierno para entregar hospitales públicos a constructoras arruinadas, para instalar el copago sanitario, para crear una sanidad para ricos y otra para pobres, para confiar la educación de nuestros menores a frailes y monjas, para entregar las pensiones a los banqueros y aseguradoras que nos metieron en este callejón, para volver al ojo por ojo y diente por diente, para llenar los Parlamentos de diputados y senadores similares al caballo de Calígula, dispuestos a pisotearnos y a decirnos una y otra vez que los ricos no van a la cárcel, que los estafadores no van a la cárcel, que el código penal se hizo para los pobres y el civil para los ricos, que no hay más camino que el que marca el pez gordo. Y sonreímos en el patíbulo, como sólo los brutos lo pueden hacer, con la risa del idiota que no sabe por qué se ríe, con la risa del que hace tiempo que dejó de saber que sólo, un hombre no es nadie, pero que unido a otros, lo es y lo puede todo.
Ahora, mientras leo con cierto detenimiento las últimas encuestas del CIS, veo en la televisión como un Rambo negro mata a un barbudo desarmado en Pakistán siguiendo el mandato de Hammurabi y del Dios de la zarza. Pasan cinco millones de parados por mi puerta con una pegatina de Mariano Rajoy mientras se oyen los pitorrazos de la concentración de Ferraris y Bugatis que hay un poco más allá. Y me pregunto, con una botella de vino, comiendo una ristra de morcillas y fumando una cajetilla de ducados que me avisa de mi próxima muerte, ¿quién se ha encargado de quitar el alma al pueblo? ¿Quién se ha encargado de la educación del pueblo? ¿Dónde están los mínimos conocimientos humanísticos que debe tener todo ciudadano para discernir lo bueno de lo malo y lo malo de lo peor? ¿Para qué tanta tecnología, tanta telemierda? ¿Cuándo nos convertimos en brutos y serviles? ¿Cuándo olvidamos que el Estado de Derecho está por encima de la razón de Estado, que la razón de Estado por sí sola nos convierte a todos en presuntos delincuentes y es la madre del nuevo fascismo? Y sólo hayo una respuesta, cuando dejamos de pensar por nosotros mismos y en los demás. Hace ya mucho tiempo, aunque entre la multitud, he visto pasar a unos cuantos que con un martillo neumático van rompiendo el hormigón y en los huecos, plantan árboles. Llevan monos azules, y en sus espaldas un letrero: ¡¡¡Hasta aquí habéis llegado, cabrones!!!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 5 de mayo de 2011

Chomsky: La guerra de Irak










La muerte de Bin Laden /Mostradnos al tirador

Paul Klee - Globus roig

Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Mostradnos al héroe de los SEAL de la Armada que pegó los dos tiros a Osama Bin Laden –uno tras otro en la cabeza para asegurarse de que el objetivo del “encargo” estaba liquidado– después de un “tiroteo” con huellas virtualmente ausentes en esa escuálida “mansión” de Abbottabad. Mostradnos al mayor héroe en la historia moderna de EE.UU., el hombre que mató al enemigo público número uno de EE.UU., el terrorista más malo de la historia del universo, el cerebro del ataque más espectacular de todos los tiempos contra EE.UU.
Haced que desfile por la Zona Cero y el centro de Manhattan, dadle una hilera de Corazones Púrpura y de colores arcoíris, convertidlo en socio de Goldman Sachs, colocadlo en Oprah, Rush y Anderson Cooper, nominadlo al Rock'n Roll Hall of Fame.
Si sois republicanos, que se presente como candidato a presidente, a diferencia de Donald “ese zorro en su cabeza” Trump o de Sarah “puedo ver Pakistán desde mi casa” Palin, podría efectivamente convertir al presidente Barack Obama en un daño colateral. O por lo menos coronadlo secretario de defensa –proveedor supremo de asesinatos selectivos como instrumento básico de la diplomacia internacional-.
¡Toma dos!
Rebobinad a la escena del drama de suspense en toda su gloria en alta definición -transmitida en vivo a la Sala de Crisis en Washington-.
El héroe, totalmente equipado, energético, está frente a frente al auténtico Osama Bin Laden desarmado, recién salido de la cama, atrapado en una habitación sombría. No hay escape; todo el complejo ha sido “asegurado”. Ahora sí –el momento con el que todo EE.UU. ha soñado desde el 11 de septiembre de 2001.
El ensayo tuvo lugar cientos de veces antes durante la eterna “guerra contra el terror”. El procedimiento era inmovilizar al sospechoso, colocarle una bolsa en la cabeza, transferirlo a un helicóptero (había tres afuera, uno ya se había estrellado), luego a una base militar, y entonces, vestido con mono naranja, directo a Gitmo (Guantánamo).
Ahora el héroe está frente al hombre que hizo que la propia “guerra contra el terror” llegara a existir. ¿Y qué hace? Ni un tiro en el brazo, pierna o rodilla. Ni siquiera una granada de aturdimiento lanzada despreocupadamente. Ninguna entrega extraordinaria, ¿para qué sirve en todo caso si no se aplica al enemigo público número uno?
El héroe pega dos tiros seguidos al fugitivo -nombre de código “Gerónimo” (un indígena que desafió al Imperio; y hablemos de volver a deshonrar a los estadounidenses nativos). Es la forma en que termina la mayor y más costosa cacería humana de todos los tiempos; no una prolongada explosión, sino dos balas de oro. El bueno liquida al malo. Harry el sucio liquida al criminal.
Por lo tanto nadie en el mundo llegará a saber cómo se convirtió “Gerónimo” en un agente de la Agencia Central de Inteligencia –y cómo la “amistad” se desarrolló durante los años ochenta- Cómo escapó de Tora Bora –o cómo dejó el Pentágono que escapara-. Cómo vivió en Pakistán todos estos años sin que lo molestaran. Por qué “nos odia”.
Y sobre todo cómo “fue el cerebro” del 11-S. Qué rama –o ramas, o individuos– de la red de los servicios de inteligencia de EE.UU. lo supo de antemano y permitió que ocurriera. Cómo un puñado de árabes con un cutter y pésimos conocimientos de pilotaje convirtieron jet en misiles y destruyeron las Torres Gemelas (y el edificio 7) y un pedazo del poderoso Pentágono.
¿Quién en el mundo se atrevería a no estar pegado durante meses al juicio más emocionante de todos los tiempos?
Hay motivos para creer que las entidades –el sistema– que organizaron el ataque no estarían muy contentas. Por lo tanto el veredicto es culpable, no acusado. Y se liquida con una bala en la cabeza. Nunca ha sido tan fácil crear un yermo y llamarlo “justicia”.
En cuanto al resto de nosotros, pasaremos el resto de nuestras vidas a oscuras.
Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.
Copyright 2011 Pepe Escobar

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)
Extraído de Rebelión

miércoles, 4 de mayo de 2011

Pakistán lo sabía


 Por Robert Fisk *
Una persona insignificante, de mediana edad, un fracaso político superado por la historia –por los millones de árabes que exigen libertad y democracia en Medio Oriente– murió en Pakistán. Y luego el mundo enloqueció.
Después de habernos mostrado una copia de su certificado de nacimiento, el presidente estadounidense apareció en la mitad de la noche del domingo para darnos un certificado en vivo de la muerte de Osama bin Laden, muerto en una ciudad cuyo nombre es el de un mayor del ejército del viejo Imperio Británico. Un solo tiro a la cabeza, nos dijeron. Pero, ¿el vuelo secreto del cuerpo a Afganistán, y un igualmente secreto entierro en el mar? La extraña y escalofriante forma de deshacerse del cuerpo –ningún santuario, por favor– era casi tan escalofriante como el hombre y su despiadada organización.
Los estadounidenses estaban borrachos de alegría. El premier británico, David Cameron, pensó que era un “enorme paso adelante”. India lo describió como un “hito victorioso”. “Un triunfo resonante”, se jactó el primer ministro israelí, Netanyahu. Pero después de 3000 estadounidenses muertos el 11 de septiembre, infinitos más en Medio Oriente, hasta medio millón de musulmanes muertos en Irak y Afganistán y diez años tratando de encontrar a Bin Laden, por favor, no tengamos más “triunfos resonantes”. ¿Ataques vengativos? Quizás vengan, por parte de pequeños grupos en Occidente que no tienen contacto directo con Al Qaida. Estén seguros de que alguien ya está soñando una “Brigada del Mártir Osama bin Laden”. Quizás en Afganistán, entre los talibán.
Pero las revoluciones masivas en el mundo árabe durante los últimos cuatro meses significan que Al Qaida ya estaba políticamente muerta. Bin Laden le dijo al mundo –por cierto me lo dijo a mí personalmente– que quería destruir los regímenes pro occidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubaraks y los Ben Alis. Quería crear un nuevo califato islámico. Pero en estos pocos meses pasados, millones de árabes musulmanes se alzaron y estaban preparados para su propio martirio –pero no para el Islam, sino para la libertad y la democracia–. Bin Laden no se deshizo de los tiranos. Lo hizo la gente. Y la gente no quería un califa.
Me reuní con el hombre tres veces y me quedó sólo una pregunta sin hacer: ¿qué pensaba mientras miraba cómo se desarrollaban esas revoluciones durante este año, bajo las banderas de las naciones más que el Islam, los cristianos y los musulmanes juntos, el tipo de gente que sus propios hombres de Al Qaida estaban felices de asesinar?
Para él, su logro fue la creación de Al Qaida, la institución que no requiere un carnet de membresía. Uno se levantaba a la mañana, quería estar en Al Qaida y lo estaba. El era el fundador. Pero nunca fue un guerrero experimentado. No había una computadora en su cueva, ningún celular para hacer estallar bombas. Mientras los dictadores árabes gobernaban sin discusiones con nuestro apoyo, evitaban en gran parte condenar la política estadounidense: sólo Bin Laden decía esas cosas. Los árabes nunca quisieron incrustar aviones en edificios altos, pero admiraban a un hombre que decía lo que ellos querían decir. Ahora, cada vez más, pueden decir esas cosas. No necesitan a Bin Laden. Se ha convertido en un insignificante.
Pero, hablando de cuevas, la muerte de Bin Laden pone a Pakistán en un foco negro. Durante meses, el presidente Ali Zardari nos ha estado diciendo que Bin Laden estaba viviendo en una cueva en Afganistán. Ahora resulta que estaba viviendo en una mansión en Pakistán. ¿Traicionado? Por supuesto que lo fue. ¿Por el ejército paquistaní o por los servicios de inteligencia de Pakistán? Posiblemente por ambos. Pakistán sabía dónde estaba.
No sólo era Abbottabad el hogar del colegio militar del país –la ciudad fue fundada por el mayor James Abbott del ejército británico en 1853–, sino los cuarteles de la 2ª División del Cuerpo del Ejército del Norte de Pakistán. Apenas hace un año busqué una entrevista con otro de los “hombres más buscados” –el líder del grupo que se supone era responsable de las masacres de Mumbai–. Lo encontré en la ciudad paquistaní de Lahore, custodiado por policías uniformados paquistaníes portando ametralladoras.
Por supuesto, hay otra obvia pregunta sin responder: ¿no podrían ellos capturar a Bin Laden, en vez de matarlo? ¿No tenía la CIA o los Navy Seals o las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, o cualquier uniforme estadounidense que lo mató, los medios para tirar una red sobre el tigre? “Justicia”, dijo Barack Obama de su muerte. En los viejos tiempos, por supuesto, “justicia” significaba el debido proceso, un juzgado, una audiencia, una defensa, un juicio. Como los hijos de Saddam, Bin Laden fue muerto a tiros. Seguro, él nunca hubiera querido que lo tomaran vivo y había baldes de sangre en el cuarto en que murió.
Pero un juicio hubiera preocupado a más gente que a Bin Laden. Después de todo, él hubiera podido hablar sobre sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán, o sobre sus reuniones íntimas en Islamabad con el príncipe Turki, el jefe de inteligencia de Arabia Saudita. De la misma manera en que Saddam –que fue juzgado por la muerte de apenas 153 personas en lugar de los miles de kurdos que murieron en cámaras de gas– fue ahorcado antes de tener la oportunidad de hablarnos sobre los componentes de gas que venían de Estados Unidos, su amistad con Donald Rumsfeld y la asistencia militar estadounidense que había recibido cuando invadió Irán en 1980.
Extrañamente no era el “hombre más buscado” por los crímenes contra la humanidad del 11 de septiembre de 2001. Ganó su estatus de Lejano Oeste por los ataques anteriores de Al Qaida sobre las embajadas de Estados Unidos en Africa y el ataque a las barracas de Estados Unidos en Dhahran. Siempre estaba esperando misiles crucero, también yo cuando me reuní con él. Había esperando la muerte antes, en las cuevas de Tora Bora en 2001, cuando sus guardaespaldas se negaron a dejarlo que se pusiera de pie y luchara y lo obligaron a caminar sobre las montañas a Pakistán. Parte del tiempo lo pasaba en Karachi, estaba obsesionado con Karachi: hasta me dio fotos de graffitis pro Bin Laden en las paredes de la ex capital paquistaní y alabó a los imanes de la ciudad.
Sus relaciones con otros musulmanes eran misteriosas: cuando lo encontré en Afganistán, inicialmente le temía a los talibán, negándose a dejarme viajar a Jalalabad de noche desde el campo de entrenamiento –me entregó a sus lugartenientes de Al Qaida para protegerme durante el viaje al día siguiente–. Sus partidarios odiaban a todos los chiítas musulmanes como herejes y a todos los dictadores como infieles, aunque estaba preparado para cooperar con los ex baasistas de Irak en su lucha en contra de los ocupantes estadounidenses del país, y lo dijo en una grabación de audio que la CIA ignoró totalmente. Nunca elogiaba a Hamas y valoraba escasamente a los “guerreros santos” que ayer jugaron, como siempre, a favor de Israel.
En los años posteriores a 2001, mantuve una débil comunicación indirecta con Bin Laden, cierta vez encontrándome con uno de sus confiables socios de Al Qaida, en un lugar secreto en Pakistán. Escribí una lista de 12 preguntas, la primera de las cuales era obvia: ¿Qué clase de victoria reclama cuando sus acciones resultaron en la ocupación de dos países musulmanes? No hubo ninguna respuesta durante semanas. Luego, un fin de semana, esperando para dar una conferencia en Saint Louis, en Estados Unidos, me dijeron que Al Jazeera había producido una nueva grabación de audio de Bin Laden. Y una por una –sin mencionarme– respondió mis 12 preguntas. Y sí, quería que los estadounidenses fueran al mundo musulmán para poder destruirlos.
Cuando fue secuestrado Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal, escribí un largo artículo en The Independent, suplicándole a Bin Laden que tratara de salvar su vida. Pearl y su mujer me habían cuidado cuando fui golpeado en la frontera afgana en 2001; hasta me dio los contenidos de su libro de contactos. Muchos más tarde, me dijeron que Bin Laden había leído mi artículo con tristeza, pero Pearl ya había sido asesinado. O por lo menos eso decía.
Pero las propias obsesiones de Bin Laden arruinaban también a su familia. Una esposa lo dejó, otras dos aparentemente murieron en el ataque del domingo a manos de los estadounidenses. Conocí a uno de sus hijos, Omar, en Afganistán con su padre en 1994. Era un muchacho buen mozo y le pregunté si era feliz. Me respondió “yes” en inglés. Pero el año pasado publicó un libro llamado Viviendo con Bin Laden y –recordando cómo su padre mató a sus amados perros en un experimento químico de guerra– lo describió como un “hombre malvado”. En su libro, él también recuerda nuestro encuentro. Concluye en que debería haberme dicho que no, que no era un niño feliz.
Para el mediodía de ayer, había recibido tres llamados telefónicos de los árabes, todos seguros de que era un doble de Bin Laden el que mataron los estadounidenses, de la misma manera que conozco muchos iraquíes que todavía creen que los hijos de Saddam no murieron en 2003, ni que Sa-ddam fue realmente ahorcado. A su debido tiempo, Al Qaida nos contará. Por supuesto, si estamos todos equivocados y era un doble, vamos a ser invitados a ver otro video del verdadero Bin Laden y el presidente Barack Obama perderá la próxima elección.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

lunes, 2 de mayo de 2011

Matar a Bin Laden, resucitar a Al-Qaida

Matar a Bin Laden, resucitar a Al-Qaida



Una de las grandes sorpresas que habían deparado los levantamientos populares en el mundo árabe es que habían dejado momentáneamente fuera de juego a todas las fuerzas islamistas y muy especialmente, claro, a la más sospechosa y extremista, Al-Qaida, marca comercial de oscuro contenido largamente instrumentalizada para sostener dictadores, reprimir toda clase de disidencia y desviar la atención lejos de los verdaderos campos de batalla. Con indicaciones de amplio espectro, como la aspirina, Bin Laden reaparecía cada vez que hacía falta atizar la “guerra contra el terrorismo”; se le mantenía con vida para agitar su espantajo en encrucijadas electorales o para justificar leyes de excepción. Esta vez la situación era demasiado grave como para no usarlo por última vez, en una orgía mediática que eclipsa incluso la boda del príncipe Guillermo e introduce efectos muy inquietantes en el mundo.
Cuando parecía relegada al olvido, definitivamente arrinconada por los propios pueblos que debían apoyarla, reaparece Al-Qaida. Un desconocido grupo, en nombre de esa patente, asesina a Arrigoni en Palestina; días después, en plena efervescencia de las protestas antimonárquicas en Marruecos, una bomba estalla en la plaza Yamaa Fna de Marrakech; ahora reaparece Bin Laden, no vivo y amenazador, sino en toda la gloria de un martirio aplazado, estudiado, cuidadosamente escenificado, un poco inverosímil. “Se ha hecho justicia”, dice Obama, pero la justicia reclama tribunales y jueces, procedimientos sumariales, una sentencia independiente. Más sincero ha sido George Bush: “Es la venganza de los EEUU”, ha dicho. “Es la venganza de la democracia”, ha añadido, y miles de demócratas estadounidenses zapatean de alegría delante de la Casa Blanca, saltando con bárbara euforia sobre tibias y calaveras. Pero democracia y venganza son tan incompatibles como la pedagogía y el infanticidio, como el alfabeto y el solipsismo, como el ajedrez y el juego. A los EEUU les gustan los linchamientos, sobre todo desde el aire, porque sabe que son más poderosos que los principios. “El mundo siente alivio”, afirma Obama, pero al mismo tiempo alerta de “ataques violentos en todo el mundo tras la muerte de Bin Laden”. ¿Alerta? ¿Avisa? ¿Promete? ¿Qué alivio puede producir un asesinato que -se dice al mismo tiempo- pone en peligro a aquellos a los que presumiblemente se quiere salvar?
Este era el momento. Al-Qaida vuelve a dominar la escena; Al-Qaida vuelve a saturar el imaginario occidental. Mientras el presunto cadáver de Bin Laden se arroja al mar, Bin Laden se apodera fantasmalmente de todas las luchas y todas los deseos de justicia. Se cumplirá el vaticinio de Obama: habrá ataques violentos por todas partes y el mundo árabe-musulmán volverá a ser un bullicio de fanatismos y decapitaciones, quieran o no quieran sus poblaciones. Entre democracia y barbarie, es evidente, EEUU no tiene duda: la barbarie se ajusta mucho más al “sueño americano” (y, por supuesto, al delirio israelí).
No sabemos si realmente han matado a Bin laden; lo que está claro es que el esfuerzo por resucitar a toda costa a Al-Qaida pretende matar los procesos de cambio comenzados hace cuatro meses en el mundo árabe.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
rCR

domingo, 1 de mayo de 2011

Irak se suma a las revueltas en Medio oriente

"Si la democracia iraquí nos costó millones de muertos, pues que se vaya al carajo"
 
 

Noticias Avilés


Udey al Zeidi fue el protagonista del Club de LA NUEVA ESPAÑA del pasado miércoles en un acto organizado por el CSCA-CEOSI. Este joven iraquí es uno de los dirigentes de las revueltas populares contra la ocupación occidental de su país. Desde el pasado 2009, Al-Zeidi preside el Frente Popular para la Liberación de Iraq, un movimiento popular que busca una solución democrática a los problemas de su país. Uday al Zeidi es además hermano del periodista iraquí Muntada al Zeidi que le lanzó un zapato al ex presidente de Estados Unidos, George Bush, durante una visita que realizó al país de Oriente Próximo. -¿Qué esta ocurriendo en Próximo Oriente?
-Hay un despertar del mundo árabe. Es una respuesta ante el fracaso del nuevo Oriente Próximo que pretenden los militares y los servicios de inteligencia. Sobre la resistencia en Irak no hay ningún tipo de cobertura mediática. Sólo queremos presidentes electos sin contar con intervenciones extranjeras.
-¿De qué manera se está organizando la resistencia iraquí?
-Desde el 25 de febrero estamos participando en manifestaciones no violentas. Somos jovénes iraquíes, kurdos, turcomanos, sunníes y chiíes que queremos una solución pacífica del conflicto. En la manifestación del día 25 de febrero abrieron fuego y las fuerzas de seguridad mataron a siete personas, nos encarcelaron a unos cuantos y nos torturaron aplicando métodos terribles que aprendieron de los norteamericanos.
-En 2003 varios países occidentales intervinieron en Iraq. ¿Qué ha cambiado desde entonces?
-La «democracia» nos costó 2,5 millones de muertos, un millón de viudas, cinco millones de huérfanos, seis millones de desplazados? Irak pasó de ser un país rico a vivir en el umbral de la pobreza. Si eso es democracia, pues que se vaya al carajo.
-En los últimos meses ha habido levantamientos populares en Egipto, Túnez, Libia, Siria?
-En Egipto y Túnez la situación está zanjada, se consiguió derrocar a sus respectivas dictaduras. Los pueblos quieren ser independientes y vivir y decidir sin contar con Occidente.
-Recientemente, varios países propiciaron una nueva intervención en Libia, ¿qué opina de la misma?
-Es muy sencillo, esa intervención responde a que en Libia hay petróleo, no tiene nada que ver con la liberación del pueblo libio. Es mero interés económico. ¿Por qué Occidente no ha intervenido en Yemen si hay un problema similar?

(extraído de Rebelión)

1ro. de Mayo


sábado, 30 de abril de 2011

Bloody Royal Married !

BBC on line

Una vez China Zorrilla hablaba de lo buenos que son los ingleses porque ella habia perdido un paraguas en Londres y en la ventanilla de objetos perdidos, lo recuperó. A este enamoramiento, Tarragó Ross lo partió de un hachazo al comentar: "Sí, devuelven los paraguas pero te roban las islas".

(extraído de un comentario de lectores del blog Mide/No Mide)

Tiempo de Sabiduría

Los cuervos negros